Historia esoterica y espiritual de chile



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Dedicado a la memoria de los ilustres filosofos de la historia, Jacques Maritain y Hermann Alexander Keyserling, espiritualistas, promotores del humanismo integral, teocentrico, abierto a lo sobrenatural.

A MODO DE PROLOGO

Dicen que Chile es un país de historiadores. Yo no escapo a ese designio, pero me atrevo a disentir un tanto del concepto mencionado al abrir este prólogo. Tal vez sería mejor decir que Chile es un país de narradores de historias. – Verdaderas, semi-verdaderas y algunas francamente falsas.

Disiento de que nuestra república sea un país de historiadores porque en estos últimos cincuenta años hemos presenciado, como docentes, un rapidísimo deterioro del conocimiento histórico de sus habitantes, una pérdida del significado del tiempo transcurrido y del sentido de las proporciones de los acontecimientos, y del significado espiritual de los mismos.

Lo que se llamó el Apagón cultural de los 80 a fines del Siglo XX afectó dolorosamente al manejo de información histórica de casi todas las personas. La gente, salvo honrosas excepciones, dejó de leer libros y su única fuente de conocimientos del pasado fue la Televisión, la cual, desde luego, y por razones atendibles, no se preocupa del pasado, sino del presente. Y de lo pretérito solo hace una mención tangencial y ocasional, cuando algún interés político contingente obliga a mencionar algo del pasado.

Tal vez esta disminución del interés por la historia se debe a que nuestros abuelos ya no sientan a sus nietos en sus rodillas para narrarles cuentos, ni historias de aparecidos, ni hechos históricos, como se hacía antes de la llegada de la Televisión. Ahora la imaginación viene prefabricada en la pantalla y el niño no desarrolla dicha capacidad como lo hacían las generaciones anteriores. Además, parece ser que los abuelos de hoy no quieren parecer abuelos, y tratan de parecer jóvenes a la fuerza, es decir, a fuerza de cirugía estética...

Desde hace unos ciento treinta años el mundo occidental presencia la explosión de una enorme cantidad de movimientos espirituales, yóguicos, mentalistas, mágicos, teosóficos, masónicos, rosacruces, antropo-sóficos, y místicos de todo signo y tipo. Y Chile no ha sido ajeno a esa explosión de cultos de la Nueva Era. También el alma de Chile ha presenciado el mismo espectáculo de la aparición de todo un zoológico de esoteristas de todo tipo y signo, donde no han faltado ni siquiera los satanistas, o los cultos afro-americanos del Vudú o la Macumba, tan propios del Brasil y de Centro América.

Pero cuando decimos explosión podemos inducir en el lector el falso concepto de un fenómeno sociológico repentino, espontáneo, e inesperado. No se trata de eso. Una bomba que explota toma tiempo en prepararla, reunir los materiales químicos, los elementos eléctricos y los ships de computación que son necesarios. Una inteligencia debe organizar esos elementos, y luego transportarla donde se quiere que explote. Así mismo, la expansión rápida del interés por las cosas misteriosas, espirituales o esotéricas, del hombre chileno y occidental, es algo que se viene incubando, y creciendo desde hace varios siglos.

Ese es el contenido y el objetivo de este libro. Mostrar el Otro Lado de la Historia oficial de guerras, decretos, amores, altas y bajas de la economía, consensos y desencuentros sociales, que constituyen el grosero o externo quehacer de los pueblos de la tierra hermosa y contaminada en que vivimos. Pretendo indagar y mostrar al lector que cada personaje famoso de la Historia de Chile, o por lo menos, cada momento importante de ella, tuvo otra cara, la cara espiritual, la del alma de cada hombre, o el lado mágico, para-psíquico y religioso. El Chile interior, misterioso y oculto. Ese es el que quiero mostrar.

Y ese Chile esotérico no es nuevo, es antiguo y permanente, subsiste aunque sus ciudadanos se escondan tras las puertas del cuarto de algún motel, de los que en Chile ya hay tantos, - pero nunca suficientes-, al decir de algún chistoso. O tras de algún programa estelar de Televisión, o simplemente tras el computador de su casa o en su oficina. Chile lleva su espiritualidad y su magia hacia el futuro, entre pecho y espalda, en su corazón, como la Fe y la esperanza de cada día.

Pero esa alma, entre mística y práctica, grosera y simplista, intelectual y chamánica, que lleva cada chileno en si mismo, hay que cuidarla. Hay que darle una dirección y un sentido. Hay que buscar el significado o el sentido keyserliano de la historia de este pueblo singular, que casi se cae al mar, colgando desde el borde de su majestuosa Cordillera de los Andes, solo un poco más baja que los imponentes montes de la Cordillera Himalaya, llena de santos, eremitas, adeptos y yoguis de toda índole.

Esa cara ignorada de Chile es la que mostraremos aquí. Forzosamente una historia como esta tendrá vacíos e imperfecciones, pues es inédita. Otros que vendrán después la mejorarán, pero quedaré satisfecho con haber abierto una senda y sembrado una semilla, que será importante para re-encantar el alma de los chilenos ante su propia historia.

Pasaré ante los ojos de la mente de mis lectores un desfile de santos, aspirantes a santos, videntes, poetas místicos, sensitivos, buscadores de la verdad, experimentadores de lo oculto, masones, teósofos y rosacruces chilenos. Veremos a grandes personajes de la historia oficial practicando espiritismo, reuniéndose en logias esotéricas, leyendo libros sobre kundalini, hablando de sus visiones, sobre la predestinación, acerca de Dios, el sentido de la vida, y de otras cosas interesantes como la evolución del alma en el más allá, o los milagros que fascinaron a los chilenos en distintas épocas de su historia, o la magia y los mitos del Archipiélago de Chiloé.

Pero no miraremos esas manifestaciones raras con ojos críticos o escépticos, no. Los miraremos con el ojo amable de quién sabe que muchas de esas cosas no son supersticiones o ilusiones, sino cosas y fenómenos trascendentes y reales, psíquicos y físicos de origen oculto que ocurren en todos los pueblos de la tierra.

Pero no será una mera colección de anécdotas curiosas, no, pues también veremos esos antecedentes en sincronicidad con las corrientes del pensamiento esotérico universal, y con lo que los religiosos y algunos filósofos creyentes denominan El Tejido de La Providencia Divina o el Plan de la Mente Divina para Chile, pues siempre el pasado de un pueblo contiene las semillas de su futuro, y también contiene los Signos de Dios que permiten entender mejor que es lo que los grandes maestros de Sabiduría Divina desean para el Chile del futuro. Veremos también la profunda influencia de la Masonería y de la Iglesia en la Historia de Chile.

Es decir, haremos Historia de Hechos como debe ser, pero también haremos interpretación histórica buscando las causas profundas de los acontecimientos, no en la mera economía o en la guerra de intereses de grupos, sino en las realidades espirituales, en el mundo arquetípico, pues como decía El Principito, del aviador poeta de corta vida, lo esencial es invisible a los ojos. Y como toda persona culta debería saber, lo invisible o las realidades ocultas inteligibles no son irracionales o ilógicas per sé. No. Es que funcionan, simplemente, con otro tipo de racionalidad, con una lógica que relaciona o unifica armoniosamente lo invisible con lo visible, tal como Hegel intuía.

No debe confundirse lo material con lo que es lógico, y lo espiritual como lo ilógico. O lo terrenal como cosa racional y lo místico como esencialmente irracional. Pensar así es mero superficialismo e ignorancia, por tanto confío en que mis lectores no serán superficiales al leer mi Historia Esotérica y Espiritual de Chile. Y si el tema ya les interesa es porque no son espíritus vulgares en virtud de que sienten esa atracción.

Estudiaremos también las corrientes filosóficas, ideológicas y espirituales europeas que se fueron trasvasijando a la mentalidad chilena en el siglo XIX y XX, y que sirvieron de sustento doctrinal a los principales partidos políticos de nuestro país, los que también sufrieron una explosión multiplicadora en la década de l930 a 1940, generando doctrinas, actitudes y prácticas políticas, algunas de las cuales han quedado encarnadas en la Constitución Política de 1925 y de 1980 y en otras instancias de la vida nacional.

Y esto no debe extrañarnos, pues la política es el campo de acción o de expresión de las éticas y de los Principios espirituales, positivos o negativos, que poseen las distintas cosmovisiones de la vida que circulan por la tierra. Por eso el lector encontrará en este libro, sobre todo en el siglo XX, una serie de toma de posiciones en materia política que son expresión de la visión espiritual o materialista, escéptica o creyente, trascendente o agnóstica, o tal vez atea, que tenga un partido o grupo de opinión, o bien cada personaje individual, posición que determina sus actos, y su influencia en el país entero.

De esta manera, aunque mucha gente no lo percibe, la política es el campo de acción de fuerzas espirituales, de signo positivo o negativo, una especie de Campo de Kuruksetra, segun el Mahabharata, o de Valle de Meguido en Israel, donde luchan el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas, y donde el triunfo de unos u otros, puede afectar el destino de los pueblos por siglos o por milenios. Y como el lector culto ya sabe, hasta en los fenómenos económicos de una sociedad, hay factores psicológicos, culturales, o religiosos, e incluso cósmicos, que los influyen o determinan.

Invito pues, a mis lectores, a conocer conmigo, el Chile interior y misterioso de ayer, que contiene las claves del hoy y del mañana. Síganme muy atentos, no se aburrirán en absoluto. Es una historia apasionante y hermosa, objetiva y desde luego, documentada, pues no hay Historia verdadera o científica, sin el apoyo de la documentación correspondiente.

Tal vez algunos de mis lectores encuentren en esta Historia la luz que les permita mirar con esperanza el futuro de nuestro país, y así estar mejor orientados en la construcción de ese mismo porvenir. Entonces una Historia como ésta viene a llenar un vacío importante, pues son demasiados los autores e interpretes que tienen una visión meramente exterior y anti-personalista, atea y materialista de la Historia del Mundo y de nuestro país.

Eso es porque siempre esos autores hablan de Fuerzas Sociales y no de Personas. Nos olvidamos con frecuencia que los grupos sociales, la historia y el mundo están constituidos por personas. Ellas, con toda su subjetividad a cuestas, en el sentido Tomista y Hegeliano de la palabra, son las que hacen la historia propia y la colectiva.

Para cerrar este prólogo debo añadir un motivo más que me impulsa a escribir este libro. No quiero que a mi país le suceda la misma mutilación o el reduccionismo histórico que ha sufrido un grande y a la vez pequeño país como Grecia, cuna de la cultura, la religión, la ciencia, la filosofía y el arte de Occidente. Tanto el Imperio Romano, como el Cristianismo Latino. Y más tarde, el racionalismo materialista de cuño franco-germánico de los últimos siglos, nos ha dado una visión o una comprensión parcial o sesgada de lo que es el alma de Grecia.

El olvido ha hecho omitir algunos hechos fundamentales, en primer lugar que los Dioses de su Mitología no eran producto de su imaginación. Los Dioses del Olimpo eran y son Seres reales, Inteligencias superiores de otros planos, a los que tenían acceso sus propios videntes, sus propios profetas y sus propias Escuelas Esotéricas.

Para saber o entender esto, bastaría con leer Isis y Osisris de Plutarco. O el Tratado del Hado y la Adivinación de Cicerón, como una excelente recopilación de los hechos parapsicológicos ocurridos y comprobados en la Historia Antigua de Grecia y Roma, que no son inferiores en nada a los ocurridos en torno de los grandes profetas de Israel. O simplemente leer La Odisea con ojos de esoterista entrenado.

Y para probarlo como cosa objetiva y no como ilusiones populares, debemos decir que Grecia tenía sus parapsicólogos y sus taumaturgos, sus rigurosos analistas de la realidad, en sus Pitágoras, en sus Empédocles, en sus Apolonios de Tyana, en sus Aristóteles, en sus Plotinos. En sus Santuarios de Asclepio o de Delfos ocurrían los mismos milagros que ahora ocurren en Lourdes, o en Fátima, o en el Ashram de Sai Baba.

En segundo lugar, debemos decir que la mayoría de los filósofos griegos eran capaces de unir la razón a la Visión directa de las realidades espirituales o invisibles del universo y de la mente de Dios o del Nous. No eran solo especulativos o meramente reflexivos, como ahora se piensa. Es más, muchos de sus planteamientos eran muy parecidos a los de algunos profetas de la Biblia, y a los de algunos sabios o místicos de la India.

Por eso es una desgracia que el cristianismo haya contribuido mucho, entre otros factores, a la mutilación de nuestra percepción del alma de Grecia. Y al mirar las cosas de un modo sesgado en el presente, terminamos aburriéndonos de los materialistas que nos muestran una historia llena de cáscaras de la realidad y de meras exterioridades, las que, desde luego, no contienen todas las causas de los fenómenos del pasado ni del presente de nuestras sociedades, sino solo algunas.

Finalmente, a este autor le queda perfectamente claro que esta obra podría ser clasificada por algunos como un ensayo de Teología de la Historia de Chile, o tal vez como un tratado de Metahistoria, o tal vez como mera acumulación de datos raros o excepcionales, sin peso académico. Pero me conformo con haberle creado más de alguna duda razonable que podría desmoronarle parte o todo su edificio intectual. Y de esa manera abrirle las puertas de su camino evolutivo hacia la Luz Infinita.

Y desde luego si Ud. se inscribe en la nómina nacional de los agnósticos, o de los positivistas cerrados y de los materialistas dialécticos, no le agradará leer esta obra. Sólo léala si interiormente sospecha que su querida cosmovisión personal está algo deteriorada, y necesita algo mejor con que reemplazarla.

CAPITULO UNO.

La conquista de Chile

El Conquistador de Chile, don Pedro de Valdivia, traía en el anca de su caballo, mientras galopaba por el desierto hacia el sur del territorio, una imagen de María Santísima. La Virgen del Socorro. Esa imagen de bulto, de unos 60 cms de alto, aún se conserva en el altar del Templo de la Recoleta Franciscana de la Alameda Bernardo O"Higgins, de Santiago.

Esa decisión de traer a María al anca de su caballo como Virgen del Socorro es un signo providencial misterioso que ha acompañado al pueblo de Chile en toda su historia. Siempre el pueblo de Chile ha confiado en María y se ha encomendado a su protección. Cada Chileno, espiritualmente, viaja por la vida, con María en el anca de su caballo. Es parte del alma nacional. Y si no es devoto de María, lleva a su madre carnal en el corazón, o el recuerdo de alguna mujer muy querida, con el que se consuela en sus momentos de tristeza.

Lo anterior es ya un signo misterioso, pero a quienes les agradan las cuestiones numerológicas y el estudio de los ciclos de la vida, han de sorprenderse cuando observen que don Pedro de Valdivia se esforzó en la conquista de este territorio por trece años. Llegó al valle del Mapocho el l3 de Diciembre de 1540 y fue muerto por los mapuches, el 25 de Diciembre de 1553.(Encina).

Al parecer el mal hado del número trece se cumple con nuestro conquistador. El Arcano trece del Tarot es el de la muerte.

Misteriosa sincronicidad de dos números treces, y de dos Diciembres, fin del año, fin de la vida.

El l3 de Diciembre el santoral católico romano recuerda a Santa Lucía Virgen y Martir, por eso el Conquistador bautizó el Cerro Huelén del Valle del Mapocho como Cerro Santa Lucía, y así continúa denominándose hasta hoy. Desde su cumbre y a la calurosa luz del sol de Diciembre los ojos del conquistador abarcaron en amplia mirada todo el Valle del río Mapocho y lo que vió le agradó tanto que decidió fundar allí mismo la Capital de Chile y a celebrar la primera misa en el centro del territorio nacional, bajo la presidencia de los tres sacerdotes que le acompañaban en la expedición.

El Acta de la Fundación de Santiago ya contiene las Fuerzas Espirituales que marcarán con su sello el alma nacional de Chile a través de toda su Historia. Dice así: A DOCE DIAS DEL MES DE FEBRERO DEL AÑO MIL E QUINIENTOS E CUARENTA E UN AÑOS, FUNDO ESTA CIUDAD EN NOMBRE DE DIOS Y DE SU BENDITA MADRE Y DEL APÓSTOL SANTIAGO, EL MUY MAGNIFICO SEÑOR PEDRO DE VALDIVIA, TENIENTE DE GOBERNADOR Y CAPITAN GENERAL, POR EL MUY ILUSTRE SEÑOR DON FRANCISCO PIZARRO, GOBERNADOR Y CAPITAN GENERAL DE LAS PROVINCIAS DEL PERU POR SU MAJESTAD, Y PUSOLE NOMBRE LA CIUDAD DE SANTIAGO DEL NUEVO EXTREMO ....

Dios, María y el Apóstol Santiago, el Hermano del Apóstol San Juan, el Evangelista. Tres Fuerzas Espirituales nombradas y vividas al modo español y con fervor muy medieval. Y para los que gustan de la Numerología sepan que junto a Don Pedro de Valdivia venían tres sacerdotes. Por lo tanto se cumplía con la Sagrada Ley del Tres, propia de todo acto Creativo de Dios. Con el Acta de la fundación de Santiago bajo la advocación del Apóstol del mismo nombre y al erigir una Ermita o capilla al Nombre de La Virgen del Socorro, cerca del Cerro Santa Lucía, Pedro de Valdivia daba religioso cumplimiento al voto-promesa que había hecho en el Cuzco, en la misa de la víspera de su partida desde el Perú, el 19 de Enero de 1540.

El Arcano 3 del Tarot es el de la Emperatriz, a la cual muchos iconógrafos pintan y describen como una reina embarazada. En este caso podríamos decir que Chile está en el vientre de María, la Emperatriz de los Cristianos. El embarazo tambien evoca la idea de un proceso creativo en desarrollo.

Los tres sacerdotes y las tres fuerzas espirituales invocadas en el acta de fundación de la Capital de Chile uniendo tres Fuerzas de Abajo y las tres Fuerzas de Arriba son evocadores de la famosa Estrella de David o el Escudo de David, que algunos erroneamente denominan Sello de Salomon, y que tiene Seis Puntas. Este importante símbolo está asociado a la Alianza Indestructible entre el Dios de Abraham y el Pueblo de Israel, y a la unión mágica del fuego y del agua, y del Hombre y de la Mujer.

La Edad Moderna que ya reinaba en Italia y Alemania ni siquiera se asomaba por acá. El pensamiento del Fundador y de sus compañeros es rigurosamente cristiano y católico romano, al modo medieval de creer. El Cisma que ya había divido a Europa en dos almas cristianas por la aparición del luteranismo y del calvinismo desde la segunda década del siglo XVI, demorará 300 años más en llegar al alma de Chile. Por estas razones y por efecto de un elevado designio de adecuada estructuración de la unidad nacional, como se verá con hechos más adelante, nuestro país es mayoritariamente Católico Romano. Esa es su raíz espiritual, a la que se agrega, desde luego, el conjunto de las creencias Chamánicas de las Machis de nuestro pueblo nativo. La fe protestante llegó demasiado tarde a la formación del alma nacional, y aunque las leyes ecuménicas del siglo XXI consideran con respeto a esas creencias, costará mucho su plena integración a ella.

Aunque el Conquistador llegó a la zona central de Chile con 150 hombres y su concubina, doña Inés Suárez, al salir del Cuzco el 20 de Enero de 1540, solo traía ONCE hombres. Los demás se fueron agregando en grupos a lo largo de varios meses, mientras viajaba por el desierto de Tarapacá hacia el sur, hasta completar la cifra de 150 ya mencionada. Once hombres para conquistar un extenso territorio, poblado de indios no muy amables por cierto. Solo Once, pues la empresa de venir a Chile estaba desprestigiada entre los españoles del Perú, por el fracaso de Diego de Almagro y porque en Chile no había oro en las cantidades que había en Perú o en México. Había, pero poco. Aún no se valoraba el cobre como lo sería en los siglos XIX y XX.

Once hombres para una empresa gigantesca, casi imposible de lograr. Pero allí surge el designio del Destino. En Chile todo se hace con esfuerzo y muchas dificultades. Todo se logra por medio de situaciones límites, con mucha fuerza voluntad. Tal como la voluntad de Don Pedro de Valdivia se mantuvo en alto y llena de esperanza de que lograría sus metas. Y Justamente ese número 11 marcó y aún marca la vida de los Chilenos del siglo XXI. Veamos porqué.

El 11 de Septiembre de 1541 la pequeña ciudad de casas de adobe y totora que era Santiago, fue atacada y quemada por un levantamiento general de los indios del Valle de Aconcagua y del Cachapoal. Solo 52 españoles e Inés Suarez estaban allí para defender el asentamiento. Valdivia y los cien hombres restantes habían viajado al sur, al río Cachapoal, para escarmentar a los indios de esa zona y reducir el riesgo de ataque sobre Santiago. Cosa que desde luego no se logró.

La batalla por salvar propia la vida y a la recién fundada Capital del Chile duró una diez horas horrendas e inolvidables. Unos 8000 indios atravesaron el río Mapocho, derribaron la empalizada que rodeaba la ciudad e hicieron retroceder a los españoles hasta la plaza de Armas a varias cuadras del río. Las cargas a caballo y las balas de arcabuz no lograban reducir la fuerza del ataque indio. Dos españoles murieron, casi todos estaban heridos. Hasta los sacerdotes tomaron espadas y ayudaron en el fiero combate. Incluso un español que estaba preso en el calabozo con grilletes pidió permiso para combatir. Inés Suárez, vestida con cota de malla metálica, también luchaba como un hombre. Al ver tanta resistencia los indios incendiaron una a una todas las casas y las bodegas con comida.

Ante tan desesperada situación Inés Suárez tuvo una inspiración de lo Alto. En el calabozo habían siete loncos o caciques indios en prisión preventiva, a los que los nativos querían liberar. Ella propuso que los siete fuesen degollados y arrojadas sus cabezas a la masa india que los rodeaba. Su idea fue aceptada de inmediato y cumplida. Inés también colaboró en el degüello rápido del grupo de caciques y ayudó en el lanzamiento de las cabezas desde la plaza de Armas hacia la muchedumbre indígena. Antes de esto todos los españoles estaban preparados para una carga definitiva a caballo y a pié con todo lo que tenían para atacar.

Con el desconcierto creado entre los indios al ver a sus jefes muertos, el ataque español tuvo un éxito fulminante. Los nativos fueron rechazados hasta el río Mapocho y se perdieron entre los bosques de la ribera. El sol caía tras del Cerro San Cristóbal, y el humo de la ciudad incendiada completamente ascendía hacia el cielo azul. Valdivia llegó con sus hombres a auxiliar a los sobrevivientes cuatro días después.

Los españoles se habían quedado con lo puesto en sus cuerpos. Quince caballos habían muerto. Todas las ovejas y aves de corral, excepto dos gallinas, habían desaparecido. Salvaron a tres cerdos, dos hembras y un macho, del pillaje indio, y un puñado de trigo. Había que reconstruir todo. Diez meses de trabajo y sudor estaban perdidos. Un Diego de Almagro se habría descorazonado y se habría retornado al Perú. Pero el Alma de Pedro de Valdivia y la de su mujer, y el ánimo de toda su gente, no se iba a dejar abatir por la adversidad ni por los indios. Y siguieron adelante. Un elevado designio divino les guiaba sin saberlo ellos a nivel consciente.

Pero eso sucedió un 11 de Septiembre de 1541. Dos veces Once. Si, porque el año 1541 también suma 11, al aplicar lo que se denomina Adición Teosófica: 1 + 5 + 4 + 1 = 11. Y como decía anteriormente, el número 11, y el mes de Septiembre, marcarían varias fechas cruciales en la historia del Chile republicano, durante el siglo XX. Pero profundizar eso no es materia de este capítulo. Para quienes interese el tema, existe un área del Esoterismo tradicional que se llama el estudio de los fenómenos de Sincronicidades significativas. Por eso es importante lo de los 11 hombres que acompañan a Valdivia al salir del Cuzco, del Ombligo del Mundo, según los Quechuas del Perú.

Recuérdese también que el Cristianismo o la Iglesia cristiana comenzaron su tarea en Jerusalén con 11 hombres. Los 11 apóstoles fieles al Señor Jesús y María junto a Ellos. Once hombres y una mujer, y uno de los hombres, el dirigente, se llamaba Pedro... ¿Será mera coincidencia de que el grupo que acompañó a Valdivia desde el Cuzco eran también 11 y una mujer especial ¿Será mera coincidencia que justamente el Conquistador haya muerto un 25* de Diciembre y su corazón devorado por los indios de Lautaro para asimilar su valor, como una especie de salvaje comunión eucarística Para los que tienen ojos para ver y oídos para entender los signos de Dios no se trataría de una mera coincidencia. Pero no adelantemos juicios por ahora. Hay muchísimos más datos que considerar. Estamos recién empezando.

*Francisco Encina da como fecha de la Batalla de Tucapel y de la muerte de Valdivia el 25 de Diciembre de 1553. Otros autores dicen que la fecha fue el 26 de Diciembre del mismo año, lo cual no afecta a la idea sustancial sostenida en este capítulo.

La Conquista de Chile no se detuvo por la muerte del Gobernador . Otros hombres tomaron el mando del reino, como se decía en aquel entonces. Curiosamente la noticia de la muerte de don Pedro de Valdivia llegó a Santiago el Once de Enero de l554, en un comunicado desde Concepción, donde también se avisaba del gran levantamiento indio del sur de Chile. Otra vez el Once y otra vez los indios, pero esta vez a 600 kilómetros de Santiago. El Historiador e Intendente de Santiago, don Benjamín Vicuña Mackenna, dice que la noticia de la muerte de Valdivia llegó el día 10 de Enero de l554, pero que el hombre que la trajo se demoró ONCE días en su viaje a caballo. Por lo tanto, se sigue cumpliendo la Ley Numerológica detectada en la Historia de 460 y más años de existencia de Chile como nación.

También habría que agregar la importancia del número l4, del cual nos habla la Biblia en varias partes, pero especialmente en el cap. 1 del Evangelio de San Mateo. De Enero de 1540 a Enero de 1554, cuando se abre el Testamento de Pedro de Valdivia, se han cumplido 14 años, un ciclo perfecto de doble siete que marca un cambio de Era en el Cronograma de Chile. El número de catorce años, o una doble septena de años marca el fin de una época y el comienzo de otra. Un tiempo de trasvasije de culturas y de agua de vida, como señala el Arcano 14 del Tarot, La Templanza . Es el mismo sentido o significado que tiene el triple 14 de las generaciones de judíos notables que son los antepasados de Cristo en el Capítulo Primero del Evangelio de Mateo. Cada 14 generaciones hay un cambio de Era en la Historia de Israel.

A esta altura de la historia habrá que preguntarse si acaso Chile estaba en el Pensamiento de Dios como Señor de la Historia, o solamente aquí estaban en juego las simples ambiciones de los hombres. En el siguiente Capítulo acerca del Período Colonial responderemos directamente esa pregunta con algunas experiencias místicas de personajes de dicha época, pero por ahora diremos que, a nivel objetivo, y aparte de los protagonistas de la Conquista y del rey de España, Chile estaba poderosamente presente en la mente y el corazón de nada más y de nada menos que de Santa Teresa de Jesús de Avila, Porque DOS de los hermanos carnales de la Santa se habían venido a Chile a vivir y a combatir por la Gloria de Dios y por su rey.

Se trataba de Rodrigo y Agustín de Cepeda y Ahumada.(Teresa de Cepeda y Ahumada es el nombre civil o laico de la Santa, viva en aquel entonces, fallecida en l582, actual doctora de la Iglesia y Patrona de España, y fundadora de la Orden de las Carmelitas descalzas). Ambos participaron en varias batallas contra los indios. El primero falleció en Chile. El segundo se salvó por milagro, seguramente por las oraciones de su hermana, de un sitio mortal en torno del Fuerte Cañete, en el que por casualidad aparente, y cuando no se esperaba ayuda alguna, un destacamento de soldados españoles llegó a salvarlos de una muerte segura, en l567.