Aportes del sitio peñas chicas 1.3 a la arqueología de fines del holoceno medio de Antofagasta de la Sierra



Resumen

En este trabajo se presentan una serie de resultados obtenidos de las actividades de campo y de laboratorio realizadas hasta el momento en el sitio Peñas Chicas 1.3, situado en Antofagasta de la Sierra, en la Puna Meridional argentina. Cabe destacar que el sitio posee un alero bajo roca que cuenta con información relevante sobre el proceso de cambio de grupos cazadores-recolectores a sociedades agro-pastoriles acaecido en el área de estudio hacia los 3500 años AP. En este marco, se comunican una serie de resultados referidos al sitio Peñas Chicas 1.3, de interés para la arqueología del NOA y se analiza el papel de este sitio en el contexto de cambio-socioeconómico citado. Específicamente, se dan a conocer las características principales del asentamiento y se brinda información obtenida en cuanto a redes de interacción a grandes distancias involucrando obtención de recursos bióticos, movilidad residencial reducida e intensificación en la explotación de recursos de subsistencia, incluyendo posibles desarrollos locales de opciones productivas (cultígenos). Asimismo, se describen las características generales de los conjuntos de artefactos líticos tallados recuperados y se detallan los diferentes diseños de puntas de proyectil presentes en el sitio.

Palabras clave: cazadores-recolectores transicionales - puna argentina - fines del Holoceno medio

Abstract

Several results obtained by field and laboratory research at Peñas Chicas 1.3 site

-Antofagasta de la Sierra, Southern Argentinean Puna- are presented in this work. The site includes a rock-shelter with relevant information about the transition from hunter-gatherers to agro-pastoralist societies in the study area, ca. 3500 years BP. In this framework, information referred to Peñas Chicas 1.3 site, with relevance to Northwestern Argentina Archaeology, is communicated. The role of the site within the socio-economical process of change is analyzed. Specifically, main characteristics of settlement and data about long distance networks implied in procurement of biotic resources, low residential mobility and intensification in the explotation of subsistence resources -the latter probable involving local developments of productive activities (cultigens)- are presented. Furthermore, general characteristics of flaked stone assemblages are described and different types of designs of projectile points are detailed.

Key words: transitional hunter-gatherers - argentinean puna - late middle Holocene

Introducción

En este trabajo se presentan una serie de resultados obtenidos de las actividades de campo y de laboratorio realizadas hasta el momento en el sitio Peñas Chicas

1.3 (en adelante PCh1.3), situado en la microrregión de Antofagasta de la Sierra, en la puna meridional argentina. Tales investigaciones tienen su fundamento en uno de los aspectos menos conocidos y más relevantes de la arqueología de dicha microrregión; específicamente, el paso de un modo de vida cazador-recolector

En este contexto, los objetivos de esta presentación son: 1) comunicar una serie de resultados acerca del sitio Peñas Chicas 1.3, de interés para la arqueología del NOA; y 2) analizar el papel de este sitio en el contexto de cambio-socioeconómico citado. Específicamente, se dan a conocer las características principales del asentamiento y se aborda información obtenida de estudios tecnológicos y tipológicos de artefactos líticos tallados y de molienda, de análisis de microrrestos en artefactos de molienda y de vestigios macro-botánicos.

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Figura 1. Mapa de Antofagasta de la Sierra (Catamarca) con la ubicación de los sitios mencionados en el texto

Características del sitio arqueológico

PCh1.3 se encuentra en la terraza alta del río Las Pitas (curso medio-inferior), en la localidad arqueológica Peñas Chicas, a 3574 msnm y a aproximadamente 7 km en línea recta de la población de Antofagasta de la Sierra (Figura 1). Sus coordenadas geográficas son 26º01´50,9´´ Latitud Sur y 67º21´04,7´´ Longitud Oeste.

El mismo se encuentra en la asociación vegetal del "tolar", ubicada por debajo de los 3800 msnm, en donde abundan especies subarbustivas de los géneros Parastrephia y Acantholippia (Rodríguez 2004) dispersas en el paisaje.

Cabe destacar que el sitio fue descubierto por C. Aschero en 1983, quien lo dividió en dos sectores (libreta de campo) (Figura 2).

Específicamente, el sitio consiste en:

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Figura 2. Sectores del sitio PCh1.3

Las estructuras de piedra consisten en líneas o bien en círculos o rectángulos de tamaño variable y están formadas por lajas clavadas de ignimbrita. Es importante destacar que una estructura (E1), por lo menos, fue parcialmente desarmada y reutilizada para la construcción de un recinto subcircular (E2) y de dos pequeñas estructuras semicirculares (E3 y E4), siendo evidente por el cambio en la técnica arquitectónica, ya que las lajas se dispusieron horizontalmente. Así, a los efectos de establecer la vinculación entre la estructura rectangular de gran tamaño (E1) y la subcircular (E2) se planteó un sondeo de 1 x 1 m en el vértice S E (Unidad de Excavación -en adelante, UE- 4). De esta forma, se pudo verificar que la estructura con bloques horizontales subcirculares se apoyaba en parte sobre la rectangular. La profundidad alcanzada fue de 0,40 m aproximadamente. Los materiales arqueológicos recuperados incluyen desechos de talla, restos faunísticos y vegetales y excrementos de animales. De particular interés es una punta de proyectil con pedúnculo destacado y retoque alterno, típica de las ocupaciones de fines del Holoceno medio (Hocsman 2006). Sin embargo, no hay evidencias claras de que este asociada a las ocupaciones ligadas a las estructuras. Se considera que su presencia allí puede deberse a procesos postdepositacionales.

Lo dicho se vería corroborado por la excavación (UE3) de una de las estructuras compuestas por lajas clavadas (E5). Cabe destacar que dichas lajas estaban calzadas entre sí por pequeñas piedras. Los vestigios, que indican una ocupación de tipo doméstico, incluyen materiales arqueológicos diversos en claro contexto y asociación, a saber: artefactos líticos tallados, fragmentos cerámicos toscos con hollín, restos identificables de camélido y astillas óseas y una mano de molino asociados a un fogón playo. Estos materiales definen un piso de ocupación que se encuentra entre los 0,40 y 0,50 m de profundidad. La pared de lajas asentaba a los 0,40 m aproximadamente, encontrándose los vestigios arqueológicos, en parte, por debajo de la base de la estructura de piedra. Una datación radiocarbónica procedente del fogón permitió fechar la ocupación en 415±40 años AP (LP- 1469)-carbón vegetal-. Esto permitiría datar relativamente la reutilización de las estructuras como posterior al 450 AP.

El taller a cielo abierto, por su parte, consta de desechos de talla, núcleos y artefactos formatizados que se corresponden tecnológica y tipológicamente con los recuperados en el alero bajo roca (que se describirá a continuación). La dispersión cubre un área de 40 por 15 m aproximadamente.

En realidad, los materiales arqueológicos en el taller y sus proximidades se presentarían no sólo en superficie sino también en subsuperficie. Esto estaría atestiguado por un sondeo de 0,70 x 0,70 m realizado por Elizabeth Pintar en el año 1994 contra una estructura cercana al alero bajo roca (E6) y una cuadrícula de 1,50 x 1,50 m (UE2) planteada prácticamente contigua a dicho sondeo en el año 2002, por quien suscribe (Figura 2).

De acuerdo a Pintar (1994, libreta de campo), el primero alcanzó una profundidad de 0,90 m, finalizando al tocar una roca de base. El mismo fue excavado por niveles artificiales de 0,10 m, ante la ausencia de estratigrafía natural. Se recuperaron materiales arqueológicos en toda la potencia excavada, en forma de lascas, carbón y restos vegetales y óseos.

En cuanto a la cuadrícula, la potencia máxima alcanzada fue de 0,70 m, debido a la característica friable del sedimento - arena con un componente importante de clastos de pequeño tamaño-, con caída constante de perfiles que dificultaba las tareas de excavación. Como elementos relevantes puede señalarse una estructura de cavado de funcionalidad no determinada en la porción superior de la secuencia estratigráfica, contra la línea de piedras. Asimismo, que la densidad y tamaño de los artefactos líticos recuperados se incrementaba a partir de los 0,30 m. Justamente, en el nivel 4 se contaría con una estructura de combustión mal conservada, con carbones que se desarmaban al más leve contacto conformando una mancha gris-negruzca.

Finalmente, en el nivel 6, entre los 0,50 y los 0,60 m de profundidad, se recuperó un ápice de punta de proyectil similar a otros obtenidos en el alero bajo roca inmediato.

El alero bajo roca

El alero se presenta en un bloque de ignimbrita de gran tamaño desprendido del farallón cercano. El mismo se encontraba totalmente colmatado por sedimentos, siendo descubierto al realizar un sondeo contra un gran bloque en un área a reparo del viento, en el año 2002.

Hasta el momento, las dimensiones de la oquedad son de 2,80 m para la boca, con una profundidad de 1,90 m, sin haberse encontrado todavía las paredes laterales pero sí el fondo, que continúa profundizándose (Figura 3). La boca de la oquedad presenta una dirección N.O., encontrándose el alero a reparo del viento, favorecido por la proximidad al farallón de ignimbrita de Peñas Chicas y a la existencia de numerosos bloques de grandes dimensiones que actúan a modo de pantalla.

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Figura 3. El alero bajo roca.

La superficie excavada es de 5 m2 (UE1). La potencia alcanzada en la boca del alero es, hasta el momento, de 0,80 m, mientras que en el interior la altura máxima alcanzada es de 0,50 m. Esto implica que en el interior el espacio útil de habitación se debía ocupar en posición acostada, mientras que en el sector de la boca en posición sentada. Cabe destacar que no se llegó todavía a nivel estéril, por lo que las dimensiones y alturas señaladas se verán modificadas -incrementadas- al continuar las excavaciones.

Desafortunadamente, no se contaba con niveles naturales, por lo que se debieron plantear niveles arbitrarios. Así, los primeros 4 estratos artificiales fueron excavados mediante niveles de 0,10 m, en tanto que los subsiguientes por medio de niveles de 0,05 m. Esto respondió al aumento de la densidad de hallazgos.

Las tareas de excavación se vieron dificultadas por las características de la matriz sedimentaria, de tipo arenosa, que implicó la caída constante de sedimento y de materiales arqueológicos de los perfiles.

El depósito está formado, además de los materiales antropogénicos, por sedimentos resultantes de dos procesos distintos: por un lado, sedimentos consistentes de materiales de fuera del abrigo que ingresaron al mismo, es decir, acumulación de arena y de restos vegetales por acción eólica, con el alero funcionando como "trampa" y, posiblemente, por la acción del pisoteo/pateo de los grupos humanos que lo ocuparon y, por el otro, materiales detríticos que se formaron dentro del alero, por desprendimientos del techo y paredes, y allí depositados.

Aunque la porción del depósito que contiene los materiales arqueológicos no presenta diferenciación estratigráfica, sí se discrimina de un nivel suprayacente, estéril, que terminó de colmatar el alero

Es importante señalar las diferencias existentes entre el interior del alero y el área por fuera de él, inmediatamente después de la línea de goteo, en cuando a presencia de humedad en sub-superficie, ya que la misma aparece sólo en el exterior, a cielo abierto. Esto es importante, ya que explicaría la conservación de restos tales como flores, carbones, semillas, huesos de camélido con tegumento, cartílago, vellones, etc. dentro del alero, y la no ocurrencia de restos vegetales, así como la malaconservación de los huesos fuera de él. Por otra parte, ambas áreas se diferencian, también, por la presencia de raíces a lo largo de la secuencia estratigráfica en el segundo y la ausencia de las mismas en el primero. Finalmente, es pertinente mencionar que en los primeros 0,10 m se observó una importante remoción por acción del pisoteo, evidenciado por artefactos líticos en posición oblicua y vertical.

En el alero se recuperaron 3 estructuras (sensu Sharer y Ashmore 1979) que son clave para entender el uso del espacio en el interior del mismo. Así, destaca en primer lugar, una estructura de piedra, de morfología lineal, compuesta por bloques y lajas de ignimbrita, que sigue aproximadamente la línea de goteo, aunque por fuera del área de reparo. Se presenta parcialmente desarmada, observándose segmentos de pared conservados. Un punto relevante es que parte de las lajas se encuentran inclinadas hacia el interior del alero. Esto puede responder a la presión de la arena del médano inmediato al avanzar sobre el alero, a actividades de desarme en función de la reclamación de piedras de la pared, o a una combinación de ambos factores. La pared se inicia en el nivel 3 y continúa hasta el nivel 7, siguiendo en profundidad ya que se observan 2 rocas cuyo techo se encuentra en este último nivel.

En segundo lugar, en el nivel 7 se recuperó una estructura de combustión situada próxima a la línea de goteo. Se trata de un fogón playo, de pequeño tamaño, con un núcleo de combustión compuesto por carbones predominantemente pequeños. No se observó un área de rubefacción clara, pero si hacia uno de sus costados un área de ceniza y carbones, a modo de "limpieza". Una datación radiocarbónica basada en carbones del núcleo de fogón resultó en 3680±60 años AP (UGA 15092).

El alero continuó siendo ocupado luego de este evento, con el consiguiente descarte y abandono de artefactos, lo que llevó a que la potencia sedimentaria se viera incrementada progresivamente, hasta llegar a un punto en que la proximidad del techo imposibilitaba su utilización (inicio del nivel 4). Asimismo, esto coincide con el hecho de que la estructura de piedra se vio sobrepasada por la sedimentación. Entra en juego aquí la tercer estructura, un área de dispersión carbonosa dentro del alero que cubre buena parte del área excavada (piso del nivel 3 / techo del

Evidencias arqueológicas recuperadas en el alero bajo roca

El análisis de los artefactos líticos tallados permitió obtener información de sumo interés sobre las características tecnológicas y tipológicas de los conjuntos líticos de fines del Holoceno medio. La muestra considerada está formada por 131 piezas formatizadas que constituyen 240 filos o puntas (por ende, de morfología parcial, siguiendo a Demars y Laurent 1992) y piezas de morfología global (ibid.), 3 núcleos y 2096 lascas, con un Número Mínimo de Desechos -NMD- (sensu Aschero et al. 1993-94) de 760. Cabe mencionar que los artefactos de las dos primeras clases tipológicas proceden de las dos campañas realizadas hasta el momento (Septiembre de 2002 y Abril de 2003), en tanto que la tercera corresponde sólo a la campaña del año 2002.

El primer punto a tratar refiere a la utilización de las materias primas líticas. Para ello, es necesario caracterizar, sucintamente, la disponibilidad de rocas factibles de ser empleadas para la talla.

Así, la micro-región cuenta con una oferta destacada de materias primas líticas de muy buena calidad para la talla, ya que las fuentes son ubicuas, variadas y las rocas y minerales presentes abundantes. El área de estudio presenta ocho variedades de vulcanita, cuarzo, cuarcita y sílice, con distancias mínimas menores al kilómetro y máximas no mayores a los 25 km (Aschero et al. 2002-2004; Hocsman 2006). En términos generales, estas materias primas pueden ser obtenidas en fuentes distribuidas en un radio no mayor a 15 km. Cabe destacar que las fuentes reconocidas en la microrregión (N: 21) cubren las probables procedencias de las 11 variedades de rocas/minerales locales utilizadas (Aschero et al. 2002-2004).

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Antofagasta de la Sierra (Escola 2000; Yacobaccio et al. 2002); Cueros de Purulla, a unos 70 km al Suroeste (Escola 2000; Yacobaccio et al. 2004); Laguna Cavi, a 40 km aproximadamente (Escola y Hocsman 2007) y Salar del Hombre Muerto (Chaparro 2007), unos 80 km al norte de la micro-región. Asimismo, se presentan una serie de obsidianas de fuente desconocida (C y G, entre otras), que se estima se trata de fuentes no locales en función de que no han sido identificadas en las prospecciones intensivas realizadas en la micro-región (Escola y Hocsman 2007).

En función de lo arriba expresado, destaca, en primer lugar, la diversidad de rocas locales presentes en PCh1.3, con 10 variedades de un total de 11. En segundo lugar, la predominancia de rocas locales sobre las no locales, tanto en artefactos formatizados -81,68% y 18,32%, respectivamente- como en desechos de talla -90,79% y 9,21%, respectivamente-. Ahora bien, al considerar exclusiva- mente a las rocas locales, destaca el papel de las rocas inmediatas sobre las mediatas (Tabla 2), superando el 75%, tanto en artefactos formatizados como en desechos de talla. Así también, es pertinente mencionar la baja participación de las materias primas mediatas cercanas y la mínima utilización de las rocas mediatas lejanas, en función de los porcentajes involucrados. De esta forma, el aprovisionamiento de materias primas líticas empleadas para la talla habría implicado distancias muy cortas, básicamente menores a 10 km, siendo consonante con una situación de movilidad

residencial reducida (Hocsman 2006).

Con respecto a las rocas no locales, se registra un predominio de la obsidiana de Ona sobre las obsidianas restantes, tanto en artefactos formatizados como en desechos de talla, con porcentajes superiores al 50%. Por su parte, las obsidianas de Cueros de Purulla y Laguna Cavi cuentan con frecuencias relativamente similares, de aproximadamente el 20%.

En cuanto a los sistemas de producción lítica vigentes, son de tipo secuencial. Así, las actividades de talla en el alero bajo roca implicaron extracción de formas-base e instancias de formatización, en forma de adelgazamientoy/oregularización, aunque con énfasis en estas ultimas etapas del proceso de manufactura (Mamaní Segura 2006), en consonancia con los resultados obtenidos en otros sitios relativamente sincrónicos, como PCh 1.1 (Pintar 1996) y PP4 (Toselli 1998; Calisaya y Gerónimo 2006).

Desde un punto de vista morfológico- funcional, en el alero está representada una importante variedad de grupos tipológicos (Aschero 1975, 1983; Hocsman 2006),

en número de 25, contabilizándose 240 filos, puntas y piezas de morfología global. En la Tabla 3 puede apreciarse la variedad de grupos tipológicos presentes y sus frecuencias. Dicha variabilidad morfológica permitiría postular la realiza- ción en el alero de una amplia gama de tareas de procesamiento/consumo que implicaron del uso de artefactos líticos tallados en el mismo.

Se destaca que los materiales líticos tallados recuperados en el alero bajo roca presentan marcadas afinidades en cuanto a su morfología, con sitios de similar cronología (ca. 3600 años AP), como Peñas Chicas 1.1 y Punta de la Peña 4. Esto se observa, por ejemplo, en los artefactos formatizados, al tratar con los tipos morfológicos (sensu Aschero 1975) presentes en los distintos sitios considerados, que resultan de la comparación y descripción segmental de los especimenes individuales (Hocsman 2006, 2007), o a través de las clases técnicas mediante las cuales se confeccionó el instrumental, ya que los artefactos fueron elaborados utilizando las mismas clases en los diferentes sitios mencionados, a saber: adelgazamiento y reducción bifacial, adelgazamiento y reducción unifacial, trabajo no invasivo bifacial, unifacial y alternante y trabajo bipolar (Hocsman 2006).

Tabla 3. Presencia de grupos tipológicos en el sitio PCh1.3

GRUPO TIPOLÓGICO

N

%

UNIFACE

1

0,42

BIFACE

45

18,75

FILO BIFACIAL DE ARISTA SINUOSA

7

2,92

RASPADOR

8

3,33

RACLETTE

10

4,20

RAEDERA

9

3,75

CUCHILLO DE FILO RETOCADO

9

3,75

CUCHILLO DE FILO NATURAL CON DORSO FORMATIZADO

1

0,42

CORTANTE

10

4,20

MUESCA RETOCADA Y DE LASCADO SIMPLE

27

11,25

DENTICULADO BISEL OBLICUO / ABRUPTO SECCIÓN ASIMETRICA

5

2,08

CUCHILLO DENTICULADO

2

0,83

PERCUTOR DE ARISTA FORMATIZADA

1

0,42

MUESCA BURILANTE

2

0,83

BURIL

6

2,50

PUNTA BURILANTE

10

4,20

PERFORADOR

1

0,42

GUBIA

2

0,83

ESCOPLO

1

0,42

PUNTA DE PROYECTIL

26

10,83

FILO FORMATIZADO PASIVO

6

2,50

ARTEFACTO DE FORMATIZACIÓN SUMARIA

13

5,42

ARTEFACTO BIPOLAR

1

0,42

FRAGMENTOS NO DIFERENCIADOS DE ARTEFACTOS FORMATIZADOS

14

5,83

FILOS NO DIFERENCIADOS DE ARTEFACTOS FORMATIZADOS

23

9,58

Nota: Para la definición de los grupos tipológicos se siguió la propuesta de Aschero (1975, 1983) y modificaciones e incorporaciones posteriores de Aschero y Hocsman (2004), Aschero (2004) y Hocsman (2006). La lista tipológica se estructuró en base a criterios de Hocsman (2006).

Al considerar las puntas de proyectil recuperadas en excavación y una serie de piezas recolectadas asistemáticamente en superficie en distintos sectores del sitio en diferentes oportunidades (1983, 1989,

1996, 2001 y 2003), se desprenden una serie de aspectos de interés, entre ellos, una destacada variabilidad tipológica. Así, se observa la coexistencia de diseños pedunculados destacados y esbozados, apedunculados lanceolados diversos y cordiformes/triangulares (Tabla 4, Figura 4).

Los diseños pedunculados presentan, en general, pedúnculos destacados, aletas entrantes rectas u obtusas y limbos triangulares de lados convexos o lanceolados. Donde sí se observa una importante variabilidad morfológica es en los bordes y la base de los pedúnculos (Figura 4).

Con respecto a los primeros, pueden ser convergentes convexos, cóncavos o rectos, con regularización alterna (Figura 4 a); paralelos rectos, con regularización alterna(Figura4b); convergentesconvexos o rectos (Figuras 4 c y 4 d); convergentes rectos, con regularización alterna (Figura 4 e). En cuanto a la segunda, son de tipo convexilíneas simples (Figura 4 d) y/o acuminadas (Figura 4 a); concavilíneas simples o con escotadura en v (Figura 4 b); rectilíneas simples (Figura 4 c) y convexilíneas inflexionadas o acuminadas convexas (Figura 4 e).

A estas variantes se suman una serie de piezas con: bordes del pedúnculo convergentes convexos y base convexa atenuada inflexionada (Figura 4 f); bordes convergentes convexos semicirculares y base convexa semicircular no inflexio- nada; bordes convergentes convexos semicirculares y base acuminada puntiforme (Figura 4 g) y bordes conver- gentes rectos y base convexilínea semicircular. En éstos últimos casos no es posible establecer las características del limbo y de las aletas y/u hombros debido a la presencia de fracturas y de procesos intensivos de extensión de vida útil, como mantenimiento y reciclaje.

Si bien esto puede hacerse extensivo al conjunto de piezas consideradas, explicándose de esta forma la presencia de escasos diseños básicos (sensu Aschero 1988) así como la ocurrencia mayoritaria de diseños mantenidos y transformados (sensu Martínez 2003 y Aschero 1988, respectivamente), es posible abordar la variabilidad tipológica sobre la base de los pedúnculos, ya que en general no se ven afectados por la reactivación de filos (Flenniken y Raymond 1986).

Ya dentro de los diseños apedun- culados, se encuentran piezas lanceoladas, "en mandorla" o biconvexas con un ápice activo, con bases convexilíneas semicirculares y de tamaño mediano- pequeño (Figura 4h); lanceoladas de bordes subparalelos con bases convexilíneas atenuadas o semicirculares (Figura 4 i) y cordiformes o triangulares de bordes convexos, con bases concavilíneas atenuadas (Figura 4 j).

Es importante mencionar que la preponderancia de los diseños apedunculados lanceolados, en particular, los de pequeño tamaño, en Peñas Chicas 1.1, llevó a considerar a los mismos como característicos de las ocupaciones cazadoras-recolectoras de fines del Holoceno medio de Antofagasta de la Sierra (Aschero com pers.). Sin embargo, las evidencias presentadas en este trabajo sobre PCh1.3, así como la revisión de piezas de los sitios Punta de la Peña 4 y del mismo Peñas Chicas 1.1 (Hocsman 2006) señalan el destacado papel del componente pedunculado en el momento citado. Lo expresado puede ser extrapolado a la Puna Norte argentina en sitios de similar cronología, siendo el caso tipo Inca Cueva 7 (Aguerre et al. 1973).

Otros sitios del área reflejarían este patrón, por ejemplo, Alero Unquillar (Yacobaccio et al. 2000). No obstante, cabe destacar que tanto Inca Cueva 7 como Alero Unquillar cuentan con diseños triangulares apedunculados. Por otra parte, diversos sitios arqueológicos de Puna Norte presentan diferentes diseños pedunculados. Por ejemplo, sería el caso de Morro Blanco -Guayatayok- (Fernández 1968), Potrero de Caballo Muerto (Fernández 1996) o Cueva QII de Quichagua (Fernández Distel 1983). Esto denotaría una importante variabilidad en los diseños de puntas de proyectil, replicando la situación de Antofagasta de la Sierra.

Tabla 4. Descripción de los diseños de puntas de puntas de proyectil recuperados en el sitio PCh1.3

FIGURA

DESCRIPCION

4 a

Punta de proyectil con pedúnculo destacado y aletas entrantes, limbo lanceolado o triangular de bordes convexos o rectos. Pedúnculo de bordes convergentes convexos, cóncavos o rectos, con regularización alterna y base convexilínea simple o acuminada.

4 b

Punta de proyectil con pedúnculo destacado y aletas entrantes, limbo lanceolado o triangular de bordes convexos o rectos. Pedúnculo de bordes paralelos rectos, con regularización alterna y base concavilínea simple.

4 c

Punta de proyectil con pedúnculo destacado y aletas entrantes, limbo lanceolado (¿?) y triangular de bordes convexos o rectos. Pedúnculo de bordes convergentes convexos atenuados y/o rectos y base rectilínea simple.

4 d

Punta de proyectil con pedúnculo destacado y hombros o esbozado, limbo triangular de bordes rectos. Pedúnculo de bordes convergentes convexos o rectos y base convexilínea semicircular.

4 e

Punta de proyectil con pedúnculo destacado y hombros, limbo lanceolado. Pedúnculo de bordes convergentes rectos, con regularización alterna y base convexilínea atenuada inflexionada o acuminada convexa semicircular.

4 f

Punta de proyectil con pedúnculo esbozado y aletas salientes (en espolón), limbo triangular corto. Pedúnculo de bordes convergentes convexos y base convexa.

4 g

Punta de proyectil con pedúnculo esbozado (¿?), limbo triangular largo. Pedúnculo de bordes convergentes convexos y base acuminada puntiforme.

4 h

Punta de proyectil apedunculada. Forma geométrica del contorno lanceolada (normal). También "en mandorla" o biconvexa con un ápice activo. Tamaño mediano pequeño. Sector basal con bordes convergentes convexos y base convexilínea no inflexionada.

4 i

Punta de proyectil apedunculada. Forma geométrica del contorno lanceolada de bordes subparalelos. Sector basal con bordes paralelos rectos y base convexilínea atenuada o semicircular.

4 j

Punta de proyectil apedunculada. Forma geométrica del contorno cordiforme o triangular de bordes convexos semicirculares. Base concavilínea atenuada.

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Figura 4. Diseños de puntas de proyectil presentes en el sitio PCh1.3

Si bien esta diversidad puede reflejar diferentes sistemas de armas actuando simultáneamente, como ser el propulsor, la lanza e inclusive el arco y la flecha (Martínez 2003, Ratto 2003), se ha sugerido para el caso de Antofagasta de la Sierra que esto también podría ser resultado, en combinación con lo anterior, de procesos de diferenciación social en un contexto de creciente señalización de la identidad (Hocsman 2006), lo cual esta siendo explorado actualmente.

Pasando a los artefactos de molienda recuperados en el alero bajo roca, tienen una marcada correspondencia con las características de los implementos de molienda presentes en el área con la cronología en ciernes (cf. Babot 2006). Específicamente, se trata de una mano de molino simple fracturada, en la que no es posible definir si esta formatizada por estar justamente fragmentada, que posee rastros complementarios -estrías paralelas-, y de un fragmento de molino de mano simple, sin poder precisar tampoco presencia de manufactura por el hecho de la fractura, con rastros complementarios - alisado, pulido y estrías rectas paralelas y perpendiculares-.

La información procedente de microfósiles identificados en dichos artefactos de molienda da cuenta de una gama importante de recursos vegetales que, evidentemente, fueron procesados y, muy posiblemente, consumidos, ya que los residuos representados proceden de las partes útiles de las plantas. Se corresponden con especies tanto silvestres como domesticadas, a saber: granos de almidón y silicofitolitos de achira (Canna edulis), granos de almidón y fitolitos de calcio de tubérculo de oca (Oxalis tuberosa), silicofitolitos y fitolitos de calcio de algarrobo (Prosopis sp.) y silicofitolitos de Cucurbita sp. (Babot 2005). Por una caracterización completa de los vestigios microbotánicos recuperados ver Babot (2004, 2005).

Cabe destacar que el registro microbotánico está comenzando a ser acompañado por evidencias macrobotánicas (por una descripción del conjunto arqueo-botánico ver Aguirre 2005, 2007). Así, se recuperó en el alero bajo roca un endocarpo de Prosopis sp (Oliszewsky com pers.) y un tallo carbonizado de Chenopodium quinoa (Aguirre 2005, 2007) -aunque no es posible establecer fehacientemente si se trata de una especie doméstica o no, pese a la estrecha similitud del mismo con un tallo de una variedad doméstica de quínoa (Rodríguez com pers.)-. Se considera que la cantidad de ejemplares de tallo de quínoa recuperados responde a la metodología instrumentada, que implicó la selección de sólo 2 a 3 individuos por cada nivel de excavación (Aguirre 2005). Es indudable que, si se aumenta la muestra, se incrementará la cantidad de especimenes de este pseudocereal. Se destaca que Babot (2005) identificó granos de almidón y fitolitos de calcio de Chenopodium sp. en los sitios relativamente sincrónicos Peñas Chicas 1.1 y Punta de la Peña 4.

Este hallazgo de un tallo de quínoa tiene importantes consecuencias, ya que implicaría que localmente se realizaban cosechas de este pseudocereal, independientemente de que se trate de una variedad silvestre o cultivada. En base a información etnográfica (Tagle y Planella 2002; Muscio 2004; Aguirre 2005), su cosecha implica una siega cortando la planta en el tallo a unos 0,20 m. desde la superficie del terreno; posteriormente los cortes se recogen en fardos para su posterior trilla y aventado. Esto implicaría que los fardos con quínoa ingresaron al alero para su tratamiento post-cosecha.

Otro aspecto interesante es que tales recursos bióticos se integran a una importante lista de especies vegetales empleadas en la microrregión a fines del Holoceno medio (Hocsman 2006). Cabe mencionar que ciertos recursos provienen de los valles y quebradas, como la Cucurbitácea y el algarrobo, y otros de las yungas, como la achira; en tanto que la oca y la quínoa, por ser microtérmicas, es muy posible un origen local.

Finalmente, en el alero bajo roca se recuperó un escaso número de restos óseos adscribibles a camélidos. Desafortunadamente, se presentan con un alto grado de fragmentación, por lo que no es posible contribuir con eventuales evidencias de un posible cambio de tamaño en los camélidos, denotando prácticas domesticatorias.

Consideraciones generales

Las evidencias, en conjunto, permiten caracterizar al alero bajo roca de PCh1.3 como un campamento temporario con espacios acondicionados y equipamiento de sitio. Se trataría de una base residencial antela diversidad de grupos tipológicosyla variedad de materias primas; la extensión de las secuencias de producción en los artefactos líticos tallados, que implicaron actividades de extracción de formas-base e instancias de formatización, aunque con énfasis en las ultimas etapas del proceso de manufactura; el mantenimiento de instrumental lítico; el procesamiento de recursos vegetales comestibles en artefactos de molienda y posiblemente el consumo de los mismos; por su parte, el análisis de los restos faunísticos, aunque mínimos en numero y fragmentados, permite hipotetizar que se realizaron tareas de procesamiento y consumo de camélidos.

Cabe destacar que las fechas radiocarbónicas que datan las ocupaciones del alerobajo roca se encuentranjustamente en el nudo del proceso transicional local de un modo de vida cazador-recolector a otro agro-pastoril, identificado hacia los 3500 años AP (en relación a las características de la secuencia microrregional ver Hocsman 2002, 2006). Al respecto, proporciona información relevante en relación a: redes de interacción a grandes distancias involucrando obtención de recursos bióticos (ver punto anterior), movilidad residencial reducida e intensificación en la explotación de recursos de subsistencia, incluyendo posibles desarrollos locales de opciones productivas.

Con respecto al hecho de una movilidad reducida, la elevadísima representación de rocas empleadas en la confección de artefactos líticos tallados situadas a menos de 2 km del sitio, denota

Asimismo, se ha señalado, en relación con la recolección de especies leñosas y herbáceas, una estrecha interacción con el entorno vegetal cercano al sitio, específicamente, el Tolar (Aguirre 2005; 2007). Si bien, de acuerdo a las gramíneas recuperadas, el alero habría sido ocupado durante la primavera y/o el verano (Aguirre 2005), la posibilidad de actividades de siembra y cosecha de cultígenos microtérmicos, así como el lapso de almacenamiento de los recursos requerido por la molienda para su posterior consumo (Babot 2004), extenderían los períodos de ocupación.

La estructura de piedra parcialmente desarmada recuperada es otro elemento a tener en cuenta en este sentido; constituyendo, además, en un antecedente de la arquitectura agro-pastoril posterior. En realidad, la presencia de estructuras de piedra en abrigos rocosos con la cronología en ciernes es un fenómeno que goza de una destacada recurrencia en Antofagasta de la Sierra. Un ejemplo de esto es el sitio Punta de la Peña 4 con, por lo menos, 4 estructuras circulares parcialmente desarmadas construidas contra la pared del alero, que no pueden adscribirse a corrales (Aschero com pers.). Otros sitios podrían constituirse en casos en este sentido. Cueva Salamanca 1 posee tres estructuras pircadas, de las cuales dos han sido parcialmente excavadas. Aunque todavía no están fechadas, el hallazgo de una punta lanceolada pequeña en una de las estructuras sugeriría su uso ca. 3500 AP, de acuerdo a Pintar (2004a, 2004b).