La felicidad



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¿Qué es la felicidad?

Desde la perspectiva de la psicología positiva, la felicidad no es sólo una cosa, sino un constructo que comprende varios elementos: el aspecto sensorial y emocional que incluye las experiencias placenteras, la alegría y las emociones positivas; el componente cognitivo, que se refiere a como evaluamos nuestra vida y que tan satisfechos estamos con ella; y el sentido de vida, el sentir que nuestra vida tiene propósito y vale la pena.

Si además consideramos que la psicología positiva es el estudio científico de las bases del bienestar y de la felicidad, así como de las virtudes y fortalezas humanas. Su principal objetivo es desarrollar aspectos como la gratitud, el optimismo, o el amor, y aprender a identificar y conocer los factores que permiten sacar el máximo partido a la vida y las competencias para vivirla más satisfactoriamente.

Algunas consideraciones de la psicología positiva son que:

Resultados de las investigaciones

Los resultados de las investigaciones de la psicología positiva que se van acumulado e ilustran la importancia de una atención explícita a lo positivo y bueno. A continuación retomaremos algunos resultados de dichas investigaciones mencionadas por Nansook Park, Christopher Peterson, Jennifer K. Sun, en el 2013 del Departamento de Psicología, Universidad de Michigan, EE. UU.

Bajado de: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-48082013000100002&script=sci_arttext

Las emociones positivas y la satisfacción con la vida

En contraste con la noción común de que la felicidad es el resultado de las cosas buenas que nos ocurren en la vida, los resultados de las investigaciones experimentales y longitudinales demuestran que emociones positivas como la felicidad y la satisfacción general con la vida conducen realmente a mayores éxitos académicos y profesionales, mejores matrimonios, buenas relaciones, mejor salud mental y física, así como mayor longevidad y resiliencia (Lyubomisky, King y Dinener, 2005).

Las emociones positivas ensanchan y construyen los repertorios psicológicos, sociales y conductuales de las personas. Aunque las emociones, tanto negativas como positivas, desempeñan papeles importantes en nuestras vidas, tienen funciones diferentes. Cuando uno experimenta una emoción negativa (p. e. miedo, ansiedad, ira), esto alerta del peligro, reduce las opciones de respuesta y conduce a actuar de forma urgente para evitar, escapar o solucionar el peligro alertado. En cambio, las emociones positivas indican seguridad y la respuesta inherente a ellas no es reducir las opciones sino ampliar y construir recursos duraderos (Fredrickson, 2001).

Las emociones positivas están relacionadas con la capacidad de recuperación ante la adversidad. Por ejemplo, las personas que experimentaron niveles más elevados de emociones positivas ante los ataques del 11 de septiembre en Nueva York se recuperaron más rápido de los efectos traumáticos de dichos eventos (Fredricson, Tugade, Waugh y Larkin, 2003). La experiencia habitual de emociones positivas no es sólo en gran medida independiente de la experiencia habitual de emociones negativas, sino que tiene unas consecuencias propias que superan y van más allá del mero hecho de tener una baja emocionalidad negativa (Fredricson, 2001). Si bien las emociones negativas contribuyen a nuestra supervivencia y seguridad, las emociones positivas contribuyen a la resiliencia prosperidad. Parece justificado entonces tomar en serio la felicidad y la satisfacción con la vida si nuestro objetivo es construir y sostener una vida resiliente y próspera.

Se han realizado estudios de manera continuada para comprender que factores contribuyen a la felicidad. Las conclusiones hasta la fecha sugieren que la experiencia continuada de la felicidad es más relevante que la intensidad (Diener, Sandvik y Pavot, 1991). Por otro lado, mantener buenas relaciones con los demás, involucrarse en lo que uno hace, tener sentido y propósitos vitales, sentirse competente utilizando las capacidades y talentos personales, ser capaz de encontrar el humor en la vida cotidiana, saborear las cosas buenas, liberarse de los rencores, sentirse agradecido y expresar gratitud construye la felicidad (Peterson 2006). De hecho, no es la adquisición o posesión de cosas materiales lo que nos hace felices, sino la implicación en actividades y las buenas relaciones. Aunque las personas que son tan pobres que no pueden satisfacer sus necesidades básicas están descontentas, por encima de la línea de la pobreza, el aumento de los ingresos tiene una importancia decreciente en la felicidad (Diener, 2008).

El optimismo y el pensamiento positivo

El optimismo es la expectativa global de que ocurrirán más cosas buenas que malas. En el lenguaje cotidiano, optimismo significa pensamiento positivo. El pensamiento positivo tiene connotaciones ilusorias y de ingenuidad, pero las investigaciones muestran que el pensamiento positivo tiene muchos beneficios. El optimismo ha sido estudiado ampliamente por los psicólogos, bajo diferentes acepciones: el optimismo disposiciones propuesto por Carver y Scheier (1981), la esperanza definida por Snyder (2000) y el estilo descriptivo explicativo de Peterson y Seligman (1984). Desde todas estas tradiciones de investigación se evidencia que el optimismo –el pensamiento positivo- se asocia con un mejor estado de ánimo, mayor satisfacción con la vida; éxito en la escuela, el trabajo y los deportes; buena salud; y una vida más larga (Peterson, 2000). Así mismo, las personas que piensan positivamente también son menos propensas a experimentar "accidentes" traumáticos (Peterson et al., 2001).

Las investigaciones revelan que el optimismo protege contra los efectos debilitantes de los eventos negativos (Peterson, 2000). El optimismo es beneficioso en gran parte porque se asocia con una resolución activa de problemas. En este sentido, el éxito de la terapia cognitiva para la depresión depende de la capacidad del tratamiento para cambiar el pensamiento negativo de un paciente a uno positivo (Seligman et al. 1998). Del mismo modo, los programas de prevención que promueven un pensamiento más optimista a través de estrategias cognitivas y conductuales hacen menos probable la depresión posterior (Gillhan, Reivich, Jaycox y seligman, 1995).

Se ha mostrado que una visión positiva se asocia con el bienestar físico, psicológico y social (Peterson, 2000). Los datos que evidencian que las ilusiones positivas son beneficiosas muestran un marcado contraste con los argumentos teóricos desarrollados por los psicólogos clínicos acerca de que el realismo y la precisión son los rasgos distintivos de la salud (Taylor, Kemeny, Reed, Bower y Gruenewal, 2000).

Los efectos que un evento tiene en nosotros no se debe únicamente al evento mismo, sino a como lo percibimos e interpretamos. El pensamiento positivo implica un replanteamiento positivo, así como las actitudes positivas pueden motivarnos a participar en una acción constructiva. Cuando las personas piensan que les ocurrirán cosas buenas, son más propensas a esforzarse porque sienten que lo que hagan marcará la diferencia en el logro de un buen resultado.

Los rasgos positivos

La psicología positiva ha centrado la atención de los investigadores y profesionales en fortaleza del carácter como la esperanza, la sabiduría, la amabilidad y el trabajo en equipo (Peterson y Seligman, 2004: Peterson y Park, 2009ª). La mayor parte de nuestro trabajo durante la década pasada ha implicado identificar, definir y medir rasgos positivos e investigar acerca de sus correlatos y consecuencias (Park., 2004b; Park y Peterson, 2006,2008; Park Peterson y Seligman, 2006; Peterson y Park, 2009b). Nuestro proyecto se centra en lo que es correcto a cerca de las personas y más específicamente de las fortalezas de carácter que contribuyen al desarrollo óptimo a lo largo de la vida. Hemos considerado las fortalezas del carácter como un concepto multidimensional, un conjunto de disposiciones positivas. Así, identificamos 24 fortalezas del carácter ampliamente valoradas, clasificadas bajo 6 virtudes, y desarrollamos modos de medirlas.

La virtud puede tener en sí misma una recompensa, pero también tiene ventajas demostrables en muchas esferas de la vida. Aunque todas las fortalezas del carácter contribuyen a la plenitud – a la felicidad plena- ciertos rasgos positivos se asocian más específicamente con ella que otros (Park, Peterson y Seligman, 2004). Estas fortalezas de carácter son la gratitud, la esperanza, el entusiasmo, la curiosidad, y quizás la más importante, el amor, definido como la capacidad de construir y mantener relaciones cercanas con otras personas. Hemos descubierto que estos cinco rasgos se asocian intensamente con el bienestar tanto de jóvenes como de adultos. Incluso entre niños de tan sólo tres años, los descritos como entusiastas, optimistas, y cariñosos también fueron descritos por sus padres como felices (Park y Peterson, 2006a). Así. Una buena vida, los individuos necesitan cultivar en particular estas fortalezas del carácter.

Por ejemplo: la satisfacción con el trabajo está fuertemente asociada con una de las fortalezas de carácter: el entusiasmo (Peterson, Park, Hall y Seligman, 2009). Por su parte, el éxito escolar puede predecirse no sólo por la "perseverancia" –lo cual no es sorprendente- sino también por las fortalezas orientadas socialmente como la gratitud y el amor (Park y Peterson, 2006).

En cuanto a los orígenes de las fortalezas de carácter tenemos un menor conocimiento que de que sus consecuencias, pero existen algunos resultados interesantes que sugieren que la vivencia de eventos difíciles puede aumentar los rasgos positivos de las personas. Por ejemplo, Peterson y Seligman (2003) estudiaron las fortalezas de carácter de adultos estadounidenses antes y después de los ataques del 11 de septiembre en Nueva York. El aumento de las llamadas virtudes teológicas –la fe8religiosidad), la esperanza y el amor- fue evidente después de estos ataques. En esta misma dirección, Peterson, Park, Pole, D´Andrea y Seligman (2008) estudiaron las fortalezas del carácter como una función de la historia de traumas –accidentes con peligro de vida, asaltos, enfermedades y desastres naturales – y encontraron aumentos en fortalezas como la amabilidad, el amor, la curiosidad, la creatividad, el amor por el aprendizaje, la apreciación de la belleza, la gratitud, el entusiasmo, la valentía, la honestidad, la perseverancia y la religiosidad/espiritualidad, precisamente los componentes del crecimiento postraumáticos discutidos por Tedeschi y Calhoun (1995). En conjunto, estos resultados sugieren que los acontecimientos potencialmente traumáticos pueden provocar el crecimiento de ciertos rasgos positivos, que a su vez pueden utilizarse como potenciador en las intervenciones posteriores con personas que han sufrido traumas.

Las relaciones positivas

Quizás el hallazgo más consistente en la psicología positiva es que las relaciones buenas con otras personas –amigos, familiares y compañeros de trabajo- son el factor que contribuyen de manera más importante a la buena vida psicológica. Cabe indicar que los aspectos que muestran correlaciones más fuertes con la felicidad son de naturaleza social; por ejemplo: la extroversión, el apoyo social, el número de amigos, las actividades de ocio, el matrimonio y el empleo (pero no los ingresos) (Peterson, 2006). Las buenas relaciones propician apoyo emocional e instrumental en momentos de estrés y desafío, pero también proporcionan un sentido de conexión y la oportunidad de celebrar las cosas buenas de la vida.

Las investigaciones de la psicología positiva arrojan alguna luz sobre cómo construir relaciones buenas y duraderas. Por ejemplo, la investigación ha encontrado que responder a las buenas noticias trasmitidas por la pareja de una manera activa y constructiva es signo de una buena relación (Glabe, Reis, Impett y Asher, 2004). Este hallazgo es importante porque gran parte de la terapia y el consejo psicológico a parejas se centra en resolver los conflictos, discutir de forma justa y ser asertivo. En cambio, una respuesta activa y constructiva es entusiasta, comprometida y positiva. Por ejemplo, cuando una persona dice, "conseguí una promoción en el trabajo", la otra persona puede responder diciendo "eso es fabuloso. Te lo mereces. ¿Qué dijo tu jefe? Quiero saber todos los detalles". Estos resultados también pueden ser aplicados a cualquier tipo de relación. De forma general, sabemos que una buena relación es aquella en que la comunicación positiva supera considerablemente la comunicación negativa (Gottman, Coan, Carrere y Swanson, 1998).

El propósito y el significado de la vida

Definimos una vida con significado como aquella en la que las personas se sienten conectadas con algo más grande que ellas mismas (Peterson, Park y Seligman, 2005). "El sentido" es por lo general evaluado mediante entrevistas o encuestas de autoinforme, bajo el supuesto de que una vida significativa se entiende desde el punto de vista de la persona que lo está viviendo. A veces la búsqueda de sentido se distingue de la presencia de sentido (Starger, Frasier y Oshi, 2006).

La investigación vincula consistentemente la presencia de sentido al bienestar (Park, Park y Peterson, 2010). Los individuos con un sentido de propósito y significado informan de mayor satisfacción con la vida, un efecto más positivo, niveles más altos de optimismo y mejor autoestima. A esto cabe añadir que resulta menos probable que presenten problemas psicológicos. Sin embargo, la búsqueda de sentido se relaciona con menor satisfacción con la vida. Parece que aunque tener sentido y propósito es beneficioso, el proceso de encontrar el significado de la vida puede significar desafío y confusión.

Las investigaciones muestran que una vida dotada de sentido es más satisfactoria que una vida centrada en el placer. El antiguo debate dentro de la filosofía entre el eudemonismo (vivir una vida con sentido de acuerdo con la virtud interior) y el hedonismo (buscar el placer) tiene una resolución empírica. Esta consiste en que eudemonismo triunfa sobre el hedonismo (Peterson, Park y Seligman, 2005; Waterman, 1993).

Por otro lado, la investigación todavía no ha descubierto como se origina y desarrolla el sentido y el propósito de la vida. Cuando experimentamos acontecimientos trágicos, a menudo formulamos preguntas existenciales y tratamos de dar sentido a lo que nos ha sucedido. Aunque no está claro como la gente dota de sentido a las experiencias traumáticas, parece plausible que el sentido y el propósito podrían desempeñar un papel importante para promover la resiliencia y el proceso de recuperación. En cualquier caso, los profesionales no deben de forzar a sus clientes en el proceso de encontrar el sentido, sin importar lo bueno que sean los resultados. En cambio, es necesario que sean cuidadosos y apoyen a las personas cuando no encuentren sentido, pero lo están buscando.

La amabilidad y la generosidad

Ya hemos discutido la importancia de las buenas relaciones sociales, y un aspecto especial de tales relaciones consiste en ayudar y dar a los demás. Los estudios demuestran conscientemente que el trabajo voluntario, la acción de ayudar y de estar asociados a una elevada satisfacción con la vida y una buena salud. De hecho, el acto de dar parece ser más beneficioso para el donante que para el receptor 8Brown, Nesse, Vinokur y Smith,m 2003).

La implicación de estos hallazgos es que podría ser beneficioso animar a la gente que ha experimentado eventos difíciles a dirigir su atención hacia los demás. Al hacerlo, cambia la forma en que las personas que ayudan piensan de sí mismas, adquiriendo una visión más positiva que las hace más felices y saludables (Schwartz y Sendor, 2009).

Quizás animar a la gente a tomar parte en actividades prosociales o de servicios a los demás las empoderaría y aumentaría su sentido de la propia valía. Dichas actividades no tienen que ser actividades de voluntariado organizadas. Incluso llevar a cabo sencillos actos de amabilidad en la comunidad, seguidos de una reflexión sobre ellos, como llevar un diario, podría tener eficacia terapéutica. Por ejemplo. En un estudio con estudiantes universitarios japoneses, sólo con pedirles que relataran los actos de amabilidad que realizaban durante el día aumento su nivel de felicidad y los comportamientos amables que llevaban a acabo (Otake, Shimai, Tanaka-Matsumi, Otsui y Fredrickson, 2006).

Conclusion

El objetivo último de la vida no es meramente sobrevivir ante la adversidad, sino florecer y crecer. Todos merecemos una vida feliz, saludable y plena. Una buena vida es posible para todos pero requiere las estrategias adecuadas y trabajar duro en ello. La investigación y las prácticas guiadas por la psicología positiva pueden contribuir de modo significativo a lograr este objetivo.

Bibliografía

 

 

 

Autor:

José Luis Villagrana Zúñiga.

Maestro en Economía de la Empresa por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), Licenciado en Economía (UAZ), ... y curioso por naturaleza.

Zacatecas, México. 8 de febrero de 2017.