El hombre que está más solo. Una aproximación entre las obras de Georg Büchner y Theodor Storm



Resumen

A través de un esfuerzo comparativo entre tres obras de Georg Büchner (1813-1837) La muerte de Danton, Lenz y Woyzeck y tres novelas cortas de Theodor Storm (1817-1888) El señor consejero público, Hans y Heinz Kirch y El caballero del corcel blanco, se busca comprobar si es posible conformar una visión única de sujeto a pesar de estar las producciones distanciadas histórica y artísticamente. La metodología de trabajo es la de un análisis individual y escindido de cada una de las agrupaciones de obras, tomando como punto de partida a los protagonistas de las mismas y sus principales intervenciones, extrayendo de cada conjunto una con- cepción de sujeto para luego, en la sección final, compararlas y contrastarlas entre sí para comprobar la hipótesis presentada. Se atenderá a las particularidades de las diferentes composiciones artísticas en diferentes dimensiones, tanto genéticas como estilísticas; y al momento de verificar la hipótesis se pondrá especial énfasis no sólo en las similitudes, sino también en los puntos de distancia entre las propuestas de dichos auto- res, evitando así asimilaciones acríticas.

Palabras clave

Crítica literaria, comparativismo, Close Reading, Siglo XIX, Literatura alemana, Theodor Storm, Georg Büchner, Novela corta, Teatro, Sujeto, Comunidad, Religión, Ideología, Historia

El hombre más poderoso del mundo es el hombre que está más solo.

Henrik Ibsen, Un enemigo del pueblo

Introducción

Las obras de Georg Büchner (1813-1837) La muerte de Danton, Lenz y Woyzeck y las novelas cortas de Theodor Storm (1817-1888) El señor consejero público, Hans y Heinz Kirch y El caballero del corcel blanco, distanciadas histórica y artísticamente, tienen en sus temas un punto en común: la problemática del sujeto enfrentado con la comunidad, con su sistema de creencias e incluso con fuerzas fuera de su alcance. El objetivo general de este trabajo será ver si es posible conformar una postura de sujeto única a partir de las seis obras seleccionadas.

Los objetivos particulares serán ver con qué y contra qué fuerzas opera cada sujeto en cada una de estas obras. Para hacer esto, se deslindarán los conflictos particulares de los personajes. A medida que se trabaja en esta dirección se buscará también conformar una visión global de la postura de sujeto en cada grupo de obras, contrastándolas y comparándolas entre sí. Por últi- mo, se verá si se puede responder a la siguiente pregunta: ¿es posible pensar un acercamiento entre los corpus de estos dos autores a partir del relevamiento de la noción de sujeto?

Acerca de los individuos y las totalidades

Esta sección se escindirá en dos unidades que analicen separadamente las obras de los auto- res, dejando para la conclusión las relaciones y diferencias entre ellas.

Robespierre, Lenz, Woyzeck

Varios estudios críticos acerca de La muerte de Danton se realizan la misma pregunta:

¿Cómo reconstituir el ideario del autor? En la búsqueda de una respuesta, el procedimiento heurístico es siempre el mismo: optar por uno de los personajes. Mientras que György Lukács sostiene que los personajes auténticamente revolucionarios de la obra son Robespierre y St. Just en conjunto con el pueblo, Peter Szondi configura en el personaje de Danton a una víctima de su propia memoria y de una lucha entre vida y muerte en los términos de la propia vida. Por su parte, Viëtor, en los estudios citados por Javier Orduña (Orduña, 38), afirma que Danton cae preso de la reificación de la voluntad.

Proponemos un quiebre respecto de estas lecturas. Sostenemos que tanto Robespierre como Danton forman una unidad complementaria que permite leer una noción de sujeto más completa y compleja en la obra de Georg Büchner y, además, permitirá trazar una línea de lectura con el resto de las obras del autor alemán.1

Retomaremos el esquema triádico de György Lukács (Robespierre-el pueblo-Danton) para nuestro análisis. El primer acto ya nos muestra a esta tríada en acción. El Primer Ciudada- no exhibe la miseria material y la necesidad de satisfacción de los deseos más básicos del pueblo: "Vamos a arrancarles [a los aristócratas] a tiras la piel de los muslos y a hacernos calzones con ella, vamos a exprimirles la manteca y a hacer con ella más grasa nuestra sopa" (Büchner, 1992: 84). Estos pedidos se reiteran en la voz del Segundo Ciudadano (ibíd.: 84), en la historia de miseria y prostitución de Simón y su mujer (ibíd.: 82-85) y en la siguiente frase tardía en la obra "La guillotina es un mal molino y Sansón un mal panadero, ¡queremos pan, pan!" (ibíd.: 124). Esta cita permite ver que las manifestaciones se conjugarán con consignas políticas.

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Los reclamos del pueblo son captados por Robespierre y Danton, que reaccionan de formas muy distintas. El primer acto sirve como una declaración de principios para lo que será el resto de la obra. Las reflexiones de Danton se dan en el interior burgués, entre el juego y la lujuria, y lo presentan como antagonista de un Robespierre mezclado con el pueblo. Aquí Danton realiza dos afirmaciones clave: "Mira aquella señora [...] qué bien maneja los naipes. [...] se dice que siempre presenta el corazón a su marido y el carreau a los demás. Sois capaces de hacer que nos enamoremos de la mentira" (ibíd.: 79). En una tónica similar, ante la pregunta de Julie, si cree en ella, él responde: "¿Qué sé yo? Sabemos poco el uno del otro [...] estamos muy solos [...] (señalando la frente y los ojos) ahí, ahí, ¿qué hay detrás de eso? (ibíd.: 79). Estos diálogos iniciales resultan metáforas cargadas de sentido para comprender el accionar de Danton: guiados por apariencias es imposible saber lo que el otro desea; sin embargo, no hay más que fachada en el mundo.

Robespierre actúa de forma opuesta y su primera aparición en la obra es entre las masas empobrecidas. Él propone a los jacobinos como guías del pueblo: "Tus legisladores están alerta, ellos te llevarán de la mano, sus ojos son infalibles, tu mano ineluctable" (ibíd.: 85). La voluntad del pueblo puede ser sometida, intención que repetirá en el Club de los Jacobinos (ibíd.: 87). En un delirio de omnipotencia, en la Sexta Escena del Acto Primero, Robespierre dice sobre Danton: "Quiere detener los corceles de la Revolución delante del burdel como detiene un cochero sus caballos amaestrados" (ibíd.: 95. Las itálicas son nuestras). Aparece la figura de la revolución como un medio de locomoción que no debe detenerse, pero que siempre puede y debe guiarse. Y en ese mando está siempre Robespierre.

Si Robespierre quiere conducir el "carro" de la revolución, en el saber popular surge la contraoferta de Danton: "No poner el carro delante de los caballos". Si bien desde el comienzo la propuesta del líder revolucionario es detener las matanzas e instaurar el gobierno, lo que contrastaría con la postura de Robespierre, son más importantes sus consideraciones de otro orden y que lo acercan más de lo que se puede ver en primer término a Robespierre. Dice Danton meditando solo en campo abierto: "El lugar parece seguro, sí, para mi memoria, pero no para mí, a mí la tumba me procura más seguridad, al menos me trae el olvido: matando mi memoria" (ibíd.: 104). La muerte es un lugar seguro lejos de su memoria, que lo acosa por las matanzas de septiembre. Estos recuerdos no lo visitan en cualquier forma. Danton relata su sueño: "Debajo de mí jadeaba el globo terrestre en su carrera, yo lo había atrapado como a un caballo salvaje […] Sentí así que la sima me arrastraba" (ibíd.: 105). Intentar comandar la revolución es poner el carro delante de los caballos. Y si se pone el carro delante de los caballos, el caballo lo destroza y lleva al conductor a una muerte segura.2

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