La naturaleza de la riqueza



Asuntos preliminares

Hoy hay solamente dos sistemas económicos en pugna.

El socialismo, aún joven, sigue su camino de aciertos y errores, pero ha demostrado que sus objetivos alcanzables, realizables, los está alcanzando, realizando. Pasó a paso, en repecho y contra vientos huracanados. Contra la crítica de los quietos, continúa andando. Va aprendiendo y está abierto a corregir errores y confirmar aciertos. Este escrito solamente le propone a él un punto de vista diferente, sin que por ello necesite renunciar a sus principios. Los mismos motivos, exactos, que nos empujan a analizar críticamente el capitalismo, nos evitan tener que estudiarlo.

Todo estudio crítico-económico actual que merezca esa definición debe estar entonces dedicado al capitalismo. Este es el sistema dominante por estos lados del mundo y es, a su vez, el que la realidad ha demostrado que no es "eficiente" ni es el mejor, como su "merchandising" quiere hacernos creer. Para sus seguidores, existe el enorme reto de manifestar sus "bondades" luchando contra la realidad –la cruda realidad- que demuestra continuamente dos cosas: la incapacidad del capitalismo de cumplir con lo que dice quiere cumplir, y la de sus feligreses, que intentan torcer esa realidad para adaptarla a los principios del sistema que defienden. Este que eligieron es un trabajo duro, difícil, peligroso. Pero se lo facilitan las posibilidades materiales que tienen de hacerlo, el apoyo logístico, el aparato burocrático montado con ese fin. Además cuentan y usan la fuerza como última "razón".

La alimentación, la vivienda, la salud, la educación, el trabajo, necesidades materiales, básicas, e imprescindibles de la humanidad, no integraron nunca las categorías "fundamentales" del capitalismo. Después de la renuncia a continuar existiendo que hizo la Unión Soviética, único escollo con posibilidades de enfrentamiento similares que se interpuso al capitalismo, este vivió su momento de esplendor: dominó el mundo, salvo contadas y ejemplarizantes excepciones. Pero, como la vida lo demuestra, esas necesidades siguen existiendo y no hay competencias ni lucros ni ofertas ni mercados ni demandas capaces de eliminarlas. Nunca hubo ni habrá solución definitiva, en el capitalismo, para estas necesidades, a pesar de las

"explicaciones" transitorias e incoherentes de sus economistas. En él, hay gente que comete delitos con el objeto de ir presos, como última posibilidad de obtener comida. Niños que mueren por enfermedades curables. Ancianos que duermen sin sueño a la intemperie. Naturaleza destruida irremediablemente.

Una enorme cantidad de brazos y cerebros desperdiciados para la producción y el consumo, simplemente en aras de obtener más lucro y más ganancias para las minorías que ha beneficiado tal sistema económico (la crematística). Nada hay más contradictorio, más ilógico y más injusto.

Para los que no somos sus seguidores su crítica se nos hace más fácil. Apoyándonos en la ventana, señalando el exterior y diciendo: "Miren, observen, vean lo que nos ha dejado el capitalismo" ya nos alcanza para no tener que construir todo un edificio de demostraciones sobre lo falso de esas "bondades". Además, contamos con la crítica científica previa y actual de otros hombres, mucho más capaces que nosotros, preclaros, que ya lo han descrito de manera suficientemente nítida, concisa, irrebatible. Por ambas razones, no necesitamos malgastar pólvora en chimangos, ni hacer llover sobre mojado.

Estas faltas graves del capitalismo nos han hecho interesarnos en la posibilidad de cumplir con una tarea determinada, específica. Esa labor no es fácil: encontrar un nuevo punto de vista económico que nos de la certeza de vivir mejor en un mundo mejor. Como se ve, no es poca cosa, aunque consideramos haberlo logrado. Este libro es el inicio de una zaga que convalidará esa nueva visión de la economía.

Nuestra intención objetiva no es analizar o criticar al capitalismo.

Tampoco es reiterar conceptos ya demostrados (caso de la plusvalía, por ejemplo). Nosotros estamos haciendo conocer un nuevo punto de vista, una nueva forma de ver la economía, basándonos en el descubrimiento de una ley natural, que utilizamos como método. Con dicho descubrimiento hemos dejado de considerar los hechos sociales como hechos diferentes de los naturales.

Nos resulta difícil llegar a la gente porque tenemos que vencer los obstáculos que los interesados en mantener las cosas como están nos colocan continuamente. Los medios de comunicación de masas, por ejemplo, son de su propiedad y esa característica hace que nuestro acceso a ellos esté vedado, o como mucho, filtrado, dejando pasar sólo lo que ellos quieren que pase."Hoy, un país pertenece a quien controla los medios de comunicación", dice Umberto Eco y nosotros lo compartimos. El vencer los prejuicios y supersticiones arraigados en la gente, se nos torna un suplicio inacabable. La imposición de la ideología capitalista utiliza hoy valores "religiosos", irracionales, ingresados por ósmosis desde la propia familia y aumentado por la educación toda, que nunca ha dejado de estar en sus manos. Se nos hace difícil el luchar contra la costumbre.

Nos sucede como a Copérnico o Galileo que sabiendo tener la razón científica tuvieron que luchar contra la sinrazón mística, y el infundado miedo de la gente al "más allá". La demostración científica es definitiva para las mentes abiertas, inútil para las obtusas. Porque no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver. La fe en un dogma no admite contradicciones, ni pruebas, ni modificaciones. Si no puede contra la realidad, hará que ésta se "adapte" a sus requerimientos.

Introducción

Este escrito no sólo trata sobre lo que su título nos indica, sobre la naturaleza de la riqueza, sino que también trata sobre la riqueza de la naturaleza. Ambas formas de describir el contenido de esta tesis integran una unidad. Estudiamos la conformación de la riqueza y vimos que ésta sólo se origina de la naturaleza, confirmando así un aserto muy antiguo; casi tan antiguo como su omisión, su olvido y su abandono. Únicamente desde ella extraemos, transformamos, creamos y reponemos riqueza, desde la que se forma nuestra propia riqueza y de la que nosotros mismos formamos parte. Es la naturaleza dialéctica de la riqueza, la riqueza dialéctica de la naturaleza. Dijimos que el tema original nació de la necesidad que tuvimos de investigar la naturaleza del dinero, desnudándolo de todo ropaje, descubriéndolo.

Lo primero que vimos es que, en sí mismo, no tiene nada de natural: ha sido un invento del hombre. Al verlo "desnudo" se nos apareció una imagen de una fealdad extrema, indigna de su fama. Que no sólo podría haberse hecho mejor antes, o mejorarlo ahora, sino que no está cumpliendo con la función que se propuso su invención. Esto es lo más grave.

A partir de allí investigamos la implementación de un nuevo sistema monetario, que fuera más apto a los requerimientos actuales de la humanidad. Que tuviera un respaldo concreto, que realmente representara algo tangible, verificable, perceptible, para que su uso tenga un significado y un valor precisos. Basados en la premisa fundamental de que el dinero no fuera un fin en sí mismo sino un medio, un efectivo patrón de medida para todas las actividades del hombre.

Porque el concepto de que el dinero es un fin en sí mismo es un concepto cierto históricamente, cuando materialmente era un bien en sí, cuando la moneda era una mercancía real: el oro o la plata. Hoy, ese concepto es falso. En los sistemas actuales el dinero no es una mercancía pues no posee ninguna de las características que la definen, por lo que el dinero no puede ser un fin en sí mismo. Eso es lo nuevo. Pero no sólo debe ser un nuevo sistema monetario, de creación humana y por lo tanto artificial, transitorio y perfectible (como el actual y todos los habidos), sino que también debe estar relacionado con la riqueza cimentadora de la vida humana, la que nos alimenta, nos abriga, nos protege, nos desarrolla como hombres y como seres vivos. Es decir, con la naturaleza. En ella debe fundamentarse. Porque es la única forma de ver y reconocer la realidad: la interrelación e interdependencia de la actividad del hombre con el mundo que lo contiene y rodea.

Esa forma de ver es única porque está (debe estarlo) por encima de los intereses o las creencias del hombre: un sistema monetario debe apoyarse sobre lo material. Así es como pierde, como cualquier otra propuesta que pretende ser científica, su sobrenaturalidad.

La "pachamama" nos indicó así que el proceso productivo tenía que ser, necesariamente, diferente al que nosotros estamos utilizando, distinto al que consideramos como cierto. Supusimos esa posibilidad y descubrimos que esa relación del hombre con la naturaleza se conforma de un ciclo impuesto por ella, no por nosotros, y con un orden diferente al que siempre supusimos. Vimos que ése ciclo debe ser cumplido necesaria y obligatoriamente por la humanidad en la aplicación de todo proceso productivo. Vimos que la producción no es un fin en sí misma, sino que tiene como meta el que su fruto llegue a ser consumido. Consumido y repuesto. Esa es la parte integrante fundamental de este escrito.

La comprensión cabal del funcionamiento de ese proceso cíclico es imprescindible. Además, no es difícil de entender, porque su reconocimiento y la importancia de su función son empíricamente demostrables. Su existencia es certeza: lo demostraremos en un apartado dedicado a él exclusivamente.

En esa hipótesis se basa toda la obra. El autor reconoce a priori que ella podría contener desaciertos o inexactitudes en sus detalles, debidos exclusivamente a faltas propias, pero sabe que lo dicho aquí en sus partes fundamentales es absolutamente verificable. Porque ésta no ha sido ninguna inspiración divina, ni revelación milagrosa. Es una conclusión humana, perfectible pero no desacertada.

Debemos agregar que, para su comprensión, se necesita la redefinición total, revolucionaria, definitiva de la mayoría de los conceptos actuales de economía; del abandono de sus imprecisiones e indefiniciones. Y a la inversa, este nuevo concepto de economía necesita de la renuncia de todo aquello que no haya exigido la comprobación experimental de sus principios. Necesita, de quien quiera comprenderlo, de su ubicación en la realidad, pues se basa en ella, no en creencias ni en deseos ni supersticiones. No deriva de una

"experiencia" mística ni precisa de ella.

Hoy existen algunos pocos países, lamentablemente pocos, aquellos que no integran el mundo capitalista, que han alcanzado por otros medios los cambios iniciales, principales, imprescindibles que en ella se proponen (la eliminación del hambre, la salud y la enseñanza accesibles, etc.), aunque aún no han conseguido el logro de otros muchos. Quizá no tengan urgencia de ello, pero la tendrán, por lo que esta teoría les podrá ser útil. Ciertamente, ha de entenderse, esta propuesta se dirige a esos mismos objetivos que ellos van alcanzando, pero por otros caminos, más amplios y rectos, y con otros horizontes, mucho más abiertos.

Se está proponiendo una forma diferente de "ver" la economía, una forma basada en la materia, científica. A través de ella se llega a una enorme variedad de conclusiones nuevas, algunas de la cuales eran consideradas imposibles por otras teorías. Pero no queremos dar una síntesis general académica, como las que se han utilizado hasta ahora en la economía, pues sería complicada de digerir y accesible solamente para aquellos pocos que posean la paciencia suficiente en examinarla. Nos proponemos que se la vaya tomando por partes, analizándola paso a paso. Así podremos cumplir con el objetivo de hacerla comprensible para la gran mayoría.

No lo dice su título en forma explícita, pero esta teoría pasó a tener (en un momento dado y por encima de la voluntad del autor), el carácter de "otra" teoría, distinta, diferente, original, por lo que la reiteración de su contenido se nos ha transformado en una necesidad, descuidando voluntariamente la corrección de su forma. Para ello, hemos dividido el libro en diferentes capítulos que pueden ser leídos en un orden diferente al dado. Porque los preceptos básicos se repiten en todos ellos. Esta es una teoría macroeconómica y monetaria. Algunos de sus capítulos están dedicados a describir sus postulados monetarios, en tanto que otros tocarán temas más generales sobre economía, incluyendo, obviamente, algunos relacionados directamente con los de la teoría monetaria propuesta.

El sistema monetario de ésta teoría, hay que decirlo, no es lo fundamental que se propone, sino sólo una de las conclusiones que se derivaron del descubrimiento principal: el estricto orden del ciclo económico que existe en la naturaleza, compulsorio para el ser humano, en todo sentido, por encima de sus creencias o deseos. No es un orden impuesto por la inteligencia o el interés de algunos hombres o por una clase social o por el Estado, sino que es un orden impuesto por la naturaleza, es una ley natural, rigurosa, que no podemos torcer. Así como cuando empezamos a contar aprendemos que el tres está después del dos y este después del uno, y aunque somos capaces de imaginar un orden "natural" distinto, la empecinada realidad más terca aún que nosotros mismos- nos convence de cuál es el orden verdadero. Con el perdón de Lavoiseir, podemos decir sin ningún temor que hemos "deflogistado" la economía. Le hemos quitado todos los conceptos derivados de la especulación metafísica o del delirio místico. Hemos comprobado que, al decir de Eduardo Galeano, estábamos viendo al mundo patas arriba.

El capítulo siguiente contiene una síntesis general de lo que se expondrá.

En un primer momento pretendimos ubicarlo al final del libro, pero concluimos en que es más útil colocarlo donde ahora está, para irnos sumergiéndonos lentamente en estas aguas desconocidas, piedra por piedra, paso a paso. No obstante, aconsejamos su relectura una vez concluido el libro. Ayudará de esa manera a tener una visión más acabada y precisa de la teoría, en su completitud.

Una sinopsis

Durante años no ha existido ningún sistema económico, por lo que entonces no se ha podido solucionar el problema principal de la humanidad, es decir satisfacer la necesidades del hombre; que son todas aquellas necesidades materiales a lo que nos referimos. La definición de necesidad que utilizamos se deriva de ése concepto básico: una necesidad económica es la falta de algo que otros poseen; por lo tanto, ya existe la forma de satisfacerla.

Debido a la gran problemática que vive el hombre con el sistema económico surgen unas series de preguntas del porque está pasando esta incertidumbre: ¿Es que, acaso, el hombre no ha luchado siempre y sigue luchando en la búsqueda de la satisfacción general? ¿Es que, para ello, todo su trabajo acumulado fue y es- insuficiente? ¿Es que acaso todas sus energías empleadas con ese fin, todos sus esfuerzos han sido y son en vano? ¿Es que acaso el hombre no tuvo ni tiene- suficiente capacidad como para tan siquiera eliminar el hambre, su necesidad primordial?

Si esto fuera seguro sería mejor para el mundo que el hombre dejara de existir. Sería mejor que les dejara a los animales y a los vegetales el disfrute de la vida, porque éstos han demostrado que pueden sobrevivir utilizando las escasas herramientas que la naturaleza les ha brindado, a la inversa del hombre, que no ha sabido utilizarlas a pesar de poseer muchas y mejores.

La realidad indica que no hay ser vivo con más capacidad de adaptación a la naturaleza y con más aptitudes de adaptarla a ella misma, que el hombre. Es más, es el único que ha podido alcanzar esta última posibilidad.

Se observa que diariamente, la capacidad del hombre (en su carácter social, naturalmente) este se inclina en pro de cualquier objetivo, por imposible que parezca, no sólo es capaz de hacerlo sino que, aseguramos, podrá hacerlo.

El capitalismo nunca, hasta ahora, se lo ha propuesto, porque el vencer la pobreza, el vencer el hambre, es hoy totalmente posible, tanto en términos productivos como en la distribución de esa producción. En ése sistema económico se da una regla: los más necesitados son los menos posibilitados. Nos han hecho creer que esa regla es "natural"; que esa contradicción existe y que es irreversible. Pero una vez que reconocemos que tal "afirmación" es una falsedad, podemos deducir muchas certezas a partir de ella.

Como también se puede afirmar que hay otras certezas que confirman que la demostración cabal de que es totalmente falsa la "ley de la oferta y la demanda". Y en esta ley es que se basa el sistema de "mercadolibre". Hoy existe una enorme capacidad productiva y su correspondiente oferta de comestibles como nunca antes).

No obstante mientras que en los países del "tercer mundo" hay una enorme demanda de ellos, como tantas veces, antes y ahora; como siempre. Se conoce que empíricamente que esa ley, cimiento del capitalismo, es que la oferta depende del precio que los demandantes están dispuestos a pagar y que éste debe forzosamente corresponderse con las dos ansias de que abusan los productores: la ambición desmedida por el lucro, y el interés en lograrlo más fácil, más rápido y menos trabajosamente (crematística aristotélica). Usan como explicación muy forzada y contradictoria, la "necesidad" de la disminución de los costos; éstos inevitablemente son mayores, siempre que se quieran aumentar las ventas. No obstante, igualmente se deduce (y se demuestra) que la demanda depende del poder adquisitivo.

Para nuestra teoría, derivada directamente del ciclo económico, el precio, la oferta, los costos, la producción y la demanda dependen exclusivamente del poder

Adquisitivo de la población en su conjunto, como benefactora de la economía. Ésa es la ley. La capacidad de consumo se debe (y es posible) hacerla corresponder con la capacidad productiva.

Antidogma: La "ley" de la oferta y la demanda es una ilusión. La demanda es dependiente del poder de compra, de la oferta y de su precio: ésa es la ley.

La demanda en el capitalismo, al igual que el precio, depende sólo si el poder adquisitivo de la población es alto- exclusivamente de la oferta. Si los empresarios capitalistas quieren vender más cantidad, venderán, utilizando estas dos herramientas de su exclusiva propiedad: oferta y precio. Si quieren aumentar sus beneficios, los aumentarán; si quieren bajarlos, cosa difícil, los bajarán. Si quieren aumentar o disminuir la oferta o los salarios lo harán. Les importa un rábano la opinión o la necesidad de los demandantes, sólo su propio lucro. El ciclo económico no les permite tal posibilidad, porque con él no existe tal "ley" de la oferta y la demanda. Ahora, si el poder adquisitivo es bajo, no podemos siquiera hablar objetivamente de "demanda". Estaremos hablando solamente de demanda de justicia distributiva.

En el socialismo se ha vencido al hambre. Incluso se hizo mucho más que vencerlo. Pero le falta "algo": sus pobladores no cuentan con el suficiente y merecido poder adquisitivo, con una verdadera capacidad de compra y la posibilidad de usarla. No sufren de necesidades materiales vitales, pero adolecen de muchas de las que no lo son, esto es, sufren de un tipo de pobreza económica que no les permite saciar necesidades más superfluas o gustos o caprichos.

Podemos empezar aseverando rotundamente que el principal error cometido por las distintas teorías ha sido y lo sigue siendo el uso generalizado y dogmático de errores conceptuales, no materiales. No son errores producidos por cambios generados por la naturaleza, externos a la voluntad del hombre.

La invención del dinero fue la invención de la cuadratura de la rueda, y obstinadamente aún la utilizan todos los hombres, sin distinciones entre los dos diferentes sistemas económicos que existen.

Uno de los errores también ha sido que sistema económico en ciclo de la actividad humana, que no se le ha visto cabeza abajo. El principal error ha sido de que toda visión espejismo de que todo hecho económico empieza en la "siembra", por lo que este ha sido el error base de todo lo demás.

Con esos errores se ha fundado la idea de que el capital nació en la acumulación de la producción sobrante, sin tener en cuenta que necesariamente el motivo de ello es que hubo una distribución insuficiente de esa abundancia, y que ésta no fue nunca una causa natural sino una decisión humana, cuyo resultado fue la generación de necesitados que no pudieron acceder al consumo de esa producción.

La existencia de una clase de gente con riqueza excesiva y de otra clase de gente con necesidades insatisfechas; en él se soporta la existencia de la lucha de clases; la separación de la humanidad en clases no ya diferentes sino antagónicas. Donde la existencia de una es la razón de la existencia de la otra. Y la explicación de este efecto la basan en la misma causa: el poseer y su opuesto, la abundancia y la escasez, la propiedad y su falta.

La teoría capitalista concluyó equivocadamente, a todo lo largo de su historia, que si se logra que ese minúsculo grupo de personas que conforman su capa más adinerada esté satisfecho, el resto podrá estarlo también, más tarde o más temprano, aunque no posean más que necesidades y necesidades de más. Esa misma historia, sin embargo, ha demostrado que todo esto ha sido y es falso de toda falsedad, puesto que esta minoría ha sido y es cada vez más pequeña y cada vez más enriquecida, a pesar de que el número de seres humanos y el de su capacidad de producción han sido multiplicados varias veces.

Debemos aseverar que el poseer (la propiedad sobre el dinero y todo lo que éste permite), no es ningún "pecado" si es alcanzada por todos, absolutamente todos, los hombres. Es más, debe necesariamente ser accesible a todos, para eliminar así la miseria, la pobreza, el hambre. Y esto se puede lograr al concretar lo abstracto que tiene su origen, basándolo en una fórmula matemática, independizándolo de las clases sociales, generalizándolo, socializándolo. Así se elimina, de hecho, la existencia de clases que lo posean y otras que no lo posean. La socialización de su propiedad (algo que ni siquiera en el capitalismo se discute) es la tarea que nos queda por hacer: la tarea de implantar el "indev", el dinero del ciclo económico.

En el socialismo se ha concluido, también en error, que la falta está en el efecto y no en la causa; han creído que el problema está casi excluyentemente en la propiedad sobre los medios de producción. Esto, dentro del capitalismo, es algo muy cierto e inocultable.

No obstante la realidad indica que el motivo de todos los males de la mayoría de la humanidad está en la condición de propiedad y uso sobre el medio de consumo, sobre el dinero; tal propiedad es la causa y el origen de todos los otros medios de carácter económico.

Como se conoce que el uso del dinero se puede utilizar como medio de pago, compra o venta, en otras palabras es el medio de adquirir y poseer los medios de producción; así es usado para adquirir más dinero. De allí se induce que el capitalista es capitalista antes de poseer el medio de producción. La propiedad sobre el medio de consumo es lo que lo hace capitalista.

El ciclo nos asegura que la definición precisa sobre la propiedad de los medios de producción no sólo no es fundamental para la propuesta que estamos exponiendo, sino que es absolutamente prescindible, despreciable; aunque a través de ella se mantengan las características subrayadas por los clásicos, sean del capitalismo como del socialismo. Para el ciclo económico es indiferente que el propietario de un medio de producción sea un solo individuo o lo sea el propio Estado, o cualquiera de las posibilidades intermedias a éstas.

Lo que realmente importa es que se reconozca la existencia del ciclo económico y se cumpla con él, y que se utilice una moneda con las características del indev, puesto que ambos hacen que cada uno de los hombres tenga la posibilidad de adquirirlo todo, y el derecho inalienable de propiedad sobre lo que adquiera. Ya no importa quién posee qué cosa, sino que todos puedan acceder a todas. No existefilosofía que niegue que el objeto de toda actividad humana (entre ellas la economía) debe ser el saciar las necesidades de los que las sufren.

Toda acción económica debería dirigirse a darle a los necesitados la posibilidad y la certeza de que dejen de serlo. De esa manera, la economía debería hacer que todo necesitado (un consumidor en potencia) pudiera llegar a ser un consumidor auténtico. Se debe reconocer que esto sólo puede lograrse a través del aumento de su poder adquisitivo, del crecimiento de su ingreso. Y no olvidemos algo fundamental: todos somos un consumidor, incluso los integrantes de esa minoría que no sufre necesidades.

Se alcanza reconociendo que sin esa doble actividad, tanto sea cuando toma la forma de trabajo productivo o sea en la forma de ingreso que permite el consumo de lo producido (y que son una unidad dialéctica: uno es la medida y la razón de ser del otro) nada sería posible, ninguna economía de ningún tipo sería posible. Es más, la vida no sería posible.

Se ha descubierto que toda actividad humana que produzca un objeto (tangible o no), con el fin de ser consumido o usufructuado, forma y conforma un proceso cíclico económico que se inicia necesariamente con la extracción por parte del hombre de la riqueza natural de la zona que habita, y que termina forzosamente en la reposición de ésa riqueza extraída, para que así pueda iniciarse otro ciclo similar.

El hombre continuamente ha tomado prestado de la naturaleza esa riqueza original, como el imprescindible "capital inicial", con que ha comenzado, construido, soportado y mantenido todo hecho y acto económico a lo largo de la historia. No sólo utiliza esa riqueza original en forma directa para su propio bien (algo que siempre hizo), sino que puede y debe aumentarla, continuamente, a través de su propia actividad (es lo que resta por hacer en las teorías primitivas).

Dicho de otra manera: toda actividad productiva humana válida (no destructiva, no negativa), nace con el objeto de ser consumida; para ello debe cumplir un ciclo natural externo a la voluntad del hombre, que se conforma por las etapas de extracción, producción, comercialización y reposición de la riqueza que existe (natural o creada), en ese orden y como una unidad.

Veremos que el cumplimiento de ese ciclo es la única condición indispensable, ineludible, obligatoria, para alcanzar el bienestar de toda la humanidad; sin distinciones de raza, creencia, sexo o clase. Es más, para ese ciclo sólo existe una clase: la de los seres humanos. Todos los hombres cumplimos el rol de consumidores y reponedores (consumidores, reponedores), y a su vez, todos debemos cumplir el rol de productores y reponedores, (productores, reponedores), de la riqueza natural.

La producción de bienes para el consumo o el usufructo necesariamente utiliza, transforma y destruye distintos tipos de insumos (además de la materia prima básica), a lo largo del ciclo productivo, que sólo pueden ser repuestos al ser accedidos por el consumidor al que están dirigidos; éste es quien paga o financia todo el proceso productivo. Otra forma de la etapa de reposición de la riqueza original destruida, todo hombre como consumidor tiene todos los derechos sobre lo que la humanidad produce; incluido el derecho de propiedad sobre ese bien, pues ése fue y es el objetivo de haberlo producido.

El ciclo económico nos enseña dos realidades concluyentes: una, que una distribución justa de la riqueza no sólo es una obligación moral sino una necesidad económica; dos, que la economía del ciclo no sólo obliga a realizar esa distribución sino que la hace totalmente posible. Hay en el libro un capítulo exclusivo dedicado al ciclo económico.

Nos deja claro también que no hay producción ni reposición de riqueza sin trabajo y que éste no es otra mercancía.

Hemos utilizado el principio de la conservación de la energía, que nos dice que aunque la energía puede transformarse no se puede crear ni destruir. Vemos así que es totalmente aplicable a la actividad vital, productiva y consumidora, del hombre, y a su vez, que no cumple con los requisitos de la definición de mercancía.

Debemos decir que esa afirmación no es arbitraria: la energía, definida científicamente, es la capacidad de un sistema físico para realizar un trabajo; la materia posee energía como resultado de su movimiento o de su posición relativa con las diferentes fuerzas que actúan sobre ella. Para la sociedad capitalista el trabajo es una mercancía que se utiliza como medio de producción de otras mercancías. Sin embargo, la naturaleza nos indica claramente que cualquier actividad (entre ellas la productiva) necesita no sólo de un empuje inicial (energía) para quitarla del reposo, para activarla, para hacerla producir, sino que la necesita para mantener el movimiento.

El ciclo económico nos dice que el trabajo, definitivamente, no es una mercancía. Pero la idea de que su fuerza de trabajo no es una mercancía es muchísimo más clara al considerar el trabajo humano creativo, cuyo resultado puede ser tangible o no, pero que ciertamente es generador de riqueza nueva, que antes de esa actividad no existía.

El objeto de cualquier actividad humana es el mantenimiento y el mejoramiento de la vida, propia o ajena; no lo es por sí misma sino por ése resultado. La producción de mercancías es importante, pero es sólo una de las actividades del hombre.

Mostramos así que naturalmente (esto es, por encima de las ideologías o los intereses del hombre) existe un ingreso individual mínimo, un ingreso indispensable para el mantenimiento de la vida biológica y social de cada ser humano y quienes lo rodean, y que -a la inversa de todo lo aceptado hasta ahora, debe representar y ser la cifra fundamental de la economía. Porque el poder adquisitivo de la gente es el termómetro que utiliza el ciclo económico para medir la salud de su economía: hemos dicho que el objeto de esta ciencia es la satisfacción de necesidades, el bienestar del hombre. Esa cifra, el ingreso mínimo indispensable para lograr el bienestar, ha de ser la unidad de un nuevo patrón de la medida de la actividad creadora y transformadora del hombre, que sirva como base real y medio real de todo cálculo económico; ha de ser la unidad de la moneda.

Nuestro medio de consumo se posa sobre esa cifra fundamental, el ingreso mínimo vital y natural, que permita una vida digna, una vida de bienestar; debe necesariamente estar relacionado con la cantidad de seres humanos de un país, sin importar edades o sexos, y con la riqueza del territorio que ellos habitan.

Por dos razones fundamentales: primera, porque todo hombre (sin importar ni considerar diferencias reales o imaginarias), es un consumidor, y segunda, porque el hombre, como cualquier otro ser o cosa, puede existir y sobrevivir solamente si es capaz de obtener sus materiales indispensables desde y en su propio ambiente, sin dañarlo y sin agotarlo. Porque si así no fuera, no tendría sentido vivir ni la posibilidad de sobrevivir en, con y desde ese espacio que ha elegido.

El capitalismo sobrevive gracias a la lucha de dos clases diferentes, opuestas, contradictorias; la existencia de una es la explicación de la otra, tal como son entre sí la luz y la sombra. La observación sin emociones del ciclo económico, nos muestra que cada ser humano cumple dos roles; en uno, en su papel de productor, se mantienen las diferencias individuales; en otro, en el rol de benefactor, se eliminan todas las diferencias. Y estos dos roles no dividen a los hombres en clases opuestas, sino que son dos "estados de oscilación", dos "cuantos" que asume un mismo hombre, en una "frecuencia" voluntaria, que sólo él ordena. El ciclo no sólo demuestra la eliminación de esa contradicción entre grupos (la eliminación de las clases), sino que la hace imprescindible para lograr un funcionamiento propio efectivo: para el ciclo económico no existen hombres más benefactores que otros.

La forma correcta de interpretar y entender esta tesis (de captarla en plenitud), es considerarla como una nueva teoría económica, distinta, diferente. Pero para ello se necesita del olvido de todos esos conceptos y principios que se manejan en el capitalismo y sus variantes, adquiridos desde el aprendizaje de la economía primitiva. Para ingresar a ésta teoría habría que asumir en forma plena, parafraseando la frase que colocó "Dante Alighieri"

"A las puertas del infierno: "abandonar todo prejuicio o preconcepto aquel que entre".

Por el contrario, el ciclo económico natural nos hace decir que la naturaleza posee todo lo necesario para el mejoramiento de la vida del hombre (mediante la producción y el consumo), y esa riqueza la pone a disposición de la humanidad.

Esta última puede y debe beneficiarse de todo lo disponible, a través, únicamente, de lo que ella puede aportar: el trabajo, que no es una mercancía más sino una forma de energía natural, cuya función principal e ineludible es reponer a la naturaleza la destrucción que el hombre le hace, con los mayores beneficios y mejoras que todo el conocimiento adquirido a lo largo de la historia pueda aportar, con el objeto de que esa riqueza sea accedida por todos los hombres, sin distinciones de especie alguna, y sin que se la agote. Que no sólo importa la producción sino también su consumo.

Definiciones ineludibles

Iniciamos con las definiciones indispensables que se necesitan para lograr una justa compresión de lo que se quiere exponer. Estas definiciones han de entenderse como propias de la economía, aunque parezcan que la sobrepasan. Son abiertas, no exhaustivas, pero inmodificables en su concepto fundamental, no por capricho del autor, sino porque su propia naturaleza así lo obliga.

Se define naturaleza o pachamama en sentido económico como la zona específica, delimitada geográfica, temporal y políticamente, que comprende un ambiente ecológico, pasado, presente y futuro. Puede ser una comarca, una provincia, un estado, un país, el planeta, la galaxia, el universo, según el caso.

La riqueza, por ella, con ella y hacia ella transcurre la vida. No es ni debe ser, por tanto, considerada un recurso ni un medio ni un fin, en algo exterior a la vida, sino en parte integrante de ella, y que puede transformarse para hacer que la vida sea mejor. La propia humanidad forma parte de esa riqueza, pues la humanidad es naturaleza. La vida es la mayor riqueza.

Definimos como artificial, en puro sentido económico, a la transformación, por la mano del hombre, de algo natural en algo no natural. Así, lo artificial es derivado de lo natural.

Toda producción humana tiene por función esencial el ser consumida, sin importar la diferenciación de su origen entre esas dos formas de relacionarse con la pachamama. Pero la forma de producción social (la actual, la que utiliza lo que llaman la división del trabajo) es la única que necesaria y forzosamente debe llegar al hombre como consumidor, debido tanto al cometido de dicha función esencial como por la forma destructiva en que ésta se genera.

Llamamos vida, en un sentido puramente económico, a la riqueza principal de la naturaleza. La terminación natural de una vida es una transformación de riqueza; es una etapa más de ambas. En cambio, la terminación no natural de una vida es una pérdida irreparable, un cataclismo. Cualquier terminación no natural de vida es pura destrucción, es perjuicio, es ruina. La muerte de un ñu por una manada de leones es una transformación natural de riqueza, es una muerte que genera vida.

El concepto de riqueza social, se puede decir que el todo aumento de vida, mantenimiento de vida, el mejoramiento de la vida, todo esto es riqueza.

Toda la vida del hombre es productiva. No podemos definir la actividad del hombre tal como se ha hecho hasta hoy, en que se considera al ser humano como un eterno empleado de un patrón eterno.

Una vida que tenga asegurada su alimentación, su salud, su educación, su esparcimiento, su vivienda, su libertad, su independencia, su dignidad... alcanzables a través de un ingreso mínimo de magnitud suficiente. Ese ingreso pasa a ser entonces un derecho humano. Por ello a ese ingreso mínimo fundamental también le llamaremos "ingreso natural".

Llamamos perjuicio a toda actividad humana que destruye riqueza y que no cierre el ciclo de ésta o ciclo económico-. Se logra mediante: el consumo de lo producido (la reposición de lo consumido) y la restitución de lo destruido (la resiembra), únicas formas de devolver el "préstamo".

Definimos que el valor de la riqueza está determinado por la satisfacción cuantitativa del trabajo social necesario para producir y reponer y, conjuntamente, por el nivel de necesidad de consumo que ésa producción satisface.

El valor de una riqueza de fácil reposición es menor que el de otra de más difícil reposición. Todo valor de reposición está dado por la cantidad del trabajo social contenido en él, más, si cabe, el valor de irreparabilidad, esto es, el valor derivado del perjuicio ocasionado, calculable a su vez por el trabajo social que se necesitará para suplirlo, en el futuro, de alguna manera.

Llamamos productor, como término absoluta y únicamente aplicado a la economía, a todo ser humano en edad productiva, cualquiera sea su actividad, por intermedio de la cual produce o crea un bien como objeto, tangible o no, que mejora la existencia de su mundo, su comunidad y la suya propia.

Definimos edad productiva como la edad en la que un productor ejerce tal actividad. Un bebé es un productor dentro de la actividad que pueden ejercer los bebés. Un anciano es un productor dentro de la actividad que pueden ejercer los ancianos.

El objeto de cualquier actividad económica de un ser humano es la producción de un bien que satisfaga una necesidad, propia o ajena. El objeto de ese bien no puede considerarse, entonces, como un intermediario para la obtención un beneficio o ganancia para quien lo produce o lo genera, sino como una obligación de la sociedad para con el que lo está necesitando; porque la eliminación definitiva de toda necesidad es la meta de la actividad humana productora y productiva: es el fin de la economía.

Definimos un bien económico como un objeto que suple una necesidad y que ocupa un lugar en el espacio y/o un momento en el tiempo. A la calidad de ocupar un lugar en el espacio se le llama tamaño; a la calidad del momento que ocupa en el tiempo se le llama durabilidad.

Definimos ingreso como todo beneficio representable numéricamente, medible matemáticamente, verificable económicamente, que únicamente se obtiene y se alcanza al completarse definitivamente el ciclo económico que le atañe.

La necesidad de un bien es lo que lo hace útil. Dicho de otra manera: la utilidad de un bien se la da la necesidad que exista por él, que es una propiedad intrínseca del bien. Es por ese motivo que se lo produce: para existir como objeto de consumo o usufructo.

Precio de venta final: su costo social de producción. Éste se transforma, en el momento de pagar su monto el benefactor, en riqueza social.

De esa manera, el costo social de producción (que no encarna ningún beneficio, ni general ni particular) se transforma en un valor social (en beneficio social) sólo por obra del benefactor. Cada benefactor es propietario de todo bien que adquiera y que haya sido producido mediante el cumplimiento del ciclo económico.

Definimos el trabajo justamente de esa manera; al haberse convertido en un componente inseparable de la vida humana, es toda actividad que genere un objeto tangible o no- que aumenta la riqueza de la sociedad humana, integrante y conformadora de la naturaleza, o de ésta directamente.

El trabajo social consiste en crear, transformar y reponer riqueza. De allí que el trabajo puede existir solamente dentro del ciclo económico.

Definimos al dinero, a grandes rasgos, como un patrón de medida de la riqueza social total (la suma de la riqueza natural y de la artificial, generadas mediante el trabajo).

El concepto de escasez es clave en la economía de "libre mercado". Pero el ciclo define a la escasez como falta de riqueza, como falta de previsión, como perjuicio.

A través del cumplimiento del ciclo económico haremos posibles la libertad y la liberación, la igualdad y la justicia, la solidaridad y el enriquecimiento. Todo dentro de la independencia real y definitiva.

El ciclo económico

La naturaleza de la riqueza –como producción y consumo, social o individual, de bienes o mercancías- está conformada por un proceso cíclico, totalmente dependiente de la capacidad de trabajo social del hombre, capacidad que es una actividad intencional y es la energía que mueve y empuja dicho proceso. Solamente se genera, se restituye y se aumenta riqueza si la humanidad cumple ese ciclo dado por la naturaleza. Así, mediante el cumplimiento efectivo y completo de ese proceso, es que se distribuye, entre todos los integrantes involucrados, la riqueza que se usa, se crea y se repone.

La riqueza original que se toma de la naturaleza del lugar donde nos toca vivir es la que nos permite iniciar nuestras actividades productivas, las que tienen por fin producir bienes que serán consumidos o usufructuados, y así alcanzar en definitiva nuestro bienestar. El resultado de la actividad humana, (las mercancías o bienes producidos) tienen objeto de ser, razón y sentido, solamente, si son accedidas por el benefactor. Además de ser éste el objeto de todo acto económico, respaldado por la anterior aseveración, el benefactor es quien paga todos los costos de cualquier actividad, a la vez que transforma los costos sociales en beneficio general.