Principales uniones comerciales de America



Revisión de sus características y logros.

Introducción

En el ámbito mundial, la segunda mitad del siglo XX ha sido prolífica en cuanto a la conformación de alianzas comerciales de mayor o menor alcance, muchas de las cuales han sido relegadas a buenas intenciones, a la par que otras han prevalecido o han sido rescatadas luego de prolongados letargos producto de problemas internos en los países que ameritaron especial atención (Cuadro A1 anexo). La necesidad de conformar bloques económicos obliga a las naciones a abrirse a los mercados y exponer sus economías a las fuerzas internacionales. Sin embargo, en la práctica la globalización se estructura sobre las bases de un proceso de regionalización, caracterizado por la disminución de barreras comerciales entre sus miembros, pero un incremento de dichas barreras para terceros países.

La tendencia a la creación de grupos o uniones comerciales tiene manifiestas implicaciones en la estructuración de las políticas económicas de los países interesados en participar en dichos bloques, las cuales pueden enmarcarse dentro de los actuales programas de crecimiento hacia fuera. El establecimiento de acuerdos de integración regional obedece a la necesidad de creación de un espacio común sobre el cual sentar las bases del desarrollo económico, aun cuando favorece la segmentación de los mercados y reduce la posibilidad de generalizar los resultados de dichos acuerdos a las restantes naciones, dado su creciente número y complejidad.

En el caso particular de América Latina, la década de los 60´s fue escenario de la creación de diversos acuerdos con miras a conformar mercados regionales más amplios que tenían como objetivo propiciar el desarrollo económico y fortalecer la posición de los países miembros frente al mundo. Sin embargo, estos acuerdos estuvieron desde un principio destinados al fracaso dada su incompatibilidad con la política proteccionista de desarrollo hacia adentro y

(*) Este trabajo contó con el financiamiento parcial de la Organización de Estados Americanos y la colaboración del Departamento de Economía de la Facultad de Administración de la Universidad de South Florida (Tampa, Florida) y del Instituto de Estadística Aplicada y Computación de la Universidad de Los Andes (Mérida, Venezuela). Tampa, abril 2000. Sustitución de importaciones prevalenciente en la mayoría de las naciones latinoamericanas para la época. No obstante, muchos de las actuales agrupaciones vigentes tuvieron sus raíces en los tratados firmados en ese periodo.

Durante los años 80, América Latina llevo a cabo serios intentos por rescatar su política de apertura internacional. Sin embargo, los fuertes desequilibrios macroeconómicos internos por los que pasaban la mayoría de los países hizo imposible avanzar en el plano de la integración económica que debió ser diferida hasta los 90´s, década que se ha visto favorecida con fuertes avances en la materia. Surgen así agrupaciones como el Mercado Común del Cono Sur (Mercosur, 1991), Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, 1994), Grupo de los Tres (G3, 1995), Comunidad Andina de Naciones (CAN, 1996), llegando incluso a plantearse en 1994 la posibilidad de creación de un área de libre comercio que abarque todos los países americanos (excepto Cuba). Adicionalmente, se han firmado una serie de acuerdos de carácter bilateral que contribuyen a hacer más compleja la intrincada trama de negociaciones internacionales del continente y denotan la ausencia de un norte definido.

La falta de correspondencia entre acuerdos, aunado a las fuertes desigualdades sociales y económicas entre países y los prevalecientes problemas económicos en la mayoría de las naciones, parecen hacer inviable la integración del hemisferio y propiciar aún más la conformacion de subregiones. No es posible pensar en integración en un ambiente de marcada inestabilidad macroeconómica. Dicha inestabilidad, manifestada principalmente en la alta volatilidad de precios tanto de bienes, como del dinero y de las divisas con la cual se enfrentan aún nuestros países, puede detener los avances de la integración, en parte por el desvio de esfuerzos hacia la búsqueda de la necesaria estabilidad, y en parte por el temor de los socios comerciales a "contagiarse".

Basados en estas consideraciones, se busca entonces definir grupos de países y funciones de variables que permitan explicar las condiciones bajo las cuales se ubican los países en los distintos niveles de desarrollo y grupos económicos, asi como analizar la especialización comercial de los mismos, a fin de conocer las posibilidades de conformar uniones más allá de las que naturalmente, por razones históricas y geográficas, pueden darse entre América Latina y Estados Unidos. Para tal efecto se incluyen en el presente estudio las principales agrupaciones comerciales, como lo son Mercosur, CAN y G3, además de ciertas consideraciones con respecto al TLCAN, excluido Canadá. Las variables incorporadas al estudio reflejan datos anuales de los principales agregados macroeconómicos para los años 1988-1997, estadísticas sociales puntuales y datos, también puntuales, de comercio exterior. Para el análisis de las mismas se recurre a técnicas de análisis estadístico multivariante (Análisis de Componentes Principales, Análisis de Correspondencias, Análisis Cluster).

El trabajo está estructurado en tres unidades o capítulos, en el primero de los cuales se analizan brevemente los aspectos fundamentales de los acuerdos considerados. El segundo capítulo revisa la situación económica y social interna, por países y por grupos, dejando para el tercer capítulo el análisis estadístico de la estructura de datos y del intercambio comercial en la subregión.

1.- Proceso de subregionalización

Los procesos de integración económica, entendida ésta como un instrumento a través del cual un grupo de países busca mejoras en su bienestar, no son de data reciente. Incluso Estados Unidos y la República Federal de Alemania nacen como resultado de acuerdos de integración.

Puede distinguirse entre diferentes niveles de integración, en función del grado de libertad de movimiento entre países concedido a los bienes, servicios y factores, el nivel de compromiso que exista entre ellos y el grado de interdependencia que se plantea alcanzar. Así, básicamente se tienen:

Acuerdos Preferenciales (AP): compromiso de reducir las barreras al comercio de bienes y servicios entre los países que lo suscriben.

Area de Libre Comercio (ALC): eliminación de todas las restricciones cuantitativas al flujo de bienes y servicios entre los países miembros, manteniendo la independencia para definir la política a seguir con respecto al comercio entre países no miembros.

Uniones Aduaneras (UA): constituye un paso adelante en el ALC, donde se concreta la unificación de políticas que rigen el comercio con países ajenos a la agrupación, a través del establecimiento de un arancel externo común (AEC).

Mercado Común (MC): Unión aduanera donde además se permite la libre movilidad de factores productivos (trabajo y capital).

Unión Económica (UE): Mercado común donde además se unifican criterios en cuanto a políticas macroeconómicas y sociales.

En los años 50"s y 60"s surgieron, en América Latina, algunos acuerdos orientados siempre al logro de mercados regionales más amplios, que permitieran una posición más fuerte frente al mundo. Dichos acuerdos se trataron de implementar en un marco económico caracterizado por un elevado proteccionismo y participación del Estado, que oponía resistencia a los esfuerzos de apertura (cuotas e impuestos a la importación, diferentes escalas tarifarias, tipos de cambio múltiples, control de cambio, etc.). Este mismo proteccionismo y las fuertes crisis de los años 70"s dieron al traste con la mayoría de dichos acuerdos: inseguridad económica y política, inestable permanencia de los miembros dentro de los grupos, poca proyección de los mismos y fuertes problemas internos que relegaron a un segundo plano los intentos de integración. Los acuerdos que lograron mantenerse, aun cuando en forma latente, tenían en común:

Ya para los años 70"s se inició una tendencia a relajar las restricciones al comercio entre algunos países de la región, particularmente entre países al sur del continente: Chile, Argentina y Uruguay. Nuevamente, problemas internos no permitirían avanzar mucho en esta dirección: el enorme peso de la deuda externa y fuertes desequilibrios en balanza de pagos obligaron a la aplicación de fuertes barreras arancelarias y no arancelarias al comercio, así como controles de cambio.

En la década de los 80"s, América Latina y el Caribe fueron escenario de profundas transformaciones en materia de política comercial externa. La evolución del comercio internacional y la creciente tendencia hacia la globalización, obligaron a la búsqueda de soluciones a las barreras del intercambio económico. Los principales esfuerzos se encaminaron hacia la integración económica regional, tratando con ello de alcanzar cierta capacidad de negociación regional frente al resto del mundo, nuevas vías para el crecimiento económico sostenido y la solución a los traumas de la recesión e inflación de esta década. Pero fueron estos mismos problemas económicos los que impidieron el avance en el plano de la integración económica, ante la imperiosa necesidad de hacer frente a problemas internos más urgentes.

Los años 90"s se han caracterizado por un renovado interés hacia la integración, que se ha visto favorecido por la expansión del comercio intrarregional, interés que al decir de algunos autores resulta de los profundos desequilibrios de la década anterior, en un intento por reconducir los países hacia la senda del desarrollo económico.

Surgen así múltiples acuerdos de liberación comercial, cuya convergencia mutua parece poner en peligro la posibilidad de alcanzar acuerdos ampliados a un mayor número de países, e incluso la América toda. Efectivamente, para este período nacen o resurgen agrupaciones como el MERCOSUR (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), CAN (Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia y, parcialmente, Perú), MCCA (Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua), CARICOM (Antigua-Bermudas, Bahamas, Barbados, Belice, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, Montserrat, St. Kitts-Nevis, Sta. Lucia, St. Vincent-Granada, Trinidad y Tobago), G3 (México, Colombia y Venezuela), además de muchos acuerdos bilaterales. Asimismo, podemos extender la revisión a los restantes países de América, lo que permitiría la inclusión del TLCAN (México, Estados Unidos y Canadá).

1.1. BREVE REVISION DE LOS PRINCIPALES ACUERDOS COMERCIALES DE AMERICA

Como bien se dijo, los países de América están participando ahora en innumerables acuerdos comerciales, no necesariamente entre países vecinos (aún cuando predomina esta idea) y con diferentes niveles de compromiso y de proyección en el futuro. Revisemos aquí brevemente aquellos que engloban los mayores volúmenes de comercio y que, por ese motivo, se incluyen en este estudio (Cuadro A2 anexo).

1.1.1. MERCADO COMUN DEL CONO SUR (MERCOSUR)

El Mercosur es por el momento, una Unión Aduanera establecida el 1° de Enero de 1995 entre Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, que engloba aproximadamente el 50% del producto y de los habitantes de América Latina, el 59% de su superficie y el 33% de su comercio exterior.

Su origen se remonta al año 1985, con la firma de la Declaración de Iguazu entre Argentina y Brasil, lo que dio origen a la Comisión Mixta de Cooperación e Integración entre ambos países. El éxito alcanzado por dicha Comisión, particularmente en lo que se refiere a la cooperación en las áreas de energía, transporte, comunicaciones e investigación técnico-científica, propiciaron en 1988 la firma del Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo, con miras a suprimir los aranceles comerciales entre ambos países (en un plazo de 5 años) y formalizar una unión aduanera en 10 años.

En 1990, Paraguay y Uruguay entraron a formar parte de estos acuerdos. En marzo de 1991, los cuatro países suscribieron el Tratado de Asunción en el cual se contempla:

Una vez concluido el período de transición, los países miembros suscribieron en diciembre de 1994 el Protocolo de Ouro Preto, a través del cual entró en vigencia el AEC y la liberación del intercambio mutuo de bienes, servicios y factores (éstos últimos aún en discusión), dando origen propiamente al Mercosur a partir de enero de 1995.

ADHESION: Si bien el Mercosur contempla la posibilidad de abrirse a otros países, prioritariamente del ALADI, sus formas de vinculación no son tan directas. En este proceso, los mayores avances corresponden a Chile (1996) y Bolivia (1997), quienes han firmado acuerdos de asociación con el grupo. Estos acuerdos, que no constituyen una incorporación plena al bloque y no otorga los derechos de integración, se considera una etapa previa a la adhesión total. Esta última requiere de la aceptación plena por parte de los países miembros, una vez analizada las ventajas que dicha adhesión implica.

Otra forma de vinculación al Mercosur, es la creación de zonas de libre comercio, previa aprobación de Acuerdos Parciales o de Preferencia Arancelaria Regional, para lo cual se fija un horizonte de 10 a 15 años. A este respecto, los países de la Comunidad Andina acordaron en 1994, negociar una zona de libre comercio entre los dos bloques. En abril de 1998, se suscribió un acuerdo entre Mercosur y el CAN, para completar las negociaciones tendientes a la creación de dicha área de libre comercio entre ambas a partir del año 2000. Sin embargo actualmente dichas negociaciones se encuentran estacandas debido a la falta de consenso de los países andinos sobre la forma de negociación (en bloque o país por país) y a los problemas internos por los que actualmente atraviesa el bloque (fuerte inestabilidad económica en Brasil a principios del 99 y crisis política en Paraguay).

1.1.2.COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES (CAN)

La CAN, es el resultado de uno de los acuerdos de integración de mayor data en América Latina. Su origen se remonta al año 1969, cuando Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú firmaron el Acuerdo sobre Integración Subregional Andina o Acuerdo de Cartagena. Al mismo, se anexaría posteriormente Venezuela (1972) y se retiraría Chile (1976). Los objetivos iniciales del acuerdo, orientados hacia eliminación de barreras al comercio entre sus miembros, fueron prontamente dejados de lado. Luego de un largo periodo de revisión interna en cuanto a las normas de adhesión, de reactivación y negociación, entra realmente en vigor el acuerdo con la firma del Protocolo de Quito en 1988.

En esta primera etapa del acuerdo, se buscaba reducir la vulnerabilidad externa y mejorar la posición de los países miembros en el contexto internacional, así como eliminar progresivamente las barreras al comercio dentro del grupo, con miras a consolidar en el futuro una unión aduanera.

En 1991 se firmó en Cartagena el Acta de Barahona, en la que se estableció el área de libre comercio entre Venezuela, Colombia, Ecuador y Bolivia y se estructuró el arancel externo común (AEC) que Venezuela y Colombia pusieron en práctica en 1992. Ecuador y Bolivia no adoptaron el AEC hasta 1995, pero con cierta flexibilidad. Los desacuerdos entre Perú y otros miembros del grupo, así como la inestabilidad macroeconómica interna de ese país, obligaron en 1992 a la toma de la Decisión 321 del Acuerdo de Cartagena, que le permite a Perú suspender su participación en el grupo, entrando éste a firmar acuerdos bilaterales con cada uno de los miembros del mismo, a fin de lograr su gradual reintegro.

En 1996, con la firma del Acta de Trujillo, se creó la CAN, contando además con la participación parcial de Perú. Entre sus objetivos fundamentales se cuentan la profundización de la integración subregional andina, promover su participación externa y consolidar acciones relacionadas con la integración orientadas a la formación gradual de un mercado común latinoamericano.

Para alcanzar algunos de dichos objetivos, se establecieron medidas como las siguientes:

ADHESION: La adhesión al CAN es particularmente sencilla, puesto que el acuerdo puede ser suscrito sin reservas y por tiempo indefinido por cualquier país de América Latina y el Caribe que así lo desee, dando libertad a los nuevos miembros relativamente menos desarrollados, de acogerse al derecho de trato preferencial del que gozan Bolivia y Ecuador.

1.1.3.GRUPO DE LOS TRES (G3)

El G3 es un tratado de libre comercio suscrito por los gobiernos de Venezuela, Colombia y México en junio de 1994, con vigencia a partir de enero de 1995. Dicho tratado, a diferencia de los demás, no se restringe al ámbito de las relaciones comerciales sino que también abarca lo que se conoce como los nuevos temas del comercio internacional (propiedad intelectual, medio ambiente, servicios, etc.).

El acuerdo se caracteriza por un tratamiento asimétrico entre los participantes en cuanto al comercio de bienes: México extiende a Venezuela la preferencia arancelaria regional que mantiene con Colombia, mientras que se compromete a profundizar los acuerdos de alcance parcial suscrito con este último. Por su parte, el comercio entre Venezuela y Colombia seguirá regido por los acuerdos firmados en la CAN. De hecho, en la negociación del tratado, los países tuvieron especial cuidado en respetar los compromisos internacionales adquiridos por cada uno con otros esquemas de integración, tomando como parámetros los compromisos suscritos por Venezuela y Colombia en el Pacto Andino; los de México con Estados Unidos y Canadá, en el marco del Tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN) y por ultimo, los de los tres países con la OMC.

El objetivo fundamental del tratado es liberar el comercio recíproco con una desgravación lineal y automática de los bienes originarios de los tres países en un lapso de 10 años, con algunas excepciones (a una tasa de reducción del 10% anual), particularmente en la rama de textiles, petroquímica y agricultura.

Este acuerdo no contempla avanzar más allá de la creación de la zona de libre comercio, ni considera dentro de sus estatutos la posibilidad de adhesión de otros miembros.

1.1.4.TRATADO DE LIBRE COMERCIO DE AMERICA DEL NORTE (TLCAN):

El TLCAN es una zona de libre comercio creada en 1992 y puesta en marcha a partir de 1994 entre México, Estados Unidos y Canadá, con miras a facilitar el intercambio comercial, particularmente en las ramas automotriz y textiles, entre los países miembros a través de un cronograma de reducción y eliminación de regulaciones que ha sido llevado a cabo exitosamente. En efecto, para 1998 se habían eliminado la casi totalidad de las restricciones arancelarias al comercio entre Estados Unidos y Canadá. Para el año 2003 deberá suceder lo mismo para el intercambio de dichos países con México, aunque algunos aranceles pudieran permanecer hasta el 2008.

El Tratado no solamente engloba la eliminación gradual de las barreras arancelarias al comercio de bienes, sino que cubre también el intercambio de servicios, la protección de la propiedad intelectual, la promoción de la inversión y el desarrollo de infraestructura, particularmente en las áreas de transporte, telecomunicaciones y servicios financieros. Sin embargo, el mismo no contempla la coordinación de políticas ni la adopción de un AEC.

ADHESION: El Tratado esta abierto a cualquier país o grupo de países que desee adherirse, bajo condiciones de aprobación interna. Para ello, se eleva la solicitud a la Comisión de Comercio, paso que ya ha sido adelantado por Chile en 1996.

1.2. PROBLEMAS EN LA CONSOLIDACION DE LA INTEGRACIÓN

El proceso de integración debe afrontar problemas de diversa índole. Particularmente, en nuestro continente, existen fuentes de conflicto que van desde la existencia de demasiados acuerdos, hasta la excesiva disparidad entre los miembros interesados en impulsarla.

La configuración del actual sistema económico internacional contrapone dos tendencias que dificultan el avance del mismo: por una lado, la fuerte presión de la globalización que obliga a abrir los mercados y las economías y exponerlas a las fuerzas del mercado internacional; por el otro, la presencia cada vez más marcada de actores y factores regionales y subregionales con limitado alcance geográfico. Así, la economía mundial se debate entre la apertura global y el regionalismo y, dentro de éste, entre el regionalismo abierto y el regionalismo cerrado, en un marco donde la globalización económica ha hecho menos gobernable la economía mundial, y la ha tornado más vulnerable a los desequilibrios que puedan presentarse en un mercado y región dados. Las crisis financieras de México y de Asia son prueba de ello.

La globalización implica la rápida y amplia difusión de producción, consumo, inversión y factores. Así, la economía internacional ha sufrido cambios a nivel de comercio entre economías nacionales interrelacionadas y economías mundiales integradas. También los patrones de producción han sufrido estos cambios que han obligado tanto a ajustes hacia adentro como entre economías nacionales. Por supuesto, en este nuevo esquema mundial surgen elementos (nuevos temas) a considerar, como lo son la atención del ambiente, el mercado laboral, la competencia desleal, etc., que generan toda una normativa tendiente a «equilibrar las reglas de juego» en los acuerdos comerciales.

Sin embargo, a medida que aumenta la globalización, la competencia se hace mas fuerte y los mercados tienden a integrarse, permitiéndose alianzas que favorecen a las economías en particular, pero que pueden segmentar el mercado. En este sentido, es preocupante la proliferación de acuerdos regionales y el hecho de que los mismos discriminen contra terceros países. Además, existen dudas en cuanto a viabilidad de generalizar al resto del continente acuerdos cada vez más complejos y numerosos y en que medida estas iniciativas parciales entraran en conflicto con la idea de la OMC de incentivar una zona de libre comercio que abarque la América toda para antes del 2005 (TLCA), tal como se propuso en la Cumbre Presidencial de las Américas, reunión que se llevo a cabo en Miami en diciembre de 1994, con la aprobación de 34 países.

Paradójicamente, a pesar de que la integración económica fue concebida con la idea de facilitar la inserción de los países en la economía internacional, tal como consta en los objetivos de la mayoría de los tratados firmados, los resultados muestran una mayor dinamización del comercio intrarregional, antes que del comercio con terceros países. Efectivamente, durante los años 1990-1995, las exportaciones totales de América Latina y el Caribe, crecieron a una tasa promedio del 11.84% (8.95% en el hemisferio occidental), mientras que sus exportaciones intrarregionales lo hicieron a una tasa promedio de 21.23% (11.67% en el hemisferio). Igualmente, el comercio intragrupos creció a una tasa superior a la del comercio con el resto del mundo. Así, las exportaciones de Mercosur y CAN hacia otros países del mismo grupo crecieron a una tasa del 28.39% y 29.07%, respectivamente, contra el 8.49% y 4.44% promedio para sus exportaciones totales (Cuadro N°1.1).

Monografias.com

La propuesta de integración hacia afuera, entendiendo esta como la capacidad de la región de explotar mercados externos en lugar de las limitadas potencialidades que brinda el mercado regional (integración hacia adentro), más acorde con la idea de globalización, facilita la cooperación necesaria para conquistar mercados externos, probablemente más competitivos, resolver problemas externos, acceder a avances tecnológicos y el aprovechamiento de economías de escala.

Aun cuando la integración natural que ocurre entre economías que ocupan un mismo espacio geográfico sigue siendo predominante, esta puede compaginar con la integración hacia afuera, siempre que sirva como elemento dinamizador de la misma. Sin embargo, si bien para muchos la idea del regionalismo es compatible con la del multilateralismo, este complejo tramado de acuerdos definitivamente complica las relaciones comerciales, especialmente para el caso de las economías pequeñas, incapaces de mantenerse al tanto de la evolución del proceso y de la normativa que con él se genera. De allí la necesidad de desarrollar normas universales: un régimen global para un comercio global.

El avance hacia la integración en América no solo puede verse imposibilitada por la multiplicidad de acuerdos, sino también por la no-existencia de un criterio único hacia el cual encaminar los esfuerzos.

Por un lado, el ALADI[1]surge con la idea de promover la integración económica en América Latina, impulsando el establecimiento de uniones y asociaciones multilaterales entre los países miembros y permitiendo a estos suspender temporalmente sus obligaciones con los demás miembros del ALADI, a favor del afianzamiento de sus relaciones con terceros, tal como lo hiciera México a raíz de su participación en el TLCAN. Así, el ALADI trata de imponer un cierto orden dentro de la complicada trama de uniones comerciales de América, buscando hacer converger todos estos acuerdos bilaterales, plurilaterales y subregionales hacia el logro un futuro Mercado Común Latinoamericano. También ha sido sugerido un tratado de libre comercio sudamericano (ALCSA), basado en las reglas que rigen el Mercosur y Aladi.

Por otro lado, como ya se dijo, en 1994 se presento en Miami una propuesta para encaminar los esfuerzos hacia el logro de un Area de Libre Comercio que abarque la América toda (ALCA), para cuyo logro está llamada la Organización Mundial de Comercio (OMC)[2]. Esta propuesta pone de manifiesto el interés por el regionalismo que ha adoptado Estados Unidos como parte de su actual política, aun cuando en realidad, solo se han estrechado lazos comerciales con México, quien por su parte ha ido concentrando su intercambio comercial con Estados Unidos en detrimento de sus relaciones con los países latinoamericanos. De hecho, con la entrada en vigor del TLCAN, México tuvo que dejar de lado lo establecido en el articulo 44 del ALADI en cuanto a la extensión a los restantes miembros de la Asociación de cualquiera ventaja o privilegio alcanzado en sus negociaciones particulares con Estados Unidos y Canadá.

Así, los esfuerzos de integración no tienen aun un norte definido hacia el cual dirigirse, combinando anuncios que van desde comercio continental hasta bloques muy cerrados, pasando por acuerdos exclusivamente latinoamericanos e incluso suramericanos. Sin embargo, pareciera que la integración del hemisferio como un todo e incluso considerando solamente las economías más fuertes, esta muy lejos de ser realidad. Cabría pensar que el avance del Mercosur, por un lado y del TLCAN por el otro, pudieran ir abonando el terreno, a través de la ampliación de la zona geográfica que los mismos abarcan, lo que facilitaría en un futuro la conjunción de ambos. Sin embargo, ello no es muy sencillo. El proceso de adhesión al Mercosur es lento y actualmente sus países están enfrentando fuertes problemas macroeconómicos. Por otro lado, habría que analizar que tan interesado puede estar Estados Unidos en conceder a otros países el mismo trato otorgado a México, y que tan capaces son esos países de soportar una relación entre miembros tan desiguales, sobre todo si se toma en cuenta que solamente el primero aporta mas del 20% del Producto total mundial, mientras que las diez restantes economías más importantes del continente (incluyendo Canadá), distan mucho de alcanzar en conjunto el 10% del total.

Finalmente, los problemas económicos internos que deben afrontar la casi totalidad de los países latinoamericanos, son otro obstáculo en el avance de la integración. La actitud de Latinoamérica hacia el comercio internacional ha dependido siempre de la situación interna de cada país, siendo relegada a un segundo plano cada vez que la inestabilidad económica nacional amerita especial atención. Y los problemas de inestabilidad, ya sea política o económica, siempre están presentes.

El proceso de integración abarca mas allá de la liberalización comercial, que como dijimos, puede resultar difícil de coordinar. La integración requiere además de la liberalización financiera, de la apertura al capital extranjero y, sobre todo, de estabilidad macroeconómica.

La primera es un hecho cierto. Los países se están abriendo al mercado internacional como puente para el logro del desarrollo económico, a través de no solo la eliminación de barreras arancelarias y para-arancelarias. También han adelantado una fuerte política de promoción industrial, lo que le ha permitido a América Latina ampliar su producción y exportación, perder el temor de lidiar en el mercado internacional y poder pensar en alianzas y eliminación de barreras al libre flujo de bienes. En cuanto a la apertura financiera, si bien es cierto que esta puede contribuir al logro de la estabilidad macroeconómica y el desmantelamiento de barreras al intercambio comercial, las débiles condiciones de este sector en la mayoría de los países latinos no han permitido avances en la misma y muchas veces las reformas emprendidas han desembocado en crisis financieras.

La apertura al capital extranjero también ha tenido que enfrentar, con poco éxito, una serie de inconvenientes basados en el poder de las transnacionales, ante la concentración de las mismas en los mercados y países mas atractivos, desplazando a las demás industrias del sector y haciendo inequitativo el reparto de los beneficios de la integración. Probablemente por este hecho, la inversión extranjera en América Latina se ha visto prácticamente limitada al sector financiero que, si bien permite financiar déficits en la cuenta corriente de la balanza de pagos, crea efectos negativos en los agregados monetarios, dada la volatilidad de estos capitales.

Existe consenso, y la experiencia así lo demuestra, que el proceso de integración puede seguir adelante, lentamente, aun cuando no estén dadas las condiciones para el libre flujo de capitales extranjeros. Sin embargo ésta, no puede avanzar y escasamente podrá subsistir en condiciones de inestabilidad económica. Como ya se dijo anteriormente, ante una situación macroeconómica desfavorable, los gobiernos deben aplicar (muchas veces involuntariamente), programas de estabilización los soslayan la apertura económica, son frecuentemente difíciles de continuar y pueden desembocar en crisis mas graves que las iniciales. La integración implica también una mayor propensión al «contagio» con los problemas que enfrentan los socios comerciales. Así, los problemas que afectan a una o más economías tienden a propagarse al resto de los países involucrados en la apertura.

La principal expresión de inestabilidad macroeconómica se manifiesta en el grado de variabilidad del tipo de cambio. En un contexto de alta inflación y elevada fluctuación de la paridad cambiaria, se hace imposible armonizar la política monetaria, fiscal y cambiaria. Esta inestabilidad genera incertidumbre acerca de la evolución de los precios relativos, lo que implica mayores riesgos para la inversión, distorsión en la asignación de recursos entre bienes transables y no transables e inestabilidad financiera.

La magnitud de los efectos de la inestabilidad sobre los socios comerciales dependerá del grado de integración que exista entre ellos y de la forma como los países reaccionen. Por un lado, a medida que el proceso de integración avance, la mayor apertura entre socios implica también mayor vulnerabilidad a cualquier alteración inesperada de las principales variables macroeconómicas. De allí que dicha estabilidad sea tan importante: en los primeros estadios del proceso, su ausencia puede revertir o detener el avance de la integración (como es el caso de Centroamérica); en las etapas finales, puede derrumbarlo arrastrando consigo varias economías. Por otro lado, mientras mayor resistencia opongan los países a utilizar aranceles para compensar los efectos de la inestabilidad de uno de sus socios, mayor será la magnitud de los mismos.

La inestabilidad cambiaria en América Latina durante la década de los 80"s y parte de los 90"s ha sido impresionante. Las principales economías de la región, Brasil, México y Argentina, amén de otras economías como Perú y Bolivia, tuvieron que modificar, incluso varias veces, sus patrones monetarios en sus intentos por corregir los fuertes problemas inflacionarios y cambiarios que venían presentando. Chile ha logrado la relativa estabilidad de su moneda a costa de una revaluación relativa de su poder de compra, mientras que Venezuela ha estado intentado diferentes esquemas cambiarios para tratar de controlar la fuerte tendencia devaluacionista de su moneda. El mismo Brasil ha visto regresar sus problemas cambiarios a principios de este año[3]

Como consta en el Acta Final de la Ronda de Uruguay, «La mayor estabilidad del tipo de cambio basada en unas condiciones económicas y financieras de fondo mas ordenadas, ha de contribuir a la expansión del comercio, a un crecimiento y a un desarrollo sostenidos y a la corrección de desequilibrios externos.«[4]

Así, tasas de inflación y de cambio dentro de limites manejables son requisitos indispensables para la integración, y en ello coinciden los intereses nacionales y los de la apertura económica. Los tratados de libre comercio constituyen sólo el primer paso para la integración. Son los países miembros los encargados de generar las condiciones para el avance del proceso, a pesar de los inconvenientes que inicialmente este pueda generar en cada una de las economías individuales. El costo del aislamiento es siempre mayor.

2. - Situación socio-economica interna

Las dos últimas décadas han sido para América Latina un constante reto para superar los desequilibrios que en su mayoría tuvieron origen en los años 70"s. Durante este periodo, los países de la región han tenido que enfrentar y ensayar diferentes fórmulas para combatir tendencias crecientes en el nivel general de precios, inestabilidad cambiaria, crisis financieras y desempleo, por citar sólo algunos, a la par de retomar el rumbo de la globalización. La dificultad que implica corregir las distorsiones de las economías internas, reducir los problemas sociales y abrirse al resto del mundo, no le ha permitido a muchos de los países latinoamericanos salir adelante con todos sus propósitos.

Para muchos, los años 80"s representaron un paso atrás en el proceso de desarrollo económico de la región, una «década perdida». El desalentador desempeño de las economías de la región durante ese periodo puede atribuirse principalmente a desacertadas políticas externas: elevado endeudamiento y consiguiente repliegue del financiamiento externo; desequilibrio interno, producto del peso de la deuda, lo que trajo consigo hiperinflación e inestabilidad cambiaria; tardíos ensayos en cuanto a la orientación de la economía y efectos negativos de planes de ajuste, que obligaron a posponer la temática del desarrollo socioeconómico.

Durante los años 90"s la mayoría de los países latinoamericanos han logrado una cierta recuperación económica, gracias a una relativa estabilidad macroeconómica, un mayor dinamismo industrial (caracterizado tanto por la ampliación como por la diversificación de las exportaciones) y a un mayor acceso a fuentes de financiamiento externo. Todos estos factores han ido de la mano con los adelantos en la integración económica, de la cual son causa y a la vez efecto.

Sin embargo, los problemas sociales siguen presentes, sin que los mismos hayan visto significativas mejoras. Ello pone de manifiesto, por un lado, la ausencia de políticas sociales, y por el otro, la desvinculación de las políticas económicas con las realidades sociales de la región. Se dice que una buena política económica puede ser también una buena política social, dado que el crecimiento estable favorece la reducción del desempleo, el aumento real de los salarios y la mayor recaudación tributaria capaz de financiar el gasto social. Sin embargo, problemas tales como la mayor equidad en la distribución de la riqueza y la mejora en la calidad de vida de los ciudadanos, deben ser focalizados a partir de apropiadas políticas sociales y no ser considerados un subproducto de políticas económicas.

La persistencia de la pobreza y la inequitativa distribución de la renta imprimen significativos desniveles dentro y entre sociedades, dificultando la integración de las mismas. Una sociedad internamente no integrada, tendrá menos posibilidades de encarar los fenómenos que surgen a partir de la globalización. Muchos economistas ven con asombro como a pesar de que muchos países han logrado establecer equilibrios macroeconómicos, sus niveles de bienestar han disminuido e incluso han aumentado los índices de pobreza.

Algunos organismos, como el SELA y la CEPAL, entre otros, han logrado identificar algunas causas de la persistencia de los problemas sociales por encima de los económicos:

Principales indicadores sociales:

A fin de visualizar la situación social de los países en estudio, y sin pretender llevar a cabo un estudio profundo al respecto, se han tomado en cuenta las siguientes variables que abarcan aspectos demográficos, de educación, de salud y algunos indicadores económicos (Tabla 2.1). Salvo que se indique lo contrario, las observaciones corresponden al año 1995.

DEMOGRAFIA:

PO-RU: Población rural como porcentaje de la población total.

DEN: Densidad poblacional medida como número de habitantes por kilómetro cuadrado.

NAT: Tasa de natalidad en tanto por mil.

MO-IN: Mortalidad infantil medida por cada 1000 nacimientos vivos.

EV: Esperanza de vida (años).

EDUCACION:

AL-MS: Número de alumnos por cada maestro.

ANA: Tasa porcentual de analfabetismo.

ESC: Escolaridad como porcentaje de la población. (1996)

PR-ES: Número de años de estudios promedio para la población mayor de 25 años.

SALUD (1993):

AC-AG: Porcentaje de la población con acceso al agua potable.

ME-MH: Número de médicos por cada mil habitantes.

CAL: Ingesta promedio diaria de calorías.

ECONOMIA:

PIBpc: Producto interno bruto anual per capita, medido en dólares. (1994)