San Agustín: contra académicos. Dialogo sobre la verdad



San Agustín: contra académicos. - Monografias.com

San Agustín: contra académicos.

Diálogo sobre la verdad

Agustín, aún sin bautizarse elucubra en su dialogo "contra académicos", sobre la verdad. Heredero de la miseria de Adán, ceñido por la culpa, levanta su argumento para conciliar las partes de una "dialéctica" tal vez distante de la mística cristiana.

O es sabio el que camina hacia la verdad, o es aquel que sin hallarla ya la ha encontrado.

De este modo se pregunta Agustín por la excelencia, "¿Qué piensas que es vivir dichosamente, sino conformarse a lo más excelente que hay en el hombre?" (Agustín 1)[1].

El santo ha heredado la tradición platónica, por ello procura una ética orientada hacia la verdad desde una crítica severa a planteamientos academicistas. Tal vez haya encontrado en los académicos un distanciamiento de la excelencia representada en Cristo. Ve entonces en el hombre un dueto, un encuentro entre dos partes que pueden corresponderse sensatamente.

En Agustín será la mente orientada hacia Dios la que ha de primar sobre el corazón. Ver con los ojos de Dios la tierra, y en esa carne, adherirse a la verdad, esta será la propuesta que hemos de seguir en la siguiente reflexión que versa sobre el "contra académicos".

En primera instancia Agustín parte de la "bienaventuranza" como prerrogativa divina, que según lo sugiere el santo, incita a la hermosura y sensatez. Es bienaventurado aquel que no ha sido seducido por los favores de este mundo.

Es bienaventurado el doblemente feliz que procura la verdad. Esa incitación del espíritu se presenta en primera instancia en el diálogo, como arcano, como sigilo de sabio, "esa disposición, te repito, esa no sé qué prerrogativa divina, que estaba como sepulta bajo el sueño letárgica de la vida, se ha propuesto la oculta providencia despertar con tan diversos y fuertes sacudimientos" (Agustín 4). Conserva en este sentido el diálogo, una mirada que procura en los interlocutores del mismo, la figura de "iniciática". No a modo pitagórico, sino a modo dialéctico, en donde la verdad se revela en el poder del verbo.

La verdad entonces, se dice, es tal vez un asunto de lógica, pero el santo de Hipona la lleva a otras conjeturas donde la eleva hasta el Eidos. Sin embargo, la verdad, aislada de la misma felicidad en un sentido sugerido en la obra, debe hacer nacer en el interior una sed de su conocimiento, esa sed puede ser entendida como método, como camino.

¿Cómo se puede conocer la verdad? Tal vez sea ese un planteamiento interesante desde la teoría del conocimiento, no obstante, complejo. Es una pregunta que equivale a ¿cómo conocer la metafísica? Porque la verdad es adherirse en la palabra "verbo", lo incognoscible. En este sentido se hace patente el oxímoron, conocer lo incognoscible.

De este modo el debate se abre en una doble polaridad siguiendo el interrogante ¿puede la vida dichosa u bienaventurada resultar de la simple investigación de la verdad o no? (Cf. 6).

La respuesta inicial dada por Agustín, tal vez con una ironía de fondo detalla: "Sólo niegan esa licencia, intervine yo aquí, los que disputan movidos no por el deseo de hallar la verdad, sino por una pueril jactancia de ingenio" (8).

Deben ser entonces lanzadas las preguntas desde una infancia sin jactancia. Siempre es una vía posible conciliar opuestos. De ahí que sea posible ser dichoso en camino. Al fin, las vías de acceso se congregan en el hombre.

El hombre en último término se busca a sí mismo, y en esa búsqueda se pierde y olvida en horizontes de comprensión. De ahí que el conocimiento de la "verdad" del que habla Agustín, pueda crear tal vez lejanamente, la idea de la imposibilidad e inutilidad de la hermenéutica, cuando se trata de asidero de comprensión. "Pero el fin del hombre es indagar la verdad como se debe: buscamos al hombre perfecto, pero hombre siempre" (Agustín 7).

Ahora bien, siendo preciso el errar en el caminar, puede haber un camino noble y recto que conduzca a un fin pleno, ese camino es simplemente "la sabiduría", de ahí que diga el santo "con verdad se llama la sabiduría el camino recto de la vida" (10), es la noción más perfecta y clara que puede contener la naturaleza, es la investigación más seria y precisa de la sabiduría.

Esta apreciación ya era posible leerla en los místicos presocráticos, la sabiduría transformada en vida. Se puede leer en las indagaciones de los presocráticos una sed de luz y bondad, de verdad.

Desde el poema a la physis ya el fin era un elemento incrustado en la verdad. Tal vez esos fragmentos son un canto a la verdad vital que occidente ha teorizado vanamente.

Agustín aclara de un modo muy preciso refiriéndose a los antiguos que para ellos: "la sabiduría es la ciencia de las cosas divinas" (11).

Ello hace sospechar de una ciencia que en los antiguos no era desvinculada del mito, sino que era mejor, religión pura.

La "pregunta", a la cual se le atribuye el nacimiento de la ciencia, se presenta a veces como elemento fundante del camino hacia la verdad, y en este sentido, como una ciencia que guía hacia la verdad desde el asombro.

Desde la poiesis, no como imitación, sino como desvelo. Aun así, Agustín extiende su argumento más allá, brindándole a la "sabiduría", no solo el camino, sino también la adquisición de la misma verdad, es decir, solo es posible adquirir la verdad por vía de la sabiduría entendida ésta posteriormente, en la encarnación de Cristo, como sumo bien.

Ahora bien, ese tránsito esencial, es la misma filosofía que libera de las opiniones. Las sociedades se hayan en el ruido de las opiniones. "pues no llegarás a la posesión de la verdad si no te dedicas plenamente a la filosofía" (Agustín 18).

El académico es el que mora en el oxímoron.

Ya que sus planteamientos hablan de la imposibilidad de conseguir aquello que atañe a la ciencia de la filosofía, más sin embargo, para ellos, el hombre puede ser sabio y su misión es investigar la verdad (Cf. 20). La verdad solo se desvela al buscador.

Los académicos siguen lo verosímil ignorando la verdad, tal vez de ahí la incapacidad de encontrar algún asidero posible.

Lo verosímil parece atañer más al concepto que a la vida. "Se trata del destino de la vida, de las costumbres, de nuestra alma, la cual confía vencer la dificultad de todos los sofismas" (25), la vida es cruzada por el sofisma del lenguaje, y quizás hasta el mundo sea sofisma.

Hay que debelar al modo iniciático la verdad.

Esto es viable en la visión agustiniana, en los académicos es discutible por su hostilidad. Una proposición segura del santo se refiere a aquello de que la verdad no se trata solo del artífice de conceptos, sino de enfrentamiento directo con ella.

Así, Agustín habla de la imposibilidad de la verdad en este mundo de interpretaciones como se había dicho anteriormente.

El sabio, con la fortuna, siente en toda su hondura el hartazgo de la búsqueda. "Pues porque vivo, deseo la sabiduría, no por desear la sabiduría quiero la vida" (Agustín 31). La vida es sed, y como lo dice Agustín, solo la saciedad puede liberar tal pasión.

Se puede arribar entonces a unas claras conclusiones en este leve elucubración sobre la verdad, y de boca de Agustín, así:

En medio de la disertación de la verdad, cabe parafrasear una enseñanza de Osho en su texto "aquí y ahora" que proclama: hubo en tiempo en que la verdad estuvo viva, los teólogos la rodearon y la escribieron, para luego asesinarla.

Bibliografía

 

 

Autor:

Diego Andrés Martínez Rúa.

[1] La numeraci?n en las citas corresponde al texto en Word descargado de Scribd.