Tratamiento teológico investigativo sobre lo sagrado y profano un tema bíblico



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Lo sagrado y profano: son dos términos o espacios totalmente diferentes, el primero es una noción que permite a un grupo o una sociedad humana crear una separación sanchana, digna de veneración, respeto espiritual o moral entre diferentes elementos que los componen, la definen o los representan (objetos, actos, ideas, valores...); y el segundo es lo opuesto, es decir, que es irreverente, todo lo contrario y trata a lo sagrado sin el debido respeto y da un uso indigno de ello.. Originalmente, el término se utiliza en los grupos basados en la iniciación o la revelación para describir los elementos que los constituyen y fundamentan, así como todo aquello que está ligado a ellos (manifestaciones, organizaciones, etc.). Por ejemplo, en la mayoría de las religiones lo Sagrado designa todo lo que atañe a Dios, a sus manifestaciones en la tierra y al clero que organiza su culto. El término se utiliza a veces por extensión, eventualmente por no creyentes, para calificar valores que aparecen como esenciales para una civilización (ejemplo: El respeto de la propiedad es una cosa sagrada, etc. ).

Orígenes y definiciones

En el diccionario de la RAE Aristos encontramos lo siguiente:

"Lo sagrado: dedicado a Dios y al culto divino. Que es venerable por alguna relación con lo divino. Digno de veneración y respeto por lo que representa. Asilo (lugar de refugio). Cualquier recurso o lugar que ofrece seguridad contra un peligro."

"Lo profano: que no es sagrado ni sirve para usos sagrados. Irreverente, contrario al respeto que se debe a las cosas sagradas. Que carece de conocimientos y autoridad en una materia."

El término sagrado se deriva del latín sacer y se relaciona con la noción de separación o trascendencia, es decir, que designa toda trascendencia ontológica, que al ser venerada por los hombres centra la actividad de su culto religioso. Para el teólogo alemán Rudolf Otto lo sagrado se caracteriza por el sentimiento de espanto ante el mysterium tremendum que emana de un poder superior designando las experiencias relacionadas con esto con el nombre de lo numinoso.

Interesantes términos que están presente a lo largo de todos los estudios referidos a la problemática religiosa, pudiéndose encontrar una intensa y compleja relación que puede existir entre lo sagrado y lo profano.

Ernest Cassirer, conocido por sus estudios acerca de los mitos y los símbolos, consideró en su obra Filosofía de las formas simbólicas (1923-1929), que las más variadas formas simbólicas culturales son variaciones de la misma conciencia simbólica, de la capacidad que tiene el hombre que es un animal simbólico de construir símbolos que lo diferencian de los demás animales. Este estudioso afirmó que:

"[…], el hombre no sólo vive en una realidad más amplia sino, por decirlo así, en una nueva dimensión de la realidad y parte de ese universo es el lenguaje, el mito, el arte y la religión"."

Siendo aún muy joven viajó a la India, y se interesó por el estudio de las religiones y la filosofía. Académico reconocido en universidades de varios países, desarrolló su actividad intelectual centrándose fundamentalmente en el estudio de la historia de las religiones, estudió los símbolos y mitos y su significación social. De este autor ofrecemos fragmentos de su obra referida a sus criterios sobre lo sagrado y lo profano como conceptos fundamentales que deberán tenerse en cuenta por los interesados en el estudio de las diferentes manifestaciones religiosas. Además, explica el concepto de hierofanía que él mismo formuló y que es muy utilizado actualmente por los estudiosos de esta temática. En medio de tan debatido tema encontramos las reflexiones de Mircea Eliade quien introduce el término hierofanía para nombrar la manifestación de lo sagrado, lo cual constituye para él, la experiencia fundamental del horno religiosus.

Lo sagrado

El hombre de las sociedades arcaicas tiene tendencia a vivir lo más posible en lo sagrado o en la intimidad de .los objetos consagrados. Esta tendencia es comprensible: para los primitivos como para el hombre de todas las sociedades pre modernas, lo sagrado equivale a la potencia y, en definitiva, a la realidad por excelencia. Lo sagrado está saturado de ser. Potencia sagrada quiere decir a la vez realidad, perennidad y eficacia. La oposición sacro-profano se traduce a menudo como una oposición entre real e irreal o seudo-real, Entendámonos: no hay que esperar reencontrar en las lenguas arcaicas esta terminología filosófica: real, irreal, etc.; pero la cosa está ahí. Es, pues, natural que el hombre religioso desee profundamente ser, participar en la realidad, saturarse de poder. Esta noción se utiliza hoy en día de manera más general en otros contextos: una nación puede definir como sagrados los principios que la fundan; una sociedad puede definir como sagrados algunos de sus valores; etc. Los antropólogos contemporáneos dicen además que la noción de Sagrado es demasiado borrosa para ser utilizada en el estudio de las religiones, aunque sigan trabajando en ello. Los elementos de lo Sagrado se consideran generalmente como intocables: su manipulación, incluso con el pensamiento, debe obedecer unos rituales bien definidos. No respetar estas reglas, incluso actuar contra las mismas, se considera generalmente como un Pecado o crimen real o simbólico: es lo que llamamos Sacrilegio. El peor de los sacrilegios es la profanación, que se define como la introducción de elementos profanos en un recinto sagrado (real o simbólico). Nótese que la noción de Sagrado no se encuentra en todas las sociedades Para el hombre religioso el espacio no es homogéneo; presenta roturas, escisiones: hay porciones de espacio cualitativamente diferentes de las otras:

"No te acerques aquí -dice el Señor a Moisés-, quítate el calzado de tus pies; pues el lugar donde te encuentras es una tierra santa" (Éxodo 3.5)."

Hay, pues, un espacio sagrado y, por consiguiente, fuerte, significativo, y hay otros espacios no consagrados y, por consiguiente, sin estructura ni consistencia; en una palabra: amorfos. Más aún: para el hombre religioso esta ausencia de homogeneidad espacial se traduce en la experiencia de una oposición entre el espacio sagrado, el único que es real, que existe realmente, y 'todo el resto, la extensión informe que le rodea. Digamos acto seguido que la experiencia religiosa de la nohomogeneidad del espacio constituye una experiencia primordial, equiparable a mía fundación del mundo. No se trata de especulación teológica, sino de una experiencia religiosa primaria, anterior a toda reflexión sobre el mundo. Es la ruptura operada en el espacio lo que permite la constitución del mundo, pues es dicha ruptura lo que descubre el punto fijo, el eje central de toda orientación futura. Desde el momento en que lo sagrado se manifiesta en una hierofanía cualquiera no sólo se da una ruptura en la homogeneidad del espacio, sino también la revelación de una realidad absoluta, que se opone a la no realidad de la inmensa extensión circundante La manifestación de lo sagrado fundamenta ontológicamente el Mundo. En la extensión homogénea e infinita, donde no hay posibilidad de hallar demarcación alguna, en la que no se puede efectuar ninguna orientación, la hierofanía revela un punto fijo absoluto, un Centro. Se ve, pues, en qué medida el descubrimiento, es decir, la revelación del espacio sagrado, tiene un valor existencial para el hombre religioso: nada puede comenzar, hacerse, sin una orientación previa, y toda orientación implica la adquisición de un punto fijo. Por esta razón el hombre religioso se ha esforzado por establecerse en el Centro del Mundo. Para vivir en el Mundo hay que fundarlo, y ningún mundo puede nacer en el caos de la homogeneidad y de la relatividad del espacio profano. El descubrimiento o la proyección de un punto fijo -el Centro- equivale a la Creación del Mundo; [ ...].

Lo profano

Digamos de antemano que el mundo profano en su totalidad, el cosmos completamente desacralizado, es un descubrimiento reciente del espíritu humano. No es de nuestra incumbencia mostrar por qué procesos históricos y como consecuencia de qué modificaciones de comportamiento espiritual ha desacralizado el hombre moderno su mundo y asumido una existencia profana. Baste únicamente con dejar constancia aquí del hecho de que la desacralización caracteriza la experiencia total del hombre no religioso de las sociedades modernas; del hecho de que, por consiguiente, este último se resiente de una dificultad cada vez mayor para reencontrar las dimensiones existenciales del hombre religioso de las sociedades arcaicas. Para la experiencia profana, el espacio es homogéneo y neutro ninguna ruptura diferencia cualitativamente las diversas partes de su masa. El espacio geométrico puede ser señalado y delimitado en cualquier dirección posible, mas ninguna diferenciación cualitativa, ninguna orientación es dada por su propia estructura. Ciertamente, es preciso no confundir el concepto del espacio geométrico, homogéneo y neutro, con la experiencia del espacio profano, que se opone a la experiencia del espacio sagrado y que es la única que interesa a nuestro propósito. El concepto del espacio homogéneo y la historia de este concepto (pues ya lo había adquirido el pensamiento filosófico y científico desde la antigüedad) constituyen un problema muy distinto, que no abordamos. Lo que interesa a nuestra investigación es la experiencia del espacio tal corno la vive el hombre no religioso, el hombre que rechaza la sacralidad del Mundo, que asume únicamente una existencia profana, depurada de todo presupuesto religioso. Inmediatamente se impone añadir que una existencia profana de semejante índole jamás se encuentra en estado puro. Cualquiera .que sea el grado de desacralización del Mundo al que haya llegado, el hombre que opta por una vida profana no logra abolir del todo el comportamiento religioso. Habremos de ver que incluso la existencia más desacralizada sigue conservando vestigios de una valoración religiosa del mundo.

Comparando los dos espacios

De momento dejemos de lado este aspecto del problema y ciñámonos a comparar las dos experiencias en cuestión: la del espacio sagrado y la del espacio profano. Recuérdense las implicaciones de la primera: la revelación de un espacio sagrado permite obtener un punto fijo, orientarse en la honiogeneidad caótica, fundar el Mundo y vivir realmente. Por el, contrario, la experiencia profana mantiene la homogeneidad y, por consiguiente, la relatividad del espacio. Toda orientación verdadera desaparece, pues el punto fijo no goza ya de un estatuto ontológico único: aparece y desaparece según las necesidades cotidianas. A decir verdad, ya no hay Mundo, sino tan sólo fragmentos de un universo roto, la masa amorfa de una infinidad de lugares más o menos neutros en los que se mueve el hombre bajo el imperio de las obligaciones de toda existencia integrada en una sociedad industrial. Y, sin embargo, en esta experiencia del espacio profano siguen interviniendo valores que recuerdan más o menos la no homogeneidad que caracteriza la experiencia religiosa, del espacio. Subsisten lugares privilegiados, cualitativamente diferentes de los otros: el paisaje natal; el paraje de los primeros amores; una calle o un rincón de la primera ciudad extranjera visitada en la juventud. Todos estos lugares conservan; incluso para el hombre más declaradamente no religioso, una cualidad excepcional, única: son los lugares santos de su universo privado, tal como si este ser no religioso hubiera tenido la revelación de otra realidad distinta de la que participa en su existencia cotidiana.

La hierofanía

El hombre entra en conocimiento de lo sagrado porque se manifiesta, porque se muestra como algo diferente por completo de lo profano. Para denominar el acto de esa manifestación de lo sagrado […], se propone el término de hierofanía, que es cómodo, puesto que no implica ninguna precisión suplementaria: no expresa más que lo que está implícito en su contenido etimológico, es decir, que algo sagrado se nos muestra. Podría decirse que la historia de las religiones, de las más primitivas a las más elaboradas; está constituida por una acumulación de hierofanías, por las manifestaciones de las realidades sacras. De la hierofanía más elemental (por ejemplo, la manifestación de lo sagrado. en un objeto cualquiera, una piedra o un árbol) hasta la hierofanía suprema, que es, para un cristiano, la encarnación de Dios en Jesucristo, no existe solución de continuidad. Se trata siempre del mismo acto misterioso: la manifestación de algo completamente diferente, de una realidad que no pertenece a nuestro mundo, en objetos que forman parte integrante de nuestro mundo natural, profano. El occidental moderno experimenta cierto malestar ante ciertas formas de manifestación de lo sagrado: le cuesta trabajo aceptar que, para determinados seres humanos, lo sagrado pueda manifestarse en las piedras o en los árboles. Pues, como se verá enseguida, no se trata de la veneración de una piedra o de un árbol por sí mismos. La piedra sagrada, el árbol sagrado no son adorados en cuanto tales; lo son precisamente por el hecho de ser hierofanías, por el hecho de mostrar, algo que ya no es ni piedra ni árbol, sino lo sagrado. Nunca se insistirá lo bastante sobre la paradoja que constituye toda hierofanía, incluso la más elemental. Al manifestarse lo sagrado, un objeto cualquiera se convierte en otra cosa sin dejar de ser él mismo, pues continúa participando del medio cósmico circundante. Una piedra sagrada sigue siendo una piedra; aparentemente (con más exactitud: desde el punto de vista profano) nada la distingue de las demás piedras. Para quienes aquella .piedra se revela como sagrada, su realidad inmediata se transmuta, por el contrario, en realidad sobrenatural. En otros términos: para aquellos que tienen una experiencia religiosa, la naturaleza en su totalidad es susceptible de revelarse como sacralidad cósmica. El Cosmos en su totalidad puede convertirse en una hierofanía.

Bibliografías

 

 

 

 

Autor:

Lic:. Jorge Vladimir Rodríguez Rodríguez.

Metd.Inspec.Estadística mcpio Gibara.