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Amar y ser amado es una posibilidad concreta



La educación que no se enseña en la universidad: la educación para la vida. Gran tema específico: la afectividad humana y el arte de amar y ser amado

¡Amar y ser amado! He aquí el sueño más maravilloso que el ser humano guarda en el rincón más íntimo de su corazón. Algunos millares de privilegiados consiguen llegar hasta allá, pero millones y millones de hombres y mujeres, solteros, casados, viudos, separados o divorciados, sienten aquel ideal como inalcanzable, como el gran premio de la lotería, y el miedo que esta situación provoca, alimenta numerosas fuentes de negativismo y de dolor: las guerras, el hambre, las injusticias sociales nacen de desajustes individuales de millones de personas, originados en gran parte por problemas relacionados con carencias afectivas.

La afectividad humana no es pues, un tema académico de salón o de pequeños círculos intelectuales. Ella es un gran tema, tal vez el Gran Tema, cuyo correcto desarrollo podrá brindar más alegría y satisfacción auténticas a los seres humanos, que casi cualquier otra cosa. En efecto, la salud, el suceso y la prosperidad, por ejemplo, son asuntos de la mayor importancia para muchas personas, pero parecen vacíos si no están acompañados de la maravillosa vibración que surge del Amor, considerando como tal aquel que brota espontáneamente entre un hombre y una mujer. Tal vez apenas exista un nivel más profundo de felicidad: aquel percibido por personas con gran desarrollo espiritual y para las cuales la palabra Amor tiene un sentido más profundo, ya que él significa la fusión con Dios, con la Unidad, con el Océano Cósmico.

Pero, antes de conocer, sentir y vivenciar el Amor Divino, necesitamos experimentar el amor terreno, el amor humano, la maravillosa vibración que hace unir con un sello irrompible, el corazón de un hombre y el corazón de una mujer. Este sello irrompible, protege un flujo espléndido de doble mano, envolviendo cálidos efluvios de un corazón para el otro. Se trata de una sencilla pero fulgurante experiencia: amar y ser amado. En el plano humano, a nivel emocional, no existe nada más fascinante.

Millares de libros han sido escritos a propósito del amor y no es intención de éste hacer un resumen de los mismos. Por el contrario, se procura en él abrir nuevas perspectivas a través de un análisis relativamente simple, enfocando básicamente aplicaciones prácticas en el mundo concreto, real y no meras especulaciones filosóficas o interpretaciones psicológicas tan comunes hoy en día.

Antes de cualquier otra cosa, deseamos decirle, con toda convicción, que si usted está entre los millones de personas que hoy son infelices en el amor, encontrará en estas monografías una valiosa ayuda para superar sus dificultades. A través de él usted percibirá, con toda certeza, el sendero cierto que lo llevará a la meta deseada: el amor en toda su plenitud, a amar y ser amado, a realizarse afectivamente.

Es claro que usted deberá ser un participante activo en este proceso, el cual implicará en un gradual cambio interno. No hay forma de producir cambios estables a corto plazo en la mente y en el corazón humanos, acostumbrados a hábitos arraigados durante muchos años. Es necesario trabajar pacientemente durante cierto tiempo para alcanzar la Felicidad. No confíe en los falsos profetas que le ofrecen el Paraíso a través de la digitación de un computador o de algún método más o menos mágico. Esto no funciona. Confíe en sus propias fuerzas, en una buena orientación y en el amor que el Ser Supremo insufla en la Naturaleza y por tanto en nosotros, sus hijos privilegiados, los seres humanos.

Amar y ser amado es una posibilidad concreta que todo ser humano tiene; fuimos creados para que gozásemos de esa maravilla, pero Él también nos dio el libre albedrío, la elección como excitante ejercicio de nuestra voluntad, de nuestra libertad. El ser humano tiene, pues, la alternativa de escoger entre el Bien y el Mal, entre lo cierto y lo errado. De esta forma, adquiriremos experiencia, ganaremos discernimiento. Si elegimos errado, no podremos conocer la Felicidad, no podremos llegar a jugar el maravilloso juego de amar y ser amado; y el precio será el sufrimiento, el desánimo y el dolor.

Si el ser humano encamina sus pasos por la senda errada, se revolcará en la ambición, en el egoísmo, en los celos, en la envidia y hasta en el odio, apartándose de esta manera del padrón cósmico. ¿Cómo amar y ser amado en esta confusión? Sólo existe una posibilidad: reconocer sinceramente el error, el desvío, y pedir auxilio antes de hundirse definitivamente en el pantano.

Estas monografías son, pues, básicamente, un auxilio, un socorro, una ayuda para quien quiera mudar de vida, en la procura de la centella cósmica que se esconde en su propio interior. Cambiar de la infelicidad para la felicidad, de la tristeza para la alegría, de la soledad para el amor, no es tan difícil como muchos imaginan, simplemente, porque la potencialidad de la gloria divina está dentro de nosotros. Apenas debemos despertar, y el objetivo principal d este trabajo, es como eso podrá ser realizado.

Existe una fuerza poderosa que milita contra la realización del ser humano en cualquier campo: es la comprobación de la existencia de injusticias evidentes. ¿De qué vale, entonces, ser bueno, amoroso, sincero y honesto, sí la ruindad, deshonestidad y brutalidad parecen ser mejor recompensadas? Estos pensamientos, muy comunes en el área de los negocios se han extendido a otras áreas, entre ellas la de la afectividad.

Por ejemplo, muchas mujeres al saber de los ardides y de las insinceridades de otras, para conquistar un hombre o defraudadas por la conducta aprovechadora y egoísta de algunos de ellos, acaban llevando una vida ruin, envenenadas por quejas, sentimientos heridos y envidia. Así se auto-convencen de que el mundo es ruin, maligno e injusto y que ellas son victimas propiciatorias, marionetas humanas, hojas arrastradas por el viento. Pero, en verdad, lo que acontece es que están espiritualmente ciegas y hasta que no despierten para la luz, permanecerán en su lecho de angustias y sufrimientos.

En efecto, las injusticias que existen en el mundo son, realmente injusticias aparentes. En verdad, en el fondo, ellas son producidas no por el azar y si por el funcionamiento de las leyes cósmicas, como compensación por actitudes, sentimientos y pensamientos que se desarrollan en nuestro interior y después, de alguna forma son lanzados para el exterior, contaminando el medio ambiente. Si en la mente de millones de personas, se alojan el miedo, los celos, el odio, la codicia, el resentimiento, la rabia y los deseos de venganza. ¿Cómo esperar que el amor sonría para ellas, que la salud sonroje sus mejillas, que la armonía las bendiga y que la alegría las impregne?

Por favor, es necesario grabar esto con letras de fuego: no es suficiente con abstenerse de crear pensamientos y sentimientos negativos; también será necesario no incorporar inadvertidamente aquellos fabricados por los otros. Para esto es imprescindible desarrollar auto-protección y la mejor forma de hacerlo – a pesar de todas las dudas que puedan existir – es llenar nuestros corazones de sentimientos positivos y amorosos, constituyéndonos así en un deslumbrante foco de luz y esperanza para todos los que nos rodean.

Actuando de esta forma, la irradiación de bellísimos sentimientos que surgirá de nuestro interior, será un maravilloso manto protector que nos resguardará para siempre del Mal, porque este manto tiene como base el Amor y por lo tanto, está ligado a elevadas energías divinas. El materialista hombre del siglo XXI no sabe, pero esas energías divinas existen, siendo almacenadas en depósitos gigantescos por seres excelsos, que en Occidente son conocidos como Ángeles o Arcángeles y en el Oriente como Nirmanakayas.

Estas energías sólo pueden ser movilizadas por el ser humano, a través del Amor en sus múltiples formas. Todo acto de Amor espontáneo, genuino, auténtico, tiene la virtud de armonizarse con aquellas energías poderosísimas, encaminando cada vez más a la persona que lo practica, para las luminosas avenidas de la paz interior, de la felicidad y del amor correspondido.

Todos estamos acostumbrados a considerar la vida humana y, en particular, la correspondiente a nuestro vertiginoso siglo, como una cosa bien negativa, teñida de intereses, odios, explotación y mucho sufrimiento. Pensamos que esto es la Realidad, mas es sólo la "realidad", o sea, una cara de la moneda. Para que la moneda sea perfecta, es necesaria que sea equilibrada, con sus dos caras igualmente pesadas.

La otra cara, la faz oculta de la vida, es la que posibilita la supervivencia del ser humano; es la cara positiva, repleta de amor. Concordamos con el hecho de que las personas positivas son – actualmente – muchas menos que las negativas; pero su fuerza es bien mayor. Gracias a aquellas, la Humanidad aún subsiste. Cada mil personas, tal vez unas pocas sean esas fuentes irradiantes de paz y de amor, de luz y esperanza, pero su fulgor es suficiente para mantener la evolución de la especie en sus niveles actuales.

Las personas que viven para el bien, para el Amor, para lo positivo y lo constructivo, no hacen publicidad de eso en la calle; por lo tanto, muchas veces no son fácilmente reconocidas. Ellas colocan su donación amorosa en la corriente de la vida, beneficiando a todos los que beban de ella, sin distinción de parentesco, raza, color, edad o sexo.

Existe un principio básico, una Ley Universal, una regla cósmica(*) que dice: "Se debe dar antes de recibir". Acontece que en nuestra moderna sociedad hemos sido educados de la forma inversa: se pretende – a través de una exagerada publicidad consumista – que el recibir debe ser anterior al dar. Esto puede funcionar en un nivel restricto y durante algún tiempo, pero, inclusive en el campo más material posible, el económico, más temprano o más tarde, esta deformación estalla. La vieja Europa, es un sangrante ejemplo de esto, con sus fantásticas deudas.

Pero, en el plano superior, en el plano espiritual, la moderna deformación no funciona; allí sólo es válida la ley cósmica de "dar antes de recibir". Hablando concretamente: si una persona no da, si no irradia sentimientos de amor, armonía, alegría y paz para los otros, no podrá recibir aquellas maravillosas vivencias; si no emite luz, sólo podrá recoger tinieblas; si no está impregnada de fe y esperanza, sólo recogerá desánimo y desesperación. "Cosecharás lo que sembraste", dijo el Maestro, y no existe Ley más profunda e inexorable que esta.

Por lo tanto, aquel que tiene como preocupación básica: "amar y ser amado", debe comenzar por saber qué es lo que siembra todos los días en los palacios de su mente y en los jardines de su corazón. Si hasta ahora esa persona – tal vez usted – no examinó las semillas que son colocadas allí, llegó el momento de hacerlo, porque probablemente junto con algunas semillas buenas, habrá introducido un gran número de semillas ruines, de malezas, que ahogarán todo aquello de bueno que estaba queriendo desarrollar y que acabarán matando las frágiles plántulas del Amor, antes que consigan florecer.

El "dar antes de recibir" asume ahora un sentido concreto. Es necesario vigilar estrechamente nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes, eliminando de ellos todo lo negativo: erradicando el odio, los celos, la envidia, la angustia, la rabia y la ansiedad. Haciendo esto, limpiamos, purificamos nuestros canales internos, permitiendo que transiten por ellos, aquellos sentimientos superiores como el amor y la armonía, los que finalmente serán irradiados para el exterior como ondas magnéticas. Ahí es que comienza el proceso de renovación: si estamos "dando", si estamos sembrando en el jardín de nuestra alma, los frutos llegarán en el momento oportuno, en el momento en que la Naturaleza entienda conveniente.

Y ese fruto impar se llama "amar y ser amado". ¿No es maravilloso?

¿Quién no conoce o por lo menos oyó hablar de alguna persona que sólo con su mirada ya transmite calma y paz? ¿U otra, cuya presencia contagia de alegría a los presentes? ¿O una tercera, cuya fuerza interior es tan evidente que alienta rápidamente a los otros para emprender determinada acción? Esas personas ya tienen establecido un circuito energético dentro de ellas: es necesario apenas proporcionar el combustible (paz, alegría, entusiasmo) para que los otros sientan estar recibiendo algo; así sucediendo son compelidos interiormente a devolver aquello que recibieron. Y todos salen ganando con ese intercambio fascinante.

Estamos invitándolo para incorporarse a través de estas monografías en el equipo del Bien, de lo constructivo, de lo positivo, en el equipo del Amor, en todos sus planos, niveles y dimensiones. Hablaremos básicamente del amor humano, concreto, terreno, del amor hombre-mujer, del amor que lleva dos personas a vivir juntas, enfrentando las alegrías y las tristezas de la vida real. Pero no perderemos de vista al Amor Divino, porque Él es el sustento, la fuente que lo alimenta. Sin este Manantial Supremo, el hombre ya se habría destruido, dejando de existir sobre la faz de la Tierra, y a su abundante suministro deberemos dirigirnos una y otra vez, cuando nuestras limitadas energías humanas estuvieren agotándose.

Algunas personas insisten en procurar su realización afectiva, entre otras, a través de prácticas negativas, tales como: hechicería y cosas de este tipo. Esto sólo puede suceder con mentes invadidas por el miedo, por la ignorancia y por el egoísmo. Nada existe más lejos de la auténtica felicidad, del genuino amor, de la espontánea afectividad, de la maravillosa meta de amar y ser amado que pedir ayuda a los tristes personajes de las tinieblas. En efecto, el ser humano recibió de Dios el privilegio de libre elección, del libre albedrío y nadie deberá tentar sacar de él tan maravillosa prerrogativa.

Quien se atreva violar esta Ley, quien pretenda, a través de procedimientos ilícitos, dominar y esclavizar el corazón ajeno, tendrá no por obra de un dios de venganza y sí por la ley cósmica impersonal de Causa y Efecto, la compensación correspondiente – más temprano o más tarde – y ella no podrá ser sino penosamente negativa.

¿Por qué tentar usar esos recursos peligrosos que terminan por derrumbar, a veces, definitivamente, a quien porfía en usarlos, cuando la Energía Cósmica está fluyendo constantemente dentro de nosotros a cada segundo que pasa? Tal vez porque en el mundo moderno el hombre está siendo empujado por la velocidad, por la urgencia, porque desea una victoria inmediata, como quien consigue hablar en una fracción de segundo con alguien que está a millares de kilómetros.

Pero la Felicidad, la meta suprema de amar y ser amado, no puede ser obtenida de esa manera. Ella requiere un proceso interior, una evolución, un aprendizaje. Es exactamente eso: si no nacemos con ese conocimiento, debemos aprender a ser felices, a amar y ser amados. Y para aprender necesitamos de un instructor, de un programa, de tiempo.

Si usted cree que ya sabe el camino para ser feliz, para amar y ser amado, o no desea utilizar un poco de su tiempo para llegar hasta allá, todo bien. La vida es suya, usted es quien sabe. En este caso, sinceramente, gustaríamos de sugerirle que pase este material para otra persona que pueda utilizarlo integralmente.

Pero si usted se encuentra medio perdido en su vida afectiva o aún si usted es razonablemente feliz, pero desea crecer personalmente, aumentando la riqueza de sus relaciones afectivas, este libro puede ser de mucha utilidad. En particular, si usted desea casarse (no por las implicaciones sociales y sí por un fuerte deseo de complementarse con otra persona en el área emocional) o mejorar una relación problemática, encontrará en los diferentes capítulos del Curso un número suficiente de conceptos y sugerencias como para, después del correspondiente esfuerzo, llegar a la meta soñada: amar y ser amado con plenitud.

Llamamos una vez más su atención para el hecho de que en términos de vida humana, de evolución emocional y espiritual, de progreso, de la marcha en dirección a la luz, no existe lo que podemos llamar de almuerzo gratis o de botones mágicos. Todo es conquistado por el esfuerzo del ser humano, sólo que muchos esfuerzos quedan perdidos porque ellos carecen de un plan, de un orden, de una organización.

Si usted quiere amar y ser amado, precisa desarrollar esfuerzos en dirección a esa meta. Tal vez usted haya luchado hasta demás en la procura de su objetivo y fracasado o triunfado apenas parcialmente. Permítanos, entonces, presentarle Curso, que es un plan organizado para llegar hasta sus sueños. Si usted persevera en su aplicación, venciendo la peligrosa tendencia a la pereza que existe dentro de los seres humanos, podrá dentro de poco tiempo llegar a la victoria, y con el corazón desbordante de amor, irradiar su felicidad para el mundo exterior, transformándose así en un mensajero de luz.

Una advertencia importante debe ser colocada al lector, en relación al significado de las expresiones tales como Dios, Ser Supremo, Océano Cósmico, etc. En el contexto de este Curso esas palabras significan el Creador, el Ser del cual ha nacido el Universo. Ese Creador es omnipotente, siendo que una chispa de El existe en cada ser humano, sólo que, generalmente, demasiado oculta para ser percibida.

Este Dios no es el Dios de los católicos o de los protestantes, de los judíos o de los musulmanes, ni de ningún otro pueblo, y sí de todos ellos juntos. No importa cual es la religión que usted profesa o no profesa; el verdadero concepto de Dios es el mismo. El no depende de lo que puedan decir los llamados libros sagrados, pues Su Existencia es anterior a todo y no será por un punto de vista humano que deberá llamarse Ra, Jehová, Alá o Brahma. Esos con apenas nombres que ciertos pueblos eligieron para designarlo. El verdadero Dios se eleva encima de todos ellos.

En otras palabras: cualquier concepto que usted tenga de Dios – siempre que lo considere como un Ser de amor, bondad y armonía - así como cualquier nombre que usted le dé (o ninguno) no tendrá diferencia en la esencia de nuestro análisis. Ahora bien, si usted no sólo no profesa ninguna religión, como también niega la existencia de Dios en un sentido amplio, podrá, así mismo, aprovechar buena parte de este libro, aunque no integralmente.

La importancia del Ser Supremo en la problemática del Curso reside básicamente en que Él es la Fuente de elevadas energías positivas, siendo que la principal faja de éstas corresponde al Amor. Precisamente la armonización con aquel manantial, es la llave para obtener suceso afectivo, pues las vibraciones más lentas del haz armonioso que exhala del Océano Cósmico, son las que el ser humano capta, absorbe, vivencia e irradia como amor usualmente entendido, o sea, el afecto profundo entre hombre y mujer.

Como su principal objetivo es amar y ser amado, tendrá que entrar en contacto con estas maravillosas energías. Así haciendo, su afectividad brotará libre y espontáneamente, "como los pájaros del Cielo en las florestas del Señor".

 

 

Autor:

Prof. José A. Bonilla

(Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina , Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil)