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¿El amor es un arte? ¿Cuáles son sus secretos básicos?



EL ARTE DE AMAR Y SER AMADO

El amor es un don divino

Esta monografía tiene como intención básica, auxiliar a las personas que están con problemas afectivos, mostrándoles un camino para la solución de los mismos. La naturaleza de éstos problemas, involucran una serie de factores comunes influyendo en estos desajustes, pero las dosis de los mismos es muy variada, de modo que al final, prácticamente cada caso es un caso. Precisamente esta monografía fue elaborada pensando en numerosas situaciones posibles, siendo aplicable – por lo menos – para las siguientes clases de personas:

Como se puede percibir, prácticamente todo el mundo está incluido en estas categorías, inclusive USTED. Déjenos decirle – confidencialmente – que el Amor es un fruto magnífico que está a su espera ¡pero usted deberá prepararse para encontrarlo! Y así haciéndolo, deleitarse con su sabor, aroma y textura inigualables.

El amor es un fruto espiritual que crece en el jardín Divino y es manifestado al hombre en diversos niveles. El nivel que estamos analizando, el nivel en el cual estamos ahora interesados es el nivel de amor: hombre-mujer. Ese nivel está impregnado de dulces hechizos, de suaves arrullos, de excitantes promesas, de bellísimas auroras y perfumadas flores. El amor hombre-mujer es una dádiva divina; quien lo siente en toda su plenitud, percibe claramente que su fuente está mas allá de nuestro limitado cuerpo; está en los dominios del Señor.

El Creador nos hizo hombre y mujer, "y vio que esto era bueno", según dicen los libros sagrados. O sea, Él bendijo en su acto creativo, toda unión genuina, auténtica, surgida del fondo de dos corazones hermanados por la gracia del amor. Y esa unión genuina implica en todo lo que es bueno: cariño, ternura, protección, compañerismo, armonía, satisfacción sexual. Esta unión genuina, representa a nivel humano, terreno, físico, el Amor Divino de altísima frecuencia vibratoria. O sea, la unión amorosa entre un hombre y una mujer es algo así como la embajadora del Ser Supremo, representando el mundo divino en este mundo material.

Nada de más alto existe en él. Para superarlo, tendremos que pasar para el mundo espiritual, donde el amor es impersonal. Pero éste nunca podrá ser desarrollado, si no experimentamos primero el paso previo: el maravilloso acontecimiento del amor hombre-mujer. No hay atajos o cortadas en el camino de la evolución: el ascetismo se vuelve tan negativo – por lo menos para nosotros, occidentales – como el culto exclusivo de los sentidos.

El amor hombre-mujer es un punto de equilibrio entre dos aspectos de la dualidad humana: el cuerpo y el alma, el espíritu y la materia, la acción y la comprensión, Yang y Yin. Beba, pues, del sagrado manantial del Amor, y agradezca al Ser Supremo por todas las maravillosas bendiciones y privilegios que ha recibido, que recibe y que recibirá.

La capacidad de amar

En esta monografía, el asunto fundamental a ser abordado se refiere a una definición de propósitos, o sea ¿qué queremos? desde el punto de vista afectivo. En numerosas monografías futuras,, será discutido como vamos a obtener lo que deseamos.

En verdad, ya sabemos que es lo que queremos. Es amar y ser amados, y no otra cosa. Pero el verbo amar es muy rico; él puede tener varios significados y es necesario, antes de pasar a un programa completo de acción, discutir varios asuntos relativos con esa palabra tan compleja.

El primer aspecto a considerar es el propio título de la monografía: ¿Amar es realmente un arte o es una actividad espontánea que acontece cuando y como ella quiere? ¿Podemos hacer alguna cosa para desarrollar el amor, la capacidad de amar, o debemos sentarnos a esperar que él nos ilumine con la gracia de una sonrisa?

Parece que la respuesta popular se inclinaría por ver el amor como un estado y no como un proceso. En ese caso sería una gracia y no podría ser alcanzado a través de esfuerzo propio. De ahí la ansiedad y la desesperación que la falta de amor lleva a muchas personas, no tanto por la carencia afectiva que están sufriendo en ese momento y sí por la indicación definitiva de que no fueron (ni serán) bendecidas por aquella gracia divina.

La confusión ocurre en este punto, porque las personas se preocupan especialmente en ser amadas y no en desenvolver su capacidad de amar; ellas piensan que amar es simple, que lo difícil es encontrar el compañero cierto. Hombres y mujeres se esfuerzan por ser agradables; los hombres en particular procuran mostrar poder de seducción y capacidad de ganar dinero; las mujeres pretenden deslumbrar con sus atributos físicos, adornados con ropas atractivas y resaltados son insinuantes cosméticos.

Es claro que el amor no puede ser inventado, creado artificialmente o extraído de cualquier esfuerzo de raciocinio. Él nace espontáneamente, por connubio de fuerzas y energías atractivas, por contacto de polos opuestos, por fusión de dos mundos en uno, pero debe ser protegido para que su crecimiento y desarrollo sea pleno y vigoroso. Y esto supone aprendizaje; algunos pocos pueden tener ese aprendizaje de forma natural, a través de su orientación interna. Ellos están a camino de transformarse en Maestros de Vida.

Sin embargo, la inmensa mayoría debe aprender gradualmente, con dificultades y sufrimientos, con altos y bajos. El amor se enseña básicamente con el ejemplo. Sin embargo, cuando es necesario llegar a millones de personas que viven en localidades bien distantes unas de las otras, es necesario utilizar una medio de comunicación de masas; de ahí es que surgió este Curso.

El autor no se considera un Maestro de Vida, apenas un observador minucioso de la misma, que gusta mucho de reflexionar sobre los distintos ángulos de las cosas, sobre todo aquellos diferentes del ángulo oficial, casi unánimemente el único reconocido. En ese sentido, esperamos que las ideas, sugerencias y propuestas aquí expuestas lo ayuden a transformar su vida amorosa en un gran suceso.

Fromm(*) dice: "Amar es un arte, así como vivir es un arte. Pero para dominar un arte, no debe haber nada más importante que él". Justamente ahí es que se genera el gran drama de nuestra sociedad. Casi todo es considerado más importante que el amor: el "status", el poder, el suceso, la fama, el prestigio y sobre todo el dinero. Todas las energías disponibles son derrochadas para alcanzar aquellos ídolos de oro; ellos son objetivos predilectos; para el amor queda lo restante, los residuos del festín. ¿Podemos estar – en este contexto – sorprendidos con el triste cuadro de carencias afectivas que hoy retrata fielmente nuestra sociedad tecnológica y consumista, emocional y espiritualmente empobrecida?

Pero, tenemos el vislumbre de que usted, lector, es diferente, que usted quiere realizarse afectivamente, que usted quiere expandir el amor en cálidos rayos por todo su medio ambiente; que usted desea no sólo tener un compañero (o compañera) con el cual intercambiar y fusionar plenamente sus individualidades y sí que percibe el amor como una fuerza mágica que derrama sobre su vida la alegría jubilosa de darse. En resumen, lo que usted quiere es desarrollar su capacidad de amar.

Y es ese, precisamente, el punto básico: si usted quiere alcanzar el sueño dorado de amar y ser amado, no debe preocuparse en cómo o qué hacer, para ser amado. Su única preocupación debe ser desarrollar su capacidad de amar. Siendo capaz de amar, por la Ley Cósmica de Causa y Efecto, será amado.

Amor falso y amor genuino

El ansia de fusión interpersonal, de intercambio profundo, de verdadera convivencia (que significa vivir con) es el deseo más potente del ser humano. Este deseo, esta necesidad imperiosa del corazón, es amor.

Pero la palabra amor fue muy distorsionada y sus significados son, muchas veces, dudosos. Se podría hablar, en principio, de amor genuino y amor falso. En éste, existe una dependencia psicológica entre las personas consideradas, de modo que uno de los miembros de la pareja (generalmente el hombre), asume la forma activa, dominadora, sádica, en cuanto que el otro (generalmente la mujer), asume la forma pasiva, sumisa, masoquista.

Es el clásico par del rey y la sirvienta, modelo "normal" hasta hace unos 30 ó 40 años atrás y que aún se mantiene en muchas parejas hoy en día. La persona sumisa intenta escapar de la separatividad, a través de un proceso de parasitismo, insertándose en la vida del otro como una planta trepadora. Ya el dominador pretende escapar de la soledad "tragando" o devorando el compañero. Así los dos se completan negativamente, no habiendo crecimiento ni desarrollo de la capacidad amorosa

Hay apenas explorador y explorado, humillador y humillado, verdugo y victima, jefe autoritario y subalterno abyecto. Hay yuxtaposición pero nunca integración. Esto es un amor falso, un pseudo amor, independiente de las máscaras con las que se pueda presentar en la vida exterior, visible.

El amor genuino tiene otra estructura. En él las dos personas se unen para formar una nueva unidad, pero las dos conservan su propia individualidad, su carácter, su personalidad. El relacionamiento mutuo funciona como una maravillosa escalera de enriquecimiento, de crecimiento, de desarrollo de la capacidad de amar.

Fromm(*) presenta cinco características fundamentales que definen el amor genuino, llamado por él de amor maduro.

La capacidad de "dar" muestra el ser humano en toda su potencia y vitalidad. La donación de bienes espirituales (serenidad, dedicación, ternura, simpatía, buena voluntad, etc.) indica riqueza interior, y el amor genuino precisa de ésta como suprema fuente alimentadora. Por eso estimulamos a los lectores en capítulos anteriores a transformarse en focos irradiantes de Luz, ya que así haciendo se habrán constituido en deslumbrantes donadores que colocarán en la corriente de la vida sus pensamientos, sentimientos y actitudes más armoniosos.

Y por la sagrada ley cósmica de Causa y Efecto, a su "dar" corresponderá un "recibir". Por lo tanto, no se preocupe con "ser amado". Esto acontecerá natural – y maravillosamente – cuando sepa amar, cuando sepa "dar" amor.

Responsabilidad significa la capacidad y el hecho concreto de dar respuesta satisfactoria a las necesidades del compañero. Por ejemplo, sí uno de los miembros de la pareja siente la necesidad de tener una demostración de cariño, el otro debe asumir la responsabilidad de atenderla y satisfacerla.

Es claro que esto no significa omisión. Tenemos el derecho y el deber de estimular el compañero por las luminosas sendas de lo hermoso, lo positivo, lo armónico y lo constructivo. Pero no le podemos obligar a que adopte ciertos modelos, modos o ritmos que a nosotros nos parecen adecuados. Para poder respetar al otro, es necesario que nos respetemos a nosotros mismos, para lo cual primero tenemos que haber alcanzado – aunque sea parcialmente – nuestra propia autonomía.

Esto significa que, para llegar a satisfacer nuestros objetivos, no precisamos explotar, dominar y maniatar a los demás; entonces sabremos que de nuestra fuente interior surge la flamante energía que nos eleva, haciéndonos obtener maravillosas victorias y extraordinarios sucesos, inclusive – y sobre todo – en el fascinante campo de la vida amorosa.

En el sentido que damos a la palabra conocimiento, ella significa la capacidad de evadirnos de nuestras propias preocupaciones para ver al otro en los términos y medidas de él mismo. Sería algo así como colocarse en el lugar, en la "piel" del compañero. Esto es lo que místicamente se llama de "asunción", o sea, asumir la personalidad ajena.

Así, si el compañero estuviese con rabia o resentimiento, el "conocimiento" implica en atravesar esta capa exterior y llegar a las motivaciones y a los sentimientos más profundos. Probablemente esta exteriorización de resentimiento, esconde una sensación de impotencia, de humillación, de fracaso. Así, a través del "conocimiento" puede comprenderse que aquel sentimiento negativo es una cosa secundaria, una máscara, y que lo que en el fondo existe es una penosa sensación de dolor y sufrimiento.

El único camino pleno y completo que existe para "conocer al otro" es amarlo. El acto de amor, dice Fromm(*): "transciende el pensamiento, transciende las palabras. Es una zambullida osada en la experiencia de la unión". Y agrega: "el amor es conocimiento a través de la unión. Al darse, al penetrar en el otro, el hombre se descubre a sí mismo, al otro, al Ser Humano".

Se conjuga entonces una relación complementaria: el ser humano sólo puede conocer realmente a su compañero a través del amor, y el conocimiento que por esta vía obtiene, le permite profundizar este amor. Se genera así un circuito de crecimiento y enriquecimiento afectivo y vital, que es la meta luminosa para todo ser humano de mente y corazón sanos, Se generan así los cimientos básicos que posibilitan la construcción del maravilloso palacio llamado "amar y ser amado".

Se genera así el perfume delicioso que se expande por los corazones, saturado por la paz infinita que a nivel terreno, humano, solamente puede proporcionar el amor plenamente correspondido.

La mejor imagen que se puede presentar del amor genuino, es compararlo a una lámpara incandescente. Sólo cuando los dos polos opuestos de la electricidad entran en contacto es que la chispa salta y se produce el fulgurante fenómeno de la iluminación. Un polo es el hombre, el otro la mujer. Esto está en la naturaleza de las cosas. Hay una centella mágica en esta unión de opuestos (otra vez los opuestos complementarios). Parece que lo incompleto se completa, que las tinieblas se impregnan de luz, que el cielo se incendia de estrellas.

El poeta musulmán Rumi, nos dice esto con palabras muy bellas:

El coraje de amar

Otra confusión muy común entre las personas, es imaginar que el amor es básicamente sólo una relación con una persona determinada, el compañero (o compañera). En ese contexto, dos personas "se amarían" a través de la construcción de un baluarte, de una fortaleza, de un muro contra el mundo. Se trataría, sin embargo, de un pseudo-amor, de un egoísmo duplicado en papel carbónico. El amor es una actitud interna específica de la persona, frente al mundo, pero no una actitud cualquiera. La capacidad de amar no puede ser fraccionada: si la desarrollamos a un grado razonable, entonces amaremos las personas, la Vida, la Naturaleza y no apenas a un hombre o a una mujer.

Queremos decir con esto, que el amor genuino se manifiesta en una actitud centrada en la Vida, basada en el instinto de Vida, alimentada por la corriente de la Vida. El amor genuino se manifiesta a través de un sentimiento de paz y alegría, de armonía y de optimismo, a pesar de que algunas circunstancias concretas parezcan difíciles, complicadas o contrarias a nuestros deseos.

Dice Fromm: "Si verdaderamente amo a alguien, entonces amo a todos, amo al mundo, amo a la Vida". Es por eso que cuando un sentimiento de amor auténtico surge entre dos personas, la percepción de ellos se modifica y todos aquellos sentimientos profundos que estaban encerrados dentro de sus corazones son liberados, expandiéndose por el medio ambiente, haciendo sentir a la pareja enamorada que se encuentran en el paraíso.

En resumen, la capacidad genuina de amar, se manifiesta en una única cosa: amar a la Vida. Solo quien ama a la Vida, podrá amar a una persona de carne y hueso; este es el amor erótico, el amor hombre-mujer. Él, por su propia naturaleza es exclusivista, apenas en el sentido de que desea fundirse con una única persona, pero su irradiación ilumina a todos los que lo rodean. Quien es egoísta, celoso, resentido y envidioso, es incapaz de amar. Quien es pacífico, impregnado de armonía, optimista, altruista y constructivo, está saturado de la maravillosa capacidad de amar, que él dirigirá concentradamente en dirección a la persona escogida.

Pero en la sociedad moderna ese amor a la vida, está trabado por innúmeras dificultades, contaminado por desaguaderos tóxicos, bloqueado por imposiciones y represiones. Por esto la capacidad de amar está tan empobrecida, llevando a muchas personas a cerrarse en una coraza doble, donde entran apenas dos individuos, pero esto no los ayuda a acercarse a la senda de la felicidad.

En este capítulo, se ofrecen elementos que ayudarán a crear o desarrollar la capacidad de amar, a través de la cual el lector interesado, podrá alcanzar las maravillosas playas del amor genuino, y el amor genuino sólo podrá crecer en un ambiente pleno de luz, de sentimientos nobles, de elevada espiritualidad.

Por lo tanto, la tarea a ser ejecutada no es apenas aprender a conquistar o a retener alguien del sexo opuesto y sí ella tiene que ver con el desarrollo interior, con la capacidad de amar, con el poder de irradiar cosas buenas en el medio ambiente, con la aptitud para hacer de este mundo un lugar un poco mejor.

Para amar (y por lo tanto ser amado), es necesario coraje. Se puede entender por coraje, la capacidad de correr riesgos, cuando el objetivo los justifica. Y amar (y ser amado) es un objetivo que justifica plenamente aquellos riesgos.

La moderna psicología nos enseña que en este punto se debe ser muy cuidadoso para evitar sacar conclusiones erróneas. Por ejemplo, cierto número de personas tienen miedo de no ser amadas y por este motivo se justifican con pretexto: edad, pobreza, fealdad, falta de suerte, destino, etc. Pero, en la realidad, el problema – como siempre – está dentro y no fuera. Esas personas lo que tienen es miedo de amar pues les falta el coraje indispensable.

En efecto, amar es un acto de entrega, por el cual quien ama se dona completamente, en la esperanza de que ese amor sentido sea devuelto con amor por la persona amada. Pero este acto carece de garantías, por lo menos de garantías plenas o absolutas. Podemos elegir criteriosamente el compañero y con esto podemos reducir el riesgo del fracaso, pero nunca podremos eliminar totalmente éste, pues los sentimientos verdaderos de nuestra pareja son regidos por ella y no por nosotros.

El amor en todos sus grados, divino o humano, fraterno, materno o erótico es un acto de fe, de fe en la Vida. Quien tenga una fe mezquina, un coraje microscópico, una visión miope de la vida, nunca podrá ser feliz ni realizarse afectivamente aunque "conquiste" o case con una persona muy atractiva.

Por lo tanto, quién esté detrás del maravilloso sueño de amar y ser amado, debe recordar que es necesario crear antes, un cimiento indestructible como fundamento de aquel deseo. Este cimiento consiste en tener fe en el amor, en la vida, en la felicidad. Y la garantía de esto no podrá ser proporcionada por ninguna persona y sí apenas por una efusión amantísima del Creador, que derrame en nuestros corazones la certeza, la convicción y la comprensión de que su divino Amor lo impregna todo, a pesar de que las apariencias y ciertos raciocinios lógicos puedan indicar lo contrario.

En resumen, si nuestra meta es amar y ser amado, debemos abandonar la ilusión de que podemos llegar a tan magnífico palacio cortando camino. El único camino que existe es una senda llamada Amor, en todos los niveles. Aprendamos, por lo tanto, a amar a Dios, a la Humanidad, al cielo y al mar, a las plantas y al sol, a los animales y a la Tierra.

Cuando ese amor llegue a impregnar nuestro corazón, estaremos prontos para la maravillosa aventura de la realización afectiva. La garantía será, ni más ni menos que un espléndido chorro de energía divina fluyendo como una estupenda cascada de luz por todos los confines del Universo, y la respuesta podrá ser leída en el brillo de los ojos, en la magia de la sonrisa y en el calor de la piel de la persona amada...

Observación: Las Monografías de este Gran Tema (Afectividad Humana), deben ser consideradas como un estímulo, una inyección de luz y esperanza para las personas que sufren de problemas afectivos. El autor, dentro de sus posibilidades, está dispuesto a enviarles, de forma totalmente gratuita, el libro completo, titulado "El Arte de Amar y Ser Amado", a todos aquellos y aquellas, que demuestren interés en los mensajes ofrecidos, a través de comentarios simples, enviados directamente a::

 

 

Autor:

Prof. José A. Bonilla

(Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina , Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil)