Antropogénesis bíblica



Esta monografía, cuyo autor es Jscf, o más abreviadamente Jc (léase "Jotacé"), presenta el fruto individual de un estudio e investigación profundos acerca del tema que se expone, citando frecuentemente de diversas fuentes informativas consideradas fidedignas (al menos por el autor, Jotacé). Y como toda obra de investigación que se precie de serlo, la presente no puede eludir ser sometida a revisión futura, al objeto de eliminar eventuales errores y refinar las ideas manifestadas. Además, es intelectualmente libre, en el sentido de no estar vinculada oficialmente a ninguna organización académica, benéfica, política, religiosa y así por el estilo (siendo el objetivo fundamental de dicha "desvinculación" el deseo de descargar a las entidades aludidas o citadas de cualquier responsabilidad por las erratas y errores que pudieran detectarse en la susodicha monografía).

Introducción

La "paleografía" (del griego "palaiós", antiguo, y "graphía", escritura) es el estudio de las escrituras antiguas; es la ciencia que se encarga de descifrar las escrituras antiguas y estudiar su evolución, así como datar, localizar y clasificar los diferentes testimonios gráficos objeto de estudio. La Paleografía, por extensión, estudia toda forma de escritura en cualquier lengua y en cualquier material escrito, desde el tiempo en que el hombre comenzó a fijar por medio de signos su propio pensamiento; sin embargo el término "paleografía" se usa especialmente respecto al estudio de la escritura alfabética y su evolución.

Como dice la Wikipedia, El "paleógrafo" es como un detective de lo antiguo, un arqueólogo de las letras y los textos, quien, con su trabajo, ayuda a descifrar muchas incógnitas del pasado histórico de la humanidad, aunque siempre bajo la limitación de lo estrictamente escrito, es decir, que puede descifrar lo que un texto antiguo dice, pero nunca acreditar como verídico o real lo que se dice en el mismo: tarea ésta que finalmente quedará relegada a la disciplina arqueológica, que a la postre se encargará de confirmar o refutar los datos revelados por el trabajo del paleógrafo y para ello se valdrá de elementos testimoniales de toda índole posible (y no sólo de escritos) que tengan conexión con los datos paleográficos y que puedan arrojar mayor cantidad de luz acerca del asunto que se estudia o investiga.

Puede ser sorprendente para un paleógrafo toparse con la genealogía de Jesucristo, especialmente si tiene algunas nociones de arqueología bíblica. El texto evangélico de Lucas contiene un pasaje inicial que lleva desde Jesucristo hasta Adán, el primer hombre (pues se dice que este Adán era "hijo de Dios", dando a entender evidentemente que era un humano sin antecesor genealógico, esto es, el primer ser humano: la persona precursora de la humanidad, creada por Dios). Este hallazgo, de estar bien atestiguado, supone una fuerte colisión contra la teoría del origen evolutivo del hombre. Por lo tanto, de lo que se trata ahora es de averiguar las credenciales de dicha "genealogía mesiánica" (la genealogía de Jesucristo) e incluso hacer una comparación entre éstas y aquéllas (credenciales) que sirven de sustento al evolucionismo.

Genealogía mesiánica

Tomando por base el libro "Perspicacia para comprender las Escrituras", tomo 1, páginas 1007-1010 (genealogía de Jesucristo), edición de 1991, publicado en inglés, español y otros idiomas por la Watchtower Bible And Tract Society, observamos que hay muchas razones por las que confiar plenamente en el aporte genealógico bíblico: más incluso que en el denominado "registro fósil" y muchísimo más que en la interpretación que de él hace el evolucionismo. Siguiendo las listas proporcionadas por el evangelio de Lucas, el evangelio de Mateo, el primer libro de las Crónicas y el Génesis, se puede confeccionar una tabla comparativa en cuya primera fila se especifican los documentos bíblicos que sirven de fuente genealógica, en tanto que las columnas situadas debajo indican (desde fecha más reciente a más antigua, en el sentido de arriba hacia abajo) los nombres de los antepasados de Jesucristo:

Libro del Génesis (6) Primer libro de las Crónicas (7) Evangelio de Mateo (8) Evangelio de Lucas (9)

Jesús (hijo adoptivode José)

Jesús (hijo de María)

José

José (yerno de Helí)

Jacob

Helí (padre de María)

Matat

Mattán

Leví

Melquí

Eleazar

Janaí

José

Eliud

Matatías

Amós

Aquim

Nahúm

Eslí

Sadoc

Nagai

Maat

Azor

Matatías

Semeín

Eliaquim

Josec

Jodá

Abiud

Joanán

Resá

Zorobabel

Zorobabel (1)

Zorobabel

Pedaya (2)

Sealtiel (3)

Sealtiel

Sealtiel

Joaquín

Jeconías

Jeconías

Nerí

Melquí

Jehoiaquim

Adí

Josías

Josías

Cosam

Amón

Amón

Elmadam

Manasés

Manasés

Er

Ezequías

Ezequías

Jesús

Acaz

Acaz

Eliezer

Jotán

Jotán

Jorim

Azarías (Uzías)

Uzías (Azarías)

Matat

Amasías

Leví

Simeón

Jehoás

Judas

Ocozías

José

Jehoram

Jehoram

Jonam

Jehosafat

Jehosafat

Eliaquim

Asá

Asá

Meleá

Abías

Abías

Mená

Rehoboam

Rehoboam

Matatá

Salomón

Salomón

Natán (4)

David

David

David (y Bat-seba)

David

Jesé

Jesé

Jesé

Jesé

Obed

Obed

Obed

Obed

Boaz (y Rut)

Boaz

Boaz (y Rut)

Boaz

Salmón

Salmón (Salmá) (5)

Salmón

Salmón

Nahsón

Nahsón

Nahsón

Nahsón

Aminadab

Aminadab

Aminadab

Aminadab

Ram

Ram

Ram

Arní (Ram, tal vez)

Hezrón

Hezrón

Hezrón

Hezrón

Pérez

Pérez

Pérez

Pérez

Judá (y Tamar)

Judá

Judá (y Tamar)

Judá

Jacob (Israel)

Jacob

Jacob

Jacob

Isaac

Isaac

Isaac

Isaac

Abrán (Abrahán)

Abrahán

Abrahán

Abrahán

Taré

Taré

Taré

Nacor

Nacor

Nacor

Serug

Serug

Serug

Reú

Reú

Reú

Péleg

Péleg

Péleg

Éber

Éber

Éber

Selah

Selah

Selah

Cainán

Arpaksad

Arpaksad

Arpaksad

Sem

Sem

Sem

Noé

Noé

Noé

Lamec

Lamec

Lamec

Matusalén

Matusalén

Matusalén

Enoc

Enoc

Enoc

Jared

Jared

Jared

Mahalalel

Mahalalel

Mahalalel

Quenán

Quenán

Quenán

Enós

Enós

Enós

Set

Set

Set

Adán

Adán

Adán

Genealogía lucasiana

Del evangelio de Lucas, capítulo 3, versículos 23-38, se extrae la genealogía materna de Jesucristo, que lleva hasta Adán, a saber: "Además, Jesús mismo, cuando comenzó su obra, era como de treinta años, siendo hijo, según constaba por ley, de José, [hijo] de Helí, [hijo] de Matat, [hijo] de Leví, [hijo] de Melquí, [hijo] de Janaí, [hijo] de José, [hijo] de Matatías, [hijo] de Amós, [hijo] de Nahúm, [hijo] de Eslí, [hijo] de Nagai, [hijo] de Maat, [hijo] de Matatías, [hijo] de Semeín, [hijo] de Josec, [hijo] de Jodá, [hijo] de Joanán, [hijo] de Resá, [hijo] de Zorobabel, [hijo] de Sealtiel, [hijo] de Nerí, [hijo] de Melquí, [hijo] de Adí, [hijo] de Cosam, [hijo] de Elmadam, [hijo] de Er, [hijo] de Jesús, [hijo] de Eliezer, [hijo] de Jorim, [hijo] de Matat, [hijo] de Leví, [hijo] de Simeón, [hijo] de Judas, [hijo] de José, [hijo] de Jonam, [hijo] de Eliaquim, [hijo] de Meleá, [hijo] de Mená, [hijo] de Matatá, [hijo] de Natán, [hijo] de David, [hijo] de Jesé, [hijo] de Obed, [hijo] de Boaz, [hijo] de Salmón, [hijo] de Nahsón, [hijo] de Aminadab, [hijo] de Arní, [hijo] de Hezrón, [hijo] de Pérez, [hijo] de Judá, [hijo] de Jacob, [hijo] de Isaac, [hijo] de Abrahán, [hijo] de Taré, [hijo] de Nacor, [hijo] de Serug, [hijo] de Reú, [hijo] de Péleg, [hijo] de Éber, [hijo] de Selah, [hijo] de Cainán, [hijo] de Arpaksad, [hijo] de Sem, [hijo] de Noé, [hijo] de Lamec, [hijo] de Matusalén, [hijo] de Enoc, [hijo] de Jared, [hijo] de Mahalaleel, [hijo] de Cainán, [hijo] de Enós, [hijo] de Set, [hijo] de Adán, [hijo] de Dios" (Biblia TNM: Traducción del Nuevo Mundo de la Santas Escrituras, edición de 1987, producida por la Sociedad Watchtower Bible and Tract).

Como podemos observar, esta lista genealógica está en contradicción directa con el argumento evolutivo de que el hombre proviene del mono, además de que provee un origen para el ser humano muchísimo más próximo en el tiempo que el propuesto por la antropología evolutiva. Por consiguiente, he aquí una primera y drástica colisión ineludible entre la Biblia y el Evolucionismo; y no se puede argumentar con sensatez que la lista lucasiana de la ascendencia del Mesías recién citada tenga carácter alegórico o simbólico. Por lo tanto, todo parece indicar que para atenerse a la realidad histórica (al menos, en lo referente al origen del hombre) hay que decidirse por aceptar lo que dice la Biblia o, en caso contrario, admitir las tesis de la antropología evolutiva. En consecuencia, se hace pertinente indagar acerca de las credenciales de la genealogía lucasiana: ¿De dónde proviene? ¿Es fidedigna?

Veamos. La "genealogía mesiánica lucasiana" es la aportada por el evangelista Lucas en relación con Jesucristo, por vía materna. Así, el padre de María, la madre de Jesús, fue un tal Helí (María no figura como hija de éste sino José, el esposo de María, es decir, el yerno del citado Helí, puesto que las genealogías hebreas eran eminentemente masculinas). A partir de dicho Helí, la genealogía asciende: Matat, Leví, Melquí,... , Adán (evangelio de Lucas, capítulo 3, versículos 23-38). ¿De dónde obtuvo Lucas estos datos y por qué se tomó ese trabajo?

Parte de la respuesta a esa pregunta se encuentra en el mismo evangelio lucasiano, en las palabras de apertura del mismo: "Puesto que muchos han emprendido la recopilación de una declaración de los hechos que entre nosotros están plenamente acreditados, así como nos los entregaron los que desde el principio llegaron a ser testigos oculares y servidores del mensaje, yo también, porque he investigado todas las cosas desde el comienzo con exactitud, resolví escribírtelas en orden lógico, excelentísimo Teófilo, para que conozcas plenamente la certeza de las cosas que se te han enseñado oralmente" (evangelio de Lucas, capítulo 1, versículo 1-4; TNM).

Por lo que se deduce del texto evangélico recién citado, Lucas obtuvo sus datos a partir del testimonio oral procedente de cristianos maduros que vieron y vivieron los acontecimientos acerca de la vida de Jesucristo que se narran en su evangelio y también por investigación ardua de documentos fidedignos escritos por otros cristianos que posiblemente relataban igualmente episodios de la vida del fundador del cristianismo, e incluso de documentos sobre registros genealógicos oficiales que en aquellos tiempos estaban disponibles en centros públicos y religiosos de la Judea del primer siglo de la EC (era común o cristiana). El propósito de dicho escrito lucasiano también se infiere del mismo texto evangélico: escribir a un tal Teófilo, que al parecer ostentaba un cargo de autoridad en el mundo romano de la época que le valía el trato oficial de "excelentísima persona". Además, dicho Teófilo, por lo visto, se había hecho creyente (es decir, cristiano) y la información que le proporcionaría Lucas haría que su conocimiento acerca del Maestro (a saber, Jesucristo) aumentara considerablemente.

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El libro "Equipado para toda buena obra", publicado en inglés en 1946 y en español en 1950, por la Sociedad Watchtower Bible and Tract, de Brooklyn, Nueva York, USA, página 271, contiene una cita de "Lucas 1:1-4" basada en la Biblia denominada "Una traducción americana", no procedente de la Sociedad Watchtower: "Muchos escritores han intentado componer relatos del movimiento que se ha desarrollado entre nosotros, tal como los testigos oculares originales que vinieron a ser maestros del mensaje nos lo han entregado. Por esta razón, Teófilo, y porque lo he investigado todo cuidadosamente desde el comienzo, he determinado escribir una narración ordenada de ello para tu excelencia, para que puedas estar informado con certeza de las cosas en las cuales has sido instruido".

Evidentemente, con la expresión "muchos escritores" se quiere aludir a un grupo de personas que eran cristianas en su casi totalidad, al menos. Con la expresión "movimiento que se ha desarrollado entre nosotros" se quiere significar el "movimiento cristiano", un fenómeno social nuevo en aquella época. La frase "los testigos oculares originales" no puede referirse más que a los apóstoles y discípulos de Jesucristo, que vivieron junto a él y posteriormente publicaron dichas vivencias y las comunicaron a los nuevos conversos. Estos testigos oculares originales vinieron a ser "maestros del mensaje" cristiano para las personas que posteriormente abrazaron el cristianismo, el cual constaba fundamentalmente de enseñanzas dadas por el Maestro, Jesucristo.

De acuerdo con el libro "Equipado para toda buena obra", páginas 271 y siguientes, Lucas inicia su Evangelio con un panorama histórico exacto, revelando los esfuerzos realizados para preservar el registro del ministerio de Cristo. Pues por un tiempo después de la ausencia de Cristo entre los hombres, el relato se mantuvo vivo gracias a la instrucción oral de los testigos oculares. Pero los detalles son propensos a cambiar con la continua repetición oral, y la exactitud tiende a sufrir con el curso del tiempo. Por lo tanto, muchos escritores se dispusieron a conservar el registro de la vida de Cristo de cara al futuro.

La introducción de Lucas implica muy claramente que él no fue testigo ocular de los acontecimientos que narró, y que dependió de relatos escritos anteriores y de comunicaciones orales en calidad de fuentes de información. Un punto muy discutido es si Lucas tenía presente los Evangelios ya escritos por Mateo y Marcos cuando se refirió a composiciones previas. Ciertamente no limitó su expresión a esos dos escritores evangelistas, porque las fuentes de información que usó le suministraron mucho material que no se considera en los otros dos Evangelios sinópticos (a los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas se les ha llamado "sinópticos", o de similar visión, porque tienen un enfoque parecido o semejante del ministerio de Jesús, en comparación con el evangelio de Juan, aunque cada evangelio es independiente de los demás; por ejemplo, la genealogía mesiánica que incluye Lucas no puede estar basada en Mateo y Marcos, sino que pertenece a otras fuentes). Sin embargo, es bien razonable creer que Lucas tuvo acceso a los Evangelios de Mateo y Marcos, pero de esto no puede argüirse que cualquiera de los Evangelios sinópticos era meramente una abreviatura, condensación o refundición de los otros. Cada uno de los escritores evangélicos era independiente de los demás; y cada uno aportó datos singulares, pero corroborativos, para que los lectores futuros pudieran estar bien informados y con certeza de todas las cosas acerca de la vida y ministerio de Jesucristo.

La introducción de Lucas nos dice aún más. Nombra a Teófilo como la persona en quien Lucas pensaba al tiempo de escribir, y que el propósito al escribir era establecer con certeza las verdades que Teófilo ya había aprendido, probablemente en su mayoría mediante la instrucción oral. Exactamente quién era este Teófilo no se sabe, y sería vano ahondar en las muchas vagas conjeturas a las cuales los críticos de la Biblia se han entregado. Sin embargo, fue indudablemente cristiano, y muchos creen que un converso de entre los gentiles, lo cual se deduce tanto por su nombre griego como por las características generales del relato del Evangelio que le fue escrito. Lucas cita mucho menos de las Escrituras hebreas que Mateo, y toma la ascendencia de Jesús (por María) directamente hasta Adán, no concluyendo con el patriarca judío Abrahán, como lo hace Mateo. El Evangelio de Lucas está escrito, pues, para todos los hombres, no sólo para aquéllos que son descendientes de Abrahán. Para realizar su objetivo de escribir y establecer las verdades de la vida de Jesús con certeza, Lucas revela en su introducción cómo preparó, investigó y recogió el material, y lo bosquejó de antemano para presentar una "narración ordenada".

¿Cuándo compuso Lucas su relato evangélico? Una vez más nos es imposible dar una respuesta definida. Sin embargo, el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 1, versículos 1-2, escrito también por Lucas, nos presta alguna ayuda, al decir: "Mi primer tratado lo hice, oh Teófilo, acerca de todas las cosas que Jesús desde un principio efectuó y enseñó, hasta el día en que, después de dar sus instrucciones por el espíritu santo a los apóstoles que él se había elegido, fue llevado a lo alto" (Biblia de "Bover-Cantera"). El "primer tratado" que aquí se menciona se refiere al Evangelio de Lucas, que Teófilo ya había recibido. Los Hechos de los Apóstoles fueron escritos alrededor del año 61 EC, en Roma. Poco antes de eso Lucas debió escribir su Evangelio, posiblemente también en Roma. No obstante, algunos opinan que Lucas no escribió su Evangelio y Hechos de los Apóstoles sino hasta que volvió a Grecia desde Roma, alrededor del 61 ó 62 EC.

Lucas, el "médico amado", según palabras del apóstol Pablo, estuvo íntimamente asociado con este apóstol mediante una serie de viajes de predicación, por lo que Pablo debió influir considerablemente en la escritura del Evangelio de Lucas. Por otra parte, el registro del Evangelio de Lucas es una narración bien ordenada e históricamente fidedigna. Generalmente incluye los acontecimientos registrados en los otros dos Evangelios sinópticos. Pero, a diferencia de los otros Evangelios sinópticos, no narra la tentativa del pueblo de hacer a Jesús un rey temporal por la fuerza de la voluntad popular, ni de su caminar sobre el agua, ni de sus muchas curaciones en la tierra de Genesaret, etc.

Pero, por su parte, sólo el Evangelio de Lucas menciona los hechos concernientes al nacimiento de Juan el Bautista. Además, su relato del nacimiento de Jesús aventaja en valor y detalle al de Mateo. Es Lucas quien muestra las actividades de Jesús en los atrios del tiemplo de Jerusalén cuando era un niño de doce años. Más importante, sin embargo, es el relato del ministerio posterior de Jesús en Judea y Perea. Ni Mateo ni Marcos relatan este ministerio especial, ocurrido entre dos fiestas religiosas importantes en el año 32 EC, un período aproximado de dos meses y diez días. Durante ese período se cree que setenta discípulos fueron enviados a predicar el nuevo mensaje, así como muchos discursos y parábolas instructivos salieron de la boca del Maestro y también no pocas curas milagrosas fueron efectuadas; además, se produjeron encuentros hostiles donde Jesús aplastó con sus argumentos a los fariseos contenciosos.

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Lucas, el historiador.

La obra "Perspicacia para comprender las Escrituras", tomo 2, páginas 253-254, declara: «Lucas fue un médico y fiel compañero del apóstol Pablo. Escribió el evangelio de Lucas y Hechos de Apóstoles. Sus escritos dejan manifiesto que tenía una buena educación, y el que empleara términos médicos da prueba de sus antecedentes en esta profesión. Lucas no se identifica como testigo ocular de los acontecimientos de la vida de Cristo que se registran en su relato del evangelio, por lo que parece que se hizo creyente cierto tiempo después del Pentecostés de 33 EC.

En el libro de Hechos se alude a Lucas de una manera indirecta al usar los pronombres "nosotros" y "nos". Estuvo con Pablo en Troas durante la segunda gira misional del apóstol, y desde allí le acompañó a Filipos, donde posiblemente se quedó hasta que Pablo regresó en el transcurso de su tercer viaje misional. Al final de aquella gira misional, acompañó a Pablo a Judea, y mientras el apóstol estuvo en prisión por unos dos años en Cesarea, alrededor de 56-58 EC,

probablemente escribió allí su evangelio. Acompañó a Pablo en su viaje a Roma cuando éste iba a ser juzgado, y es probable que terminase de escribir el libro de Hechos en Roma alrededor de 61 EC, ya que en dicho libro se recogen acontecimientos que sucedieron desde 33 EC hasta los dos años de encarcelamiento de Pablo en Roma, pero no se registra el resultado de la apelación de Pablo a César.

Lucas envió sus saludos cuando Pablo escribió a los cristianos de Colosas desde Roma (60-61 EC), y el apóstol le identificó como "el médico amado" (Colosenses 4:14). Cuando Pablo escribió a Filemón desde Roma (60-61 EC), incluyó saludos de Lucas, y se refirió a él como uno de sus "colaboradores" (Filemón 24). De la observación de Pablo: "Sólo Lucas está conmigo", se desprende que Lucas siguió con Pablo y que estaba con él poco antes del martirio del apóstol (2 Timoteo 4:11).

Basándose principalmente en Colosenses 4:11 y 14, hay quienes afirman que Lucas era gentil (no judío). Como Pablo mencionó primero a "los circuncisos" (Colosenses 4:11) y después se refirió a Lucas (Colosenses 4:14), deducen que éste no era de los circuncisos (judíos), de modo que no era judío. Pero ésta no es una razón concluyente. Además, en Romanos 3:1-2 se afirma que Dios confió sus declaraciones inspiradas a los judíos, y Lucas fue uno de los que recibió tales declaraciones inspiradas. Del mismo modo, en las Escrituras no hay base para identificar a Lucas con el Lucio que se menciona en Hechos 13:1, o con el "pariente" de Pablo del mismo nombre que aparece en Romanos 16:21».

¿Fue el escritor bíblico Lucas un historiador confiable? Esta misma pregunta apareció en la revista LA ATALAYA del 1-1-2014, página 11, producida por la Sociedad Watchtower. Respuesta: «Lucas escribió dos libros bíblicos: el Evangelio de Lucas y Hechos de los Apóstoles. Él dijo que había "investigado todas las cosas desde el comienzo con exactitud" (Lucas 1:3), pero algunos estudiosos dudan de la veracidad de sus relatos. ¿Quién tiene la razón? Lucas habla de hechos comprobables. Por ejemplo, menciona a oficiales civiles romanos como los pretores (magistrados civiles) de Filipo; los politarcas (gobernantes de la ciudad) de Tesalónica, y los asiarcas (comisionados de fiestas y juegos) de Éfeso (Hechos 16:20, Kingdom Interlinear; 17:6; 19:31). También llama tetrarca (gobernante de distrito) a Herodes Antipas y procónsul de Chipre a Sergio Paulo (Hechos 13:1,7)... Cabe destacar que Lucas usó estos títulos de forma correcta, pues cambiaban cada vez que cambiaba el estatus de los territorios romanos. El biblista Bruce Metzger dijo: "Una y otra vez se observa que los títulos empleados en el libro de Hechos corresponden al tiempo y lugar referidos". Y el arqueólogo William Ramsay llama a Lucas "un historiador de primerísimo nivel"».

La revista LA ATALAYA, 1-6-1993, páginas 3-4, bajo el tema "¿Es exacta la historia bíblica?", subtema "Testimonios de la exactitud", señala: «Los críticos de la Biblia de principios del siglo XIX pusieron en tela de juicio la exactitud de Lucas como historiador. Además, dijeron que el contenido de Hechos se había ideado a mediados del siglo II EC. El arqueólogo británico sir William Mitchell Ramsay así lo creía. No obstante, después de investigar los nombres y lugares que Lucas menciona, confesó: "Me convencí poco a poco de que en varios detalles la narración era maravillosamente verídica".

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Cuando Ramsay escribió lo supracitado, permanecía sin solucionar una cuestión sobre la exactitud de Lucas. Tenía que ver con las ciudades vecinas de Iconio, Listra y Derbe. Lucas da a entender que Iconio era diferente de Listra y Derbe, a las que llama "ciudades de Licaonia" (Hechos 14: 6). Sin embargo, como muestra el mapa adjunto, Listra estaba más cerca de Iconio que de Derbe. Algunos historiadores antiguos entendieron que Iconio era parte de Licaonia; por ello, los críticos pusieron en duda el relato de Lucas por no indicar lo mismo. Más tarde, en 1910, Ramsay descubrió en las ruinas de Iconio una inscripción que mostraba que el idioma de la ciudad era el frigio, no el licaonio. "Muchas otras inscripciones de Iconio y de sus alrededores corroboran el hecho de que la ciudad podía llamarse frigia en sentido racial", dice el Dr. Merrill Unger en el libro "Archaeology and the New Testament". En realidad, la Iconio del tiempo de Pablo era de cultura frigia y distinta de "las ciudades de Licaonia", donde la gente hablaba "en la lengua licaónica" (Hechos 14:6,11).

Los críticos de la Biblia también cuestionaron que

Lucas usara la palabra "politarcas" para referirse a los gobernantes de la ciudad de Tesalónica (Hechos 17: 6, nota). Esta expresión era desconocida en los escritos griegos. No obstante, se encontró en la ciudad antigua un arco que tenía inscritos los nombres de los gobernantes de la ciudad, a los que llamaba "politarcas", la misma palabra que Lucas utilizó. "La precisión de Lucas ha sido vindicada por el uso de este término", explica W.E. Vine en su "Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento"».

La misma revista LA ATALAYA, 1-6-1993, páginas 3-4, bajo el subtema "El viaje marítimo de Lucas", dice: «Los entendidos en navegación han examinado los pormenores del naufragio que se narra en el capítulo 27 de Hechos. Según Lucas, el gran barco en el que viajaban Pablo y él fue sorprendido por un viento del nordeste cerca de la pequeña isla de Cauda, y los marineros tenían miedo de encallar en los peligrosos bancos de arena de la costa septentrional de África (Hechos 27:14,17, nota). Lograron apartar con pericia la embarcación de las costas africanas y dirigirla hacia el oeste. La tempestad prosiguió, y el barco arribó finalmente a las playas de la isla de Malta, después de un viaje de unos 870 kilómetros. Los expertos en navegación calculan que a un barco grande arrastrado por el viento le tomaría más de trece días llegar hasta allí. Sus cálculos concuerdan con el relato de Lucas, que dice que el naufragio se produjo el día 14 (Hechos 27:27,33,39,41). Después de estudiar todos los detalles del viaje marítimo de Lucas, el deportista náutico James Smith llegó a la siguiente conclusión: "Es una narración de acontecimientos reales, escrita por uno de sus protagonistas [...] Nadie que no fuera marinero pudo haber escrito una narración de un viaje marítimo tan consecuente en todas sus partes a menos que hubiera sido un testigo presencial"... Estos hallazgos han hecho que algunos teólogos estén dispuestos a defender la exactitud histórica de las Escrituras Griegas Cristianas. Pero ¿qué puede decirse de la historia anterior de las Escrituras Hebreas? Muchos clérigos se doblegan ante la filosofía moderna y dicen que la historia bíblica contiene mitos. Sin embargo, muchos detalles de la historia bíblica más antigua también se han verificado, para desconcierto de los críticos. Tal es el caso, por ejemplo, del descubrimiento del Imperio asirio, ignorado u olvidado por largo tiempo».

El libro PERSPICACIA PARA COMPRENDER LAS ESCRITURAS, 1991, tomo 1, página 201, expone: «El libro de Hechos de Apóstoles —que, según todos los indicios del propio texto, escribió Lucas— contiene numerosas referencias a ciudades y a sus provincias respectivas, así como a oficiales de distinto rango y con diversos títulos que estaban en funciones en un tiempo determinado (compárese con Lucas 3:1,2), pormenorización ésta que se presta a que el escritor incurra en muchos errores. No obstante, el testimonio arqueológico disponible demuestra a un grado notable la exactitud de Lucas. Por ejemplo, en Hechos 14:1-6, Lucas sitúa Listra y Derbe dentro de la región licaónica, pero da a entender que Iconio estaba en otro territorio, mientras que varios escritores romanos, como es el caso de Cicerón, situaron Iconio en Licaonia... Sin embargo, una inscripción descubierta en 1910 muestra que a Iconio se la consideraba una ciudad de Frigia, más bien que de Licaonia. Asimismo, una inscripción hallada en Delfos corrobora que, seguramente hacia el 51-52 EC, Galión era procónsul de Acaya (Hechos 18:12). Unas diecinueve inscripciones que datan del siglo II antes de la EC al siglo III EC confirman el uso apropiado que hace Lucas del título "gobernantes de la ciudad" (singular, politarkjes) aplicado a los oficiales de Tesalónica (Hechos 17:6,8), y en 5 de estas inscripciones se alude específicamente a dicha ciudad. De manera similar, la referencia a Publio como el "hombre prominente" (protos) de Malta (Hechos 28:7) es el título exacto que ha de usarse, como lo atestiguan dos inscripciones aparecidas en Malta, una en latín y la otra en griego. En Éfeso se han descubierto los restos del templo de Ártemis, así como algunos textos de magia (Hechos 19:19,27). Las excavaciones efectuadas allí también sacaron a la luz un teatro con capacidad para unas 25.000 personas e inscripciones que hacen alusión a los "comisionados de fiestas y juegos", como los que intervinieron a favor de Pablo, y también a un "registrador", como el que aquietó a la chusma en la ocasión citada (Hechos 19:29-31,35,41)... Algunos de estos hallazgos impulsaron a Charles Gore a escribir en "A New Commentary on Holy Scripture" lo siguiente en cuanto a la exactitud de Lucas: "Por supuesto, debe reconocerse que la arqueología moderna prácticamente ha obligado a los críticos de san Lucas a pronunciarse a favor de la extraordinaria exactitud de todas sus alusiones a hechos y sucesos históricos" (edición de Gore, Goudge y Guillaume, 1929, pág. 210)».