Aprendamos de nuevo a amar



El arte de amar y ser amado. Aprendamos de nuevo a amar - Monografias.com

¡Aprendamos de nuevo a amar! Este es el nombre de un maravilloso libro del fitoterapeuta francés Maurice Messegué(*), cuyas curas para problemas afectivos, con ayuda de las plantas, son famosas en el mundo entero. Aprovechamos la ocasión para reproducir algunas de sus ideas más representativas:

¡Cuanta razón tiene el ilustre Mességué! ¡Debemos aprender a amar nuevamente! El ser humano, perdido en las complejidades, en las exigencias y en las frivolidades del mundo moderno, ha reducido muchas veces el amor a un acto mecánico genital, despojándolo así de toda su fuerza, toda su ternura, de toda su poesía.

Para quien está en la senda cautivante de la realización afectiva, la máxima atención debe ser dispensada a estos aspectos. ¿Usted sueña con amar y ser amado? Su sueño se podrá volver realidad, pero no duerma en la parada del ómnibus, porque éste puede pasar y dejarlo a pié. Por el contrario, esté bien despierto, vigilante y amoroso. Fecunde la realidad de su sueño, consolidándolo para todo el futuro en abierto. No se conforme con un cohete iridiscente atravesando el cielo como una chispa mágica. Trabaje para crear un fuego perpetuo, una hoguera olímpica, una luz eterna. Reavive en su corazón, las brasas incandescentes del amor, transpire la emoción de su belleza sin par y sienta en su piel, su cálido y aterciopelado contacto.

¡Aprendamos de nuevo a amar! Acunemos en nuestra mente los sueños más refulgentes, las ideas más elevadas, los sentimientos más altruistas. Cincelemos con nuestras manos las caricias más tiernas, los toques más amorosos, los contactos más insinuantes. Transmitamos con nuestra mirada, los mensajes más expresivos, las señales más armónicas, las declaraciones más apasionadas. Modelemos con nuestra sonrisa el convite más atractivo al beso, el aura más delicada de simpatía, la forma más graciosa de decir todo sin hablar., las más dulces palabras, los más emocionantes suspiros, los más excitantes besos. Arrullemos nuestro corazón con los cantares más bellos, con las músicas más sonoras, con las vibraciones más sutiles. Encendamos nuestros cuerpos con la más ardiente llama de la pasión, con la atracción magnética del cuerpo del sexo opuesto, con el más alucinado delirio de emociones en un clímax polícromo de excitados murmullos.

¡Aprendamos de nuevo a amar! Y haciéndolo acabaremos con las luchas insensatas del hombre contra sí mismo, del hombre con la Naturaleza, de los hombres con los hombres, de los pueblos con los pueblos, del mundo con el mundo. Amando, crearemos una nueva y magnífica sociedad, impregnada de bellos y solidarios sentimientos. Hagamos realidad las enseñanzas del Maestro, diseminando por la Tierra, cálidos rayos de armonía, paz y alegría.

¡Aprendamos de nuevo a amar! Y haciéndolo, transformaremos la faz de la Tierra y los hombres que en ella viven. Formemos una corriente amorosa y llevemos a aquellos que sufren, las buenas nuevas del mundo. Dios nos hizo, entre otras cosas, para que lo auxiliemos a distribuir su Amor Divino: seamos, pues, buenos mensajeros y distribuyamos su sagrado polen por todos los confines del Planeta.

¡Aprendamos de nuevo a amar! Así haciendo, formaremos un muro contra la agresividad, el odio y la violencia. Amando, crearemos una atmósfera renovada, exenta de contaminaciones. En ella se incubará el mundo del futuro, lleno de esperanzas magnificas, impregnado de luz deslumbrante, acunado en el soplo creador del Ser Supremo y cimentado en las inmutables bases de la fe, de la perseverancia y del coraje.

¡Aprendamos de nuevo a amar! Y, sabiendo amar, divulguemos su secreto al mundo. Abramos escuelas, colegios y Universidades del Amor. Diplomemos el mundo todo, transmitiendo maravillosas enseñanzas que harán de la Tierra, ahora sí, un reluciente paraíso. Pidamos al Creador inspiración y a los ángeles su belleza impar, para crear canciones, sinfonías e himnos que glorifiquen el Amor, de modo que este éxtasis dure siglos, milenios y edades insondables. Arranquemos de los instrumentos musicales, los más maravillosos sonidos y armonicémonos con el Ser Supremo para oír la música de las esferas.

¡Aprendamos de nuevo a amar! E inmediatamente pidamos ayuda a la Naturaleza para divulgar nuestra ciencia. Pidamos a las flores que se abran con sus espléndidos pétalos, que estallen en maravillosos colores, que irradien sus perfumes embriagadores, que adornen sus corolas con suaves terciopelos y que ofrezcan gotas mágicas de rocío, a los pájaros y a los insectos. Pidamos a los ruiseñores que nos deleiten con sus cantos, a las palomas que nos emocionen con sus arrullos, a los colibríes que nos deslumbren con sus bellos e increíbles movimientos y a las mariposas que nos hechicen con sus alas multicolores. Con la ayuda de la Naturaleza y de sus hijos amorosos, podremos crear aquel mundo con el cual soñamos.

¡Aprendamos de nuevo a amar! Y con el corazón exultante de alegría, convoquemos las rutilantes estrellas, el brillo luminoso del sol, las fuerzas cósmicas de los astros y planetas, la maravillosa luz de la luna, los alados caballeros del viento, las suaves nereidas del agua, las hadas, los elfos, los silfos y las incandescentes salamandras del fuego. Seamos el sagrado imán que congrega todas estas formidables energías y orientemos su rumbo en dirección a todos aquellos que sufren por la falta de amor. Seamos la flecha misteriosa que, empapada en bálsamo bendito, alivia la carga de los corazones abatidos. Seamos el espléndido ruiseñor, que trae en su garganta el mensaje de la esperanza, el cantar del romance, la melodía de una nueva ilusión.

¡Aprendamos de nuevo a amar! Y pidamos a los Poderes Superiores para irradiar su belleza impar por el carente mundo de la Humanidad. Pidamos auxilio a los bienaventurados Maestros Cósmicos, a los bellísimos Ángeles y hasta a los propios Arcángeles, para que hagan circular dentro de nosotros, sus excelsas energías, sus increíbles poderes, sus amantísimos influjos. Así siendo, seremos maravillosos canales, por donde el Esplendor Divino fluirá hasta la Tierra, consolando a los sufrientes y alentándolos a través de la esperanza renovada para una vida mejor y de todo lo que es bueno, lo que es bello, lo que es amoroso.

¡Aprendamos de nuevo a amar! Y así haciendo, subamos el último peldaño de la escalera y cara a cara con el Ser Supremo, pidamos a Él, su emanación sagrada, su energía inconmensurable, su infinita Omnipotencia, de modo que, a través de los átomos de su Luz Divina, la Tierra quede cubierta de flores policromas, de fulgurantes luciérnagas y de bellísimas aves del paraíso, todos ellos irradiando Amor inmarcesible en todas las direcciones, planos, niveles y puntos cardinales.

En definitivo: Aprendamos de nuevo a amar y el mundo mezquino, egoísta y triste será transformado en una poesía permanente, en un moderno Cantar de los Cantares, en un deslumbrante farol de luz iluminando todos los corazones con las sublimes gracias del Cielo: Paz, Amor, Alegría y Armonía.

¿Desea acompañarnos en este rutilante viaje, en este fascinante crucero, en esta fulgurante aventura? ¿Verdad que sí?

El Cantar de los Cantares

El valor de lo poético, de lo romántico, de lo delicado, es fundamental en el Amor, es aquello que en verdad le da vida y esplendor. Por este motivo, no podríamos dar por terminado este capítulo sin colocar aquí algunos fragmentos del más maravilloso poema de amor de todos los tiempos: el Cantar de los Cantares, por lo que parece, escrito hace unos 3000 años, en el cual se relata en verdad, no una historia y sí un flujo de sentimientos entre dos amantes legendarios: el rey Salomón y la reina de Saba(*).

El Cantar de los Cantares es uno de los libros sagrados de la Biblia, contrastando muchos de sus versículos – clara y deliciosamente eróticos – con las enseñanzas represivas sobre el amor y el sexo que fueron dictadas varios siglos después, y en algunos casos hasta el presente, por varias religiones auto-tituladas de cristianas.

Esta obra es uno de los libros más cortos de la Biblia, apenas cinco páginas(**) y solamente 117 versículos, en los cuales hablan intercaladamente los dos personajes.

Veamos algunos fragmentos seleccionados:

Bellísimos fragmentos ¿no es verdad? ¿Pero percibieron una cosa? Lo que las más inteligentes feministas de final del siglo veinte (no las otras, que apenas quieren equiparación con las deformaciones y taras que los hombres hemos heredado a través de los siglos y de los milenios) levantan como ideal supremo, o sea la igualdad de auto-expresión, la igualdad en lo relativo al desarrollo y florecimiento de la personalidad, la igualdad en lo referente a la iniciativa amorosa, el equilibrio entre el amor dado y el amor recibido, la armonía esencial entre los sentimientos de los hombres y los sentimientos de las mujeres, ya era vivenciado por el rey Salomón y la reina de Saba, tres mil años atrás. Él era el esposo, el amante, el amigo, el hermano; ella era esposa, la amante, la amiga, la hermana. Los dos se fundían en uno solo, como el grano de polen y él óvulo lo hacen, en el transcendente misterio de la fecundación, transformándose después en la vibrante realidad que es el fruto.

Hombres y mujeres del siglo XXI: seamos como aquellos antepasados gloriosos. Hagamos de cada pareja un nido espléndido, adornado con los cedros del Líbano, la rosa de Sarón y el lirio de los valles. Y sobre todo, obedezcamos al Maestro: "Amaos el uno al otro".Seamos los representantes del Creador en la Tierra.

Ejercicio de aplicación

Los fantasmas del miedo y del desánimo, cabalgan por el desierto, pero su corazón está calmo, sereno, en paz, porque está protegido por la sombra del Altísimo. Usted comprendió y aprendió que la realización afectiva, no es un golpe de suerte: ella es, esto sí, un resultado, una consecuencia de alguna causa primera. Y esa causa reside en usted y no en otro lugar.

Si su mundo interior está impregnado de energías elevadas, de deseos altruistas, de sentimientos amorosos, de pensamientos constructivos, usted se constituye en una causa positiva. Pero aquel que satura su mundo interior con mezquindad, envidia, celos, odio y resentimiento, creará una causa negativa. La primera conducirá al amor correspondido, a la realización afectiva; la segunda, al desajuste, al sufrimiento y al fracaso sentimental.

Mességué nos estimula a aprender a amar de nuevo, o sea, sacar todo el barniz artificial que la abrumadora vida moderna nos colocó encima. Él sugiere volver a una relación más tierna, más cálida, más profunda y más atenta para los pequeños detalles que hacen vibrar el alma humana. Un simple toque, una leve caricia, una mirada especial, una sonrisa radiante, pueden hacer más maravillas que un millón de palabras o una docena de libros especializados.

Aprendamos de nuevo a amar es la nueva y maravillosa clave. Tentemos hacerlo lo mejor posible.

Ejercicio No 6

Durante la próxima semana, hacer lo siguiente:

 

 

Autor:

Prof. José A. Bonilla

(Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina ,

Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil)