Bases teóricas de la homofobia



La homofobia es la actitud hostil respecto a los homosexuales, ya sean hombres o mujeres. Se la puede considerar, junto a la xenofobia, racismo, antisemitismo, etc., como una manifestación arbitraria que consiste en señalar al otro como contrario, inferior o anormal.

Aunque hay similitudes entre la homofobia y otras formas de discriminación, también hay diferencias claras: por ejemplo, las personas que sufren discriminación racial, de cultura, de etnia o religiosa suelen tener un respaldo familiar. Los homosexuales sufren la opresión de forma más aislada (ésta quizás sea la explicación de la creación de una cierta "comunidad homosexual"), y son también discriminados muchas veces dentro de su ámbito familiar. En su forma más explícita, la homofobia incluye diferentes formas activas de violencia física o verbal y victimización; en su forma más sutil, supone el rechazo silencioso de los homosexuales. 2.

Formas de homofobia

Como cualquier otra forma de intolerancia, la homofobia se articula alrededor de unos componentes que, aunque relacionados, son independientes: afectivos o emocionales (prejuicios, convicciones, fantasmas, creencias, etc.), conductuales (actos, prácticas, procedimientos, leyes...) y dispositivos ideológicos (teorías, mitos, doctrinas, argumentos de autoridad...). De modo que nos podemos encontrar con diversos tipos de homofobia: por un lado, con homofobia cognitiva, afectiva y conductual; y, por otro lado, con homofobia internalizada o externalizada. 11

La homofobia cognitiva tiene que ver con las ideas y conceptos que se manejan sobre los homosexuales. Acabamos de ver en el apartado anterior cómo la visión que existe de la homosexualidad es sobre todo una visión negativa y en muchas ocasiones errónea, confusa, manejada en base a estereotipos y asociada a lo antinatural o amoral. La homofobia afectiva está relacionada con los sentimientos de rechazo que afloran en determinadas personas al tener que (o imaginarse que tienen que) relacionarse con homosexuales. El rechazo puede ser al contacto físico, sentirse incómodo ante personas homosexuales, o de muestras de afecto en público entre homosexuales. Estas actitudes afectan especialmente a la visibilidad de los homosexuales.

La homofobia conductual esta en conexión con los comportamientos hacia personas homosexuales. A nivel individual, estos comportamientos se pueden manifestar en un amplio abanico de posibilidades, desde el grado más leve del chiste fácil sobre "mariquitas" hasta el más grave de animadversión, expresado en la agresión física.

A nivel institucional, igualmente se pueden encontrar signos de homofobia, desde leyes que no contemplan la igualdad (algo que en España, finalmente, ya se ha superado), mensajes de los medios de comunicación, hasta violación de derechos humanos. Mencionamos este aspecto porque consideramos que es importante entender la homofobia de una forma global para poder hacerle frente y buscar soluciones.

En cuanto a la segunda tipología, ésta distingue entre homofobia externalizada y homofobia internalizada o interiorizada. La primera de ellas, la externalizada, tiene mucho que ver con la tipología anterior, pues la hemos definido como aquella en la que se dan conductas verbales y físicas (homofobia conductual), así como emocionales (homofobia afectiva) que puedan desembocar en algún tipo de abuso hacia las personas homosexuales. La internalizada surgiría, en parte, a raíz de la homofobia cognitiva.

Ya se dijo que esta última se refiere a la visión negativa que de la homosexualidad se tiene. Pues bien, la homofobia internalizada o interiorizada es la asimilación de esas imágenes y mensajes negativos recibidos en la etapa de socialización de una persona provenientes de la familia, colegio, medios de comunicación, etc., y que afectan especialmente a las personas homosexuales por la contradicción entre esos mensajes recibidos y los sentimientos vividos en primera persona de atracción hacia personas de su mismo sexo. Las consecuencias que puede provocar en la persona homosexual pueden ser una baja autoestima, represión de la expresión y el sentimiento de afectos, etc.

A los principios anteriores se les pueden añadir algunos otros supuestamente más políticamente correctos y condescendientes como son los de ver la homosexualidad como una enfermedad de la que las víctimas no se pueden liberar; o la homosexualidad como algo tolerable, incluso "simpático", pero nunca equiparable a la sexualidad verdadera.

¿Por qué ocurre la homofobia?

Por ser un fenómeno extraordinariamente complejo, es muy difícil determinar las causas de la homofobia, que pueden variar en cada caso y en cada sociedad. Pero sí se pueden resaltar un conjunto de causas que contribuyen a formar y mantener la homofobia:

• En muchas sociedades prevalece todavía la visión de la heterosexualidad como la "normalidad", negando continuamente la realidad de la homosexualidad y reduciéndola a los aspectos más genitales de la sexualidad, dejando de lado que la homosexualidad tiene que ver igualmente con afectividad, sentimientos, formas de comportarse…; tanto, ni más ni menos, como la heterosexualidad. En el contexto occidental vemos que el término homosexualidad nace en contraposición a la heterosexualidad, que se considera la sexualidad "normal". De esta manera, la homofobia sería la forma de controlar que las estructuras que conforman el orden sexual sigan siendo firmes: un sexo biológico, macho o hembra, va unívocamente relacionado con los géneros masculino y femenino, y a su vez, esto determina un deseo que sólo puede ser heterosexual.

• Hay un rechazo social a la homosexualidad por lo que se llama "justificación filogenética": los homosexuales no son procreadores (o por lo menos se hace creer socialmente que esto es así, aunque la realidad es que muchos gays y lesbianas son padres y madres) por lo tanto la continuidad de la especie está en peligro. Es curioso ver cómo este mismo principio no se utiliza para las personas que eligen la castidad como forma de vida.

• La homosexualidad es percibida por algunas personas como peligrosa para el mantenimiento de los valores y las normas sociales ya que las prácticas entre gays y lesbianas se perciben como sucias e inmorales. Esta forma de pensar se relaciona con las creencias dominantes sobre el origen de la homosexualidad como algo adquirido, y por lo tanto contagioso o modificable.

• Los homosexuales no encajan en los roles masculino/ femenino que tradicionalmente se transmiten como correctos; con su comportamiento, desafían lo que se espera de alguien por el hecho biológico de haber nacido hombre/mujer: esto es, no se comportan de acuerdo a lo que la sociedad espera por ser chico o chica .

• Otro de los motivos que podemos encontrar es que, tradicionalmente, en la construcción de la identidad del género masculino el aprendizaje del papel se hace en función de la oposición constante a la feminidad. Para muchos hombres, la pasividad (vivida como una feminización), y el afecto o el sexo entre hombres, pone en peligro la propia masculinidad; el miedo a perder esa identidad, aceptando una posible homosexualidad, puede considerarse el origen de muchos comportamientos de homofobia. Esto es porque, para entender el mundo, tendemos a ordenar lo que nos rodea en categorías opuestas: bueno/malo, derecha/izquierda, hombre/mujer.

En general, todas las categorías (de raza, de clase, de género, de sexualidad) tienen por objeto organizar intelectualmente la divergencia naturalizándola: existe una orientación sexual, un género, una clase, una raza que por naturaleza son las correctas frente a otras formas desviadas. Lo que no encaja en este esquema asusta porque nos enfrenta a lo desconocido. Encontramos especialmente interesante esta teoría porque sugiere por primera vez que la homofobia puede surgir como reacción intolerante a la diversidad. El miedo a lo desconocido está, en nuestra opinión, detrás de la mayor parte de las actitudes de intolerancia que surgen en nuestra sociedad. La ruptura de los roles de género establecidos que las parejas homosexuales parecen sugerir, puede ser una explicación. Y como Foucault afirma, el control sobre la sexualidad humana es la forma más fuerte de control económico-social que se puede ejercer.

• En el caso de la discriminación a las lesbianas, lo que se ha venido a llamar "lesbofobia", se puede detectar una doble carga: el rechazo por ser homosexuales añadido a la discriminación que ya de por sí sufren las mujeres. Se entronca, entonces, con el sexismo. La ruptura de la subordinación femenina que supone el prescindir del elemento masculino se percibe como una agresión al orden establecido. La lesbofobia se mueve en territorios que alternan entre la invisibilización – el no reconocimiento de la existencia de lesbianas- y la ofensa a causa de la trasgresión.

• Con la aparición del Sida, se une a todo lo mencionado la percepción equivocada de la homosexualidad masculina como factor de riesgo, y se identifica a los homosexuales como potenciales fuentes de contagio. Aunque se ha demostrado suficientemente lo erróneo de esta creencia, todavía supone un motivo de rechazo y estigmatización.

Como dice Fernando Villasmil, "no conviene engañarse al respecto: no es necesario recurrir a odios irracionales para comprender la conceptualización del homosexual como fantasma del masculinismo; la homofobia ni siquiera se dirige necesariamente a personas reales, de carne y hueso, sino a una amenaza que es la garante de que se mantenga el juego serio de la dominación masculina

. Sexualidad En el ámbito de la sexualidad se detectan bastantes carencias de conocimientos. Es muy interesante comprobar cómo en todas las charlas muchas preguntas se centran en las relaciones sexuales, no ya sólo para conocer cómo se practican entre LGBT, sino para resolver sus dudas sobre la sexualidad entre heterosexuales.

Esto nos pone de manifiesto la necesidad que tienen los/as jóvenes de hablar y de que se les explique sobre el tema de la sexualidad en general. Aunque los voluntarios y voluntarias que presentan las charlas les intentan hacer comprender que las relaciones sexuales no se limitan sólo a la penetración y que las prácticas sexuales pueden ser iguales entre personas homosexuales y heterosexuales, tienen una verdadera fijación por el coito y la penetración como sinónimos de sexo (en las dos acepciones: relaciones sexuales y "sexo biológico" centrado en los genitales).

Naturalización de la diferencia de género y la orientación sexual

Por otro lado, está tan naturalizada la diferencia sexual y se da tan por supuesta la heterosexualidad que se crea siempre debate en torno a la homosexualidad y su carácter esencial o no:

Confusión género – orientación sexual. En los institutos hemos encontrado una gran confusión respecto a las personas transexuales, no sólo porque no se sabe diferenciar entre travestis, transformistas y transexuales, sino porque los/as jóvenes no suelen tener herramientas para cuestionarse la dicotomía de género hombre/mujer estable.

Es importante resaltar la confusión que también existe entre los papeles genéricos (los estereotipos asignados a la feminidad y a la masculinidad) y la orientación sexual, que tiene como base la heteronormatividad dominante. Hombres y mujeres han sido educados en unos valores que les alejan de lo que se considera propio del otro género. Las emociones, afectos y sentimientos, el cuidado de los hijos y las labores domésticas se han considerado propias de las mujeres mientras que los hombres realizaban actividades consideradas masculinas y públicas. Se diferenciaban unas actitudes, unos trabajos y unos espacios según el género al que se pertenecía. Aunque el contenido de lo considerado "masculino" y "femenino" está cambiando, siguen diferenciándose papeles genéricos exclusivos, como evidencian los comportamientos y expectativas que tienen tanto los/as jóvenes como los adultos (padres, profesores) respecto a ellos.

Con todo, los papeles de género asignados se siguen aprendiendo por la oposición de lo "masculino"/"femenino".

El reconocimiento social de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGTB) pone en cuestión el sistema jerárquico heterosexual y la asignación de papeles bien definidos a hombres y mujeres. Al hombre homosexual se le desvaloriza al aproximarlo y asociarlo a lo femenino (socialmente catalogado como inferior), a la lesbiana se la ignora o se la considera "machorra", "marimacho".

A los bisexuales, por su parte, se los/as considera "viciosos" (sobre todo a las chicas: "guarras", "ligeritas"…). La confusión entre la orientación sexual y los papeles de género llega a la perplejidad cuando se comienzan a cuestionar si una persona transexual puede ser a la vez homosexual: si ya les desorienta que se pueda "pasar" de un sexo-género a otro, más difícil es cuestionar que alguien que ha nacido "mujer" y quiere ser "hombre", por ejemplo, sienta atracción y deseo por otro hombre. Este tema genera una importante confusión.

Roles de género y normatividad heterosexual Las normas de género operan exigiendo la encarnación de ciertos ideales de feminidad y masculinidad, que van casi siempre ligados a la idealización y naturalización de la unión heterosexual, impuesta como modelo único. "Porque no es normal [la homosexualidad], porque naces para que te gusten los chicos" (Chica, 2° de ESO)

El modelo ideal de familia en nuestra sociedad occidental surge con la modernidad y con el desarrollo del sistema burgués capitalista y la división sexual del trabajo, convirtiéndose en la base fundamental para la consolidación y mantenimiento de este sistema social. Se caracteriza por el matrimonio monógamo con un número pequeño de hijos y una repartición de papeles entre sus miembros, en la cual la mujer queda en una posición subordinada y circunscrita al ámbito doméstico donde su tarea fundamental está relacionada con la maternidad. Pero, junto a este modelo dominante, han existido y existen otros tipos de relaciones de parentesco y de familias.

Las familias monoparentales, homoparentales, reconstituidas, etc. que ponen en cuestión esa norma. Cuando se habla de homosexualidad en relación con la maternidad/paternidad, se piensa como anti-natural y no adecuado, primando las concepciones biológicas sobre las relaciones de cuidado y afectivas.

Entre los jóvenes siempre aparece la misma forma de rechazo a la adopción por parte de parejas homosexuales: la necesidad de tener un padre y una madre, de tener referentes y modelos paternos y maternos, asumiendo que cada parte de la pareja (según el modelo de familia tradicional occidental) ejerce unas tareas y transmite unos saberes y valores diferenciados. "La naturaleza creó al hombre y a la mujer para tener hijos". "A una pareja de homosexuales les es imposible por naturaleza tener hijos". "En la pareja gay o lesbiana, ¿Uno desarrolla el rol de hombre y otro el de mujer?" "¿Por qué en una pareja de lesbianas siempre tiene que haber una que haga de hombre?" "Los hombres primitivos, que aún no tenían sentido de la razón, nunca se habían preocupado de ver si su pareja era un hombre o una mujer, hasta que el hombre evolucionó al máximo, que es el pensar. Hasta que un día una persona ve que otra de su mismo sexo le atrae. Se debería prohibir cualquier manifestación a favor de los homosexuales; que les guste quien sea, pero que lo mantengan en secreto"

Con lo expuesto hasta ahora, es fácil observar las carencias en el sistema educativo actual y en lo que a la formación sobre género y sexualidad se refiere. Por tanto parece necesario trabajar el tema de la sexualidad y de los papeles de género en los centros. A veces es la falta de conocimiento y las actitudes de los propios profesores y profesoras los que lo impiden. En palabras de una voluntaria de COGAM: "La verdad es que vamos a los institutos a dar charlas a los chavales y siempre salgo con la sensación de que habría que empezar por sus padres y profesores/as".

Aún cuando existe la necesidad de que la educación sobre diversidad figure en los currículos de todas las asignaturas de una forma transversal, se da un silenciamiento general sobre la realidad de las lesbianas, gays, bisexuales y transexuales. Si se habla de ella, muchas veces se hace en base a toda una serie de tópicos que no responden a los avances que las ciencias sociales han hecho en este campo. Esta necesidad es detectada por los propios estudiantes: "No entiendo cómo puede haber gente que no respete a otras personas por ser homosexuales y que lleguen incluso a agredirles.

El tema no se trata a no ser por iniciativa personal de algún/a orientador/a o profesor/a, y muchas veces con reticencias por parte de otros profesores y del centro. Hemos detectado situaciones de falta de respeto a los profesores, sean heterosexuales u homosexuales, que trabajan estos temas con sus estudiantes, e incluso se les llega a estigmatizar por ello. También hay profesores que se niegan a que las charlas se den en sus grupos por la conflictividad que pueden generar. Entre los profesores y los alumnos hay actitudes homófobas, misóginas y heterosexistas, que no suelen cuestionarse de ninguna manera. A veces incluso es el mismo profesorado el que no quiere ver o el que apoya con sus silencios o estereotipos de género las actitudes y comportamientos excluyentes. Si hay agresiones, no se denuncian por miedo. La consigna es "yo no tengo problemas con los estudiantes".Tanto profesores, como orientadores y directivas de los centros mantienen la apariencia de que no hay problemas, y de ese modo se silencia y oculta la realidad. Lo más fácil es que el chico o la chica "problemática" cambio de instituto para que vuelva la "normalidad" al centro; si se va el acosado, se acaba la conflictividad. Es una especie de ley del silencio por la que nadie dice nada, pero todos conocen casos de homofobia.

Actitudes y visiones de la homosexualidad en el contexto educativo

La visión que tiene de las personas homosexuales el resto de sujetos de los centros escolares se puede calificar de dos formas: homófila si es positiva u homófoba si es negativa. Hablamos de homofilia refiriéndonos a aquellas actitudes que manifiestan un respeto y/o empatía hacia las personas homosexuales. El concepto de homofobia y las diversas manifestaciones del mismo han sido presentadas y explicadas más extensamente en la introducción del informe. En esta parte del estudio analizaremos ejemplos de los diversos grados y expresiones de homofobia. El análisis se realizará en base a los discursos manifestados por los adolescentes en las charlas, pues, como ya se 28 comentó, los medios con los que contábamos en la investigación no nos han permitido poder realizar un seguimiento más detallado para observar los comportamientos reales fuera del ámbito de las charlas, exceptuando las entrevistas en profundidad realizadas con algunos adolescentes. A nivel institucional, igualmente se pueden encontrar signos de homofobia, en las leyes que no contemplan la igualdad o los mensajes de los medios de comunicación.

Mencionamos este aspecto porque consideramos que es importante entender la homofobia de una forma global para poder hacerle frente y buscar soluciones, si bien es cierto que no profundizaremos al respecto más allá de lo que algunos discursos puedan estar influyendo en las visiones de los adolescentes, dado que no es éste el objetivo del presente estudio. Pasemos, pues, a examinar de una forma más pormenorizada cómo se expresan las actitudes (de aceptación, indiferencia o rechazo) y los distintos niveles de homofobia en los sujetos de nuestro estudio. La actitud es identificada como la opinión que un sujeto tiene ante un hecho o una situación determinada, es decir, como un juicio consciente que se forma sobre algo o alguien. Sin embargo, la experiencia nos dice que la actitud va más allá de las palabras y de la toma de conciencia para reflejarse en el cuerpo, en los gestos o en la mirada. De hecho, en los institutos uno de los actos que manifiestan homofobia y se repite con bastante asiduidad entre los chicos, cuando se les pone el ejemplo de que se imaginen que su compañero de clase es homosexual, es el gesto de separar los pupitres. Este gesto rara vez se da entre las chicas, siendo en ocasiones su reacción gestual la contraria, es decir, dando un abrazo a la compañera que tienen sentada al lado. Ahora bien, de entre todas las manifestaciones, quizás la más evidente sea la del lenguaje hablado y escrito y es por ello por lo que comenzaremos observando qué tipo de lenguaje utilizan los adolescentes al hablar de homosexualidad.

Lenguaje

Si bien todo el estudio se basa en los discursos que mantienen los/as adolescentes, así como los/as profesionales del ámbito educativo con los que hemos tenido contacto, analizaremos en este apartado aspectos propios del lenguaje como son las formas de nombrar, el vocabulario utilizado, los insultos, la utilización verbal de la 3° persona, así como las diferencias de los discursos y percepciones entre chicos y chicas que se dan de una forma transversal en todos los puntos mencionados.

Al hablar de cualquier tema en general, cuando no se quiere personalizar, la forma verbal correcta a utilizar es la tercera persona, tanto del singular como el plural. Sin embargo, dado que el estudio pretende abordar las actitudes, nos parece significativo señalar que, aún tratándose de opiniones, no ha sido la forma verbal en 1ª persona la mayormente utilizada sino la 3ª persona. Puntualizamos este aspecto ya que, sobretodo al hablar de discriminación, muchos comentarios se han hecho en tercera persona, como si fueran los "otros" o la sociedad en general la que tiene esos comportamientos. No se asumen esas opiniones y actitudes como propias, sin darse cuenta de que ellos no son ajenos, de que la sociedad no es un ente abstracto y de que los que hacen y piensan son los sujetos.

Como comenta un profesor: "No importa que haya homosexuales mientras no sea el de al lado. Entonces, pegan el saltito". Vocabulario e insultos Comenzaremos con un ejemplo de una definición que nos dieron en un instituto al preguntar si sabían lo que significaba homofobia: "Miedo a los maricones". Es una constante en todas las charlas que al menos salgan una o dos veces a relucir palabras del tipo "maricón", "mariquita", "bujarrón",... "Y la forma de hablar, se les pone otro habla ¿tu no reconoces a un mariquita por la forma de hablar?". (Chico, 4 ESO) La utilización de este tipo de vocabulario no tendría nada de peculiar si se considerase a las mismas como meros sinónimos de la palabra homosexual.

Como nos cuenta un alumno: "Yo tengo dos amigos gays que me lo han dicho. Uno lo contó un día que habíamos quedado para salir, y tan normal. Otro me lo dijo un día en mi casa cuando habíamos quedado para jugar a la play. Y también continuamos jugando. El primero tiene veintitantos y el segundo dieciséis. Entre ellos se conocen y para quitar importancia a que son gays, ellos mismos se llaman "maricón" y nosotros nos reímos y no pasa nada". Pero la realidad es que socialmente este tipo de palabras tienen una carga marcadamente peyorativa hacia las personas que van dirigidas, es decir, 30 son insultos, y los insultos constituyen una de las formas más habituales de manifestación de la homofobia. Si bien una de las percepciones o matizaciones que señalan es que no lo consideran un insulto o que si lo eres no te tiene por qué importar que te lo llamen, lo cierto es que para muchos sigue teniendo esa carga peyorativa: "A los gays no les debería importar que les llamen mariquita....no es que sea raro ser gay, pero la mayoría de la gente es heterosexual e insulta. Es igual que si pasa por la calle un feo y le llamas feo" . Contestación que daría si le llamasen maricón por la calle.

Las palabras que hemos reseñado como más utilizadas son dirigidas a los adolescentes varones. Esto es debido, como ya se vio anteriormente, al sistema jerarquizado y dicotómico de papeles de género. Todo hombre, independientemente de su orientación sexual, que se haya atrevido a saltarse los roles establecidos y mostrar su sensibilidad es sancionado socialmente y tachado de "maricón". De ahí la carga peyorativa y las connotaciones negativas que llevan estas palabras que las convierten en insultos en la mayor parte de contextos. Curiosamente en el caso de las mujeres, aunque las lesbianas también rompen esos papeles establecidos por acercarse más a lo masculino, las palabras "marimacho", "bollera", "tortillera", surgen en las charlas cuando se habla de estereotipos, siendo los insultos más utilizados cuando se quiere ofender los de "puta" y "maricón". Esta diferencia entre chicos y chicas no sólo se da a la hora de recibir insultos, pues son también mayoritariamente los chicos quienes utilizan más la palabra "maricón". Además de los insultos, hemos comprobado en muchos institutos que los alumnos utilizan la palabra "asco", repetida incesantemente en casi todas las aulas, tanto para mostrar la actitud de repulsa que les provoca la homosexualidad.

Pero esa discriminación y estigma no afecta sólo a las personas homosexuales o que son tachadas de homosexuales (lo sean o no). El rechazo, los insultos o el acoso afectan igualmente a los hermanos de personas homosexuales, como nos explicaba uno de los entrevistados al comentarnos la presión que vive su hermana en el colegio por el hecho de que él sea gay, o el argumento reiteradamente utilizado para mostrar su desacuerdo con la adopción por parte de parejas homosexuales porque "al niño lo van a discriminar en el colegio". Como vemos, para un/a alumno/a el hecho de desvelar su opción sexual puede suponer la exclusión del espacio social y relacional, que es una de las principales formas de bullying. De todos modos, también hay actitudes de apoyo, que consideran que la amistad está por encima de las "diferencias", y que incluso acercan más a esas personas.

Visibilidad en la sociedad

El ser humano es un animal social que necesita al grupo para sobrevivir no sólo físicamente sino también psíquica y emocionalmente, es decir necesita hablar, compartir ideas, pensamientos y relacionarse con su entorno. Esta realidad resulta más complicada para las personas no heterosexuales. Si no cuentan que son homosexuales o bisexuales, es decir si no se hacen visibles, la gente que tienen alrededor dará por hecho que son heterosexuales y no podrán expresar sus emociones y preocupaciones más íntimas o personales con total libertad, viéndose obligados a mentir. Cuando nos referimos a cuestiones íntimas o personales no nos referimos sólo a la sexualidad, sino a situaciones tan cotidianas como que un chico pueda decir a sus compañeros que le viene a buscar su novio, o que una adolescente pueda comentar con sus amigas lo encantada que está con su nueva novia, etc. Tener a alguien con quien hablar puede ayudar a la persona a reducir los niveles de homofobia interiorizada, sintiendo que se es aceptado por los demás, se es querido y se pueden contrastar ideas que eliminarán temores. Externamente, facilita que las personas que lo sepan sean potenciales aliados para reducir la homofobia del entorno. Pues bien, todas estas virtudes que aportaría una visibilidad normalizada, son coartadas por la homofobia afectiva.

En los institutos que hemos estudiado, el rechazo que aflora en ciertas personas al contacto físico o sentirse incómodo ante personas homosexuales, conlleva la imposición de una ley del silencio sobre la condición de ser homosexual que se expresa en forma de - rechazo frontal: "Me afecta la vista, me molesta ver a dos gays dándose el lote, ¿es bonito que vaya un padre con un hijo y vea a dos tíos besándose?". - una supuesta tolerancia con una marcada tendencia a la segregación o perpetuar esa invisibilidad, confinando la sexualidad homosexual al espacio privado (mientras que la heterosexualidad se hace presente en todos los espacios públicos).

Esas recriminaciones por no ser más visibles, están en ocasiones asociadas a la discriminación y la falta de integración del grupo. A su vez se impone sobre el/la adolescente homosexual la responsabilidad de la mejora de la situación, olvidando por completo que es el resto de la sociedad la que los rechaza y los excluye

Cuando se les plantea el tema de la visibilidad ya no tanto como algo genérico, sino más cercano a su entorno habitual y se pone el ejemplo de la profesión de profesor, se vuelve a observar esa especie de tolerancia mal entendida, admitiendo la visibilidad solo en el círculo más cercano de 40 amistades o con compañeros que se tenga confianza, ni siquiera con todo el colectivo de profesores.

Lo mismo ocurre con los compañeros de clase o del instituto al preguntar si creen que podrían salir del armario. En todos los institutos, hay chicos y chicas que aseguran que quien manifestara públicamente su homosexualidad lo pasaría muy mal: sería marginado, ridiculizado, insultado y objeto de bromas, incluso podría ser atacado físicamente. Por eso opinan que no deberían contarlo en el instituto. Nuevamente surgen los comentarios de duda, si bien en esta ocasión se aprecia más que el sentimiento de rechazo vendría del exterior, de otras clases... pero que sirve a su vez para perpetuar o reforzar que muchas personas homosexuales prefieran seguir mintiendo por miedo a que les den la espalda y ser víctimas de la exclusión y el rechazo:

Exclusión / Inclusión

La influencia de los referentes. Al hablar de exclusión / inclusión, nos basaremos sobretodo en analizar las posibles redes de aliados en las que las personas LGTB pueden apoyarse para evitar o luchar contra el acoso homófobo, así como en las redes de no aliados, enemigos o barreras con las que (hipotéticamente) se tienen que enfrentar y que son causa de exclusión.

Las variables utilizadas para analizar estas redes en el colectivo de adolescentes de nuestro estudio fueron el grupo de iguales, profesores y familia. En cuanto a la relación con personas LGTB y cómo éstas están integradas en el sistema social heteronormativo todavía imperante en España (aunque afortunadamente esa rigidez cada vez se va difuminando más), se aprecia 42 en los comentarios una relación directa entre la disminución de homofobia y el conocimiento de referentes cercanos.

3.5.1. Referentes próximos: grupo de iguales Comenzando con las redes del grupo de iguales, ante la pregunta de si un compañero te dijese que es homosexual, ya se comentó en el apartado de visibilidad, que la tendencia era o bien de rechazo o cuanto menos de alejamiento o separación hacia esa persona, al menos en el momento de conocer la noticia. Estos argumentos solían darse en personas que no tenían referencia directa de amigos, conocidos o familiares LGTB. Obviamente no es necesario pertenecer a una minoría para tener actitudes positivas hacia la misma, pero no parece ser que los valores trasmitidos a estos adolescentes hayan sido precisamente de aceptación y respeto. Recordemos algunos ejemplos: "Al principio yo no lo vería normal. Cambiaría todo. Sí, me hace dudar". (Chico) "Le diría que no es mi amigo y que se fuera a su puta casa". (Chico) "Yo no podría estar con una amiga lesbiana". (Chica, 3º ESO) Observamos pues que ese desconocimiento tanto de la homosexualidad en general, como de personas homosexuales en concreto, es uno de los motivos o factores que potencian el aislamiento o la exclusión de los/as adolescentes LGTB en los centros escolares respecto al grupo de iguales. Sin embargo, aquellas personas que manifestaron tener amigos o familiares homosexuales, mostraban en casi todos los casos, una actitud positiva hacia la misma y más integradora.

La familia

La visión positiva de la reacción familiar vuelve a estar también relacionada, aunque no en todos los casos, con el conocimiento por parte de los padres de personas homosexuales, bien como componentes de la familia, bien por amistades. "En mi familia no hay problema porque tengo un primo que es homosexual". (Chica, 2° ESO) "Bien, normal". (Chica, 2° ESO. Comenta posteriormente a los voluntarios que sus padres tienen amigos gays y han sufrido discriminaciones). Por otro lado, parece que el cambio generacional en los padres, igualmente influye a la hora de que sean percibidos como más tolerantes y a asumir que podrían encontrarse entre las redes de aliados. Así en un curso de 1° de ESO en Vallecas, al preguntar uno por uno a toda la clase sobre qué opinarían sus padres si dijesen que son homosexuales, todos, absolutamente todos, contestaron que no pasaría nada, que lo verían normal.

Dudando de si las respuestas correspondían a una actitud de lo políticamente correcto, se les preguntó posteriormente qué opinarían sus abuelos y en ese momento se organizó un gran revuelo, escuchándose comentarios de los ya conocidos "mal", "no lo entienden", etc.

También hemos tenido acceso a alumnos cuyos padres eran gays. De uno de ellos nos enteramos por una profesora, pues la chica no participó durante toda la charla; la profesora comentó a los voluntarios que lo estaba llevando un poco mal porque sus padres se acaban de separar. Los otros dos casos los conocimos directamente por dos alumnas. Una de ellas nos contó al acabar la charla que su padre era gay y que había decidido tenerla con una amiga, siendo totalmente consciente de que él era gay, no fruto de un matrimonio previo. La otra chica era hija de una lesbiana.

De este caso tuvimos conocimiento porque al acabar la charla, la alumna se quedo con un grupo de compañeros en clase a los que se lo estaba comentando. En ambos casos, las dos fueron muy participativas durante las charlas. Es importante señalar que cuando se habla de hijos de personas LGTB no son entes abstractos que no existen, sino que están ahí, en las aulas, y habría que analizar más en profundidad cómo les está afectando todo el debate social sobre el matrimonio homosexual y la adopción, o el que se les esté tratando de "experimentos". 45 Concluimos aclarando que a lo largo de las charlas aquellos/as adolescentes que tenían referentes homosexuales, bisexuales o transexuales cercanos eran bastante participativos, defendían al colectivo y se enfrentaban al debate desde posturas razonadas y alejadas de estereotipos.

Referentes públicos

En los centros se ofrecen en pocas ocasiones referentes homosexuales; y, cuando se hace, generalmente son negativos. Los alumnos los obtienen sobre todo de los medios de comunicación: la televisión en primer lugar, pero también el cine, la música, internet o los video-juegos.

En muchas ocasiones, las imágenes y valores que de ellos sacan son altamente distorsionadores de la realidad de las personas LGTB. En las variadas asignaturas en que se podría haber hecho referencia a algún personaje histórico, las alusiones son nulas, y quedan silenciados 46 completamente. Sólo en ciertos casos se plantea el tipo de relaciones sexuales que se daban en la Grecia Clásica, por ejemplo, pero sin contextualizarlas ni explicar sus significados diferentes a los actuales.

Aunque rara vez identifican a autores como homosexuales o bisexuales (García Lorca, por ejemplo), algunos alumnos más concienciados y relacionados con personas LGTB se han preocupado de obtener información por su cuenta y son capaces de enumerar una lista rica de personajes no heterosexuales, en las que también son visibles las lesbianas (Virginia Woolf o Frida Kalho), cosa que no ocurre en las aulas. Los referentes más conocidos son Jesús Vázquez y Boris Izaguirre, cada uno de ellos asociado a una imagen diferente. Mientras que a Jesús Vázquez se le acepta e incluso admira ("no se le nota" que sea gay, "está muy bueno", "se cuida", "es muy guapo"), Boris Izaguirre es ridiculizado y cuestionado ("tiene pluma, "es una loca", "da la nota") en relación directa con los tópicos homófobos que ya hemos ido apuntando, y con esa tolerancia que acepta a los homosexuales mientras estos se comporten discretamente y no se dejen ver.

También se alude a algún personaje mediático como ciertos concursantes masculinos y femeninos de Gran Hermano, Víctor Sandoval o Jorge Vázquez. El único referente de transexualidad es en muchos casos Nicki, transexual masculino de Gran Hermano, desconociendo a la que hasta ahora era el máximo exponente de transexualidad en España, Bibiana Fernández.

Algunos de estos referentes, que por lo demás son muchas veces los que más influyen en los jóvenes, son personajes ficticios de series televisivas, como Mauri de Aquí no hay quien viva y Diana de 7 vidas. Esta última podría quizá considerarse el único personaje mediático que trata la homosexualidad (en este caso visibilizando a las lesbianas) alejándose de los clichés convencionales. Los medios de comunicación son, en ocasiones, una de las formas principales de reproducir las reglas, valores e ideologías dominantes socialmente, de discriminar a las personas LGTB y de eliminar desacuerdos.

Los mensajes que emiten reproducen las normas y los prejuicios de una manera tal que tienen a veces más influencia que los valores que se puedan transmitir a los jóvenes desde la escuela o la red de parentesco. "Los gays me parecen bien, pero veo a esos tíos en la tele y me pongo enfermo… [refiriéndose a gays con pluma]". "Los transformistas son los más maricones de todos".

Algunos ven bien que haya personajes públicos que se declaren homosexuales, incluso conocen la existencia de revistas como Zero. Pero lugares como Chueca los observan como un espacio de espectáculo al que ridiculizan, como un gueto para homosexuales que, o no debería existir 47 porque margina a las personas LGTB, o que tiene que funcionar para que allí se "encierren las maricas".

Actitudes respecto a los derechos de LGTB En cuanto a los derechos de gays y lesbianas, en este punto hablaremos de adopción, matrimonio y afectividad en público, pues son a los que más referencias se ha hecho en las clases visitadas.

Expresión de la afectividad

Son muy comunes las expresiones negativas respecto a la afectividad en público de personas homosexuales y se aprecian varias posturas. Por un lado, los que abiertamente manifiestan que no ven bien el hecho de ver a dos chicos o a dos chicas dándose un beso, en varias ocasiones porque la reacción que les produce es de asco. "Me da igual que se casen, pero me da un poco de asco ver a dos chicos besándose". Por otro lado, manifiestan la imposibilidad de que esas manifestaciones se puedan dar en determinados lugares. En estos casos las referencias no suelen ser de un rechazo directo, sino que trasladan sus comentarios a la sociedad, a otras clases del instituto..., es decir, trasladan ese rechazo a los otros, es un rechazo en tercera persona.

Matrimonio

Respecto al matrimonio, hemos observado que los comentarios tienden más hacia la aceptación; y en los casos de rechazo directo, éstos están influidos por los discursos de normatividad heterosexual o religiosos: "si se quieren casar, que lo hagan con una mujer, como se ha hecho toda la vida. Las bodas homosexuales van contra todo: la Iglesia, la naturaleza, etc. Como no se quiten las bodas homosexuales, la sociedad decaerá, porque no se puede ir a una Iglesia un día que se están casando dos gays y ver cómo se dan la manita y todo eso. Son pecado esas bodas". "La religión no lo permite [el matrimonio homosexual]".

Adopción

Muy relacionada con el matrimonio aparece el tema de la adopción. "A mí me parece bien que se casen y que tengan los mismos derechos que los matrimonios pero no me parece bien lo de adoptar porque si no se procrea, en unos años más o menos, se acabará el mundo".

Es un tema candente en el discurso social en el momento de hacer la investigación y del que los y las adolescentes oyen hablar en los medios de comunicación. Aquí el debate está entre los que creen que es correcto que los homosexuales puedan adoptar y los que no lo ven bien. Este es un tema del que se habla en casi todas las charlas, y prácticamente en todos los institutos encontramos los mismos argumentos a favor y en contra. Sin embargo, los voluntarios de COGAM deben aclarar siempre que ya existen hijos de homosexuales en los institutos y que una de las opciones que plantea la Reforma del Código Civil es que uno de los componentes de la pareja pueda adoptar al hijo de su cónyuge, ya que los estudiantes parecen no contemplar esta posibilidad a la hora de argumentar su postura a favor o en contra.

Uno de los argumentos que se plantean al ver la adopción por parte de personas LGTB como una opción positiva es el hecho de que es mejor ser adoptado/a por homosexuales que no tener familia: Frente a este argumento, se encuentran posturas homófonas que prefieren la ausencia de progenitores: Otro de los argumentos manifestados en positivo es la comparación con progenitores heterosexuales con problemas conyugales: "Es mejor tener dos padres o dos madres, que una madre y un padre que se lleven mal o estén divorciados".

Entre los argumentos que ellos consideran como negativos y por los que no se debería admitir la adopción por parte de parejas homosexuales, está el hecho de que la sociedad les va a discriminar, serán objeto de burlas, traumas, problemas en el colegio... Ya se señaló cuando se habló del estigma de contagio que sufre la minoría homosexual, que la discriminación que padecen se extiende a todo aquel que se acerque, y así lo demuestran los reiterados comentarios sobre este tema en concreto: Subcategorías de la homofobia y otras discriminaciones.

Estas subcategoría se refieren específicamente al rechazo existente hacia colectivos específicos dentro de las minorías sexuales.