Breve historia de la ciencia



El origen del conocimiento científico

La concepción moderna de la ciencia se inicia en el Renacimiento y va a culminar teóricamente con la Crítica de la Razón Pura de Kant, obra que sirve de encuentro a las dos corrientes constitutivas del conocimiento científico y que durante un tiempo discurren separadas e incluso enfrentadas: el empirismo inglés, que desarrolla el concepto de ciencia inductiva de Francis Bacon, y el racionalismo cartesiano, que dió forma teórica al idealismo matemático de Galileo.

Sintetizando ambas tendencias epistemológicas, el pensamiento europeo logrará configurar el concepto de ciencia experimental y deductiva, que se constituirá en una de las piezas básicas de nuestra cultura. Pero antes de que ocurriese esto, hubo a lo largo de la historia otros modos de entender el conocimiento verdadero, y algunos de ellos han dejado las suficientes huellas en la concepción moderna de la ciencia como para reclamar nuestra atención. En definitiva, la ciencia actual no nació de golpe en un momento determinado, y como todo hecho histórico es resultado de un largo proceso de aprendizaje y experiencia. Aunque el mito nos diga todo lo contrario: el Saber, Atenea, la diosa de los ojos garzos, salió ya completamente armada de la cabeza de su padre Zeus.

Gea y Urano habían profetizado a Zeus que Metis, la Astucia, tras dar a luz a su primera hija, tendría un niño que le arrebataría el poder al padre de los dioses; por esta razón, Zeus se tragó a Metis cuando estaba embarazada de Atenea. Al llegar la hora del parto, Hefesto le abrió la cabeza con un hacha, y de la herida salió Atenea, con todas su armas, profiriendo un grito que se oyó en el Cielo y en la Tierra.

Reparemos en que la diosa del conocimiento, un ser de patente origen intelectual, cerebral, también es una guerrera que posee las armas de la mirada –la atención constante de la lechuza y la mirada mortal de la Gorgona en su escudo– y de la astucia. Su fuerza reside, pues, en el valor que otorga la inteligencia.

La ciencia anterior al Renacimiento, en sus líneas generales, es una ciencia intuitiva, observacional; pretende, desde su origen en los tiempos de los físicos presocráticos, ofrecer la explicación de los fenómenos mediante el conocimiento de las causas que los producen, incluso recurriendo a los principios últimos, a la íntima naturaleza de las cosas. La definición de "ciencia" que nos propone Aristóteles insiste en esta dirección: pensamos que tenemos conocimiento de cualquier cosa en sentido estricto cuando sabemos la causa de un hecho, y que no podría ser de un modo diferente del que es.

Este interés "explicativo" que caracteriza a la ciencia de los fenómenos naturales –física– se complementa pronto con la racionalización abstracta propia de la matemática. Física y matemática, observación y definición, serán los ejes básicos sobre los que gire el conocimiento científico en la Antigüedad grecorromana. Y ambos encuentran su justificación teórica en las obras de Aristóteles y de Platón.

Platón sostiene que el conocimiento científico más elevado que puede alcanzar la inteligencia humana es la ciencia matemática, ciencia de la definición y de la demostración de los principios que dirigen el intelecto, muy cercana ya a la dialéctica, la cual, como hemos dicho más arriba, tiene por objeto de estudio la verdad y la realidad de esos mismos principios. La importancia de las matemáticas radica en que en ellas el objeto de estudio es el propio procedimiento intelectual, la "máthesis"[1]un procedimiento que, como ya enseñaron los pitagóricos, podemos explorar ayudándonos de los números y las figuras. En la matemática se nos hace patente una forma de entender la realidad que supera la idea de que lo real sea lo sensible aparente, cambiante y fugaz, y prepara el pensamiento del filósofo para acercarse a la comprensión de aquellas relaciones estables que constituyen tanto principios de la inteligencia como formas esenciales del ser de las cosas.

«Se sabe que Platón insistió en la distinción –ya presentida por Sócrates– entre los objetos sensibles, imperfectos y cambiantes, y sus modelos eternos, perfectos e inmutables. Ahora bien, las entidades matemáticas le parecen situadas en un plano intermedio entre esos dos dominios. Volvamos a tomar el ejemplo de las figuras matemáticas geométricas dadas en la realidad y materializadas por la Naturaleza o por un artífice: un círculo realmente trazado, un cuerpo esférico. Esas figuras son imperfectas, y lo son por necesidad. El que las examine tendrá por fuerza que admitir que el círculo y su tangente se tocan en más de un punto. Pero el que considere el círculo ideal y la tangente ideal, reconocerá sin dificultad que no tienen entre sí más que un punto de contacto, el cual carece, además, de espesor. Por círculo ideal hay que entender el que responde a la definición del círculo, que es aquel que el matemático toma como objeto de sus especulaciones. (...) La definición da al objeto matemático su forma estática, eterna, realidad absoluta opuesta a las apariencias fugaces. Punto de partida común para la Matemática y la dialéctica, no sirve sólo para designar el objeto y señalar su presencia, sino también para expresar su naturaleza y su carácter esencial» (Taton, R., Historia General de las Ciencias, Tomo 2, Barcelona, Orbis, 1988, pág. 278).

Platón asumía la tradición pitagórica que consideraba el Cosmos como una estructura intelectual y sistemática, una gran configuración de almas, y defendía la posibilidad de desvelarla mediante las relaciones aritméticas y geométricas. Tal idea, decisiva en el desarrollo de la ciencia occidental, va a dominar los estudios lógicos y matemáticos, y hará de éstos claves de comprensión de una realidad que desde el inicio se considera esencialmente racional. Esto es, sólo perceptible mediante el esfuerzo de la reflexión.

Las ciencias matemáticas de la Antigüedad, desde la época griega y helenística en adelante, bajo la influencia de las escuelas pitagóricas y de la Academia de Platón, comprenderán las siguientes disciplinas:

En lo que atañe a las ciencias naturales, podemos afirmar que desde el siglo iv hasta la época moderna están dominadas por la figura de Aristóteles. Si bien Aristóteles también pensaba como Platón que un conocimiento riguroso debía estar basado en la definición y en la demostración, hay un detalle crucial que separa ambas teorías: las nociones universales de las que se ocupará la definición y que sirven de punto de partida a la demostración, en la epistemología de Aristóteles no constituyen intuiciones intelectuales previas al conocimiento como en Platón, sino conceptos formados a partir de la experiencia.

«Los hechos observados van acumulándose, los objetos se clasifican, se fijan las imágenes fugaces y cobran estabilidad: es una de las propiedades características del alma humana permitir de ese modo la producción del concepto, de tal manera que la sensación, que por su naturaleza parecía alejarnos de todo conocimiento estable, resulta, al contrario, el fundamento primero de la Ciencia. Así se explica el importante lugar reservado en la Escuela peripatética a la observación, cosa tan poco estimada en la Academia. Hay, efectivamente, una oposición completa entre las dos maneras de concebir la investigación científica. Por un lado, la Ciencia se construye sobre la hipótesis; su principio reside en lo inteligible, y se baja desde la idea hasta o hacia una realidad de la que habría que dar cuenta, hacia apariencias que hay que "salvar". En la otra Escuela se parte de los objetos sensibles para elevarse poco a poco, por vía de clasificaciones y generalizaciones, hacia el verdadero dominio de la Ciencia, que es el de los conceptos» (Taton, R., Historia General de las Ciencias, Tomo 2, Barcelona, Orbis, 1988, pág. 289).

Configuran los estudios sobre la naturaleza las siguientes ciencias:

El moderno concepto de ciencia

A partir del siglo xv se van a ir produciendo ciertos cambios en la actitud de los hombres de ciencia que poco a poco configurarán un nuevo concepto de "conocimiento científico". A forjar este original concepto contribuirán muchos acontecimientos, aunque algunos de ellos no constituyen novedades sino desarrollos más profundos de nociones antiguas. Lo verdaderamente innovador será la forma de tratar todas estas contribuciones, la mentalidad que subyace en su interpretación, o dicho de otro modo, la aparición de las nociones de "experimento teórico" y de "sujeto científico". Veamos cuáles son los principales acontecimientos en el origen de la ciencia moderna y las teorías que les dieron forma, teniendo en cuenta que gran parte de la filosofía moderna y contemporánea, y en concreto la actual "filosofía de la ciencia" que propugnaron las corrientes positivistas, ha señalado como objetivo prioritario el análisis de estos principios teóricos, que se empiezan a definir en el Renacimiento y que se someten al tribunal de la crítica en los pensamientos de Kant y Hegel.

Condiciones que facilitaron el desarrollo de la ciencia moderna:

1º. El resurgimiento de la Matemática y la matematización de la experiencia.