Crisis financiera



Introducción

La crisis financiera se da cuando el sistema financiero que rige un país, una región o inclusive, el planeta entero, entra en crisis y pierde credibilidad, fuerza y poder. El concepto se lo aplica a las crisis económicas que no se originan por algún problema en la economía real sino por problemas que atañen al sistema financiero o monetario exclusivamente.

La crisis financiera como fenómeno es característica del sistema capitalista, aquel que se basa en el intercambio de divisas por productos y que en la actualidad es financiero debido a la importancia de las actividades especulativas y bancarias que en él se dan.

Durante las últimas tres décadas, las crisis financieras han ocasionado turbulencias en los mercados financieros tales como problemas de deuda externa, problemas en las bolsas de valores, quiebras bancarias, hiperinflaciones y transformación de los tipos de cambio. Estos han sido comunes no sólo en los países emergentes sino también en países como Estados Unidos, Japón y países Europa. Por ello, el objetivo de este trabajo es demostrar cómo a raíz del proceso de desregulación y liberización financiera los agentes económicos sufren cambios que permiten la integración de los mercados financieros nacionales en un mercado financiero global que funciona las 24 horas del día y cuya característica fundamental es la innovación tecnológica.

En este trabajo se hace una revisión de las crisis financieras, las cuales pueden ir en el siguiente orden: crisis monetarias, crisis de endeudamiento externo, crisis bursátiles y crisis bancarias, y por último se aborda el tema de la recesión mundial provocada por la caída de los participantes en la nueva economía (new economy) y que impactó a todo el mundo a fines de 2001.

CAPÍTULO I

Crisis financieras: causas y efectos

Charles Kindleberger señala que de 1618 a 1929 hubo un sinnúmero de crisis financieras. Por mencionar sólo algunas: la de los tulipanes (1636-1640), la de las compañías de oriente a fines del siglo XVIII, la caída de los títulos ferrocarrileros (siglo XIX) en los años 30 más de mi l bancos estadounidenses se declararon en quiebra. Más recientemente, sorprende la caída del índice Nasdaq, en el transcurso de un año, a partir de marzo de 2000, cuando el precio de los títulos de la nueva economía se desplomó en cerca de un noventa por ciento, iniciando un proceso de recesión económica mundial, después de un periodo de casi diez años de crecimiento de la economía de EUA.

El colapso de grandes, medianos y pequeños bancos t ene una significación muy importante en el campo de la teoría económica, en el ciclo económico, en la competencia entre los mercados financieros nacionales y entre las diversas regiones del mundo. Las quiebras bancarias en Tailandia, Indonesia, Corea del Sur y Japón tuvieron un costo para el Fondo Monetario Internacional cercano a los cien mi l millones de dólares; las de los bancos de Escandinavia al inicio de los noventa y las de América Latina (México, Argentina, Brasil , y Venezuela), son las más importantes en la última década del siglo XX. Sin embargo, no debe olvidarse la quiebra de las sociedades de ahorro y préstamo en Estados Unidos durante los ochenta, que le costaron al Sistema de la Reserva Federal (banco central de EUA, conocido como Fed) más de 150 000 millones de dólares.

El estudio de las crisis bancarias que desembocan en crisis financieras debe enmarcarse en el proceso de desregulación y liberalización de los sistemas financieros nacionales, que consiste en la eliminación, a través de las fronteras, de las limitaciones al otorgamiento o prestación de servicios financieros (créditos e inversiones fundamentalmente).

La competencia de los bancos con otros intermediarios financieros (Bancos de inversión, compañías aseguradoras, fondos de pensiones, fondos mutuos) están llevando a cuestionar si la banca comercial está en declive o están cambiando sus funciones, como resultado de la innovación financiera y de la emergencia de nuevos productos, de la integración, de la globalización y del papel creciente de los mecanismos de mercado en la determinación de los precios y de la distribución.

En realidad, las crisis bancarias son resultado de la mayor competitividad de los servicios que of recen los intermediarios financieros en mercados altamente integrados a escala mundial, así como de la participación de los intermediarios no bancarios. La competencia ha provocado una tendencia a la disminución de operaciones tradicionales que integran los balances de los bancos, los recortes de costos y la consolidación de las operaciones bancarias mayoristas, así como a la expansión de las actividades bancarias que no figuran en sus balances. Habida cuenta de la ininterrumpida pérdida de la participación de los bancos en los pasivos de las sociedades anónimas, se ha elevado rápidamente la de los fondos de inversión y del papel comercial.

La expansión de la actividad bancaria a áreas no tradicionales, ocurre al tiempo de un desarrollo extraordinario de otras empresas financieras y no f financieras, las cuales han venido proveyendo servicios de t tipo bancario y forman o "bancos que son o no son bancos" .La institucionalización de los mercados financieros ha avanzado también con rapidez, incrementando el refinanciamiento y el profesionalismo de todos los participantes. Inversionistas y prestatarios actúan cada vez más en el mercado como instituciones, con todas las ventajas que él lo involucra. Esta tendencia tiene implicaciones importantes para los mercados financieros.

La solidez de un sistema bancario es resultado de políticas macroeconómicas y estructurales que permiten una estrecha correlación con el sistema financiero. En América Latina los procesos de desregulación financiera no han sido muy exitosos, precisamente porque no se ha tenido la visión para establecer una política económica que posibilite la liberalización del sector financiero sin desestructurar el sistema bancario. Ejemplo de ello ha sido Chile (Díaz, 1995) a principios de los ochenta y Venezuela, México y Argentina en los años 90.

Por ello, en América Latina, se admite que independientemente de si los sistemas bancarios están o no adecuadamente reglamentados y supervisados, siempre serán vulnerables a los shocks macroeconómicos. Éstos afectarán adversamente la demanda de moneda nacional o la afluencia de capital internacional, conduciendo a una crisis a través de otras vías. Un incremento inesperado de depósitos bancarios o una afluencia de capital extranjero puede desencadenar una tranquilidad de las actividades crediticias de los bancos, al final de la cual éstos pueden encontrarse con la falta de pago de muchos préstamos, lo que hace al sistema muy vulnerable a un shock pequeño.

La menor importancia relativa de la banca comercial en la oferta de créditos, es resultado de una mayor participación de los mercados de valores y de los servicios de corretaje en el proceso de financiamiento. Durante los últimos años de la década de los noventa se observan gran número de fusiones entre los grandes bancos comerciales principalmente en Estados Unidos. Ejemplo de ello es la fusión de la compañía bancaria y de la firma financiera más grande de Estados Unidos, Citicorp con Travelers Group por más de 72, 500 millones de dólares; la de BankAmerica y Nations Bank, valorada en 60,000 milones de dólares.

La nueva estructura del poder financiero se caracteriza por la desintermediación en los mercados financieros, la desregulación financiera en escala mundial y la competencia entre las instituciones financieras. Por otra parte, la disminución de la deuda contratada con la banca comercial internacional y el aumento de los créditos vía la emisión de valores promueven la modificación de los métodos tradicionales de financiamiento.

La afluencia de capital de corto plazo a los mercados emergentes creció de manera extraordinaria desde fines de la década de los ochenta hasta mediados de los noventa. Estos mercados se constituyeron en destinos de inversión por sus atractivos rendimientos, gran liquidez, oportunidades de arbitraje y la diversificación de los portafolios de inversionistas institucionales. Los flujos netos de capital privado a esos mercados, en promedio anual, durante 1993 - 2000 fueron de 119.3 mil millones de dólares. Entre 1993 y 1996, en promedio, los países de la región asiática recibieron 39.25 mil millones de dólares. A partir de la crisis de 1997 y hasta el 2000 habían salido capitales en promedio por año de 15.22 mil millones de dólares. En ese mismo periodo, los flujos netos de capital privado hacia los mercados de América Latina fueron de 52 .37 mil millones de dólares. Es decir, la participación de Asia se reduce drásticamente, incrementándose la de América Latina como consecuencia del impacto de la crisis asiática.

A diferencia de lo que ocurre en los países industrializados, en América Latina los depositantes se muestran más inclinados a retirar sus recursos del sistema bancario, cuando se ve afectada adversamente la capacidad de los prestatarios para pagar. Por ello, la fragilidad de los sistemas bancarios también se refleja en el elevado costo asociado con la reestructuración de los sistemas después de una crisis.

Los costos de una crisis financiera son amplios, al costo fiscal y cuasi - fiscal de la reestructuración del sector financiero se agregan el efecto de ésta en el nivel de la actividad económica y la incapacidad de los mercados financieros de funcionar eficientemente.

En la gestación de las crisis financieras de los noventa han intervenido varias circunstancias:

Las crisis bancarias se enmarcan en los procesos de desregulación y liberalización financiera de los sistemas bancarios mundiales y de su inserción en un modelo global. La competencia entre los mercados financieros nacionales y la integración de un mercado financiero global luchan por mercados contestatarios. Si bien el presente trabajo se refiere sólo al sistema bancario, es importante rescatar la hipótesis clásica según la cual los bancos y la industria tienen una correspondencia muy estrecha y son precisamente los cambios en el sector productivo y las necesidades de éste, los que determinan el comportamiento del financiamiento y del crédito. Así, el patrón de financiamiento observado en un país corresponde al grado del desarrollo que tiene su proceso de industrialización.

Por ello, en la etapa de inserción de los sistemas financieros nacionales al modelo global, emergen mercados financieros cuyas características van conformando un mercado financiero integrado, haciéndose parte de éste los mercados emergentes donde podrían darse tendencias hacia una moneda común y tasas de interés homogéneas. Por ello, la tasa de interés de los fondos federales determinada por el Fed afecta la política monetaria de otros países, en especial sus tasas de interés.

Es indudable que la formación de bloques monetarios en zonas geográficas lleva hacia una competencia de tasas de interés regionales. Pero el surgimiento de nuevos intermediarios financieros asociados a una diversificación de carteras de derivados determinados por los flujos de capital hacen más difícil no sólo la intermediación bancaria tradicional sino el mantenimiento de la estabilidad del sistema financiero internacional. Los mercados emergentes se ven integrados a un solo mercado financiero, global y de operación ininterrumpida.

CAPÍTULO II

El mercado financiero global

Desde el inicio de la década de los ochenta ha tenido lugar un crecimiento inusitado en los mercados financieros en escala global. Particularmente, en lo que son los mercados de valores, las burbujas especulativas han emergido como un fenómeno persistente. Los valores adquieren un precio que difícilmente tiene que ver con su realidad. Los índices de cotizaciones se elevan y luego se desploman. Los cambios estructurales más fuertes han sido la innovación financiera y los cambios organizados del mercado de valores segmentado a una red unitaria. Una gran cantidad de adquisiciones y fusiones para lograr mejores negocios y ganancias en escala internacional se lleva a cabo constantemente.

El mercado financiero dejó de ser desde hace un par de décadas un mercado segmentado y nacional, como se describe enseguida: de Bangkok a Seúl, de Hong Kong a Frankfurt, París, Londres y New York, de México a Río y Buenos Aires, los mercados financieros globales han guiado su artillería a las capitales del este asiático. En el camino, ellos han incidido en tasas de interés altas, sistemas bancarios frágiles y economías débiles, ocasionando desestabilizar monedas que en periodos previos habían sido estables. Todo ello a partir del segundo semestre de 1997. Esta devastación sugiere que han emergido mercados financieros mundiales como una forma de gobiernos supranacionales para el siglo XXI... virtualmente, todas las naciones conjuntan la economía global, sus finanzas están sujetas a los mercados imperantes" (Girón y Correa, 1998). Por ello, no es una casualidad que los mercados financieros nacionales se encuentren integrados a un único mercado, pues no sólo poseen características semejantes, sino que responden en su desempeño a las variaciones de tasas de interés y tipos de cambio internacionales, así como a los lineamientos de política monetaria.

Cuando analizamos las recientes crisis bancarias y financieras en el marco de la globalización financiera resultado de la desregulación y liberalización de los sistemas financieros nacionales y el incremento de los intermediarios no bancarios, así como el elevado número de operaciones fuera de balance a través de las operaciones con instrumentos financieros derivados ( opciones y futuros).

El proceso de integración en un mercado financiero global ha ocasionado diferentes tipos de crisis; como se dijo en páginas anteriores, el FMI señala que de 1980 a 1996 hubo 150 crisis que afectaron al setenta por ciento de los países miembros de esa institución. Las crisis financieras van precedidas de caídas del producto interno bruto, ocasionadas por profundas crisis económicas acompañadas de grandes procesos de concentración y centralización del capital, categorías analizadas por Marx en su obra de El Capital.

Hoy, en la esfera financiera, los productos, los servicios y la informática, han revolucionado conceptos y conformado la " nueva economía", que parece llevar al mundo a una recesión y posiblemente a una caída prolongada del crecimiento económico y a una crisis económica generalizada semejante a la de 1929. La deflación prolongada en Japón, el impacto de la recesión en el sudeste asiático después de una sorpresiva recuperación entre 1998 y 1999, la depreciación del euro en la Unión Europea y la negativa respuesta de la economía de EUA ante la baja acelerada de la tasa de interés de la Reserva Federal durante 2001, ponen a debate el modelo supremo.

Para poder entender las mutaciones del mercado financiero es importante profundizar en las teorías neoclásicas y llega desde una visión evolucionista de la economía observar la estrecha relación entre los cambios tecnológicos y las instituciones para prevenir las futuras crisis financieras.

CAPÍTULO III

La primera crisis del siglo XXI

El Fondo Monetario Internacional o FMI es una institución internacional que en la actualidad reúne a 189 países, y cuyo papel, según sus estatutos, es «fomentar la cooperación monetaria internacional; facilitar la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional; fomentar la estabilidad cambiaria; contribuir a establecer un sistema multilateral de pagos para las transacciones corrientes entre los países miembros y eliminar las restricciones cambiarias que dificulten la expansión del comercio mundial; infundir confianza a los países miembros poniendo a su disposición temporalmente y con las garantías adecuadas los recursos del Fondo, dándoles así oportunidad de que corrijan los desequilibrios de sus balanzas de pagos sin recurrir a medidas perniciosas para la prosperidad nacional o internacional, para acortar la duración y aminorar el desequilibrio de sus balanzas de pagos»

En 1995, Michael Camdeuss, director del FMI hasta fines de los 90 expreso que México fue de los primeros países en sufrir una crisis económica, por lo tanto debía ser tomado como ejemplo para que así los demás países estén preparados en caso de atravesar una situación similar. La crisis bancaria mexicana que desembocó en una crisis financiera con efectos en otros países latinoamericanos fue la pauta para la formación de nuevos programas de estabilización y el ejemplo para otros países que sufrieron una situación similar. El FMI otorgó un paquete de salvamento de casi 50 millones de dólares, los cuales fueron recolectados por la institución, Europa, Canadá y Japón.

El entorno de la crisis el rescate y la extranjerización

El reto principal para las autoridades fue evitar el colapso del sistema financiero y productivo, y restablecer la confianza de los inversionistas en el país. Debido a la naturaleza de la crisis, la respuesta de política se concentró en dos frentes. En primer lugar, se instrumentaron políticas fiscales y monetarias restrictivas y se adoptó un tipo de cambio flexible; en segundo lugar, se negoció un cuantioso paquete internacional de apoyo que permitió fortalecer la confianza en la capacidad del país para cumplir con sus obligaciones financieras.

El deterioro del empleo y el alza de las tasas de interés provocaron un fuerte aumento de la cartera vencida en las instituciones de crédito y, por ende, un descenso marcado en los niveles de capitalización de la banca. En respuesta, se ejecutaron diversas medidas para apoyar tanto a los deudores como a los bancos. La finalidad fue prevenir una quiebra generalizada de las instituciones financieras.

Se adoptó a tal fin un enfoque integral, ya que se enfrentaban problemas de liquidez y solvencia con repercusiones sistémicas. Entre las medidas que se adoptaron destacan las siguientes:

Por dicha privatización, el gobierno recibió 13 millones de dólares, los cuales fueron utilizados para el pago de la deuda interna.

La banca mexicana a pesar de un entorno favorable presentaba ciertos desajustes, la cartera vencida de los bancos creció a una tasa mayor que el PIB en el periodo de 1990-1994. Los problemas de capitalización se agudizaron y existían un alto nivel de endeudamiento en empresas privada, bancos comerciales y banca de desarrollo.

La crisis financiera, particularmente en el sector bancario se manifestó en el crecimiento de la cartera vencida, en las dificultades para constituir reservas preventivas y en los problemas de capitalización del sistema bancario. Desde entonces se ha registrado una mayor presencia de filiales de intermediarios financieros extranjeros, alianzas estratégicas y fusiones, como opción para enfrentar la competencia y las necesidades de recapitalización.

Primera etapa (1989-1994)

En términos de naturaleza inmediata el colapso de diciembre de 1994 tuvo un carácter especulativo-cambiario, resultante de la sobreexposición de una economía nacional con moneda sobrevaluada a los movimientos especulativos de una enorme masa móvil de inversión externa de cartera. La salida masiva del país de este tipo de capitales, agotó las reservas internacionales de divisas, impuso una macro devaluación descontrolada del peso traducida en un proceso inflacionario contenido por rígidas medidas de contracción monetaria y fiscal, que desencadenó una crisis financiera, productiva y social. La sobreexposición de la economía mexicana a la inversión especulativa tuvo lugar a nivel del mercado cambiario y resultó de la gran desproporción entre el capital especulativo internacional localizado temporalmente en México y las reservas internacionales de divisas con que contaba el país para garantizar la convertibilidad y libre reflujo de esos capitales en un contexto de moneda nacional fuertemente sobrevaluada. Esto se dio en momentos en que la economía nacional era extremadamente vulnerable a ataques especulativos en gran escala por la conjunción de otros factores financieros y monetarios adicionales, como:

a) Una alta deuda externa privada.

b) Un sistema bancario interno extremadamente vulnerable (baja capitalización y alto endeudamiento externo, aparición de un problema de cartera vencida).

c) Un entorno monetario extremadamente líquido resultado de la sobre expansión del crédito.

d) Un régimen legal excepcionalmente liberal, determinado por la carecía de instrumentos específicos de regulación de entradas y salidas de capital.

La crisis mexicana, caracterizada por la "crisis de los tesobonos" o "crisis de la deuda interna", acompañada de la insolvencia de las empresas, la banca comercial y la banca de desarrollo, se suma a las crisis de los ochenta: deuda externa, crisis bancaria, crisis bursátil, inestabilidad y devaluación cambiaria, las cuales son un reflejo en gran parte de la reestructuración del sistema financiero nacional en el marco de los cambios en los mercados internacionales de capi tal (Culpeper 1997). Hacia el final del sexenio (1988-94), ante la inminencia de que el pánico hiciera que los inversionistas sacaran su dinero del país, el gobierno emitió un gran volumen de obligaciones a corto plazo, los tesobonos, que estaban denominados en dólares y que por lo tanto eran inmunes a las devaluaciones. Los inversionistas cambiaron rápidamente sus obligaciones a corto plazo denominadas en pesos (los Certificados de Depósito, Cetes) por tesobonos, cuyo valor llegó a cerca de 29 mil millones de dólares en 1994; al estallar la crisis y redimir esos valores en dólares, se agotó la reserva del Banco de México.

El Banco de México, destaca la posición neta acreedora o deudora de los agentes económicos respecto del sistema financiero interno. Así según esa institución la posición neta acreedora de las familias es negativa de 1993 a 1995; la posición negativa de las empresas empieza en 1992, l legando a un nivel máximo en marzo de 1995: a menos 10.7 como porcentaje del PIB. A partir de 1996 se observa un cambio positivo y se mantiene en crecimiento constante hasta 1 999. En el caso de las empresas, el incremento que se observó a fines de 1994 en su saldo neto deudor se vio muy influido por el efecto de la devaluación en sus pasivos en moneda extranjera. La disminución que en 1995 registró dicho saldo neto obedeció en parte a que la banca dio de baja la cartera incobrable (Banco de México, 1995); a partir de 1996 existe una posición neta acreedora positiva.

La inestabilidad tuvo efectos amplios sobre el sistema financiero, particularmente en el sector bancario, que se manifestó en el crecimiento de la cartera vencida y dificultades tanto para constituir reservas preventivas como de capitalización, esto se debió a:

Por otra par te, los activos bancarios luego de un importante incremento en términos reales entre 1989 y 1994, se contrajeron 14.8% hasta el tercer trimestre de 1995, a pesar del establecimiento de nuevas instituciones bancarias.

Esta etapa se caracterizó por la ampliación en la competencia del sistema bancario mexicano asociada al auge crediticio que tuvo lugar en ese período. Como consecuencia:

Segunda etapa (1995-2001)

Uno de los problemas que enfrentó la banca mexicana a partir de la crisis de 1994 y principios de 1995 es la modificación en el crédito a los diferentes sectores. La asignación del crédito al sector privado descendió de 613 000 millones de pesos en 1994 a 564 000 millones en 1998; en términos porcentuales se observa una tasa anual decreciente de 2.73 % en el periodo 1994-1998. Cabe recalcar que al instrumentarse el Fobaproa y las medidas de rescate bancario que permitieron capitalizar a los bancos y sanear sus carteras vencidas al excluir los créditos insalvables o estos fondos atribuibles al rescate, la caída en el financiamiento fue de 37.4% en 1995; en diciembre de 1996 y de 1997 las variaciones negativas fueron de 35.5% y 12.9%, respectivamente. El panorama en 1998 y 1999 fue similar, dado que en términos reales hubo una variación de –4.6% y –9.7%, respectivamente, y no existen aún signos de que el sistema bancario vaya a aumentar el financiamiento al sector privado. No obstante, de las encuestas de evaluación coyuntural del mercado crediticio se obtuvieron los siguientes resultados:

i) El nivel de las tasas de interés.

ii) La reticencia exhibida por la banca a extender crédito.

iii) La incertidumbre sobre la situación económica.

Indicadores del desempeño de la banca

Antes de la crisis se presumía que el sistema bancario mexicano estaba catalogado como muy semejante al de sus socios del TLCAN, como por ejemplo:

"En 1993 los activos totales de los bancos más importantes de América del Norte ascendieron a 1859598.1 millones de dólares, suma muy superior a la deuda externa de los países en desarrollo y que representó un tercio del PNB de esa región. De ese monto, Estados Unidos absorbió 66.5%, Canadá 26%, y México 7.5%. Respecto a 1990 esos activos se incrementaron 20.17% en 1993. En el caso estadounidense el repunte de 1990 tendió a decrecer hacia 1992; en Canadá hubo un ligero crecimiento y sólo México registró un aumento sostenido, que en términos absolutos representó 81658.5 millones de dólares de 1989 a 1993. El efecto de las variaciones de este último se vinculó con la recesión en Estados Unidos y en menor medida con la de Canadá, aunque también influyeron las expectativas macroeconómicas originadas por el TLC y el repunte económico producto de la entrada de capitales externos. Resulta interesante destacar que el promedio del margen financiero de la banca mexicana (5.8) es muy cercano al de la estadounidense (5.96); el de Canadá es de sólo 3.9. Cabe señalar que en 1990 los activos de la banca comercial de México ascendían a 72 212 millones de dólares, cifra apenas cercana al quinto banco más grande de Estados Unidos (estarían entre las del Security Pacific Bank y el Bankers Trust Corp.) y ligeramente por encima de los del Bank of Montreal, que ocupa el tercer lugar" (Girón, 1994).

En el periodo 1994-2000 las ganancias netas frente a fondos propios cayeron al pasar de 12.6 % a 9. 69%; por otra par te, las ganancias netas frente a activos totales, con excepción de 1996, se han mantenido igual y el ingreso operacional frente a los activos totales subió de 4.10% en diciembre de 1994 a 5.66% en diciembre de 1999 ( Girón, 1994, pp.1068 -10069). ¿Qué significado tienen estos porcentajes si, como se vio, el crédito bancario ha disminuido?

Por tanto, ¿la solvencia y la capitalización pueden considerarse como un saneamiento real de la banca a pesar del rescate de que fue objeto? En el periodo de 1994 - 2000 el cociente de capitalización pasó de 9. 8% a 17.7 %; la relación capital a activos totales pasó de 5. 50% en 1994 a 9.56% en el 2000; la cartera vencida en relación a la cartera total pasó de 7. 3% a 5. 81% en un periodo de seis años. Por otro lado, las reservas en relación con cartera vencida pasó de 42.78% a 82.87% sin embargo, los activos corrientes en relación a los pasivos corrientes permanecieron casi constante, todo esto en el periodo 1994 -2000.

Coeficiente de cartera vencida de la banca

El crecimiento de la cartera vencida con respecto a la cartera total, o coeficiente de cartera vencida de la banca comercial, así como las dificultades tanto para constituir reservas preventivas como para la capitalización, hicieron necesaria la intervención del gobierno, que hizo intervenir al Fobaproa y al Procapte. El primero actuó como una ventanilla de créditos para que los bancos con problemas en su posición financiera pudieran solventar sus obligaciones financieras de corto plazo. El Procapte, orientado a apoyar a las instituciones con problemas temporales de capitalización ( índices inferiores a 8% de sus activos en riesgo), tiene por objeto garantizar su solvencia. Así, los bancos se obligan a entregar al Fobaproa obligaciones emitidas por ellos, subordinadas y convertibles. En este proceso, y como parte de los apoyos de los programas referidos, la carga de la deuda externa privada, de la banca comercial y de los grandes consorcios industriales, es uno de los factores de la inestabilidad financiera desde 1995.

La desregulación financiera iniciada a finales de los ochenta, la privatización de la banca, la venta de bancos rentables y la constitución de grupos financieros no permitieron mejorar la competitividad en el mercado interno, pues a finales de 1994 sus márgenes de intermediación superaron los indicadores de los bancos canadienses y estadounidenses. Si bien la industria bancaria se resquebrajó después de la crisis, desde antes registraba un crecimiento paulatino de las carteras vencidas, el cual se aceleró con la devaluación; el coeficiente de cartera vencida de la banca comercial pasó de 8. 7% en diciembre de 1994 a su nivel más alto de 17. 1% en noviembre de 1995. Aunque el banco central intervino para salvar la situación lo hizo sin duda a un costo económico, político y social muy alto. El proceso de alianzas estratégicas entre grupos financieros y bancos extranjeros ha sido muy lento.

En efecto, sólo en 1998 se avanzó en la adquisición accionaria mayoritaria, cerca del 70 % del grupo mercantil Probursa por parte del Banco Bilbao- Vizcaya; en tanto que el Banco de Nueva Escocia adquirió 55 % de la participación accionaria de Inverlat. Por su parte, el Banco Central Hispanoamericano y el Central Portugués tienen participación en Bital; Santander adquirió el Banco Mexicano; en marzo del 2000 Bancomer se fusionó con el Banco Bilbao Vizcaya; Citigroup adquirió Banamex en julio del 2001 por un monto de 12 , 500 millones de dólares. La última alianza fue la adquisición de Bancrecer por parte de Banorte en septiembre de 2001, que representó 165 millones de dólares. Durante el 2002 se espera la fusión de Bital y Atlántico.

Monografias.com

Estructura bancaria y estructura financiera en transición

A la crisis financiera mexicana, considerada como la primera crisis global del siglo XXI, se sumaron las crisis de Asia, Rusia, Brasil, Turquía y Argentina que han afectado a los organismos financieros internacionales a tal grado que se anuncia la necesidad de una "nueva arquitectura" del sistema financiero internacional.

Es indudable que a partir de los cambios que produjo la privatización de la banca en 1991 se está conformando la nueva estructura bancaria mexicana para el siglo XXI. Con la crisis bancaria se han delineado dos tipos de bancos: por una parte, los de participación extranjera y los nacionales que se han ido fusionando a lo largo de sus propias crisis de capitalización, y por otra, la banca de desarrollo, que también ha presentado elevados índices de morosidad y ha tenido que ser rescatada por el gobierno federal. Así, la banca de desarrollo se ha ido acoplando a las necesidades de inserción de la política económica del país en un modelo exportador y necesitado de divisas, pero su participación en el mercado declina. Es muy probable que continúe tanto la fusión de bancos como su rescate.

Lo acontecido en México a partir de 1994 -1995 hace que surja el interrogante de si realmente el Fondo Bancario de Protección al Ahorro, el Acuerdo para Deudores, el Programa de Capitalización Temporal y el Instituto para la Protección del Ahorro Bancario han cumplido con su objetivo.

Ante el proceso generalizado de racionalización del sistema, caracterizado por el ingreso y la mayor presencia de filiales de intermediarios extranjeros, las alianzas estratégicas y fusiones constituyen una opción para enfrentarse a las condiciones de la nueva competencia, así como a las necesidades de recapitalización. Ello además de la intervención gerencial de algunos bancos: Unión, Cremi, Obrero, Banpaís, Interestatal, Centro y Banorte, cuyos quebrantos ascienden aproximadamente a 14 600 millones de pesos.

La primera intervención del IPAB fue la realizada en Banca Serfín, la cual se realizó a partir de julio de 1999, donde 80% del capital de dicho Banco se licitó públicamente, ya que el 20% de las acciones eran propiedad del Hong Kong Shanghai Bank Corporatión, con un costo de 29 000 millones de pesos necesarios para el saneamiento de la institución. En octubre de 1999 los accionistas de Bancrecer asumieron una pérdida por el equivalente de 900 millones de dólares y formalizaron la transferencia del control de este intermediario al IPAB, el cual aportará hasta octubre de 2002 102 mil millones de pesos para el saneamiento de Bancrecer; y se considera que de este monto sólo se recuperarán 9 mil millones de pesos, considerando la compra que hizo Banorte de Bancrecer.

CAPÍTULO IV

La crisis asiática

La crisis financiera del sudeste asiático es la expresión de la nueva estructura productiva y financiera al inicio del milenio, que definirán dos potencias: Estados Unidos y China, dada la creciente participación de ésta en el mercado mundial. Por otra parte, las megafusiones de los bancos estadounidenses con activos de 2,692,057 millones de dólares en un mercado financiero integrado y mundial permearán las estructuras económicas y financieras de los países con recientes crisis bancarias. China enfrenta una transformación histórica, en la medida en que las reformas de mercado y la integración a la economía mundial ayudan al crecimiento de la producción y se incrementan el comercio y la inversión, factores decisivos en la economía mundial. El mercado financiero ha dejando de ser desde hace un par de décadas un mercado segmentado y nacional.