Educar en valores… ¿a quién? La controversia, al docente o al estudiante



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Resumen

Área: Educación en Valores

Sub-Área: Perspectivas de la Educación en Valores

La propuesta está relacionado con la interrogante: ¿a quién educar en valores: Para darle respuesta, se parte del significado del constructo "Educar en Valores", para luego, arribar finalmente, desde una perspectiva muy personal, a una conclusión acerca de esta controversia. En virtud de este orden, comienza la disertación con la afirmación de que inadmisible pensar en educar sin considerar los valores y que la etiqueta "Educación en Valores", hace mención a una toma de conciencia acerca de cuáles son los fundamentos esenciales para educar en valores, entre los cuales, el relativo al sujeto responsable de realizar esta tarea, es uno de los más importantes.

Seguidamente se desarrolla el aspecto referido a la toma de conciencia por parte del docente a partir de la idea de que conciencia implica una capacidad del espíritu humano de reconocer la verdad en sus atributos esenciales y puesto que tal reconocimiento en este caso, está relacionado con la educación en valores, se concluye que la toma de conciencia del docente dependerá del proceso formativo y auto-reflexivo que realice, el cual le permitirá plantearse diversas e importantes controversias y sustentar su actuación desde una perspectiva humanista que valore a la persona como ser individual, como ser social y como ser moral. Finalmente se concluye que la contradicción para dilucidar a quién educar en valores está relacionada con nuestra identidad como docentes y con la diversidad, (la identidad de los otros), pues lo que sí es seguro es que la educación en valores sólo adquiere significado práctico cuando el carácter abstracto y general que posee, puede ser confrontado con el contenido concreto de la realidad vivida, y aquí es donde es inherente la educación a la labor del educador, pues aunque no se lo proponga está educando en valores y esto demanda: Pensamiento Crítico, Fortaleza de Carácter, Autorreflexión y Dedicación Constante.

El análisis que hoy nos corresponde tiene que ver con la interrogante: ¿a quién educar en valores: al Docente o al Estudiante? Sin embargo, para dar respuesta a esta cuestión, se hace necesario partir en primer lugar del significado del constructo "Educar en Valores", para luego, en segundo lugar, tratar de dilucidar a quién realmente hay que educar en valores y terminar finalmente como paso tercero con el análisis acerca de si esta propuesta de "Educar en Valores" es un mito o una realidad.

En virtud de este orden, comenzaré esta disertación, partiendo de la interpretación que generalmente los involucrados en la tarea educativa y la sociedad en general, le dan al constructo Educación en Valores, cada vez que se intentan buscar una solución al problema de la corrupción, o en general, al de la desobediencia de las normas. Desde esta perspectiva, es de imperiosa necesidad que se comience a "Educar en Valores" para poder solucionar los problemas que enfrentamos. Incluso hemos escuchado a más de uno decir que esta propuesta logrará revertir la "crisis de valores" de nuestros jóvenes y de toda la sociedad.

Sin negar los buenos propósitos que sustentan este supuesto, se hace necesario analizar el manejo que comúnmente se le da a este concepto, razón por la cual para hablar de este tema se hace obligatorio plantearnos una primera interrogante: ¿es posible una educación que no esté impregnada de valores?

Para responder esta interrogante, partimos de la concepción de la Educación como una dinámica de reciprocidad, lo cual presume una correlación intencional entre la persona del docente y la del alumno. Por medio de ella, entre otros procesos que se dan, se transfiere información de la cultura del grupo de pertenencia hacia el grupo de alumnos. Sin embargo, esta información transferida no llega de manera pura al alumno, en el trayecto e incluso desde su fuente de origen, esta información viene saturada de una serie de intenciones que revelan una determinada manera de apreciar la realidad.

De modo que cuando explicamos las teorías sobre el origen del mundo o del hombre, además de informar acerca de datos, hechos y conceptos; también enseñamos que la sociedad de cada tiempo tenía una determinada manera de apreciar el origen de las cosas, y que estas apreciaciones estaban tan arraigadas que dieron origen a situaciones como las que tuvo que enfrentar Galileo. (Se recuerdan Galileo Galilei, aquel físico y astrónomo italiano, padre de la mecánica moderna quien fue obligado por la inquisición de la iglesia católica, a retractarse de que la tierra no era el centro del universo).

Estas situaciones a su vez generan enseñanzas relacionadas con la existencia de realidades como el sectarismo religioso, la segregación racial, y las creencias personales, entre otras. Además de que tanto los docentes como los estudiantes tenemos nuestras propias apreciaciones o juicios sobre dicha información, la cual a su vez ya viene cargada de un continuo de juicios previos: el de los historiadores, el de los científicos, el de las personas que participaron del hecho, el de los autores del texto escolar, el de los mismos maestros, y también por qué no - el de los alumnos.

En consecuencia este entretejido de apreciaciones o juicios previos acerca de la información que se da en el ámbito educativo, permite afirmar, como respuesta a la primera interrogante planteada para esta conferencia: ¿Qué en su Dimensión Informativa, la Educación no está Exenta de Valores?

Esta carga de valor que posee la educación se encuentra presente también en otras dimensiones iguales o más importantes que la ya mencionada, vinculadas a aspectos tales como las actitudes y discursos de los maestros y a la organización escolar como fuentes fundamentales, mediante las cuales se exteriorizan los valores en la educación y que pueden expresarse a través de un término que desde hace algún tiempo venimos escuchando y que enuncia muy bien estos aspectos: El Currículo Oculto de la Escuela.

Y esto es tan cierto que desde la perspectiva práctica, se puede observar como todos los que ejercemos la tarea docente, exhibimos unos intereses personales, una forma de relacionarnos con los estudiantes y con los compañeros, una forma de utilizar los recursos, una forma de considerar a los demás como personas con los mismos derechos y con igual dignidad, una forma de aceptar los convencionalismos sociales y también lo que consideramos importante para facilitar la convivencia: ¡Es decir asumimos una Conducta que hace que nuestro Trabajo Educativo no esté Exento de Valores!.

Lo mismo podemos decir de la organización de nuestras instituciones. La forma en que se proyecta la autoridad, el estilo de gestión (Democrático, Autoritario, Paternalista), así como los usos que éstas tienen, enseñan una serie de pautas acerca de lo que es bueno o malo, de lo que es valioso y de lo que no lo es.

Por ello, es inadmisible pensar en educar sin considerar los valores, puesto que ellos cohabitan en el (Espíritu Mismo de la Educación). Lo que sí se debe tener presente es que la etiqueta "Educación en Valores" está relacionada con una determinada manera de llevar a cabo esta tarea, o para ser más exactos, hace mención a una Toma de Conciencia acerca de cuáles son los fundamentos esenciales para educar en valores y la manera cómo debe de llevarse a cabo esta formación a través del Proceso Pedagógico.

Ahora bien, si el proceso pedagógico, para educar en valores, debe tomar consciencia acerca de sus fundamentos esenciales y entre éstos, el relativo al sujeto responsable de realizar esta tarea, es uno de los fundamentos esenciales más importantes a considerar, entonces esto nos conduce a una segunda interrogante: ¿A quién educar en valores, para que este proceso se produzca de manera consciente?

Pareciera que la respuesta a esta interrogante señalara al docente como la persona que necesita ser educada en valores, pues es él quien tiene la responsabilidad de educar y si esa educación lleva consigo una Carga de Valor, tal como se afirmó en los párrafos precedentes, es el docente quien en primer lugar, "necesita ser Educado" en este aspecto, pues del proceso (Educativo-Formativo) que reciba, dependerá el grado de consciencia con la que procesará la carga de valor que lleva consigo La Educación.

Y al hablar del docente como el sujeto, que en primer lugar necesita ser educado en valores, nos estamos refiriendo a que su compromiso en la formación del hombre es tal, que a través del (ejemplo y de la práctica), él se erige como el "modelo ideal" que debe ser imitado porque defiende la autonomía del sujeto, reconociéndole su capacidad para tomar decisiones y actuar en función de criterios internos libremente escogidos, pero que a la vez destaca el papel que los demás tienen en la formación de cada individuo y de una sociedad más justa.

En consecuencia, esta afirmación nos lleva a formularnos una tercera interrogante: ¿Qué Significa esta Toma de Consciencia por parte del docente?

Nuestra respuesta a esta interrogante surge de la consideración de que conciencia implica una capacidad del Espíritu Humano de reconocer la verdad en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en si misma experimenta y puesto que tal reconocimiento de la verdad en este caso, está relacionado con la educación en valores, entonces el grado de conciencia que tenga el docente con respecto al reconocimiento de la importancia de esta tarea, dependerá del proceso auto-reflexivo que realice, el cual le permitirá plantearse controversias relacionadas con los siguientes aspectos:

El acto de autoreflexionar acerca de estos aspectos, posibilitará en consecuencia la Toma de Conciencia del Docente acerca del papel que juegan los valores en el proceso de formación de otros seres humanos y la selección del tipo de valores que orientarán su práctica para dilucidar si serán entonces los Valores Personales, (aquellos que parten de los deseos, intereses y preferencias de las personas, donde se emite un juicio valorativo en relación a algo o alguien), o si serán los Valores Sociales, (aquellos que se presentan como reglas de conducta que ayudan a asegurar el orden y la convivencia en sociedad, gracias a los cuales toda persona puede reconocer aquello que es Institucional y Socialmente Aceptable) o si serán los Valores Morales, (aquellos que se distinguen básicamente por ser universales e inalterables y se presentan como normativas de vida que se deben asumir y entender porque garantizan el intercambio dialógico, participativo y de sentimientos entre las personas de una comunidad, (por ejemplo, respetar la vida, respetar la dignidad de las personas o ser honesto con uno mismo y con los demás).

También posibilitará este acto de autorreflexión acerca de los valores, el reconocimiento de la diversidad existente, es decir, de los múltiples modelos valorativos que existen y las correspondientes perspectivas del mundo que los sustentan. Entendiendo que este proceso de educación del docente, no viene dado desde afuera, ni tampoco se descubre, sino que se construye, y este proceso de construcción a su vez, se basa en el diálogo: diálogo que se inicia con uno mismo para seguir luego con los demás.

Asimismo es importante enfatizar que además del proceso de autorreflexión como mecanismo para el aprendizaje de una conciencia, la formación del docente debe sustentarse en una perspectiva humanista que le permita desarrollar gradualmente su personalidad en el ejercicio de su labor, ya que no es posible ser modelo de actuación si no se logra expresar una motivación hacia la profesión, una dedicación y entrega al quehacer docente, una experticia en el área de conocimientos en la cual se trabaja y una formación psicopedagógica que permita establecer una comunicación dialógica con los estudiantes. Además es imprescindible que el docente pueda alcanzar un alto grado de desarrollo moral. Pues ser modelo implica "ser coherente con lo que se dice y se hace, expresar vocación y compromiso con la educación".

Además, el docente como modelo, debe reconocer que el alumno como persona se encuentra inmerso en una dinámica de decisión permanente, lo cual obliga a reorganizar el proceso enseñanza aprendizaje desde una perspectiva que valore a la persona: como ser individual, como ser social y como ser moral. Proceso en el que las oportunidades de poner en juego la sensibilidad social, el razonamiento y el comportamiento moral, sean abundantes y faciliten la construcción de una sociedad auténticamente democrática compuesta por individuos técnica y socialmente diestros y con unas voluntades moralmente autónomas.

Y finalmente, en virtud de lo expuesto, la contradicción para dilucidar a quién educar en valores no es entonces, la selección entre a quien se debe educar primero, pues está claro que no existe tal contradicción si se toma consciencia que tal contradicción está relacionada es con nuestra identidad como docentes y con la diversidad, (la identidad de los otros), ya que lo que si es seguro es que la educación en valores sólo adquiere significado práctico cuando el carácter abstracto y general que posee, puede ser confrontado con el contenido concreto de la realidad vivida y aquí es donde es inherente la educación en valores a la labor del educador, pues aunque el docente no se lo proponga está educando en valores y esto demanda de nosotros: Pensamiento Crítico, Fortaleza de Carácter, Autorreflexión y Dedicación Constante, es decir, Toma de Conciencia. Las estrategias por las que nos inclinemos, finalmente serán consecuencia de estas primeras opciones y pueden pasar por una recreación crítica y creativa de las mismas, apoyada en una sólida autorreflexión y posición conceptual.

Conclusiones Finales

En la sociedad occidental actual existe una importante preocupación por el desarrollo de valores y actitudes en la Escuela. Se considera a ésta como una agencia de socialización y enculturación en niños y jóvenes con la pretensión de facilitar la integración social y cultural. Es evidente que existe de hecho, en el contexto de la globalización, una pérdida de vigencia e influencia social de las grandes organizaciones, como las Iglesias, que históricamente han contribuido de forma muy decisiva e influyente en el desarrollo de determinados valores. Preocupa en la actualidad el surgir de "contraculturas" tanto sociales como institucionales, como "contravalores", tales como la violencia, el dinero, el "todo vale", el egoísmo generalizado,... al margen de la ética o de la convivencia social. Más aún, el modelo positivista de la globalización elimina y destruye identidades locales e institucionales al neutralizar los valores subyacentes en las mismas.

A lo largo del siglo XX, hasta la década de los noventa, han convivido dos modelos de escuela: una más "tradicional", que ha tratado de desarrollar valores y actitudes a partir de proyectos institucionales y otra más "progresista" (¿?), que ha defendido un modelo de escuela sin valores (neutra) por entender que el aprendiz debe elegir libremente más adelante (de mayor) los valores que crea convenientes. No obstante, a finales de los 80, tanto unos como otros (sobre todo estos últimos), desembocan en el desarrollo de valores, por medio de ejes u objetivos transversales del Curriculum.

En la actualidad se habla de "inteligencia emocional" (nosotros preferimos hablar de inteligencia afectiva) al entender que la inteligencia actúa siempre con sus emociones y afectos. Entendemos la inteligencia afectiva como conjunto de capacidades - destrezas (procesos cognitivos) y valores - actitudes (procesos afectivos) que forman una unidad inseparable y por ello consideramos que la cognición no existe sin afectividad, ni las capacidades se pueden dar al margen de los valores.

La cognición y la afectividad son dos caras de la misma moneda y no tiene sentido separarlas en los Diseños Curriculares oficiales, las capacidades como objetivos verticales y los valores como objetivos transversales o lo que es peor aún como contenidos actitudinales. Nosotros recogemos la inteligencia afectiva en la parte de abajo del Modelo T (objetivos) entendidos como capacidades - destrezas y valores - actitudes, que interactúan entre sí de una manera inseparable en la vida de las personas.

En la inteligencia se desarrolla por contenidos (a veces) y la afectividad (valores - actitudes) se suele situar al margen y sigue otros caminos. Veamos con más detalle estas afirmaciones:

Bibliografía Citada

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Currículo Liceos Bolivarianos. (2007). Subsistema de Educación Secundaria Bolivariana. Edición: Fundación Centro Nacional para el Mejoramiento de la Enseñanza de la Ciencia, CENAMEC-Caracas.

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ROMÁN, M. y DÍEZ, E. (2001): Diseños Currriculares de Aula: Un modelo de planificación como aprendizaje- enseñanza. Buenos Aires. Novedades Educativas.

 

 

 

Autor:

Freddy Angulo

Poeta. Profesor. Especialista de Educación Agropecuaria UPEL-IPB. Carora, Venezuela.

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