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La literatura como medio auxiliar en la enseñanza del Derecho



Introducción

Si la ley, como disposición normativa, remonta su origen etimológico, dentro de las esencias de nuestro sistema jurídico hispano-visigodo-romano, a la formación de la incipiente monarquía romana, tras la fundación de la Ciudad de las Siete Colinas en el año 753 a.n.e., período histórico fundacional del arcaico Derecho quiritario, su raigambre descansa en la oralidad legislativa practicada por los miembros de los comicios curiados y centuriados, órganos integrados por representantes de las tribus latinas autóctonas de aquel paraje, cuyas decisiones normativas se denominaban lex o lo que es lo mismo, ley, razón por la cual al yuxtaponerse la ley y el léxico (lengua), a partir de esa conjunción pretendo vincular el Derecho, o mejor, la ley con manifestaciones literarias, en prosa o en verso; y de aquí, su apoyo didáctico en la enseñanza de variadas disciplinas jurídicas.

A seguidas, someto a la consideración de los cursistas mis dos textos, híbridos literarios y jurídicos, escritos para estimular la enseñanza de ciertas disciplinas de la carrera de Derecho.

Contextos jurídicos de expresiones literarias no es un ensayo; es un libro destinado al aprendizaje informal de la historia del Derecho a través de la lectura de diversas obras literarias, muy populares en nuestro país. El interesado en su lectura, si lo desea, puede enviar su e-mail al editor de esta monografía, quien, si me la ofrece, yo le remito al solicitante, una copia electrónica de dicho libro.

Sostienen el filósofo francés Jean Paul Sartre y el novelista cubano Alejo Carpentier que el quehacer literario se teje sobre contextos de todo tipo; mi intención pedagógica es revelar el contexto jurídico de las expresiones literarias seleccionadas para esta ocasión.

El derecho y la literatura son manifestaciones de la conciencia social. Cada uno refleja la realidad material, a su modo, de la sociedad que les genera.

Sus esencias responden al momento histórico concreto en que se producen, y por ello, se trenzan pero no se fusionan; conservan sus individualidades.

Apareadas, las normas jurídicas y las bellas letras han transitado por todas las sociedades clasistas hasta nuestros días.

Por inocuas que broten en la imaginación de sus autores, la prosa y el verso descansan en el sustrato normativo y punitivo de la organización política de la sociedad.

La fértil imaginación de los creadores artístico-literarios puede viajar al pasado y recrear una atmósfera social que dejó de existir; los sistemas jurídicos, ya sobrepasados por la historia, a veces, lamentablemente, resucitan en el presente.

Estas consideraciones han servido para desarrollar la exposición que someto a la paciencia de mis oyentes.

En ellas intento conjugar ambas disciplinas sociales con el propósito de hallar el hilo de la mitológica Ariadna y, ya sostenido por las manos del lector-estudiante, llamémosle Teseo, andar por los laberintos que comunican a una y otra.

El sendero avanza de una formación económica social a otra, según los textos literarios seleccionados, en correspondencia con el programa docente, criterio que atiende a su representatividad más objetiva del período histórico, la tangibilidad de su urdimbre legal y la meridiana densidad de su narración.

Pienso que lo escrito puede contribuir al conocimiento de pasajes legales y literarios en las carreras de Derecho, Historia y Estudios Socioculturales, donde una y otras no lleguen, en razón de su perfil profesional.

Derecho y literatura; literatura y derecho, dos caras de una misma moneda: la humanidad

Mi libro auxiliar Quijote y Derecho: ley en ristre tampoco es un ensayo; es otro texto informal destinado al aprendizaje episódico de la historia del Derecho, sin pretensiones de abordar su vastedad (de igual manera, el interesado en su lectura, si lo desea, puede enviar su e-mail al editor de esta monografía, quien, si me la ofrece, yo le remito al solicitante, una copia electrónica de este otro libro).

El más universal de los hidalgos españoles, Don Quijote de la Mancha, con su adarga inhiesta y lanza en ristre, nos guía a deshacer agravios en los sinuosos campos de la historia general del Derecho.

La impronta cervantina, presente en cada una de las aventuras invocadas en este texto, jalona el argumento novelesco del Caballero de la Triste Figura con sucesos acaecidos en el devenir histórico de las normas sociales compulsivas que han intentado, a lo largo de centurias, con mayor o menor acierto, reglamentar la vida en sociedad.

En la medida de lo posible, el autor agrupa, en busca de una coherencia orgánica entre textos normativos y dosificación docente , las diferentes instituciones jurídicas presentes en el relato cervantino pero sin ceñirse a éste en la dramaturgia de su discurso narrativo.

El libro (o quizás mejor, librito) que pongo a disposición de los estudiantes, intenta repasar memorables pasajes de la impar obra del Manco de Lepanto, en señal de profunda admiración, por una parte; de la otra, concatenarlos, gracias a licencias que con generosa discreción se tomó su autor del tiempo histórico, con avatares, venturas y desventuras del pretérito quehacer jurídico de la humanidad, presente de una forma u otra, en la legislación contemporánea.

Todo ello con un tenor eminentemente didáctico.

Así pues, como sentenció Don Quijote a su inseparable alter ego, el que lee mucho y anda mucho, vee mucho y sabe mucho.

Cuando formulo la siguiente interrogación a mis alumnos: ¿No has leído el Quijote?, les animo, ante tanta negación escuchada, con ¡todavía tienes la oportunidad de hacerlo!, y hasta los muertos, que como el Lázaro bíblico, se levantarán de sus tumbas para disfrutarlo.

- Cabalgamos, Sancho, cabalgamos - le dijo Don Quijote a su fiel escudero, les cuento a los estudiantes y pido cabalgar con ellos junto al Caballero de la Triste Figura, no sobre Clavileño, el alígero caballo de madera, sino sobre la obra mayor cervantina, para adentrarnos, de consuno, en los laberintos históricos del Derecho universal, guiados por las bellas letras.

¡Pero en vano! ¡Prefieren el teléfono celular!

Desarrollo

Los textos en cuestión devinieron en soporte esencial para el desarrollo de las clases en las asignaturas de Historia General del Estado y el Derecho, Derecho Romano e Historia del Estado y el Derecho en Cuba, disciplinas que brindan los fundamentos históricos y teóricos necesarios en el desarrollo de nuevos juristas.

Al ser conjugados con obras literarias, aumentan el diapasón cultural de los estudiantes.

Por supuesto, se me podrá objetar la brevedad de las invocaciones literarias recurridas en auxilio de la clase, es cierto, pero casi todos los temas contemplados en el programa docente, dado la vastedad de momentos históricos a reseñar, cuentan con muy poco tiempo destinado a su enseñanza, con independencia de la forma de clase exigida.

Otra objeción válida es la ausencia de textos literarios clásicos, como soporte docente en los temas pertinentes, tales como Ilíada y Odisea, cuando se estudian las ciudades-Estados griegas; la Eneida, en la fundación de Roma, el estado esclavista por excelencia; las epopeyas indias de Ramayana y Mahabhrata, vinculadas con el llamado Código de Manú; las hazañas del sumerio Gilgamesh, pariente secular del Código de Hammurabi; el colorido de Popol Vuh en las culturas indianas americanas y sus inocentes normas legales; el portentoso cuerpo de la Suma Teológica de Tomás de Aquino, trascendente en el derecho canónico y feudal; el Cantar del Mío Cid y su imbricación con las Partidas del rey castellano-leonés Alfonso X, el Sabio; la novela galdosiana El 19 de marzo y el 2 de mayo, episodio nacional vinculado al constitucionalismo hispano y su trascendencia en la América española...¡y tantas más pero imposibles de sumar a un corto programa docente de no más de ochenta horas lectivas!

Pero si resultara poco defendible mi posición, añado que no todas ellas están publicadas en nuestro país, o si lo están, son de difícil localización.

He aquí entonces, por qué mis dos textos devienen en auxilio de la clase.

¡Aquí van!

Los conquistadores del fuego

Y, ¡oh desgracia!, había muerto. El enemigo destruyó dos de las jaulas. Encerrado en la otra, se le vio desfallecer durante la fuga, pálido y moribundo (….).

(…) Y finalmente se desvaneció. (Primera Parte, Capítulo I: La muerte del

fuego).

Con tan patética descripción desliza el belga J.H. Rosny (1856-1940) su novela de aventuras prehistóricas Los conquistadores del fuego, cuyo eje

argumental gira en torno a los sinsabores del hombre primitivo en perenne lucha contra la naturaleza salvaje, aún no domeñada por aquel.

Dos conceptos claves, entresacados de su contexto dramatúrgico, nos sirven para situar históricamente los hechos narrados: fuego y horda.

También de su lectura se extraen consecuencias sociales, prejurídicas, tales como la familia, la actividad conjunta en la caza y la recolección de alimentos.

Este texto lo complemento con uno de mi cosecha que lleva por título Aventuras y desventuras de los hombres de las cavernas.

Quo vadis?

Esclavos y libertos

Casi dieciocho siglos después de las crónicas de Cayo Suetonio Tranquilo (69- 140 n.e.) el polaco Henryk Sienkiewicz (1846-1916) toma la figura histórica de Nerón y lo convierte en uno de los protagonistas de su novela Quo vadis? (¿Dónde vas?).

Tanto el cronista como el novelista caracterizan la soberbia imperial del César, sus crueles excesos, la fragmentada sociedad esclavista romana que encabezó y la despiadada persecución de los cristianos.

En este entorno, Sienkiewicz nos narra la vida de la rehén Ligia y el desmedido amor que un joven patricio experimenta por ella.

La novela se inicia con el encuentro de dos patricios, Petronio y Marco Vinicio, su sobrino; aquél de disoluta vida y éste, militar enamorado.

Trabada la conversación, la atención del joven Vinicio queda absorta...

La novela describe muy bien la esclavitud de pueblos no romanos y sus relaciones familiares.

Las mil y una noches

Con la expresión al-basmalah se inician el Libro Santo de Corán y Las Mil y una noches: En el nombre de Alá, el Misericordioso, el Compasivo y Alá es más sabio, más juicioso, más poderoso y bienhechor.

El Corán, libro de inspiración divina, le fue infundido a Mahoma por el arcángel Gabriel, el enviado de Alá.

Las revelaciones coránicas (las primeras en el año 610 n.e.), son fijadas de manera escrita bajo el califato de Utman Ibn Affan, entre los años 644 a 656, después de Cristo.

Menos precisas son las fechas de escritura de Las mil y una noches (en árabe Alf layla n´a layla) cuya datación arranca en el siglo IX y termina en el XIV.

Y peor aún la identidad de sus autores.

Algunos le atribuyen al iraquí Abu abd-Allah Muhammed el Ganshigar la primera compilación de estos cuentos orientales; otros a Bulaq, en El Cairo.

Lo cierto es que el libro de narraciones muslímicas más conocido en el mundo, es un texto recompuesto por autores desconocidos, elemento que no le priva de su singular encanto.

Como si fuera una "matrioshka" rusa, Las mil y una noches se estructura

sobre el relato infinito de Scheherazada, la bellísima hija de un visir o funcionario musulmán jefe de los principales auxiliares del califa, condenada a morir por el rey Schahriar, la que para salvar su vida narra cuento tras cuento al monarca, el uno nacido del anterior, con el propósito de que la sentencia real no se cumpla.

Las mil y una noches, de incondicional ambiente confesionalista islámico, en sus relatos invoca con suma frecuencia a Alá, y con ello revela su fe en el Libro Santo de los musulmanes, El Corán, que además de místico encierra preceptos jurídicos.

Las aventuras de Robin Hood

El entorno político de Robin

Todo el argumento novelesco del biógrafo y escritor infantil británico Roger Gilbert Lancelyn Green (1918-1987) se revela en el discurso de Robin Hood a sus hombres:

(…) Si no lo sabíais ya todos, ahora sabéis que yo soy ese Robin Hood que, durante años, ha amparado a los que sufrían bajo la crueldad y la injusticia de los condes, barones, obispos, abades y alguaciles mayores. (…).

(…) porque uno de nosotros tiene que gobernar y yo vengo de una raza de gobernantes, aunque ahora no somos más que esclavos de nuestros amos normandos. (Capítulo III Los proscritos del bosque de Sherwood).

Con sus palabras el héroe de Sherwood nos muestra la Inglaterra feudal con sus estratos sociales y la presencia de los invasores normandos.

Cupo la gloria de unificar a las tribus anglosajonas al rey Alfredo el Grande (849-899 n.e.) y con ellas impulsar el feudalismo inglés; su definitiva consolidación lo logró el normando Guillermo, el Conquistador (1027-1087), cuando invadió aquel país y repartió entre los suyos las tierras usurpadas a los nativos.

Si bien el feudalismo inglés se asentó sobre las bases del contrato de vasallaje, suscrito entre los señores feudales, como propietarios de grandes extensiones de tierra, y los siervos de la gleba, dependientes de aquellos, la invasión normanda le dio un toque de distinción: el trono extranjero se arrogó los poderes políticos y económicos, y, de tal suerte, los señores feudales anglosajones se convirtieron en satélites de la corona normanda.

El conde Lucanor

El mosaico de reinos (cristianos y moros) y fueros territoriales descosían a la España feudal.

Su unidad política fue lograda por los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, a principios del año 1492.

La unidad normativa, al menos en apariencias, la forjó el rey Alfonso X, el

Sabio, con la publicación de sus Partidas entre los años 1263 y 1265, poco más de doscientos años antes de finalizar la Reconquista de la península.

El Libro de las Leyes, nombre original de las Siete Partidas alfonsinas (su

número denota la concepción esotérica medieval) constituye un intento unitario enfilado contra la dispersión foral presente en cada una de las monarquías hispanas de entonces.

En este entorno político y jurídico, el Infante Don Juan Manuel escribe El Libro de los enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio en 1335 (trece años después las Partidas fueron promulgadas por el nieto de Alfonso X).

La obra es una secuencia de narraciones, todas cargadas de situaciones que culminan en una moraleja, mantenida entre sus interlocutores, el conde Lucanor y su preceptor Patronio.

El Infante Don Juan Manuel (1282-1349), caballero medieval y defensor a

ultranza de su rango social, era hijo de Doña Beatriz de Saboya, sobrina de Alfonso X, de aquí que "de casta le viene al galgo", o mejor, al hidalgo, su interés por las bellas letras.

El Infante Juan Manuel es considerado el creador de la prosa narrativa española.

Espejo de paciencia

Corsarios y piratas

El Espejo de Paciencia es, ni más ni menos, la recreación poética del colonialismo español impuesto, bajo la espada y la cruz cristiana, en la ínsula de Cuba, cuyo calor tropical hizo nacer nuestras primeras letras y leyes de plumas hispanas asentadas en sus villas.

El canario Silvestre de Balboa Troya y Quesada (1563-¿1644-1649?), a manera de un Homero antillano, avecindado en la villa del Puerto Príncipe, en la isla de Fernandina compone en octavas reales el poema épico Espejo de Paciencia y en él narra, a lo criollo, el secuestro de Don Fray Juan de las Cabezas Altamirano, obispo de la ínsula, por el capitán francés Gilberto Girón, Señor de la Ponfiera; su posterior rescate por los vecinos de la villa de Bayamo, a cambio de cueros, ducados, carne y tocino, y, finalmente, el castigo a los perpetradores del crimen, acontecimiento que el poeta data en al año 1604.

La segunda estrofa del poema plantea el nudo del conflicto entre insulares y marinos:

Don Juan Cabezas es Altamirano,

A quien el cielo con amor se inclina,

Y hace que le confíe el soberano

La mitra episcopal de Fernandina

Al cual un atrevido luterano

Temerario y osado determina

Prender, de su codicia apasionado;

Que nacen muchos males de un pecado.

Complemento esta referencia literaria con un texto de mi autoría, publicado en Monografías.com, con el título de Verídica historia de vida del autor de Espejo de Paciencia, donde ridiculizo el momento fundacional de Cuba y sus primeras villas, en el que los personajes históricos de Silvestre de Balboa y Troya y el oidor Alonso de Cáceres y Ovando emprenden un recorrido por las villas criollas.

Los tres mosqueteros y su saga

Si los llamamos el conde de la Fére, el señor Du Vallon y el caballero de Herblay, pocos serían los lectores que reconocerían bajo estos patronímicos a los entrañables mosqueteros del caballero gascón D´Artagnan: Athos, Porthos y Aramis, respectivamente.

Estos héroes de ficción, vueltos a la vida literaria por su padre Alejandro Dumas (1802-1870), se entrecruzan con Luis XIII (1601-1643), Armand-Jean Duplessis, cardenal de Richelieu (1585-1642), Luis XIV (1638-1715) y Julio Mazarino, también cardenal (1602-1661), personajes históricos de la Francia del siglo XVII, gracias al talento inventivo de Dumas (padre), en sus novelas Los tres mosqueteros (1844), Veinte años después (1846) y El vizconde de Bragelonne (1848-50).

Entorno histórico

En dichas narraciones, el recién consolidado Estado monárquico francés sirve de escenario a las tramas aventureras, sazonadas de intrigas palaciegas, idílicos romances, heroicas hazañas y pugnas políticas por el poder, trenzadas todas bajo las cuerdas reales y eclesiásticas de la época.

Sobrepasadas la Guerra de los Cien Años (en verdad fueron 116 años de beligerancia desde su inicio en 1337 hasta culminar en 1453, año de la caída de Bizancio); la sublevación campesina, despectivamente apodada por los nobles feudales Jacquerie (1358), término derivado del nombre Jacobo Buenhombre o Simplón, identificativo del campesinado galo, y las revelaciones y martirio de Juana de Arco (1412-1431), la "Doncella", inspiradora de la victoria sobre los ingleses; Francia, por fin, surge como Estado nacional europeo.

El rey Luís XI (1423-1483) (dieciocho reyes franceses se ciñeron la corona real y empuñaron el cetro bajo este nombre, entre los años 814 y 1824; en estos mil diez años de historia francesa, excepto el rey Luis XVI (1754-1793), todos murieron con las cabezas reales sobre sus hombros), tiene el mérito de afianzar el poder monárquico, aliarse con la burguesía en sus contiendas contra los señores feudales, y, así, acondicionar el teatro histórico para sus homónimos Luís XIII y Luís XIV.

El último de los mohicanos

Cuando los "caras pálidas" europeos (no me refiero a los vikingos sino a

holandeses, pero principalmente, a ingleses y franceses) cruzaron en sus

naves el "gran lago salado" del Atlántico, desataron entre ellos revanchas

expansionistas en las tierras vírgenes del septentrión americano y, consecuentemente, la exacerbación de las rivalidades intertribales de los

"pieles rojas", naturales dueños de sus ancestrales territorios.

Este es el meollo de la novela que ahora nos revela la colonización inglesa de los Estados Unidos de América.

El escritor James Fenimore Cooper (1789-1851) con El último de los mohicanos nos traslada a la Norteamérica de mediados del siglo XVIII donde, en medio de la belleza natural del agreste paisaje, se mataban franceses e ingleses, cada cual arrastrando a sus aliados indios, por la conquista de territorios inexplorados.

Desde el mismo principio de la década de los cincuentas de ese siglo, Inglaterra y Francia, viejas potencias europeas enfrascadas en seculares conflictos, rivalizaban ahora por el control de la América norteña, en lo que se conoce como las guerras coloniales inglesas contra franceses e indios.

La pugna se extendió desde 1756 hasta 1763 y permitió a Inglaterra erigirse como potencia dominante en los territorios hoy comprendidos al este de los Estados Unidos y Canadá.

El futuro primer presidente de los Estados Unidos, George Washington (1732- 1799), tomó parte, como soldado, en estas contiendas.

Así lo describe el novelista:

(…) solo se pudo salvar de un total aniquilamiento gracias a la presencia de ánimo de un valeroso joven, natural de Virginia, cuya fama, acrecentada por los años, llegó a la cúspide de la gloria. Y para decirlo de una vez, este joven virginiano, que a la sazón tenía veintitrés años de edad, era Washington. (Capítulo I).

La conspiración de los iguales

El escritor ruso-soviético Ilya Grigorievich Ehrenburg (1891-1967), testigo

presencial de las revoluciones populares de 1905, democrático-burguesa de febrero de 1917 y bolchevique de 7 de noviembre del propio año, en su país, nos traslada con su novela La conspiración de los iguales a los escenarios franceses levantados por el golpe de Estado de 27 de julio de 1794, fecha en que se inicia el declive de la Revolución Burguesa, comenzada el 14 de julio de 1789, con el asalto a la fortaleza de la Bastilla.

Graco Babeuf

La figura histórica de Francisco Emilio Babeuf (1760-1797) permite engarzar, en sus páginas, todo el discurrir revolucionario francés de sus principales protagonistas, desde Robespierre (Maximiliano Francisco María Isidoro de Robespierre: 1758-1794) y Saint-Just (Luís Antonio León de Saint-Just: 1761- 1794) hasta Napoleón Bonaparte (1769-1821).

Babeuf (conocido entre los suyos por el sobrenombre de Graco, en clara alusión a los hermanos Tiberio y Cayo, reformistas plebeyos romanos del siglo II a.n.e.), enemigo a muerte del feudalismo, combatió en las filas revolucionarias desde el primer momento.

A raíz de la traición termidoriana (así llamada por ocurrir el golpe contrarrevolucionario el 9 de Termidor del Año II, según el calendario republicano francés), Graco Babeuf alza su voz y clama por el regreso de la Revolución a sus ideales primitivos y propone la implantación de la dictadura de los pobres contra los adinerados.

En 1796 se une a un complot contra el Directorio (órgano de tendencia reaccionaria integrado por cinco miembros investidos de atribuciones ejecutivas), pero delatado por un provocador, es arrestado y, un año más tarde muere en el cadalso.

En la novela cobra vida Napoleón y su figura se encamina a la gran obra legislativa que emprendió.

El reino de este mundo

Los alzamientos de esclavos encabezados por Mackandal y Boukman, las

represiones contra los sublevados y las luchas independentistas haitianas contra la metrópoli francesa, son los puntales históricos de la novela El reino de este mundo (1948) del prestigioso escritor cubano Alejo Carpentier (1904- 1980).

En fluida prosa, el autor nos narra, mediante sus redivivos protagonistas, los hechos de aquella gesta abolicionista y libertaria del pedazo de isla caribeña, remontados al año 1753 y que solo concluirían, al menos formalmente, en 1821.

Primeras sublevaciones

Un testigo de lo ocurrido a lo largo de estos más de cincuenta años, el esclavo Ti Noel, nos acompaña fielmente en su lectura, ora protagonista joven, ora anciano espectador de la tragedia haitiana.

Cecilia Valdés o La Loma del Ángel

Hebras costumbristas, coloniales, esclavistas, románticas e incestuosas zurcen el paño social de la novela Cecilia Valdés o La Loma del Ángel (1882) del vueltabajero Cirilo Villaverde y de la Paz (1812-1894).

Villaverde, más que un novelista es un cronista, consagrado por esta obra

testimonial del siglo XIX cubano.

Entorno político del momento

El relato arranca hacia el oscurecer de un día de noviembre del año 1812 (el autor había nacido el 28 de octubre del mismo), fecha de conmociones sociales en la cuenca caribeña y aún más allá: el monarca negro Henri I se refocilaba en levantar palacios y fortalezas en su pedazo de isla mientras aniquilaba a opositores políticos, antiguos compañeros de armas, alzados contra la metrópoli francesa; las Cortes de Cádiz (especie de asambleas deliberantes a la usanza parlamentaria) aprueban el 19 de marzo, en medio de la ocupación napoleónica de la península ibérica, la primera Constitución española, de resonancia allende el Atlántico; en La Habana, el 15 de marzo, se descubre la conspiración liderada por el negro libre José Antonio Aponte, quien cuatro días más tarde es apresado junto a otros implicados, y ahorcados el 9 de abril; en tierras de la Nueva España, el cura independentista José María Morelos (1765- 1815) y sus fuerzas ocupan las ciudades mexicanas de Orizaba (mayo), Tehuacán (agosto) y Oaxaca (noviembre); y, en Venezuela, el cubano Joaquín Infante, publica en Caracas, el 8 de junio, su Proyecto de Constitución para la isla de Cuba.

Bajo tales hechos se presagia la vida de Cecilia Valdés, principal protagonista de la novela homónima.

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha

Harina de otro costal pero de la misma calidad, resulta el texto de Cervantes que empleo como colofón de soporte literario en las clases de Derecho.

De tal manera, tomo cuarenta pasajes de sus dos libros e, intentando una unidad orgánica en su exposición y coherencia con las instituciones de Derecho reseñadas, enhebro un hilo que pretende repasar todas las etapas históricas de los ordenamientos jurídicos en la misma medida en que el discurso de la obra literaria lo permita; resulta una consolidación de aquellas.

Con este material elaboré una asignatura optativa cuyo nombre es Quijote y derecho; ley en ristre para ser desarrollada en el segundo año de la carrera: cuando fue sometida a la consideración de los estudiantes, la desestimaron y decidieron por otra.

Es de comprender mi frustración profesional pero, una vez más, me ratificó la convicción de que los actuales estudiantes de Derecho, cuya cultura humanística debe alcanzar altos ribetes, solo califican como meros estudiosos de técnicas y procedimientos jurídicos.

Mi consideración final

Cuando Quijote y Sancho desmontan del lomo de Clavileño, el alígero potro de madera, confusos sentimientos embargan sus ánimas: para el primero, la convicción de haber visitado ignotas regiones con tan singular medio de transporte; para el segundo, la intuición de haber sido víctima de un engaño.

Aunque a Sancho le asiste la razón, la complacencia de Quijote ensancha su intelecto.

Estos materiales didácticos, cuales Clavileños estampados en papel o sustrato digital, nos han permitido, virtualmente, viajar en el tiempo, asir el hilo del comportamiento social reglado del hombre, saltando de un arquetipo normativo a otro, según se han sucedido las formaciones económico-sociales. Todo ello, auxiliado de expresiones literarias y legales, contemporáneas o caducas, exhaustivas o fragmentarias, pero con la firme y manifiesta intención de enseñar derecho con literatura, o literatura con derecho.

Con Naóh y sus amigos Gau y Nam, recorrimos los albores de la humanidad, en un mundo primitivo y salvaje, gobernado por la costumbre, desprovisto de derecho escrito; Ligia, Vinicio y Urso nos guían en la Roma esclavista, oprobioso Estado cuyo régimen sobrevivirá por muchas centurias más; la ingeniosa Scheherazada, con sus infinitos relatos, donde mora, entre otros, Simbad el Marino, nos muestra el derecho musulmán, cuyo sostén normativo es el Corán; Robin Hood y su pléyade de ladrones buenos, revelan el amor patrio, fundado en relaciones feudales; el conde Lucanor y su fiel Patronio develan la moral caballeresca de la época medieval, moldeada por el feudalismo hispano, bajo la égida de Alfonso X, el Sabio; la hazaña del negro esclavo Salvador Golomón y su participación decidida en el exterminio punitivo de los intrusos piratas, llevada a octavas reales, permite apreciar el orden colonial establecido en la isla de Cuba, con la primera disposición legal escrita para ella en su propio suelo; los archiconocidos Athos, Porthos, Aramis, D´Artagnan, a quienes se les une Raúl, el vizconde de Bragelonne, en su saga de aventuras, transitan de un rey francés a otro, cada vez más absolutista, mostrando las interioridades de la nobleza, que ya cava su sepultura; las guerras fratricidas entre las tribus aborígenes norteamericanas, azuzadas por los blancos europeos, matizan la colonización de vastos territorios en el norte americano y el despojo a los nativos de sus tierras; el anarquista Graco Babeuf es el hilo conductor que nos enseña de los empeños y frustraciones en el nacimiento de un nuevo régimen económico, el capitalista o burgués, y los afanes legistas napoleónicos; Ti Noel, Mackandal, Boukman y Christophe, seres del realismo mágico, muestran la grandeza y desesperanzas de la primera revolución negra triunfante en tierras caribeñas; Cecilia, Leonardo y Pimienta, el horror del esclavismo hispano-cubano, ponderado en cepos, bocabajos, incesto y crimen, y con los universales Quijote y Sancho Panza, recorrimos la polvorienta meseta castellana, llena de molinos de vientos y de carcajadas pero también de profundas reflexiones sobre la condición humana, empaquetadas en las más bellas formas de la lengua española.

André Maurois (1885-1967), escritor francés, afirmó que la lectura de un libro es un diálogo incesante, en el que el libro habla y el alma contesta.

Así deben ser estas obrillas para con sus alumnos; al menos, lo espero.

De las expresiones literarias referidas, enraizadas en su contexto jurídico particular, emerge el corolario de la represión de una clase social por otra, esencia misma del derecho: contestación del estudiante al libro.

Mas también, los alumnos aquilatarán que, aunque todavía en remota pero cierta lontananza, las clases sociales antagónicas desaparecerán algún día.

Pero, finalmente, para concluir mi intervención, retomemos los inmortales héroes cervantinos y escuchemos su conversación:

-Ahora digo - dijo a esta sazón Don Quijote - que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.

Amén.

Obras literarias de apoyo

Los Conquistadores del Fuego: J. H. Rosny, Editorial Gente Nueva, La

Habana, 2010.

Quo vadis?: Henryk Sienkiewicz, Ediciones Huracán, Instituto Cubano del

Libro, La Habana, 1999, 2 t.

Las Mil y Una Noches: Editorial Arte y Literatura, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 2009, 3 t.

Robin Hood: Roger Lancelyn Green; Editorial Gente Nueva, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 2002.

El Conde Lucanor: Infante Don Juan Manuel, Editorial Arte y Literatura, La

Habana, 1984.

Espejo de Paciencia: Silvestre de Balboa, Editorial Letras Cubanas, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 2008.

Los tres mosqueteros: Alejandro Dumas (padre), Editorial Gente Nueva,

Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1975, 2 t.

Veinte años después: Alejandro Dumas (padre), Editorial Gente Nueva,

Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1979, 2 t.

El vizconde de Bragelonne o Diez años más tarde: Alejandro Dumas (padre), Editorial Gente Nueva, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 2003, 3 t.

El último de los mohicanos: James Fenimore Cooper, Editorial Gente Nueva, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 2000.

La conspiración de los iguales: Ilya Ehrenburg, Editora del Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1963.

El reino de este mundo: Alejo Carpentier, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1980.

Cecilia Valdés o la Loma del Ángel: Cirilo Villaverde, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982, 2 t.

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha: Imprenta Nacional de Cuba, La Habana, 1960, 4 t.

Bibliografía

Arias Sánchez, Arturo Manuel: Acertijos y entresijos sobre la historia del Derecho, Editorial Académica Española, Saarbrücken , Alemania, 2011.

________________________: Quijote y derecho: ley en ristre, Editorial Universitaria; La Habana, 2013.

________________________: Contextos jurídicos de expresiones literarias, Editorial Universitaria; La Habana, 2013.

________________________: Pasajes de ida y vuelta a la historia del Derecho, Editorial Universitaria; La Habana, 2015.

________________________: Vis cómica en la historia del Derecho, Editorial Universitaria, La Habana, 2015.

________________________: Tañidos de la Ley de Bronce, Editorial Académica Española, Saarbrücken, Alemania, 2016.

 

 

 

Autor:

Arturo Manuel Arias Sánchez