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El matrimonio moderno y el amor



El matrimonio moderno y el amor - Monografias.com

El arte de amar y ser amado

Volvemos al matrimonio, porque él es piedra angular en el proceso de la afectividad. Flirtear, enamorar y noviar sin compromiso es fácil, es agradable, es excitante, es maravilloso. Otra historia es convivir, vivir juntos, compartir una vida con todas las cosas buenas y las cosas ruines que ésta implica, vivir en cada minuto las grandezas y las pequeñeces que los seres humanos – aún en una fase incipiente de evolución espiritual – exhibimos constantemente. En el matrimonio se disuelven las máscaras y en él nos enfrentamos desnudos, de cuerpo y alma, con nuestro compañero.

Mauricio Messegué(*) dice: "El ser humano se confronta con graves peligros referentes a su persona. Las parejas han perdido el hábito de amar. Apenas llegan a conocer su primavera"... "Se han olvidado que la voluptuosidad cotidiana existe. No hay porqué prescindir del gesto ni del sentimiento personal. La inolvidable voluptuosidad pasa por el amor. El amor... es la mejor de las plantas afrodisíacas. Tenemos que aprender a cultivarla, año tras año. Es preciso cuidar de ella, vigilarla, investigar la dosis exacta de sombra y de luz que le conviene para que se desenvuelva perfectamente. Los hombres, del mismo que las mujeres, tienen el deber de velar por esta orquídea si no quieren ser considerados habitantes de un planeta subdesarrollado".

En efecto, el ocupado y mecánico siglo XX (y del XXI), ha derrochado mucho de la gracia y de la espontaneidad del amor. Muchos ya no van ni hasta la panadería de la esquina caminando, transformándose en nuevos centauros con piernas de neumático; el automóvil ha pasado a ser su personalidad complementaria. La televisión, a pesar de sus pésimos programas e insoportables anuncios, mantiene – hipnotizadas – millones de personas, sobre todo mujeres, presas a las telenovelas, donde a través de su identificación con las heroínas, intentan revivir en la fantasía sus vidas afectivas vacías o deshechas.

El amor, para muchos matrimonios, con cinco, diez, quince o veinte años de casados, ya fue un vuelo maravilloso; hoy es apenas un triste remedo de aquel carrusel impetuoso, es una copia en quinto papel carbónico de aquella pasión fascinante. Pero esto no es fatal, no tiene porqué ser necesariamente así. Depende exclusivamente de nosotros. ¿Acaso nunca tropezaron con alguna pareja de ancianos, ya en plena casa de los setenta, bien abrazados, con gestos y caricias muy tiernos, que los han llevado – seguramente – a preguntarse cual es el secreto de la felicidad?

El secreto de la felicidad está en las pequeñas cosas, no en los heroísmos amatorios. Pero estas pequeñas cosas tienen que constituir un flujo permanente. El secreto de la felicidad será encontrado cuando se comprenda que la pareja es un ser humano como nosotros, con virtudes y defectos, pero sobre todo con intensas necesidades afectivas, con fuertes deseos de atención y consideración. Nuestro compañero es como si fuera un polo del imán; nosotros somos el polo restante. Cualquier acercamiento que tenemos, provocará en él – si hay amor auténtico – una liberación de su tensión. El polo negativo y el positivo se unirán produciendo placer, satisfacción, alegría. Dando es que se recibe.

Una caricia, unos elogios a la boca, a los ojos o a los cabellos, un gesto tierno, un beso de sorpresa, una mordida suave en la nuca o en las orejas, un abrazo cálido y viril son algunas de estas pequeñas cosas que muchas veces los hombres olvidan y es sobre ellas – aparentemente tan insignificantes – que el amor forja sus bases.

Podemos oír un fuerte contingente masculino diciendo: "Aceptamos nuestra falla, pero pasamos diez – o doce – horas fuera de casa todos los días, luchando contra los competidores, contra los propios colegas, más hábiles o mejor capacitados, contra la crisis, contra el mundo. ¿Y aún tenemos que conservar las energías para ser románticos con nuestras esposas? ¿No sería más justo que esta responsabilidad quede en las manos de ellas?

Sin duda, este es uno de los dramas del modo moderno, del matrimonio actual. No se pueden dar normas específicas, porque cada caso es diferente. Pero si la mujer queda en casa, no trabaja, es claro que ella tiene gran responsabilidad en atender el reposo del "guerrero", brindándole un hogar cálido, una sonrisa amorosa, una mirada cautivante, un suave toque en la piel, un gesto insinuante... en fin, hacerlo sentir cómo ella precisa de él, de su presencia, de su irradiación, de su amor. Si llueve y él salió desguarnecido, el hecho de ella ir hasta parada del ómnibus a esperarlo, trayendo su capa y su paraguas, es una declaración de amor y protección, tan elocuente como un beso apretado en la boca.

Pero los hombre, no podemos dejar el arte del amor, apenas en las manos de las mujeres. El amor es como una planta, precisa tanto del calor masculino del sol como de los nutrientes femeninos de la tierra. Hombres y mujeres deben contribuir conjuntamente para su crecimiento, su floración y su fructificación. Y ambos deben comer juntos el fruto sagrado. Para muchos hombres sería impropio tomar la mano de la mujer en la hora del desayuno, o besar su pescuezo indefenso cuando ella está cortando las verduras en la cocina, o besar su mano cuando caminan por la calle.

Tal vez él prefiera demostrar su amor a través de joyas o artículos de lujo. Quien así actúa se olvida de que después de varios regalos de alto valor, la mujer acaba encontrándolos normales, como si fuese un derecho de ella; por lo tanto, el hombre quedará encadenado para siempre a mantener el correspondiente alto nivel de vida.

Precisamente, son muchos los casos en que la mujer se separa del marido cuando éste queda desempleado o simplemente pasa para un trabajo con remuneración inferior a la anterior. No es el problema del hambre, de carencias esenciales los que, generalmente, precipitan estos comportamientos y sí la pérdida de "status", de posición social, de reconocimiento por parte de los vecinos. Esta situación ocurre en el caso del hombre que sólo se preocupó con ficticias necesidades materiales de la mujer y también por culpa de ésta, que no supo demostrar a su esposo que lo que ella deseaba era su cariño, su amor y su fuerza y no tantas piedrecillas y pedazos de metal, aunque costasen una fortuna.

Esto interesa a todos, y no sólo a las personas casadas. Si usted está en la etapa de noviazgo o aún está en procura de un compañero amoroso, lea y analice cuidadosamente, porque si usted quiere realizarse afectivamente, amar y ser amado como culminación fulgurante de sus sueños, es necesario que sepa que el amor verdadero, el amor genuino, no es un lirio que florece espectacularmente, pero apenas dura un día y sí un rosal, que si es bien cuidado, amado y protegido, florecerá permanentemente, ofreciendo continuamente flores magníficas, de pétalos suaves, aroma embriagador y colores espléndidos.

En realidad, en el fondo de cada persona, existe un corazón de niño, de adolescente. Sólo que los sufrimientos, desengaños y responsabilidades de la vida adulta, generalmente terminan escondiéndolo en un sótano oculto, invisible desde el exterior. Pero un simple gesto puede hacerlo emerger de aquellas tinieblas y mostrarlo a la luz brillante del sol. Una simple y perfumada flor puede hacer palpitar el corazón femenino con más fuerza y emoción, que un carísimo collar de perlas. Y esto, porque la flor surge de una actitud espontánea, de la médula del hombre, es una forma de decirle que la ama (y que la amará para siempre); el collar no habla al corazón y sí a la mente, ofrece tal vez protección, "buena vida" o apenas una noche de placer.

Es claro que también hay mujeres interesadas, en las cuales sólo habla la voz de la codicia, sofocando el corazón. Pero ellas tienen su castigo: admiradas y envidiadas por su elegancia, sus joyas carísimas y sus vestidos lujosos, acaban sepultando en las burbujas del champagne, el vacío insoportable que habita en sus corazones.

La mujer, y sobre todo la mujer de hoy, moderna, informada y libertada de las cadenas de sumisión y obediencia, tiene en sus manos muchos recursos para hacer la vida conyugal más rica, más amorosa, más plena. A través de su habilidad como cocinera o hasta como simple limpiadora de la casa, puede – y debe – esmerarse lo suficiente para dejar su marca, para hacer alguna cosa de la cual él guste.

Ella tiene que ser lo suficientemente espontánea para no ser dependiente de la iniciativa amorosa de él; debe tomar la iniciativa cuando el corazón le indique, cuando un suave efluvio polarice su imán, atrayéndolo para el polo masculino. Los hombres no están acostumbrados a recibir flores de manos femeninas, pero seguramente se sentirán agradablemente sorprendidos si encontraren en su mesa de luz o en la mesa de trabajo, o junto a la portátil de la sala, algunas florecillas bien arregladas que parecen decir algo simple, pero maravilloso: "Te quiero".

En resumen, el secreto de la felicidad matrimonial está relacionado con la preocupación permanente de los dos compañeros en renovar su amor, protegiéndolo, fecundándolo e irrigándolo con sentimientos maravillosos como paz, armonía, sinceridad, compañerismo y comprensión. El amor no puede ser dejado solo, abandonado como un huérfano, porque así él marchita como si fuese una plántula olvidada por el jardinero.

El objetivo de estas consideraciones es alertar para que las parejas no consideren el casamiento como el punto final de sus vidas afectivas, como creen algunas personas, sobre todo mujeres, que apenas piensan en casarse para escapar de la soledad, esperando de la vida conyugal una especie de pensión vitalicia.

Nuestra vida afectiva, terrena, no tiene otro punto final sino la muerte física; pero mientras esto no acontezca, aquella vida afectiva será como una senda, un camino, luminoso o en tinieblas, triste o alegre, lleno de flores o cubierto de malezas. Si deseamos una vida afectiva luminosa, alegre y cubierta de rosas, deberemos ser jardineros, tendremos que estar atentos y vigilantes. De esta forma, como enseñan las Sagradas Escrituras, cosecharemos lo que sembramos. Así es que funciona la Justicia Divina.

Antes de dormir, satúrese de ideales elevados

Para obtener la victoria, tanto en el campo afectivo como en cualquier otro, dos elementos son fundamentales: tiempo y orientación adecuada. El tiempo es necesario porque nadie cambia su interior de un día para el otro; se precisa tanto de tiempo como de coraje y esfuerzo para sustituir los hábitos negativos de la envidia, la angustia y la soledad, por los vibrantes hábitos positivos de la armonía, de la buena voluntad y de la paz interior. La orientación adecuada es necesaria, porque la presión de la Mente Colectiva sobre el ser humano es terrible y ella empuja con mucha fuerza, más para las tinieblas que para la luz, para vencerla es necesario instalar un farol deslumbrante que mantenga cautiva la atención.

Vamos abordar ahora un asunto interesante, que servirá de preparación para prácticas más avanzadas. Él se refiere al sueño.

Muchas personas consideran el sueño un desperdicio, un despilfarro de tiempo, tal vez necesario para recuperar nuestras exhaustas energías físicas, pero que sería excelente si pudiésemos dormir menos, de forma a disponer de más tiempo libre (libre ¿para qué?, ¿para ganar más dinero?, ¿para mirar la televisión durante mayor número de horas?, ¿para cumplir de forma más eficiente las órdenes de la Mente Colectiva?).

Es importante mencionar que el sueño tiene su razón de ser, bien más allá de sus motivaciones fisiológicas. Durante él, nuestro ser físico se desvanece, nuestra conciencia objetiva se disuelve, pero paralelamente emerge el Ser Interior. Los sueños, y su estructura, muchas veces incomprensibles, tienen mucho que ver con esta vida subjetiva, interior, pero no es nuestra intención discutirlos ahora, en lo relativo a su interpretación y significado. Apenas será dicho, de acuerdo con las enseñanzas de los entendidos en el asunto, que tales interpretaciones deberían ser hechas por la propia persona y no por otras, que desconocen el contexto, los matices, las realidades y las fantasías de los cuales esos sueños emergen.

En realidad, el motivo de nuestro análisis es el sueño, no los sueños. Lo que tenemos a decir es que el sueño es el más maravilloso sembradío potencial que podamos imaginar. Si la ley fundamental es: "Cosecharás lo que sembraste", no deja de ser fascinante saber que existe un campo abierto, un lote limpio esperando por sus semillas. La tierra está limpia, preparada, pronta para recibir su siembra, porque la mente objetiva, influida por la Mente Colectiva, por la presión social, por las exigencias de otras personas, duerme. La oportunidad de formar una magnífica plantación está, pues, a su entera disposición, está completamente madura en su interior.

Sin embargo. ¿Cómo sembrar en una tierra potencial, no material, apenas soñada? No se preocupe con esto, su mente objetiva puede pasar mucho tiempo antes de tener algún vislumbre de lo que acontece en esa parcela maravillosa. Pero debe tomar conciencia de una cosa: aunque usted no esté aún preparado para percibir los mundos interiores, sepa ya que ellos existen, así como América existía antes que el genio de Cristóbal Colón la descubriese.

En realidad, su tierra interior no es física, por lo tanto no podrá usar semillas de trigo, maíz o alfalfa para plantarla. Su tierra interior es inmaterial y usted usará semillas inmateriales, espirituales. En una palabra, usted usará sus sentimientos y sus pensamientos.

Todo lo que usted piensa o siente intensamente antes de dormir, usted transmite a su mundo subconsciente, a su tierra interior. El sueño se transforma así en un potente mecanismo que multiplica y da bases concretas a los pensamientos y sentimientos. A través de él, los hábitos antiguos son reforzados, nuevos son creados, soluciones son encontradas, caminos son construidos.

¿Cuál es pues su actitud mental en el momento de acostarse? ¿Alguna vez pensó en la trascendencia que tiene su respuesta? ¿Alguna vez imaginó que una de las principales palancas de que usted dispone para mejorar su propia vida es el manejo adecuado de los minutos previos al sueño? ¿Alguna vez meditó sobre el hecho de que esto podría ayudarlo considerablemente a alcanzar su meta más querida: amar y ser amado?

Entonces, de ahora en adelante, cuando vaya a dormir, noche tras noche, debe hacerlo vestido de gala, adornado con sus mejores ropas (espirituales). Al sumergirse en el sueño, debe hacerlo cayendo en los brazos de sentimientos cálidos, de pensamientos amorosos, puros y llenos de alegría. Pida la felicidad, para usted y para todos los humanos, especialmente para su compañero (si lo tiene). Agradezca al Creador por todos los privilegios que le permite usar y también agradézcale por aquellos que aún no tiene. Pida luz y orientación para su vida. Desee paz, amor, salud y prosperidad para todos. Perdone todas las ofensas, olvide todos los disgustos. Llene su corazón y su mente de alimentos nobles, de néctares altruistas. Zambulla en las espléndidas aguas de la Armonía Divina. Esparza luz por todos sus rincones interiores.

Dice el increíble Cantar de los Cantares: "Levántate mi amada, hermosa mía y ven"... "Mi amado es mío y yo soy de él; él apacienta entre los lirios". Las mentes simples piensan que se trata apenas del amor entre el Rey Salomón y su favorita, la Reina de Saba. Pero en este libro sagrado se cuenta, a partir de este pretexto, una historia bien más profunda. Es la historia del "amor" entre el Yo Exterior, la Mente Conciente que existe en todos nosotros, con el Ser Supremo. La "amada" es el Yo Interior, ligado a la mente subconsciente; el "amado" es el Yo Exterior, la mente objetiva.

Así, el Yo Exterior pide al Interior que venga, y éste lo reconoce, porque aquel está impregnado de paz, de armonía, de amor y "apacienta entre los lirios". Si el Ser Exterior estuviera sumergido en las tinieblas, en la angustia, en el resentimiento y en la tristeza, no podría sintonizarse con su amada. Pero: "He aquí que ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola" (Cantar de los Cantares 2:11-12).

Este tiempo es ahora. Ahora es el maravilloso momento para hacer el glorioso casamiento entre sus dos Seres, sus dos Yo, el Exterior y el Interior. Aproveche la dulce calma de la noche, envuélvase en sentimientos profundos, en pensamientos altruistas, arrúllese en los mágicos cantos del amor y de la felicidad, deléitese sintiendo desfilar en su cámara interior las más magníficas películas que pueda imaginar.

Quiebre el hechizo aplastante del mundo material y juegue con sus infinitas posibilidades espirituales. Sea un sembrador cósmico, colocando en su mente interior, todas las noches, las ideas más elevadas que sea capaz de crear. Ellas trabajarán en secreto, en el oculto monte de Señor, en el taller cósmico, en la escondida roca de vuestro altar íntimo; llegado el momento, emergerán en el mundo concreto, material, físico, como un espléndido ramillete de rosas salvajes, iluminando a todos con su luz refulgente, emocionándolos con su aroma perfumado y haciendo de su persona el ser más feliz del mundo, en el momento inolvidable en que estará capacitado para responder: Sí, a la pregunta que es el título de esta capítulo: "¿Es realmente posible amar y ser amado?".

Este mensaje de luz y felicidad es para usted

¿Usted está procurando la plenitud del amor y de la felicidad? ¿No es cierto? Medite bien sobre esto: hay una sola fuente que nos abastece de esas maravillas. Es el Creador, el Dios Todo-Poderoso (volvemos a insistir: no estamos publicitando ninguna religión, ni proponiendo una nueva; el Creador es anterior a todas ellas y no podemos escapar al hecho de que El nos creó, como especie y como individuos. Reconocerlo es confirmar algo evidente; negarlo no nos ayuda en nada y puede retrasarnos mucho, quitándonos el punto de apoyo básico que necesitamos).

El amor y la felicidad son una dádiva del Ser Supremo para la Humanidad, como si fueran una cascada de luz y contentamiento fluyendo a través de nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras mentes.

Usted – como cualquier otro ser humano – sólo podrá ser feliz en su vida amorosa si apenas percibe en su compañero, cosas buenas, rasgos magníficos, atributos maravillosos. Es claro que él (o ella) no es perfecto; esté consciente de sus imperfecciones, pero no se detenga en ellas y sobre todo, no las aumente. Sea lo suficientemente inteligente como para percibir que traspasando la fina piel superficial, un poco por debajo de las apariencias exteriores, habita el Ser Interior de su pareja, vestido de un mágico esplendor; adornado con deslumbrantes gemas espirituales.

Ame, pues, su compañero, con la plenitud de los contactos físicos, con la emoción de los sentimientos, pero también con la luz de la espiritualidad. Derrame sobre él (o sobre ella) – y sobre todo el mundo – la copa de la armonía, sintonizando así con elevadísimas energías cósmicas, capaces de transportarnos a la elevada cumbre donde vive el Altísimo. Solo en ese sagrado monte es que podremos tener un sentimiento profundo de Felicidad.

Algunas personas hallan que quien procura vida espiritual debería transformarse en un casto abstinente, o sea, abandonar los lazos sexuales que envuelven los hombres y mujeres comunes, de carne y de hueso. Esto es un gran error: el sexo es una necesidad natural, así como el amor terreno. Del mismo modo, la espiritualidad es una prerrogativa exclusiva de los seres humanos, dentro del reino físico. Tal vez unos pocos seres humanos muy evolucionados podrían prescindir de aquellas necesidades, transmutadas en otras, de nivel superior.

Pero la inmensa y casi absoluta mayoría de las personas, necesita del amor terreno, como del aire, del agua y de los alimentos. Fortalezca los lazos afectivos con el ser amado en todos los niveles: vibre sexualmente con él, vibre a través de la ternura, vibre a través de las miradas, de las sonrisas y de las caricias, vibre con él a través de la comprensión y el apoyo mutuo, vibre con él a través del compañerismo y la buena voluntad, vibre junto con él agradeciendo a Dios todos los privilegios y las bendiciones recibidas.

Transfórmese en un fulgurante generador de luz. Ame y será amado. Así haciendo, será un potente foco de luz iluminando las tinieblas del mundo, ayudando al Ser Supremo a comunicar su mensaje de amor y felicidad para los que quieran oírlo. Procediendo de esta forma, se constituirá en un canal cósmico, en un instrumento divino, en un vehículo de élite espiritual. Y ese es el destino y la misión del hombre durante su estada en cuerpo físico en este planeta, llamado Tierra.

Ejercicio de aplicación

Una idea muy simple, pero tremendamente poderosa, fue colocada en el cuerpo de este y de otros capítulos. Idea que no es nueva, que fue escrita hace casi veinte siglos. En forma resumida, ella dice: "Cosecharás lo que sembraste".

Prepárese entonces para cambiar su vida radicalmente, para ser el creador de su propio futuro, para ser un sembrador cósmico, para ser el artífice de su felicidad, para alcanzar su meta soñada: amar y ser amado.

Tenga, pues, certeza de una verdad evidente: si usted actúa correctamente, más temprano o más tarde, tendrá la recompensa correspondiente, pero si actúa erradamente también tendrá sus resultados, sólo que ellos serán negativos, ruines y a veces hasta desastrosos. Esto es perfectamente comprobable en el plano físico: si alguien enchufa un toca-discos, podrá oír música bellísima, pero si coloca la mano en la toma-corriente tendrá un choque que podrá ser hasta mortal.

En el plano psíquico, los procesos parecen ser más lentos y no tan claros, pero esto acontece apenas por un motivo: sólo disponemos – generalmente – de algunas piezas del rompecabezas y no conseguimos muchas veces interpretar el por qué y el para que de ciertos acontecimientos. Pero tenga certeza de que la ley cósmica se cumple en todo lugar: arriba y abajo, en el cielo y en la tierra, en lo material y en lo espiritual.

Por lo tanto, la ley cósmica de Causa y Efecto, simbolizada por la expresión "Cosecharás lo que sembraste" es absolutamente verdadera y se cumple siempre, a pesar de que a veces, parece estar medio escondida o enmascarada.

Ya fue explicado en páginas anteriores, que las horas del sueño son excelentes como sembradío. Haga pues durante todos los días de la próxima semana el siguiente ejercicio:

Ejercicio no 3

Al acostarse y prepararse para dormir, calme sus engranajes mentales y transfórmese en un brillante foco de luz, haciendo así:

Observación: Las Monografías de este Gran Tema (Afectividad Humana), deben ser consideradas como un estímulo, una inyección de luz y esperanza para las personas que sufren de problemas afectivos. El autor, dentro de sus posibilidades, está dispuesto a enviarles, de forma totalmente gratuita, el libro completo, titulado "El Arte de Amar y Ser Amado", a todos aquellos y aquellas, que demuestren interés en los mensajes ofrecidos, a través de comentarios simples, enviados directamente a;,

 

 

Autor:

Prof. José A. Bonilla

(Universidad de la República, Uruguay; Universidad Nacional de Tucumán, Argentina , Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil)