La realidad física en el universo conocido

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Fig 1

© Cesar Humberto Valdez Chapa 2014, corregido y aumentado 2017.

Preámbulo

Este escrito está siguiendo lo que hacen algunos lectores, empiezan leyendo el final del libro, como que les interesa llegar a las conclusiones del tema y lego ver si les interesa leer todo el contenido. Entonces amable lector, empezaremos por las diez conclusiones para facilitar la lectura, si decides continuar en seguida vendrán algunos comentarios a las conclusiones para terminar con algunos pasajes copiados de los autores de las lecturas involucradas que dieron origen a las conclusiones, terminando con un listado no exhaustivo de la literatura del el tema. Tú decides hasta donde llegas.

Conclusiones (10)

Algunos comentarios a las conclusiones

1.- La cantidad de energía existente antes del Big Bang sigue existiendo después de la gran explosión, ya que si a una cantidad infinita le quitas una porción, la cantidad original sigue siendo infinita. Entonces lo que existía antes del Big Bang sigue existiendo como si la creación del universo conocido no se hubiera dado. Sin embargo queda la gran duda, quien fue el creador de esta energía infinita. No tendremos una respuesta a esta pregunta hasta que tengamos un nivel de consciencia lo suficientemente alto para comprender lo que hasta ahora consideramos un misterio.

2.- El Supremo no requiere de nombre, le es indiferente de cómo le llamen, el acepta cualquier nombre porque sabe que Él es único y no pueden confundirlo con alguien más.

3.- El poder del Supremo no impide que alguien, ahora o en un futuro, pueda acercarse a Él y fundirse en su energía, lo cual no lo cambia o perjudica en lo más mínimo, ya que al agregarle algo a una cantidad infinita esta sigue siendo infinita. El Supremo sigue siendo el Supremo y si parte de sus creaciones se le unen el siempre estará dispuesto a aceptarlo porque es parte de sí mismo.

4.- Existe en la literatura una gran cantidad de explicaciones a este punto. El solo hecho de hablar de cosas o cantidades infinitas nos deja perplejos, ya que matemáticamente es bien conocido el concepto de infinitud. Cosa distinta de cuando se habla de singularidades matemáticas que caen más bien en los conceptos no entendidos del todo.

5.- Las religiones manejan este tema de distintas maneras, de alguna manera es una idea primaria de los seres humanos, los cuales requieren de ser religiosos, que cuando aumentan su nivel de consciencia, disminuyen su nivel religioso y aumentan su nivel teológico o de sabiduría.

6.- Únicamente un ser superior con una consciencia infinita pudo hacer el gran diseño (como lo menciona Stephen Hawking) del Bing Bang. Y por qué no, generar un multiverso como lo propone Roger Penrose o bien en otra concepción como lo intuye la Teoría M o Teoría U, propuesta por Chris Hull, Paul Townsend, Ashoke Sen, Michael Duff y John H. Schwarz, basándose en la teoría de las supercuerdas. Esta creación y su evolución tiene la suficiente complicación para mantenernos ocupados para entender todos los vericuetos de a donde llegaremos tratando de entender su plan original, que por ser plan no necesariamente tiene definido su cumplimiento determinista.

7.- Los tres componentes del plan o El Gran Diseño son la principal muestra de la capacidad del Supremo.

Constantes universales

Impedancia característica en el vacío

Permitividad en el vacío

Permeabilidad magnética en el vacío

Constante de gravitación universal

Constante de Planck

Constante reducida de Planck

Velocidad de la luz en el vacío

Constantes electromagnéticas

Magnetón de Bohr

Magnetón nuclear

Resistencia cuántica

Constante de von Klitzing

Constantes atómicas y nucleares

Radio de Bohr

Constante de acoplamiento de Fermi

Constante de estructura fina

Energía de Hartree

Circulacion del Quantum

Constante de Rydberg

Sección eficaz de Thomson

Ángulo de Weinberg

Constantes físico-químicas

Unidad de masa atómica

Número de Avogadro

Constante de Boltzmann

Constante de Faraday

Primera constante de radiación

Número de Loschmidt

Constante universal de los gases ideales

Constante molar de Planck

Volumen molar de un gas ideal

Constante de Sackur-Tetrode

Constante de Stefan-Boltzmann

Segunda constante de radiación

Constante de la ley de desplazamiento de Wien

Valor convencional de la constante de Josephson

8.-Hasta ahora este Big Bang es exclusivo de nuestro universo conocido. Cuando se conozca más de la Teoría M o Teoría U como también es conocida y se tenga en claro los Multiversos que está madurando Penrose, se podrá saber si se generaron en esta explosión primordial o son otros universos creados con otras leyes fundamentales.

9.- La Fig. 1 que es una imagen de la NASA que encabeza el escrito trata de representar la historia del universo conocido hasta la fecha.

10.- Resultados.

La materia no viva, ya sean compuestos orgánicos o inorgánicos, van desde las partículas elementales hasta los virus, que requieren de un ser biológico vivo para poder manifestarse. Su consciencia es limitada ya que pueden: formar moléculas, cristales, comportarse como onda y a la vez como partícula, pueden cambiar de espín, buscar un ser vivo e inocularlo para reproducirse, modificar su estructura molecular, magnetizarse, cargarse o descargarse eléctricamente, unirse y formar otro elemento, sin embargo no pueden reproducirse, no tienen esencia, alma, espíritu.

Los seres biológicos o seres vivos ya bien sean del reino vegetal o animal, van desde los unicelulares hasta los mamíferos, su consciencia no esta tan limitada como la materia no viva, ya que están muy organizados y pueden: intercambiar materia y energía, pueden buscar alimento, saben pelear y defenderse, reproducirse, iniciar una guerra, transmitir información abstracta, enterrar y llorar a sus muertos, adueñarse de un territorio, transmitir conocimientos a sus hijos, aprender de otros seres vivos, su conciencia está no tan limitada, ya que son conscientes de su vida únicamente en su planeta, donde residen, no tienen consciencia del universo conocido.

Los seres humanos creados a imagen y semejanza del Supremo, tienen el potencial de igualar su consciencia, con su capacidad de evolucionar dada por las leyes fundamentales, pueden crecer hasta llegar a formar parte fundamental del Supremo igualando su consciencia infinita.

Max Planck, Albert Einstein, Walther Nernst y otros físicos a principios del siglo XX, estudiaron la teoría del campo electromagnético del punto cero, esta teoría dice que las ondas electromagnéticas de cualquier frecuencia, desde las bajas hasta las altas pasando por las visibles al ojo humano, que al final de cuentas no son más que luz (Supremo), y como lo explica Heisenberg en su principio de incertidumbre, que dice que ningún objeto cuántico puede llegar a quedar en reposo completo, todo objeto microscópico tendrá un movimiento aleatorio debido a las fluctuaciones cuánticas. Entonces siempre existirá una débil vibración electromagnética, pero si sumamos todas estas fluctuaciones incesantes, obtenemos un mar de fondo de luz cuya energía total es enorme. Se dice campo cero porque a pesar de que la extensión de su energía es inmensa, su nivel energético es el más bajo posible, por eso no lo podemos detectar, esta energía está formada por la consciencia universal, que a su vez es la suma de la consciencia del Supremo, los seres humanos, los seres biológicos, y la materia no viva. Es decir en el campo electromagnético del punto cero esta almacenada la consciencia.

,10.6., 10.7. y 10.8. Desde este almacén, que por su propia definición está localizado en todo el espacio-tiempo del universo conocido, salen los lineamientos para la evolución y crecimiento desde cada partícula elemental hasta los agujeros negros. Pasando por supuesto, por cada partícula de materia no viva y cada uno de los seres humanos (hasta ahora conocidos como lo más semejante al Supremo) de este planeta. En otras palabras, en este almacén está concentrada toda la información que se va generando, --siguiendo las leyes fundamentales e inviolables-- por cada componente de este universo desde las partículas elementales hasta los seres más elevados y sabios, integrándose a la proporcionada por el Supremo cuando se escindió para manifestarse. Dicha información una vez archivada no puede ser destruida o borrada ni con los efectos de un agujero negro, como lo reconoció Hawkin. Aquí radica la inmortalidad del universo conocido.

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Figura 2

Representación gráfica del Supremo, algunos seres pensantes lo han imaginado como dos símbolos matemáticos del infinito entrelazados.

Algunos pasajes interesantes de la literatura involucrada

I El Último Teorema de Clarke y Pohl (Novela)

CAPÍTULO XV

Presentación de uno (o más)

de los grandes de la galaxia

Lo primero que necesitamos dilucidar de aquel grande de la galaxia es si era o no varón, o de hecho, persona, y si era, en el fondo, un grande de la galaxia en lugar de una simple fracción de tal ser.

Comoquiera que ninguna de estas preguntas puede contestarse de forma sencilla, será mejor que hagamos caso omiso de los hechos y nos conformemos con respuestas que no nos planteen problema alguno, si no es el de que son erróneas de medio a medio. En primer lugar, diremos que se trata de veras de una persona, a pesar de ser también parte de aquella «persona» de entidad mayor que conformaba la combinación de todos sus congéneres.

De éstos los había en todas partes, desde los confines, en constante aceleración, de la galaxia hasta su centro, relativamente inmóvil, y en todo lugar intermedio imaginable. ¿Cuántos? Ésta es también una pregunta sin sentido. Había muchos, muchísimos; pero puestos a pensar, su multitud también era unicidad, por cuanto, con sólo decidirlo, cada uno de ellos quedaba fundido con cualquiera de los demás o con todos. Tal como habrá podido observar el lector, hemos asignado, de manera arbitraria, un género gramatical, el masculino, a estos seres. Sin embargo, no por ello debe asumir que practicaban suerte alguna de acto sexual tal como podemos entenderlos los humanos, pues no es así; es sólo que tal solución nos evita prolongar de manera indefinida el «ello o él o ella o ellos». Así que cortemos sin consideración este nudo gordiano asignándole el pronombre «él».

Y ya que nos hemos tomado tamaña libertad, permitámonos ir aún más allá y asignémosle también, a «él», un nombre. Vamos a llamarlo, por tanto, Bill. No Bill, puesto que ya son demasiadas las confianzas y, al menos, es de recibo que lo reconozcamos mediante el uso de la cursiva.

* * *

Aclarado esto, ¿qué más puede resultar útil que conozcamos acerca de los grandes de la galaxia por el momento? ¿Puede serlo, por ejemplo, saber qué tamaño tienen, o cuando menos, dado que una de sus agrupaciones puede estar a miles, o miles de millones, de años luz de otra, cómo miden la distancia?

Pongamos que va a ser de utilidad, aunque hemos de tener en cuenta que, al igual que ocurre con el resto de preguntas que podemos formular acerca de los grandes de la galaxia, la respuesta está llamada a ser difícil. Y así, hay que empezar diciendo que a estos seres no les gusta el género de unidades de medida arbitrarias de que se sirven los humanos. Éstas se fundan siempre en algún valor propio de la especie, como puede ser la distancia que media entre la punta de uno de los dedos de un hombre hasta su axila o cierta fracción de la que va de un polo del planeta que aciertan a ocupar a su ecuador. Las medidas de los grandes de la galaxia se conforman siempre con la escala de Planck, que resulta, de hecho, bastante diminuta. En ella, la unidad es de 1,616 x 10-35 metros. Para hacerse una idea de lo que tal cosa significa, baste recordar que resulta imposible medir nada que sea más pequeño. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que no puede determinarse la dimensión de algo que no se ve, y no puede verse nada sin que medien esas partículas portadoras de luz que llamamos fotones. Y cualquier fotón lo bastante potente para iluminar una unidad de la escala Planck lo sería en un extremo tal (y poseería, en consecuencia, una masa tal) que se convertiría de inmediato en un agujero negro. La palabra imposible se toma a menudo como un desafío; pero en esta ocasión no es más que un hecho.

En consecuencia, para medir una realidad tridimensional cualquiera, sea la circunferencia de un electrón o el diámetro del mismísimo universo, los grandes de la galaxia sólo tienen que contar el número de longitudes de Planck que existen del punto A al punto B. Tal cosa es, de manera invariable, un número elevado, si bien a ellos no les importa, pues bien mirado, ellos mismos son números bastante elevados……………………………………….

PRIMER EPÍLOGO

La dilatadísima existencia

de Ranjit Subramanian

Aquí termina nuestra historia de Ranjit Subramanian, aunque eso no quiere decir que no viviera (de un modo u otro) muchísimo tiempo; primero, de forma convencional, y después, archivado en una máquina. Aún es más, en aquella «vida» que conoció después de morir, convertido en una colección de patrones electrónicos, le ocurrieron muchas cosas fascinantes y curiosas. De la mayoría de ellas, sin embargo, no vamos a ocuparnos aquí, no porque no sean de interés, sino por ser muchas, y tenemos otras más importantes que hacer que narrar cuanto sucedió a la porción incorpórea del Ranjit orgánico original que quedó almacenada al objeto de seguir viviendo durante un número dilatado de años.

Pero hay algo en lo que cabe detenerse. Tuvo lugar mucho después de lo referido, una vez que Ranjit, aun en forma de ser archivado, hubo completado buena parte de las actividades turísticas que siempre había querido hacer (lo que suponía explorar casi toda la superficie de Marte y su interesantísima red de cuevas, así como la mayor parte de los demás planetas y los satélites de mayor relieve del sistema solar y cierto número de los objetos de más entidad de la nebulosa de Oort). Myra se hallaba de viaje, porque siempre había querido ver de cerca un agujero negro, y él había decidido pasar los pocos miles de años que iba a estar ausente ella abandonándose en la ladera de una montaña virtual de lana de vidrio (para relajarse, nada mejor que rumiar el teorema de N es igual a NP, que llevaba ya entreteniéndolo un buen número de décadas, aunque aún no había vislumbrado siquiera el final). Comoquiera que había creado la elevación que lo rodeaba al objeto de estar solo, no pudo evitar sorprenderse al ver a alguien que la subía con esfuerzo hacia el lugar que ocupaba él.

El intruso poseía, además, un aspecto muy extraño. Tenía los ojos minúsculos y la estructura ósea del rostro muy marcada, y medía por lo menos tres metros. Al llegar al afloramiento en que aguardaba Ranjit, se dejó caer en una tumbona (que no había existido hasta aquel momento), hizo un par de inspiraciones hondas hasta la exageración y apuntó:

—Veamos: «¡Menuda cuesta!, ¿eh?». ¿No es lo que debería decir?

Ranjit, a quien habían molestado ya muchos desconocidos en los últimos milenios, se ahorró toda fórmula de cortesía, y sin responder a la pregunta, se limitó a hacer la siguiente de su parte:

—¿Quién es usted y qué desea?

El recién llegado se mostró sorprendido y contento a partes iguales.

—Ya veo que es usted de los que van directos al grano. Estupendo. En tal caso, supongo que debo decir: «Me llamo…».

Con todo, en lugar de pronunciar nombre alguno, emitió una sucesión de sonidos inarticulados, a la que añadió:

—Pero puede llamarme, sin más, Estudiante, ya que lo que me trae aquí es la observación de los procesos que gobiernan su pensamiento y cualquier otra particularidad de éste.

Ranjit consideró la idea de expulsar a aquel intruso del entorno privado que con tanto celo había creado para sí, aunque lo cierto es que había algo en él que le resultaba divertido.

—Está bien. De acuerdo, estúdieme cuanto quiera. ¿Y para qué quiere hacer algo así? El extraño infló los carrillos.

—¿Cómo podría explicárselo? —se preguntó—. Digamos que se trata de conmemorar el regreso de los grandes de la galaxia.

—¿Quiere decir que, al final, han vuelto?

—¡Por supuesto que sí! Después de… déjeme ver… según sus cómputos, unos trece mil años; lo que no es mucho tiempo para ellos, aunque sí lo bastante para que se hayan producido cambios de relevancia en la fisonomía de los seres humanos como yo. Bueno, claro, y como usted —añadió con gentileza—. Por lo tanto, hemos proyectado reconstruir todos aquellos acontecimientos, y como usted desempeñó una modesta función en algunos de ellos, yo he elegido recrearlo a usted.

—¿Me está diciendo que van a hacer algo así como una película de aquello, y que usted va a representar mi papel?

—Mmm… Exactamente no es una película; pero sí: yo voy a «representar» su papel.

—Ajá… Últimamente no he prestado demasiada atención a la realidad. ¡Ni siquiera sabía que hubiesen regresado los grandes de la galaxia!

El extraño pareció maravillarse.

—Pues ¡claro que han vuelo! Habían dicho a los eneápodos y a los unoimedios que se ausentarían durante un tiempo no muy prolongado. Y aunque trece mil años no es mucho para ellos, nosotros no podemos decir lo mismo. Al parecer, los ha sorprendido ver la rapidez con la que hemos evolucionado. Jamás habían dejado que una especie racional evolucionara a su propio ritmo, pues tenían la costumbre de frenar el proceso en todas las que descubrían. Sin embargo, no creo que les haya importado verse exonerados de semejante carga. —Dicho esto, ensayó diversos movimientos con los labios antes de solicitar a su interlocutor—: ¿Le importa volver a decir ajá para que lo practique?

—Ajá —respondió él, no tanto por satisfacer su petición como por ser incapaz de contestar de otro modo a lo que acababa de oír—. ¿Qué quiere decir con lo de «verse exonerados de semejante carga»?

—Me refiero a la responsabilidad de dirigirlo todo —aclaró el desconocido mientras estudiaba el semblante de Ranjit y trataba de reproducirlo—. No es que lo que hacían no fuese positivo las más de las veces; pero se equivocaban al querer detener el desarrollo de tantas especies interesantes. Y aunque, en general, acertaban con los aspectos técnicos, hay que reconocer que lo que hicieron con la constante cosmológica resulta, simple y llanamente, vergonzoso.

Ranjit se incorporó.

—Y si los grandes de la galaxia han dejado de dirigir las cosas, ¿no debería haber alguien al mando en su lugar?

—Por supuesto —respondió el extraño con impaciencia—. Pensaba que ya sabría que somos nosotros.

II Cerebro y Trascendencia de Ramón María Nogués

VI

LAS DIMENSIONES HONDAS:

SIEMPRE MAS ALLA

EN EL ESTUDIO DE LA VIDA -y, en particular, en la medicina- dicen que la normalidad del funcionamiento puede ser percibida perfectamente en la anormalidad o en la excepción. Es decir, que ciertos aspectos centrales de la realidad se detectan mejor cuando la claridad de la normalidad está en crisis, una situación que se produce frecuentemente en las situaciones límite, en los ambientes extremos. Vivimos la trascendencia en las condiciones habituales del funcionamiento de la mente, pero su perfil se distingue más claramente en las manifestaciones más explícitas, cuando la trascendencia adquiere unos contornos casi excesivos y la persona se siente como fascinada por una «realidad más allá de la realidad», por un enfrentamiento con una perspectiva inalcanzable, por una inacabable serie de invitaciones a profundizar, a ampliar o a diseccionar cualquier horizonte que pueda plantearse. Se atribuye a Paul Anderson aquella lúcida observación: «Nunca he visto ningún problema, por complicado que fuera, que al mirado del modo correcto no resultara todavía más complicado que fuera, que al mirarlo del modo correcto no resultara todavía más complicado.« Esta ocurrencia de Anderson no presagia nada bueno con relación al éxito que puedan tener las impresionantes zambullidas o acometimientos en la inmensidad o en la profundidad de existir.

Este mal augurio no priva, sin embargo, a muchos y bien cualificados humanos de dejarse fascinar hacia las proximidades de la trascendencia.

Nos encontramos ante la gran cuestión de la búsqueda de la verdad, un problema que pertenece a la teoría del conocimiento. Sin embargo, el primer inconveniente se plantea en torno a lo que es la verdad. En el campo de la trascendencia, tal y como es considerada en este escrito, uno puede preguntarse por la verdad de la novena sinfonía de Beethoven o por la verdad de una exigencia ética. Es necesario admitir que existen muchas «verdades» vigentes y no siempre es fácil armonizadas. En segundo lugar, nuestra limitación tanto en la indagación de la realidad como en la expresión de lo que creemos haber descubierto, implica que cualquier propuesta sea limitada y parcial. Un motivo más para respetar diversas formas de búsqueda y formulación, pero tratando rigurosamente de coordinarlas y de no amontonarlas con una simple yuxtaposición acrítica. Esto plantea el esfuerzo de compatibilizar de modo intercrítico las afirmaciones que, sobre la realidad, pueden llevar a cabo la filosofía, la ciencia, las propuestas psicológicas y espirituales, las expresiones estéticas o las religiosas. El trabajo intercrítico es muy importante y exige paciencia, interdisciplinariedad y un equilibrio emocional y psicológico en general.

Los estudios sobre el cerebro y las formas de percepción indican que un cerebro-mente sano necesita una representación global de la realidad creada al armonizar representaciones particulares. Los distintos tipos de agnosias -deficiencias cognitivas- responden a la situación en la que el cerebro es capaz de captar y describir bien una parte de la realidad, pero ha perdido la capacidad de comprender cómo esta parte queda integrada en un conjunto perceptivo. Las agnosias son rupturas de la unidad del mundo consciente, y acarrean la incapacidad de captar la coherencia conjunta de lo que se percibe. Al extrapolar esta situación al conocimiento en general, puede decirse que toda forma de conocimiento que excluya sistemáticamente otras formas por defecto (por ejemplo, un cientificismo que excluyese la subjetividad o la reflexión filosófica) corre el riesgo de promover una situación de agnosia en cuanto a la totalidad de la realidad. De nuevo se reivindica la globalidad del conocimiento, y esto requiere armonizar rigurosamente las distintas formas serias de conocer. Debe evitarse tanto un relativismo ingenuo y simplista que lo da todo por bueno como una actitud de exclusivismo que pretende monopolizar las formas del conocimiento. El filósofo marxista serbio Slavoj Ziiek, por ejemplo, reivindica la ontología como apoyo de la ciencia, al responder, cuando se le pregunta si la filosofía puede ayudar a los científicos (ELSE 2OIO: 29):

En las últimas décadas, al menos en las humanidades, las grandes cuestiones ontológicas -¿qué es la realidad?, ¿cuál es la naturaleza del universo?- han sido consideradas demasiado ingenuas. Era un sinsentido preguntarse por la verdad objetiva. Esta prohibición de cuestionarse las grandes preguntas explica, en parte, la explosión de los libros de divulgación científica. Uno lee libros de Stephen Hawkings como método para plantearse estas preguntas metafísicas fundamentales [...] Nosotros, los filósofos, deberíamos unimos a los científicos y preguntamos por esas grandes cuestiones metafísicas sobre la física cuántica y la realidad

Siempre dentro de la limitación que presenta cualquier intento de sistematizar la realidad, creo que es proporcionadamente acertado intentar concretar las dimensiones privilegiadas en las cuales la trascendencia se desdobla en cuatro grandes direcciones que ya he expuesto en otra publicación (Nogués 2008: 79-103): el Todo, el Adentro, el Arriba y el Otro.

EL TODO

El Todo representa la mayor fascinación de la trascendencia. Nuestro conocimiento es, evidentemente, una actividad limitada sobre un aspecto limitado de la realidad. El desbordamiento natural al que está abocada nuestra capacidad de conocer el mundo implica indagar en la totalidad que intuimos y hacia la cual orientamos nuestra pasión investigadora, más potente que nuestra capacidad de percibir con exactitud la profundidad del mundo en que vivimos.

Epistemológicamente, el conocimiento siempre es un producto parcial producido entre un sujeto limitado, una realidad que nos sobrepasa, unos medios de percepción mediatizados por los sentidos y una capacidad de procesamiento determinada por las posibilidades cerebrales, también limitadas bajo este aspecto. No tenemos, pues, disponibilidad para percibir la universalidad del mundo real. En estas condiciones, es frecuente que el sujeto sea catapultado por la vía intuitiva hacia la búsqueda de la totalidad. En esta dirección, han trabajado y trabajan las corrientes más destacadas de las tradiciones espirituales más eminentes de todas las épocas. Desde la antigüedad, esta inquietud fue asumida por las tradiciones de religiosidad, de sabiduría y de filosofía que se han prolongado en la historia, y se ha ido confrontando con las contribuciones que las formas más experimentales de conocimiento han aportado, de modo que el campo del conocimiento ha ido experimentando reajustes constantes, aunque sin que esa inquietud por el Todo se viera mermada. La metafísica, la religión, la sabiduría, la filosofía y la ciencia continúan participando en el debate que intenta precisar qué es este Todo que evidentemente existe y del cual, también evidentemente, formamos parte.

Desde el mundo antiguo ya disponemos de espectaculares intentos de síntesis para precisar la formulación de un Todo en el que pueda orientarse la existencia humana, permanentemente desenfocada -según parece- y en pos de un punto focal que pueda atenuar la ansiedad de vivir. Los atomistas griegos -Leucipo y Demócrito, principalmente- proponían una teoría del Todo en cierto sentido homologable a la teoría atómica moderna, aunque formulada solo desde la intuición filosófica según la cual todo está constituido por átomos que se mueven en un espacio vacío y que crean apariciones y desapariciones que forman temporalmente a los seres.

En otra zona de la cultura mundial, el mundo hindú, aparece una filosofía del Todo basada en una evidencia subjetiva -la de los sabios- que determina que solo existe una realidad, un todo absoluto y trascendente (Brahman). Todo lo demás son emanaciones engañosas: tal y como propugna el Vedanta, el mundo es una ilusión. La versión tántrica de las tradiciones hindúes disminuye en cierto modo esta calificación de ilusión e, incluso habiendo aceptado el placer y la satisfacción, insisten en la no afección. En estas formulaciones del Todo se parte de la evidencia personal de grandes personajes, y desde dicha evidencia se califica la realidad, una senda opuesta a la que seguirá la ciencia moderna occidental, que parte de la realidad para orientarse hacia la realidad o el misterio que podemos intuir. No es necesario decir que en la cultura occidental esta primera referencia a la realidad para elevarse hacia otras consideraciones, pero confiando en el primer contacto con ella, nos resulta más familiar.

En la tradición judía el Todo aparece con las características trascendentes e inefables, pero dotado de pinceladas de tipo personalista. Esta tradición señala el carácter inefable del Todo, asignándole simplemente un nombre simbólico -un tetragrama que se concreta en una afirmación del ser, Yahvé- que la tradición occidental identificará llamándolo Theos, Zeus, Deus, Dios…, en las lenguas indoeuropeas. Obviamente, en la tradición judía de origen mosaico, el Todo posee una característica específica mente religiosa que ha acompañado toda la cultura occidental.

En el Extremo Oriente, la cultura china, hace unos dos mil quinientos años, ya través de Confucio, da origen a una teoría del Todo que en cierto modo puede identificarse con la armonía universal. El universo, la sociedad, el imperio, el rito y la virtud moral tienen que responder a esta armonía. No se trata de una estructura externa a la que uno deba someterse, sino de una sintonía con la totalidad que conecta la cosmología, la sociedad, la historia, la moral, etc., y las orienta hacia el Tao o el camino que la persona debe emprender para mantener la conexión correcta con el Todo.

El Todo presenta siempre una tesitura que engloba tanto a la totalidad, desde un punto de vista que llamaríamos científico, como a la óptica filosófica y a la religiosa, separando aquí el término religiosa de sus determinaciones confesionales. En consecuencia, las consideraciones sobre el Todo deambulan, según las épocas y las situaciones culturales, entre estos conceptos de referencia. Cada autor se define a sí mismo al situarse en un punto de observación que lo orienta en su visión del Todo. En la cultura occidental, por ejemplo, con la modernidad, el pensamiento cultural se distancia de las formulaciones religiosas concretas pero mantiene una clara conexión entre la visión naturalista dada por la ciencia experimental y la visión de una trascendencia hacia el Todo, hablando de Dios, aunque desde fuera de la confesionalidad concreta. Este es el caso de Spinoza. Llama Dios al Todo, aunque el sentido de la palabra Dios es distinto al sentido que le otorga la tradición judía -que era la suya- y la tradición cristiana, con las que convive cultural mente. Dios es el ser al que se refiere toda afirmación, es decir, toda esencia realmente existente, es indefinido y perfecto, posee una infinidad de atributos, todos los que corresponden a esencias reales, y cada atributo es infinito en su género. Dichas consideraciones conducen a Spinoza a su conocida expresión: Deus sive Natura. El conocimiento de Dios es directo y puede demostrarse a priori. Se identifica con el ser y con la naturaleza en el sentido del conjunto de todo lo que existe. Nos encontramos, pues, ante un deísmo-panteísmo alejado del personalismo del Dios cristiano, pero ya orientado hacia el Dios que estará presente en la modernidad, sin determinaciones confesionales, sino como teoría del Todo, a pesar de que la palabra Dios aparezca de vez en cuando como invitado circunstancial al debate. Estas variaciones de los puntos de vista no deberían ser observadas, como a menudo sucede, como simples «desviaciones» de una doctrina que ya lo precisaba todo adecuadamente, sino como ejemplo de aventuras intelectuales, hermenéuticas y de análisis de la trascendencia que continúan llenas de interés.

Esta visión de Dios no está ausente en el mundo occidental científico moderno. Einstein, por ejemplo, mantendrá un sustancioso vaivén sobre el asunto de la trascendencia, a la que él llama misterio. Su frase célebre: «La ciencia sin religión está coja, y la religión sin ciencia está ciega» (FEUER 1974: 66), no debe llevar a pensar que el gran matemático fuera religioso en un sentido cristiano. Tal y como él mismo explica, estaba fascinado por el panteísmo de Spinoza -ambos judíos- (JAMMER 1999: 48):

No soy ateo, y no creo que pueda llamarme panteísta. Estamos en la posición de un niño que entra en una gran biblioteca llena de libros en muchas lenguas. El niño sabe que alguien debe haber escrito esos libros. Pero no sabe cómo. No entiende las lenguas en que están escritos. El niño tiene la leve sospecha de que hay un orden misterioso en la ordenación de los libros, pero no sabe cuál es. Esa es, creo, la actitud más inteligente del hombre hacia Dios. Vemos el universo maravillosamente ordenado y obedecemos ciertas leyes, pero solo comprendemos levemente esas leyes. Nuestras mentes limitadas captan la misteriosa fuerza que mueve las constelaciones. Estoy fascinado por el panteísmo de Spinoza, pero admiro aún más su contribución al pensamiento moderno, porque es el primer filósofo que trata el alma y el cuerpo como unidad y no como dos cosas separadas.

Aunque en 1954, en una carta a Eric Gutking, diga que la palabra de Dios no es más que la expresión y el producto de la debilidad humana», en esta frase existe una infravaloración de la Biblia -leída de manera literal y no simbólicamente por culpa del c1ero- pero no de la religión, parecido a lo que Darwin manifestó acerca del respeto que le merecía la Biblia -también al pie de la letra, tal como era leída en sus tiempos, con lo que no resultaba ser mínimamente creíble-, lo que no implica la negación de la trascendencia. Darwin acaba definiéndose como agnóstico, y Einstein, fascinado por Spinoza, pero ninguno de los dos negó la trascendencia.

La «fe» de Einstein en lo trascendente es expresada claramente en textos como el siguiente (JAMMER 1999: 93):

Una persona que está religiosamente iluminada creo que es alguien que se ha liberado, hasta donde lo permitía su capacidad, a sí mismo de los grilletes de sus deseos egoístas y se preocupa de los pensamientos. los sentimientos y las aspiraciones a los que se aferra por su valores suprapersonales [ ..]; lo importante es la fuerza de esta dimensión suprapersonal [ ..] sin que tenga demasiada importancia el modo de conectar esta dimensión con un ser divino.

O en este otro (JAMMER 1999: 92-93):

La investigación científica se basa en el convencimiento de que todos los acontecimientos, incluso las acciones humanas, están determinados por las leyes de la naturaleza. Por lo tanto, un científico investigador difícilmente se inclinará a pensar que los acontecimientos pueden estar influenciados por la oración, es decir, por los deseos dirigidos a un ser sobrenatural. Sin embargo, tenemos que admitir que nuestro conocimiento actual de estas leyes es solo una pieza incompleta del trabajo (unvollkommenes Stückwerk), por lo que, en última instancia, la creencia en la existencia de unas leyes fundamentales omnímodas también es una especie de fe. De todos modos, esta fe ha sido justificada en gran medida por el éxito de la ciencia, Por otro lado, sin embargo, cualquiera que esté seriamente comprometido con el progreso científico llega a convencerse de que las leyes de la naturaleza manifiestan la existencia de un espíritu muy superior al de los hombres, y frente a estos modestos poderes debemos ser humildes. El trabajo de la ciencia conduce, por tanto, a un sentimiento religioso de una clase especial, que difiere esencialmente de la religiosidad de las personas más ingenuas.

Más próximo a nosotros, en el ámbito científico la trascendencia se ha expresado en la investigación de una teoría del Todo formulada matemáticamente y a la que finalmente se le atribuiría un carácter «divino». Dicha teoría respondería a las últimas perspectivas que puede plantearse la filosofía y cada uno de nosotros. John D. Barrow ha dedicado un libro al asunto (1994), y Stephen W. Hawking, unas frases muy célebres al final de un libro recopilatorio de sus teorías (2007: 138-139):