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Teoría de la natureza basada en los textos de Platón



Textos de Platón (427-347 a. C.)

PLATÓN 1 [Sócrates busca en Anaxágoras a explicación das causas do cosmos, pero a súa obra defráudao, xa que non recorre a causas finais.]

"En cierta ocasión oí a alguien que leía de un libro -de Anaxágoras, según dijo- y que decía que la causa ordenadora de todas las cosas es el Entendimiento. Esta causa me llenó de satisfacción y me pareció muy bien que el Entendimiento sea la causa de todas las cosas. Y pensé que si efectivamente lo es, el Entendimiento ordenador ordenará el conjunto de todas las cosas dando a cada una de ellas el mejor lugar posible. De modo que si alguien pretendiera hallar el porqué de la generación, de la destrucción o de la existencia de cualquier cosa, habría de tratar de descubrir de qué modo la existencia -o cualquier otro tipo de acción o afección- son lo mejor para ella. Una vez adoptada esta forma de explicacíón de los hechos, bastará y sobrará -pensaba yo- con investigar qué es lo mejor y lo más perfecto, tanto respecto de esa cosa como respecto de todas las demás. Y pensaba que era necesario llegar a conocer también qué es lo peor, ya que aquello y esto caen bajo el mismo conocimiento. Y discurriendo de esta manera me sentía satisfecho por haber encontrado en Anaxágoras un maestro capaz de enseñarme la causa de los seres poniéndomela en el entendimiento, capaz de decirme si la tierra es plana o redonda y no sólo de decírmelo sino de aclararme por qué es así necesariamente, explicándome qué es lo mejor y cómo en su caso lo mejor es ser de tal forma en particular. Y si afirmara que se halla en el centro del universo, sería capaz de demostrarme que lo mejor es precisamente que se halle en el centro. Y pensaba que si era capaz de desvelarme todo esto, estaría yo dispuesto a no echar en falta ningún otro tipo de explicación causal. E igualmente acerca del sol, de la luna y de los demás astros -acerca de sus velocidades relativas, de sus revoluciones y del resto de sus propiedades- estaba yo dispuesto a recibir este tipo de información sobre cómo lo mejor para cada uno de ellos es hacer lo que hace y recibir los influjos que recibe. Nunca, en efecto, hubiera pensado que él, tras afirmar que las cosas han sido ordenadas por el Entendimiento, fuera a aducir otra explicación causal acerca de ellas aparte de explicar cómo lo mejor es que sean como son. Tras atribuir esta causa a cada uno de los seres y al conjunto de todos ellos, pensaba yo que él explicaría qué es lo mejor para cada uno de estos seres así como cuál es el bien común al conjunto de todos ellos. No cejaba yo en absoluto en mis esperanzas, antes al contrario, tomé sus libros con toda diligencia y los leí de un tirón con la pretensión de conocer cuanto antes lo mejor y lo peor.

Pero, amigo mío, pronto decaí de mi maravillosa esperanza cuando, a medida que avanzaba en la lectura, vi que este hombre no recurría para nada al Entendimiento ni le atribuía causalidad ninguna en la ordenación de las cosas sino que explicaba ésta recurriendo a aires, éteres, aguas y otras causas extrañas. Le sucedía -me pareció- lo que a alguien que tras afirmar que Sócrates actúa siempre racionalmente, tratara a continuación de explicar el porqué de cada uno de mis actos diciendo, por ejemplo, que yo estoy ahora aquí sentado porque mi cuerpo se compone de huesos y tendones y que los huesos son macizos y entre ellos hay articulaciones y que los tendones son capaces de dilatarse y contraerse y que rodean los huesos juntamente con la carne y la piel que los recubre; pues bien, al moverse los huesos en sus articulaciones, los tendones se contraen y extienden haciendo que me sea posible flexionar los miembros: he ahí el porqué de que ahora me encuentre sentado y encorvado. Igualmente y respecto del hecho de que ahora estoy dialogando con vosotros, aduciría otras causas semejantes recurriendo a la causalidad de sonidos, aires, oídos y mil otras cosas por el estilo sin preocuparse de señalar las auténticas causas: que si yo permanezco aquí sentado es porque a los atenienses les pareció mejor condenarme y por ello me pareció a mi también lo mejor el quedarme aquí sentado, es decir, me pareció más justo quedarme y afrontar la pena que se me imponga. Y es que, ipor el Perro!, hace tiempo que estos mismos huesos y tendones andarían por Megara o por Beocia movidos por una determinada opinión acerca de lo mejor si no considerara yo que el someterse a la pena impuesta por la ciudad es más justo y más honroso que el evitarla escapando.

Es realmente absurdo llamar causas a tales cosas. Ahora bien, si se dijera simplemente que de no tener cosas tales como huesos, tendones y todo lo demás que tengo me sería imposible llevar a cabo las acciones que pretendo realizar, tal afirmación sería verdadera sin duda. Pero de ahí a decir que es por estas cosas por las que actúo como actúo, decir que actúo racionalmente y que, sin embargo, no actúo porque escojo lo que considero mejor, supone una negligencia mayúscula en la forma de expresarse: lo es, en efecto, no ser capaz de distinguir entre lo que es realmente causa y lo que es solamente condición sin la cual la causa no podría actuar como tal. Esto último es lo que la mayoría de la gente, a tientas como en la oscuridad, califican de causa sirviéndose de una denominación inadecuada. Y he aquí por qué el uno, rodeando la tierra de un remolino, afirma que ésta se mantiene inmóvil a causa del universo mientras que el de más allá afirma que es el aire el que la sostiene por debajo como si de una artesa se tratara. Pero el Poder que hace que cada cosa se halle de hecho en la mejor disposición posible, ése ni lo investigan ni creen que posea una fuerza divina sino que están convencidos de encontrar un Atlas más fuerte que él, más inmortal y más capaz de mantener unido al todo sin pensar para nada en que es el Bien y lo debido lo que concatena y mantiene unido el todo." (PLATÓN, Fedón, 97b).

PLATÓN 2 [Non son o mesmo as cousas iguais e a idea de Igual en sí.]

"-Considera -continuó Sócrates- si las cosas son como voy a decir. Decimos que de algún modo hay algo igual. Y no me refiero a un leño igual a otro leño o a una piedra igual a otra piedra ni a nada de este género sino a otra cosa al margen de todos estos objetos: lo Igual en sÍ. ¿Diremos que lo Igual en sí es algo o que no es nada?

-Por Zeus, diremos que es algo -dijo Simias- y lo diremos con reverencia.

-¿Y sabemos también lo que es en sí mismo?

-Sin duda -dijo.

-¿De dónde nos viene su conocimiento? ¿Acaso no nos viene de cuanto decíamos hace un momento: cuando vemos leños o piedras o cualesquiera otros objetos iguales, estos objetos nos llevan a pensar en aquello que, sin embargo, es otra cosa que ellos? ¿O no te parece que lo Igual en sí es otra cosa? Míralo de este modo: ¿No es cierto que leños y piedras iguales, aun permaneciendo los mismos, a unos parecen iguales y a otros no?

-Totalmente cierto.

-¿Y qué? ¿Lo Igual en sí se te muestra alguna vez desigual, o la igualdad se te muestra como desigualdad?

-Nunca jamás, Sócrates.

-Luego no son lo mismo -dijo Sócrates- estos objetos iguales y lo Igual en sí." (PLATÓN, Fedón, 74a)

PLATÓN 3 [O "mito da caverna" como metáfora dos niveis de realidade e coñecemento.]

"-Y a continuación -seguí-, compara con la siguiente escena el estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza. Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto, a lo largo del cual suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquéllos sus maravillas.

-Ya lo veo -dijo.

-Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.

-¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!

-Iguales que nosotros -dije-, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?

-¿Cómo -dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?

-¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?

-¿Qué otra cosa iban a ver?

-Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?

-Forzosamente.

-¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?

-No, ¡por Zeus! -dijo.

-Entonces no hay duda -dije yo- de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados.

-Es enteramente forzoso -dijo.

-Examina, pues -dije-, qué pasaría si fueran liberados de sus cadenas y curados de su ignorancia, y si, conforme a la naturaleza, les ocurriera lo siguiente. Cuando uno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a mirar a la luz [...] Y si se lo llevaran de allí a la fuerza -dije-, obligándole a recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y llevaría a mal el ser arrastrado, y que, una vez llegado a la luz, tendría los ojos tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas a las que ahora llamamos verdaderas?

-No, no sería capaz -dijo-, al menos por el momento.

-Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo, las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos reflejados en las aguas, y más tarde, los objetos mismos. Y después de esto le sería más fácil el contemplar de noche todas las cosas del cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.

-¿Cómo no?

-Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que él estaría en condiciones de mirar y contemplar.

-Necesariamente -dijo.

-Y después de esto, deduciría ya con respecto al sol que es él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la región visible, y que es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas que ellos veían.

[...]

-Ahora fijate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas, como a quien deja súbitamente la luz del sol?

-Ciertamente -dijo.

-Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitaría para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿y no matarían, si encontraban manera de echarle mano y matarle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?

-Claro que sí -dijo.

-Pues bien -dije-, esta imagen hay que aplicarla toda ella, ¡oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol. En cuanto a la subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la región inteligible no errarás con respecto a mi visión, que es lo que tú deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el muno inteligible lo último que se percibe, y con trabajo, es la idea del bien, pero, una vez percibida, hay que deducir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su vida privada o pública." (PLATÓN, República, VII, 514a).

PLATÓN 4 [O que fai que as cousas belas sexan belas é a presencia ou participación da idea de Beleza.]

"-Examina, pues -prosiguió Sócrates- a qué consecuencias nos lleva aquello y veamos si compartes mi opinión. Yo opino, en efecto, que si hay algo bello además de lo Bello en sí, no será bello por ninguna otra causa sino porque participa de lo Bello a que nos referimos. Y lo mismo en los demás casos. ¿Estás de acuerdo en este tipo de causa?

-Estoy de acuerdo -contestó.

-En cuanto a las otras causas, las causas sabias, ni las comprendo -continuó Sócrates- ni soy capaz de conocerlas. Antes al contrario, si alguien me dice que un objeto es bello porque tiene un color brillante o una forma determinada o cualquier otra cosa por el estilo, todas estas explicaciones las mando a paseo -ya que con todas ellas me armo un lío-. Y para mí tengo esta explicación simple, elemental y probablemente ingenua: que lo que hace que tal objeto sea bello no es otra cosa que la presencia o participación de la Belleza, prodúzcase ésta como se produzca: sobre esto último, en efecto, no me pronuncio con rotundidad pero sí que es la Belleza la que hace que todos los objetos bellos sean bellos." (PLATÓN, Fedón, 100e)

PLATÓN 5 [O "símil da liña" como representación dos distintos niveis de realidade e os graos de coñecemento que lles corresponden.]

"-Pienso que puedes decir que el sol no sólo aporta a lo que se ve la propiedad de ser visto, sino también la génesis, el crecimiento y la nutrición, sin ser él mismo génesis.

-Claro que no.

-Y así dirás que a las cosas cognoscibles les viene del Bien no sólo el ser conocidas, sino también de él les llega el existir y la esencia, aunque el Bien no sea esencia, sino algo que se eleva más allá de la esencia en cuanto a dignidad y a potencia.

Y Glaucón se echó a reir:

-¡Por Apolo!, exclamó. ¡Qué elevación divina!

-Tú eres culpable -repliqué-, pues me has forzado a decir lo que pensaba sobre ello.

-Está bien; de ningún modo te detengas, sino prosigue explicando la similitud respecto del sol, si es que te queda algo por decir.

-Bueno, es mucho lo que queda.

-Entonces no dejes de lado ni lo más mínimo.

-Me temo que voy a dejar mucho de lado; no obstante, no omitiré lo que en este momento me sea posible.

-No, por favor.

-Piensa entonces, como decíamos, cuáles son los dos que reinan: uno, el del género y ámbito inteligibles; otro, el del visible, y no digo "el del cielo" para que no creas que hago juego de palabras. ¿Captas estas dos especies, la visible y la inteligible?

-Las capto.

-Toma ahora una línea dividida en dos partes desiguales; divide nuevamente cada sección según la misma proporción, la del género de lo que se ve y otra la del que se intelige, y tendrás distinta oscuridad y claridad relativas; así tenemos primeramente, en el género de lo que se ve, una sección de imágenes. Llamo "imágenes" en primer lugar a las sombras, luego a los reflejos en el agua y en todas las cosas que, por su constitución, son densas, lisas y brillantes, y a todo lo de esta índole. ¿Te das cuenta?

-Me doy cuenta.

-Pon ahora la otra sección de la que ésta ofrece imágenes, a la que corresponden los animales que viven en nuestro derredor, así como todo lo que crece, y también el género íntegro de cosas fabricadas por el hombre.

-Pongámoslo.

-¿Estás dispuesto a declarar que la línea ha quedado dividida, en cuanto a su verdad y no verdad, de modo tal que lo opinable es a lo cognoscible como la copia es a aquello de lo que es copiado?

-Estoy muy dispuesto.

-Ahora examina si no hay que dividir también la sección de lo inteligible.

-¿De qué modo?

-De éste. Por un lado, en la primera parte de ella, el alma, sirviéndose de las cosas antes imitadas como si fueran imágenes, se ve forzada a indagar a partir de supuestos, marchando no hasta un principio, sino hacia una conclusión. Por otro lado, en la segunda parte, avanza hasta un principio no supuesto, partiendo de un supuesto y sin recurrir a imágenes -a diferencia del otro-, efectuando el camino con Ideas mismas y por medio de Ideas.

-No he aprehendido suficientemente esto que dices.

-Pues veamos nuevamente; será más fácil que entiendas si te digo ésto antes. Creo que sabes que los que se ocupan de geometría y de cálculo suponen lo impar y lo par, las figuras y tres clases de ángulos y cosas afines, según lo que investigan en cada caso. Como si las conocieran, las adoptan como supuestos, y de ahí en adelante no estiman que deban dar cuenta de ellas ni a sí mismos ni a otros, como si fueran evidentes a cualquiera; antes bien, partiendo de ellas atraviesan el resto de modo consecuente, para concluir en aquello que proponían al examen.

-Sí, ésto lo sé.

-Sabes, por consiguiente, que se sirven de figuras visibles y hacen discursos acerca de ellas, aunque no pensando en éstas sino en aquellas cosas a las cuales éstas se parecen, discurriendo en vista al Cuadrado en sí y a la Diagonal en sí, y no envista de la que dibujan, a así con lo demás. [...]

-Comprende entonces la otra sección de lo inteligible, cuando afirmo que en ella la razón misma aprehende, por medio de la facultad dialéctica, y hace de los supuestos no principios sino realmente supuestos, que son como peldaños y trampolines hasta el principio del todo, que es no supuesto, y, tras aferrarse a él, ateniéndose a las cosas que de él dependen, desciende hasta una conclusión, sin servirse para nada de los sensible, sino de Ideas, a través de Ideas y en dirección a Ideas, hasta concluir en Ideas." (PLATÓN, República, VI, 509b).

PLATÓN 6 [O demiurgo fai o cosmos bo e belo porque copia do modelo eterno das Ideas.]

"Ahora bien: según yo veo las cosas, se pueden en primer lugar establecer las siguientes divisiones. ¿Cuál es el ser eterno que no nace jamás y cuál es aquel que nace siempre y no existe nunca? El primero es aprehendido por la inteligencia y el raciocinio, pues es constantemente idéntico a sí mismo. El segundo es objeto de la opinión unida a la sensación irracional, ya que nace y muere; pero no existe jamás realmente.

Por lo demás, todo lo que nace, nace necesariamente por la acción de una causa, pues es imposible que, sea lo que sea, pueda nacer sin causa. Así, pues, todas las veces que el demiúrgo, con sus ojos sin cesar puestos en lo que es idéntico a sí, se sirve de un modelo de tal clase, todas las veces que él se esfuerza por realizar en su obra la forma y las propiedades de aquello, todo lo que de esta manera produce es necesariamente bello y bueno. Por el contrario, si sus ojos se fijaran en lo que es nacido, si utilizara un modelo sujeto al nacimiento, lo que él realizara no sería bello y bueno." (PLATÓN, Timeo, 27d).

PLATÓN 7 [O demiurgo fai o cosmos esférico e imprímelle o movemento circular.]

"La composición del mundo incluyó la totalidad de cada uno de estos cuatro elementos. En efecto, el creador lo hizo de todo el fuego, agua, aire y tierra, sin dejar fuera ninguna parte o propiedad, porque se propuso lo siguiente: primero, que el conjunto fuera lo más posible un ser vivo completo de partes completas y, segundo, único, al no quedar nada de lo que pudiera generarse otro semejante; tercero, que no envejeciera ni enfermara, ya que pensó que si objetos calientes o fríos o, en general, de fuertes propiedades rodean a un cuerpo compuesto y lo atacan inoportunamente, lo disuelven y lo corrompen porque introducen enfermedades y vejez. Por esta causa y con este razonamiento, lo conformó como un todo perfecto constituido de la totalidad de todos los componentes, que no envejece ni enferma. Le dio una figura conveniente y adecuada. La figura apropiada para el ser vivo que ha de tener en sí a todos los seres vivos debería ser la que incluye todas las figuras. Por tanto, lo construyó esférico, con la misma distancia del centro a los extremos en todas partes, circular, la más perfecta y semejante a sí misma de todas la figuras, porque consideró muchísimo más bello lo semejante que lo disímil. Por múltiples razones culminó su obra alisando toda la superficie externa del universo. [...] Consideró que no debía agregarle en vano manos, que no precisaba para tomar o rechazar nada, ni pies ni en general ningún instrumento para desplazarse. Pues le proporcionó el movimiento propio de su cuerpo, el más cercano al intelecto y a la inteligencia de los siete. Por tanto, lo guió de manera uniforme alrededor del mismo punto y le imprimió un movimiento giratorio circular, lo privó de los seis movimientos restantes [es decir, movimiento en línea recta hacia arriba y abajo, hacia adelante y atrás, a derecha e izquierda] y lo hizo inmóvil con respecto a ellos. Como no necesitaba pies para ese circuito, lo engendró sin piernas ni pies." (PLATÓN, Timeo, 32c).

PLATÓN 8 [Coñecer é lembrar, por tanto a alma tivo que coñecer as Ideas nunha existencia anterior.]

"-También -dijo Cebes tomando la palabra- de acuerdo con aquel argumento que acostumbras a repetir según el cual nuestro aprender no es otra cosa que recordar, si es verdadero, de tal argumento se sigue necesariamente que en algún momento anterior hemos tenido que aprender lo que recordamos. Ahora bien, esto último no podría suceder a menos que nuestra alma haya existido en algún lugar antes de encarnarse en esta forma humana. Conque también desde este punto de vista el alma parece ser algo inmortal.

-Pero, Cebes -repuso Simias-, ¿cuáles son las pruebas de todo ello? Recuérdamelas ya que por el momento no acabo de recordarlas.

-Se trata -contestó Cebes- de un único y precioso argumento: que las personas cuando son interrogadas acerca de algo, si se las interroga del modo conveniente, son capaces de acertar por sí mismas con la respuesta adecuada. Ahora bien, no serían capaces de hacerlo si no poseyeran ya de antemano dentro de sí el conocimiento y el juicio recto que exhiben. Y si además se las pone ante dibujos geométricos o ante alguna otra representación similar, entonces se pone de manifiesto clarísimamente que esto sucede como digo." (PLATÓN, Fedón, 72e).

PLATÓN 9 [O Amor -Eros- é o impluso que eleva dende as cousas belas á Idea de Beleza.]

"Así pues, cuando tras elevarse a partir de las cosas bellas y a través del adecuado amor a los jóvenes comienza uno a contemplar aquella Belleza, ya se está alcanzando realmente el objetivo final. Conque en esto consiste el avanzar -o ser conducido por otro- adecuadamente en los asuntos del Amor: en partir de las cosas bellas de este mundo y con el objetivo final puesto en aquella Belleza ascender siempre, sirviéndose como de peldaños, de uno sólo a dos y de dos a todos los cuerpos bellos y de los cuerpos bellos a las conductas bellas y de las conductas a los saberes bellos hasta concluir desde los saberes en aquel saber que no es saber de otro objeto que de la Belleza misma y cuya culminación consiste en el conocimiento de la esencia misma de la Belleza." (PLATÓN, Banquete, 209e).

PLATÓN 10 [O filósofo está a medias entre o sabio e o ignorante, pois non é sabio pero si consciente da súa ignorancia e desexa superala.]

"-Igualmente, [el Amor] está a medio camino entre la sabiduría y la ignorancia. La situación es, en efecto, la siguiente: de los dioses ninguno filosofa ni anhela llegar a ser sabio (pues ya lo son); en general, nadie que sea sabio filosofa. Por su parte, tampoco los ignorantes filosofan ni anhelan llegar a ser sabios ya que el mal de la ignorancia consiste precisamente en carecer de perfección e inteligencia y sin embargo creer que se poseen suficientemente. Ciertamente, quien no cree necesitar algo no anhela alcanzarlo, precisamente por no creer que lo necesita.

-¿Quiénes son, entonces -pregunté yo-, Diótima, los que filosofan si no son ni los sabios ni los ignorantes?

-Hasta un niño -respondió- habría caído ya en la cuenta de que son aquellos que están a medio camino entre lo uno y lo otro y a este grupo pertenece el Amor. En efecto, la sabiduría es una de las cosas más bellas y puesto que el Amor es amor de lo bello, necesariamente será filósofo el Amor y puesto que filósofo, será intermedio entre el sabio y el ignorante." (PLATÓN, Banquete, 204b).

PLATÓN 11 [A alma é como un carro tirado por dous cabalos: un obedece ó auriga e o outro non.]

"Acerca de la inmortalidad del alma, basta con lo dicho. En cuanto a su naturaleza, por lo demás, hemos de decir lo siguiente: explicar cuál es su naturaleza exigiría una exposición total y absolutamente divina, además de excesivamente larga, pero decir a qué se parece está al alcance de una exposición humana más breve. Expongámoslo, pues, de este modo. Se asemeja a una fuerza que naturalmente mantuviera unidos a un carro alado y a un cochero. Pues bien, los caballos y los cocheros de los dioses son todos ellos buenos y de buena composición, mientras que en los demás se dá una mezcla. Por lo que se refiere a nosotros, el conductor dirige un tiro de dos caballos, uno de los cuales es noble y bueno, y compuesto de elementos tales, mientras que el otro es lo contrario y compuesto de elementos igualmente contrarios. De ahí que, en nuestro caso, la conducción tiene que resultar necesariamente ardua y difícil." (PLATÓN, Fedro, 246a).

PLATÓN 12 [A virtude é a "saúde" da alma: as partes mellores dominan ás peores.]

"Pues bien, producir la salud equivale a instaurar el predominio de algunas partes del cuerpo sobre otras que son sometidas, conforme a la naturaleza; en cambio, la enfermedad surge cuando el predominio de unas y el sometimiento de otras es contrario a la naturaleza.

-Sin duda.

-En tal caso, parece que la excelencia [virtud] es algo como la salud, la belleza y la buena disposición del ánimo; mientras que el malogro es como una enfermedad, fealdad y flaqueza.

-Así es.

-Y las empresas bellas conducen a la adquisición de la excelencia, en tanto que las deshonestas llevan al malogro.

-Necesariamente. (PLATÓN, República, IV, 444d).

PLATÓN 13 [As partes da alma e as súas virtudes son análogas ás da polis.]

"-Así pues, dije yo- hemos llegado a puerto, aunque con trabajo, y hemos reconocido en debida forma que en el alma de cada uno hay las mismas clases que en la ciudad y en el mismo número.

-Así es.

-¿Será, pues, forzoso que el individuo sea prudente de la misma manera y por la misma razón que lo es la ciudad?

-¿Cómo no?

-¿Y que del mismo modo y por el mismo motivo que sea valeroso el individuo lo sea la ciudad también, y que otro tanto ocurra en todo lo demás que en uno y otra hace referencia a la virtud?

-Por fuerza.

-Y así, Glaucón, pienso que reconoceremos también que el individuo será justo de la misma manera en que lo era la ciudad.

-Forzoso es también ello.

-Por otra parte, no nos hemos olvidado de que ésta era justa porque cada una de sus tres clases hacía en ella aquello que le era propio." (PLATÓN, República, IV, 441c).

PLATÓN 14 [A moderación é o control dos apetitos, e fai que tanto os indivíduos como os Estados sexan donos de si mesmos.]

"[...] Desde nuestro punto de vista, la moderación se parece a una concordancia y a una armonía más que las cualidades examinadas anteriormente [prudencia, valentía].

-Explícate.

-La moderación es un tipo de ordenamiento y de control de los placeres y apetitos, como cuando se dice que hay que ser "dueño de sí mismo" -no sé de qué modo-, o bien otras frases del mismo cuño. ¿No es así?

-Sí.

-Pero eso de ser "dueño de sí mismo" ¿no es ridículo? Porque quien es dueño de sí mismo es también esclavo de sí mismo, por lo cual el que es esclavo es también dueño. Pues en todos estos casos se habla de la misma persona.

-Sin duda.

-Sin embargo, a mi me parece que lo que quiere decir esta frase es que, dentro del mismo hombre, en lo que concierne al alma hay una parte mejor y una parte peor, y que, cuando la que es mejor por naturaleza domina a la peor, se dice que es "dueño de sí mismo" a modo de elogio; pero cuando, debido a la mala crianza o compañía, lo mejor, que es lo más pequeño, es dominado por lo peor, que abunda, se le reprocha entonces como deshonroso y se le llama "esclavo de sí mismo" e "inmoderado" a quien se haya en esa situación.

-Así parece.

-Dirige ahora tu mirada hacia nuestro Estado, y encontrarás presente en él una de esas dos situaciones, pues tendrás derecho a hablar de él calificándolo de "dueño de sí mismo", si es que debe usarse la calificación de "moderado", y "dueño de sí mismo" allí donde la parte mejor gobierna a la peor.

-Al mirarlo, veo que tienes razón.

-Claro que en él se puede hallar una multiplicidad de deseos de toda índole, de placeres y de sufrimientos, sobre todo entre los niños, las mujeres y los sirvientes y en la multitud de gente mediocre, aunque sean llamados "libres".

-Muy cierto.

-En lo que hace a los deseos simples y mesurados, en cambio, que son guiados por la razón de acuerdo con la opinión recta y sensatamente, los hallarás en unos pocos, los que son mejores por naturaleza y también por la forma en que han sido educados.

[...]

-Y si en algún Estado se da el caso de que tanto los gobernantes como los gobernados coincidan en la opinión acerca de quiénes deben gobernar, también será en éste en el que suceda. ¿No te parece?

-Claro que sí.

-¿Y en cuál de ambos sectores de ciudadanos dirás que, en una situación de esa índole, está presente la moderación? ¿En el de los gobernantes o en el de los gobernados?

-En ambos tal vez.

-¿Te das cuenta ahora cómo presagiamos correctamente hace un momento cuando dijimos que la moderación se asemeja a una especie de armonía?" (PLATÓN, República, IV, 430e).

PLATÓN 15 [O máis perigoso para o Estado é que os gardiáns sexan corruptos, por iso deben ser educados para a súa función.]

"Porque si los fabricantes de calzado se pervierten, se corrompen y pretenden ser lo que no son, no es nada terrible para el Estado. Pero si los guardianes del Estado y de sus leyes parecen guardianes sin serlo, ves bien claro que corrompen por completo todo el Estado, y sólo ellos tienen la oportunidad de organizarlo bien y hacerlo feliz. Formemos, pues, verdaderos guardianes, hombres que puedan dañar al Estado lo menos posible; y aquel que proponga aquello de que los labriegos son felices regodeándose con banquetes, como en un festival más que en un Estado, habla de algo distinto a un Estado. Hay que examinar, por consiguiente, si instituimos los guardianes con la mirada puesta en proporcionarles a ellos la mayor felicidad posible, o si mirando a toda la sociedad se la debe considerar de modo que ésta la alcance; para lo cual estos guardias y los guardianes deben ser obligados o persuadidos a hacer lo que los haga ser los mejores artesanos de su propia función, y del mismo modo todos los demás. Y así, al florecer el Estado en su conjunto y en armoniosa organización, cada una de las clases podrá participar de la felicidad que la naturaleza les ha asignado." (PLATÓN, República, IV, 421a).

PLATÓN 16 [A boa educación comeza coa música para familiarizar á alma coa Beleza.]

"-¿Y la primacía de la educación musical -dije yo- no se debe, Glaucón, a que nada hay más apto que el ritmo y armonía para introducirse en lo más recóndito del alma y aferrarse tenazmente allí, aportando consigo la gracia y dotando de ella a la persona rectamente educada, pero no a quien no lo esté? ¿Y no será la persona debidamente educada en este aspecto quien con más claridad perciba las deficiencias o defectos en la confección o naturaleza de un objeto y a quien más, y con razón, le desagraden tales deformidades, mientras, en cambio, sabrá alabar lo bueno, recibirlo con gozo y, acogiéndolo en su alma, nutrirse de ello y hacerse un hombre de bien; rechazará, también con motivos, y odiará lo feo ya desde niño, antes aún de ser capaz de razonar; y así, cuando llegue la razón, la persona así educada la verá venir con más alegría que nadie, reconociéndola como algo familiar?" (PLATÓN, República, III, 401d).

PLATÓN 17 [A música e a ximnasia deben ir xuntas para cultivar a alma e o corpo de modo equilibrado.]

"-Y si el músico cultiva la gimnástica siguiendo los mismos pasos, ¿no podrá, si quiere, llegar a no necesitar para nada de la medicina más que en caso forzoso?

-Yo creo que sí.

-Pero, al ejercitarse en la gimnasia y realizar sus ejercicios, lo hará atendiendo al elemento fogoso de su naturaleza y con intención de estimularlo más bien que con vistas al mero vigor corporal; no como los atletas ordinarios, que enderezan sus trabajos y régimen alimenticio únicamente al logro de este último.

-Tienes mucha razón -apoyó.

-No es cierto, amigo Glaucón -continué-, que quienes establecieron una educación basada en la música y la gimnástica no lo hicieron, como creen algunos, con objeto de que una de ellas atendiera al cuerpo y otra al alma?

-¿Pues con qué otro fin? -preguntó.

-Es muy posible -dije- que tanto una como otra hayan sido establecidas con miras principalmente al cuidado del alma.

-¿Cómo?

-¿No has observado -pregunté- cómo tienen el carácter los que dedican su vida entera a la gimnástica sin tocar para nada la música? ¿Y cuantos hacen lo contrario?

-¿A qué te refieres? -dijo.

-A la ferocidad y dureza en un caso o blandura y dulzura en el otro -aclaré.

-Sí, por cierto -exclamó-. Los que practican exclusivamente la gimnástica se vuelven más feroces de lo que sería menester y, en cambio, los dedicados únicamente a la música se ablandan más de lo decoroso.

-En efecto -dije-; esta ferocidad puede ser resultado de una fogosidad innata, que bien educada llegará a convertirse en valentía, pero, si se la deja aumentar más de lo debido, terminará, como es natural, en brutalidad y dureza.

-Tal creo -asintió.

-¿Y qué? ¿No es, en cambio, patrimonio del carácter filosófico lo suave, que por una relajación excesiva se hace más blando de lo debido, aunque con buena educación no pasa de manso y amable?

-Así es.

-Pues bien, afirmábamos que era necesario que los guardianes reuniesen en su carácter ambas cualidades.

-Es necesario, sí.

--¿Y no lo será también que una y otra armonicen entre sí?

-¿Cómo no?

-¿El alma en que se dé esta armonía será sobria y valerosa a la vez?

-Sí.

-¿Y cobarde y grosera la que carezca de ella?

-Desde luego." (PLATÓN, República, III, 410b).

PLATÓN 18 [A prudencia adquírese orientando á alma na visión das Ideas. Para chegar a ese nivel de educación hai que ter cultivadas as outras partes da alma.]

"-Debemos considerar entonces, si esto es verdad, que la educación no es como la proclaman algunos. Afirman que, cuando la ciencia no está en el alma, ellos la ponen, como si se pusiera la vista en ojos ciegos.

-Afirman eso, en efecto.

-Pues bien, el presente argumento afirma que en el alma de cada uno hay el poder de aprender y el órgano para ello, y que, así como el ojo no puede volverse hacia la luz y dejar las tinieblas si no gira todo el cuerpo, del mismo modo hay que volverse desde lo que tiene génesis con toda el alma, hasta que llegue a ser capaz de soportar la contemplación de lo que es, y lo más luminoso de lo que es, que es lo que llamamos el Bien. ¿No es así?

-Sí.

-Por consiguiente, la educación sería el arte de volver este órgano del alma del modo más fácil y eficaz en que puede ser vuelto, mas no como si se le infundiera la vista, puesto que ya la posee, sino, en caso de que se lo haya girado incorrectamente y no mire adonde debe, posibilitanto la corrección.

-Así parece, en efecto.

-Ciertamente, las otras denominadas "excelencias" [virtudes] del alma parecen estar cerca de las del cuerpo, ya que, si no se hayan presentes previamente, pueden después ser implantadas por el hábito y el ejercicio; pero la excelencia del comprender da la impresión de corresponder más bien a algo más divino, que nunca pierde su poder, y que según hacia dónde sea dirigida es útil y provechosa, o bien inútil y perjudicial. ¿O acaso no te has percatado de que esos que son considerados malvados, aunque en realidad son astutos, poseen un alma que mira penetrantemente y ve con agudeza aquellas cosas a las que se dirige, porque no tiene la vista débil sino que está forzada a servir al mal, de modo que, cuanto más agudamente mira, tanto más mal produce?

-¡Claro que sí!

-No obstante, si desde la infancia se trabajara podando en tal naturaleza lo que, con su peso plomífero y su afinidad con lo que tiene génesis y adherido por medio de la glotonería, lujuria y placeres de esa índole, inclina hacia abajo la vista del alma; entonces, desembarazada ésta de ese peso, se volvería hacia lo verdadero, y con este mismo poder en los mismos hombres vería del modo penetrante con que ve las cosas a las cuales está ahora vuelta." (PLATÓN, República, VII, 518,b).

Enviado por: Ing.+Lic. Yunior Andrés Castillo S.

"NO A LA CULTURA DEL SECRETO, SI A LA LIBERTAD DE INFORMACION"®

Santiago de los Caballeros, República Dominicana, 2016.

"DIOS, JUAN PABLO DUARTE, JUAN BOSCH Y ANDRÉS CASTILLO DE LEÓN – POR SIEMPRE"®

 

 

 

Autor:

Ing.+Lic. Yunior Andrés Castillo S.