Concesividad y adversatividad. ¿Relaciones de contracausalidad?



Resumen

El objetivo principal de este trabajo es someter a análisis, desde una pers- pectiva psicolingüística, la distinción entre concesividad y adversativi- dad restrictiva. Clásicamente, esta división se basa en la distinción entre estructuras subordinadas y coordinadas, pero desatiende su cercanía conceptual/semántica.

Nos proponemos presentar y discutir los resultados obtenidos, durante la etapa piloto, en tres pruebas psicolingüísticas diseñadas específicamente para evaluar diferencias y similitudes en el procesamiento de este tipo de construcciones.

Los resultados iniciales revelan que: a) existe una tendencia a interpretar ambas construcciones como sinónimas; b) la dificultad de procesamien- to es muy similar en ambos casos.

Palabras clave: Psicolingüística, Semántica, Procesamiento de relaciones contracausales, adversatividad, concesividad

Introducción

La relación entre las estructuras conocidas en la gramática como concesivas y adversati- vas restrictivas siempre fue un tema de debate (Fuentes Rodríguez, 1998; Flamenco García, 1999; Galán Rodríguez, 1999; Kovacci, 1992; López García, 1999). Las dimensiones con- ceptuales, lingüísticas y discursivas que expresan las construcciones adversativas restric- tivas y concesivas parecen muy próximas, y esta cercanía semántica (o parentesco lógico, como señalaba la tradición gramatical) se pone de manifiesto en que es posible parafrasear una mediante la otra –cuestión especialmente observada en estructuras con aunque y pero– (Bosque y Demonte, 1999).

Según la tradición gramatical se trata de dos esquemas formales lingüísticos distintos para presentar una misma idea. Los estudios clásicos basaron la diferencia en la oposi- ción entre parataxis e hipotaxis (ubicando todo el peso de la diferencia en la estructura sintáctica), y estipularon que las estructuras coordinadas se reservarían para las adver- sativas, mientras las concesivas quedarían dentro de la subordinación adverbial (López García, 1999). La distinción sintáctica es también el eje de clasificación en la Nueva gra- mática de la lengua española (2009) y de ello se deriva que la distinción entre conectores discursivos adverbiales y conjunciones o nexos sea también estricta. Sin embargo, desde enfoques más textualistas se ha puesto en duda esta clasificación y se ha insistido en su parentesco semántico (Flamenco García, 1999).2 En la actualidad, se suele postular que el período concesivo opone, como las coordinadas adversativas, dos juicios contrarios y que esta equivalencia se genera porque en ambas construcciones subyace una idea general y abarcativa de contraste u oposición entre los dos miembros, y que los nexos o conectores adversativos y concesivos funcionan básicamente como instrucciones de procesamiento activando o suprimiendo potenciales inferencias generadas a partir de la semántica de los enunciados (Flamenco García, 1999). En términos textualistas, vale destacar dos líneas de estudio que se han encargado de este tipo de relaciones y partículas conectivas. La gramá- tica sistémico-funcional (Halliday y Hasan, 1976) plantea el concepto de cohesión como uno de los ejes de su propuesta, y los llamados "marcadores discursivos" o "conectores" serían algunos de los elementos lingüísticos primordiales para cohesionar los textos/dis- cursos. En este tipo de propuestas, suelen tratarse las partículas adversativas (y algunas concesivas) como marcadores de "contraste" entre dos enunciados o segmentos de discur- so. Sin embargo, desde otros enfoques existen algunas críticas a esta idea: estos elementos, en muchos casos, no parecen imprescindibles para generar un texto cohesivo y en muchos casos se da la acumulación de partículas, por lo que parecen no funcionar sólo como ele- mentos cohesivos, sino como constructores de sentidos más sutiles (Portolés, 2001). So- bre esta idea trabaja la Teoría de la Argumentación (Anscombre y Ducrot, 1994) e intenta analizar de qué modo la forma lingüística en que se presenta un enunciado condiciona su continuación en términos discursivos. En este enfoque, el concepto de "orientación argumentativa" resulta central: cuando un enunciado marca una determinada orientación argumentativa, favorece ciertas continuaciones o conclusiones y no sus contrarias. Así, se habla de enunciados co-orientados y enunciados anti o contra-orientados, y las partículas como "pero", "sin embargo" o "aunque" (que suelen denominarse marcadores contra- argumentativos) funcionarían especialmente para articular enunciados anti-orientados.

Desde una perspectiva psicolingüística y con el propósito de estudiar de qué modo se procesan las diferentes estructuras lingüísticas, en este trabajo se plantea que no resulta determinante la estructura sintáctica de las dos construcciones para comprender el procesamiento lingüístico (comprensión y producción) que los hablantes realizan. Y más aún, parece apresurado derivar, sin más, supuestas diferencias semánticas a partir de diferencias sintácticas, lo que equivaldría a proponer que unas causan necesariamente las otras y negar que dos estructuras sintácti- camente diferentes puedan expresar un contenido semántico similar o sinónimo. Si lo que nos interesa es conocer cuál es el proceso que los hablantes llevan a cabo cuando producen o comprenden lenguaje, y no sólo el producto final de ese proceso, no interesa tanto que las es- tructuras sintácticas sean distintas sino cómo esas diferencias repercuten en su procesamiento. Trabajar experimentalmente, desde un enfoque psicolingüístico, cambia la perspectiva (tanto los supuestos de base, como los objetivos). Se parte del presupuesto de que los hablantes: a) poseen una capacidad innata para procesar lenguaje; b) adquieren, desde pequeños, la gramá- tica de su lengua materna a la que luego recurren de modo permanente, automático e implí- cito cada vez que producen o comprenden discurso, y, por lo tanto, no requieren reconocer de modo consciente las reglas de esa gramática (entendidas tanto normativa como descrip- tivamente) para comprender o producir oraciones gramaticales (Chomsky, 1986; De Vega y Cuetos, 1999; Jackendoff, 1997; Pinker, 1994). Desde esta base, entonces, la preocupación por que una estructura subordinada como la concesiva sea sintácticamente más compleja desde el punto de vista teórico (estructural o transformacional) que una coordinada como la adver- sativa restrictiva se torna en una característica más de un producto lingüístico (o, incluso, de la teoría lingüística), que puede o no influir en el procesamiento lingüístico de los hablantes. Del mismo modo, no es posible afirmar "a priori" que alguna diferencia semántica debe surgir necesariamente a causa de las diferencias sintácticas.

Marco teórico

La neuropsicología cognitiva es una disciplina que se dedica a estudiar los procesos que sub- yacen a diferentes capacidades y facultades mentales humanas (desde la percepción senso- rial hasta facultades de alto orden como "atención", "memoria", "funciones ejecutivas", etc.), para validar o refutar modelos teóricos acerca de la arquitectura y los mecanismos mentales humanos. Uno de los principios básicos que maneja es el de universalidad de los procesos cognitivos, y su principal supuesto es el de la modularidad de la mente (ampliamente acep- tado en determinados dominios de la arquitectura mental, por ejemplo, la percepción visual o la facultad del lenguaje). Un segundo supuesto es el de fraccionamiento, según el cual el sistema puede verse dañado de modo selectivo y parcial (puede alterarse el funcionamiento de un módulo sin alterar el funcionamiento de los demás). Por último, existen otros dos supuestos que suelen revestir más importancia cuando se estudian pacientes, aunque tam- bién resultan imprescindibles cuando es necesario contrastar el rendimiento de sujetos sin lesiones con el de pacientes para sacar conclusiones sobre los procesos cognitivos puestos en juego: transparencia (posibilidad de inferir el funcionamiento adecuado a partir del funcio- namiento con déficit) y sustractividad (la conducta del paciente es el resultado del sistema completo menos el componente dañado) (De Vega y Cuetos, 1999).

La psicolingüística es una disciplina experimental, que toma los principios metodológicos y los supuestos psicológicos de la neuropsicología cognitiva, e intenta estudiar, evaluar y analizar, a través de pruebas empíricas, los procesos mentales subyacentes durante el pro- cesamiento lingüístico en sujetos sin trastornos del lenguaje.3 En este sentido, difiere de los enfoques lingüísticos teóricos no sólo en el método de investigación, sino también en ciertos presupuestos y objetivos: a) incluye aspectos cognitivos y psicológicos (y en algunos casos, tangencialmente, neurológicos) que no son estrictamente lingüísticos pero que influyen en el procesamiento del lenguaje –memoria, atención, funciones ejecutivas–; b) extiende la unidad de análisis más allá del límite de la oración, entendiendo que esta unidad no res- ponde al procesamiento lingüístico real que realizan los hablantes/oyentes competentes de una lengua; c) se concentra en evaluar la conducta lingüística de los hablantes, para luego hacer inferencias que permitan analizar y comprender los procesos lingüísticos subyacentes y no sólo el resultado de dicho proceso; d) persigue el objetivo último de generar teorías que representen y describan con la mayor adecuación posible los procesos mentales reales, sólo luego de haberlos evaluado empíricamente a través de sujetos informantes, ya que su inten- ción no es establecer un modelo teórico con caracterizaciones gramaticales exhaustivas y sin fisuras, sino investigar la validez mental de esos modelos.

Muchos estudios han tomado como marco la psicolingüística y las líneas más actuales de la neuropsicología cognitiva para estudiar el funcionamiento y procesamiento de partículas conectivas en fragmentos textuales o discursivos, y se han planteado diversos modelos y teorías. Distintos investigadores se han concentrado en problemas alrededor de la temática (sobre todo, en el ámbito de la comprensión): procesamiento diferencial según la partícula conectiva (Louwerse, 2002; Soria, 2005) y según la presencia o ausencia de la misma (Millis y Just, 1994; Koda, 2008); tipos de errores surgidos en el procesamiento de las distintas par- tículas conectivas o tiempos requeridos para su procesamiento (Haberlant, 1982; Murray, 1997); facilitación u obstaculización para la generación de inferencias y la articulación entre conocimiento de mundo e información textual (Trabasso, Secco y van den Broek, 1984; Myers, 1987); rol y aporte de conectores y marcadores discursivos en los complejos procesos implicados en la comprensión de textos (Traxler, Bybee y Pickering, 1997; Goldman, Graes- ser y van den Broek, 1999; Zwann y Radwansky, 1998), entre otros.

Como se adelantó en la Introducción de este trabajo, en enfoques teóricos de corte textua- lista, se suele hablar de relaciones de "contraste" o "contra-argumentativas" y se hace un análisis centrado en las partículas conectivas como elementos de cohesión, instrumentos retóricos o instrucciones de procesamiento (Anscombre y Ducrot, 1994; Halliday y Hasan, 1976; Portolés, 2001; Sperber y Wilson, 1995. Una de las perspectivas que más se ha desarro- llado en los enfoques teóricos con relación a este tipo de partículas y relaciones semánticas es su funcionamiento en mecanismos y construcciones argumentativas. Desde la Teoría de la Argumentación (Anscombre y Ducrot, 1994), la significación de los conectores se plantea como un conjunto de instrucciones semánticas que, desde la frase, guía el sentido que se ha de obtener de los enunciados en los que aparecen. Así, distinguen entre conectores co- orientados (por ejemplo, los consecutivos) y conectores contra-orientados (por ejemplo, los adversativos). En este enfoque, un "operador argumentativo" se concibe como aquella partícula o transformación formal en el enunciado que modifica la orientación de la conclu- sión esperada. En este sentido, y en términos de nuestra propuesta, las partículas conectivas adversativas o concesivas trabajarían para suspender expectativas/conclusiones causales. Dentro del marco de la Teoría de la Argumentación en la lengua, García Negroni (1995) analiza algunas de las partículas estudiadas en este trabajo en términos de modificadores realizantes o desrealizantes: las conectivas adversativas, por ejemplo, entrarían dentro del segundo grupo, ya que logran estructurar una pieza discursiva no contradictoria, pero con una orientación argumentativa inversa entre sus partes.4 Portolés (2003), por su parte, tam- bién analiza el caso de "pero" como elemento que acompaña, por su fuerza argumentativa, a los adjetivos desrealizantes, mientras no es posible combinarlo con adjetivos realizantes ni con partículas que refuercen la orientación argumentativa de dichos adjetivos.

Entre las investigaciones experimentales con eje en el procesamiento cognitivo, lo que aquí se llama contracausalidad no ha recibido tanta atención como la causalidad en los estudios experimentales. En muchas ocasiones se habla de adversatividad de un modo genérico (en referencia a lo que aquí se llama "contracausalidad") sin hacer diferencias entre estructuras estrictamente adversativas y aquellas concesivas (Murray, 1997; Soria, 2005; entre otros). Prácticamente en todos los estudios experimentales se analiza la contracausalidad en articu- lación permanente con la causalidad o se toman ambas dimensiones como los polos opues- tos de una misma supra-dimensión semántico-conceptual (Morera, 2009; Murray, 1997, De Vega, 2005; Singer et al., 1994; entre otros), aunque no siempre se presenta un modelo explicativo de procesamiento sobre cómo se daría la articulación entre ambas dimensiones. Una de las propuestas explicativas que ha tenido más respaldo es la llamada Hipótesis de Continuidad (Murray, 1997), que plantea una distinción en torno al eje "continuidad/dis- continuidad": las relaciones causales (pero especialmente las consecutivas) se consideran de continuidad; en cambio, las adversativas serían ejemplos de relaciones de discontinuidad (aunque también se consideran las causales con "porque" como discontinuas). Sin embar- go, la división continuidad/discontinuidad parece demasiado amplia semánticamente, aun más que la de "contraste". En la mayoría de los casos, los conectores se tratan como pie- zas léxicas de clase heterogénea, sobre las que se hacen distinciones semánticas generales, adscribiéndolas a amplias "dimensiones semántico-conceptuales" ("causales", "contrastivos", "aditivos", "temporales", etc.), sin indagar exhaustivamente si podrían existir potenciales di- ferencias dentro de cada dimensión. Asimismo, es difícil encontrar estudios experimentales que intenten verificar la validez psicolingüística de las clasificaciones gramaticales. De este modo, lexemas como "pero" o "aunque" quedan incluidos en la misma gran dimensión de "contraste", poniendo el foco sobre el tipo de "instrucción semántica" (Murray, 1997; Soria, 2005) que expresarían ambos, pero dejando de lado las diferencias sintácticas que las cons- trucciones concesivas y adversativas muestran.

Nuestro objetivo aquí es combinar enfoques teóricos y experimentales, de modo de poder veri- ficar empíricamente si, dentro de una misma dimensión semántica, es posible identificar dife- rencias en virtud de la partícula conectiva específica (y la estructura sintáctica) que esté en juego.

Nuestra propuesta es que el contenido semántico de las construcciones conocidas como adversativas restrictivas y concesivas (con verbos en modo indicativo: situaciones no hipotéticas)5 responde a una relación conceptual común: la contracausalidad.6 Ambas estruc- turas estarían marcando la suspensión/inhibición/modificación de una relación causal esperada o asumida como habitual (la relación causal funcionaría como estructura conceptual de base o no marcada). Dado que una relación causal siempre es binaria (causa-efecto), para suspenderla o inhibirla es posible negar, modificar o aplicar una excepción tanto sobre su causa como su efecto: ésta sería la primera diferencia notable entre las construcciones adversativas restrictivas y las concesivas. Las primeras modificarían la consecuencia habitual de la relación causal, mien- tras que las segundas marcarían esa excepción sobre la causa. Esta diferencia resulta importante, ya que podría repercutir en el procesamiento que se hace de fragmentos textuales con las dos estructuras. En construcciones del tipo "Aunque X, Y", la partícula conectiva indica temprana- mente la necesidad de construir contracausalidad, en cambio en estructuras del tipo "X, pero Y", la indicación semántica de la partícula aparece cuando la relación ya comenzó a ser construida a partir de la causa dada y sólo tardíamente se indica la necesidad de establecer contracausalidad.

Nuestra hipótesis general fue que las construcciones que la gramática diferencia como con- cesivas y adversativas restrictivas (en modo indicativo) pueden responder a la misma es- tructura semántico-conceptual7 de contracausalidad y es posible considerarlas sinónimas.8 En este sentido, planteamos que la noción de contracausalidad se puede marcar (o cons- truir), al menos, de dos modos: sobre la causa (concesivas) o sobre el efecto (adversativas restrictivas) de una relación causal de base.

Nuestras hipótesis específicas postulan que: a) las diferencias de procesamiento entre am- bas construcciones (si existieran) pueden tener relación no sólo con la complejidad de la estructura sintáctica, sino también con el lugar de inserción de la partícula conectiva; b) las estructuras concesivas con "aunque", a pesar de ser sintácticamente más complejas, podrían procesarse más rápidamente por presentar una instrucción semántica más temprana que las construcciones adversativas con "pero".

Experimentos

El objetivo principal de esta prueba fue evaluar si los hablantes percibían diferencias semán- ticas entre estructuras contracausales presentadas de modo concesivo (con "aunque") y de modo adversativo (con "pero").

Participaron de esta etapa piloto 10 informantes de ambos sexos, con una escolarización formal de entre 12 y 18 años y un promedio de edad de 33.3 años (rango entre 23 y 55 años). Todos los participantes eran hablantes nativos de español rioplatense. Ninguno presentaba antecedentes de trastornos del lenguaje, trastornos cognitivos generales ni psiquiátricos. Todos tenían capacidad visual y auditiva normal (o corregida a normal). La participación fue voluntaria.

Se presentaron 20 estímulos, de los cuales 10 tenían una estructura adversativa restricti- va y 10 una estructura concesiva. El estímulo consistía en una frase inicial que generaba un contexto comunicativo y una oración que podría ser usada en ese contexto y que sería aquella sobre la que los informantes serían interrogados. A continuación, se presentaba un paradigma de 4 opciones, dentro de las que había tres reformulaciones con formato contra- causal (2 con el conector contrario al del estímulo y 1 con el mismo, modificando el orden de presentación de la causa y la consecuencia) y un distractor formado con conectiva causal ("entonces" o "porque"). Las opciones no variaban la posición de la partícula conectiva, sino el orden de presentación de la causa y la consecuencia, de modo que la misma conectiva trabajara sobre un elemento distinto de la frase y de la relación causal suspendida.9

En todos los casos se tuvieron en cuenta ciertas restricciones sintácticas para que los es- tímulos no difirieran en la complejidad y el tipo de estructuras sintácticas, más allá de lo estrictamente necesario para estudiar las diferencias específicas plateadas en las hipótesis. Todas las oraciones tenían una estructura canónica básica S-V-O, con, a lo sumo, un adjunto sencillo (por ejemplo, "Hoy a la mañana"). Se diseñaron oraciones breves, evitando, en la medida de lo posible, oraciones compuestas. Los verbos siempre se presentaban en modo indicativo y variaban entre presente y pasado (se usaron ambos tipos de pretéritos simples, según el estímulo). No se incluyeron estructuras hendidas, proposiciones incluidas adjetivas (ni especificativas ni explicativas), proposiciones incluidas adverbiales (excepto las cons- trucciones concesivas con "aunque", que muchos consideran subordinadas adverbiales o de modalidad -Kovacci, 1992; Galán Rodríguez, 1999; Flamenco García, 1999-, pero son eje de este estudio). Tampoco se utilizaron proposiciones incluidas sustantivas. Se evitaron las negaciones explícitas, tanto de los estímulos como de las preguntas.

Con el fin de evaluar y descartar los ítems que contuvieran ambigüedades, sentidos no pen- sados, problemas con el léxico utilizado, etc., antes de comenzar con la prueba propiamente dicha, cuatro informantes calificados hicieron las pruebas y marcaron todas las dudas y cuestiones que les resultaban confusas, extrañas o incomprensibles. De esa primera evalua- ción, con las modificaciones pertinentes, surgieron los estímulos que se utilizaron para esta etapa.

Ejemplos de estímulos utilizados:

Ya estoy casi en los setenta años, pero tengo sólo un par de arruguitas.

1.- Tengo sólo un par de arruguitas, pero estoy casi en los setenta años.

2.- Aunque estoy casi en los setenta años, tengo sólo un par de arruguitas. 3.- Aunque tengo sólo un par de arruguitas, estoy casi en los setenta años.

4.- Ya estoy casi en los setenta años, entonces tengo sólo un par de arruguitas.

2.- Le tengo bastante desconfianza, pero él nunca me traicionó.

3.- Aunque le tengo bastante desconfianza, él nunca me traicionó, 4.- Él nunca me traicionó, pero le tengo bastante desconfianza.

Esta prueba fue administrada en papel y en forma individual. Se les pidió a los informan- tes que leyeran con atención la frase resaltada en negrita y que luego leyeran las opciones que se presentaban a continuación. Debían marcar aquella/s opción/es que creyeran que transmitían exactamente el mismo significado; en caso de considerar que ninguna era un candidato adecuado, podían pasar al siguiente ítem sin marcar ninguna opción. Se les aclaró especialmente que si consideraban que era "casi" lo mismo pero no exactamente lo mismo, no marcaran esa opción: sólo la/s que, para ellos, respetaban el significado con exactitud.

La consigna se presentaba por escrito, y luego era explicada oralmente por el evaluador. Antes de comenzar con el ejercicio, se presentaba un ejemplo de práctica para verificar que el participante hubiese entendido la dinámica de la tarea. El participante no tenía tiempo límite para terminar el ejercicio y podía corregir o modificar su respuesta tantas veces como lo creyera necesario, hasta considerar que su elección reflejaba su interpretación semántica con precisión.

Tabla 1. Interpretación semántica de las estructuras concesivas y adversativas restrictivas: porcentajes de elec- ción de cada opción

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En la primera columna se muestra la estructura del texto usado como estímulo; en las co- lumnas restantes, las opciones de respuesta que podían elegirse (exceptuando el distractor, que no fue elegido como opción posible por ningún participante). La Tabla 1 puede leerse del siguiente modo: "Aunque X, Y" se interpreta como "X, pero Y" en el 97% de los casos, como "Y, pero X" en el 34% de los casos y como "Aunque Y, X" en el 24% de los casos. Del mismo modo puede realizarse la lectura de las interpretaciones de "X, pero Y".

Si bien existen enfoques gramaticales (Acebedo, 2008; González y Borzi, 2008) que niegan la posibilidad de que puedan existir dos estructuras sintácticamente diferentes con un mismo significado,10 la observación no sistemática del uso que hacen los hablantes muchas veces otorga razones para pensar que estos casos sí se dan. Esta prueba intenta sistematizar de algún modo esa hipótesis, específicamente con relación a dos modos de expresar contracausalidad. Según nues- tra hipótesis inicial general, los hablantes pueden usar ambas estructuras para marcar contracau- salidad y el contenido conceptual/semántico global que perciben en los dos casos es el mismo.

En primera instancia, vale destacar que una importante mayoría de las elecciones corres- ponden a la predicción planteada en nuestra hipótesis inicial: una estructura del tipo "Aun- que X, Y" es frecuentemente interpretada como una del tipo "X, pero Y", y viceversa. En segunda instancia, es interesante notar que, en más de la mitad de los casos (para ambas construcciones), los informantes eligen sólo una opción como sinónima, y esa única elec- ción corresponde a la estructura que nuestra hipótesis establecía como sinónima; sólo en 6 casos la elección única correspondió a otra estructura. Esto indica que, del 97% y 95% de los casos en que se eligió la estructura que nuestra hipótesis suponía sinónima, el 57% y 58% de las veces se eligió esa estructura como la única que implica exactamente el mismo significado. Esto indica dos cuestiones: a) los porcentajes de elección de las otras opciones siempre van en conjunto con esta primera estructura: en general, estas otras opciones son elegidas por informantes que consideran que las tres estructuras presentadas con conectiva contracausal pueden ser sinónimas del estímulo, sin importar el orden de las cláusulas ni sobre cuál de ellas trabaje cada partícula conectiva (sin embargo, vale decir que la elección de las tres opciones en bloque no es mayoritaria:11 en estímulos con "aunque" se da sólo en 16% de los casos y en estímulos con "pero", en el 21% de los casos); b) el amplio porcentaje de interpretación sinónima de las construcciones aquí analizadas no puede deberse al azar o a la elección indiscriminada de cualquier construcción que presente "aunque" y "pero".

No hay casos en que los informantes crean que ninguna de las opciones que se le presentan expresa el mismo significado que el estímulo. Además, ninguno de los informantes marcó la opción con conectiva causal. Esto, entonces, podría estar dando indicios sobre los elementos lingüísticos que se toman en cuenta para considerar dos construcciones como sinónimas o intercambiables semánticamente: no sólo es el contenido semántico de las cláusulas lo que se considera para determinar "igualdad" de significados, sino que la partícula conectiva parece jugar un rol determinante para establecer ese vínculo semántico. Si bien no son ma- yoritarios, se vio que existen casos en que los hablantes, apenas ven una partícula conectiva que comprenden como contracausal (sea cual fuera esta partícula) y sin importar de qué modo estén organizadas las cláusulas dentro de la oración, tienden a interpretar esas cons- trucciones como sinónimas.

Estos resultados, entonces, mostrarían que los hablantes reconocen como sinónimas las fra- ses con estructura adversativa restrictiva y concesiva en un gran porcentaje de los casos. Es claro que la interpretación semántica/conceptual de dos fragmentos de discursos puede coincidir, aun cuando las estructuras sintácticas varíen de modo evidente.

La hipótesis general de este trabajo postulaba que no existía una distinción clara en la se- mántica de ambas estructuras ("aunque X, Y" vs. "X, pero Y"): los resultados de esta prueba respaldan la hipótesis. En ambos casos (a través de construcciones sintácticas distintas) se estaría construyendo/expresando una misma idea general de contracausalidad. Si bien pue- den tener matices argumentativos y de sentido diferentes (Anscombre y Ducrot, 1994; García Negroni, 1995; Martín Zorraquino y Montolío, 1998; Flamenco García, 1999; Portolés, 2001), los hablantes no parecen distinguirlos claramente y los comprenden como sinónimos. Incluso, hubo varios casos en que los informantes mismos hicieron explícito el proceso de resolución de la tarea, dando evidencias de que el reconocimiento de las causas y las consecuencias sus- pendidas, y qué relación tenían con la partícula conectiva en cada caso, resultaba el dato de- terminante para detectar la sinonimia más precisamente. Más aún, hubo situaciones de auto- corrección sin intervención del evaluador, en las que los informantes comenzaban marcando tres opciones en bloque y en algún estímulo detectaban que no era el modo de resolución más preciso y corregían los casos anteriores revisando con más detalle las opciones.

4. Experimento 2: Comprensión de textos

Con este experimento se intenta verificar si existe alguna diferencia en la comprensión (y/o el costo de procesamiento que se requiere para llevar a cabo dicha tarea exitosamente) de fragmentos textuales breves (biclausales) con estructura concesiva ("aunque") y adversativa restrictiva ("pero").

Participaron de este experimento los mismos sujetos que en el Experimento 1.

En este caso, se presentaron 20 oraciones (de dos cláusulas unidas por una partícula conec- tiva) que expresaban eventos que mantenían una relación contracausal (suspensión, inhi-

bición o modificación de la relación causal esperada). En este caso, la conectiva funcionaba como puente semántico que instruía sobre la relación que debía ser establecida entre las cláusulas. Luego de cada oración, se presentaba una pregunta cerrada de la forma "¿A generó B?", que intentaba actualizar una relación causal subyacente, que podía darse o no (según el caso) en el texto presentado.

Las consideraciones sobre estructura sintáctica y selección léxica fueron las mismas que las descriptas para el Experimento 1. El mismo grupo de informantes expertos realizó las tareas antes de comenzar con la etapa piloto y, a partir de estos resultados, se depuró el conjunto de estímulos a ser utilizados: se eliminaron todos aquellos que generaron algún problema de interpretación.

Ejemplos de los estímulos utilizados:

¿Los ruidos fuertes hicieron que Santiago perdiera la audición?

¿Los ruidos fuertes hicieron que Santiago perdiera la audición?

Este experimento fue programado y tomado con SuperLab 4.0. Se evaluó tanto el tipo de respuesta, como los tiempos (TR) de lectura del estímulo y de respuesta o resolución de la tarea. La administración de las pruebas fue individual, con el evaluador presente (controlan- do que no se produjeran inconvenientes durante la toma).

En todos los casos, se presentó la consigna por escrito en la pantalla de la computadora y oralmente por parte del evaluador: éste se encargó de explicar oralmente todo lo que fuera necesario para reforzar la consigna escrita y asegurarse de que se comprendiera la dinámica de la prueba. Luego de cada consigna, el informante podía hacer un ejemplo de práctica y verificar si tenía alguna duda acerca de cada ejercicio. Se les solicitó especialmente que con- sultaran sus dudas antes de comenzar o al finalizar cada bloque, sin embargo, hubo casos de interrupciones intermedias: en esos casos, el estímulo se descartó para el análisis final de resultados.

Para comenzar con el ejercicio, el participante debía presionar una tecla para que apareciera el texto, escrito en letras negras sobre pantalla blanca. Se le solicitaba que leyera atenta- mente la oración presentada y que presionara una tecla cuando hubiera terminado de leer. Inmediatamente, con el texto presente, aparecía en la pantalla una pregunta cerrada y el participante debía responder "Sí" presionando la tecla "S", "No" presionando la tecla "N" o presionar la barra espaciadora si consideraba que no podía responder. Una vez respondida la pregunta, se pasaba automáticamente al siguiente texto: no era posible volver hacia atrás o corregir la primera respuesta dada.

Los estímulos se presentaron al azar, de modo que ningún participante se encontró frente al mismo orden de presentación de los 40 estímulos que componían cada bloque completo.

El diseño experimental completo incluyó, además, otro tipo de estímulos y se organizó del siguiente modo:

En la primera sesión de toma, se evaluaron, en el mismo bloque, 20 estímulos causales con "entonces" y 20 estímulos contracausales con "pero". En la segunda sesión de toma (distan- ciada por un mínimo de 7 días de la primera) se evaluaron, en un mismo bloque, los mismos 20 estímulos causales y contracausales, pero modificando la partícula conectiva: "porque" para el caso de causales, "aunque" para el caso de contracausales. Este diseño permitió que las respuestas esperadas para las preguntas de comprensión presentadas luego de cada texto estuvieran equilibradas: las 20 preguntas para estímulos causales debían responderse con "Sí" y las 20 preguntas para estímulos contracausales, con "No". Para este trabajo sólo toma- remos los estímulos contracausales.

4.2. Resultados y discusión

Los resultados se procesaron con SPSS versión 17. Se analizaron tanto los tiempos de lectu- ra (TRL) y de respuesta o resolución de la tarea (TRR), como el tipo de respuesta dada y la adecuación de dicha respuesta.

Se depuró la base de datos a partir de los resultados de los TR, de tal modo que no quedaran valores extremos (posiblemente debidos a pérdidas prolongadas del foco atencional) en re- lación con la distribución y dispersión de nuestra muestra. Sí se dejaron valores atípicos que, aunque salen de la distribución estrictamente normal, resultan valores admisibles para la tarea involucrada y pueden deberse a efectos de un estímulo particular sobre un informante particular.12

A pesar de que la distribución gráfica de los valores se mostró muy cercana a la dis- tribución normal, los resultados de las pruebas de normalidad y homocedasticidad no fueron convincentes en este sentido (posiblemente debido al tamaño de la muestra), por lo tanto, se decidió llevar a cabo pruebas no paramétricas de comparación de me- dias. En principio, se realizó un análisis de frecuencias para los tres tipos de respuesta posibles (Adecuada, Inadecuada, No responde). Luego, con el objetivo de verificar si se registraban diferencias estadísticamente significativas entre las medias de los TRL y TRR en las dos condiciones ("pero" vs. "aunque"), se realizó una prueba no paramétrica de comparación de medias para muestras independientes (Test de Mann-Whitney)13. Para la comparación de medias sólo se tomaron los valores correspondientes a TRs de estímulos cuya respuesta fue "Adecuada". Los valores de frecuencias, medias y desvíos se organizan en la Tabla 2. No se registraron diferencias estadísticamente significativas ni en TRL ni en TRR entre las dos condiciones (UTRL= 17018,5; ZTRL=-1,296; p=.195; UTRR= 17515,5; ZTRR= -.839; p=.402).

Tabla 2. Comprensión de fragmentos textuales con "pero" vs. "Aunque": frecuencias de respuesta, medias trs y desvíos (d.S.).

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Los porcentajes de precisión de respuesta fueron prácticamente iguales: no parece haber diferencias marcadas en la dificultad de comprensión de una y otra construcción.

Para un análisis más exhaustivo de las diferencias de procesamiento, se analizaron los TR de lectura y resolución de la tarea. Por un lado, es interesante destacar que, a pesar de las diferencias sintácticas que existen entre ambas construcciones, la ausencia de diferencias estadísticamente significativas tanto en los TRL como en los TRR constituye evidencia con- vergente en favor de la hipótesis sobre la identificación de las dos estructuras bajo una mis- ma dimensión semántica: la contracausalidad. Por otro lado, vale notar que, aun cuando las diferencias no son estadísticamente significativas, existe una diferencia entre las medias de TRL y esa diferencia es a favor de la construcción concesiva. Si atendiéramos a elementos puramente teóricos como la complejidad sintáctica, nuestra predicción podría haber sido que las estructuras del tipo "Aunque X, Y" serían más complejas de comprender que las del tipo "X, pero Y"; sin embargo, a la luz de los datos presentados aquí, esta correlación parece no ser tan directa, e incluso podría darse una inversión de esa predicción. En caso de encon- trar esta diferencia en forma sistemática y significativa en una muestra mayor, este patrón inverso requeriría ser explicado en términos de procesos y no de resultados (de estructu- ras sintácticas coordinadas vs. subordinadas). Algunas propuestas podrían ser: 1) "aunque", como partícula conectiva, podría expresar (y ser interpretado durante el proceso de com- prensión) de modo más preciso y adecuado la relación semántica de contracausalidad; 2) la inserción temprana de la partícula conectiva es una ventaja a la hora de construir una representación mental adecuada del texto que debe ser comprendido.

A partir del análisis de la adecuación de respuestas y de los TRs, podemos esbozar algunas conclusiones preliminares:

Se llevó a cabo un tercer experimento con el objetivo de estudiar si la relación que se exhibió en los Experimentos 1 y 2 entre construcciones contracausales con "pero" y con "aunque" se mantiene también en tareas de producción. A través de una tarea de completamiento, se analizan los tipos de continuación oracional elicitados por construcciones con "aunque" y con "pero", y los tiempos requeridos en cada caso.

Participaron en este experimento los mismos sujetos que en los Experimentos 1 y 2.

Se presentaron 20 fragmentos textuales conformados por dos oraciones, donde se marcaba, a través de puntos suspensivos, que la última siempre estaba incompleta. La primera de ambas oraciones daba un contexto de situación y la segunda expresaba el comienzo de una relación contracausal a través de las dos construcciones analizadas en este trabajo. La mitad de los estímulos presentaban una estructura "X, pero…", la otra mitad tenía una estructura "Aunque X, …": esto generó que en el mismo bloque hubiera 10 estímulos con cada estruc- tura. Dentro de los 10 fragmentos con la misma estructura, 5 expresaban una relación entre dos personajes (con nombre propio identificado) y 5 expresaban una situación en la que un único personaje identificable estaba involucrado.

Se incluyeron, además, 10 distractores en los que el completamiento requerido no pertene- cía a la dimensión causal/contracausal, sino a otras dimensiones semánticas como temporal, condicional, aditiva, etc.

Las consideraciones sobre estructura sintáctica y selección léxica fueron las mismas que las descriptas para el Experimento 1 y el 2. El mismo grupo de informantes expertos realizó las tareas antes de comenzar con la etapa piloto y, a partir de estos resultados, se depuró el conjunto de estímulos a ser utilizados: se eliminaron todos aquellos que generaron algún problema de interpretación.