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Efectos beneficos de los probioticos en la especie porcina



Resumen

El concepto de utilizar especies de Lactobacillus para el tratamiento y prevención de enfermedades, así como para mantener la salud, no es nuevo, así en 1974, fue cuando surge el término de probiótico, en oposición al de antibiótico y a partir de 1980, en el mundo se incrementa la utilización de probióticos comerciales a partir de cultivos de microorganismos acidificantes, desarrollados muchos de ellos sobre medios lácteos.De manera general parece haber un consenso respecto a la definición aprobada por la National Yogurt Association (NYA) y por el International Life Science Institute (ILSI), en los Estados Unidos que define: Los probióticos son microorganismos vivos que, en caso de ingerirse en cantidad suficiente, poseen efectos benéficos en la salud de los organismos que los ingieren que superan los efecto de la simple nutrición.El uso de suplementos probióticos intenta reparar deficiencias que se presentan en los individuos debido a diferentes factores, sin crear nada que no esté presente bajo condiciones normales sino simplemente restaurando la flora gastrointestinal a su plena capacidad protectora. El desarrollo de los estudios sobre el efecto probiótico y su empleo profiláctico para garantizar la salud animal, ha sido estimulado en parte por el recelo público al uso de antibióticos como agentes terapéuticos y promotores del crecimiento.

Introducción

El conocimiento por parte de la población mundial de las consecuencias negativas para la salud humana, debido a su efecto residual, que tiene la utilización de los antibióticos y sustancias químicas como promotores del crecimiento en la alimentación animal, ha despertado un gran interés tanto en la comunidad científica internacional como en la población en general, hacia el papel que los probióticos pueden desempeñar en el comportamiento productivo de los animales domésticos y en la prevención y tratamiento de diferentes enfermedades de los mismos (Kasper, 1996; Hernández, 1999).

Por todo esto el desarrollo de productos con características probióticas surge como necesidad de sustituir el empleo de antibióticos de la dieta animal, los cuales son utilizados para mantener un balance de la microflora del tracto gastrointestinal y eliminar los microorganismos patógenos, posibilitando por esta vía una reducción de los disturbios gastrointestinales comunes en estos animales, sin embargo, los antibióticos además de contribuir a la destrucción de la microflora gastrointestinal beneficiosa, presenta un efecto residual en los tejidos y productos de origen animal, como la carne, los huevos y la leche (Anon, 2004).

En nuestro país además de los problemas planteados anteriormente se suma la carencia de recursos que ha enfrentado la producción porcina en los últimos años por lo que la utilización de un producto de producción nacional y con posible efecto probiótico como el propuesto por nosotros es una alternativa viable para los productores.

Al iniciar el siglo XX fue Elia Metchnikoff (1845-1916) quien postuló por primera vez una sugestiva y novedosa teoría de la vida, que relacionaba la longevidad de los pueblos balcánicos y orientales con el consumo habitual de lácteos fermentados, cuya flora coloniza el tracto digestivo (Céspedes, 1994).

El uso de bacterias ácido-lácticas en la alimentación animal puede disminuir el uso de antibióticos, favoreciendo el estado de salud de los animales y reduciendo los costos de producción, así como brindar una mayor seguridad a las personas que consumen estas carnes y otros derivados procedentes de estos animales (Luengo, 2001).

Primeramente sería preciso aclarar el concepto de probiótico ya que este ha sufrido cambios a lo largo del tiempo. Según lo planteado por Céspedes (1994) los probióticos introducen microorganismos vivos al tracto digestivo para ayudar al establecimiento de una flora benéfica estable, este se refiere a la aplicación de organismos benéficos en la alimentación tanto humana como animal, que incluye básicamente bacterias, levaduras y enzimas, siendo las levaduras las más comúnmente utilizadas. Según Heller (1998) y Kaur et al. (2002) son numerosos los géneros de microorganismos que se incluyen en esta lista. Estos son principalmente bacterias ácidas lácticas, llamadas así por producir ácido láctico y la mayoría de estas se incluyen en el género de los Lactobacillus o Bifidobacterium.

De manera general parece haber un consenso respecto a la definición aprobada por la National Yogurt Association (NYA) y por el International Life Science Institute (ILSI), en los Estados Unidos que define: Los probióticos son microorganismos vivos que, en caso de ingerirse en cantidad suficiente, poseen efectos benéficos en la salud de los organismos que los ingieren que superan los efecto de la simple nutrición (Guarner y Schaafsma, 1998).

El concepto de utilizar especies de Lactobacillus para el tratamiento y prevención de enfermedades, así como para mantener la salud, no es nuevo, así en 1974, fue cuando surge el término de probiótico, en oposición al de antibiótico y a partir de 1980, en el mundo se incrementa la utilización de probióticos comerciales a partir de cultivos de microorganismos acidificantes, desarrollados muchos de ellos sobre medios lácteos (Marrero et al., 1998).

El uso de suplementos probióticos intenta reparar deficiencias que se presentan en los individuos debido a diferentes factores, sin crear nada que no esté presente bajo condiciones normales sino simplemente restaurando la flora gastrointestinal a su plena capacidad protectora. El desarrollo de los estudios sobre el efecto probiótico y su empleo profiláctico para garantizar la salud animal, ha sido estimulado en parte por el recelo público al uso de antibióticos como agentes terapéuticos y promotores del crecimiento.

En el período de preceda y ceba el aporte de probióticos resulta beneficioso al mantener un equilibrio más o menos constante entre las bacterias del tracto digestivo, así el estrés originado por la entrada en el período de ceba no produce la proliferación de gérmenes responsables de trastornos entéricos y por tanto aumenta la eficiencia en la utilización de los nutrientes, además la adición de estos probióticos en la ración estimula de manera positiva el sistema inmune y funciona como un potenciador del propio crecimiento del animal (García, 1999).

En la actualidad gracias a la biotecnología se propone a los probióticos como una alternativa para promover el crecimiento de los animales. Además estos agentes favorecen los procesos digestivos, contrarrestan el desarrollo de agentes patógenos, son capaces de destruir sustancias tóxicas en el intestino y estimular el sistema inmune favoreciendo las defensas del organismo (Pérez, 1996).

Ecología del tubo digestivo en el cerdo

Dentro de un organismo vivo, las bacterias se han adaptado a las condiciones de cada segmento del trato digestivo, recreando y manteniendo allí una atmósfera anaeróbica (Balut, 2002). Como las condiciones medioambientales evolucionan a lo largo del circuito intestinal, se observan poblaciones bacterianas específicas

que difieren de un segmento a otro del tracto digestivo. En el individuo sano, el estómago y el duodeno están poco colonizados (entre 101 y 104 células/mL) puesto que las condiciones y variación del pH son poco favorables, al igual que el tránsito, que deja poco tiempo para que las bacterias se adhieran. En cambio, la oblación bacteriana aumenta en las porciones más alejadas del intestino delgado (entre 104 y 108 células/mL) y aún más a nivel del colon, con concentraciones máximas que pueden alcanzar hasta 1012 células/g, esencialmente a nivel del ciego, que es un punto de intensa fermentación (Nelson et al., 2003; Xu y Gordon, 2003).

Tortuero et al. (1995) plantean que estos microorganismos se encuentran en tres formas en el sistema digestivo:

La flora gastrointestinal normal, según Torres (1993), está constituida por distintos grupos de bacterias, distinguiéndose entre ellos tres categorías:

Wold (1999) señala que la mayoría de las cepas de bacterias anaeróbicas se localizan en las porciones de intestino grueso (ciego y colon) y que la mayoría de cepas aeróbicas se localizan en segmentos de intestino delgado (duodeno, yeyuno, ileon). En cuanto a este aspecto Cervantes et al. (2004), en un trabajo para determinar la flora dominante en lechones encontraron aislamientos de bacterias aeróbicas y anaeróbicas en los mismos. Dentro de las aeróbicas la de mayor aislamiento fue la Escherichia coli.

Localización de la microflora del cerdo según Smith (1965):

Monografias.com

N - Ausencia de bacterias vivas en 0.02g

Además de lo antes planteado Abee et al. (1995) consideran que en la mucosa del intestino delgado existen un grupo de microorganismos que no han sido identificados ni cultivados y puede ser aproximadamente el 20% de la masa total.

Céspedes (1994) plantea que el equilibrio que existe normalmente a nivel del ecosistema intestinal está evolucionando constantemente, este es dinámico y se puede romper por diversos factores como son:

Este mismo autor expone que a partir del momento que existe un desequilibrio se pueden observar cambios fisiopatológicos que provocan: la reducción o activación de ciertas funciones fisiológicas de la flora intestinal y la ruptura de barreras de defensa que pueden causar la instauración o aumento de microorganismos patógenos que se encuentran generalmente reprimidos. Todo esto puede provocar en el hospedero diarreas, enfermedades inflamatorias del intestino, candidiasis, etc.

Bernardeau et al. (2000) y Madden y Hunter (2002) coinciden en plantear que son varios los factores que influyen en el equilibrio de la microflora intestinal del cerdo:

Por su parte O"Sullivan (1992) expone que el balance microbiano se logra por la existencia en el tracto gastrointestinal de interacciones bacterianas cuyo resultado permite mantener estable la salud animal, sin embargo, cuando ocurren trastornos gastrointestinales el ecosistema formado por la flora autóctona animal sufre alteraciones y pierde su estabilidad. De aquí la importancia de mantener un balance adecuado de la flora microbiana natural ya se esto se traduce en una buena salud animal y buena producción.

El papel de la flora intestinal, según lo planteado por Heller (1998), se debe a diversas acciones que ejercen sobre el sistema digestivo, dentro de las que encontramos:

Estos autores plantean además que la microflora del cerdo se implanta desde el nacimiento y está constituida mayoritariamente por Lactobacillos, Bacteroides, Enterococos, Escherichia coli y Clostridium. Dentro de todos estos los Lactobacillus dominan ya que tienen una población entre los 107 - 108 bacterias por gramo de contenido de todos los segmentos del tubo digestivo. Por su parte en las porciones

distales del intestino, colon y ciego dominan los Bacteroides.

Torres (1993) plantea que las bacterias que habitan en el intestino producen sustancias tanto benéficas como dañinas al huésped, adicionalmente, las toxinas bacterianas y los componentes celulares producidos por algunas especies de bacterias, modifican sus respuestas inmunológicas, promoviendo o inhibiendo dichas funciones. La flora benéfica protege el tracto intestinal de la proliferación o infección por bacterias patógenas, mientras que algunas cepas manifiestan patogenicidad solo cuando la resistencia del huésped se ve disminuida.

Probióticos. Conceptos importantes

A principios del siglo veinte el científico ruso Elie Metchnikoff, ganador del premio nobel de Medicina en 1908 por su trabajo sobre fagocitosis e inmunidad celular, propuso que grandes cantidades de "Lactobacillus" pertenecientes a la flora intestinal normal eran importantes en la salud y longevidad. El termino "Probiótico" fue utilizado por primera vez en 1965 por Lilly y Stilwell quienes describieron a los probióticos como microorganismos que estimulan el crecimiento de otros microorganismos (Guarner 2000; Holzapfel y Schillinger, 2002).

Por otra parte Lee et al. (1999) y Salminen et al. (1999) definieron a los probióticos como la bacteria que trabaja para mantener la salud del anfitrión. Para Céspedes (1994) y Simkus (2001) el término "probiótico" se refiere a la aplicación de microorganismos benéficos en la alimentación tanto humana como animal, que incluye básicamente bacterias, levaduras y enzimas, siendo en la actualidad las bacterias lácticas y las levaduras las mas comúnmente utilizadas.También Brisuella y Pérez (1998) lo definen como organismos microbianos vivos o muertos de Lactobacillus, Estreptococus, Enterococos, Saccharomyces así como productos de la fermentación microbiana, productos metabolizables, metabolitos y sustancias derivadas, ácidos orgánicos (láctico, acético, otros).

Los probióticos más tradicionalmente utilizados son las bacterias lácticas del género Lactobacillus y Streptococcus, así como los Bifidobacterium. Según lo planteado por Macías et al. (1992) y Diplock et al. (1999) cuando estas bacterias ácido-lácticas se aíslan (Lactobacillus acidophilus y Streptococus thermophilus) y se suministran por vía oral, constituyen lo que se denomina "probióticos". Corthier (2004) afirma que estos cultivos de especies bacterianas administradas vivas, ejercen efectos beneficiosos sobre la salud, más allá de su simple aporte nutricional. En el caso del sistema digestivo, la administración de estas bacterias lácticas ayuda a mantener o a restablecer el equilibrio bacteriano en el intestino, previniendo o incluso remediando la aparición de infecciones de origen microbiano ( Klaenhammer (1995) plantea que los lactobacilos son importantes habitantes del tracto intestinal de hombres y animales. Evidencias considerables confirman que estos gérmenes juegan un rol potencialmente beneficioso, incluyendo inmunoestimulación, exclusión de patógenos y producción de péptidos bioactivos y enzimas. En el caso del sistema digestivo, la administración de estas bacterias lácticas ayuda a mantener o a restablecer el equilibrio bacteriano en el intestino, previniendo o incluso remediando la aparición de infecciones de origen microbiano.

Según Corthier (2004) el término "probiótico" designa un microorganismo que aporta un beneficio para la salud. Si bien se han dado muchas definiciones de los probióticos, en definitiva son todas muy similares entre sí. La que en general se suele emplear en la actualidad fue elaborada por la FAO en 2002 con los siguientes términos: los probióticos son microorganismos vivos que, al ser administrados en cantidades adecuadas, ejercen una acción benéfica sobre la salud del huésped.

Según Roberfroid (2000) existen diferencias entre probióticos y microorganismos promotores del crecimiento. Los probióticos están dirigidos a prevenir enfermedades infecciosas por el incremento de la función de barrera de la microflora del tracto gastrointestinal o por la estimulación general del sistema inmune. Los microorganismos promotores del crecimiento por su parte son enzimas de cultivos de microorganismos vivos adicionados a los alimentos para mejorar la utilización de los mismos y los índices de crecimiento.

Según los conceptos planteados por Roberfroid (2000) y Tomasik (2003):

Probiótico: Son microorganismos vivos que después de la ingestión de cierto número de ellos, ejercen beneficios sobre la salud mas allá de la nutrición básica natural.

Prebiótico: Es un ingrediente alimenticio no digerible que afecta beneficiosamente al huésped, estimulando selectivamente el crecimiento y/o la actividad de una o un número limitado de bacterias en el colon y que tienen la propiedad de mejorar potencialmente la salud del huésped.

Simbiótico: Son una mezcla de probióticos y prebióticos que afectan beneficiosamente la salud del huésped, mejorando la sobreviva e implantación de suplementos dietarios microbianos vivos en el tracto gastrointestinal, estimulando selectivamente el crecimiento y/o activando el metabolismo de una o un número limitado de bacterias que benefician la salud y de esta manera el bienestar del huésped.

Bacterias Probióticas

Según Tannock (1997) las bacterias que tienen la capacidad de implantarse en la flora intestinal como algunas especies de bifidobacterias, Lactobacillus casei o Lactobacillus acidophilus, son las que pueden considerarse como las bacterias probióticas típicas, y las que más interés han despertado. Este grupo de bacterias tienen gran importancia industrial y muchas de ellas están ligadas a la fermentación de la leche y sus derivados.

El común denominador de estas especies es que pertenecen al grupo denominado como bacterias lácticas, que si bien es una denominación que carece de validez taxonómica, describe a un grupo de microorganismos Gram-positivos, fermentativos, que carecen de ruta respiratoria, y por tanto producen abundante cantidad de ácidos orgánicos como resultado de su metabolismo, entre ellos tenemos especies de los géneros Lactobacillus y Enterococcus, habitantes habituales del intestino (Coeuret et al., 2003).

Una característica de la funcionalidad de las bacterias probióticas es estimular su sobre vivencia y permanencia prolongada en el tracto gastrointestinal; por esa razón conjuntamente con el interés existente por los probióticos, también se ha desarrollado un gran interés, acentuado sobre todo quizá en los últimos cinco años, por los prebióticos, y por el uso conjunto de ambos componentes en productos alimenticios, lo cual se ha definido como simbióticos (Guilliland, 1998).

Los criterios fundamentales aplicados a las bacterias probióticas son: que sean estables a la bilis y ácidos estomacales (lo que implica que pasen por el tracto gastrointestinal manteniéndose viables), capaces de adherirse a la mucosa intestinal, colonizar temporalmente el tracto intestinal, producir substancias antimicrobianas y ser seguras para los consumidores (Salminen et al., 1999). En años recientes se ha hecho evidente que bacterias de los géneros Bifidobacterium y Lactobacillus existen en grandes cantidades en el intestino de animales y el hombre, contribuyendo al bienestar fisiológico del individuo (Salminen et al., 1998).

Por otra parte Kaur et al. (2002) y Ouwehand et al. (2002) plantean que para que una bacteria se considere con actividad probiótica debe tener las siguientes propiedades y funciones: (I) adhesión al tejido epitelial, (II) resistencia al ácido y tolerancia de bilis, (III) eliminación de patógenos o reducción de la adhesión patógena, (IV) producción de ácidos, peróxido de hidrógeno y bacteriocinas antagonistas al crecimiento patógeno, (V) seguridad, no patógena y no cancerígeno, y (VI) mejorar la microflora intestinal

En la Tabla 1 se presenta una lista de las principales especies de bacterias lácticas utilizadas como probióticos según Tannock (1997) y Corthier (2004):

PRINCIPALES ESPECIES DE BACTERIAS LÁCTICAS UTILIZADAS COMO PROBIÓTICOS.

ESPECIES

CEPAS COMERCIALMENTE IMPORTANTES.

Bifidobacterium adolescentis

Bifidobacterium bifidum

Bifidobacterium breve

NCIMB8807

Bifidobacterium infantis

Bifidobacterium longum

NCC2705, DJ0I0A

Bifidobacterium animalis

DN-173 010

Enterococcus faecium

Lactobacillus acidophillus

LA I (L. johnsonii)

Lactobacillus casei subsp.

casei (L. paracasei)

Shirota

Lactobacillus casei subsp.

Rhamnosus

GG

Lactobacillus plantarum

Lp299v, WCFSI

Lactobacillus reuteri

Streptococcus thermophilus

S 85

Debido a que el L. acidophilus es una especie genéticamente heterogénea, su clasificación ha sido difìcil. De hecho, algunas veces se ha etiquetado erróneamente como L. acidophilus a otras especies (por ejemplo, algunas cepas de Lactobacillus casei). La homologìa DNA-DNA condujo a la identificación de seis especies principales (L. acidophilus (A1), L. crispatus (A2), L. amylovorus (A3), L. gallinarum (A4), L. gasseri (B1), y L. johnsonii (B2) (Lankapurtha y Shah, 1995), que presentan diferencias claramente observables pero que constituyen el mismo grupo L. acidophilus. Recientemente se ha desarrollado una técnica nueva y más rápida, llamada DNA polimórfico amplificado aleatorio (RAPD) PCR, que puede hacer la diferenciación entre las diversas cepas de cada una de las especies del L. acidophilus (Du Plessis y Dicks ,1999).

Lankapurtha y Shah (1995) afirman que se considera que L. acidophilus es un probiótico ya que los efectos potenciales se pueden optimizar si las células son capaces de sobrevivir primero a la acidez del estómago, la cual puede alcanzar un pH tan bajo como 1.5, y después a las concentraciones de hasta 2.0% de ácidos biliares en el intestino delgado.

El L. acidophilus presenta actividad antagonista contra una variedad de patógenos. Estudios in vivo han demostrado la inhibición de diversas bacterias en presencia del L. acidophilus, tales como Helicobacter pylori, Yersinia pseudotuberculosis (Midolo et al., 1995), Salmonella typhimurium (Bernet et al., 1997; Coconnier et al., 1997). Además Apella et al. (1999) observaron que una mezcla del L. acidophilus y L. casei produjeron una capacidad inhibitoria aumentada mayor a la que se encontró con cepas individuales.

Estudios con animales han mostrado la prevención de infecciones producidas por Escherichia coli y Listeria monocytogenes (Nader de Macias et al., 1996) y Shigella sonnei cuando se alimentó a los ratones con leche fermentada con L. acidophilus y L. casei (Nader de Macias et al., 1998). Por otra parte Coconnier et al. (2000) encontraron que el sobrenadante de un cultivo de la cepa de Lactobacillus acidophilus LB inhibe la adhesión de Salmonella enterica serovar Typhimurium SL 1344 en cultivo de células humanas (Caco -2 /TC-7) induciendo la producción de interleucina -8.

En otro orden de información se considera que las bifidobacterias son también bacterias con características probióticas ya que son organismos vivos que ejercen efectos sobre la salud, que van más allá de la nutrición básica cuando se ingieren en cantidades suficientes (Schaafsma, 1996). Las bifidobacterias ingeridas en grandes cantidades deben alcanzar el sitio de acción en el intestino para poder ejercer un efecto probiótico. Se ha recomendado un número mínimo de 10 6- 107 de microorganismos vivos/g en el contenido intestinal (Bouhnik, 1997).

Las bifidobacterias son habitantes normales del tracto gastrointestinal y están presentes durante toda nuestra vida, apareciendo a los pocos días después del nacimiento. Constituyen una de las diversas especies predominantes de la microflora del colon, junto con Peptostreptococcus, Eubacterias, Clostridia, y Bacteroides; las cuales se encuentran presentes en niveles que van de 108-1011 bacterias/g de material del colon (Salmien et al., 1995). Estas difieren de las bacterias ácido lácticas en que no solamente producen ácido láctico sino también ácido acético, como uno de sus principales productos de fermentación (Holzapfel, 2000).

La clasificación de las bifidobacterias ha cambiado muchas veces desde que se descubrieron en 1899 en las heces de bebés alimentados con leche materna. Desde 1994, se ha incluido en la lista a tres especies adicionales (B. lactis, B. inopinatum, y B. denticolens), con un total actualizado de 32 especies (Kaufmann et al., 1997).

Thebaudin et al. (1997) plantea que actualmente se investiga una gran variedad de efectos probióticos de las bifidobacterias. Reportes recientes, junto con investigaciones previas, sugieren que las bifidobacterias pueden ayudar a mantener el funcionamiento saludable del tracto intestinal. En ese nivel, pueden actuar directa (por ejemplo, a través de su actividad antimicrobiana) o indirectamente (por ejemplo a través de la inmunomodulación por medio de las células intestinales o al modificar la función de la microflora normal)

Aattouri y Lemonnier, (1997) encontraron que los bebés alimentados con una fórmula adicionada con B. bifidum y S. thermophilus tuvieron una menor incidencia de diarrea hospitalaria y porcentajes menores de infección por rotavirus en comparación con bebés que tomaban una fórmula estándar. Hallazgos similares se reportaron en ratones tratados con B. bifidum (Duffy et al., 1999).

Los estudios in vitro son numerosos y han investigado el efecto antagonista contra varios patógenos, incluyendo Escherichia coli (E. coli ) (Fujiwara et al., 1997; Gibson y Wang, 1998), Yersinia enterocolitica (Ozbas y Aytac,1996). Solamente un estudio encontró que no existía efecto inhibitorio con una cepa de B. bifidum contra Helicobacter pylori (Midolo et al., 1995). Parece ser que dos posibles mecanismos son razonables. La producción de ácidos acético y láctico que disminuyen el pH, que por sí solo tiene un efecto inhibitorio; y además algunas bifidobacterias excretan sustancias antimicrobianas con un espectro de actividad amplio (Ozbas y Aytac, 1996; Gibson y Wang, 1998).

Medios de cultivos

Desde los orígenes del desarrollo de la bacteriología para establecer los substratos y los medios idóneos, es reconocido por muchos que la leche es el medio de substrato principal para la propagación de las bacterias lácticas (Rosales, 1992) pero existen otros medios de cultivo que aunque todos requieren de vitaminas indisolubles, péptidos y minerales, se utilizan en el cultivo de estas bacterias, como es el caso de:

Según Pérez (2004) se pueden utilizar otros sustratos como es la preparación de fermentados con bacterias lácticas y probióticos a partir leche o batido de almendras (Prunus amygdalus var dulcis), de otros frutos secos, así como de horchata, o leche de chufa (Cyperus sculentus). Estos productos poseen consistencia similar al yogur (gel) y son sabrosos con cierta acidez y un suave flavor de producto lácteo fermentado. Poseen las propiedades probióticas de las bacterias añadidas, además de los efectos beneficiosos derivados de la almendra y frutos secos (ácidos grasos poliinsaturados, proteínas de fácil digestibilidad, bajo contenido en azúcares), o de la horchata (ácidos grasos poliinsaturados). Además, se puede enriquecer estos productos en ciertos minerales (Fe, Ca), vitaminas, ácidos grasos, fibra y oligosacáridos con efecto bifidogénico, etc., o ser pasteurizados después de la fermentación.

Por otra parte Berenz (1996) dice que para lograr producir la fermentación láctica en productos no lácteos se deben adicionar sustancias carbohidratadas como fuente de energía para el desarrollo de bacterias lácticas, lo cual puede comprobarse mediante un descenso del pH y el aumento de la acidez, por lo que la utilización de sacarosa y/o melaza como fuente energética nos garantiza una fermentación eficiente. Arasaratnam et al. (1996) afirma que también estos gérmenes necesitan para su desarrollo y crecimiento de aminoácidos y vitaminas, sobre todo del complejo B. Por todo esto Rodríguez et al. (2002) asegura que la mezcla de miel final y levadura torula conforma un medio natural con estas características y sobre todo factible de obtener en nuestras condiciones.

Composición química de la Miel Final de caña y de la Levadura Torula en Cuba según Figueroa (1990):

INDICADORE S

UM

MIEL FINAL

L. TORULA

Materia Seca Proteína

%

83.5

91

(Nx6.25)

%MS

0.44

45.7

Cenizas

%MS

9.8

9

Extracto etéreo

%MS

0

0

Fibra bruta

%MS

0

0

Energía bruta

MJ/KgMS

13.5

19.2

ELN

%MS

87.4

-

Azucares totales

%MS

58.3

-

Sacarosa

%MS

40.2

-

Glucosa

%MS

8.9

-

Fructosa

%MS

9.2

-

CNI*

%MS

29.1

-

MINERALES

Sodio

%MS

0.15

-

0.8

Calcio

%MS

1.21

1.4

Fósforo

%MS

0.06

0.6

Magnesio

%MS

0.56

0.31

Potasio

%MS

3.3

1.13 -1.79

Cloruro

%MS

0.82

-

Hierro

mg/Kg MS

332

500

Manganeso

mg/Kg MS

37.2

8-10

Cobre

mg/Kg MS

23

15-18

Cinc

mg/Kg

15

-

MS

VITAMINAS

mg/Kg

Niacina Ac.

MS

mg/Kg

36

400-500

Pantoténico

MS

37

30-40

Colina

mg/Kg MS

704

300-600

Vit. B6

mg/Kg MS

0.09

35-45

Vit. B1

mg/Kg MS

4.2

60-72

Biotina

mg/Kg MS

0.67

-

Folicina

mg/Kg MS

0.1

0.3-1.2

Ac. Aminobenzoico

mg/Kg MS

35-45

CNI: Compuestos orgánicos no identificados. Extracto libre de nitrógeno menos azucares totales.

La miel final tiene ausencia de grasa y fibra, y es muy rica en las vitaminas del complejo B. Tiene un alto contenido en azucares, siendo estos los que suministran la energía de este producto, presenta gran cantidad de minerales en proporciones variables. Todas las condiciones presentes en la miel final dan la posibilidad de abrir campo como substrato (Figueroa, 1990).Por otra parte la más conocida y utilizada de las levaduras en la alimentación animal es la L. Torula, la cual ayuda a la obtención de altos niveles proteicos (41-47 %). Es rica en vitaminas del complejo B, provitamina D, así como en nitrógeno, carece de grasa y vit. B12 (Klibonski et al., 1984).