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Enfoque transdisciplinario (página 2)



Por ahora, a pesar las especulaciones sobre el asunto, no se han encontrado pistas científicamente convincentes de un astro en el cual puede existir la vida. O sea desde el punto de vista estrictamente biológico, el mundo físico conocido comienza y termina en el planeta Tierra.

En consecuencia, los recursos físicos que el hombre posee son claramente finitos, siendo que varios de ellos como los suelos y el petróleo precisaron miles o millones de años para formarse.

Por ejemplo, un suelo envejecido y deteriorado, precisará un siglo para producir una capa de humus de apenas un centímetro, de modo que será necesario un milenio para recuperar una camada de 10 cm. Ya la formación de carbón y petróleo, ocurrió a partir de una especial configuración biogeoclimatológica, que nadie sabe si volverá a repetirse. Aunque lo fuese, el proceso es extremadamente lento.

Los recursos minerales, como los metales tienen sus días contados: algunas décadas (especialmente plomo, zinc, aluminio).

Ya los recursos renovables – animales y vegetales – se pueden mantener en esas condiciones bajo ciertas limitaciones, especialmente relativas el clima y a la nutrición. Pero la alteración brusca de las condiciones de vida por el sistema dominante, ha llevado a una modificación del concepto de renovabilidad de muchas especies, sobre todo animales. Actualmente, más de 100 especies de aves y otros animales, han dejado de ser renovables y otras seiscientas están en grave peligro.

Si consideramos asuntos como "tiempo" y "espacio", ellos son mucho bien definidos por la Ciencia oficial, creándose instrumentos sofisticados para medirlos con mayor precisión. Así, el tiempo ya es medido en nanosegundos (un billonésimo de segundo). El espacio por su vez puede ser medido en años luz (otro número increíble) en lo referente a las grandes distancias y en micras, milimicras y ángstroms en las pequeñas.

Pero, "tiempo" y "espacio" pueden no ser, verdaderamente, dimensiones de la realidad y sí apenas condiciones arbitrariamente aceptadas para estandarizar nuestras percepciones y hacerlas comparables. En particular y de acuerdo con la Teoría de Relatividad, no son hechos absolutos sobre objetos, y sí descritores de las relaciones existentes entre los objetos y el observador.

La Ciencia se encuentra así, frente a sus propias limitaciones, que surgen, básicamente, del método utilizado: la objetividad física. Bremerman hasta mostró que hay un límite físico para el número de configuraciones que un computador puede asumir, al que llamó de "número transcomputacional". Esto ocurre porque cada información obtenida causa aumento de la entropía del equipamiento, o sea cada información degrada una cierta cantidad de energía y este gasto tiene un límite.

Por lo tanto, llega un punto en que la ciencia no puede dar más respuestas, porque estas dependen de las máquinas – meras creaciones físicas – y no del hombre, maravilloso ser dotado de actividad creadora. Solo esta última podrá superar el límite. Sin embargo, para eso deberá trascender la materia. Pero este vuelo escapa a la ciencia ortodoxa.

b) Los límites del conocimiento racional

El método científico no tiene condiciones de lidiar con el concepto de infinito. A nivel microcósmico, las más recientes observaciones astronómicas están indicando que las galaxias más lejanas se están apartando a mayor velocidad de las que están más próximas. Por lo tanto, de continuar ese ritmo, muchas galaxias dejarán de ser observables por el hombre.

Desde un punto de vista microcósmico, el átomo ya fue considerado la unidad de materia. Hoy son conocidas más de cien partículas, recibiendo las más fundamentales el nombre de "quarks", según la teoría de Gell-Mann. Pero ¿quién puede asegurar, en base a la razón y la experiencia, que ellas son verdaderamente las unidades fundamentales?

La complejidad fantástica del Universo, a la luz de la razón y la experiencia hacen que científicos de primera línea queden desconcertados al percibir que muchas preguntas – en ese contexto – son claramente ilusorias.

Así Born (18), Premio Nobel de Física dice: "Procuramos tierra firme y no encontramos. Cuanto más profundamente penetramos el Universo, él se nuestra más vago, más agitado y más nebuloso. Todo se precipita y vibra en una danza desenfrenada".

Winger 19) coloca otros límites, relativos a la capacidad racional del ser humano, en el sentido de poder comunicar adecuadamente la masa de conocimiento científico acumulado. En efecto, la cantidad de informaciones disponibles ha aumentado exponencialmente en los últimos años; ella puede ser condensada hasta cierto punto, pero después de él, la condensación comienza a degradar la información.

Se calcula que en las bibliotecas hay unos 700 millones de libros y más de dos mil millones de otros materiales científicos. La capacidad de información del cerebro humano ha sido estimada en 20 guarismos binarios por segundo, pero el ritmo de crecimiento de la nueva literatura científica sobrepasa largamente los 2 millones de guarismos (¡100.000 veces mas!). Esto significa que, sería necesario que un científico, para estar bien actualizado, leyese unas ¡500 tesis por día!

Seely (20) presenta su "teorema de la inexhauribilidad" que dice: "El tema de una cosa no se puede agotar si la primera descripción, al mismo tiempo altera y, de cualquier manera, aumenta el tema a ser descrito". De esta forma, un análisis racional y científico de los problemas, en lugar de resolverlos, tendería a ampliarlos.

Un ejemplo de esto puede ser mostrado en la agricultura: la aplicación de la ley de Liebig(*) condujo a aumentos impresionantes de productividad agrícola. Pero este proceso alteró el equilibrio natural de los suelos, perjudicando la resistencia de las plantas a las plagas y pestes. Para enfrentar el nuevo desafío fueron creados los agrotóxicos en gran escala, los que por su vez, diezmaron la flora microbiana del suelo y contaminaron los cursos de agua y dejaron residuos venenosos en los alimentos. Consecuencia final: aumento del hambre y reducción de la salud.

Ah... y pingües negocios para las empresas agroquímicas.

Simpson (21) muestra en forma convincente la limitación fundamental del conocimiento racional: "El extremo misterio está afuera de la investigación científica. No hay necesidad de postular alguna intervención no material en el origen de la vida, u otro aspecto del cosmos material. Sin embargo, el origen de ese cosmos y los principios causales permanecen inexplicados e inaccesibles a la Ciencia. Aquí está oculta la Primera Causa, procurada por la Teología y por la Filosofía".

c) Las limitaciones epistemológicas y éticas

Como es sabido, el método científico está basado en una serie de axiomas, cuya aplicación fracciona el conocimiento, posibilitando aprehender de este, apenas la porción que es coherente con aquellos axiomas. Así, eliminando a través de los axiomas la ética, la filosofía y cualquier otra escala de valores, quedan disponibles para la Ciencia, los "hechos".

En realidad, los "hechos" según la óptica de la Ciencia, corresponden apenas a una fracción de ellos, precisamente aquellos que pueden ser reductibles a la observación y la medida; los otros son eliminados como aspectos subjetivos, que pueden tener interés individual, pero completamente irrelevantes para comprender el mundo.

O sea, la Ciencia invirtió el dualismo platónico que consideraba las ideas como la esencia, y la "realidad" y los fenómenos como apariencias. En efecto, aquella considera como "real" los fenómenos y los hechos, siendo que las ideas y las cualidades son consideradas irreales, o por lo menos "científicamente" inexistentes.

Como se puede percibir, el problema mas profundo de la Ciencia, o sea, definir qué es lo "real", se transforma absolutamente en asunto "acientífico", pues es de naturaleza plenamente subjetiva, filosófica.

Precisamente, esta limitación escondida (en el sentido de que la Ciencia oficial no la discute, fingiendo su inexistencia), es la que posibilita sus espectaculares sucesos. Esto, porque limitando la Realidad a una cierta fracción de la misma (aquella que le conviene, o sea la "realidad", le facilita mucho el suceso), ya que aquello que se aparta de aquella fracción es clasificado como subjetivo, lírico, no-científico, utópico o hasta en ciertos casos de "quimera(*)".

En verdad, a pesar de su proclamada objetividad, el método científico está basado en una cierta tendencia filosófica, denominada empirismo lógico, la cual supone que la combinación adecuada de razón y experiencia, constituye una actividad auto-suficiente, siendo la única capaz de comprender el mundo.

Por otro lado, la adquisición de conocimiento es considerado apenas como un proceso mental, careciendo de cualquier sentido trascendental. Estos conceptos, tal vez sean apropiados para la Física, pero aplicados a los campos de la Biología, la Psicología, la Sociología, la Ecología, entre otros, pasan a ser inquietantes.

El problema de la matematización de la ciencia en general y por lo tanto de valores y juicios subjetivos, con la alegación de que la objetividad solo puede ser asegurada, eliminando aquellos ingredientes, lleva a una nueva limitación. En efecto, si eliminamos el factor humano en el desarrollo de la Ciencia, "¿no falta apenas un breve paso para volverla inhumana?"

Y aquí se invade el campo ético. Cuando para asegurar "neutralidad" se huye del ¿para qué?, ya que este implica en escala de valores y el investigador se refugia en él ¿cómo?, bajo pretexto de objetividad, se abre un ancho espacio para el pasaje de lo humano a lo inhumano. Es importante afirmar que esto no ocurrió por casualidad y ni siquiera bajo la presión de la materialista sociedad del siglo XX.

En la realidad, las raíces de esa inhumanidad están implícitas (aunque bien escondidas) en los propios principios de la Ciencia, como ya se revelara en los escritos de sus precursores, según los cuales el gran objetivo era de que los hombres se volviesen "señores y propietarios de la Naturaleza". Schwartz (22) agrega: "La violencia y la exploración son corolarios de ese punto de vista. La violación de la Tierra, que ahora somos obligados a reconocer, era inherente a la filosofía científica que procuraba dominarla. Del dominio de la Tierra pasar al dominio del hombre, era un paso lógico en la razón científica, desde que el hombre pasó a ser en objeto en un mundo mecánico. La separación de la filosofía moral de la natural, llevó a la Revolución Industrial pasar del asalto a la Naturaleza para el asalto del hombre".

Ya Brown (23) dice: "La mentalidad que redujo la Tierra vibrante y al propio hombre a meros objetos mecánicos es un ataque aterrador al Universo. En virtud del divorcio de las fuentes subjetivas del hombre, la inteligencia "pura" se vuelve una insensibilidad embrutecedora y amortiguadora, un producto mortal".

Cuando se presentó la Declaración de la UNESCO (8) se hizo hincapié en que la misma exigía "renovación y transformación radical de la Educación Superior", a través de privilegiar "las dimensiones éticas y espirituales". Este es justamente lo que la Ciencia necesita hoy si se desea rehabilitar de sus contribuciones maléficas a la vida de este planeta; en ese caso deberá reconocer que sus axiomas básicos, vigentes desde la época de Galileo deberán ser revisados, y por lo menos en parte, modificados.

Por otro lado, dada a su exención de valores (especialmente éticos), la Ciencia es capaz de proporcionar indistintamente, resultados benéficos así como perjudiciales al ser humano y al planeta. Incluso no podemos, actualmente, saber si los perjuicios acabarán en poco tiempo, o aún no, con la vida de este planeta, comenzando por la humana. (Para llegar a este punto sin retorno, sería apenas necesario, planear "científicamente" la destrucción de la Tierra, distribuyendo en forma bien equilibrada, los millares de ojivas atómicas almacenadas por los países dominantes).

Por eso, ética y espiritualidad representan dos ingredientes imprescindibles para crear la Gran Utopía.

Limitaciones relacionadas con los aspectos tecnológicos

Lo que acabó con diferentes civilizaciones a lo largo de la Historia fue su propio crecimiento, indiscriminado y caótico, fue el crecimiento por el crecimiento, teoría muy querida de la tecnocracia actual.

Sin embargo, cuando una comunidad humana no procura, antes de todo, una armonización básica con el medio natural, así como una comprensión, por lo menos mínima del papel que el hombre debe cumplir en su vida terrena, ella estará sujeta a los impulsos de fuerzas oscuras que subyacen en el corazón humano, tales como el deseo y la compulsión por el dominio y el poder. Esto lleva, fatalmente, a la supremacía de unos pocos sobre muchos, independiente de la forma política, social o religiosa que se adopte.

La civilización moderna, desprovista de fundamentos éticos, proclama estar guiada exclusivamente por la razón, a través del uso riguroso del método científico. Pero eso es, bien lo sabemos, falso. El papel que le fue, actualmente, atribuido a la Ciencia, es el de sustituir aquella ética y definir – a la luz de la experimentación y de los asteriscos estadísticos – lo que es correcto y lo que es incorrecto, aceptando o rechazando las hipótesis previamente formuladas.

Sin embargo, las consecuencias de este enfoque son bien conocidas. Por ejemplo, dicen renombrados agrónomos que la mejor forma de hacer agricultura es utilizar máquinas potentes, y por lo tanto pesadas, saturar el suelo con fertilizantes químicos solubles, eliminar plagas, pestes y malezas con fuertes aplicaciones de agrotóxicos ("Revolución verde").

Las consecuencias "científicas" a corto y hasta mediano plazo son ciertas: altas producciones y grandes lucros. Sin embargo, en un futuro próximo, habrá destrucción de la estructura del suelo y de la fauna y flora macro y microbiana contenida en él; contaminación de suelos y aguas; intoxicación progresiva de las personas etc.

Los cálculos económicos de esta actividad muestran alegremente altas contribuciones al PNB, pero en ellos no son incluidos el deterioro del medio ambiente, la destrucción de seres necesarios para mantener el equilibrio biológico, la degradación de la salud humana, la pérdida gradual de la fertilidad del suelo, etc.

Para profundizar el asunto, ahora abordamos algunos tipos específicos de limitaciones del método científico oriundas de aspectos tecnológicos.

a) La absorción de la Ciencia por la Tecnología

Realmente la Tecnología es anterior a la Ciencia. Antes que Bacon, Galileo y Descartes creasen las bases de ésta, la Tecnología había creado las armas de fuego, los barcos, la imprenta, los tejidos y un sin fin de productos. Ya con el desarrollo de la sociedad materialista que ha caracterizado la civilización humana durante los últimos siglos, la Ciencia, concebida inicialmente como un método racional para conocer el Universo, acabó derivando como un apoyo básico a la Tecnología.

Así, el saber por el saber, fue sustituido por el saber para aplicar. Esto llevó, a su vez, a una nueva sustitución: en lugar de la comprensión del Universo, el objetivo era comprender cada fracción del mismo, para lo que fue creada una disciplina específica.

Por lo tanto, se debe reconocer sinceramente, que estando la Ciencia al servicio de la Tecnología (y ésta de la Economía), su método básico, (el "método científico") tendrá serias limitaciones de aplicación, ya que él será utilizado apenas para una fracción de sus posibilidades, y esa fracción está definida por los intereses de los grupos de poder y no por el interés de la Humanidad.

Como resultado de esa absorción de la Ciencia por la Tecnología, en lugar de concentrar los esfuerzos de aquella en los problemas básicos de la Humanidad, ellos son derrochados en cosas racionalmente absurdas, como es el caso de la obsolescencia planificada, que lleva a investigar nuevas ligas de metales para hacer menos durable una heladera, un auto o una lámpara incandescente.

Todavía es mucho peor la Ciencia cuando se dedica a estudiar el comportamiento humano, no para ayudarlo a crecer, a auto-realizarse. Muchas veces el enfoque es otro: cómo descubrir sus puntos débiles para identificar cuales son los apelos emocionales más poderosos para obligarlo a comprar (¡cosas que muchas veces no necesitamos!).

De esta forma, confinada apenas en su dimensión objetiva, la Ciencia queda prisionera de la mejor oferta, abandonando su sagrada tarea inicial: alcanzar el verdadero conocimiento, que permitirá la libertación del hombre de los males que lo oprimen.

La Ciencia nació como un rechazo a la religión, a la filosofía y a la autoridad política y económica. Hoy día, continúa rechazando las dos primeras, en nombre de la neutralidad y de la objetividad, pero se sometió, en gran proporción a la tercera. La Ciencia se transformó en un medio fundamental para concretar objetivos definidos, no por ella y sí por los poderes políticos y económicos.

El poder político-económico, siempre centrado en sus intereses, percibió, con el paso del tiempo, el valor de la Ciencia como instrumento para sus propósitos, de modo que, aprovechando el manto de neutralidad y respetabilidad que ella había conseguido alcanzar, le abrió créditos y sedujo muchos científicos a trabajar en sofisticados y modernísimos laboratorios, con excelentes sueldos y otros beneficios.

A cambio de esto, se modificó el objetivo básico del conocimiento: ahora él interesa, casi exclusivamente, si puede tener una aplicación "evidente" (eufemismo que significa lucratividad o poder para quien está invirtiendo recursos en el asunto).

Hay consecuencias negativas involucradas en esto: la estandarización y burocratización propias de la Tecnología, amenaza cada vez más la mente y el espíritu constructivamente creativos, cimientos insustituibles del verdadero progreso. Pero esa tentativa de robotizar el ser humano, bien sucedida hasta ahora, lleva consigo el germen de su propia destrucción, pues el hombre robotizado totalmente, no podrá pensar ni crear. Secada la fuente de la imaginación creativa, el proceso entra en colapso. Todos los indicios llevan a pensar que ese colapso no está lejano.

Naisbitt (24), uno de los "gurús" de la Administración dice: "Tener mas tiempo libre, mas recreación y menos trabajo, no pasan de promesas de la Tecnología"... "Gastamos mucho tiempo con ella, pero no gastamos más horas unos con otros"... "Si usted no se vuelve esclavo de la Tecnología, tal vez tenga más tiempo para pensar, imaginar, crear. Ahí sí, usted tendrá realmente gran ventaja en el mercado".

Naisbitt está así reafirmando una de nuestras colocaciones básicas: desarrollar una nueva forma de pensar, sentir y actuar, comenzando por quitar de la Tecnología ciega el papel de dictadura que actualmente ejerce. Lo que se precisa es rescatar la esencia de nuestra Humanidad y a partir de ahí, ahora sí, utilizar la Tecnología a favor del crecimiento de las personas y no para estimular el consumismo, aumentando la dependencia de un sistema económico predatorio, como ocurre actualmente.

b) Restricciones impuestas por la institucionalización de la Ciencia y Tecnología

La sociedad tecnológica, para poder continuar creciendo con base en sus dogmas básicos debe aumentar los controles sobre la población y el dominio sobre la Naturaleza. Esto exige concentración de poderes, que hoy tomó la forma de la famosa "globalización". Sin embargo, llega un punto en que esta centralización se vuelve tan compleja que comienza a ser improductiva. La propia ley de los componentes asociados dice que la eficiencia de un sistema se reduce cuando aquellos componentes se multiplican. En efecto, todo mundo sabe que es suficiente para romper una cadena, quebrar el eslabón más débil.

La complejidad de los sistemas puede ser tan grande que ni sus propios creadores consiguen mantenerlos bajo control, pues surgen relaciones insospechadas, efectos sinérgicos, condiciones de retroceso y cosas parecidas. Un caso típico es el gran "black-out" que en noviembre de 1985 dejó gran parte de los EEUU sin energía eléctrica.

Brown (23) advierte: "con el consumo de un barril de petróleo o una tonelada de carbón mas, con el agregado de cada nueva boca a ser alimentada, con la pérdida de un centímetro más de la camada productiva del suelo, la situación se vuelve cada vez más seria y difícil de resolver. El hombre está creando, rápidamente, una situación de la cual cada vez tiene más dificultad en liberarse" (Algo así como intereses compuestos).

Para mantener su coherencia y avanzar en procura del cumplimiento de su dogma esencial, o sea el crecimiento tecnológico continuo, la sociedad tecnológica precisa de tecnócratas, especialmente economistas, centrados en la operacionalización y la eficacia de los sistemas.

"Ecuaciones paramétricas" y "optimización de los sistemas" son las expresiones clave y aplicadas rigurosamente en todo el proceso productivo y organizativo.

Esta institucionalización de la Ciencia y la Tecnología, constituye una seria limitación práctica para la aplicación del método científico, considerado desde el ángulo de sus axiomas fundamentales. En efecto, uno de ellos dice que "la razón es el instrumento supremo del hombre", lo cual es incompatible con una dependencia de cualquier otra fuente.

Por lo tanto, parece evidente que la Ciencia Moderna es independiente de la religión y de la filosofía, pero nunca del subjetivismo (inherente al ser humano), al aceptar la protección y la orientación del sistema económico dominante.

Alves (14) agrega que fuera de los efectos externos de la institucionalización, hay también causas endógenas, oriundas de los propios científicos y de la propia naturaleza de la vida interna de esas instituciones.

Al respecto, el mencionado autor hace dos preguntas provocativas:

Y véase la respuesta: "Quien determina cuales son los problemas relevantes, también tiene el poder de determinar cuáles son las evidencias relevantes".

En resumen, las instituciones – en general – sean de forma explícita o implícita actúan queriendo perpetuar el status quo. Esto se debe, en parte, porque innovaciones no ortodoxas colocarían en peligro su autoridad (como los primeros científicos colocaron en jaque a las jerarquías teológicas), pero también por el instinto de conservación del edificio intelectual, tan laboriosamente construido y que podría temblar y caer ante el impacto producido por una "quimera" (en el sentido dado por Bunge (25), transformada en realidad).

Según Koestler (26) "la ortodoxia corporativa ha sido la maldición de los genios, de Aristarco a Galileo, Harvey, Darwin y Freud. A través de los siglos, sus falanges han defendido tenazmente el hábito, en oposición a la originalidad".

Alves (14) cierra su libro con una contribución muy importante al asunto que estamos debatiendo: "La Ciencia, podría, por un poco, abandonar la obsesión con la "verdad" y preguntarse sobre el impacto sobre la vida de las personas, la preservación de la Naturaleza, la salud de los pobres, la producción de alimentos, el desarmamiento de los dragones (sin duda los más avanzados en ciencia), la libertad; en fin, esa cosa indefinible que se llama felicidad. La bondad no necesita de legitimaciones epistemológicas". Con Brecht, podríamos afirmar: "Yo sustento que la única finalidad de la Ciencia está en aliviar la miseria humana".

Pero, para esto se debería dar el salto cualitativo: el enriquecimiento del método científico, a través de la incorporación de las dimensiones correspondientes a ética y a la espiritualidad como reclama la UNESCO (8), cuando propone una "renovación y transformación radical" en la "Educación Superior".

c) Las limitaciones debidas a la incapacidad de encontrar una solución global y de los costos fabulosos de las soluciones parciales

La fantástica expansión actual de la tecnología, aumentada por los nuevos conocimientos científicos parece más un pulpo o una hidra con sus siete cabezas que cualquier cosa con aspecto más racional. En las últimas décadas están creciendo, dentro de la tecnología, la producción de contra-tecnologías, o mejor dicho, tecnologías amenizadoras, ya que su objetivo no es sustituir a las anteriores, peligrosas, contaminantes y destructivas y sí, apenas aliviar sus efectos. Sería el caso de dispositivos anticontaminantes para autos, fábricas y usinas energéticas. Esto es muy importante para el sistema, pues así el PNB aumenta y llena de satisfacción a los tecnócratas.

Lutzenberger (27) presenta una imagen muy interesante a este respecto. Él dice que la situación sería similar a la de una persona que estuviera vestida con sobretodo y la temperatura comenzara a subir. Cualquier persona normal (o aún subnormal) resolvería simplemente la situación, sacándose el sobretodo. Pero, si la decisión dependiera del sistema económico, este convocaría científicos y tecnólogos y ¡crearía el ventilador! Obligando a través de publicidad anestésica a comprarlo y así amenizar el calor excesivo.

El crecimiento económico continuo – resorte propulsor de la sociedad actual, y su hijo el PNB, quedarán muy contentos. Pero mirando a la distancia e imparcialmente, todo suena muy absurdo.

Las tecnologías amenizadoras están comenzando a ser aplicadas, muchas veces – como ya mencionamos – conservando las originales, de modo que no solo deberemos saldar las cuentas atrasadas y sí también las futuras. ¿Quién pagará todo eso? Es claro que siempre hay un único candidato en el final de la línea: cada uno de nosotros, los consumidores.

Para tenerse una idea de costos, los gastos para saneamiento de las aguas en EUU, son necesarios ¡400.000 millones de dólares!; ya para salvar apenas el lago Michigan ¡40.000 millones! Y así, sucesivamente. Esto nos lleva a un asunto muy preocupante: el destino del hombre en un futuro próximo – si no cambia de rumbos – será cada vez más, en lugar de crear nuevos conocimientos para el desarrollo y el bienestar humano, crear conocimientos para amenizar las consecuencias de la tecnología anterior, basada en la Ciencia, y por lo tanto – se supone en la coronación del atributo humano de la razón.

Y ¿cuáles son los recursos de que la Ciencia dispone para enfrentar ese urgente desafío? Ya no son las eufóricas certidumbres y convicciones del pasado. Los científicos conscientes están desorientados. Uno de ellos, Mc Elroy (29)(*) dice: "En décadas pasadas, gran parte de la Ciencia estaba disponible y era usada para elaborar tecnologías urgentemente necesarias, pero hoy en día, gran parte del conocimiento necesario no existe".

Mc Elroy enumera varias de esas ignorancias científicas, escondidas dentro del brillo de las nuevas tecnologías, entre ellas:

Declaraciones de esta naturaleza, a partir de una autoridad como Mc Elroy, coloca la situación actual de la Ciencia en una fase bien crítica, casi "una confesión de bancarrota intelectual". 2 Schwartz (28) lista varias tareas hercúleas a ser realizadas, apenas para atender las tecnologías amenazadoras. Unas pocas de ellas son:

El sistema prevaleciente, para mantener el dominio de la situación, deberá aumentar y endurecer sus controles(*), lo que también aumenta el riesgo de generar sociedades cada vez más totalitarias y de que los problemas – en continua expansión se muestren cada vez más insolubles.

La Ciencia y la Tecnología, mientras tanto, como aprendices del hechicero, son asfixiadas cada vez más por la avalancha de informaciones, de datos, de registros, de hojas y más hojas de computadores cada vez más potentes, hasta que el "número transcomputacional" de Bremerman marque un limite intransponible a esta situación insoportable.

Desde el punto de vista humano, el principio de la libertad individual, oriundo de la Revolución Francesa y tan caro al mundo occidental (en el fondo del corazón de los ciudadanos y en el discurso de sus dirigentes) estará en grave riesgo, con serios peligros de totalitarización.

En efecto, cuando fueren avistados los "limites de la Tierra", las organizaciones y países que detentan el poder, en nombre de "la ley y el orden" aumentarán la represión sobre los ciudadanos.

Las palabras de Schwartz a este respecto son apocalípticas: "El campo de concentración universal como destino final de la civilización tecnológica, podrá ser instituido como el último acto de desesperación de las sociedades(**) que procuran evitar el colapso".

¿Será que la Ciencia y la sociedad humana, tomadas como conjunto, podrán escapar de esta encrucijada fatal, que parece no demorar más que algunas décadas? Tal vez, porque existe un factor que aún puede hacer ese milagro. Es el factor humano. Gracias, precisamente, al hecho de que el hombre no es apenas un ser físico-racional y sí un ser dialéctico, que también involucra afectividad y espiritualidad, es que existe la esperanza.

Esa esperanza significa el establecimiento de la armonía entre el hombre y el ambiente, o sea prioridad de las necesidades humanas reales contra las artificiales; esto significa un cambio de orientación, centrándola ahora en los mencionados aspectos espirituales y afectivos, en detrimento de la dependencia de valores decadentes relacionados con el poder, el lucro (por el lucro) y el status.

En ese contexto una Neo-Ciencia, enriquecida metodológicamente a través del principio integrativo de la Holística, será la respuesta al caos que lo amenaza sumergir hasta suprimirlo del planeta.

Para recorrer este camino, precisamos utilizar una nueva herramienta: el enfoque Transdisciplinario.

3. Las áreas humanas actualmente relegadas a un segundo plano: afectividad, arte y espiritualidad

Antes de discutir cada una das áreas mencionadas encima, precisamos aclarar algunos eventuales mal entendidos que puedan tener su origen en el capítulo anterior. En especial, se debe resaltar que el autor no tiene una posición anti-ciencia. Por el contrario, reconocemos su inmenso valor, pero, del mismo modo que las religiones pueden acabar distorsionadas por sus seguidores fanáticos, la Ciencia, pierde gran parte de su encanto y fuerza propia, cuando mentes congeladas, usan este extraordinario instrumento como la única herramienta para la comprensión del sentido y del significado de la Vida.

Ciencia, Tecnología, Arte, Filosofía, Ética, Espiritualidad, Afectividad (cada saber con su enfoque específico), precisan integrarse para que podamos alcanzar la Gran Utopía, la milenaria utopía humana que permitirá manifestar en la realidad tangible una sociedad mejor, más justa, más digna y más humana, un verdadero "campo de unicornios". (Ver Ítem 1 de esta Monografía)..

Afectividad

Conceptos Introductorios

La afectividad es un fenómeno fundamental en la vida humana. Ella forma el ingrediente fundamental del amor, la armonía y de un sentimiento tan complejo como es la felicidad. Una sociedad humana sin afectividad es una sociedad triste, árida, vacía e infeliz. Y en cierto grado, ya estamos caminando en esa dirección, ahogados pero gratificados por el Tener, a expensas del Ser. Es por eso que precisamos tratar este tema, aunque brevemente, pues si lo que queremos es cambiar de verdad, la afectividad plenamente desarrollada será una columna básica.

En realidad, se trata de un asunto tan importante, que el autor tiene planes para elaborar un libro sobre esa temática, probablemente en 2008.

Afectividad es uno de los componentes del ser humano (los otros son: material, mental y espiritual). Él se puede presentar de diferentes formas, que en verdad son diferentes formas de amor (amor en general o armonía, amor familiar, amor a las plantas, al universo, a los paisajes, al propio ser supremo, etc.).

Pero el sentido más común da esa palabra, sin negar los otros, es el del amor entre un hombre y una mujer (podríamos llamarlo de amor erótico). Es a este tipo específico de amor que haremos referencia en el resto del tema "Afectividad".

¡Amar y ser amado! Es el sueño más maravilloso que el ser humano guarda en los rincones más íntimos de su corazón. Algunos millares de privilegiados consiguen llegar hasta allá, pero millones y millones (hombres y mujeres, solteros, casados, separados o divorciados) sienten aquel ideal como casi inalcanzable, un verdadero premio de lotería. El miedo que esta situación provoca, alimenta numerosas formas de negativismo y desajustes individuales.

Amar y ser amado es una posibilidad concreta que todo ser humano tiene. Fuimos creados para que pudiésemos gozar de esa maravilla, pero también recibimos la donación del libre albedrío, la libre elección como excitante ejercicio de nuestra voluntad y de nuestra libertad. El ser humano tiene, pues, la posibilidad de escoger entre lo cierto o lo errado. De esta forma, adquirimos experiencia, ganamos discernimiento. Si elegimos lo errado no podremos acercarnos a un sentimiento de felicidad, no podremos llegar a jugar el maravilloso juego de amar y ser amado. El precio será el sufrimiento y el dolor.

Es necesario grabar esto con palabras de fuego: aunque es necesario abstenerse de crear pensamientos y sentimientos negativos, esto no es suficiente. También se precisa no incorporar inadvertidamente aquellos fabricados por los otros. Se necesita pues desarrollar una fuerte auto-protección y la mejor forma de hacerlo – a pesar de todas las dudas que puedan existir – es llenar nuestros corazones de sentimientos positivos y amorosos, constituyéndonos así en deslumbrantes focos de luz y esperanza para todos los que nos rodean. Es así que se "cambia de verdad"; es así que se construye la Gran Utopía.

Así, la irradiación que esos elevados sentimientos, harán surgir en nuestro interior será un maravilloso manto protector, que nos protegerá para siempre de las cosas negativas, porque ese manto está tejido con Amor, y por lo tanto, ligado a altas energías cósmicas.

El materialista hombre del siglo XX (y aún del XXI) no sabe, pero esas energías cósmicas existen, estando almacenadas en depósitos gigantescos por seres excelsos, que aparecen en los libros sagrados de Occidente con el nombre de Ángeles y Arcángeles y de Oriente, como Nirmanakayas.

Esas energías solo pueden ser movilizadas por el ser humano a través del amor en sus múltiples formas. Todo acto de Amor espontáneo, genuino, auténtico tiene la virtud de armonizarse con aquellas energías poderosísimas, encaminando cada vez mas las personas que lo practican para las luminosas avenidas de la paz interior, la felicidad y el amor correspondido.

Todos estamos acostumbrados a considerar la vida humana como una cosa bastante negativa, teñida de odios, explotación y mucho sufrimiento. Y acabamos pensando que esto es la Realidad cuando en la verdad es solo una "realidad", o sea, un lado de la moneda. Para que la moneda sea perfecta es necesario, que los dos lados sean igualmente pesados.

El otro lado de la moneda, la cara oculta de la vida es la que posibilita la sobrevivencia del ser humano; es el lado positivo, repleto de amor. Es muy probable que – actualmente – las personas positivas sean mucho menos que las negativas, pero su fuerza es bien mayor. Gracias a aquellas, la Humanidad aún subsiste. Cada mil personas, unas pocas serán aquellas fuentes irradiantes, pero su fulgor es suficiente para mantener la evolución de la especie en los niveles actuales.

Hay una ley espiritual ya conocida por los antiguos egipcios. De ahí su nombre: Ley de Amra que dice: "No debemos hacer a los otros lo que no queremos que ellos nos hagan".

Traducida al caso particular, esta Ley significa que si emitimos tinieblas, desánimo, desesperación, envidia y codicia para los otros, las recibiremos de vuelta. Pero si irradiamos amor, luz y comprensión, es eso que recibiremos de vuelta. Es como si enviásemos una fotocopia (constructiva o destructiva). Ella podrá hasta herir a alguien, en el caso de que sea negativa, pero el original quedó dentro de nosotros. Él nos dará luz o sombra, pues él fue creado por nosotros y somos responsables por la naturaleza de su mensaje.

De otra forma, hace dos mil años, ya lo dijo el Maestro: "recogerás lo que sembraste". Y no hay Ley más profunda a inexorable que ella.

Por lo tanto, aquel que tiene como preocupación básica, amar y ser amado debe comenzar a observar que es lo que siembra todos los días en su corazón y en su mente. Si hasta ahora, esa persona no examinó las semillas que son colocadas allí, llegó el momento de hacerlo, porque probablemente, junto con algunas semillas buenas, habrá introducido un gran número de semillas ruines, de malezas que atacarán todo aquello de bueno que esa persona estaba queriendo desarrollar y que acabarán matando las frágiles plantas del amor, antes de que consigan florecer.

Vigilando y limpiando los sentimientos, pensamientos y actitudes, purificamos nuestros canales internos. Ahí es que comienza el proceso de renovación, "el cambio de verdad": si estamos sembrando en el jardín de nuestra alma, los frutos llegarán en el momento oportuno, cuando la Naturaleza lo entienda conveniente.

La capacidad de amar

Amar. ¿Es realmente un arte o es una actividad espontánea que ocurre cuando quiere (si quiere) y como ella quiere? ¿Podemos hacer alguna cosa para desarrollar la capacidad de amar, o debemos sentarnos a esperar que nos ilumine con su gracia?

Parece que la respuesta popular se inclina a ver el amor como un estado y no como un proceso. En ese caso sería como una gracia y no podría ser alcanzado a través de un esfuerzo propio. De ahí la ansiedad y la desesperación que la falta de amor lleva a muchas personas, no tanto por la carencia afectiva que están sufriendo y sí por la indicación definitiva que no serán tocadas por aquella gracia mágica.

La confusión ocurre en este punto, porque las personas se preocupan especialmente en ser amadas y no en desarrollar su capacidad de amar. Ellas piensan que amar es simple y que lo difícil es encontrar una buena compañía.

Es claro que el amor (y cualquier manifestación de afectividad) no puede ser inventado ni creado artificialmente o extraído de cualquier esfuerzo de raciocinio (por eso escapa de los dominios de la Ciencia). Él nace espontáneamente, por mezcla de fuerzas y energías atractivas, por contacto de polos opuestos pero complementarios, por fusión de dos mundos en uno, pero debe ser protegido para que su crecimiento y desarrollo sea pleno y vigoroso.

Esto supone aprendizaje, algunos pocos pueden tenerlo de forma natural, a través de su orientación interna. Esos están a camino de transformarse en Maestros de Vida, en guías de la Gran Utopía. Pero la inmensa mayoría debe aprender gradualmente, con dificultades, con sufrimientos, con alegrías. Este asunto merece una discusión más amplia; por eso el autor tiene proyectado para el año 2008 un libro completo sobre el asunto.

Fromm (62) dice: "Amar es un arte, así como vivir es un arte. Pero para dominar un arte, no debe haber nada más importante que él: Justamente ahí es que se genera el gran drama de nuestra sociedad. En ella, casi todo es considerado más importante que el amor: el status, el poder, el suceso, la fama, el prestigio y, principalmente, el dinero. Todas las energías disponibles son gastadas para alcanzar aquellos ídolos de oro. Ellos son los objetivos predilectos, para el amor queda lo restante, los residuos de la fiesta".

¿Podemos – en ese contexto – estar sorprendidos con el triste cuadro de carencias afectivas que hoy retrata fielmente nuestra sociedad tecnológica y consumista, emocional y espiritualmente empobrecida?

Existe una Ley cósmica que se aplica a todos los niveles, es la Ley de Causa e Efecto. Aplicada aquí significa que aquel que desarrolla su capacidad de amar... ¡será amado!

Es importante reconocer que la palabra amor, tal vez la más importante del diccionario fue muy deformada a lo largo de los tiempos y algunos de sus significados son inaceptables.

En principio, se podría hablar de amor genuino y de amor falso. En este último hay una dependencia psicológica entre las personas consideradas, de modo que una de ellas (generalmente el hombre) asume la forma activa, dominadora, sádica, mientras la otra (generalmente la mujer) asume la forma pasiva, sumisa, masoquista.

La persona sumisa tenta escapar del sentimiento de soledad a través de un proceso de parasitismo, adhiriéndose a la vida del otro como una planta trepadora. Ya el dominador pretende escapar de la soledad, "devorando" la compañera (o compañero).

De este modo, los dos se completan negativamente, no habiendo crecimiento ni desarrollo de la capacidad amorosa.

Lo que hay, apenas, es una relación de explotador y explotado, humillador y humillado, verdugo y victima, jefe autoritario y subalterno servil. Existe yuxtaposición pero nunca integración. Esto es un amor falso, un pseudo-amor, independiente de las máscaras con las cuales se pueda presentar al mundo exterior. Este tipo de amor no nos ayudará a construir la Gran Utopía.

Ya el amor genuino tiene otra estructura, capaz de contribuir decisivamente en la construcción de la Gran Utopía. En él, las dos personas se unen para formar una nueva unidad, pero los dos conservan su propia personalidad, su carácter, su biodiversidad. El relacionamiento mutuo funciona como una maravillosa escalera de enriquecimiento afectivo y espiritual, manifestado en un amplio desarrollo de la capacidad de amar.

Fromm (29) presenta cinco características fundamentales que definen el amor genuino, que él llama de amor maduro.

Es claro que esto no significa omisión. Tenemos el derecho y él deber de estimular al otro por las sendas luminosas, positivas y constructivas. Pero no debemos tentar obligarlo a aceptar ciertas ideas, modos, ritmos o modelos que a nosotros nos parecen correctos y adecuados.

Por ejemplo si el compañero/a estuviera con rabia o resentimiento, el "conocimiento" implica en atravesar la capa exterior y llegar a las motivaciones y sentimientos más profundos. Probablemente, esta exteriorización de resentimiento esconde una sensación de impotencia, de humillación o de fracaso. Según Fromm (29) el único camino pleno y completo que existe para "conocer al otro, es amarlo y ese acto de amor, trasciende el pensamiento, trasciende las palabras. Es una zambullida osada en la experiencia de la unión".

Se crea así una relación complementaria: el ser humano solo puede conocer realmente a su compañero/a a través del amor, y el conocimiento que obtiene por esta vía, le permite profundizar este amor. Se genera así un circuito de crecimiento y de enriquecimiento afectivo y vital que es la meta luminosa para todo ser humano con mente y corazón sano y espíritu abierto a las frecuencias cósmicas.

¡Aprendamos de nuevo a amar!

Este es el nombre de un maravilloso libro del fitoterapeuta francés Messegué (30), cuyas curas para problemas afectivas con ayuda de plantas son famosas en el mundo todo. Aprovechamos la oportunidad para reproducir algunas de sus ideas más representativas:

¡Cuánta razón tiene el ilustre Messegué! Debemos aprender a amar nuevamente, a cambiar de verdad y este es un ingrediente imprescindible para poder construir una sociedad mejor, más justa, más digna y más humana, o sea la Gran Utopía.

El hecho es que el ser humano moderno, perdido en las complejidades, en las exigencias y en las frivolidades del mundo actual, ha reducido muchas veces el amor a un acto mecánico genital, despojándolo de toda su fuerza, su ternura, su poesía, su maravilla.

Inspirado por Messegué, el autor coloca a continuación algunas contribuciones propias para este fascinante asunto.

Un nuevo y fascinante concepto sobre el amor

Inicialmente, vamos a presentar un secreto maravilloso sobre el amor y su naturaleza: Debemos transformar la necesidad de amar y ser amado en una donación al mundo. En el centro de nuestro corazón precisamos sustituir el deseo egoísta de poseer una persona capaz de amarnos y hacernos felices, por el deseo altruista de asociarnos afectivamente con ella, para que – entre los dos – sea creado un nuevo punto focal de Luz y Amor.

Esta idea es extremadamente fecunda, implicando en un punto de vista radicalmente diferente de cómo ha sido, generalmente presentado hasta ahora, el problema del amor humano. Precisamos, pues explicar mejor su significado.

En efecto, en el mundo perturbador de hoy, donde impera el materialismo crudo, la tendencia de muchas personas es procurar una compañía para construir con ella, no una residencia maravillosa, rodeada de jardines y sí una fortaleza que acaba transformándose en una cárcel. Se intercambia entre ellos, necesidad de afecto y ese intercambio puede ser tan equilibrado, que puede parecer amor verdadero.

Pero, el amor verdadero, auténtico, genuino, es diferente de posesividad mutua. Él no puede estar preso dentro de paredes y muros de cualquier clase; él es un fluido que se expande y derrama por todo el ambiente, pues tiene la naturaleza cósmica del Creador.

Cuando una persona ama y es correspondida, se genera un átomo de luz en los niveles espirituales. Es como un embrión, una fuerza potencial. Podemos colocarlo en una camisa de fuerza y así transformarlo en un feto raquítico, o podemos alimentarlo con los mejores sentimientos de la pareja y así hacerlo crecer como un gigantesco eucalipto, transformándolo en un maravilloso foco de luz, en un fulgurante canal de esperanza para la Humanidad.

Por lo tanto, es necesario que quede bien claro que amor genuino y posesividad son insuperablemente antagónicos. El amor genuino se armoniza con los niveles cósmicos; la posesividad huye de ellos. O sea el amor hombre-mujer, que puede ser en sí una experiencia maravillosa, no se agota en ella. El amor es una puerta que se abre al ser humano para que pueda entrar en la radiante cámara del Amor Cósmico (aquel que el Maestro enseñó hace 2000 años).

Es por este motivo que, cuando amamos nuestro compañero/a y somos amados por él/ella, se crean átomos de luz en los reinos espirituales.

En la medida en que ellos van pasando, se forma un rastro luminoso, que es percibido por las otras personas. Es a esto que llamamos de "nuevo punto focal de luz y amor".

Podemos presentar estas ideas de otra forma. Sabemos que vivimos en el seno del Océano Cósmico que todo interpenetra, pero no estamos – generalmente – sintonizados con Él. Seríamos como una televisión no enchufada; las ondas visuales y sonoras, emitidas por el respectivo canal nos atraviesan permanentemente, pero no las podemos percibir.

Sin embargo, ligando el enchufe a la corriente eléctrica, ésta permitirá captar las imágenes y los sonidos. Aún a través de los botones correspondientes podremos obtener el volumen y el matiz que deseemos. En nuestra analogía, el fluido eléctrico es el Amor, que nos permitirá vislumbres, que nada tienen que ver con el cuerpo ni con la mente, porque ellos los transcienden pues están en contacto con elevadas energías cósmicas.

La única diferencia que existe en esta comparación es que no somos estáticos espectadores hipnotizados por la pantalla y sí dinámicos obreros cósmicos, pues es a través de nosotros que circularán aquellas energías cósmicas, como si fuésemos verdaderos transformadores de voltaje.

Es necesario reflexionar sobre estas ideas y tener claro que el amor no es apenas un asunto privado. Él es el patrimonio, el motor y la tabla de salvación de la Humanidad y cada uno tenemos nuestra parcela de responsabilidad. Por lo tanto, amar y ser amado no es apenas un derecho concedido por el Creador y sí un fascinante deber. Él deber de crear, en este negativo mundo del siglo XXI, un nuevo "punto focal de luz y amor".

EL ARTE COMO COMPONENTE DE LA TRANSDISCIPLINARIDAD

El autor no tiene formación especializada en el área artística, reduciéndose su visión a ser apenas un apreciador de la belleza.

Sin embargo, el arte es una flor tan importante en el ramo de la Vida que no podemos escapar al compromiso de dedicar algunas líneas al tema. De cualquier manera para poder avanzar razonablemente en este asunto, somos obligados a pedir ayuda a algunos especialistas, comenzando por Random (31):

Random coloca como centro de su artículo, que fue el eje de un encuentro en el CETRANS (San Pablo), la siguiente pregunta: "¿Cómo abordar la belleza de manera transdisciplinaria?" Sin duda, se trata de una pregunta extremadamente desafiante.

Para comprender la belleza, precisamos actuar como hace el artista: él la percibe en diferentes niveles: el físico, el intelectual, el afectivo, y el espiritual, precisamente porque estos son los componentes del ser humano.

Por lo tanto, la belleza es, por su esencia transdisciplinaria; ella es "al mismo tiempo esencia y ciencia, ontología y conocimiento, historia y revelación"... "¿Pero cómo podemos crearla?"

"La historia de la belleza se desarrolla en la Humanidad a partir de la manera en la que el hombre establece la relación entre lo visible y lo invisible"... "Por ejemplo, los antiguos egipcios con sus pirámides relacionaban el arte, no con la idea de que el hombre era hecho a imagen del cosmos, pero si al hecho del cosmos estar integrado en el hombre, estableciendo una resonancia". (Random, 31)

Ya con Platón (400 a.C.) aparece una idea más sutil: la de armonía. Para él, la belleza está asociada a la armonía, que antes de todo, es un ritmo, del cual provienen las proporciones. Solo con la llegada de los tiempos modernos se produjo la negación de la imagen y la proporción.

El artículo de Random (31) es muy profundo e imposible de resumir, de modo que vamos a pasar a un enfoque más simplificado, por ejemplo el de Mikosz (32).

Es un hecho de que no existe un único estándar para el arte: pinturas, músicas o filmes, pueden generar sentimientos muy diferentes en las personas. Algunas obras, después admiradas, fueron objeto de crítica y hasta de indignación. ¿Cómo juzgar un asunto tan complicado? De cualquier manera, debemos reconocer que la estética es inestable, no está sujeta al equilibrio y menos a imposiciones, del tipo que sean.

Tal vez una forma de entender mejor el asunto es a través de un paseo histórico, comenzando por la Grecia antigua:

Después de todo este desfile de posibilidades, Mikosz (32) que es coordinador de la Sección Artes de la Universidad Rosacruz Internacional, hace una pregunta sorprendente: "¿Será que después de una visión general... como la ofrecida... el concepto de "bello" y de "feo" son realmente importantes?"

Ese autor responde así: "una obra de arte no tiene el poder de afectar las personas más de lo que ellas mismas permiten (de manera general, muchas cosas en la vida, mas allá del arte). Las identificaciones personales con la obra deberían hacer reflexionar mejor sobre lo que acontece internamente en cada uno, no apenas disparar reacciones mecánicas a ella".

"Mucha destrucción ya fue hecha en el mundo por intolerancia y en nombre de "ideales elevados". El arte muchas veces es usado como forma de crítica, pero no tira granadas y puede ser rebatido, discutido y cuestionado y solo tenderá a crecer, como vimos en este breve resumen".

Como ya explicamos, el autor no tiene formación artística. Sin embargo, nos atrevemos a hacer algunas consideraciones sobre asuntos muy delicados y sutiles. Tal vez podría afirmarse que la belleza es un atributo cósmico; el arte una creación humana.

Así podría pensarse que en la medida que el arte refleja la belleza, muestra su origen cósmico; cuando no lo hace, trabaja apenas a nivel humano.

De este modo, siendo la belleza un sentimiento cósmico, el papel del arte debería ser manifestarla en forma perceptible por el ser humano (poesía, pintura, música).

La gran incógnita es: ¿la belleza es apenas lo que es bonito y agradable? O ¿es algo más profundo, de naturaleza espiritual? Por intuición creemos que es lo segundo. Es aquí que se necesita de artistas, con buen desarrollo espiritual para que profundicen este asunto y nos den una respuesta satisfactoria.

Un enfoque en este sentido es dado por Guimarães (33), tomando como referencia otro arte: la música.

Este autor, coloca todo su énfasis en la armonía. Y comienza su raciocinio diciendo que todo movimiento vibratorio produce ondas; en particular, el movimiento vibratorio del cosmos genera unas variedades infinitas de "realidades", algunas de ellas en la forma de sonido, audibles o inaudibles, capaces de afectar nuestro ser, nuestra forma de pensar, sentir y actuar.

Armonía sería "el arte de combinar vibraciones sonoras y buscar un equilibrio entre disonancias y consonancias" (tendría el mismo significado para otras artes, como la mencionada Pintura).

En Música, ocurre lo mismo que con la Pintura. Hay infinidad de estilos y movimientos, desde la música clásica, comenzando con Bach, siguiendo con Beethoven y Mozart, hasta llegar a las barullentas músicas del "heavy metal". Otra vez surge la ambigüedad: ¿belleza sonora, arte musical, que significan? Guimarães (70) nos dice que "música" es un conjunto equilibrado de vibraciones, o sea, estaría caracterizada por la armonía. Parece que esto excluiría el "rock pesado" dentro de otras músicas modernas, de la categoría de arte (¿serían simplemente ruido, barullo, estridencia?).

Para los griegos, la música tenía importancia vital en las actividades humanas, desde el punto de vista material, moral y religioso. Los sabios griegos aprendieron con los matemáticos egipcios, que la armonía perfecta puede ser alcanzada a través de un número o proporción que rige toda la creación (¡Véase que concepto profundo, hoy ignorado!).

Euclides, Thales y Pitágoras, entre otros, llamaron ese número de Divina Proporción, cuya fórmula matemática es (+ 1)/2 = 1,618.

Esta proporción rige toda la armonía. La podemos ver reflejada en las Pirámides, en las catedrales góticas, en las espirales logarítmicas, en el reino vegetal y en el animal, en los cristales de hielo y en el propio cuerpo humano, incluyendo sus centros psíquicos.

¡Esto es una idea grandiosa!

Según Guimarães (33), los escultores de la antigüedad, los pintores del Renacimiento, los músicos clásicos (Haydn, Mozart, Beethoven), conciente o inconscientemente crearon sus grandes obras, dentro de la mencionada proporción. Es por eso que la música de esos genios vibra en sintonía con nuestro "Ser interior", "produciendo salud, aumentando la paz, promoviendo entusiasmo, crecimiento e inspirando bondad y amor" (Guimarães, 33).

Finalmente, ese autor dice: "La Humanidad produjo cinco siglos de música sintonizada con padrones espirituales. En el pasaje para el Tercer Milenio, la creación musical se volvió para el consumo, y la estética se vinculó con los estándares dictados por los medios de comunicación, el modo de sentir, pensar y actuar del hombre moderno. La mayoría de las veces, somos víctimas de composiciones intencionalmente puestas al servicio de intereses destructivos. Pensamientos negativos de inquietación, rebelión, maldad, vicios y enfermedades, pasan por el mundo de las vibraciones y contaminan ciertas músicas perjudiciales, principalmente para la juventud".

En resumen, cuando abordamos el Arte, estamos frente a un asunto, muy profundo, muy delicado y muy sutil. Él puede asumir múltiples formas, pero ellas precisan estar sintonizadas con las frecuencias vibratorias más elevadas para que puedan contribuir al cambio de verdad, a la Gran Utopía.

Siendo así, pedimos auxilio a todos los artistas que concuerden con esta idea, donde los conceptos de armonía y belleza son cruciales. La armonía en realidad es el principio integrativo de la Holística (ver Capítulo 8) y la belleza, su manifestación.

Si la armonía, apoyada en la "Divina Proporción" no prevaleciese en el Universo, éste ya habría entrado en colapso hace muchísimo tiempo.

LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL

Conceptos introductorios

Se trata de un asunto bastante complejo, muchas veces distorsionado y generalmente mal comprendido. El autor proyecta escribir un libro entero sobre el asunto en futuro próximo, dada la importancia vital del tema.

En este momento haremos apenas una rápida incursión sobre el mismo, procurando - básicamente - aclarar conceptos y significados, de modo que se justifique plenamente considerar la Dimensión Espiritual como componente imprescindible de la Transdisciplinaridad.

Boff (67) dice: "Todos hablan hoy de espiritualidad y ella es un tema frecuente en nuestra cultura, incluyendo intelectuales, famosos científicos y - para nuestra sorpresa - grandes empresarios"... "El hecho de que grandes empresarios coloquen asuntos ligados a la espiritualidad comprueba las dimensiones de la crisis que nos asola. Significa que los bienes materiales que ellos producen, las lógicas productivistas que incentivan, el universo que inspira sus prácticas, no deben ser suficientes. Hay un vacío profundo, un agujero inmenso dentro de sus seres que suscitan asuntos como espiritualidad y futuro de la vida y del planeta".

El propio Boff (34) nos advierte, colocándonos en guardia. "Es importante, no obstante mantener siempre nuestro esporito crítico, porque con espiritualidad(*) también se puede ganar dinero. Hay verdaderas empresas manejando los discursos de la espiritualidad para crear un ejército de seguidores, que hablan más a los bolsillos que a sus corazones".

Todos conocemos cuales son esas "empresas" autodenominadas de "iglesias", por las cuales muchas personas son engañadas, con promesas de satisfacer carencias que a veces son devastadoras.

Por lo tanto, cualquier cuidado en este tema, es poco.

Lo que interesa al respecto es que hoy, mundialmente, hay una demanda por valores no - materiales, por una redefinición del ser humano como un ser que busca un sentido plenificador, que está en busca de valores que inspiren profundamente su vida. O sea, el ser humano está en busca de su esencia, no de la superficie exterior, que ya conoce muy bien.

Y esta esencia tiene raíces espirituales.

Naisbitt y Aburdene (35) dedican un capítulo entero al "renacimiento religioso del tercer milenio ", conceptuándolo como una de las megatendencias del siglo XXI.

A continuación algunas de sus ponderaciones más importantes: "En tiempos de grandes cambios, las personas se vuelven para uno de dos extremos: fundamentalismo religioso o experiencia espiritual personal"... "La Ciencia y la Tecnología no nos dicen lo que la vida significa. Se llega a ella a través de la literatura, el arte y la espiritualidad"... "con la aproximación del simbólico año 2000, la Humanidad no está abandonando la Ciencia, pero sí a través de un renacimiento religioso, reafirmando lo espiritual en aquello que es ahora una causa más equilibrada para mejorar nuestras vidas y la de nuestros vecinos".

El Dalai Lama también dio varias conferencias para empresarios, conceptuando espiritualidad como "aquello que produce, dentro de nosotros, un cambio interior". Ese cambio interior según Boff 34) "son verdaderas transformaciones alquímicas, capaces de dar un nuevo sentido a la vida, abriendo nuevos campos de experiencia y de profundidad, rumbo al propio corazón y al misterio de todas las cosas".

Desarrollo espiritual sería, pues, el proceso gradual (que a veces se manifiesta de una vez) a través del cual, el cambio interior ocurre. Los antiguos estimulaban este desarrollo en las llamadas Escuelas de Misterios, que hoy son llamadas de Órdenes Iniciáticas, aunque aquel desarrollo también puede ocurrir fuera de ellas, pues Escuelas y Órdenes son apenas catalizadores. La esencia del proceso está en el corazón y en el alma de seres humanos específicos.

Religión es otra cosa. Se trata de instituciones organizadas con base en conocimientos espirituales de algún gran mensajero (Moisés, Buda, Jesús, etc.). Sin embargo, ellas en la medida en que crecen en el medio de la sociedad, corren el riesgo de contaminarse con las debilidades humanas tales como autoritarismo, intolerancia, seducción por el dinero, etc., como la Historia puede contar en detalle.

El mencionado riesgo se acentúa en la medida en que las tentaciones mundanas llevan a priorizar el poder expansivo de la respectiva institución religiosa por encima de los contenidos originales, impregnados de sabiduría y de amor por la Humanidad, oriundos de un ser iluminado.

Ejemplos de estos desvíos, ocurren actualmente en grupos religiosos que ofrecen la gloria a personas desesperadas, a cambio del "víl" dinero, pero también se pueden encontrarlos 500 años atrás en el seno de la "Santa" Inquisición, que por un lado quemó tres millones de "herejes" (porque no concordaban con el desvío de las enseñanzas originales del Maestro).

Y si retrocedemos tres milenios, nos encontraremos con los corruptos sacerdotes egipcios que acabaron destruyendo completamente la ciudad de Tell-El-Amarna, que el gran faraón Aquenaton había construido especialmente para desarrollar lo que podríamos llamar de "religión universal", que no es otra cosa que la "religión cósmica" mencionada por Einstein (ver más adelante).

Es interesante resaltar que esta "religión universal" tenía un cimiento absoluto, que hoy parece obvio, pero que en aquella época no era. En efecto, en un mundo infectado por una colección interminable de pequeños dioses, Aquenaton levanta, por primera vez en la historia humana registrada, el concepto de Dios Único (monoteísmo). Y esto ocurrió más de un siglo antes de que Moisés escribiese la primera línea del Génesis.

Misticismo y religión

La palabra exacta que expresa el sentido específico de la palabra espiritualidad como discutida en este texto es: misticismo.

Misticismo significa la procura de la armonización cósmica, o sea la absorción de nuestro Ser Espiritual en el seno del Ser Supremo o Creador, denominado Dios por las religiones (aunque cada una con un nombre diferente: El Señor, Alá, Brahma, Ra, etc.).

La gran diferencia entre misticismo y religión, es que en el primero la busca es un proceso autónomo, sin dogmas y sin imposición; ya en la segunda, la busca se procesa a través de los autodenominados intérpretes de lo divino: pastores, rabinos y sacerdotes en general. Esto abre espacios para que las debilidades personales institucionalizadas de aquellos intérpretes, desvíen y distorsionen – a veces hasta absurdamente – la pureza original de las enseñanzas.

El místico es, pues, un libre pensador, que tiene un objetivo bien definido: su armonización cósmica. Para alcanzarla estudiará y experimentará muchas cosas; así leerá los Evangelios, el Vagaba-Gita, el Antiguo Testamento, los textos de los mayores filósofos modernos, de los maestros griegos y tal vez hasta las obras de Hermes Trismegisto. Pero lo hará con sentido crítico. Podrá pertenecer a Ordenes Iniciáticas, pero ellas, por su propia naturaleza, no le enseñarán "verdades"; en cambio, le proporcionarán apenas propuestas para que su Ser Interior las acepte o no, en función de su nivel de desarrollo espiritual. El crecimiento interno, en la medida que progrese, acercará el individuo a su objetivo, y él siente eso como una reverberación interior, que la Ciencia con su enorme sofisticación no puede explicar.

Ya el religioso, generalmente bien intencionado, con buena voluntad, con un fuerte deseo de autoperfeccionamiento, puede entrar en serios conflictos si pretende seguir al pié de la letra las enseñanzas, en gran parte dogmáticas, que le son impartidas. En verdad, el Maestro vino a plantar en este planeta la frágil semilla del Amor(*). Por ser esta una propuesta "herética" (en el sentido de Einstein, ver mas adelante), fue crucificado.

En sustitución de las enseñanzas originales, lo que proliferan son enseñanzas superficiales y aún peor: distorsionadas. La palabra pecado, por ejemplo, significa la violación de alguna ley (interna) que nuestra conciencia estableció con base a componentes espirituales fundamentales: ética, responsabilidad personal, necesidad de contribuir para la sociedad, etc. Sin embargo, "pecado" aparece en muchas enseñanzas religiosas, como desvío de alguna ley (externa), relacionada con el mundo físico, especialmente el sexo.

¡Como si el cuerpo pudiese pecar! ¡Quien "peca" es nuestra mente y nuestro corazón! De esta forma, el verdadero "pecado" es poco considerado: explotación, el poder de destrucción de personas, familias y naciones, la destrucción del planeta, la vanidad, la hipocresía, la injusticia social, etc. Estos sí son "pecados", pues afectan nuestro Ser Interior, impidiéndonos de crecer y desarrollarnos.

Pero... ¿habrá religiosidad mística? Claro que sí. Toda religión superior comenzó siendo mística. Veamos el caso del cristianismo: los Evangelios son misticismo puro. El Maestro expone, enseña, pero no impone dogmas. Entrando en la esencia de cualquier religión, si eliminarlos los dogmas restrictivos, creados posteriormente, podemos practicar misticismo y así desarrollar la espiritualidad. Para más detalles sobre este fascinante asunto, ver Challaye 36).

Muchos científicos y otras personas colocan como máximo galardón humano la racionalidad y consideran la espiritualidad como algo evanescente, subjetivo e imposible de comprobar. O sea, la nueva religión, llamada Ciencia, sustituye a las anteriores.

¿Será que hay alguna convergencia entre ciencia y espiritualidad?

Es muy ilustrativo llevar en cuenta lo que escribió aquel que fue reconocido unánimemente como el mayor científico de todas las épocas: Albert Einstein. Veamos apenas algunas frases de tan reconocida figura.