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Los Epónimos en las Ciencias Médicas. Una aproximación lingüística desde la interdisciplinariedad

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Introducción

A raíz de los descubrimientos científicos en todos los campos del saber, muchos de estos fueron nombrados por sus descubridores o por aquellos que los describieron en algún momento. En el campo de la Medicina, su empleo estuvo marcado por la tradición demostrando una cotidiana utilidad práctica. Por supuesto, esta utilización de los epónimos en las Ciencias Medicas facilita la comunicación entre los especialistas del ramo a la vez que rinden merecido homenaje a sus descubridores.

Para muchos especialistas y para futuros profesionales en formación médica el contenido del epónimo debe ser de total conocimiento, no solo por la economía en la comunicación medica que supone su uso, sino porque no emplearlo derivaría en una descripción relativamente extensa de la enfermedad o signo de que se trate (Fuentes Díaz, 2012).         

En definitiva, el epónimo hace merito a la historia de la medicina pues facilita la comprensión de la evolución, pasado y presente de esta ciencia a la vez que promueve el desarrollo de sus especialidades.

Pero, ¿qué definimos como epónimo? Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE, 2001), un epónimo es "un nombre que se basa en el nombre de una persona, usualmente la que descubre una estructura, enfermedad, principio o procedimiento en particular" y "el nombre de una persona o de un lugar que designa un pueblo, una época, una enfermedad, una unidad, etc." Puede ser además, el nombre de una persona real o ficticia cuyo nombre tiene, o se asume haya dado, origen al nombre de algo en particular, como por ejemplo: las Galletas Graham, la rueda de Ferris, y Boycott[1]

En las Ciencias Medicas, el uso de los epónimos no está restringido únicamente a la denominación de enfermedades o síndromes, sino además a signos, síntomas, reacciones fisiológicas, tratamientos, intervenciones quirúrgicas, maniobras diagnósticas, posiciones, instrumental médico, términos anatómicos, reactivos, análisis, microorganismos y anticuerpos.

Desarrollo

En la revisión de Coteño Acosta (2002) sobre los signos clínicos de la Apendicitis, los epónimos se refieren mayormente a la persona que los describió por primera vez.

Coteño Acosta (2002) aporta una revisión de algunos signos clínicos de la Apendicitis (aguda y recurrente) hecha en varios textos de cirugía y medicina en las que estos epónimos se refieren al nombre de quien los describió. Muchos de estos epónimos poseen dos o más epónimos, lo cual parece estar en relación con coincidencias históricas, o con el interés de cada científico en inmortalizar su nombre.

Para esta autora, resulta más importante interpretar la patogenia de estos signos que memorizar los epónimos, pues estos traducen características de la condición médica aportando elementos valiosos para el diagnóstico clínico de dicha afección. Entre estos epónimos evalúa aquellos que aportan un mayor número de signos para la evaluación de la enfermedad en cuestión, id est:

En estos casos se significa que la presencia de los signos complejiza las diferentes manifestaciones clínicas de la enfermedad y por tanto la definición exacta de la misma a partir de los epónimos específicos que la describen como signos invariantes de esta.

En otros sistemas y órganos, por ejemplo el corazón, el saco de His[2]las fibras de Purkinje[3]son partes importantes del sistema de conducción de ese órgano. Los ruidos Korotkoff son escuchados en las venas cuando se toma la presión sanguínea.

En las afecciones cardiovasculares, los epónimos referidos a personas que las descubrieron se incluyen la Tetralogía de Fallot (una combinación de cuatro defectos congénitos del corazón), la Enfermedad de Raynaud de las venas menores y la Arritmia Cardiaca conocida como el Síndrome de Wolf-Parkinson-White.

En los tratamientos y tests, la Eco-cardiografía Doppler es nombrada por un físico del siglo XIX. El monitor Holter y el Catéter Swang-Gang hacen honor como epónimos a sus desarrolladores.

En otros sistemas, las islas de Langerhans[4]son grupos de células en el páncreas destinadas a secretar la insulina. El folículo de Grafían[5]es el ovario que rodea la célula embrionaria en desarrollo. El tubo de Eustaquio[6]conecta al oído medio con la garganta.

Un grupo importante de enfermedades poseen epónimos, dígase:

El Síndrome de Wolf-Hirschhorn, nombrado por Ulrich Wolf y Kurt Hirschorn quienes escribieron varios artículos científicos relacionados con fenotipos craneofaciales, crecimiento y retardo mental, hipotonía muscular, ataques y defectos cardiacos congénitos, se conoce en el mundo de la medicina con nombres como Síndrome de Pitt-Rogers-Danks o el Síndrome de Pitt.

Los nombres de géneros y especies de microorganismos también se basan en los nombres de sus descubridores: Escherichia, Salmonella, Pasteurella y Rickettsia solo para nombrar algunos.

La hiperprolactinemia referida al aumento de los niveles de la hormona prolactina en sangre ha tenido una definición variable históricamente a raíz de sus múltiples descriptores y del desarrollo de otros procesos para su medición, dígase, estos tres síndromes de Amenorrea-galactorrea se establecieron antes de que los niveles de prolactina se pudieran medir de manera confiable:

Históricamente ha ocurrido que muchos de los epónimos han tenido una evolución y divulgación en dependencia del desarrollo y acceso a las publicaciones y las investigaciones relacionadas con el descubrimiento.

El Síndrome de Béguez-Chediak-Higashi se identificó y describió en Cuba en el 1943. El artículo que describe la  neutropenia crónica maligna familiar, descubierta originalmente  en 1933 por el Dr. Antonio Béguez César, fue publicado en el Boletín de la Sociedad Cubana de Pediatría  en enero de 1943. Posteriormente un médico alemán, el Dr. W  Steinbrinck, logró que le publicaran en 1948  un trabajo sobre esta afección y después los doctores Alexander Moisés Chediak y Otokata Higashi también lo hicieron en 1952 y 1953-1954, respectivamente.

En 1932, los médicos argentinos Juan Carlos Ahumada y Enrique B. del Castillo publicaron en el Boletín de la Sociedad Argentina de Ginecología y Obstetricia el caso de una paciente con amenorrea y galactorrea, síntomas de insuficiencia estrogénica y ausencia de gonadotropinas urinarias.

Casi veinte años después, en 1951, los médicos estadounidenses Anne Poppenheimer Forbes y Fuller Albright presentaron un caso prácticamente idéntico en una reunión de la Asociación Estadounidense para el Estudio de las Secreciones Internas; el resumen de esta ponencia se publicó en una revista de difusión mundial, The Journal of Clinical Endocrinology. Unos meses después, J. Argonz y Enrique B. del Castillo enviaban a esta misma revista una réplica en la que, además de señalar la primacía de Ahumada y Del Castillo, presentaban cuatro casos más, de entre los muchos ya estudiados en el servicio de endocrinología del Hospital Rivadavia.

De igual manera, ocurrió la controversia de Carlos J. Finlay en su investigación relacionada con el origen de la fiebre amarilla y la autoría atribuida inicialmente a un investigador norteamericano.

El Síndrome de Rokitansky-Küster-Hauser (un trastorno congénito en mujeres en las que los conductos de Müller embrionarios no se desarrollan y como consecuencia el útero no está presente en el nacimiento) posee múltiples sinónimos:

Muchos otros reactivos, instrumentos y procedimientos poseen epónimos en honor a sus desarrolladores.

Carl Gustav von Hüfner, químico alemán, dio nombre a la ecuación de Hüfner, una expresión relacionada con la presión parcial de oxígeno en sangre. Hans Christian Joachim Gram (1853-1938) bacteriólogo danés que desarrolló la tinción de Gram, de amplio uso en microbiología. Charles Émile Troisier (1844-1919), cirujano francés, fue homenajeado con los epónimos Nódulo de Troisier (un ganglio linfático situado en la fosa supraclavicular izquierda) y el Síndrome de Troisier-Hanot-Chauffard, una forma de diabetes mellitus.

Valentin Magnan (1835-1916) psiquiatra francés, aportó el epónimo Signo de Magnan conocido como una sensación ilusoria por la que se percibe la presencia de cuerpos extraños bajo la piel. Es una parestesia frecuente en la psicosis inducida por cocaína.

El signo de Abadie es un espasmo del músculo elevador del párpado con retracción del párpado superior (de modo que la esclerótica es visible por encima de la córnea) vista como la Enfermedad de Graves Basedow que, junto con exoftalmos provoca la aparición de los ojos saltones y es nombrado por Jean Marie Charles Abadie.

Un ejemplo evidente de sinonimia es el del médico, cirujano oftalmólogo y retinólogo español Hermenegildo Arruga Liró (1886-1972) a quien varias técnicas e instrumental oftalmológico deben sus epónimos.

Técnicas quirúrgicas oftalmológicas

Instrumental oftalmológico

Curiosamente, el tendón de Aquiles (tendo Achillis) o tendón calcáneo (tendo calcaneus) es llamado en honor de Aquiles, personaje de la mitología griega, y de su célebre vulnerabilidad en el talón. El registro conocido más antiguo en el que se le da ese nombre es el del anatomista flamenco Philip Verheyen en 1693. En su muy difundido libro Corporis Humani Anatomia, capítulo XV, página 328, Verheyen describía la ubicación del tendón y decía que era comúnmente llamado la cuerda de Aquiles (quae vulgo dicitur "chorda Achillis"). De la misma leyenda surge la expresión "talón de Aquiles".

Jean-Baptiste Marc Bourgery, médico y anatomista francés, hizo observaciones anatómicas originales, por lo que la nomenclatura médica recoge la mención de su apellido en la designación del ligamento de Bourgery, las arterias vulvares de Bourgery y las venas pulmonares de Bourgery, y también el cuadrilátero de Bourgery, que designa una zona torácica.

El nombre original para una radiografía era Roentgenografia, nombrado así por Wilhelm Roentgen descubridor de los Rayos X. A partir de este epónimo se derivaron:

Un aparte merece el Curie como medida de la radiación, epónimo derivado del nombre de Marie Curie, descubridora de la radioactividad.

Conclusiones

Existen diferentes procesos lingüísticos por los que atraviesan además los epónimos, dígase polisemia, homonimia y sinonimia. En el caso de los epónimos polisémicos con más de un significado aparecen:

Los epónimos homónimos (tienen distinto significado, pero se escriben o pronuncian igual), incluyen:

Por otra parte, los epónimos sinónimos (nombran una misma realidad y, por lo tanto, expresan un mismo significado) recogen a:

Por otra parte, científicos como Charles Darwin posee numerosos epónimos, ya sea por sus descubrimientos o porque fueron bautizados en su honor.

Aún cuando han pasado muchos años de su descripción y la medicina ha alcanzado un gran desarrollo científico-técnico en materia de medios de diagnóstico, los epónimos resultan de gran vigencia y valor semiológico para el diagnóstico de múltiples enfermedades. Aquí se debe enfatizar desde la formación en la importancia de interpretar la patogenia y la gran variedad de los signos que caracterizan las enfermedades, mucho más allá que la mera memorización de estos.

Dentro de las disciplinas de las ciencias medicas, son pocos los investigadores que, después de haber descrito por vez primera alguna estructura, proceso, enfermedad u otra afección medica, fueran inmortalizados con la adopción de sus epónimos de manera universal.

De alguna manera, la importancia funcional de la observación clínica y el vínculo con fenómenos inexplicables contribuyen inexplicablemente a la generalización y el uso de epónimos en las ciencias medicas.

Muy a pesar de que los eponimos hacen honor a los fisicos, medicos y cientificos del pasado, de por si, no describen proceso alguno lo que los hace mucho mas dificiles de aprender.

Actualmente, la tendencia radica en reemplazar estos nombres con otros mucho más descriptivos, for ejemplo: en vez de utilizar el Tubo de Eustaquio se aboga por el término tubo auditivo, el folículo ovárico por el Foliculo de Graafian, las islas pancreáticas por las islas de Langerhans y Trisonomia 21 for Sindrome de Down.

Para comprender el proceso histórico de evolución de los epónimos en las ciencias médicas es necesario considerar el condicionamiento histórico de los descriptores de signos, síndromes y enfermedades que describen estos epónimos pues contribuyen al diagnóstico de las enfermedades, la progresión de sus identificaciones en la medida que estos signos sean interpretados patológicamente (Fuentes Díaz, 2012).

El significado de los epónimos debe ser un conocimiento generalizado pues debe, en cada caso, describir extensamente la enfermedad o el signo de que se trata y discernir todas las dudas con respecto a la enfermedad en cuestión.

Bibliografia

http://www.ecured.cu/Categor%C3%ADa:Enfermedades

http://www.ecured.cu/index.php?search=+Eponimo

Anexos

Anexo 1- En Español encontramos epónimos como: Zapatos Amadeo, Camisa Manhattan, Fijadores externos RALCA, Constelación de Orión, etc.

Anexo 2 - Epónimos famosos

Lugares con nombres de personas

Epónimos famosos

Especializados: Las siguientes personas y sus respectivos epónimos son conocidos en ámbitos especializados.