Espacio, género y colonialismo en Pancracio, el huraño (1856) de Gottfried Keller



Resumen

Este trabajo, que procura aportar a la comprensión del realismo poético kelleriano, plantea la tesis de que en el relato Pancracio, el huraño el problema de la relación entre lo masculino y lo femenino resignifica tanto las prácticas espaciales de los personajes como el motivo –poco frecuente en la obra global del autor– del colonialismo: que tiene lugar, en este sentido, una genderización de los mismos, en la que es posible leer, por su parte, el postulado de la existencia de unos roles sociales naturalmente legitimados del hombre y la mujer –en el cual se aprecia una cierta misoginia del autor–, así como una explicación crítico-cultural psicologista de la expansión imperialista europea. La violenta empresa colonial es entendida, concretamente, como mecanismo de compensación masculina del fenómeno social de la emancipación de la mujer (representado por Lidia), de un lado, y de la propia imposibilidad del hombre –en el caso particular del héroe del relato, se trata, además, de un joven con un complejo de inferioridad– de conciliar de forma armónica su deseo sexual con el imperativo de la utilidad social, de otro.

Palabras clave

Análisis topográfico, prácticas espaciales, domesticidad, femineidad, masculinidad, colonialismo, carácter asocial, falta de padre, esfera fa- miliar, formación, instinto formativo, modernidad, progreso, violencia, militarización, institucionalización, sexualidad, amor, deseo, complejo de inferioridad, dominio, represión, renuncia, animalización, crítica cul- tural, realismo poético

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*. El suizo Gottfried Keller (1819-1890) es considerado "uno de los tres o cuatro más grandes prosistas" en lengua alemana (Benjamin, 1991: 289). Acerca de su vida se sabe que, cuando tenía cinco años, murió su padre, lo cual dejó a la familia en una grave situación económica. Entre diciembre de 1848 y marzo de 1849 asistió, en Heidelberg, a un curso dictado por Ludwig Feuerbach –el objeto del mismo era su La esencia de la Religión (1845)–, lo que provocó un giro

Introducción

1. Pancracio, el huraño

Dentro de la colección La gente de Seldwyla [Die Leute von Seldwyla],1 junto con Doña Regula Amrain y su hijo menor, Pancracio, el huraño es un texto singular. No tiene demasiadas características de la novela corta [Novelle], sino que es, más bien, una "novela en pequeño", un "complemento del Enrique el verde",2 en el sentido de que su protagonista sufre un "desarrollo", que se realiza "por medio de una interrelación con el mundo" (Breitenbruch, 1968: 84). En otras palabras: es una narración que pone en escena el problema de la formación [Bildung] de un niño hosco y asocial, que vive con su hermana y su madre –joven y viuda– en condiciones económicas muy precarias. La misma comienza cuando Pancracio huye de su hogar, a los catorce años de edad. Muchos años después (más de quince), regresa, convertido en coronel del ejército francés. Por medio del relato enmarcado del protagonista nos enteramos de todo lo que le ha ocurrido durante su larga ausencia: ha entrado al ejército inglés y viajado a las Indias Orientales. Allí ha trabajado de administrador en la residencia del gobernador de la región. Al cabo de cinco años, ha conocido a Lidia, la hija del gobernador, enamorándose perdidamente. La muchacha (presumiblemente, aunque no con total certeza) resulta ser una embaucadora: lo ha atraído y seducido simplemente para burlarse de él. Más tarde, en África, sirviendo esta vez al ejército imperialista francés, Pancracio se ha enfrentado con un león, en un episodio que por poco no acaba con su vida. Decidido a no unirse nunca a mujer alguna, y curado, a pesar de todo, de su hosquedad, finalmente, ha regresado a su casa. El narrador heterodiegético informa al final que Pancracio, su hermana y su madre deciden mudarse a la capital del cantón, donde el primero "tuvo la oportunidad de ser útil a su patria" sin recaer "nunca más en la hosquedad de antes" (Keller, 1978: 48). Pancracio no se casa –el casamiento es una preocupación básica de los héroes kellerianos– ni se convierte en padre él mismo, pero sí logra reemplazar, así, a su propio padre muerto en su función de proveer de sustento y protección a la familia.

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espectacular en su concepción del mundo: se volvió ateo y materialista. Entre 1850 y 1855 vivió en Berlín, en usufructo de una beca de estudios concedida por el cantón de Zurich, y escribió entonces el primer tomo de La gente de Seldwyla, así como la primera versión de su novela de formación Enrique el verde. En 1861 resultó electo primer escribano público de su cantón natal, cargo que ocupó hasta 1876 y que marca el inicio de su periodo de madurez.

sin embargo, la reescribió y publicó una segunda versión, marcadamente más conciliadora que la primera: si en la versión temprana Heinrich muere joven, en gran medida por la culpa que siente ante la muerte de su madre, de la que se cree responsable por su propia inmadurez, en la segunda versión logra sobrellevar su sentimiento de culpa y encuentra un trabajo en su patria, además de una compañera de vida, Judith, a quien conocía de sus tiempos de adolescente. Kaiser sostiene que Pancracio, el huraño es un Entwicklungsroman [novela de desarrollo] a la manera de Der grüne Heinrich (cit.: 285) y Ermatinger compara explícitamente Doña Regula Amrain y su hijo menor con Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister [Wilhelm Meisters Lehrjahre] (1795/96) de J. W. Goethe, esto es, el modelo por excelencia del subgénero Bildungsroman (1990: 317).

Descripción del trabajo e hipótesis

Unidades de análisis

En una primera instancia, se lleva a cabo un relevamiento topográfico (¿Cuáles y cómo son los espacios representados? ¿Quiénes y cómo los habitan en cada caso?). En segundo término, se analiza el modo en que, al interior de esos espacios, está configurada la relación entre lo masculino y lo femenino, para lo cual entendemos que "la masculinidad y la femineidad" son "posiciones enunciativas" (Baydar, 2005: 31), que el género femineidad vs. masculinidad– es una variable cultural, simbólica, que alude a distinciones socialmente creadas, mientras que el término sexo remite a distinciones biológicas entre hombre y mujer.3 Entonces: en esta segunda instancia se trata de estudiar las relaciones de género al interior de los espacios representados en la Novelle. Teniendo en cuenta esto, en fin, planteamos nuestra primera pregunta de investigación:

En tercer término, ponemos en relación estas prácticas espaciales genderizadas con el fenómeno del colonialismo moderno. El héroe del relato, un suizo convertido en agente del colonialismo, atraviesa distintos espacios coloniales (entre otros, ciertas zonas de la India y de Argelia)4 en los que entra en relación con sujetos "subalternos" (Spivak, 1998). Es un hecho comprobable, con todo, que Pancracio no revela tener un interés auténtico por la empresa colonial europea (sus tentativas obedecen siempre a razones ajenas a la misión colonialista misma). Planteamos, en virtud de esto, una segunda pregunta de investigación:

Hipótesis

En virtud de las dos preguntas de investigación, postulamos, respectivamente, el siguiente par de hipótesis:

1. Existe en el relato una relación natural, positiva entre lo femenino y la pasividad doméstica –que todas las mujeres corporizan y acatan (la madre y la hermana de Pancracio, la madre de Lidia, la mujer hindú salvada de ser cremada), con la excepción de una (Lidia)– y entre lo masculino y, por un lado, la actividad y, por otro, la ruptura (temporal, formativa) de lo doméstico –que Pancracio realiza sólo a medias.

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mente se insiste también en la idea de que el sexo también se construye socialmente" (2005: 338). O, como sostiene Spivak, el género es el nombre que se le da a "la construcción ideológica de la diferencia sexual" (1998: 199).

2. El discurso colonialista de Pancracio está genderizado y es explicable como una respuesta violenta (y por eso negativa), por un lado, a la ruptura, por parte de Lidia, de aquel vínculo pretendidamente natural entre lo femenino y lo doméstico y, por otro, al autodescubrimiento, en su propia psicología, de aspectos que él mismo interpreta como no masculinos y que, por ello, deben ser erradicados (en particular, su hurañía, entendible como manifestación de un complejo de inferioridad, y su deseo sexual, que él concibe, por igual, como rasgos antisociales). En este sentido: el colonialismo moderno, el aniquilamiento del sujeto no europeo, es entendido como mecanismo psicológico de compensación por parte de unos hombres (en este caso Pancracio) que han perdido el control de la mujer y que están violentados internamente por la coacción de la integración social.5

Aspectos topográficos

Los espacios representados en el relato pueden ser asociados a las distintas etapas de desarrollo de Pancracio:

Adolescencia. La adolescencia del héroe del relato transcurre en los siguientes espacios: la pradera, a la que llega después de caminar durante toda la noche de su fuga, y donde trabaja (si bien sólo durante medio día) por primera vez en su vida (ibíd.: 21); el bosquecillo de hayas en el que, esa tarde, se tira a descansar (íd.); la desembocadura del Rin, donde llega después de caminar durante ocho horas nocturnas; el puerto de Hamburgo (ibíd.: 22).6 A esto hay que agregar: el buque mercante inglés en el que se embarca rumbo a Nueva York, Nueva York (donde Pancracio pasa una mañana) (ibíd.: 23), y el barco en el que viaja a la India en calidad de recluta del ejército inglés. En este país asiático, Pancracio vuelve a llevar una vida sedentaria durante casi una década. Vive en primer lugar en casa del comandante del ejército inglés. Los primeros cinco años allí son formativos para el héroe: aprende a desempeñar una multiplicidad de tareas. Al cabo de este lustro, llega Lidia, la hija del comandante, con lo cual, por un lado, el espacio, si bien continúa siendo el mismo, se transforma radicalmente en un sentido semántico y, por otro, su adolescencia (se ha fugado a los catorce años de edad; ahora tiene unos veinte) llega a su fin.

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3. Juventud. En la India, el espacio central es la propiedad del comandante del regimiento

–luego gobernador de toda la región– en la que el héroe trabaja como administrador y multiusos. Con la llegada de Lidia comienza la juventud de Pancracio. El jardín de esta residencia suntuosa deviene uno de los subespacios más importantes: es allí, "bajo los árboles umbrosos" (ibíd.: 29) que, pasados entre seis meses y un año de la llegada de Lidia, se enamora de ella y que, medio año más tarde (esta vez en el "sitio en que había una o dos docenas de naranjos, que saturaban el aire con su aroma") le declara, infructuosamente, su amor (ibíd.: 37). El siguiente espacio atravesado por Pancracio es la selva, en la frontera más avanzada del imperio británico en la India. Allí pasa dos años y se convierte, por su buen desempeño militar, en capitán de la compañía (ibíd.: 42). Luego, cansado de todo y después de un frustrado regreso a la residencia del gobernador, se va a París, donde se une al ejército franco-africano para partir rumbo a Argelia. En este país africano se representa otro espacio importante en la novela corta: el desierto, y dentro de él, la cañada donde recuerda a Lidia y tiene el encuentro decisivo con el león.

Femineidad y masculinidad

La esfera familiar está compuesta por la presencia fantasmal del padre muerto –motivo auto- biográfico muy recurrente en toda la obra narrativa de Keller–;7 la pobre madre, en extremo bondadosa y por ello mismo negativa, que trabaja todo el día con la rueca (con la que "ganaba la leche y la manteca necesarias para preparar las comidas con las papas que cosechaba"); la hermana Estercita, de doce años, que "tenía que hilar incesantemente" (ibíd.: 11 y s.); y Pancracio, el huraño, de catorce, que no hace nada útil para ayudar en la casa. La relación entre estos tres personajes tiene dos estadios: entre medio hay más de quince años de tiempo narrado.

Esfera familiar previa a la huida

La casa materna es un ámbito femineizado por la omnipresencia de la madre y la hermana. Ambas desarrollan una actividad laboral preindustrial en la que Pancracio no participa("durante la mañana permanecía acostado para leer luego un rato" [1978: 11]; "era un chico terco y quisquilloso, que jamás se reía y no hacía ni aprendía nada en este bendito mundo de Dios" [ibíd.: 12]). La actividad económica de estas mujeres se limita a cubrir las necesidades materiales de la pequeña familia, no les posibilita ahorrar ni invertir el dinero ganado. En este sentido tiene la forma de un ciclo "natural" (la pequeña familia vivía "día tras día, siguiendo siempre un orden rutinario y sin variaciones" [ibíd.: 13]); se nos informa, por otro lado, que todos los años se repetía la misma situación de pobreza extrema en la misma época, y que esto se materializaba cuando el pote de manteca del que disponían se acababa: la "aparición del fondo verde del pote era un fenómeno anual tan regular como cualquier fenómeno celeste" [ibíd.: 11]). Se trata, pues, de un tipo de vida doméstico-económica en la que no tiene lugar ningún tipo de progreso (todo lo contrario de lo que ocurre, por ejemplo, con la economía familiar en Doña Regula Amrain y su hijo menor).

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