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La guerra cultural. Una afrenta contra la juventud (Cuba)



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En la imagen de Portada se muestra el Monumental Complejo Escultórico proyectado y donado a nuestro país por el afamado arquitecto brasileño, militante revolucionario, entrañable amigo de Cuba, Oscar Niemeyer. El mismo se encuentra ubicado en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), en La Habana.

"…la madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la República y el remedio de sus vicios, es, sobre todo lo demás, la propagación de la cultura".

José Martí Pérez

* ("Tilden", La República, Honduras, 1886, t.13, p. 301).

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Claves para alcanzar la felicidad[1]

Todos los hombres aspiramos a ser felices y los revolucionarios lo logramos en las batallas por servir a un ideal de progreso social y en la búsqueda de las raíces históricas por las cuales se alcanza ese gran objetivo. Desde luego, no siempre se alcanza, pero proponiéndoselo y trabajando en esta dirección de seguro que se tiene un gran gozo. Esta es mi experiencia de más de 50 años de combate a favor de la Revolución y no concibo mi vida de otra manera.

Por esta razón, haremos muy bien en situar el empeño revolucionario como objetivo esencial de la educación y la cultura en las nuevas generaciones, las que vivirán bien entrado el siglo XXI, mostrémoselo a nuestros niños y jóvenes.

Si la felicidad es la aspiración de todos los hombres, enseñémosla a partir de un principio filosófico que la concibe como un ideal supremo de los procesos de cambio. Allí estará el secreto para encontrar la felicidad. En este mundo amenazado de la extinción de humanidad, salvar a la familia humana constituye el deber de todos sus miembros, es decir, de nosotros, los seres humanos.

Con estos objetivos vengo insistiendo en la necesidad de establecer un Diálogo de Generaciones entre los que vivimos gran parte del siglo XX y los que vivirán en el XXI, les sugiero desarrollar aquí, en el proyecto Crónicas, una serie de encuentros para este objetivo. Empecemos por los más importantes acontecimientos y tomemos como punto de partida lo que sucede hoy en los Estados Unidos, porque ello nos muestra la crisis del sistema imperialista. Con el objetivo de un análisis de fondo propongo organizar periódicamente en el municipio Playa encuentros con el objetivo de estudiar los siguientes temas:

Ofrezco mi experiencia porque he conquistado Ia Felicidad trabajando por las ideas de Martí, de Fidel, de Ia Revolución y el Socialismo en nuestra Patria.

Dispongo de textos escritos sobre estos temas que someteré a debate en estos encuentros; aquí están los papeles que he redactado en el transcurso de más de 50 años y en ellos se recoge lo que constituye mi experiencia vivida. Agradezco a quienes colaboraron en el empeño de conservar esos papeles que he mantenido hasta nuestros días, especialmente a Chela, mi secretaria, y a Eloísa Carreras, mi esposa, quien supo someterlos a análisis y darles un ordenamiento que me parece muy provechoso.

Muchas gracias por haber tenido esta feliz iniciativa de visitarnos, porque esta es la casa de todos ustedes, los jóvenes que defienden la Revolución, que tengan unas fructíferas jornadas de trabajo y esparcimiento, en el que desde luego, ya sabemos que será el inolvidable Festival de Quito, y me permito pedirles que lleven en sus mentes y sus corazones este pedacito de historia que desde Cronikas les entregamos, con mucho pero muchísimo amor.

Armando Hart Dávalos

Introducción

El presente libro está dedicado íntegramente a los jóvenes del Siglo XXI, porque es contra la juventud, en esencia, la guerra cultural desatada por el imperialismo y los centros de poder que operan a escala global. Esta, es como una empresa invisible, glamorosa, embaucadora; que trata de impedir la construcción del pensamiento propio en respuesta al pensamiento único globalizado, que busca masificar las conciencias y someterlas a las pérdidas de las identidades culturales, al consumismo, a la falta de libertad, a ese pensamiento que se basa en la dominación y no en la liberación de los pueblos.

Un ejemplo irrebatible de ello, entre muchos otros, lo constituye la revelación de la existencia de un sistema mundial de espionaje de las comunicaciones por parte del gobierno de los Estados Unidos, del que fueron blanco indiscriminado mandatarios de diversos países, organismos internacionales, partidos políticos y ciudadanos el mundo.

La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) tiene la capacidad de grabar "todas y cada una" de las llamadas de un país durante un mes para examinarlas posteriormente, según documentos provistos por el exanalista de la agencia Edward Snowden al diario "The Washington Post", y que cita EFE.[2]

Según las nuevas revelaciones, un programa conocido como "Mystic", que comenzó en el 2009, permite grabar el 100 % de las conversaciones telefónicas de un país extranjero. En el 2011 esta técnica comenzó a utilizarse en al menos una nación que funcionarios estadounidenses pidieron al diario norteamericano que no revelara.

Una herramienta conocida como "Retro" permite "rebobinar" conversaciones y "abrir una puerta al pasado" para que los analistas espíen en el exterior, aunque de los miles de millones de llamadas almacenadas solo se examina una mínima fracción. Millones de cortes de voz son procesados y almacenados para períodos más largos de tiempo por si son de utilidad. El sistema tiene una capacidad de grabación de 30 días y se va renovando constantemente, incorporando llamadas nuevas y eliminando las más antiguas. Se aspira cínicamente a una tiranía de control mundial.

No es algo nuevo que nunca se haya pensado. Como revela Daniel Estulin, en su libro "Los Secretos del Club Bilderberg", el objetivo final de esta pesadilla sería un futuro que transformará la Tierra en un planeta prisión mediante un mercado globalizado, controlado por un Gobierno Mundial Único, vigilado por un Ejército Mundial Unido, regulado económicamente por un Banco Mundial y habitado por una población controlada por microchips y cuyas necesidades vitales se habrán reducido al materialismo y la supervivencia: trabajar, comprar, procrear, dormir, todo conectado a un ordenador global que supervisará cada uno de nuestros movimientos. En síntesis, convertirnos en "tontos, encarcelados y felices".

Se trata de una guerra también de los modelos de vida, de los conceptos acerca de la felicidad, del modo de vida capitalista sustentado en la cultura del tener, donde los objetos determinan el valor de las personas, reproduciendo en el imaginario social que cualquiera puede llegar a hacerse rico. A lo que aspira el imperialismo es a desideologizar nuestra propia vida, cambiar nuestras mentes y ganar la guerra cultural.

Es por ello que el mensaje dirigido a las nuevas generaciones "Claves para alcanzar la felicidad", del Doctor Armando Hart Dávalos, ejemplar combatiente revolucionario de la Generación del Centenario y personalidad indiscutible en el campo de la política y la cultura cubanas, nos asiste a modo de epílogo por el valor moral que encierra el contenido de este encargo para la juventud ante la guerra cultural que se le trata de imponer, en la sutil campaña colonizadora de mentes humanas.

Como ha señalado el eminente intelectual brasileño Frei Betto, en el contexto actual: "El primer deber del educador no es formar mano de obra especializada o calificada para el mercado de trabajo. Es formar seres humanos felices, dignos, dotados de conciencia crítica, participantes activos en el desafío permanente de perfeccionar el socialismo (…), nombre político del amor".[3]

Avanzar en este sentido implica superar el avasallador proceso neoliberal de "deshistorización de la historia".[4] Sin formación histórica no hay ni conciencia revolucionaria, ni proyectos políticos serios. Con la equívoca tesis del fin de la historia, los neoliberales pregonan que la humanidad ya alcanzó su nivel civilizatorio más alto, consustanciado en el sistema capitalista; la práctica real de los acontecimientos confirma con elocuencia cuan desacertados están.

El Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) y su Primera Conferencia Nacional, han trazado el camino para perfeccionar la economía y consolidar nuestro Socialismo como único sistema viable de justicia social y dignidad plena del hombre. Ante esta coyuntura, nuestro país se renueva en un contexto internacional complejo, marcado por una crisis sistémica e integral del capitalismo, el recrudecimiento del bloqueo imperialista y la estrategia permanente de subversión política ideológica.

Para nadie es un secreto que en la estrategia subversiva contra Cuba, el imperialismo tiene entre sus objetivos priorizados a los jóvenes, en particular a los estudiantes, apostando a la inexperiencia y a la rebeldía natural de la juventud. Se desatinan obcecadamente en crear brechas entre las distintas generaciones que llevamos adelante el proceso revolucionario. Razón por la cual la dirección de nuestro Partido le presta a este tema estratégico una especial atención.

En la clausura del Acto Central por el 55 Aniversario de la Revolución, en la ciudad de Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 2014, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y Ministros, abordó el tema del reto que nos impone la permanente campaña de subversión político- ideológica concebida y dirigida desde los centros de poder global para recolonizar las mentes humanas y anular sus aspiraciones de construir un mundo mejor.

Durante el histórico y memorable discurso nos alertaba: "En nuestro caso, como sucede en varias regiones del mundo, se perciben intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial, enfiladas contra las esencias mismas de la Revolución Socialista a partir de una manipulación premeditada de la historia y de la situación actual de crisis general del sistema capitalista, en menoscabo de los valores, la identidad y la cultura nacionales, favoreciendo el individualismo, el egoísmo y el interés mercantilista por encima de la moral.

En resumen, se afanan engañosamente en vender a los más jóvenes las supuestas ventajas de prescindir de ideologías y conciencia social, como si esos preceptos no representaran cabalmente los intereses de la clase dominante en el mundo capitalista. Con ello pretenden, además, inducir la ruptura entre la dirección histórica de la Revolución y las nuevas generaciones y promover incertidumbre y pesimismo de cara al futuro, todo ello con el marcado fin de desmantelar desde adentro el socialismo en Cuba". [5]

Los jóvenes cubanos, como en otros momentos de la historia, han salido adelante a arriesgarlo todo por la Revolución, en medio de estos años difíciles de criminal bloqueo y hostilidad imperialista hacia nuestro país. La generación actual ha crecido y se ha desarrollado en circunstancias espinosas, en los años duros del "período especial", conociendo de cerca las penurias materiales, el aumento de determinadas desigualdades, el deterioro de valores, la crisis de los modelos de conducta en el entorno familiar y en el medio social a su alcance, así como el quebrantamiento de las expectativas de porvenir forjadas por la Revolución.

Es obvio que, en este escenario, la estrategia del imperialismo apunta a la subversión político- ideológica mediante el deterioro de las condiciones de la vida material y la clausura de un futuro posible.

La actividad enemiga busca frustrar el compromiso de los jóvenes cubanos con la Revolución, dañar el funcionamiento y liderazgo de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), las organizaciones estudiantiles y los movimientos juveniles, penetrar en nuestros centros universitarios y de la enseñaza media superior, manipular el papel e influencia de la religión, manejar el acceso a las nuevas tecnologías e Internet en correspondencia con sus fines, insertarse en el sector no estatal de la economía, caracterizar la situación de la vida social, económica y política del país que inciden directamente en los jóvenes; tratan a su vez de desentrañar las demandas, proyecciones y formas de manifestación de las nuevas generaciones, así como caracterizar a los nuevos cuadros y líderes que surjan.

La posición de la juventud cubana quedó claramente definida en la clausura del IX Congreso de la UJC, en abril de 2010, donde el compañero Raúl sentenció: "No cederemos jamás al chantaje, de ningún país o conjunto de naciones por poderosas que sean, pase lo que pase. Tenemos derecho a defendernos. Si pretenden acorralarnos, sepan que sabremos parapetarnos, en primer lugar en la verdad y los principios. Una vez más seremos firmes, serenos y pacientes ¡Sobran los ejemplos en nuestra historia!"

PARTE I:

Definición y evolución

LA GUERRA CULTURAL IMPERIALISTA.

"La educación y la cultura están en todo,

porque donde no están... está el camino a la barbarie".

Armando Hart Dávalos

PLAN CONTRA PLAN.

"A un plan obedece nuestro enemigo: de enconarnos, dispensarnos, dividirnos, ahogarnos, por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo, hacer por fin a nuestra patria libre. Plan contra plan". Así nos convocaba nuestro Héroe Nacional José Martí en el Periódico Patria, el muy adelantadamente 11 de junio de 1892.

Vivimos el Siglo XXI del tercer milenio de nuestra era, un peculiar instante en el brevísimo período de tiempo en que la especie humana ha tenido que surgir, evolucionar y desarrollarse. Pareciera que la historia del hombre estuviese signada por la filosofía del despojo y de la guerra, por el odio visceral de poderosos imperios y la resistencia de los pueblos "necios" que han decidido emprender su propio camino. Las guerras han constituido un flagelo para la humanidad durante toda su historia.

Cuando se habla de la guerra, generalmente se refiere a la manifestación extrema del enfrentamiento entre Estados, colaciones de Estados, clases o capas sociales, donde las partes beligerantes pugnan por lograr sus objetivos políticos mediante la violencia. Constituye a su vez, un fenómeno político- social de enormes complejidades que, al estallar, abarca e influye de manera determinante en todas las esferas de la sociedad.

En el contenido de la guerra, paralelamente con el enfrentamiento armado están presentes y se recrudecen formas no armadas de lucha, tales como la política, económica, ideológica, social, diplomática, psicológica, científico- tecnológica, informática y otras, también orientadas al logro del objetivo político de la guerra.

Sin embargo, es ineludible develar que hoy el mundo contemporáneo y sobre todo los más jóvenes que habitan en él constituyen el blanco principal de lo que podemos denominar: LA GUERRA CULTURAL IMPERIALISTA.

A pesar de las tesis actuales sobre las guerras culturales en todas sus dimensiones es importante subrayar que, desde el surgimiento mismo de la civilización, elementos de lo que hoy se conoce como guerra cultural han ocupado el pensamiento y quehacer de grandes pensadores y estrategas militares.

Según el filósofo y teórico militar chino, Sun Tzu (Siglo VI a.n.e.), hace más de 2 500 años: "La suprema excelencia no es ganar cien victorias en cien batallas. La suprema excelencia es dominar las fuerzas armadas de los enemigos sin siquiera tener que luchar contra ellos".

En una guía para su ejecución, Sun Tzu recomendaba: "Destruya todo lo bueno que haya en el país enemigo; involucre a destacadas personalidades enemigas en acciones delictivas; socave el prestigio de los líderes enemigos y expóngalo en el momento adecuado a la vergüenza, ante la opinión pública; emplee a las personas más viles e infames; despierte rencillas y conflictos entre los ciudadanos hostiles a su país; instigue a los jóvenes contra los ancianos; obstaculice con todos los medios el funcionamiento del gobierno".

Y consumaba induciendo: "Obstaculice por todos los medios el suministro normal de las tropas enemigas y el mantenimiento del orden; reblandezca la voluntad de los soldados enemigos con canciones y música; haga todo lo posible para desvalorizar las tradiciones de su enemigo y debilitar su fe en sus dioses; o sea generoso con las ofertas y regalos para la compra de información y los cómplices; no escatime ni el dinero, ni las promesas".

La definición de guerras culturales no se agota al señalar que son un tipo de enfrentamiento histórico que tuvo su momento cumbre durante los años de la Guerra Fría, ni tampoco al remitirse a un tipo específico de lucha ideológica que selecciona como campo de batalla el de las artes y la literatura.[6]

Es en el terreno de la axiología donde se libran las batallas culturales decisivas, pues los valores condicionan directamente los comportamientos de los seres humanos, su indiferencia o activismo, su capacidad de resistencia o rendición, su pertenencia o no a un determinado partido político, su aceptación o rechazo a las políticas de un gobierno, su postura ante la religión y la filosofía. Se afirma que, en su acepción moderna, el término "guerras culturales" fue acuñado por James Davison Hunter, en su libro Cultures Wars: The Struggle to Define America (1991).

También como introduce Frances Stonor Saunders en su libro "La CIA y la guerra fría cultural" (1999): "El paradigma central de la guerra fría no era militar ni económico y ni siquiera estrictamente político. Era y sigue siendo una batalla por la mente de los hombres, una batalla de las ideas". [7]

La Agencia Central de Inteligencia (CIA), Ministerio de Cultura de los Estados Unidos, fundada como se sabe en 1947, ha usado todos los medios posibles para justificar el sistema capitalista, el cual quieren perpetuar maquiavélicamente, utilizando incluso lo que se llama "la mentira necesaria".

Durante los momentos culminantes de la guerra fría, el gobierno de Estados Unidos invirtió enormes recursos en un programa secreto de propaganda cultural en Europa occidental. Un rasgo fundamental de este programa era que no se supiese de su existencia. Fue llevado a cabo con gran secreto por la organización de espionaje de Estados Unidos, la Agencia Central de Inteligencia. El acto central de esta campaña encubierta fue el Congreso por la Libertad Cultural, organizado por el agente de la CIA, Michael Josselson, entre 1950 y 1967. Su misión consistía en apartar sutilmente a la intelectualidad de Europa occidental de su prolongada fascinación por el marxismo y el comunismo, a favor de una forma de ver el mundo más de acuerdo con "el concepto americano".

Sin sentirse amenazado por nadie y sin ser detectado durante más de una década, el espionaje estadounidense creó un frente cultural complejo y extraordinariamente dotado desde lo económico, en Occidente, para Occidente, en nombre de la libertad de expresión. A la vez que definía la guerra fría como "batalla por la conquista de las mentes humanas"[8], fue acumulando un inmenso arsenal de armas culturales: periódicos, libros, conferencias, seminarios, exposiciones, conciertos, premios.

El grado en que el espionaje norteamericano extendió sus tentáculos hacia las cuestiones culturales de sus aliados occidentales actuando como posibilitador en la sombra de una amplia variedad de actividades creativas, colocando a los intelectuales y a su obra como piezas de ajedrez para jugar en el Gran Juego, sigue siendo uno de los legados más sugerentes de la guerra fría.

De los individuos e instituciones subvencionados por la CIA se esperaba que actuasen como parte de una amplia campaña de persuasión, de una guerra de propaganda, en la que "propaganda" se definía como "todo esfuerzo o movimiento organizado para distribuir información o una doctrina particular, mediante noticias, opiniones o llamamientos, pensados para influir en el pensamiento y en las acciones de determinados grupos". [9]Un componente esencial de este esfuerzo era la "guerra psicológica", definida como "El uso planificado de la propaganda y otras actividades, excepto el combate, por parte de una nación, que comunican ideas e información con el propósito de influir en las opiniones, actitudes, emociones y comportamiento de grupos extranjeros, de manera que apoyen la consecución de los objetivos nacionales". Más aún, se definía como "el tipo de propaganda más efectivo", aquella en la que "el sujeto se mueve en la dirección que uno quiere por razones que piensa son propias". [10]

Allen Welsh Dulles, quien fuera director de la CIA entre 1953 y 1961, en su libro "El arte de la inteligencia" confirma que el socialismo en el este europeo no se cayó solo, sino que lo dinamitaron por dentro con un arma muy poderosa: la guerra cultural. A continuación un fragmento que ilustra el conjuro que se orquestó desde las sombras contra la otrora Unión Soviética:

"Sembrando el caos en la Unión Soviética sustituiremos sus valores, sin que sea percibido, por otros falsos, y les obligaremos a creer en ellos. Encontraremos a nuestros aliados y correligionarios en la propia Rusia. Episodio tras episodio se va a representar por sus proporciones una grandiosa tragedia, la de la muerte del más irreductible pueblo en la tierra, la tragedia de la definitiva e irreversible extinción de su autoconciencia. De la literatura y el arte, por ejemplo, haremos desaparecer su carga social. Deshabituaremos a los artistas, les quitaremos las ganas de dedicarse al arte, a la investigación de los procesos que se desarrollan en el interior de la sociedad. Literatura, cine, teatro, deberán reflejar y enaltecer los más bajos sentimientos humanos. Apoyaremos y encumbraremos por todos los medios a los denominados artistas que comenzarán a sembrar e inculcar en la conciencia humana el culto del sexo, de la violencia, el sadismo, la traición. En una palabra: cualquier tipo de inmoralidad. En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas [como] innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado. El descaro, la insolencia, el engaño y la mentira, el alcoholismo [y] la drogadicción, el miedo irracional entre semejantes, la traición, el nacionalismo, la enemistad entre los pueblos y, ante todo, el odio al pueblo ruso; todo esto es lo que vamos a cultivar hábilmente hasta que reviente como el capullo de una flor.

Sólo unos pocos acertarán a sospechar e incluso comprender lo que realmente sucede. Pero a esa gente la situaremos en una posición de indefensión, ridiculizándolos, encontrando la manera de calumniarlos, desacreditarlos y señalarlos como desechos de la sociedad. Haremos parecer chabacanos los fundamentos de la moralidad, destruyéndolos. Nuestra principal apuesta será la juventud. La corromperemos, desmoralizaremos, pervertiremos (…)"[11]

Con la represión macartista de un lado y del otro el Congreso por la Libertad de la Cultura seduciendo a las izquierdas intelectuales con el dinero de la CIA, habían estrenado los Estados Unidos de la posguerra la exitosa combinación de censura y cooptación. Tal mezcolanza les otorgaría, a la larga, la victoria en la guerra cultural del siglo XX, facilitada por los errores en la conducción de la política cultural soviética.

No es un secreto para nadie que las guerras culturales forman hoy y formarán parte en un futuro de las estrategias mundiales de dominación y expansión imperialistas en el siglo XXI. En la actualidad los descomunales avances de las ciencias, las telecomunicaciones y las tecnologías hacen del frente cultural y de la mente humana el campo de batalla definitivo.

Cada vez abundan más los libros que abordan y recomiendan estrategias triunfadoras en la guerra cultural, sobre todo para doblegar a los enemigos reales o potenciales del imperialismo norteamericano y del grupo neoconservador que lo arrastra en su marcha hacia el dominio mundial.

Como eficaces estrategias para neutralizar, desmovilizar y desmoralizar a sus contrarios, que son todos los hombres y pueblos del planeta, incluyendo el pueblo de Estados Unidos, las guerras culturales expanden su radio de acción desde tiempos de paz, o mejor dicho, son el preámbulo o la continuación de la guerra por otros medios, a saber, los culturales. Antes de que estalle un conflicto, aseguran que los potenciales enemigos tomen conciencia de su inferioridad ante las fuerzas y la cultura imperial, ante un sistema capaz de engendrar constantemente símbolos a los que vende como universales, modernos, glamorosos, heraldos de la eterna juventud, los cambios novedosos y la felicidad ilimitad. Durante el conflicto, garantizan que la opinión pública internacional se sitúe al lado del agresor imperialista, satanizando a los adversarios de turno, minando su moral combativa y sus capacidad y decisión de resistencia. Después del conflicto se dirigen a borrar la memoria de los crímenes cometidos, de las mentiras empleadas para justificar las agresiones, a imponer su versión de los acontecimientos, a asegurar la docilidad y asimilación cultural de los pueblos vencidos y las naciones ocupadas, a quebrar la resistencia que pueda existir, y a implantar, en lo profundo de las conciencias de sus nuevos súbditos, sentimientos de resignación, docilidad y acatamiento ante lo inevitable. Es en la última etapa del proceso donde se mide la eficacia definitiva de estas estrategias.[12]

En este terreno no basta con vencer, cuando de lo que se trata es de convencer; la victoria no se expresa en el aniquilamiento de las fuerzas y medios del enemigo, ni en arrebatarle su capacidad de iniciativa o resistencia, sino más bien en lograr, sin combatir, su voluntaria rendición y supeditación espiritual, donde la perspicacia y la capacidad para vender un modelo de vida y gobierno, un conjunto de valores y creencias, es lo que se espera de estas nuevas legiones imperiales.

Peculiar relevancia adquiere hoy también el concepto de Guerra psicológico- informativa en la aplicación por Estados Unidos de la llamada doctrina del "Poder Blando".[13] Esta última preconiza la necesidad de que Washington, en el logro de sus propósitos, utilice "todas las herramientas del poder" y no únicamente las fuerzas armadas.

Aunque ya en el año 1949 EE.UU. había incluido en su base reglamentaria el primer Manual de Operaciones Psicológicas, se conoce, a partir de determinados estudios, que fue en la guerra de Corea (1950- 1953) donde por primera vez- de forma planificada- se valió de elementos asociados a lo que se conoce hoy como guerra psicológica.[14] A partir de entonces, no han promovido golpe de estado, intervención militar o incluso "humanitaria", según las denominaciones actuales del Pentágono, en los cuales no se hayan auxiliado de este tipo de guerra como complemento cardinal para el logro de sus objetivos político- militares.

En la guerra de Irak, por ejemplo, desde tiempo de paz la inteligencia estadounidense había descubierto debilidades en la moral combativa de las tropas iraquíes, que se convirtieron en centro de atención de las operaciones psicológicas.

Las líneas de mensaje se dirigieron a quebrantar el espíritu de resistencia y conminar al abandono del campo de batalla. Enfatizaban la nostalgia por el regreso a casa, la hermandad árabe, el poderío de la coalición, las penalidades que afrontarían quienes no desertaran, e incluso, la forma más segura de hacerlo.

Estos llamados fueron incluidos en la programación de la emisora radial La Voz del Golfo, retransmitida desde aviones de guerra psicológica EC-130E, Comando Solo, desplegados en Arabia Saudita y Turquía.[15]

Las transmisiones radiales se complementaron con el lanzamiento de volantes. En total, durante la Operación "Tormenta del Desierto" fueron esparcidos más de 29 millones de volantes.

Ya a mediados de los años 80 el presidente norteamericano Ronald Reagan subdivide la Estrategia de Seguridad Nacional de los EE.UU. en cuatro componentes fundamentales: el diplomático, el económico, el militar y el de información.

Los más recientes conflictos que involucran a las fuerzas armadas norteamericanas demuestran que lo informativo y lo psicológico constituyen componentes principales de la guerra cultural actual, a partir del empleo-tanto con fines militares como de apoyo a la subversión- de Internet, la telefonía celular y una amplia gama de nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones.

Se acepta por los entendidos que fue en el contexto de las invasiones norteamericanas a Granada (1982) y Panamá (1989), donde el elemento información debutó de forma orgánica como complemento de los conflictos militares. Luego, en Yugoslavia (1996- 99) y Afganistán (2001) se perfeccionó el sistema e integraron en un plan único los componentes psicológico e informativo.[16] En otras palabras, elementos principales de la guerra cultural.

En la era actual se procede a luchar al unísono, según conceptos imperialistas, "por ganar la mente y el corazón de las personas", así como por la formación de una "correcta" opinión pública y el control de los flujos informativos. Como reconoció el general Skalikaschvili, presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor durante la administración Clinton: "Nosotros no ganamos, hasta que la CNN no informa de que ganamos".

La cultura y el pensamiento único que se pretenden erigir en una especie de culto secularizado del Imperio, al negar el respeto a la diferencia, aún cuando pueda enarbolar conceptos y valores de cierto significado universal, como son, por ejemplo, los de la democracia y los derechos humanos, terminan actuando de manera tiránica, excluyente, reaccionaria, incluso racista. Es la ofuscación de la dominación cultural, fruto de la manipulación de los productos culturales en la idea de que se conviertan en mensajeros indulgentes del sistema, no importa si alguna vez surgieron para oponérsele.

La defensa de los procesos revolucionarios e integracionistas en América Latina y el resto del mundo, en consecuencia, pasa no solo por el desarrollo de un pensamiento y una praxis transformadora acorde a las experiencias del pasado y los tiempos que corren, sino también por el estudio de las fuerzas que se le oponen y los métodos que utilizan. Habrá que estudiar con rigor los rasgos culturales del imperialismo del siglo XXI. Es en el escenario cultural donde se expresan hoy, con mayor hondura y claridad, las contradicciones irreconciliables entre el capitalismo y el socialismo.

GUERRA NO CONVENCIONAL.

Estudios sobre la evolución de las guerras permiten aseverar que el empleo de métodos de Guerra no Convencional data de tiempos inmemoriales. Como concepto, ha formado parte del cuerpo doctrinal de las Fuerzas Armadas estadounidenses desde la II Guerra Mundial, pero es a partir de la década de los 50 del siglo XX que se conoce con la denominación actual.

Una y otra vez se ha repetido el mismo guión en distintos países y regiones desde mediados del siglo pasado, en Nicaragua o Kuwait, en Vietnam o Libia, Estados Unidos ha utilizado la llamada "Guerra no Convencional".

Investigaciones al respecto afirman que durante el período de la Guerra Fría, el mando militar de Estados Unidos desarrolló campañas de Guerra no Convencional para tratar de conseguir sus objetivos sin arriesgarse a una contienda generalizada con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Tras la frustración estadounidense en Vietnam, y para enfrentar el auge de los movimientos de liberación nacional en diferentes partes del mundo desarrolló la doctrina de los "conflictos de baja intensidad", referente doctrinal cercano a la Guerra no Convencional. Tal proceder fue puesto en práctica mediante el apoyo a los mujaidines afganos, a la "contra" nicaragüense, y la Unita angolana, por citar solo algunos ejemplos.

Algunos analistas explican también cómo en el período 2000- 2003 (en los inicios del siglo XXI), el mando militar estadounidense había adoptado una visión más "moderna", denominada "poderío superior", que se basaba más en la explotación conjunta de las capacidades de cada componente de sus Fuerzas Armadas (FF.AA.) que en la cantidad de fuerzas y medios involucrados. Su sustento radicaba en la superioridad en materia de información y maniobra, en las ventajas tecnológicas y en la calidad del entrenamiento de sus soldados. Estas concepciones se pusieron a prueba en las invasiones contra Afganistán e Irak.

Las contiendas duras, a base de plomo y metralla al estilo tradicional de la potencia imperialista pierden preponderancia poco a poco frente a las nuevas doctrinas de la guerra en la que predominan métodos y reglas no convencionales.[17]

Actualmente de lo que se trata, según la "Circular de Entrenamiento 18- 01 sobre la Guerra no Convencional" de las Fuerzas de Operaciones Especiales del Ejército de Estados Unidos, fechada en el año 2010, es de aprovechar las posibles vulnerabilidades del Gobierno a derrocar; distanciarlo de la población; desplazar a la porción de la ciudadanía que actúa de manera neutral hacia posiciones en su contra; explotar estos elementos a través de la subversión, y cuando esta no conduzca a los resultados estratégicos deseados, recurrir al conflicto armado a través del fomento de la insurgencia, que actúe de manera irregular y conduzca a la inestabilidad incontrolable e impida gobernar.

En tal sentido deben jugar un papel protagónico, según el propio documento, los medios de comunicación masiva y las modernas tecnologías de la informática y las comunicaciones, en función de las acciones subversivas.

La publicación de la circular data del 30 de noviembre de 2010, meses antes de que comenzaran las masivas protestas que llevaron al derrocamiento de los gobiernos de Egipto, Libia y Túnez, y tres años antes de que se desataran las manifestaciones opositoras en Ucrania, donde el gobierno constitucional fue remplazado por una administración interina recientemente.

La Circular 18-01 describe la realización de operaciones subversivas encaminadas a atacar y degradar la moral o fuerza política, sicológica, económica o militar del adversario, su cohesión y efectividad, y a distanciarlo de la población, socavando el poder de un gobierno al divulgar que es incapaz de gobernar con efectividad.

Para desautorizar a los gobiernos el manual sugiere acudir al apoyo de un socio de coalición o un tercer país para debilitar y restar legitimidad a un gobierno, segmentar a la población y generar descontento, influir o crear líderes y unificarlos ideológicamente, utilizar a los emigrados, provocar actos catalizadores y crear condiciones favorables para la intervención con el empleo de propaganda, manifestaciones y sabotajes, aún en ausencia de hostilidades declaradas.

En agosto de 2011 un alto funcionario de seguridad nacional estadounidense afirmó que la nueva estrategia de Estados Unidos es más eficaz y menos costosa que la practicada por el gobierno de George W. Bush, basada en la ocupación militar directa. La del presidente Barack Obama es una liberación nacional mediante el desarrollo de un movimiento local. "Explotar las vulnerabilidades psicológicas, económicas, militares y políticas del país adversario". De eso se trata, según queda definido en la Circular de Entrenamiento 18-01 de las Fuerzas de Operaciones Especiales norteamericanas. "En el futuro previsible, Estados Unidos estará involucrado predominantemente en operaciones de guerra irregular", afirma el documento.

Ese momento coincide con la administración de Barack Obama, un presidente que llegó a la Casa Blanca prometiendo cambiar el tipo de intervenciones unilaterales e ilimitadas que su antecesor llevó a cabo en Afganistán e Iraq, sin que eso representara un cambio en la estrategia de dominación de Washington, que incluye derrocar gobiernos que no sean funcionales a sus intereses.

De acuerdo con la Circular de entrenamiento 18-01, Estados Unidos utiliza las "operaciones de participación limitadas", con el objetivo de "presionar a un adversario". El documento además explicita los países donde ese tipo de guerra ha tenido lugar, como los casos de los Estados del Báltico (Estonia, Lituania, Letonia-1950), Guatemala (1954), Alabama (1949-1954), Tibet (1955-1965), Indonesia (1958), Cuba (1961-1964), Vietnam del Norte (1961-1964), Afganistán (1980s) y Nicaragua (1980s). Podrían añadirse muchos más a la lista.

Una lectura exhaustiva a la Circular permite discernir que cuando Estados Unidos intenta desestabilizar a un gobierno, sigue siete etapas. En la primera, de "preparación", se lleva a cabo la "preparación psicológica para unificar la población contra el gobierno en el poder o potencia ocupante, y preparan la población para aceptar el apoyo de Estados Unidos".

A la segunda fase la nombraron "contacto inicial". En ella, "las agencias de gobierno de Estados Unidos coordinan con el gobierno aliado en el exilio, o con los líderes de la resistencia, para ofrecer el apoyo".

La tercera sería de "infiltración", donde los "equipos de las Fuerzas de Operaciones Especiales se infiltran en la zona de operaciones, establecen comunicaciones con su base, y contactan las organizaciones de resistencia".

Durante la cuarta fase, de "organización", los equipos de las Fuerzas de Operaciones Especiales "organizan, entrenan y equipan a los jefes de la resistencia".

En un quinto momento, de "formación", las Fuerzas de Operaciones Especiales "apoyan a los jefes para expandirse en una organización de resistencia efectiva. Se puede llevar a cabo una operación militar limitada, pero el énfasis sigue siendo su desarrollo".

Luego viene el "empleo", donde las fuerzas de "Guerra no Convencional" "realizan operaciones hasta llegar a unirse con las fuerzas convencionales o hasta que concluyan las hostilidades".

Por último, durante la fase llamada de "transición", las fuerzas de Guerra no Convencional "revierten el control nacional, cambiando a fuerzas regulares o desmovilizándose".

La Circular deja claro que Estados Unidos intervendrá incluso cuando la población del país en cuestión no esté de acuerdo. "En los escenarios de guerra limitada en ocasiones no es deseado el apoyo abierto estadounidense a un movimiento de resistencia. En estos casos, el gobierno estadounidense puede ofrecer el apoyo indirecto mediante un socio de una coalición o un tercer país".

Las instrucciones no dejan fuera el papel de los medios de comunicación, al aclarar que "las actividades de información que incrementan la insatisfacción con el régimen hostil o de ocupación y que presentan la resistencia como una alternativa viable, son componentes importantes".

Las operaciones de "Guerra no Convencional" tienen un "componente psicológico fundamental", añade el texto, y al mismo tiempo explica que constituye una "vulnerabilidad" la "incapacidad para modificar las percepciones de la población, de forma que apoye los objetivos de la Guerra".

"Las fuerzas de Guerra no Convencional estadounidenses poseen las capacidades que le permiten influir enormemente en el factor humano, mediante operaciones que ejercen in-fluencia sobre la conducta, en apoyo a los objetivos estadounidenses".

Por otra parte, la Circular menciona las condiciones que aseguran el "éxito". Las tres principales son "un gobierno o poder de ocupación debilitado —o no consolidado—, una población segmentada, y un terreno favorable para organizar y mantener la resistencia armada o la subversión".

Pero, la Circular de Entrenamiento de "La Guerra no Convencional" en verdad asombra por su desvergüenza y perversidad sin mesura alguna. El documento resume las experiencias militares de Estados Unidos y cita a regiones donde aplicó "operaciones con un mínimo de participación para presionar a un adversario": los Estados bálticos (Estonia, Lituania y Letonia), Guatemala, Albania, Tíbet, Indonesia, Cuba, Norte de Vietnam, Afganistán, Nicaragua.[18]

Fundaciones, financiamientos, equipamientos, adiestramientos, mercenarios, manipulación; y mucha persuasión a través de los medios de comunicación, son algunas de las técnicas utilizadas por el Departamento de Estado, para socavar las bases de los gobiernos legítimos del mundo que no se arrodillan ante los designios del quizás, más cruel, imperio de todos los tiempos de la humanidad, escribió el Dr. Christof Lehmann cuando analizó y comprobó la aplicación de estas técnicas en Siria, cuyo conflicto está en curso.