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La revolución francesa



La Revolución Francesa representa, en primer lugar, uno de los pilares del inicio de la Época Contemporánea. Se suprime con ella el Antiguo Régimen, en sentido político, económico y social. Al final resulta ser un movimiento de importantes implicaciones de carácter económico, que afecta también a la cultura y al concepto de las relaciones de género. Además de esto, las ideas que surgen en la Revolución Francesa se expanden por toda Europa, desde antes de Napoleón, con las Guerras de Convención. En definitiva podemos decir que tiene grandes repercusiones.

También representa para Francia, en cierta medida, lo que la Revolución Industrial significó para Inglaterra, es decir, el paso hacia el Capitalismo (destrucción de las estructuras económicas y sociales de carácter feudal). Pero éstas son las ideas de una sola corriente historiográfica, la que representa Soboul, pues aparecen numerosas interpretaciones historiográficas acerca de la Revolución Francesa.

El tema en la historiografía

La Revolución Francesa es uno de los temas que más polémica ha generado. En Francia hay una institución dedicada a estudiar este tema, y también una revista especializada. Se han generado fuertes polémicas desde que se produjo. Así, Historia e Historiografía han marchado de forma paralela. Se ha dado una evolución desde 1789 hasta la actualidad.

Respecto a las primeras interpretaciones, no se puede hablar de planteamientos científicos ni de historiadores profesionales, pues sólo son pensadores que reflexionan sobre el tema y que marcan una visión de la Revolución Francesa.

a) Interpretación Conservadora: es la más antigua de la Revolución Francesa. Tiene un correlato social, pues tiende a identificarse con la nobleza y estamentos privilegiados.

BURKE ve algo bueno y equilibrado en la sociedad estamental, lo que será trastocado cuando el Tercer Estado constituya la Asamblea Nacional. Su explicación se basa en el respeto y organización jurídica del Antiguo Régimen.

Se crea también la TEORÍA DEL COMPLOT, idea que extienden los emigrados franceses a Inglaterra de que la revolución es un complot de círculos secretos, compuestos de jacobinos, masones e ilustrados. Son pensadores como MAISTRE, LAMARTINE y BONALD quienes van más allá y ven la Revolución Francesa como un castigo divino enviado a una sociedad dominada por el vicio y la caída de los valores religiosos, también según BARRUEL.

Al margen de estos puntos acientíficos, un pensador como TAINE plantea la revolución en otros parámetros: la Revolución es el resultado de la paulatina pérdida de autoridad del monarca. Esta es la aportación más interesante, pues se acerca más. Si bien, critica a los revolucionarios: son una amalgama de vagabundos... y los jacobinos son también criticados (Texto 5.1).

Sus objetivos eran la defensa de la aristocracia y de los privilegiados, y se recurre incluso a la Teología.

b) Interpretación Liberal e Idealista: se identificará con los principios burgueses. De hecho, algunos de los primeros dirigentes de la Revolución Francesa son los que dan cuerpo a esta interpretación. Consideran la aprobación por la Asamblea de los Derechos del Hombre y la aprobación de la Constitución de 1791, como los dos hechos clave. Sin embargo son especialmente críticos con los jacobinos y su gobierno.

Los planteamientos liberales subrayan la relación entre el Pensamiento Ilustrado y la Revolución Francesa, sus orígenes: MIRABEAU, SIEYÉS y BAILLY.

Introducen matices en el período jacobino: la dictadura, aunque atroz, fue inevitable por la presión exterior de las monarquías absolutistas.

El historiador MICHELET es considerado el mejor representante del Romanticismo Historiográfico. Da una visión distinta de la REVOLUCIÓN FRANCESA, pues otorga el papel protagonista al pueblo: la revolución es el resultado de un pueblo que lucha por su libertad, y los dirigentes de la revolución son marionetas movidas por el pueblo. Éste es el motor de la revolución, pero el pueblo es concebido abstractamente como algo homogéneo donde no hay tensión social, como un todo. No hay lucha de clases (Texto 5.2).

En la interpretación liberal también destaca Alexis Tocqueville, que no compartió su entusiasmo por la democracia. Lo más interesante de éste es que remarcó la continuidad entre el final del Antiguo Régimen y el Período Revolucionario. Factores que señala serán importantes para el estallido de la Revolución Francesa:

Según Tocqueville, esto provocó la reacción de los privilegiados aumentando sus abusos, contra los cuales se levanta la revolución.

La Interpretación Liberal de la Revolución Francesa desemboca en la Historiografía Historicista y Positivista del s. XIX, en la que destaca Aulard, primer Catedrático de Historia de la Universidad Francesa. El panorama historiográfico de finales del s. XIX lo marca la visión de la revolución desde las clases altas de la sociedad.

c) Interpretación Socialista Francesa: configurada desde principios s. XIX frente a la tradición liberal. Se genera con independencia respecto del Materialismo Histórico y tiene una tradición incluso anterior.

Dominó hasta los años 70-80 en la historiografía francesa, creando escuela. Dentro de ella no hay uniformidad y sus representantes se vinculan al Partido Comunista Francés, pero también los opositores, los revisionistas.

Arranca con Louis Blanc, considerado su iniciador al ser el primero en interesarse por el gobierno de Robespierre, considerándole el primer socialista. Su pensamiento es retomado por Jaures, siendo el primero en buscar los orígenes sociales de la revolución: entiende que no es unívoca, sino que hay dos modelos y proyectos político-sociales que confluyen:

En la década de 1920 destacamos a Mathiez, que empieza a concebir la Revolución Francesa no desde arriba (como los liberales), sino desde abajo, lo cual supone un cambio sustancial. Fija especial atención en Robespierre, al que compara con Lenin. Para él Robespierre sería precedente de la dictadura del proletariado, y tanto la Revolución Francesa como la Revolución Rusa pretendían reformar sus sociedades.

Soboul considera que no se puede considerar al período jacobino como precedente de la dictadura del proletariado, porque Robespierre nacionalizó algunos sectores productivos, no todos, y especialmente los dedicados a la guerra. Pero sí fue la dictadura jacobina el instrumento político del pueblo llano.

Tanto Soboul como Lefebvre consideran que la revolución es resultado de la lucha de clases entre la burguesía y la aristocracia. En este sentido la Revolución Francesa es burguesa, el ejemplo más claro de revolución burguesa: característica antifeudal que propicia el advenimiento del capitalismo en Francia. Para ello la burguesía se sirvió de su alianza con las clases populares, siendo su objetivo llegar a una sociedad capitalista.

Ahora bien, tanto Soboul, como Lefebvre, como Labrousse (Internacional Socialista) aportan la interpretación de la revolución desde abajo: se fijan en el papel desempeñado en la Revolución Francesa de otras clases sociales:

En cualquier caso todos estos estudiosos consideran que la Revolución Francesa es única.

d) La Interpretación Socialista tiene, desde la II Guerra Mundial, una crítica clara en el Estructuralismo, que niega el carácter dado por Soboul. Para ellos la Revolución Francesa forma parte de un ciclo de revoluciones que Palmer y Godechot llaman Atlánticas, englobando también a la Revolución Americana. Por tanto no es una revolución única sino que forma parte de una estructura más amplia.

Soboul contestó al Estructuralismo entendiendo que la Revolución Francesa no puede ser un capítulo más de las Revoluciones Atlánticas, entre otras cosas por comparación con otras revoluciones: nivel de radicalización, papel del campesinado...

A pesar de este debate entre Estructuralismo y Socialismo, el primero ganó terreno en el mundo Historiográfico Anglosajón. Así Cobban niega que la Revolución Francesa fuera resultado de la lucha de clases, es más, asegura que no destruyó la estructura feudal en Francia porque no existía a esas alturas ya feudalismo en Francia, sino que en realidad la destrucción de la feudalidad es un mito que creó la propia Revolución Francesa. Por tanto, para Cobban la Revolución Francesa es sólo política, es decir, la lucha por el poder político entre sus dirigentes y una nueva clase política, y por ello ha sido considerado un referente fundamental para las últimas interpretaciones de la Revolución Francesa.

e) Revisionismo: aparece frente a la Escuela Socialista y es deudor del Estructuralismo, además de estar vinculado a la Escuela de Annales. Sus máximos representantes son Furet y Richet. Esta escuela hace una revisión de la Historia, y para estos dos autores en 1789 confluyen tres revoluciones diferentes:

Las dos últimas son modelos de revueltas que se dan a lo largo del Antiguo Régimen.

Para Furet y Richet sólo destaca el primer modelo, pues lo más importante es la revolución del Tercer Estado. Así la Revolución Francesa es resultado de la revolución de las élites, siendo exclusivamente política, y estando marcada por la influencia del pensamiento ilustrado y la quiebra del Antiguo Régimen en Francia.

En consecuencia la Etapa Jacobina no es el punto culminante de la revolución, sino una interrupción brusca de la propia revolución, un intermedio innecesario que no dejó huella social y que aparece como una monstruosidad para estos historiadores. Además estos historiadores también revisan la significación del carácter político de la revolución en el advenimiento del capitalismo.

Desde 1989, con el Bicentenario de la Revolución Francesa, se organizan actos políticos y científicos en París: avanzan las tesis revisionistas, es decir, Furet, Richet y otros refuerzan las tesis anteriores. Así:

Estos planteamientos revisionistas pretenden presentar ante la sociedad francesa de 1989 una visión de la revolución que elimine conceptos como la lucha de clases... y ofrecer una visión de la Historia de Francia eliminando comportamientos extremistas.

El revisionismo fue contestado por la militancia de historiadores como Hosbawn, que insiste en la importancia mundial de la Revolución Francesa.

La situación en los últimos años es que la Revolución Francesa sigue siendo el tema de investigación por excelencia, sin embargo no hay síntesis recientes, sino que siguen siendo las de los clásicos. Su tratamiento no está tan centrado en el enfrentamiento dialéctico entre socialistas y revisionistas, sino que existe también afluencia temática en los temas estudiados tanto por marxistas como por revisionistas.

Pero sí que existe una tendencia a considerar que no hubo una única Revolución Francesa, sino que está sometida a muchos matices en sentido de que hay diferentes revoluciones en 1789 y en 1799. Asimismo dicen que la revolución no fue solo en París, sino que también en las diferentes regiones francesas.

Actualmente las tendencias podrían resumirse en:

Luego entonces la Historia no son los hechos.

En relación con el Pensamiento Ilustrado en s. XVIII, algunos pensadores introdujeron el pensamiento del Papel de la Mujer en la Revolución Francesa: uno es Condorcet, quien entiende que la situación social de la mujer es similar a la de los esclavos y denuncia la discriminación sexual. Publicó una obra llamada Ensayo sobre la admisión de las mujeres al Derecho de los Ciudadanos (1890), donde expone que al excluir a las mujeres de los derechos políticos se iba en contra de la Declaración de Derechos.

La voz de la mujer se oye colectiva e individualmente, muchas veces a costa de la guillotina:

1.- Visión Colectiva: cuadernos de quejas o escritos que enviaban a los Estados Generales exponiendo situaciones y reivindicaciones. Entre estos cuadernos nos encontramos con:

Son los denominados Cuadernos de Quejas de las Mujeres.

Además durante la revolución también se fundaron muchos clubes femeninos, que sin duda son un precedente de cara a la acumulación de experiencia organizativa en los precedentes del Movimiento Feminista. Dieron al feminismo más presencia política y social en la revolución. Algunos son: "Club de las Tejedoras", "Club de las Ciudadanas Republicanas Revolucionarias", etc.

2.- Visión Individual: destacan mujeres que llevan por bandera un programa considerado sin duda feminista. Son:

Evidentemente todas estas mujeres no tuvieron eco más allá de unos círculos muy reducidos y elitistas. En período jacobino estas activistas fueron reprimidas porque escapaban al control revolucionario que deseaba Robespierre.

Los clubes fueron cerrados, y sus representantes ajusticiadas.

Durante el Imperio Napoleónico, las mujeres perdieron incluso terreno.

Periodización de la Revolución Francesa

Podemos diferenciar cuatro etapas o fases:

a) Fase Prerrevolucionaria o Preparatoria: 1787-1788. Se hacen evidentes las causas profundas de la revolución, los conflictos sociales y las tensiones internas en cada una de las clases; se perfilan las causas inmediatas de la revolución, que nos remiten a la situación económica del país y a la casi bancarrota del Estado. Se configuran los programas políticos que luego se pondrán en marcha.

b) Fase Revolucionaria: 1789-1792. Recibe distintos nombres en la historiografía francesa: Monarquía Constitucional, Revolución de la Libertad. Se produce un cambio fundamental en todos los ámbitos. Se desmorona el Antiguo Régimen francés con dos pilares ideológicos del programa revolucionario:

c) Fase del Gobierno de la Convención: 1792-1794. También llamada Revolución Democrática, frente a la revolución burguesa anterior; y Revolución de la Igualdad frente a la anterior de la libertad.

Es la más radical de toda la revolución. Desembocará en la dictadura de Robespierre y por tanto en el máximo nivel de tensión política de la Revolución Francesa. Hay dos momentos claves:

Representa el ascenso al poder ya no de la burguesía, sino de las clases populares urbanas, los SANS CULOTTES (sin calzones; nombre utilizado por los militantes parisinos para indicar que eran trabajadores manuales, que llevaban pantalones en lugar de los calzones cortos de la alta sociedad. Entre 1792 y 1794 el nombre se refirió a un grupo concreto de activistas políticos que trataron de presionar a la Convención mediante la movilización de clubes y asambleas locales).

Tras el poder de los jacobinos, se concluye con un período interno de transición más conservador, conocido con el nombre de Reacción Termidoriana, desde julio de 1794 hasta 1795.

d) Fase de Directorio: 1795-1799. También conocida como la República Burguesa o la Restauración Burguesa. Se recupera el poder por parte de la Gran Burguesía, representando por ello un retorno a la primera etapa. Pero también se da el desarrollo para el ascenso al poder de Napoleón.

La época de Napoleón se puede encuadrar dentro de la Revolución, ya que sella una alianza con la burguesía y representa la prolongación natural de la Revolución, aunque también se podría diferenciar de ella a pesar de que no hay ruptura, sólo continuidad, pero sí algunos cambios. Representa también la máxima expansión de la Revolución Francesa (1792). Sería por tanto la fase final de la Revolución.

e) Napoleón: época más extensa, pues va de 1799-1815. A su vez se divide en etapas:

Causas de la Revolución Francesa

Nos remitimos a dos tipos de causas: Profundas e Inmediatas.

a) Causas Profundas: Se sitúan en el antagonismo de clases, y la lucha entre la Burguesía y los Estamentos Privilegiados, siendo este el motor principal y la causa más profunda. Pero el conflicto de clase también existe en el seno del llamado Tercer Estado: Burguesía frente a Clases Populares. También se establece entre el mundo urbano y el rural.

Así, Francia es una sociedad estamental que está en plena crisis profunda, lo que se manifiesta en dichos conflictos. Pero para comprender esto hay que estudiar la estructura social prerrevolucionaria: se vertebra en torno al Principio del Privilegio, es decir, que hay dos estamentos, Privilegiados y No Privilegiados. El privilegio representa una barrera que no se puede superar, se accede a él por el nacimiento. Por tanto, la estructura social del Antiguo Régimen es muy rígida. Entraña esto una lectura económica y fiscal, es decir:

La Nobleza no era un estamento ni uniforme ni homogéneo, pues el único elemento de cohesión interna era el privilegio (fiscal, simbólico...). Se distingue entre la Nobleza Cortesana y la Nobleza Rural. El resultado de esto será que no existe conciencia de clase, solo de privilegio.

El clero obtiene su poder económico gracias a dos fuentes:

Pero también dentro de este estamento se distinguen subgrupos: Clero Regular y Secular, en función de sus orígenes; Alto Clero (más cerca de la Corona) y Bajo Clero (más cerca de las clases populares), en función de sus condiciones de vida, de sus niveles de renta, etc. Pero también hay un elemento de cohesión, que vuelve a ser el Privilegio, que por tanto, es el que regula y ase convierte en el eje central de la sociedad francesa.

Controla los sectores productivos más dinámicos (comercio, finanzas...) y además ocupa los puestos técnicos de la Administración del Estado. Es ahora cuando comienza a sentirse económicamente poderosa. Aparece cierta conciencia de clase, sintiéndose a sí misma en la cúspide social, si bien, el poder se centraliza en la Corona, y además, las altas jefaturas del Ejército y de la Iglesia pertenecían a los nobles.

Se da por tanto una disfunción: está alejada del poder político a pesar de ser la clase social más poderosa económicamente, siendo aquí donde aparece el germen de la revolución. Algunos revolucionarios como BARNAVE, en 1792, hablan de que las instituciones aristocráticas impiden el propio desarrollo de la sociedad francesa, además de impedir el acceso político a la burguesía (al igual que dirá Marx). Por tanto, el lastre feudal impediría que la clase dirigente desde el punto de vista político, sea la dirigente desde el punto de vista económico. Éste sería un segundo conflicto.

La burguesía es una clase heterogénea:

Pero dentro del Tercer Estado también existen contradicciones entre las distintas clases sociales: entre el artesanado hay contradicciones internas, pues los de condiciones de vida más humildes estarán más cerca de las clases populares, pero aspiran a convertirse en burgueses, a los que junto con los grandes burgueses desprecian, al colapsar su circuito económico, del cual dependen. Por tanto las tensiones son internas dentro de este estamento y así, en definitiva, es la crisis de toda esta estructura social.

La reclamación de la burguesía, la que promueve la revolución, es adquirir el poder político, no solo para adquirir prestigio social, sino también para tener poder legislativo y acabar con aquellas barreras que impedían el crecimiento de la sociedad francesa, es decir, que la burguesía siguiera creciendo. Éste es el gran móvil de la burguesía.

Las condiciones de vida de las clases populares fueron empeorando durante la segunda mitad del s. XVIII, progresivamente. El problema esencial radica en el salario y en el poder adquisitivo, que sufre una evolución diferente a la de los precios. Labrousse ha estimado que el coste de la vida aumentó en un 45% entre 1771 y 1789 mientras que los salarios sólo lo hicieron en una media del 17%, por lo que se puede deducir que existían sectores sociales crecientemente descontentos, en potencia masa proclive a la revolución.

Por tanto, el motivo por el que las clases populares urbanas participan en esta revolución es el de la miseria: el hambre es el gran catalizador. Acusan de él a la Monarquía y Aristocracia, como responsables de sus males.

Si bien, las reivindicaciones son diferentes entre las clases populares y la burguesía, lo cual da lugar a tensiones sociales: la burguesía reclama un marco legislativo de libertad económica, mientras que las clases populares quieren regular los aspectos de la vida económica que más les afectan, sobre todo los salarios mínimos y los precios máximos de los productos básicos. Por tanto hay dos tipos de reivindicaciones muy distintas. Esta diferenciación acabará por enfrentar a la burguesía con las clases populares en un momento determinado de la Revolución Francesa.

Otro elemento más de tensión dentro de la sociedad francesa será:

Sólo una minoría de campesinos, alrededor de dos millones, disfruta de propiedades suficientemente grandes para vivir con sus familias. Este sector del campesinado adoptará ante la revolución posturas más reticentes. Difieren sin duda las aspiraciones de labriegos propietarios y braceros, pero más todavía las de siervos y campesinos libres. A pesar de las medidas que se adoptaron a lo largo del s. XVIII la situación de los siervos es, en vísperas de la Revolución, insostenible; fuera de las tierras reales no tienen derecho, a no ser que paguen una elevada tasa, a transmitir en herencia sus pertenencias a sus hijos; su adscripción a la gleba les obliga a permanecer en las propiedades del señor.

Los campesinos libres sin propiedad, braceros, constituyen una masa cada vez más numerosa en la medida en que la crisis económica proletariza a los niveles de renta inferiores que no pueden afrontarla. Todos los campesinos –siervos y libres- se hallan sujetos a cargas onerosas que les convierten en máquinas de trabajo para que los señores obtengan beneficios de la tierra, a lo que han de añadirse los pagos excepcionales, como los derechos de laudemio, debidos en herencias o compra-ventas. Lejos de suavizarse este sistema de recaudación acumulativo, la subida de precios excitó a los señores a extorsionar más intensamente al campesinado, que se vio prensado entre apremios, exigencia rigurosa del diezmo y agobios por el crecimiento rápido de las familias. Se explica fácilmente la resistencia al pago de los diezmos y derechos señoriales.

Por supuesto la máxima tensión era entre nobleza, burguesía y campesinado. El origen último estaría en la contradicción entre la pervivencia del Antiguo Régimen con la movilidad social, para que se diera la Revolución, a lo que se llama LUCHA DE CLASES: entre burguesía y privilegiados, y entre el Tercer Estado internamente. Luego la Revolución Francesa es la eclosión de una serie de antagonismos y conflictos sociales.

No obstante, al final de la REVOLUCIÓN FRANCESA hay un proyecto que sale a la luz y es el de la Burguesía; no triunfará el proyecto de los sains culottes (Soboul frente a Furet).

Ésta es la perspectiva de Rafael Villena; para conocer la postura revisionista en clave política, consultar el manual de Javier Peredes.

b) Causas Inmediatas: aparecen en otras partes. Hay dos factores:

La atmósfera de crisis en 1789 viene de atrás: en s. XVIII hubo prosperidad económica hasta 1760, y en 1770 hubo una recesión debido a la caída de la producción agrícola y al espectacular aumento de los productos básicos. A la vez, los señores incrementan la presión fiscal sobre los campesinos; resultado: las clases populares sufren la confluencia de estos dos elementos. Esta coyuntura de crisis agrícola coincide además con un aumento demográfico.

El momento clave de la ruptura fue 1788, con una cosecha desastrosa, lo que incide en el clima de tensión social que se vive justo antes de la Revolución Francesa. Además, debemos de tener en cuenta que la crisis agrícola se traslada al mundo urbano: desabastecimiento de productos básicos y caída en la demanda de bienes artesanales.

El momento de mayor gravedad de la crisis es por tanto 1788. Se genera una situación prerrevolucionaria junto a la cual hay que tener en cuenta la situación de crisis financiera:

Se plantea como única salida a esta crisis hacer que paguen impuestos los privilegiados, ante lo cual se produce la Revuelta de los Privilegiados: oposición de los dos estamentos superiores a las medidas con las que varios hacendistas, Turgot, Necker, Calonne, Brienne, intentaron remediar el déficit creciente del Estado francés. Desde 1783 Calonne hizo frente a las dificultades económicas mediante préstamos de particulares a la Corona, pero tuvo, finalmente, que reconocer que era indispensable una reforma del sistema fiscal y propuso el establecimientos de la Subvención Territorial, que habrían de abonar las propiedades agrarias según su extensión, y el rescate de los derechos señoriales percibidos por la Iglesia. La primera asamblea de notables que habría de aprobar estas propuestas, reunida en Versalles en febrero y marzo de 1787, desechó casi la totalidad de las medidas fiscales y posteriormente, ante el intento de Brienne de que se aprobara al menos la Subvención Territorial, La Fayette lanzó por vez primera la idea de convocar una Asamblea Nacional, los Estados Generales del Reino (Asamblea nacional en la cual los principales "estados" del reino estaban representados en órganos separados. El Gobierno de Francia hasta 1789 aporta un buen ejemplo de los "Estados Generales" originales, formados por los tres estados de nobleza, clero y comunes, convocados por primera vez en 1302 por Felipe IV a fin de obtener el apoyo de los órganos representados en su enfrentamiento con el Papa Bonifacio VIII. Se fueron reuniendo con una frecuencia cada vez menor a medida que la monarquía francesa se iba haciendo más poderosa, y no se reunieron en absoluto entre 1614 y 1789).

La asamblea de notables de Versalles, integrada por príncipes, grandes nobles, prelados, consejeros del rey y magistrados municipales, señala con la petición de convocatoria de los Estados Generales para acometer la reforma fiscal el verdadero inicio de la revolución. Brienne intentó hacer aprobar las reformas en una asamblea de París, pero el grupo denominado patriota o nacional, en el que figuraban Condorcet, Danton, Barnave, La Fayette, Mirabeau, boicotearon todos los acuerdos y consiguieron la convocatoria de los Estados Generales, que no se habían reunido desde la remota fecha de 1614. El partido patriota aprovecha las sociedades que se habían ido formando, logias masónicas, sociedades económicas, salones, tertulias de café, para difundir sus ideas e imprimir miles de panfletos y los primeros periódicos revolucionarios.

El reglamento electoral no fijaba fecha única para la convocatoria de la elección, que dependía de los organismos locales, y esta circunstancia, aliada a la propaganda propia de una consulta al pueblo contribuyó a intensificar la atmósfera revolucionaria hasta el punto de que Lefebvre ha afirmado que sin reunión de los Estados Generales no hubiera estallado la revolución, al menos en ese año. Los representantes del Tercer Estado eran elegidos en asambleas que al mismo tiempo redactaban sus Cuadernos de Quejas (cahiers de doléances); y de manera similar nobleza y clero elaboran los suyos.

No faltan coincidencias en el conjunto de los cahiers; así comprobamos cómo burguesía y nobleza sostienen la necesidad de una monarquía constitucional y de la reforma de la administración estatal, mas a la hora de establecer medidas concretas cada grupo social presenta intereses específicos. Los cuadernos de nobleza y clero se aferran a los privilegios, pero piden el fin del despilfarro, la regulación de las aduanas interiores y de un sistema unitario de pesos y medidas, libertad de prensa, reunión periódica de los Estados Generales. Los del Tercer Estado van más lejos al añadir a la solicitud de las libertades de expresión, reunión y comercio la igualdad de los tres estamentos y la abolición del diezmo, la jurisdicción y el monopolio de caza. Los jornaleros de Reims, Troyes, Marsella y Lyon muestran su preocupación por precios y salarios. Más radicales son algunos cuadernos de campesinos, que piden la supresión de cargas e impuestos, pero además se señalan las diferencias entre los braceros sin tierra, obsesionados por acceder a la propiedad, y los campesinos propietarios, celosos de reafirmar sus derechos contra cualquier veleidad de revolución agraria. Las elecciones se celebran en la primavera de 1789; se elige a 1.139 diputados y se redactan 40.000 cuadernos.

La reunión de los Estados Generales se abre en Versalles el 5 de mayo de 1789, presidida por Luis XVI. Los seiscientos diputados del estado llano igualaban en número a los de la nobleza y clero, de ahí que se inclinaran por la reunión en una sola sala y por la votación por individuos, mientras que los privilegiados deseaban deliberar por separado y emitir el voto por estamento, disensión que traduce dos concepciones diferentes de la sociedad –estamentos o individuos-. Mientras nobleza y clero se reúnen en dos salas reservadas, los diputados del estado llano deliberan en la gran sala que pronto llamaron "nacional" y exigen que se verifiquen los poderes de los diputados en sesión conjunta. Los problemas de reglamento consumieron todo el mes de mayo sin que se discutiera ningún tema, pero en las deliberaciones del estado llano algunos diputados, Barnave, Mounier, Sieyés, radicalizan a sus compañeros y tratan de conseguir que se les unan diputados progresistas de los otros estamentos. Por fin Sieyés decide romper con la legalidad y propone que se considere rebeldes a quienes no acudan a la Asamblea del Tercer Estado; el 17 de junio la reunión se adjudica el nombre de Asamblea Nacional. Tres días después, al encontrar la cámara cerrada y el anuncio de que Luis XVI presidiría una reunión real, los diputados se trasladan al Juego de Pelota y Mounier propone la fórmula del juramento: "allí donde se encuentran sus miembros reunidos está la Asamblea Nacional; todos los miembros de esta asamblea prestarán en este mismo instante solemne juramento de no separarse jamás y de reunirse cuando así lo exigieran las circunstancias hasta que la constitución del Reino sea establecida...".

En las sesiones siguientes algunos miembros del clero se unen a los de la burguesía y, finalmente, representantes de clero y nobleza deciden aceptar la asamblea conjunta para la elaboración de una constitución. Ese día, 27 de junio, comienza la Asamblea Constituyente, primer período del proceso revolucionario.

Pero el acto celebrado en el Juego de Pelota era ilegal y revolucionario. El rey no admitiría la reunión conjunta de los tres estamentos. Y en este momento comenzarían a desarrollarse los acontecimientos.

Crece la idea dentro del estado llano de que esa reunión de los Estados Generales podría favorecer su situación de pobreza. Mientras, en el mundo rural se desata una revolución agraria por malas cosechas, son las Jacqueries o levantamientos de los campesinos por la presión fiscal frente a sus señores.

La confluencia del clima de tensión en París, de la crisis económica y del Gran Terror (Jacqueries) acaba en el 14 de julio de 1789, cuando las clases populares asaltan la Bastilla para aprovisionarse de armas. El rey exige a la nobleza y el clero que se reúnan con el Tercer Estado y que se constituya la Asamblea General. Tuvo fuerza la revolución gracias al apoyo del campesinado y al estallido que se produjo en el campo.