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Inmigración y Literatura: Españoles en la Argentina

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En este trabajo reúno información acerca de muchos de los inmigrantes y exiliados españoles -agrupados en el americanismo "gallegos"- que llegaron a la Argentina hasta 1975, a su forma de vida y a algunas de las obras en las que se los evoca, tomando como fuente textos de escritores de diversas nacionalidades, estudiosos y periodistas, y testimonios de españoles y sus descendientes.

Cabe aclarar que, en algunos de los textos que transcribo, no se especifica el origen del inmigrante o del personaje literario. En otros, cuando se lo llama "gallego", no se puede saber si el aludido nació en Galicia, o si se está utilizando el americanismo para referirse a españoles nacidos en otros puntos de la península. En otros más, en cambio, hay referencias claras al lugar de procedencia.

Introducción

" "Veníamos del pueblo que dio la variedad más grande de genio en términos humanos", escribió Eduardo Mallea. Y agregó: "mas eso era anterior a nosotros y por lo tanto diferente". Aquel pueblo era, en realidad, un mosaico unido bajo una misma bandera y por un mismo futuro en común, y así, con su misma riqueza y diversidad, vino a nuestro suelo y nos dio un origen de pluralidad".

"Desde los tiempos del virreinato hubo, aquí, españoles de todas las regiones, sin distinción. Y junto a los criollos de la nueva tierra, empezaron a organizar -con el aporte indígena y el de otros pueblos- lo que es hoy nuestro país".

"Mucho antes de la independencia, los españoles introdujeron los primeros ejemplares de ganado caballar (1536), ovino (1550) y bovino (1553). Este último se reprodujo en forma inesperada, a punto tal que, al fin del Virreinato superaba los seis millones y medio de cabezas. Ya por esa época, había grandes estancieros de origen español, como los Ezeiza, con campos en Entre Ríos, los López de Osornio (estancia "Rincón del Salado") y los Miguens (estancia "Las Víboras") afincados en la Provincia de Buenos Aires, o los Toledo, los Alvarado, los Arenales y los Güemes, arraigados en Salta".

"Entre 1857 y 1909, después de un período de escasa relación, llegaron a nuestro suelo 882.271 españoles".

"En 1866 llegaron a Rosario, José y Manuel Arijón, que fueron empresarios y colonizadores: Manuel fundó el pueblo de Saladillo. Un año después, falleció Esteban Rams, que había sido explorador de los ríos Salado y Dulce, director del primer ferrocarril argentino, destacado hombre de empresa y colonizador también".

"Una figura excepcional es la de Carlos Casado del Alisal, que fundó la Colonia La Candelaria, de la cual salió, en 1878, la primera exportación de trigo del país. En menos de veinte años, La Candelaria llegó a 3000 habitantes. En 1883, Casado construyó el Ferrocarril del Oeste Santafesino, uniendo La Candelaria con Rosario, su puerto de exportación cerealera. También estuvo ligado a la fundación de Casilda y a la colonización del Chaco".

En Santa Fe, en las afueras de Rosario, "Nueva España" fue colonia hortícola; también hubo colonos españoles -de regiones diversas- en San Carlos (Santa Fe), en Urquiza (Entre Ríos) y en otras colonias agrícolas del resto del país. Españoles fueron pioneros de Río Gallegos, Comodoro Rivadavia, Colonia José de San Martín y en la Península Valdés".

"Los gallegos y los catalanes se radicaron, en general, en la ciudad. Los meridionales, en Mendoza, Río Negro y Entre Ríos, dedicándose, principalmente al trabajo rural en las plantaciones. Los valencianos fueron a Corrientes y a Misiones. Los asturianos se instalaron en las provincias andinas, en el noroeste de nuestro país. Los andaluces se dedicaron, mayormente, a la horticultura. Arana, Aguirre, Irigoyen, Elortondo, Iraola, Anchorena, Urquiza, Alzaga, Atucha, Elizalde, Ezcurra, Gorostiaga, Casares, Uribelarrea, Azcuénaga, Udaondo, Olazábal, Madariaga, Guerrico, Anasagasti: son todos apellidos españoles de origen vasco, ligados a la historia del campo argentino. Los vascos, legendario y antiquísimo pueblo de Europa, se dedicaron a nuestro campo con empeño singular, como ganaderos, tamberos y fruticultores. La figura del vasco tambero integra nuestra más pura tradición nacional".

"Canals fue uno de quienes más impulsaron el progreso de Rosario. Otros españoles contribuyeron al crecimiento de los viñedos mendocinos y sanjuaninos. Español era el origen de los fundadores de "La Martona", creada en 1900 por la familia Casares. Ocho años después, un grupo de tamberos de procedencia evidente, fundó otra compañía láctea: "La Vascongada". Y en ese mismo año, "La Cantábrica", inició el rumbo que la llevara a la fabricación de maquinaria agrícola con la que sembró todo el país".

"Aquella variedad genial española de que hablaba Mallea, retoñó en nuestra Patria. A lo largo y a lo ancho de nuestro campo, hubo peninsulares que se hicieron argentinos mientras labraban la tierra, criaban ganado, sembraban frutales o cereal y organizaron su vínculo fraternal, cultivaron el suelo, sirvieron a la Patria y agrandaron nuestro patrimonio espiritual" (1).

Gabriel Báñez, en su novela Virgen, afirma que la protagonista "Había llegado a un país de tanos y gallegos y de rusos y turcos, y todo lo que no entrara en el dos por cuatro de esa conclusión elemental era una rareza de apellido pero nunca de nacionalidad" (2).

"A todos los italianos se los incluirá en "la categoría "tano" -señalan Alvarez y Pinotti-; del mismo modo que a los españoles se los llamará unánimemente "gallegos", a todo aquel que venga del Imperio Otomano "turco" y actualmente, "bolita" designa a todo el que venga del área andina, sea boliviano, peruano, ecuatoriano, o simplemente jujeño. Este uso de rótulo sirve para homogeneizar la diversidad apabullante y de paso descalificar el "Otro" " (3).

"La urbe no consigue absorber del todo el aluvión tumultoso que avanza desde el puerto -afirma Luis Ordaz-, y si bien el inmigrante se va incorporando al medio que habita e integra, éste (el medio) se conforma, asimismo, con dicha participación e incidencia. El inmigrante se adapta o no, pero, a la vez, impone un nuevo sentido a las cosas y hasta las nombra y condimenta con vocablos y giros que componen una nueva jerga de frontera. Italianos y españoles, particularmente, pero también "turcos", polacos, "rusos" (judíos de variadas procedencias), animan una población pintoresca por el enfrentamiento, habitualmente apacible y sin prejuicios de ninguna índole, de todas las nacionalidades, razas y credos. Todo esto resalta, de manera natural, en el "sainete porteño" " (4).

Aurora Alonso de Rocha destaca que "La voz del pueblo -voz del cielo- llamó gallegos a todos los españoles inmigrantes y gringos a los otros extranjeros. De ese modo dejaba dos mensajes para el futuro: primero, que los españoles no eran extranjeros comunes; eran, sí, los "otros", pero los otros del idioma común y la tradición que ya formaba parte y sustento de lo criollo, y segundo, que los gallegos habían sido, entre los españoles, los más en número y los más conspicuos. ¿Qué nos mueve a hacer el esfuerzo de reconstruir pueblo por pueblo, grupo por grupo, el fenómeno inmigratorio? Porque fue el más significativo del siglo pasado y determinante del presente siglo, porque vivimos en comunidades migratorias, porque nos reconocemos en nuestras singularidades nacionales y en la amalgama irrepetible que somos los argentinos. También porque buscamos, racionalmente, las raíces que sentimos en el corazón" (5).

Notas

En testimonios

Andaluces

En "Los Fernández invaden Argentina", José Luis Entrala Fernández recuerda, entre otros antepasados, a un maestro inmigrante: Antonio Fernández Osuna nació el 25 de febrero de 1841 en Encinas Reales (...) había salido del hogar paterno, para graduarse como maestro de enseñanza primaria tras unos estudios que probablemente haría en una Escuela privada de Maestros de Antequera y revalidaría en la Escuela Normal de Magisterio de Granada, o en la de Málaga. Antonio ejerció su profesión en Antequera, pueblo grande y rico en la provincia de Málaga.

No hemos conseguido, hasta ahora, saber que clase de actividad desarrolló aunque lo más corriente en aquellos años era que los maestros impartieran clases en su propia casa. Seguramente Antonio trabajó así pero no podemos descartar que fuera profesor en alguna Escuela antequerana. Lo que sí sabemos es que se casó, apenas cumplidos los 20 años, con una sevillana de Gilena conocida por Gracia Hidalgo Cisneros (...) Gracia y Antonio pusieron casa en la Antequera de 1861 (...)

No hay unanimidad de criterios sobre la economía de los Fernández Hidalgo pero no podemos ignorar que los sueldos de los maestros en aquellos años apenas llegaban para ir alimentando y vistiendo a la creciente prole que llenaba la casa (...) Seguían viviendo en Antequera hasta que la menor, Carmen, cumplió los 15 años.

Fue entonces cuando desde Argentina se pidieron maestros españoles para trabajar "en la campiña" de la provincia de Santa Fe, con contratos por tres años y un sueldo de 60 pesos mensuales cuyo valor adquisitivo no acierto a fijar.

Pero debía ser bastante porque Antonio, que ya tenía 48 años y cinco hijos en casa (todos menos la mayor, Pepa, ya casada, y Fernando, fallecido en la infancia) no dudó en emigrar hacia el Dorado que entonces representaba la Argentina para los españoles. Antonio, Gracia y sus cinco hijos se embarcaron en el trasatlántico "Provence" seguramente en Gibraltar, aunque la travesía se había originado en Barcelona, y se marcharon para no volver jamás a la Madre Patria. (...) En Argentina hacían falta maestros para enseñar en los pueblos.

La ley de Educación Común de 1884, mediante la cual el gobierno de Juárez Celman quiso elevar el nivel de la enseñanza primaria en el país, había concluido su primera fase con la construcción de numerosas escuelas en pequeños núcleos rurales de todo el territorio argentino. Y entonces surgió un grave problema por la falta de maestros que las regentaran. Los escasos titulados de nacionalidad argentina no querían dejar las grandes ciudades.

Así que el gobernador de la provincia de Santa Fe, Manuel Gálvez, cortó por lo sano y resolvió contratar 60 maestros trayéndolos de España por razones de "idioma, raza y religión". Para ello se constituyó en Madrid una comisión encargada de buscar candidatos que, eso si, debían superar una larga serie de requisitos tales como "celo por su trabajo, cumplimiento del deber, cumplimiento de la Fe Católica y resultados comprobados de eficiencia en la labor docente". Antonio, cumplía todos los requisitos con su larga experiencia antequerana, y fue uno de los 60 seleccionados que viajaron entre febrero y junio de 1889. Concretamente llegó a tierras argentinas el 7 de abril de 1889 para incorporarse a la escuela de San Carlos Centro, pueblo muy cercano a Santa Fe de la Vera Cruz, capital de la provincia de su nombre donde tomó posesión el 13 de abril del mismo año.

En el Archivo General de la provincia de Santa Fe (página 202 del "Registro Oficial de la Provincia de Santa Fe") se guarda el "decreto sobre varios nombramientos escolares" con la cita expresa de Antonio Fernandez Osuna como "profesor de la graduada de varones de San Carlos Centro". Está firmado, por el gobernador Gálvez y por Juan M. Caffarata, el 7 de junio de 1889 pero con efectos retroactivos desde el anterior 13 de abril. Esto significa que Antonio comenzó a trabajar y a generar sus 60 pesos mensuales de sueldo seis días después de su llegada a tierras de América. (...) El Colegio Rural de San Carlos Centro se abrió el 23 de septiembre de 1873 y Antonio Fernández Osuna fue contratado como maestro titular 16 años más tarde. (...) Cuando se cumplieron los tres años del contrato Antonio decidió volar por su cuenta y se trasladó a la cercana Santa Fe donde para ganarse la vida impartiendo clases particulares a la flor y nata de la sociedad local. Se instaló con la familia en una casa de la santafesina calle Buenos Aires, entre la 25 de Mayo y San Martín (...) Antonio Fernández Osuna y su familia vivieron en Santa Fe desde abril de 1892 y una fecha indeterminada de 1894.

Tampoco sabemos cómo le fueron las cosas con las clases particulares pero lo más probable es que la situación no estuviera muy desahogada porque Antonio optó por un nuevo traslado, esta vez a Buenos Aires. No sabemos cómo pero consiguió un empleo en el Ministerio de Economía, en calidad de inspector de Rentas Internas (algo así como lo que en España se llama inspector de Hacienda). (...) tanto Antonio como la mayor parte de sus hijos, mejoraron en todos los sentidos, gracias a la decisión de emigrar. Hay documentación que nos permite fijar a la familia en el año 1894 viviendo desahogadamente en Buenos Aires, en la calle Pasco número 24. Todos menos Concepción, que se había quedado con su Bartolomé Martina, procreando hijos en San Carlos Centro. De la vida y la muerte del inspector Antonio poco o nada sabemos.

Solamente conocemos dos datos. Que en 1922 seguía en Buenos Aires con sus 81 años cumplidos en una buena casa de dos plantas en la calle Belgrano, y que tuvo la mala suerte de caerse al subir a un tranvía justo el día que había ganado 12.000 pesos en la lotería y corría alborozado a su casa para anunciar la buena nueva a su mujer Gracia. Dicen que entre la caída y la edad Antonio falleció dejando su nueva Patria argentina sembrada de hijos y nietos. No sabemos la fecha exacta pero debió ser en el año 1923".

Manuel de Falla nació en Cádiz en 1876. Fue "pianista y compositor. Protagonista del nacionalismo musical español, obtuvo el Primer Premio de Piano en 1899. (...) Incursionó en el mundo de la zarzuela y estrenó Los amores de la Inés (1902). En 1904 comenzó a trabajar con el escritor Carlos Fernández Shaw en la ópera La vida breve, que le valió el premio de la Academia de Bellas Artes (1905). En 1907 viajó a París, donde se vinculó con Paul Dukas, Claude Debussy y su compatriota Isaac Albéniz. Los cuatro conformaron una tertulia que alentó el tránsito del romanticismo al impresionismo musical. Establecido en Francia, comienza a trabajar en Siete canciones populares españolas (1912). La Primera Guerra Mundial lo obligó, en 1914, a retornar a España.

Allí compuso la música para ballet El amor brujo (1915), El retablo de Maese Pedro (1922) y muchas otras piezas. Su último trabajo fue La Atlántida, que quedó inconcluso y fue finalizado por un discípulo suyo después de su muerte. En 1939, al terminar la Guerra Civil Española, se radicó en la Argentina, donde se convirtió en un referente para numerosos músicos argentinos, como Alberto Ginastera, interesado en plasmar una música clásica de raíz nacional" (1). Falleció en Córdoba en 1946.

En un artículo, Claudio Ratier recuerda una anécdota relacionada con los últimos días de vida del músico (2); en otro, se conmemoran los sesenta años de su llegada (3).

El editor Antonio Zamora nació en Andalucía en 1896; falleció en Buenos Aires en 1976. Escribe Roberto Romero que Zamora "Cincuenta años de actividad editorial -hasta un libro por día en la época de mayor producción literaria- estuvieron matizados con cárcel y exilio, un signo distintivo de quienes emprendieron la única lucha posible sin las armas: la de las ideas. Tan intensa como su producción editorial fue su vida sentimental, con tres matrimonios y cinco hijos. Antonio Zamora falleció en Buenos Aires el 5 de septiembre de 1976 a los 80 años. En el sepelio, Elías Castelnuovo, su gran amigo durante seis décadas, se despedía con estas palabras del editor y militante socialista: "...pasarán muchos hombres, se harán muchas obras, pero lo que hizo Antonio Zamora a favor de la cultura del país, eso no pasará jamás" " (4).

Francisco Ayala nació en Granada en 1906. "Desde muy joven se destacó como novelista y cuentista. En 1939 se exilió a Argentina, donde fundó la revista Realidad. Después pasó a México, Puerto Rico y E:E:U:U. Fue profesor de sociología en varias universidades. En sus obras, Ayala plasma su experiencia e ideología personales, cierto tono irónico y escéptico y una fluida narración" (5). En la ceremonia de entrega del Premio Cervantes, en abril de 1992, Su Majestad el Rey de España expresó lo siguiente: "Nunca consideró el exilio Francisco Ayala como un destino cultural. Para él, la creación desarrollada en aquellos tiempos pertenece a la integridad de la cultura española, y posee con la que se siguió haciendo dentro de nuestras fronteras el rasgo unificador del uso común del idioma castellano. Ayala ha puesto así el acento en una cultura no diferenciada, sino enriquecida por los hechos históricos" (6).

Rafael Alberti nació en Puerto de Santa María, Cádiz, en 1902; falleció en su tierra en 1999.

Perla Rotzait relata que, en la Argentina, "la vida no era fácil económicamente para los Alberti. María Teresa no podía trabajar en la radio, la televisión, el teatro ni el cine, por "roja", a pesar de su amistad con Delia Garcés, quien había interpretado una película con un guión escrito por María Teresa. Pese a todas esas prohibiciones, trataba de ganarse la vida con su ingenio y capacidad. En esos momentos difíciles, Luis Peralta Ramos le rogaba -así es la amistad- que le vendiera algún ícono u otro objeto que ellos habían traído de algún viaje" (7).

De esta época es La arboleda perdida, autobiografía de Alberti, en la que escribe: "Y ahora, esta afiebrada tarde del 18 de noviembre de 1954, en mi cercado jardinillo de la calle Las Heras, bajo dos florecientes estrellas federales, el mareante aroma de un magnolio vecino, cuatro pobres rosales, martirizados por las hormigas, y el apretado verde de una enamorada del muro, doy comienzo a este segundo libro de mis memorias". Y luego, en julio de 1959: "no sé, pero hay algo en mi país que ya tambalea, y entre nosotros, los desterrados españoles, circulan vientos que nos cantan la canción del retorno" (8).

Manuel García Ferré nació en Almería en 1929. "Llegó a nuestro país a los 17 años, dejando atrás los sinsabores de la Guerra Civil en su España natal. En Buenos Aires combinó sus estudios de arquitectura con la creación publicitaria, hasta que, en 1952, logró su primer éxito: Pi-pío, personaje adoptado por la revista Billiken. Desde entonces se dedicó de lleno a los dibujos animados. En 1959 formó su propia empresa de publicidad, con la que realizó más de 800 comerciales, entre ellos Los gatitos de lanas San Andrés, ganador del primer Martín Fierro otorgado a una animación. (...)

En 1964, García Ferré creó uno de sus más relevantes éxitos: la revista Anteojito. Dirigida al público infantil, se pobló de personajes de singular genialidad, como Calculín y Petete. Fue el inicio de una labor editorial dedicada a los niños, que incluyó la publicación de clásicos de la literatura hispanoamericana y gran cantidad de material didáctico. Dejó de publicarse en enero de 2002. La labor cinematográfica de García Ferré se inició en 1973 (...)En 1999 se estrenó Manuelita, una recreación del personaje de María Elena Walsh. Pantriste es, hasta ahora, el último personaje de García Ferré y principal protagonista de su película Corazón, las aventuras de Pantriste (2000), donde reaparecen muchas de sus primeras creaciones" (9).

A criterio de Ignacio Gutiérrez Zaldívar, "La tradición marinista en el Arte de los Argentinos tiene tres nombres que son hitos fundamentales: Eduardo De Martino, marino y pintor italiano, Justo Lynch y Oscar Vaz. Tres generaciones sucesivas que se transmitieron una a otra sus conocimientos y que esgrimieron con orgullo su vinculación de maestro a alumno. Hijo de inmigrantes andaluces, Oscar Vaz nació en Barracas el 10 de octubre de 1909. Recorrió los muelles desde niño, acompañando a su padre en su tarea de despachante de aduana, y así comenzó su amor por el Riachuelo" (10).

El dibujante Quino nació en Mendoza en 1932. Es "nieto de una comunista militante e hijo de republicanos exiliados". Acerca de sus mayores, expresó: "Mi abuela era una militante que vendía los bonos del partido. Mi padre no quería que lo hiciera. Y se armaban unas trifulcas terribles en mi casa. Cuando era niño, escuchaba radios de Moscú y de Pekín. Pero también admiraba a Bing Crosby y estaba enamorado de Mirtha Legrand. Yo tenía diez años. (...) Nací en Mendoza en una familia andaluza, en un barrio donde el panadero era español, el verdulero, italiano, el otro comerciante, libanés.

A los primeros argentinos los conocí en la escuela. Todos mis parientes eran españoles. Desde chico tuve una visión muy amplia. Quizás por eso a Mafalda la quieren tanto en tantas culturas distintas. (...) Honestamente me siento más cerca de un campesino del Mediterráneo que de un indio del Altiplano. Yo sé que decir esto no cae bien, pero es la verdad. Quisiera estar más atado a las raíces del lugar donde nací" (11).

En otra entrevista, dijo: "Yo me lo pasaba jugando, matando cucarachas y hormigas y sin ningún contacto con la Mendoza de afuera. Así fue que llegué a la escuela primaria hablando en andaluz, con conflictos expresivos y de comunicación. Supongo que eso me hizo elegir el dibujo como medio de expresarme" (12).

En 2005 recibió el título de Caballero de la Orden de Isabel la Católica y fue declarado ciudadano ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.

Ana María Bovo menciona a su familia de allende el mar como una influencia decisiva en su carrera. Recuerda a su abuelo Francisco, andaluz de Almería, como "un extraordinario conversador, que me enseñó a decir con gracia y humor; pero al mismo tiempo a saber escuchar; comprender que las cosas tienen un tiempo y que en un diálogo hay que saber respetar el tiempo del otro". Se refiere asimismo a una tía: "En Andalucía, conocí a una prima de mi madre, mi tía Ana María (igual que yo), otra narradora fabulosa, casi iletrada; había ido a la escuela sólo durante tres semanas. Muy querida, la gente del pueblo decía de ella que era graciosita como ninguna, fina como los corales, que los mayores llegaban hasta su reja en busca de consuelo y oraciones, y los chicos, de coplas y chascarrillos".

Esta experiencia fue también muy importante para ella: "Me maravilló poder unir el mundo de la literatura de la memoria de aquellos que dicen bonito, aunque no sepan leer, con el mundo que yo había aprendido con estudio y lecturas" (13).

En El tango en su etapa de música prohibida, escribe Juan Sebastián Tallón: "En los años 5, 6, 7 y 8, "El Cívico", que transitaba de los veinticinco a los veintiocho de su edad, vivía en la pieza número 15 de El Sarandí, conventillo situado en la calle epónima, entre Constitución y Cochabamba. Su profesión consistía en la explotación de su mujer, "La Moreira", y en la pesca y tráfico comercial, al contado, de pupilas nuevas. El era de ascendencia italiana meridional (albaneses); ella, hija de andaluces gitanos" (14).

Una andaluza se presenta en casa de Horacio Quiroga. Escriben Ezequiel Adamovsky y Gustavo Bombini: "Bastó con ver su aspecto, para que la andaluza que se había acercado a la casa de Vicente López, en busca de empleo, huyera despavorida. Al abrirse la puerta, había visto a un hombre descalzo, vestido con un overol manchado de grasa, con abundante barba y cabellera negras, ojos celestes e inquietantes, muy flaco y de baja estatura. Contra lo que la andaluza y nosotros mismos pudiéramos pensar, contra la imagen habitual del "escritor prestigioso", quien apareció allí era Horacio Quiroga" (15).

"Huérfano de padre y madre, Alberto Rodríguez Gallego y González de Mendoza -léase Alberto de Mendoza- fue criado en España. Su abuela lo recibió en Huelva a los cinco años: doña Isidra era una mujer severa, y trató de encarrilar a su nieto, ya de purrete proclive al callejeo.

Lo primero que hizo fue anotarlo en la escuela de los escolapios, famosos por su mano dura. No resultó o resultó a medias, cuenta el actor. Le iba bien en literatura, pero las ciencias exactas eran para él un tormento. "Me mandé mil cagadas en el colegio, pero lo peor fue una vez que mi abuela me agarró in fraganti -relata nostalgioso-.

Resulta que yo tenía muy malas notas en álgebra y una tarde mi abuela me obligó a estudiar la materia. Pasaban las horas y yo, con el libro abierto. Ella iba y venía, y yo seguía concentrado. Le dio por desconfiar: me agarró distraido y con el bastón tiró el libro. Cuando se cayó, vio que tenía escondida una revista pornográfica, encima una de monjas y curas... Me pegó una cachetada tan grande que me puse a llorar. Me dijo: No llore, quedan muchos años para llorar. Tenía razón... Era una gran mujer que murió durante la Guerra Civil. La tengo siempre presente, en la cabeza y en la mesita de luz. Cuando me acuesto, o cuando me subo a un avión, digo: Abuela, protegéme. Y lo hace" (16).

La decisión de una inmigrante fue fundamental en la historia de los Prebble argentinos. Cuenta Carlos Prebble: "Mi tatarabuelo Charles Prebble vino a la Argentina en el siglo XIX para trabajar en el ferrocarril. Le fue tan bien, que cuando volvió a Escocia hizo edificar una mansión a la que llamó "Temperley", en homenaje al barrio en el que había vivido. Su hijo Edwin vino años después a trabajar él también en los ferrocarriles. Se casó con una andaluza, y tuvo tres hijos. Edwin murió joven. Entonces, Charles Prebble ofreció a su nuera costear el viaje de ella y los tres hijos del matrimonio, para que los niños se educaran en la tierra de su padre, a expensas del abuelo. Ella no aceptó, y así fue como los Prebble se quedaron en la nueva tierra".

Horacio Spinetto se refiere a un español paragüero y sus descendientes: "En Talcahuano al 900 funciona la paragüería "Al Ambar". Horacio Ricci trabaja con exquisitez, ya sea cambiando empuñaduras o reparando las telas. El sabe que su negocio forma parte de la historia de la ciudad, y que además el es uno de los últimos paragüeros de Buenos Aires, situación que lo enorgullece, pese a que el oficio dejó de ser lucrativo hace rato. Horacio es la tercera generación al frente del local.

En una nota publicada en la revista "Caras y Caretas" del 4 de noviembre de 1933, Félix Lima, su autor, al referirse a don Ildefonso Rodríguez Campos lo distingue como "el bastonero mayor de Buenos Aires". Ildefonso había llegado desde su Cádiz natal, en 1890, el año de la Revolución Radical, traía consigo un torno a pedal. Al poco tiempo abrió "Al Ambar" en un local de Uruguay 770. Por aquí pasaron personajes de la talla de Hipólito Yrigoyen, Elpidio González, Benito Villanueva, Marcelo T. de Alvear y Carlos Saavedra Lamas, entre muchos otros. El negocio se mudó primero al 744 y luego al 361 de la misma calle Uruguay. "Todos señores muy de llevar bastón", decía Estela Rodríguez de Ricci, hija de Ildefonso y madre de Horacio. La especialidad de Ildefonso era el ámbar, ya fuera en puños de bastón, boquillas, pipas cuyas cazoletas representaban cabezas de viejos marinos, sirenas y leones a la manera de mascarones de proa.

Con el tiempo el rubro principal fue el de los bastones, que se producían artesanalmente, ya fueran de java, amouret, lapacho, palo santo, virapitá, laurel, guindo, coligüe y ébano, a veces con puño de carey o marfil. El Príncipe de Gales se llevó, admirado por su calidad, tres bastones con puño de madera forrado en cuero de chancho. Poco después se sumaría el rubro de los paraguas y las sombrillas, que terminaron siendo los protagonistas. En 1946 "Al Ambar" se mudó al local anterior, de Talcahuano al 1000. Entre la clientela destacamos a Ignacio Corsini, Angelina Pagano, Santiago Gómez Cou, Niní Marshall, Arturo García Buhr, Zully Moreno y Delia Garcés. Los 110 años de vida de "Al Ambar" forman parte de la memoria porteña, mientras espera cumplir muchos más" (17).

Notas

Asturianos

Pedro Fernández, asturiano de diecinueve años embarcado ilegalmente en La Coruña hacia la Argentina en 1899, escribe en su diario: "dieron a cada viajero un plato de loza y un tarrito también de la misma materia, juntamente con un tenedor y una cuchara. Cada uno iba a buscar su comida en el plato, la cual era bastante buena consistiendo en carne de buey y de cerdo, patatas, garbanzos, arroz, habas, bacalao y algunas otras sustancias alimenticias bien condimentadas por un viejo y divertido cocinero español; ¡y que apretones llevábamos cuando íbamos a buscarla! con dos horas de anticipación ya la mayor parte de nosotros provistos del servicio de mesa que nos habían dado rodeábamos la cocina cuando apenas había principiado a hervir la comida y antes de principiar a repartirla cada uno empujaba a los demás para llegar primero al caldero que contenía el rancho; ¡cuántos con el apuro se quemaban las manos viéndose por este motivo a tirar con plato y comida!

Los que como a mí no les gustaba el pan comíamos el primer plato a toda prisa no haciendo caso aunque la comida de tan caliente como estaba llevase consigo pedazos de piel del paladar o de la garganta pues nada se sentía con tal que llegásemos al reenganche, como allí se decía cuando se volvía por otro plato de comida" (1).

Narciso Ibañez Menta se radicó en la Argentina entre 1931 y 1963. José Martínez Suárez manifestó acerca del asturiano: "El fue un maestro de actores y nuestra amistad nació cuando los dos trabajábamos para los estudios Lumiton. Pero sólo en 1976 pude tener el gusto y la honra de dirigirlo. Fue en la película "Los muchachos de antes no usaban arsénico", una producción que me brindó enormes satisfacciones y en cuyo rodaje comprobé el talento, la exigencia profesional y la calidez que poseía Narciso. Nuestra fraternal amistad prosiguió a través de cartas y llamadas telefónicas. Sin duda, con Ibáñez Menta se fue un grande, una figura insustituible de la pantalla del teatro y la televisión" (2).

Por evadir el reclutamiento vinieron los tres hermanos asturianos Fernández Montes, enviados por su madre, quien quedó en España con sus otros hijos. Nicanor Fernández Montes, nacido en Loredo, "llegó a Buenos Aires en el Capolonio, un barco ya casi legendario, que también fue tema de un tango". Su hija, Angela, cuenta que viajó en barco a la Patagonia, luego de un tiempo en el Hotel de Inmigrantes: "en una travesía marcada por olas de veinte metros... (...) Su primer destino fue Río Gallegos, donde no había ni veinte casas, y de ahí lo mandaron de puestero a una estancia. (...) En la Patagonia no había nada de lo que él sabía hacer, de modo que tuvo que improvisar, como todos los integrantes de una sociedad pionera. (...) Una vez, llegó a estar catorce meses solo en un puesto... catorce meses.... Desayunaba, comía, merendaba y cenaba cordero... no había otra cosa; lo notable es que le gustaba".

"Yo viajé a España -cuenta Pepe Fernández Balado, hijo del inmigrante y hermano de Angela- porque sentía que tenía que recuperar algo que se me escapaba, que se me había escapado en la infancia. (...) yo nací en el "46 y en el "50 y tantos, había un horario en el que la radio no se podía tocar: la hora de la audición española... y yo reconozco todas las canciones de esa época, como si fuera un español más. Es más, cuando viví en España, con un español, hacíamos competencias, él empezaba un pasodoble, yo lo seguía y así... y él no podía creer que yo me hubiera criado en Argentina..." (3).

Fueron asturianos los padres de Niní Marshall. Escribe Jorge Göttling: "El humor es siempre una salida honorable. Lo supo desde siempre, acaso lo intuyó aquella Marina Esther Traverso, nacida en Caballito hace justo un siglo, sexta hija de un matrimonio asturiano de primera inmigración.

Por fatalismo y por elección, fue una chica de barrio. Tertulias de canto y baile son coro y escenario de sus primeros enmascaramientos: deforma las voces, acuchilla al diccionario, le da valor barriero a cada expresión. Con castañuelas y panderetas se sube al palco del Centro Asturiano. Tiene 12 años" (4).

Fue asturiana la madre de los actores Jorge y Aída Luz, acerca de quien dice el hijo: "Mamá fue muy cobijadora con nosotros. Papá nos quería pero no era de hacernos caricias, nada. Entonces vos te vas adonde el sol más caliente".

Cuando Jorge Luz fue a conocer a su abuela asturiana, la anciana le dijo: "Nin... -que quiere decir nene-. Nin, nenu, nenín, que guapín eres al hablar... me dices de vos, como a los reyes". Volvieron décadas después: "Mamá se vino de Asturias cuando tenía doce años.

Cuando ella tenía cincuenta y pico la llevé a Asturias a ver a su mamá. Mi abuela. Ella tenía una cocina muy grande y nos quedábamos a la noche, en plena montaña, con la cocina encendida. Estaba todo el campo verde, lleno de almendras, nueces, guindas. La despedida fue fea. Cuando íbamos camino al aeropuerto, de vuelta a Buenos Aires, mamá venía llorando, y le dije: "Mamá, la viste, no le pidas más a la vida". A los cinco meses de llegar acá, murió mi abuela" (5).

"Otra gran escritora judía de Rosario es Angélica Gorodischer -afirma Alberto José Miyara. La autora de Trafalgar tiene un apellido eminentemente judío, y judío es asimismo el humor que campea en su obra. Empero, la maestra de la ciencia ficción argentina llega al judaísmo por portación de marido -el original propietario del apellido-, proviniendo ella de una familia asturiana y rígidamente católica, por cierto" (6).

Un famoso café porteño fue comprado por un asturiano. En "El café Izmir", Carlos Szwarcer relata: "El Café Izmir, conocido por la intelectualidad argentina a partir de la publicación de la novela Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal en 1948, era ya famoso en los años "30 como centro inevitable de reunión de las oleadas inmigratorias y verdadera institución en el barrio.

El local del lzmir fue construido a fines de 1932 sobre la base de tres habitaciones de un inquilinato de la calle Gurruchaga 432-436; su primer dueño habría sido Jaim Danón, quien le daría ese nombre en recuerdo de lzmir, su ciudad natal. En 1940, Rafael Alboger se hace cargo del fondo de comercio y comienza su larga trayectoria de veinticinco años detrás de su mostrador. (...) En noviembre de 1969, el asturiano Jesús Rodríguez se hizo cargo del fondo de comercio y los años setenta serían testigos de la lenta desaparición de los viejos "turcos". "...Alboger tenía imán... mientras vivió el café estuvo a full..." aseguran con añoranza sus viejos clientes. El "espíritu oriental" ya no existía, y los habitués, a excepción de un pequeño grupo, eran otros: los empleados y albañiles de la zona. Los motivos de tal metamorfosis fueron varios: el cambio de dueño, de estilo, de sociedad, etc. (...) El lugar de reunión e inspiración, y parte del alma y de la cultura porteña, cerró definitivamente sus persianas el 9 de octubre de 2000.

El lzmir figura entre los 39 cafés citados en el libro Los cafés de Buenos Aires, publicado por la Comisión de Protección y Promoción de los Cafés, Bares y Billares y Confiterías Notables de la Ciudad de Buenos Aires y entre los 21 citados como "emblemas porteños" en La Guía Total de Buenos Aires, de Diciembre 2000" (7).

Carlos Salatino y Beatriz Sevilla son "una pareja dedicada al arte, el diseño y la producción artesanal de objetos decorativos". Ellos no pintaron inmigrantes, sino un barco, en homenaje al que trajo a los fundadores de una cadena gastronómica, en uno de cuyos restaurantes porteños los artistas realizaron el mural al que nos referimos.

Sobre esta obra expresó Salatino: "El mural que usted vio en FAME tiene una relación indirecta con el tema de la inmigración. Los fundadores de esa empresa son inmigrantes españoles y el nombre que eligieron para denominar su primer establecimiento gastronómico en gallego significa "hambre", un hambre que España, caída en una profunda decadencia, carente de recursos, atrasada industrialmente, debilitada por guerras internas y perdidas sus últimas colonias, conoció en una escala aún mayor que la que aqueja a nuestro país hoy. Los fundadores de FAME llegaron con la oleada de inmigrantes españoles que buscaron aquí lo que sus países les negaban. Cuando nos tocó realizar el mural, tuvimos en cuenta estos factores pero no fuimos en absoluto literales. El puerto pudo ser cualquier puerto, obviamente también el de Buenos Aires, el barco se llama Virgen de Covadonga porque los fundadores de FAME son, como buenos asturianos, devotos de esa Virgen. Tal vez ellos al mirar el mural hayan recordado el barco que los trajo a esta tierra, aunque se llamara de otro modo y, ciertamente, si ellos no hubieran llegado, como tantos otros, a este país, FAME -que hoy ya es una cadena de cuatro grandes establecimientos- no existiría, y el mural tampoco" (8).

Horacio Spinetto recuerda un dicho de un español: "Como decía Cándido Ramos un viejo colchonero asturiano: "En nuestra actividad no es cuestión de quedarse dormido" " (9).

La asturiana Carmela relata a Alcira Antonia Cufrè: Huimos durante el régimen del Generalísimo Franco, de milagro en los comienzos del año 1939, luego de que a diario nos mataran a los amigos, con los que habíamos compartido la vida desde niños hasta la juventud. Partimos desde Lagreo a Gijón en un tren de carga que llevaba carbón hacia el puerto. Me  vestí de hombre, de lo contrario no hubiera sobrevivido y trabajé en la descarga, mientras José, mi hombre, se las arreglaba para conseguir lugar en un barco para dos. Regresó al anochecer buscándome (10) 

Notas