Modernidad: un entrelazamiento entre ilustración y mito



Modernidad: un entrelazamiento entre ilustración y mito - Monografias.com

La reflexión sobre la ilustración ha sido un punto significativo en nuestro tiempo. Una de las características principales de la modernidad ha sido el interés de iluminar el mundo a través del pensamiento humano. Desde el siglo XVIII, denominado por los historiográficos como "el siglo de las luces" el eje central de los pensadores de dicho periodo fue relucir la labor humana por medio de la razón.

Si bien hoy estamos en una época en la que nos hemos autodenominado como modernos, cabe resaltar la siguiente pregunta: ¿Qué tan ilustrado estamos?

Tan radical es la tesis de la ilustración que en las filosofías de los intelectuales propulsores de dicho movimiento se propone el no sobrepasar los límites de la capacidad cognitiva, emplear la razón como método absoluto, el no caer como presa fácil en el fanatismo, en el mito, pensar por sí mismo sin perder de vista el parecer del otro. En la ilustración se adentra el adagio de la libertad, se propone un nuevo ser, un hombre libre, una crítica, poder pensar de una forma invectiva. Cuando el hombre razona éste crítica y criticar consiste en ese uso exclusivo de la razón en la que ésta infiere en sí y para sí, y dichas consideraciones equivalen aquí a la madures que adquiere el hombre sobre las diferentes situaciones que se le presentan, es decir, por ejemplo, cuando toma una posición propia y oportuna a la manipulación política, religiosa, militar, etc. La ilustración por ende, es entendida como ese proceso de crítica que adquiere el hombre frente al mundo que lo acecha.

La modernidad se ha vuelto reflexiva, la sobrepujanza de una teoría crítica se ha puesto en marcha con el objetivo de librar el pensamiento moderno del mito. Consecuentemente, el mismo Marx inicia una cruzada en contra del pensamiento fantástico (el pensamiento religioso), éste opta por alejarse de todo en cuanto a lo metafísico y busca entender la realidad misma desde un nuevo punto de vista.

En el pensamiento filosófico moderno arriba el valor de la crítica. Se insta el abandono del mito, de las supersticiones, este proceso se hace una tarea consecuente. En el pensamiento marxista, por ejemplo, "la crítica ha deshojado las flores imaginarias de la cadena, no para que el hombre arrastre la cadena que no consuela más, que no está embellecida por la fantasía, sino para que arroje de sí esa esclavitud y recoja la flor viviente" (Marx, 2010, p: 4).

Con el desarrollo de la modernidad podemos denotar lo siguiente: Ya no solo se desenvuelve una crítica hacia el fanatismo y/o el mito, sino que también se pone en tela de juicio hasta la misma razón. Si bien en estos tiempos la razón ha sido fundamental para el desarrollo del pensamiento, ésta, también se ha puesto al servicio del poder como un mero instrumento, la que una vez se valía del valor critico hoy se torna sin sentido.

La pregunta es, ¿se ha vuelto la razón poco fiable?, si bien "la asimilación de la razón al poder, consumada en la modernidad, con una teoría del poder que se remitologiza por libre decisión, y en vez de una pretensión de verdad solo mantiene ya la pretensión retórica"

(Habermas, 1989, p: 150), es factiblemente poco viable. La razón adscrita y sumisa al poder pierde su valor crítico indiscutiblemente. El pensamiento occidental moderno quien pretendió escapar de todo este malestar, ha sido presto en su mayoría a dicho fenómeno, es como si se cumpliera aquella profecía que señala: quien lucha con monstruos termina convirtiéndose en uno de ellos.

Infamemente, tanto la razón teórica como la práctica poco a poco perdieron su conciencia de ser, terminaron siendo meras ficciones. La ilustración apagó su luz, el poder la sedujo y la convirtió en lo que ella principalmente atacaba, una forma ideológica ahogada.

En Nietzsche, un pensador moderno y atrevido, vemos ese valor crítico radicalizado. Éste no solo enfrentó a las ideologías de turno, sino también a la ciencia y a la ética occidental en su momento. El desenmascaramiento que llevó Nietzsche sobre tales principios muestra el aprisionamiento en el que calló el pensamiento occidental atrapado por valores acéticos. La radicalización nietzscheana denuncia una modernidad plagada en cruces de poderes que se transponen entre sí, a una mentalidad de poder pervertida, a una ciencia coja. Todo esto condujo a Nietzsche a manifestarse en contra de una modernidad que cambió el concepto y el valor de la razón y la dialéctica de la ilustración.

La modernidad ha traído consigo no solo adelantos científicos evidentes sino también obcecaciones y complejos en el pensamiento, "desde entonces, filosofar es producir concepto, ideas, justificaciones teóricas y argumentos para un poder que impone su imperio sobre cuerpos y almas" (Onfray, 2004, p: 41), de ahí surge esa posibilidad de un desprendimiento auto valorativo hacia la razón.

La razón como mecanismo proporcionado del pensamiento moderno ha sufrido cambios inmensurables, por tal motivo el mismo Kant formuló una crítica a la razón, pues con la modernidad, con sus valores acéticos, ésta (la razón) dejó de producir lo que promovía con anterioridad, y ni se diga del filósofo, del pensador, en palabras de Michel Onfray: "el filósofo (pasó a ser) el auxiliar del poder" (Onfray, 2004, p: 42).

Tal parece que la ilustración ha sido algo arduo de poner en práctica, predicar y no aplicar, eh allí la cuestión, el hombre poco se ha valido de su entendimiento y/o de la razón para resolver las dificultades que le acechan. En términos kantianos, la modernidad aún sigue dócil a la minoría de edad.

Hemos resaltado a Nietzsche en el pensamiento moderno como un mero ejemplo de resistencia. Para él, su misión era hacer tambalear el edificio moral y científico de occidente.

Su verdadera gestión no consistía en hacer ídolos sino en derribarlos como usualmente lo enseñó en su filosofía de la sospecha. Con su filosofía belicosa "Nietzsche se hace con los medios conceptuales con que poder denunciar la implantación de la fe en la razón" (Habermas, 1989, p: 158). Con el mismo objetivo que Nietzsche, Horkheimer y Adorno prosiguen una crítica totalizadora con el objetivo de atacar la corrupción de los criterios racionales que se vivían en el pensamiento moderno. La implementación de una teoría crítica mostró el interés de estos pensadores de restablecer el orden ilustrado en el pensamiento moderno, rescatar la razón del atolladero donde encalló debido a las avenencias que ha hecho con lo mítico.

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Jurgen Habermas (1929-?)

Horkheimer y Adorno en busca de una contrailustración

Si categorizáramos a la modernidad con un agente calificativo ésta modelaría como "modernidad pluralista". Lo que encierra el término "modernidad" en sí no es más que una renovación, ésta debería encerrar una ilustración del pensamiento pero solo ha resultado como un entrelazamiento entre dominios: razón, mito, poder, etc.

En Horkheimer y Adorno, vemos a una especie de hombres dispuestos a enmendar esa particularidad que sobrepujó al pensamiento occidental en el pasado. Ellos, aferrándose a la idea de formalizar una crítica ideológica buscaban restaurar el pensamiento moderno con dicha tentativa, trabajo que resultó bastante arduo puesto que no trataron de superar teóricamente su visión.

Es bastante cierto eso de que estos hombres mostraron una verdadera resistencia en contra de la mancomunidad existente entre la razón y el poder, entre otros valores, hecho que muestra el verdadero escepticismo con el que se veía a la razón en sí. De la misma manera en que Nietzsche tuvo criterios para una crítica de la cultura en su totalidad, Horkheimer y Adorno poseen los suyos para emplear una crítica a las ideologías modernas.

Esta cruzada que hilvanaron dichos pensadores antes mencionados no solo tornó color en la modernidad sino también hoy, ello debe a la decadencia que muestra la cultura en esta época. Ese ataque a la cultura que lanzó Nietzsche en su momento estuvo en todo su derecho, hoy, generalizando a la cultura occidental en su totalidad, ésta muestra fuertes indicios de su desvalorización y deterioro. De esta misma forma la visualiza Vargas Llosa, pues éste argumenta: "la cultura (…), está en nuestros días a punto de desaparecer. Y acaso haya desaparecido ya, discretamente vaciada de su contenido y éste remplazado por otro, que desnaturaliza el que tuvo" (Vargas, 2012, p: 7).

No es un secreto que la cultura moderna ha experimentado una metamorfosis. Ésta atraviesa un cambio bastante profundo, algo que tal vez les ha costado aceptar a muchos. La modernidad cambia y ésta lo hace día a día, el proceso dialéctico de lo que se le ha denominado como "ilustración" se halla en una paradoja total, de ahí a que pensadores como Nietzsche, Marx, Horkheimer, Adorno, entre otros, no aceptaron este proceso y se lanzaron a la aventura de formalizar una contrailustración.

Usualmente cuando hablamos de ilustración, o por lo menos, cuando escuchamos dicho termino, lo primero que se nos viene a la mente es la idea del proceso en el que el hombre se sirve de sí

mismo, es decir, de la razón. Hoy resulta que hablar de ilustración es hablar de una razón ya no anclada a un solo mecanismo como se servía ésta en el siglo XVII sino más bien a una razón reconciliadora.

En Hegel, quien bien puede ser sinónimo de modernidad ocurre algo totalmente opuesto en el caso de Horkheimer y Adorno. En él encontramos esa inclinación que busca equilibrar una buena conciencia entre razón y fe. Para este filósofo moderno, no hay inconveniente en la religión racional y pura, una religión que no represente a una fe fetichista y que conduzca a las masas hacia el mito. En él hallamos estas conjeturas puesto que cuando tiene en frente ese lado autoritario de la autoconciencia no hace sino ver ese desgarramiento que ha habido en la racionalización del pensamiento y la reflexión. Con relación a esto, podemos inferir tal como lo hace el profesor Habermas quien señala en su trabajo El Discurso Filosófico de la Modernidad, especialmente en el Capítulo quinto esa lucha entre mito y razón donde podemos percibir esa lucha superflua. Habermas, citando a Hegel, expone: "ni ha quedado en pie lo positivo contra lo que la razón emprendió su lucha, es decir, la religión, ni tampoco ha quedado en pie el vencedor, es decir la razón" (Habermas, 1989, p p: 37-38).

Bien hacemos con pensar que Hegel ve la ilustración como un cierto espectro. La ilustración no ha traído consigo la razón, como usualmente llegamos a creer, o mejor aún, como usualmente nos lo han hecho creer estos pensadores tan radicales como es el caso de Marx, Nietzsche, y hasta los mismos Horkheimer y Adorno. ¿Sería descabellada la idea pensar que la Ilustración verdaderamente ha sustituido la razón en sí por la simple reflexión? El mismo Kant, con quien termina la Ilustración, elaboró tres críticas, resaltemos la Critica de la Razón Pura donde muestra su posición y lo que piensa en relación a lo que se había venido trabajando con anterioridad. De igual forma, Hegel se muestra en sí con respecto al paradigma que ha elaborado con respecto a la idea de Ilustración. Para este pensador, la Ilustración ha sustituido a la razón equívocamente por lo que parece ser "una reflexión" y un "simple entendimiento".

La ilustración fue un proceso que hasta cierto sentido abarcó todos los saberes desde las ciencias liberales hasta las ciencias teológicas. El radicalismo científico y filosófico que se enarboló en el periodo de las luces no fue más que eso, un simple radicalismo. En Hegel, de quien hemos hablado con anterioridad, podemos denotar que la religión presta a la razón una eficaz práctica, aunque sea en la vida pública.

Con lo poco que hemos logrado disertar hasta el momento, nos resulta fácil percibir ese entrelazamiento que existe entre fe y razón, o como usualmente le ha llamado: mito e ilustración.

Esa idea sediciosa que emprendieron todos estos pensadores antes mencionados, de separar la razón del mito, o exclusivamente de la fe, como sucedió con Nietzsche y los mismos Horkheimer y Adorno, entre otros, solo produjo un revés en el desarrollo de la razón. Por casos como estos, durante todo este periodo, la religión no tuvo más que evolucionar. Ésta, "para mantenerse al día de [los] avances apasionantes, la religión [tuvo] que cambiar, por eso [algunos de] los filósofos de la Ilustración desarrollaron una nueva forma de teísmo basada íntegramente en la razón y en la ciencia" (Armstrong, 2009, p: 241).

Con la entrada a la modernidad se pretendió preceder a las ciencias por medio de la razón, hecho, como lo hemos percibido, no tuvo el mayor de los éxitos. La vanguardia en la que se pretendió mantener a las ciencias, al pensamiento filosófico, al arte, y entre otras disciplinas, solo produjo una serie de radicalismos que mantuvieron a la razón aislada de lo demás que en cierto modo, como lo vemos ahora, también nos resulta pertinente en el saber humano.

Esas categorías con las que se acometía el señalamiento de ver a la ilustración "la iluminación del pensamiento humano" o la categoría kantiana de "atrévete a pensar por ti mismo", solo han sido eso, categorías, meros calificativos con los cuales se predicó y no se aplicó la filosofía ilustrada en sí. Hoy en nuestra época, solo existe un entrelazamiento entre fe y razón, no una separación como tal en sí de estas entelequias sin descartar los radicalismos con los que se pretendió y aun se pretende glorificar a las ciencias y al pensamiento en general.

 

Referencias

Armstrong, K. (2009). En Defensa de Dios, Barcelona, Paidós.

Habermas, J. (1985). El Discurso

Filosófico de la Modernidad , Madrid, Taurus.

Marx, K. (2007). Introducción para la Critica de la Filosofía del Derecho de Hegel, Madrid, Ediciones Encuentro S. A.

Onfray, M. (2004). La Comunidad Filosófica, España, Editorial Gedisa.

Vargas, LL. M. (2012). La

Civilización del Espectáculo, Buenos Aires, Alfaguara.

 

 

 

Autor:

Numar González Alvarado

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Egresado del Programa de Filosofía de la Universidad del Atlántico e investigador del Grupo de Investigación Cronotopías.