Los principales problemas de la sociedad actual



Introducción

Justificación de esta monografía

La orientación que prevalece en nuestra sociedad está focalizada en una visión linear, cartesiana: producir más, vender más, lucrar más. Por su vez, las instituciones académicas - como regla general - están más bien preocupados con la producción de profesionales y no con la formación de los mismos.

Un modo de vida, que hoy está siendo globalizado, nos oprime en forma creciente, evidenciando cada vez más síntomas de descomposición y decadencia social y de las relaciones humanas en general.

El medio de comunicación mas extendido, la televisión, a través de su prioridad por la presentación repetida y masacrante de escenas sórdidas, hechos de sangre, bajeza, programas para edad mental de 8 ó 9 años, acaba modelando nuestra juventud (y a los adultos) para el consumismo, la acomodación, la falta de valores y para la ausencia de ideales por los cuales luchar.

Las instituciones universitarias, en general, ofrecen un amplio campo de aprendizaje de conocimientos técnicos y científicos bastante avanzados, pero no acostumbran orientar sus alumnos para comprender la Vida, la naturaleza humana, su relación con Energías Superiores, etc. Como consecuencia, levas y levas de profesionales son producidos sin una mayor preocupación por una discusión seria y razonablemente profundizada sobre casos fundamentales para toda persona, tales como: la forma de ver el mundo, los valores humanos, el papel que como seres humanos debemos cumplir, etc.

En su lugar, los medios de comunicación, introducen falsos dioses en la mente humana. Ellos se llaman: poder, status, consumismo, así como todas las formas de conjugar los verbos tener y poseer (objetos, inmuebles, dinero, personas). Esta preponderancia del tener sobre el ser se expande cada vez más en la sociedad humana gracias a la alianza del poder económico, político y de las comunicaciones con el conocimiento técnico-científico. Esta expansión ya asume la forma de un tumor canceroso que precisa ser extirpado rápidamente, si queremos evitar su avance hasta el colapso social.

No es nuestro objetivo ser alarmistas, pero el hecho es que las nuevas tecnologías avanzan como un monstruo ciego. ¿Si nada hacemos, cuanto tiempo falta para que nuestras vidas reales sean transformadas en virtuales? Seguramente, unos pocos años.

Aumentar más y más nuestros conocimientos científicos y tecnológicos sin sustentarlos en los verdaderos valores humanos: Libertad, igualdad, fraternidad (¡ya se fueron 200 años!), armonía, paz de espíritu, amor (¡ya se fueron 2000 años!), es correr apresuradamente en dirección al abismo. Estamos saturados de bombas atómicas, mísiles, destrucción, venenos, artículos superfluos y contaminantes, carencias y lujos, hambre y desempleo. ¿Dónde está la racionalidad, tan cara al método científico, corazón de la enseñanza universitaria, de esta sociedad?

En ella, unos se regodean en el lujo, otros vegetan o mal sobreviven. Unos cuantos acaban muriendo de hambre o de enfermedades fácilmente controlables (sí hubiera Sistemas de Salud decentes); algunos reciben diplomas de hasta "Post-Doctor" y ¿para qué? Para acelerar el proceso, o sea el "progreso"

Creemos, sin embargo, que muchas personas, dentro y fuera del recinto universitario se rebelan contra ese modo de vida, irracional e inhumano. Su sensibilidad, su inteligencia y su concientización les indican que esta no puede ser la única forma de vivir. Mientras tanto, ellas sufren en silencio porque no consiguen percibir como salir de la prisión, ni cual la alternativa a ser tentada.

Esa es la justificación para esta monografía: mostrar a las personas que hay espacio para planificar nuestras vidas y que estamos aquí para participar activamente de una trascendental actividad cósmica: asumir nuestra identidad mas profunda y a partir de ella, contribuir decisivamente para crear una nueva sociedad, profundamente humana.

Este libro está dedicado a todas las personas, sin limitación de edad, género, raza o nacionalidad. Él está dirigido a todos los seres humanos.

Orientación básica

La sociedad humana ya atravesó la penosa fase de la sensibilización y está entrando de lleno en la de concientización. Es ahora necesario dar el salto cualitativo: actuar. Pero precisamos actuar no apenas rearreglando el mundo exterior y dejando como está el mundo interior. La Historia humana, especialmente la del siglo XX mostró que esto no resuelve la problemática básica de la Humanidad: comprender cuál es nuestra misión cósmica y cumplirla.

Hasta ahora creíamos que cambiando por la fuerza (o por la ley) las instituciones políticas, sociales e económicas, se podría traer felicidad a los pueblos. Sin embargo, dolorosas experiencias de guerras inútiles y revoluciones fracasadas muestran claramente que no podemos más trabajar apenas con la mente y sí que debemos colocar en juego, también el corazón y alma.

Este enfoque nos lleva a la orientación básica: desarrollar la capacidad de pensar, sentir y actuar en un marco referencial bastante diferente al utilizado tradicionalmente en el medio académico.

Se trata de un enfoque transdisciplinario orientado para la formación de personas capaces de liderar una nueva sociedad, centrada en la Vida.

Lo "posible" y lo "utópico"

En la vorágine de elementos que nos hunden en la globalización tal como es actualmente entendida, óyese a los defensores interesados (y a algunos incautos), que han perdido la noción de "conjunto" en beneficio de la "parte" (la de ellos), decir que debemos trabajar en función de "lo posible" y descartar las "utopías". A pesar de su aparente racionalidad, esto significa rendirse al nuevo dogma.

Esas personas, muchas veces liderando diversos campos de la actividad humana, incluso política y/o académica, se volvieron de repente - tal vez como consecuencia de la caída del muro de Berlín - exageradamente pragmáticas, dejando de lado las enseñanzas que la Historia humana nos proporciona. Tal vez, el propio Marx, concentrándose exageradamente en el Homo economicus y olvidándose do Homo homus, preparó esas mentes para sus actuales estado de petrificación.

Es importante, en este momento, conceptuar la palabra utopía. Se trata, según el diccionario, de aquello que es imposible, considerando el "sentido común" de las personas. Pero si agregáramos a aquella definición un pequeño detalle, tal vez se abra un nuevo mundo de comprensión. En efecto, podríamos conceptuar utopía como "aquello que es imposible... en un determinado contexto"

Así, en la época de Leonardo da Vinci era una utopía volar (por falta de conocimientos científicos); en la época de las dictaduras latinoamericana era una utopía pensar en el reestablecimiento de la democracia y elecciones libres; en el siglo XVI era utopía pensar en la existencia de América y hace 40 años era utopía pensar en viajes a la Luna.

Tal vez uno de los primeros utópicos de la especie humana fue un agricultor primitivo, hace muchos millares de años. En esa época los cultivos se hacían a partir de semillas colocadas en agujeros hechos en la tierra, con las manos, lo que ciertamente daría origen a uñas quebradas, sangramiento e infecciones. Era, sin duda, un proceso penoso; pero era "lo posible". Eso fue verdad hasta que un individuo, digamos Juan, uno entre millones, tuvo la idea utópica de construir alguna cosa como una azada de piedra.

Comunicado este "descubrimiento" a sus colegas, seguramente ellos lo habrán clasificado como "loco" (pues la palabra utópico, bien más sofisticada, apareció mucho después). Sin embargo aquel genio desconocido, Juan, persistió en su idea, y a partir de allí comenzaron a ser creadas diferentes herramientas agrícolas, hasta llegar a las actuales.

Es interesante subrayar que todos los objetos creados por el hombre, sin excepción, comenzaron como utopías, antes de transformarse en realidades concretas, tales como: peines, lámparas incandescentes, lapiceras, zapatos, transistores, autos, computadores o rayos laser. En efecto, todos esos productos - antes de su creación física - fueron ideas utópicas en la cabeza de algunos "trastornados". Solo después, ellos consiguieron transformarlas en realidades manifiestas.

O sea: utopía no es otra cosa que una prefiguración de la realidad tangible. Esto significa, ni más ni menos, que precisamos convivir con las dos, porque ellas no son otra cosa que dos aspectos de la misma esencia. Por un lado, a un cierto nivel (superficial) ellos se oponen; a otro nivel (profundo) ellos se complementan.

En efecto, el cartesianismo - molde de nuestra cultura occidental - nos condujo a una senda unilateral: la del mundo manifiesto, o sea, "lo real" sería apenas aquello que podemos percibir a través de nuestra percepción sensorial. Y hoy en día, ese "real" está sepultado por una avalancha irresistible de productos tangibles y consumo exacerbado, a los que su apología acaba mostrándolos como lo único válido. Así, el reino de lo intangible (donde vive lo más selecto del pensamiento y del sentimiento humano), pasa a ser desacreditado como un sueño inconsecuente (una verdadera "utopía").

Históricamente, el ser humano ha sido explorado por los grupos de poder, de las más diferentes formas posibles, gracias al uso de la fuerza. En la sociedad "global", tan cara al neoliberalismo, la acción es mucho más sutil. ¿En efecto, para que utilizar la represión, con su costo y sus secuelas, si es posible manipular "científicamente" al ser humano?

Como sabemos, el ser humano es muy maleable. Por lo tanto, el sistema le ofrece anestesiantes que lo gratifican, y le hacen pensar que es un integrante autónomo de la sociedad, que actúa con inteligencia, que es moderno, que pasa una vida "mejor", que comprando se alcanza la "felicidad", etc. Un resumen compacto de esto es él jingle: "¡Todo va mejor con Coca-Cola!".

La ilusión de autonomía es, talvez, la nueva y más potente arma del dogma globalizante. Es realmente un arma poderosísima, tal vez mayor que la propia bomba atómica. El imperio soviético, por ignorarla se disolvió, sin derramar una sola gota de sangre, a pesar de su inmenso poder militar. Veamos un ejemplo para clarificar mejor lo que queremos decir.

Imaginemos dos círculos concéntricos: uno, el exterior es el mayor, ocupando 90% de la superficie; el menor está en el centro de la figura, ocupando apenas el restante 10%. Este, el menor, representa el valor real de la autonomía humana; ya el primero, el mayor simboliza las decisiones tomadas por el sistema. Por ejemplo, una persona de la clase media, debe tener auto, por el simple motivo de que si no lo posee, será considerado como un troglodita o un alienígena. Esa es la decisión del sistema. Pero - y aquí esta la apretada de tuerca fundamental - cada individuo tiene una cuota de libertad (algo de autonomía, ejemplificada en 10%), o sea, se abre una especie de ventana - que el sistema soviético dejó cerrada - para que las personas no se asfixien en un mundo de imposiciones.

En afecto, durante semanas y meses, el individuo que se está preparando para comprar un auto, utiliza todas sus energías en consultar anuncios en los diarios, vendedores y amigos, informándose acerca de las virtudes y de los defectos relacionados con marcas, tipos, modelos, colores, precios y planes de financiamiento. Esto es tan agotador que cuando la persona acaba el proceso de compra, suspira doblemente satisfecho: porque tiene en su poder el ansiado producto y porque ejerció "plenamente" su autonomía humana.

Sin embargo, no se percibe que - en realidad - el comprador apenas dio el último paso de algo que ya estaba decidido por el sistema; este deja lo micro al individuo y mantiene el control de lo macro. No interesa al sistema global si el ciudadano compró un Mercedes Benz, un Renault o un Gol; lo importante es que él compró un auto y al hacerlo, entró en la categoría de ciudadano "normal". Pero ¿qué normalidad es esa, cuando otros piensan por nosotros?

Pero, ¿porque este hecho - en general - no es percibido ni discutido, incluso en las mejores Universidades? Simplemente porque todos - de izquierda, de derecha, de centro o apolíticos - fuimos educados en Occidente según el enfoque cartesiano, el cual aplicado a la actual coyuntura mundial actual, solo tiene una vía por donde transitar: crecer en términos tangibles, o sea desarrollar cada vez más productos concretos, perceptibles por nuestros órganos sensoriales, y después aplicar un lavaje cerebral encima de las personas, para que ellos sean deseados, comprados y consumidos a lo largo de un ciclo ininterrumpido.

Esta análisis nos lleva a un punto crucial: precisamos - tal vez antes que cualquier otra cosa - repensar nuestra forma de ver el mundo, o sea, nuestra forma de pensar, sentir y actuar. Ya hace 200 años Stuart Mill dijo: "Ninguna mejoría en la suerte de la Humanidad será posible hasta que ocurra un gran cambio en su modo de pensar." Más recientemente, Stulman, asesor del Instituto Mundial confirma: "A pesar de los avances obtenidos, de ahora en adelante, no podemos hacer nada significativo, hasta que pensemos de forma diferente"

La nueva forma de ver el mundo se llama enfoque holístico, que será comentado en monografías posteriores, el cual permite completar la visión cartesiana, centrada apenas en lo tangible y lo manifiesto, con los aspectos intangibles y subyacentes, que forman parte del ser humano y del Universo. En ese contexto, realidad es el aspecto visible de un conjunto mayor, cuyo resto - oculto a las miradas superficiales - está impregnado de posibilidades infinitas, que por no haberse manifestado aún, pueden ser llamadas de utópicas (o mejor: realidades potenciales)

O sea, la Realidad se compone de dos partes. Por un lado la realidad manifiesta, tangible y observable, que es lo único importante para el cartesianismo y cuya exacerbación nos ha llevado a la actual globalización "caníbal". Por otro lado, está la contrapartida de aquella: la realidad potencial que siempre estubo, está y estará esperando que el ser humano la utilice para resolver sus problemas, cada vez más complejos y más desanimadores.

El enfoque holístico lleva en cuenta ambas realidades, cada una en su nivel propio de acción. Por lo tanto, cualquier asunto relacionado con la problemática social, económica, tecnológica, educativa o cultural del ser humano implicará en el equilibrio entre las dos realidades o principios básicos del Universo. De este modo, la realidad manifiesta hoy teñida por el mercado global, el desempleo, la corrupción, el consumismo, el hambre, el desperdicio y la destrucción ambiental (entre otros males), podrá ser transformada en una nueva realidad (actualmente potencial).

Esta realidad potencial o Utopía podrá ser desarrollada, a pesar de los profetas del determinismo, que una vez más nos pretenden dogmatizar, haciéndonos creer que solo hoy un camino único; definitivo... y ¡feliz! Es claro que ese es el camino que les proporciona grandes beneficios, que acabamos pagando, al pasar por ese carísimo peaje.

El gran instrumento a ser creado es ni más ni menos, que la elaboración de una nueva utopía, a través de los recursos que están disponibles en el seno de la realidad potencial.

La Humanidad siempre fué a procurar este recipiente escondido cuando lo necesitó: él fue abierto por el Maestro hace 2000 años, legándonos sus elevadísimos mensajes. Cuando ellos - a través de largos siglos - fueron deturpados por el poder dogmático, la Humanidad retornó a aquellas fuentes, privilegiando la razón en lugar de los dogmas vacíos, a través del método científico.

Más tarde, las utópicas palabras Libertad, Igualdad y Fraternidad resonaron en un mundo de pesada explotación. Hoy, en el amanecer del Tecer Milenio, en un mundo donde la exploración directa se conserva, aunque ahora superpuesta por una fina trama de manipulación y anestesia general, es necesario volver a ese reservatorio eterno.

En definitiva y sin perder la noción de realidad manifiesta (como lo hicieron, entre otros, los héroes de Chicago luchando por las ocho horas de trabajo; Mandela y Luther King contra el racismo, Gandhi contra la violencia; la resistencia francesa contra el nazismo, etc e etc) precisamos levantar nuevas banderas a las que podemos llamar de "realismo utópico", o quien sabe "utopía realista") ¿Y cuál sería la nueva Utopía? Precisamente, la construcción de una nueva sociedad, a partir de nuestra riqueza interior. Sin embargo, existen problemas para desarrollar esta idea (como otras, favorables al ser humano). Como ejemplo culminante de estas dificultades, tenemos el caso de Jesús que, con lenguaje místico, vino a proponer la creación de un nuevo mundo a partir de la identificación del "Reino de los Cielos", que Él dijo estar dentro de cada uno de nosotros. Bien sabemos cual fue su final: murió crucificado.

Hoy, dos mil años después, el panorama no es muy diferente, apenas la metodología de resistencia usada es más sutil. Sin embargo, el camino sigue siendo el mismo. Quizás, en lugar de la metáfora "Reino de los cielos" debamos usar la expresión: Riqueza o potencialidad interior del ser humano.

Mead (1) dice: "Es instructivo notar que todo esfuerzo hecho para llevar los hombres a pensar, haciéndolos más auto-conscientes, tuvo que enfrentar resistencia, bajo la forma de queja, desprecio y resentimiento. La resistencia a un nuevo ímpetu es, invariablemente, generada por la devoción a algo que en la época era renovador"... "Los pioneros de este mundo son siempre considerados herejes, porque son personas que procuran libertarse de la inercia del sistema existente"... "El amante de la sabiduría es, así, un hereje natural para el ortodoxo del momento, y sus concepciones deben, "naturalmente", ser tenidas por los amantes de las "cosas como parecen ser", como nocivas a sus convicciones más arraigadas"

El discurso de Mead muestra una faceta del ser humano (poco evolucionado como tal, a pesar de que pueda poseer varios diplomas, hasta el de Post-Doctor) que lo acompaña desde tiempos lejanos. Se trata de la resistencia a ideas nuevas, a cualquier demostración de innovación en la manera de pensar, sentir y actuar (Por otro lado, la innovación tecnológica es muy procurada). ¿Por qué? Simplemente porque ella ayuda a ganar mas y más dinero y la palabra "dinero" es la palabra de pase, el sueño de la forma de pensar que prevalece.

Giordano Bruno (y muchos otros) fueron quemados en la hoguera; Sócrates bebió la cicuta; millares han sido torturados y muertos en las mazmorras; Gandhi fue asesinado; Jesús, crucificado.

Hoy no son necesarios esos métodos para el sistema imperante; hay vías más sutiles. No es necesario usar la violencia física, pues se dispone de un vasto arsenal psicológico. ¿Cuantas personas, incluso profesores universitarios, no hablan lo que piensan por miedo de ser segregados, estigmatizados, perjudicados o despedidos?

En este siglo (XXI), en este milenio (III) y en esta Era (de Acuario) que iniciamos recientemente, debemos abrir todas las compuertas racionales, afectivas e intuicionales para incursionar en todos los temas (sin exclusiones ni tabúes) que sean necesarios para una mayor compresión de nuestra condición de seres humanos. Esto se denomina enfoque transdisciplinario (Asunto a ser tratado en próximas monografías).

Consumismo

Conceptos introductorios

Podemos denominar sociedad de consumo a aquella cuyo rasgo más característico es la disponibilidad de innúmeros productos de consumo, muchos de ellos completamente superfluos, que acaban generando necesidades, en gran parte artificiales. Ellas son introyectadas en la mente humana, a través de una publicidad intensa en los diferentes medios de comunicación, planificada en forma científica, con ayuda de psicólogos y sociólogos, de modo a incentivar la compra de los productos (de cualquier clase), martillando sobre la inseguridad de las personas, lo que - ciertamente - es altamente destructivo, en términos de salud mental de la población. Esto ocurre hasta con niños pequeños, que acaban sintiéndose frustrados e infelices, si sus padres no tienen condiciones de comprar los vaqueros y los championes de marca X (cuatro veces más caros que los sin marca).

Ya hace casi 50 años que el entonces Presidente de los EEUU, el condecorado general Eisenhower, héroe de la Segunda Guerra Mundial dijo: "Gustaría de pedirles a los fabricantes, cuyo nombre no daré, para que dejen de producir lo que ellos hallan que precisamos y comiencen a producir lo que realmente queremos". Es muy claro que la visión del Presidente (del país que es corazón del capitalismo mundial) estaba indicando, con su dedo acusador, la triste situación del consumidor, un verdadero prisionero, aplastado por la fuerza de las grandes empresas, especialmente las multinacionales, que acaban extrayendo de sus bolsillos, los recursos necesarios para pagar su incompetencia por no producir mejor y su deshonestidad intrínseca, a pesar de la recomendación presidencial.

La situación actual no ha mejorado substancialmente; apenas el tiempo há pasado y la conciencia humana precisa ser engañada de un modo más científico, más sutil, más "global".

Algunos autores esclarecen más el significado de la sociedad de consumo. Por ejemplo:

¡Que derroche de energía, conocimiento y dinero! Para este tipo de manipulación hay recursos abundantes, pero no para atender las necesidades reales de las personas. Precisamos despertar de este sueño hipnótico, que nos quieren hacer pasar por la Realidad y crear una nueva utopía: transformarmos en seres concientizados y activos, verdaderos focos de luz, rechazando el clonaje organizado por el sistema.

La procura individual por el sentido y el significado de la vida (capítulo 11), pasa a ser el nuevo divisor de aguas.

Aspectos negativos del consumismo sobre el ser humano

Tal vez una pregunta preocupante sea: "Vamos a consumir menos porque el dinero no alcanza y sufrimos por esto, o ¿es la hora de priorizar otras cosas?"

Por ejemplo, una de esas cosas es la concientización. Tal vez sea lo más importante y no estamos dando suficiente espacio para ella, sofocados por el peso aplastante del tener (no interesa qué, y sí apenas tener, para no quedarnos atrás del vecino o del colega).

No conocemos personalmente a usted, pero aún así, no tenemos dudas que es una persona maravillosa. ¿Será que estamos quierendo adularlo con propósitos ocultos o apenas conquistar su buena voluntad para que difunda este libro?

Ciertamente muchas personas pueden no manifestar esa maravilla, ese esplendor del que acabamos de hablar. Pero ¿por qué esto puede ocurrir? ¿Será porque somos, realmente, vacíos, insignificantes y despreciables? No. Eso puede ocurrir apenas debido a un motivo específico: no reconocer nuestro derecho de nacimiento, pues hay una partícula cósmica - maravillosa - dentro de todos y cada uno de nosotros.

No estamos haciendo ninguna propaganda religiosa (incluso no pertenecemos a ninguna de ellas), pero el hecho es que, como dicen los libros sagrados de varias religiones, el Creador nos hizo a su imagen y semejanza. ¿Con que objetivos Él habrá hecho eso?

Creemos que ese objetivo sea, ni más ni menos, que seamos auxiliares de Él en el mundo físico, en el cual sus Excelsas Energías no pueden actuar, ya que podrían fulminar todo aquello que tocaren. Él precisa de transformadores capaces de reducir aquel altísimo voltaje y así hacer útiles aquellas portentosas energías en el mundo físico. Ese es nuestro papel principal dentro de la sinfonía del Universo.

Así, a medida que crecemos interiormente, podremos pasar desde la posición de un humilde fósforo (que a pesar de su pequeñez proporciona luz, para la de un farol, después para una lámpara incandescente o fluorescente, hasta llegar a ser un reflector, un foco deslumbrante de luz, amor y esperanza).

Pero, probablemente esto parece un sueño, un cuento de hadas, una utopía. ¿Porque? Porque aquella partícula cósmica fue cubierta por la vanidad, por el miedo, por la envidia y sobre todo por la "necesidad de aparecer" y de tener más que los otros. Así, el tener asfixió el Ser.

De este modo, la maravilla, el esplendor, la riqueza interior de las personas pasa, en gran parte, desapercibida y cruelmente desperdiciada. Por eso es que parece una adulación lo que fue dicho al principio de este ítem. Pero tenga certidumbre de una cosa: usted, como las otras personas, son seres maravillosos, en los cuales el Creador colocó inmensas potencialidades.

Entonces al asunto básico es: ¿cómo revertir esta situación de modo que la esencia, el contenido íntimo, lo principal, se presente recuperando su verdadero valor, sobreponiéndose a lo que es envoltorio, superficial, secundario? Para conseguirlo, precisamos, antes que todo, valorizar las personas y no, deslumbrarnos con los nuevos productos de la moda. Pero, para es fundamental nos auto valorizar.

Esa auto valorización, clave para valorizar los otros, nos conduce por los soleados caminos de la solidaridad, de la armonía y del bienestar personal. Este es el gran desafío. Pero para poder transitar por esta gloriosa avenida, precisamos, entre otras cosas, despegarnos de nuestro consumismo actual.

Para recorrer con éxito aquel fascinante bulevar, precisamos desarrollar aceleradamente nuestros valores afectivos, éticos y espirituales, por lo que será necesario defenestrar el consumismo absurdo y la competencia enfermiza que hoy nos agobian. Y comenzar a trabajar la cooperación entre los seres humanos, estando cada uno en su nivel de concientización y biodiversidad, pero todos sintonizados con las altas energías cósmicas. Es para eso que fuimos creados, no para enriquecemos con bienes mal habidos, para envidiar los exitosos ni para exacerbar nuestro egoísmo, deseando - apenas - tener más y más.

En la medida en que vamos consiguiendo aumentar nuestra autovalorización, nuestras necesidades artificiales (ver mas adelante, en este Capítulo) se irán reduciendo. De este modo, comenzaremos a distinguir entre lo esencial y lo superfluo.

No estamos, sin embargo, proponiendo un culto a la pobreza. Podemos (y debemos) ser bien sucedidos y prósperos, pero no aplastando, explorando y destruyendo los otros y sí a través de acciones constructivas, de pensamientos positivos y de sentimientos bienhechores.

Algunas personas nos dicen que el consumismo mueve mucho dinero y que si fuese eliminado, la sociedad se hundiría en el caos y la pobreza. El caso es que el tabaco, el alcohol, las drogas, la prostitución y las armas mueven billones de dólares en el mundo entero. ¿Y eso será motivo suficiente para estimular su producción y consumo?

Parece bien más racional utilizar los recursos financieros de una sociedad procurando el bienestar de ella, a través, básicamente, de la salud, la alimentación y la educación y no derrocharlos en superfluos, que acaban agotando nuestros recursos naturales.

En un análisis rápido, podemos identificar el consumismo como motivo principal de los siguientes perjuicios:

Por otro lado, el consumismo como padrón de vida, acaba conduciendo a un camino peligrosísimo, estimulando directamente la criminalidad y el tráfico de drogas, con efectos terribles sobre la juventud.

No se pretende proponer la eliminación de los superfluos, de forma radical y forzada. Creemos en la concientización humana a través de la Educación. El camino mas adecuado parece ser una reducción gradual de la tendencia consumista, hoy muy fuerte, lo que podría resumirse en: Producir aquello que realmente es necesario, útil e de buena calidad.

En particular para los padres, algunas recomendaciones podrían ser hechas, a saber:

= No, para ser una generación de derrochadores, de personas infelices, que terminarán de acabar con el planeta en poco tiempo.

= , para seu una generación de agentes de transformación de la sociedad, capaz de crear un mundo más humano, más digno y más feliz. O sea, llevar a la práctica aquel sueño que la Humanidad guarda en su corazón hace milenios: la Gran Utopía.

Una potente metodología al servicio del consumismo: la obsolescencia planificada

Obsolescencia significa algo que se torna anticuado o sale de uso. Sin embargo hay dos tipos de obsolescencia, la funcional y la planificada.

La obsolescencia de función ocurre cuando un nuevo producto cumple su función específica bien mejor que los anteriores, de modo que estos se tornan necesariamente anticuados (obsoletos). Por ejemplo: aviones a chorro comparados con aviones a hélice; locomotoras eléctricas en relación con locomotoras a carbón; calculadoras electrónicas en relación a las manuales, etc. Este tipo de obsolescencia es el único que está ligado realmente al progreso de la tecnología y generalmente a un mayor bienestar social.

Ya la obsolescencia planificada implica en un esfuerzo intencionado para declarar un producto obsoleto, cuando él podría ser bastante útil. Ella se presenta en la forma de dos modalidades básicas:

a) Obsolescencia de calidad. Ocurre cuando el producto se desgasta o se deshace en un cierto momento, próximo a la fecha de su compra. Por ejemplo: lámparas incandescentes, cuya duración es reducida intencionadamente de 300 para 200 horas; piezas de baja calidad en electrodomésticos, etc.

Esta obsolescencia tiene implicaciones bien mas profundas, ya que para reducir la durabilidad de un producto es necesario desarrollar investigaciones científicas, o diciendo mejor: anti-investigación científica, entendiéndose como tal la utilización intencionada de la metodología científica para perjudicar los consumidores.

Las consecuencias de estos hechos, tienen implicancias bien profundas, con relación a la llamada ciencia. En efecto, un buen número de científicos modernos, utilizando la más avanzada tecnología disponible, los conocimientos teóricos más profundos y los computadores más veloces y sofisticados, están participando en esta tarea nefasta, aunque muy bien paga.

¡Esto es terrible! ¿Cuantos Doctores (y Post-Doctores) de las mejores Universidades del mundo estarán colaborando para aumentar el cautiverio del ser humano, amarrado a la sociedad de consumo, ahora globalizada.

b) Obsolescencia de atractivo. En este caso, aunque el producto pueda continuar siendo utilizado durante mucho tiempo, él es transformado en anticuado (obsoleto), debido al aparecimiento de un modelo más "moderno". Las Sra. Puckett, por ejemplo, magnate de la industria del vestuario, declara textualmente: "Nuestra tarea consiste en hacer que las mujeres se sientan muy infelices con aquello (ropas) que poseen. ¡Debemos hacerlos tan desdichosas que sus maridos no puedan encontrar felicidad y tranquilidad, mientras mantengan su excesiva tendencia al ahorro"!!! (Bonilla, 5).

En pocos pasajes, el sistema presenta en forma tan explícita y descarnada, la idea central de la sociedad de consumo, hoy enriquecida por la globalización "caníbal". Según aquella, la felicidad no es un edificio que cada persona tenta construir, teniendo como base una adecuada combinación de elementos afectivos y sí un objeto de compra y venta. No importa que aquel marido no sienta más amor por su mujer (o vice-versa). En efecto, con una buena reposición de vestuario. ¡La felicidad entra alegremente por la ventana! ¡Qué distorsión absurda de la vida humana! Ese marido para hacer "feliz" a su mujer precisa tener un buen y cada vez mejor nivel de vida. Ya la calidad de esa vida no interesa al sistema. Lo más triste es que muchas personas acaban aceptando esta idea, repetida millares de veces en la pantalla de televisión, en los out-doors de las calles, en los diarios, en las radios y ahora en la internet. De esta forma aquella idea se transforma en una fuerza omnipotente que penetra nuestras vidas desde todos los ángulos posibles.

Esa es la "Realidad" que el sistema presenta como única, definitiva y satisfactoria. Para desterrarla, precisamos ir al fondo de nuestros corazones y allí rescatar la Gran Utopía, que no es otra cosa que una sociedad realmente humana. Este es el gran desafío, que implica en cambiar de verdad, para lo que precisamos transformar aquella "Realidad" triste, aparente y anti-humana, por otra, floreciente y armoniosa. Marcuse (6) en su magnífico libro "Eros y Civilización" afirma: "Una sociedad está enferma cuando las instituciones fundamentales (o sea su estructura) son de tal naturaleza que no permiten la utilización de los medios materiales existentes para el desarrollo ideal de la existencia humana". Y no tenemos más que abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor para percibir que los bienes materiales que nuestra civilización posee, son colosales y enormemente superiores a los de cualquier otra época de la historia humana. ¿Y será que la estructura social permite la utilización de los recursos materiales y la opulencia disponible para un florecimiento humano?.

No hablemos de los muertos de hambre en Biafra, Pakistán o Etiopía en los últimos años, ni en la subnutrición de casi todo el Tercer Mundo. Consideremos solo los países mas "desarrollados" (en la verdad, los más ricos). En las catedrales de la opulencia el índice de suicidios (especialmente de jóvenes) es muy alto; la droga corrompe sin respetar edades o formación académica; la falta de idealismo hunde esos países en la mediocridad y en la perplejidad. La televisión es usada como fuga, a través de la identificación con los héroes y especialmente las heroínas de las novelas. Obviamente, la falta de esperanza no es debida a la falta de recursos materiales, por insuficiencia de alimentos y moradla y si porque la Vida se presenta como una cosa hueca, como un vacío atroz y horroroso.

Ahí es que entra el papel clave del consumismo: aplacar el sentimiento de infelicidad (que es la causa principal de la obesidad) y mágicamente lo sustituye por la euforia que fluye del nuevo artefacto o producto, poseedor de bellos colores y modelos, así como cada vez más aerodinámico. Sin embargo, esta euforia dura poco.

Esta situación de euforia aparente y hedonismo generalizado, también se extiende a las camadas más pobres (las que deslumbradas con la pose de nuevos artículos, como los celulares, pasan un poco mas de hambre para pagarlos).

Esto nos recuerda culturas antiguas que se derrumbaron porque sus clases dominantes redujeron sus preocupaciones a los placeres, las poses y las trivialidades (por ejemplo: el imperio romano, Luis XVI, María Antonieta, los Zares de Rusia).

Solamente la concientización creciente de las personas, acompañada por las correspondientes acciones tendrá la fuerza necesaria para hacer recuperar su salud a la sociedad enferma, según la expresión de Marcuse. Esa es, precisamente, la idea básica que este libro está transmitiendo.

Las necesidades humanas: reales y artificiales

Ahora precisamos introducir un principio básico: una vida humana, realmente merece ser vivida, cuando es colocado como objetivo fundamental de la misma, satisfacer – aunque sea parcialmente – las necesidades reales y no las ficticias o artificiales, creadas por sectores interesados apenas en su propio beneficio financiero, sustentadas básicamente por la nefasta tecnología de la obsolescencia planificada, vista en el ítem anterior.

En este marco referencial, se entienden por necesidades reales, las siguientes, enumeradas en una lista no taxativa: