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La Religión Crística a la luz de las enseñanzas originales de Jesús El Cristo (Parte II)



MATERIALISMO, RELIGIÓN Y ESPIRITUALIDAD

 El materialismo científico y su incapacidad para penetrar los misterios de la vida

INTRODUCCIÓN

Los espíritus retrógrados no pululan apenas en organizaciones religiosas, sean anquilosadas o apenas comercializadas, y sí también en el mundo del saber científico.

En efecto, en las Universidades y centros de pesquisas hay aún mucha arrogancia, atribuyéndose a la Ciencia la única vía de conocimiento real.

Es indudable que a nivel físico, material, las contribuciones de la Ciencia en los últimos cien años y en especial en la década pasada son asombrosas. Eso está fuera de discusión, pues el método científico creado en la primera mitad del siglo XVII ha mostrado una fecundidad extraordinaria.

Sin embargo, el método científico fue desarrollado para trabajar apenas con la materia y con las energías que sus instrumentos podían medir y controlar. Es claro que hay científicos que tienen una mentalidad más amplia y más abierta, entre los que se destaca Einstein, que nos legó la formidable idea de la Religión Cósmica (Ver Bonilla, 1), Capra (2) tuvo la gran virtud de traducir en palabras comprensibles, los conocimientos que Einstein y compañeros crearon en la primera mitad del siglo pasado (la teoría de la Relatividad y la Teoría Cuántica). Estas teorías llevaron a una comprensión tan diferente de la realidad, que aún no han sido absorbidas por la mayoría de los científicos.

Sin embargo, esa nueva visión, como veremos más adelante, acerca la Ciencia a la Espiritualidad (Auténtica) de una manera anteriormente impensable. La resistencia a ideas nuevas parece inherente al ser humano y arranca desde el fondo de la historia de la especie.

El ser humano no es apenas un cuerpo físico o una mente. Él tiene vivencias afectivas y espirituales. Descartes dijo: "Pienso, luego existo", pensamiento muy oportuno en su época, sumergida en tinieblas pseudo espirituales, pero que también nos ha llevado a la triste situación de la sociedad actual. Ahora para sobrepasar esta situación deberíamos decir: "Pienso, siento y soy un ser espiritual".

La fuente de la infelicidad humana está localizada en el desequilibrio entre la rama del principio auto-afirmativo (aspectos físicos y mentales), ahogando la rama del principio integrativo (aspectos emocionales y espirituales). Afortunadamente, existe un número suficiente de investigaciones neurobiológicas realizadas en los últimos 30 años que indican haberse iniciado un proceso de cambio radical en la conciencia humana, en dirección a un equilibrio entre ambos principios.

Personas comprometidas con la busca de una sociedad mejor, más justa, más digna, más humana y más sana, encuentran en la visión holística la mayor base de sustentación disponible para caminar en aquella dirección.

Sin embargo, resistencias a nuevas ideas y a nuevos modos de vida siempre existieron: antes que el método científico se consolidase, muchas personas fueron quemadas vivas hasta una época relativamente reciente (1600: Giordano Bruno). Veinte siglos atrás, el Maestro fue crucificado porque traía ideas nuevas, diferentes. También, en la época, muchos se preguntaron "¿que de bueno traen esas ideas para nuestra comunidad?"

Renombrados científicos, apoyándose en el prestigio de la Ciencia, se volvieron tan dogmáticos como la Inquisición, probando que ser científicos reconocidos no impide que tengan visión estrecha, que sean arrogantes y a veces hasta infantiles. Veamos luego a seguir, apenas unos pocos casos:

Para tenerse una idea de la escala de frecuencias vibratorias, la Ciencia, a través de la Física reconoce los siguientes niveles aproximados:

Seguramente, las frecuencias espirituales son bien más altas aún, por lo que escapan a la comprensión científica, pero ellas son comprensibles a niveles vivenciales: las sentimos (al menos que estemos petrificados), sin poder explicarlas, como también las personas comunes no podemos interpretar el tacto, el sonido, el calor. Apenas los sentimos.

La mencionada petrificación parece muy extendida en los medios académicos. Sin embargo la integración de la Ciencia con la sabiduría espiritual, cada una utilizando su metodología propia, proporcionará una vía formidable para la expansión de la comprensión de preguntas vitales, hasta hoy no respondidas por la Ciencia, ni discutidas en la Universidad. Por ejemplo: ¿para qué estamos aquí?

Es fundamental sí, conocer el mundo físico (y aquí está el gran papel de la Ciencia). Pero esto es apenas un medio para el fin fundamental: conocer el ser humano y transformar la sociedad en un lugar mejor para vivir (la Gran Utopía), donde los valores universales (libertad, dignidad, justicia, solidaridad, bienestar, etc.) sean los grandes objetivos de la vida. Y no podremos hacer esto sin involucrarnos con la dimensión espiritual.

La ciencia más avanzada converge con la espiritualidad genuina

La disciplina que salió adelante en lo relativo al enfoque holístico es aquella reconocida como la más avanzada científicamente: la Física subatómica. Otra área pionera fue la de Biología, a través de una nueva teoría, conocida como Teoría General de Sistemas, hoy bastante utilizada en varias ciencias aplicadas, tales como la informática y la administración, por lo menos conceptualmente en esta última. Muy próximo al enfoque sistémico se encuentra el holístico.

El enfoque holístico es una forma de pensar, sentir y actuar. Especialmente trata de selección de problemas y fijación de objetivos según una nueva óptica, en la cual lo que interesa es el sistema visto como un todo y no apenas cada componente aislado. Este enfoque pretende superar la visión del mundo que nos legaron Descartes y Newton – entre otros – caracterizada por el reduccionismo (reducción de los fenómenos a sus partes o componentes básicos), por el enfoque analítico (estudiar cada parte en forma separada de las otras y por el mecanicismo (donde todos los fenómenos pueden ser explicados mecánicamente).

El abordaje holístico, por su vez tiene como base el expansionismo (dar énfasis al todo, sin descuidar las partes), enfoque teleológico(*) (hay inteligencias operando por detrás de las cosas y no apenas la fuerza ciega del azar) y síntesis (reelaboración del Todo, completándolo por el conocimiento de las partes).

El hecho concreto es que la sociedad moderna occidental, sustentada por el fecundo recurso que significa la intensa utilización del método científico, ha tenido un desarrollo material asombroso. Sin embargo esta sociedad ha privilegiado lo que podemos llamar de valores y actitudes Yang(**), negligenciando las complementarias, Yin

Las consecuencias prácticas de la mencionada opción, muestran que se ha favorecido la competitividad en lugar de la cooperación; el egoísmo en lugar de la solidaridad; el raciocinio y la experimentación como causas básicas del conocimiento, despreciando la sabiduría intuitiva; o, dicho de otra manera, la llamada ciencia "objetiva" saliendo de su esfera de acción, invade otros campos para los cuales no está preparada.

Este desequilibrio se muestra hoy en el planeta de forma dramática y asustadora en todos los niveles, sean éticos, sociales, ambientales, políticos, económicos, etc.

El paradigma prevaleciente denominado cartesiano reconoce apenas una forma de alcanzar el "saber": es la ciencia oficial, enseñada en las Universidades. Se dice que ella es neutra, pura y objetiva. Pero esto es sólo aceptable para personas muy ingenuas – o muy superficiales – pues no resiste un análisis medianamente profundo.

En efecto, la ciencia es una creación humana, y el hombre – como sabemos – está impregnado de valores que cambian con las épocas, corrientes, escuelas o ideologías prevalecientes, los países y los grupos sociales. El hombre no puede desprenderse del hecho de que necesita tener valores – independiente de la naturaleza de los mismos – pues de lo contrario se degradaría al nivel de un simple animal. Lo máximo que él puede hacer es fingir (explícitamente) que la ciencia no refleja los valores imperantes, pero ellos están siempre, por lo menos implícitos.

En otras palabras, cada cultura tiene "una forma de ver el mundo" y esa forma acostumbra excluir a las otras, principalmente si la forma oficial tiene las grandes ventajas de ser práctica, operacional y... ¡lucrativa! Y nuestra "forma" occidental tiene esas características, por lo cual las otras posibilidades deben ser negadas, o en el mejor de los casos, archivadas en el depósito de excentricidades.

Se dice – y se repite – que la ciencia es "neutra". Pero gracias a esa "neutralidad" existe en la Tierra un arsenal atómico que puede arrasarnos no una o dos veces... y si mas de treinta.

Sin embargo, de la propia ciencia han emergido y continúan emergiendo otros conceptos que dejan bien claro – y por sus propios métodos – que aquella objetividad y aquella neutralidad son muy relativas; ellas pueden tener algún significado en contextos limitados, pero nunca considerando el proceso científico total. Lo que la Física ha concluido es que: "los modelos que los científicos observan en la Naturaleza están íntimamente relacionados con los modelos de sus mentes, sus conceptos y sus valores" (Capra, 2). Esto derriba, definitivamente, el mito de la objetividad.

Las descubiertas impresionantes de la Física en el primer tercio del Siglo XX (teoría de la relatividad, teoría cuántica) llevaran a opciones muy claras a los científicos, que en las palabras de Capra (2) son dos: o Buda(*) o la Bomba. El camino de la Bomba es el que estamos recorriendo, o sea, el de la destrucción, la explotación y la codicia desenfrenada. El camino de Buda representa el camino de la espiritualidad auténtica, o sea la Religión Cósmica.

La gran novedad (desconocida en la época de Marx, Engels, Proudhon, Bakunin y Kropotkin, y mismo de Lenin) es que aquellos descubrimientos dejan claro que el camino de la espiritualidad auténtica, no responde apenas a soñadores, alucinados o personas que se quieren evadir de la realidad material de la vida.

Para fundamentar mejor este punto, a continuación presentamos algunos pensamientos de aquel que es reconocido como el mayor de los científicos (Einstein, 3): "El espíritu científico, fuertemente armado con su método, no existe sin la religiosidad cósmica". "Yo afirmo con todo vigor que la religión cósmica es el móvil más poderoso y más generoso de investigación científica. Esta religiosidad consiste en espantarse, en extasiarse delante de la armonía de las leyes de Naturaleza, revelando una inteligencia tan superior, que todos los pensamientos humanos y todo su ingenio no pueden revelar, delante de ella, a no ser su nada irrisorio. Ninguna iglesia enseña la religión cósmica. Tenemos también la impresión de que los herejes de todos los tiempos se nutrían con esa forma superior de religión".

La mencionada frase de Einstein, tiene un valor riquísimo, capaz de ser desdoblado en muchos aspectos de variado significado. A continuación haremos apenas tres comentarios rápidos.

También es importante considerar el contexto filosófico en el cual el método científico moderno tuvo su nacimiento. Este contexto se caracterizó, básicamente, por un rompimiento drástico de la dualidad humana, compuesto por materia y espíritu (o por el principio auto-afirmativo y el principio integrativo en la terminología holística).

Tal vez como reacción contra la religiosidad dogmática (*) medieval, representada en su grado más decadente por la "Santa" Inquisición, la filosofía en la cual se fundamentó la ciencia, fracturó aquella dualidad, creando una serie de fragmentos, cada uno de los cuales sería separado y hasta independiente de los otros: sentimientos, fenómenos, conocimientos, creencias, etc.

Así, cada componente fue rotulado y clasificado, siendo colocados en cajas diferentes. Inclusive el mundo exterior objetivo y los fenómenos correlacionados también fueron considerados como elementos independientes entre si, lo que llevó a los tendencias reduccionistas, analíticas y mecanicistas expresadas anteriormente. De esta manera, el mundo era visto como un gran reloj, que fue dejado funcionando por el "gran relojero" (Dios) y que ahora se volvió automático. Cada uno de los seres vivos era, también, un pequeño reloj y mismo nosotros, seres humanos. Por lo tanto, desmontando estos relojes, grandes o pequeños, y estudiándolos pieza por pieza, obtendríamos todo el conocimiento.

Nuestra miopía y nuestro antropocentrismo occidental, nos impiden ver – generalmente – otras visiones de la realidad, otras formas de ver el mundo.

Una de ellas, por ejemplo, es la tradición oriental, que percibe las cosas de una manera totalmente diferente. Ellos perciben el Universo como una Unidad en eterno movimiento, donde lo material y lo espiritual forman parte de aquel simultáneamente, solo que en diferentes niveles. Lo material se presente en el mundo manifestado (la superficie de la realidad); lo espiritual en un nivel subyacente, no manifestado físicamente (la esencia de la realidad).

Dentro de la visión oriental, la realidad última, o sea su existencia al nivel más alto, la Realidad, no puede ser alcanzada por el raciocinio ni por la demostración experimental; ella podría ser solamente aprehendida a través de una vivencia personal en niveles más altos de conciencia. Por lo tanto la ciencia clásica no podrá tener acceso a tan elevada cumbre.

El drama del ser humano de cualquier nacionalidad o raza es que el nivel de manifestación es enormemente más fácil de percibir; él es captado en forma inmediata por parte de nuestros sentidos. Por lo tanto es muy simple pensar que la única realidad es esta, la que vemos con nuestros ojos, pero lo que en verdad percibimos con nuestros cinco sentidos es un símbolo, una representación, una manifestación de aquella realidad mas profunda que está subyacente.

Lo que acabamos de expresar es lo que acontece con la visión clásica del método científico, preocupado básicamente con las piezas del reloj, sin comprender que todas ellas son apenas la representación o un indicador de lo que está por detrás: un amplio campo energético, involucrando una serie de interacciones y correlaciones. En nuestra vida cotidiana, el fenómeno se repite: la fuerza, la brutalidad, el consumismo, la explotación y la devastación se presentan como la única realidad, por lo tanto debemos curvarnos a ellas, bajo la amenaza de ser centrifugados del sistema

De ahí el valor inconmensurable de los "herejes". Ellos perciben algún vislumbre de la Realidad, por debajo de la realidad superficial que nos sofoca. Electrizados por esa vivencia maravillosa, no saben otra manera de vivir que la que les permite manifestar, aunque sea una gota, de aquella excelsa muestra. Gracias a ellos, es que el mundo no se congeló y continúa evolucionando. Gracias a ellos, la esperanza de un mundo mejor, desbordante de luz aún se mantiene vivo. Gracias a ellos, que alcanzaron grados variables de conscientización integral, es que podremos llegar a la victoria final. El mejor homenaje que les podemos hacer es también transformarnos en "herejes".

Mead (4) elaboró una lista selecta de "herejes" universales. Él afirma: "Jesús fue un hereje, Sócrates fue un hereje; Buda fue un hereje. En la verdad podríamos continuar esta lista, con los mayores nombres de la Historia y ciertamente con los nombres de todos los fundadores de religiones, filosofías y ciencias". (Dentro de una pléyade de luminarias humanas, incluiríamos, sin duda, al principal genio científico de la Humanidad: Einstein, cuya opinión sobre el asunto ya fue expuesta en páginas anteriores).

La afirmación contenida en el título de este ítem ("La Ciencia más avanzada converge con la Espiritualidad Auténtica") es difícil de aceptar por parte de muchas personas, inclusive científicos respetados, así como individuos con tendencias socialistas, a partir del raciocinio que lleva a pensar que las experiencias de la Ciencia son objetivas y por lo tanto reproducibles en cualquier época y por cualquier individuo, mientras que las experiencias espirituales o místicas – si realmente existiesen – serían reservadas a unos pocos (personas inspiradas o iluminadas) y lo que es peor, su contenido sería completamente subjetivo y como consecuencia, sin valor para los demás. Ya otros, opinan que tales experiencias místicas no pasan de ilusiones, sueños o alucinaciones, o muchas veces, simplemente fraudes.

Antes de continuar, es necesario hacer una distinción fundamental: una cosa es misticismo y otra es mistificación. Misticismo es una palabra equivalente a lo que en este texto es denominado "espiritualidad auténtica" y en Bonilla (1) "Religión Cósmica" y que significa elevación espiritual que procura alcanzar armonización con las Energías Superiores, a través de la experiencia de contacto directo con el Creador del Universo.

Mistificación es una deformación grosera de la espiritualidad a través del charlatanismo y teniendo como objetivo básico la obtención de lucros a costas de la credulidad pública. Esta segunda alternativa es bien conocida, así como abundante en el mercado; ya el misticismo parece hasta inexistente, porque no se anuncia con luces coloridas o fuegos de artificio. Con todo, el verdadero buscador siempre acaba encontrándolo.

Retomando el asunto que estaba siendo discutido anteriormente, relativo a experiencias científicas y misticismo, comenzaremos diciendo que tanto el científico como el místico, tienen inicialmente un proceso común para recorrer: un largo período de capacitación, para poder percibir con claridad y autonomía "algo" del asunto de su especialidad.

Una pregunta interesante es: ¿Por qué creemos en lo que dicen los científicos y dudamos de lo que dice un místico (suponiendo ambos de alto nivel)? Simplemente creemos en el científico, porque vemos en él un representante de la ciencia, o sea por un verdadero acto de fe. Y esto acontece, no porque él esté diciendo – necesariamente – la verdad y sí porque su representada, la ciencia, es un valor incuestionable de nuestra sociedad, motor indiscutible del "progreso" – bastante ambiguo – del cual hoy gozamos.

Por ejemplo, prácticamente todo el mundo (más de 99,9% de las personas), no entienden absolutamente nada sobre Relatividad; sin embargo concuerdan unánimemente que Einstein es un genio insuperable (o casi)(*). De la misma forma, en la Edad Media – y aún hoy – millones de personas acreditan ciegamente en lo que el sacerdote – de cualquier religión - les proclama como verdad absoluta. Ellos también tienen fe en la representada por aquel, o sea, la religión específica.

Hecha esta aclaración, podemos afirmar plenamente que tanto los científicos como los místicos desarrollaron – cada uno en su área – métodos realmente sofisticados de observación y comprensión de la Naturaleza y del Universo, inaccesibles a aquellos que no están capacitados en los mismos. A los que no están capacitados, solo les queda el recurso de "creer", no pudiendo tener experiencias propias sobre el asunto especifico.

En la Ciencia, la instrucción necesaria es dada a través de las Universidades y los Centros de Investigación Científica; en el Misticismo (auténtico), a través de Fraternidades. En ambos casos, existen grados a alcanzar. En la Ciencia se llaman diplomas académicos (graduación, especialización, maestría, doctorado, post-doctorado); en el Misticismo se llaman iniciaciones. Unos y otras requieren ceremonial adecuado para cada caso.

Alguien puede preguntar, y con razón: ¿Cómo es posible que dos caminos tan diferentes como el de la experimentación física y de la introspección, ambos legítimos y poderosos en sus contextos específicos, puedan convergir y mostrar resultados similares? Esto será discutido a continuación.

Comencemos por el misticismo. ¿Cuáles son sus postulados o ideas esenciales? Tal vez se podría decir que la idea-madre es el concepto de Unidad (que puede ser designada como Dios, Tao, Brahman o de otra manera), así como que esa Unidad es el centro y origen de todos los fenómenos, cosas y acontecimientos, que en realidad son manifestaciones de aquella Unidad. Por lo tanto, todo está interrelacionado. (Francis Thompson: "No puedes tocar una flor sin perturbar una estrella". Por su vez, el cacique Seattle dijo: "Todo está ligado; todo lo que ocurre a la Tierra, acontecerá a los hijos de la Tierra").

La Ciencia clásica, impregnada de una visión cartesiana, tiene una visión opuesta: el mundo sería un conjunto de elementos independientes que tienen entre sí una ligación bastante débil. De este modo es posible justificar la destrucción de los ecosistemas, que serían algo separado del ser humano, dueño y señor de la Naturaleza.

Es obvio que, a partir de percepciones tan diferentes de los problemas fundamentales, la comprensión del propio hombre acerca de sí mismo, también será radicalmente diferente. Así para la ciencia clásica, el ser humano es una mezcla físico-química extraordinariamente compleja; por otro lado, el misticismo auténtico comprende que esta mezcla físico-química es apenas una parte del hombre, la más densa, perecible y vulnerable, pero que existe otra – la más importante – que trasciende su cuerpo físico y es capaz de reintegrarse al Todo, de donde surgió en el momento del nacimiento individual. Esta parte es denominada de Atman, Cristo Interno o Ser Crístico.

La convergencia científico-espiritual, imposible en el marco de la Ciencia clásica, encuentra espacio, sin embargo, a través de la Neo-Ciencia, representada por la Física moderna, así como por las tendencias más avanzadas de otras disciplinas. En particular, los impactantes descubrimientos de la Física subatómica ocurridos en el primer tercio del siglo XX, acabaron considerando el Universo como un "modelo dinámico en eterno flujo", una red cósmica que es el Todo y en el cual están contenidas las partes (galaxias, sistemas solares, planetas, seres humanos...) separables en ciertos niveles densos, propios de la tercera dimensión, pero inseparables en niveles más elevados.

La teoría cuántica revela un estado de interconexión esencial del Universo, demostrando científicamente que no es posible descomponer el mundo en las partículas menores capaces de existir materialmente, por ejemplo electrones. De modo que cuanto más se penetra en la materia, las partículas respectivas más se diferencian de los "ladrillos" imaginados por Newton.

"Para decirlo con las propias palabras de Böhr(*): las partículas aisladas (a nivel subatómico) son abstracciones (!!!). Sus propiedades sólo pueden ser observadas y definidas a través de sus interacciones con otros sistemas". (Capra, 2)

Bohm (5) complementa: "invertimos la noción clásica de que las partes elementales del mundo ("ladrillos") constituyen la realidad fundamental y que los organismos y sistemas son apenas formas particulares de ellas ("paredes"). Ahora comprobamos que el estado unitario del Universo es lo fundamental y que las partes, capaces de comportamiento relativamente independiente, son formas contingentes del Todo". De ese modo, la imagen de una gran red cósmica estrechamente ligada, la Unidad de los grandes descubrimientos de la Física moderna, es convergente con el misticismo auténtico.

Otro nuevo y fundamental parentesco entre la Neo-Ciencia y el Misticismo es la comprensión por parte de la Física moderna de que el observador no es necesario apenas para observar y sí para definir las propiedades de un objeto o fenómeno, ya que éste no las posee como tal.

Según la expresión de Capra (2): "la concepción cuántica destruye el concepto de que el mundo es algo que existe allá afuera, por lo que el observador deja de ser neutral". O sea lo que se observa es una integración entre la naturaleza del objeto o fenómeno y la comprensión que el observador tiene del mundo. Este descubrimiento hiere el corazón de la filosofía básica del método científico tradicional, en particular el axioma (o dogma) que dice: "Los hechos observados son independientes del observador".

Esta idea de que el observador es participante y no apenas espectador del proceso específico es cara al misticismo auténtico, para el cual el conocimiento no puede ser obtenido apenas por la "observación" y sí a través de la participación en la experiencia con todos los recursos posibles (incluyendo los de la naturaleza interior).

Otro aspecto fundamental en el cual la Física moderna y el misticismo auténtico convergen, es en relación a los opuestos, que en un nivel más profundo, son complementarios. La ciencia convencional consideró esta dualidad, estableciendo varios pares de opuestos, tales como calor-frío, espíritu-materia, ciencia-espiritualidad, masculino-femenino, etc., no percibiendo el aspecto complementario.

Debido al énfasis en un polo de cada par: materia, ciencia, masculino, competitividad, raciocinio, la sociedad humana prevaleciente se volvió demasiado opresora a través del polo Yang y el consiguiente aplastamiento de su complementario, el polo Yin. A partir de este hecho, los componentes éticos, espirituales, místicos e intuitivos fueron excluidos. Las consecuencias de esta amputación de la completitud humana, la estamos viviendo intensamente hoy día.

La Física moderna reconcilia los opuestos complementarios, gracias a los brillantes trabajos de Böhr, consolidados en el principio de la complementariedad que le valió el Premio Nobel de Física en la década de 1920. Por ejemplo: la luz puede aparecer como partículas concentradas, o como un campo continuado (ondas), la energía y la materia son aspectos diferentes de un mismo fenómeno, etc. El problema – incomprensible para la ciencia clásica – es que esta reconciliación se opera en un mundo extra-tridimensional, por lo tanto no-sensorial.

Así, la Física moderna es capaz de percibir este mundo "irreal" y "subjetivo", a través de complejísimas ecuaciones matemáticas; ya el místico lo hace a través del recurso de la meditación, que le permite tener variadas experiencias interiores no limitadas por el tiempo y el espacio newtonianos. La dificultad de transmitir estos conceptos, estas vivencias y éstas experiencias es una limitación, tanto para los místicos como para los físicos cuánticos, debido a la incapacidad del lenguaje común para expresar significados para los cuales no fue creado. Las matemáticas superiores y los símbolos místicos son los mejores recursos de los cuales aquellos disponen. Es claro que ellos sólo pueden ser comprendidos por los "iniciados" en los respectivos campos.

Nos parece que ahora quedan definitivamente claras las limitaciones del método científico clásico y de su base filosófica, apta para épocas pasadas, pero no para el presente y menos aún para el futuro, comenzando con el nuevo milenio. Esa base filosófica radica en la suposición implícita de que el mundo es apenas tridimensional. Sólo si este punto de vista es aceptado por conveniencia práctica, el método científico tradicional puede rendir aún excelentes frutos, pues él fue creado para trabajar con las "partes", con las cuales es – generalmente – muy eficiente.

Pero si se hace un abordaje más amplio y profundo, como hizo la Física Moderna que ya reconoció la cuarta dimensión (y nada impide que más adelante pueda llegar a otras dimensiones), es obvio que nuevos principios deberán ser establecidos. La Neo-Ciencia, holística por naturaleza está, actualmente, elaborando esas bases.

Es interesante mencionar una anécdota en la vida de Böhr, que realza la convergencia científico-espiritual. En 1937, cuando la teoría de la relatividad, de la complementariedad y la cuántica estaban bien consolidadas y él pudo descansar un poco de su inmenso esfuerzo, tuvo la oportunidad de visitar la China.

En aquella oportunidad, Böhr quedó fuertemente impresionado por el hecho de que la noción de "opuestos complementarios" tan trabajosamente elaborada por él durante muchos años de perplejidad y nuevas tentativas, era conocida – en su esencia, no en sus detalles científicos – hasta por campesinos analfabetos. Esto lo llevó a interesarse profundamente como lo había hecho Einstein, por el misticismo, en su caso específico en el de origen oriental, especialmente el taoísmo.

De modo que, cuando en 1947 fue nombrado caballero por el Rey de Dinamarca (su patria), eligió para su escudo de armas, el símbolo chino de "tai-chi", que representa la relación complementaria entre los arquetipos opuestos del taoísmo: Yang y Yin. La inscripción elegida fue: "los opuestos son complementarios".

Según las explicaciones de Capra (2), la Física clásica consideraba como opuestos los conceptos de materia y de espacio vacío. Pero en la teoría de la Relatividad, materia y espacio son encarados como partes inseparables e interdependientes de un único Todo, aún a un nivel macroscópico, de modo que las propiedades de los cuerpos sólo podrán ser correctamente comprendidas si relacionadas con el mundo y – según el principio de Mach - este mundo es: ¡el Universo todo!

De esta forma, la nueva visión científica del mundo pasa a ser la de campo cuantizado, o sea "un medio continuo que está en todas partes del espacio, siendo que las partículas no son otra cosa que condensaciones locales del campo. Por lo tanto, la materia no existe como cosa independiente. Lo que existe es un campo más o menos concentrado". (Capra, 2)

Es esclarecedor informar que Buda (¡hace 2500 años!) utilizaba una imagen para hacer comprender aquel concepto ultramoderno a sus atónitos discípulos, que no podían comprender que lo que vemos en el mundo material no es la realidad completa y si sólo puntos dentro de algo mucho más vasto: un océano cósmico. Buda tomó un pañuelo e hizo varios nudos en él. Comparó el pañuelo con lo que ahora llamamos "campo cuantizado", y mostró los nudos como manifestaciones específicas, perceptibles por nuestros órganos sensoriales.

Todos los grandes maestros espirituales conocían, desde tiempos inmemoriales este "campo cuantizado" o "red cósmica", que ellos llamaban Brahman, Tao, Dios o de otras maneras, pero cuyo significado era bien diferente al dios antropomórfico que se nos presenta, por ejemplo, en el Antiguo Testamento, utilizando buena parte de su tiempo en castigar los hombres desobedientes.

En este enfoque, lo que se debe resaltar es la gran contribución de la Física cuántica en desviar nuestra mirada de lo que es visible (los puntos, las partículas, la materia) para lo que es subyacente (el campo cuantizado, la energía). Como consecuencia, la materia sería apenas una manifestación en el campo; los místicos siempre afirmaron que en el caso del ser humano, la existencia material era apenas una transitoriedad (es claro que no aleatoria), dentro de la Vida Infinita, de naturaleza espiritual.

Apenas una aplicación práctica de esta idea, abre un campo inmenso de desarrollo y progreso. Por ejemplo, si en la Medicina las enfermedades fueran estudiadas, comprendidas y diagnosticadas dentro del campo y no en la materia, se abriría una nueva era de incalculable utilidad para la reconstrucción de la salud humana, que derivaría en una sociedad bien superior a la actual.

Para un análisis más detallado de esta problemática, consultar Bonilla (6).

Materialismo ideológico y espiritualidad

EL MATERIALISMO IDEOLÓGICO

No somos ni historiadores ni sociólogos; por otra parte el asunto principal de este libro no es analizar detallada y profundamente el materialismo ideológico y sus varias tendencias. Sin embargo, una visión rápida sobre sus ideas básicas y los principales acontecimientos que las acompañaron, son indispensables para una mayor comprensión del asunto fundamental de este Capítulo, titulado Materialismo, Religión y Espiritualidad.

A pesar de que la idea de socialismo se pierde en la noche de los tiempos (mismo ella existía durante el Imperio Romano, en el cristianismo primitivo, en las rebeliones campesinas de la Edad Media, etc.) las palabras socialismo, así como comunismo, surgen con esa grafía en 1830-40.

Es reconocido que tres pensadores: Saint-Simón (1760-1825); Fourier (1772-1837) y Owen (1771-1859) fueron los primeros en denunciar el capitalismo emergente, como fuente de "injusticias" e "irracionalidades". Ellos elaboraron planes para una sociedad racionalmente planificada, controlada por los productores (obreros, campesinos). Entretanto, este modelo estaba apoyado en el comando de los propios gobernantes, de manera que existiese solidaridad entre reyes, industriales y trabajadores. Es por eso que fueron llamados por Blanqui en 1839 como "socialistas utópicos".

En el prefacio para la edición del "Manifiesto del Partido Comunista", Engels justifica este adjetivo diciendo que en 1848(() "comunista era aquel que defendía la necesidad de un completo cambio social". Ya socialista era "aquel que con panaceas variadas y toda clase de cataplasmas, quería eliminar los males sociales, sin cambiar sus causas".

O sea, según la visión de Engels, el socialismo era un movimiento burgués; el comunismo era un movimiento de los trabajadores. Sin embargo, otros autores tenían visiones diferentes.

Por ejemplo Mackenzie (7) dice que el socialismo fue madurando en la medida en que el capitalismo se volvía más opresor, de modo que el socialismo utópico de Fourier, Sant-Simon y Owen fue siendo desplazado por un socialismo materialista, a partir de la mitad del Siglo XIX, donde se establecen los fundamentos de los movimientos populares actuales.

A partir de este momento, dentro de lo que podemos llamar de "socialismo", se desarrollaron dos tendencias opuestas: el socialismo autoritario o comunismo, a partir del liderazgo de Marx y Engels; después en el siglo XX, Lenin, y el socialismo libertario o anarquismo, cuyos primeros ideólogos fueron Proudhon y Bakunin, después Kropotkin.

El hecho es, que según aquel autor "los partidos socialistas trabajan dentro del Estado capitalista para asegurar, por la reforma o la revolución, el poder político que necesitan para adaptar las instituciones y la estructura económica de la sociedad a sus finalidades".

Es muy difícil colocar en forma resumida el desarrollo del socialismo a partir de la segunda mitad del siglo XIX, debido a su extraordinaria riqueza y biodiversidad. Con todo, tentaremos hacerlo en forma muy resumida.

Creemos que el materialismo ideológico, influenciado por sus principales ideólogos, que construyeron su teoría básica hace más de cien años, y con ella contribuyeron de forma fundamental para el desarrollo del pensamiento humano, estaban en un contexto que cambió y continúa cambiando. Veamos:

Finalmente, cabe agregar que en los últimos cien años, a partir de la Teoría de la Relatividad y de la Teoría Cuántica (desconocidas con certeza por Marx, Proudhon y Bakunin y casi seguramente por Kropotkin), nos proporcionan conocimientos que permiten ver el hombre, el planeta y el Universo todo de manera totalmente diferente.

La consecuencia más importante de esto es que la Ciencia más avanzada, converge cada más con la espiritualidad (auténtica) (() la cual, por ejemplo, conocía hace 5000 años (!) la Teoría de la Complementariedad, penosamente descubierta por Nils Böhr, por vuelta de 1930.