El retorno mítico a lo corporal a partir del abandono de la razón: el descenso al infierno



La crisis de la razón, como causa principal de la pérdida de sentido del hombre enmarcado en la modernidad, determinaría el inicio de una frenética búsqueda de esquemas estéticos capaces de violar las barreras impuestas por la intelectualidad, en el intento de llenar el vacío que dejaba la salida del sujeto como centro mismo de toda búsqueda científica y académica. A partir de este punto, la crítica del lenguaje en cuanto a su incapacidad para describir esta realidad, exigiría la creación de nuevas estrategias y técnicas de narración.

La influencia de esta desazón común del hombre frente a su realidad, ahondada tras la derrota definitiva de la ciencia al finalizar la segunda guerra mundial, genera los elementos necesarios para que la lucha entre lo racional y lo irracional surja como un retorno de la batalla primigenia entre Dionisio y Apolo. El regreso a espacios mitológicos, dado a partir de la naturaleza misma del vacío temático que enfrenta el arte, permite una reinvención del tiempo y exige una ruptura con la tradición.

La obra de Cortazar logra ambas cosas, mediante un desarrollo sistemático de las inquietudes del autor frente al alcance mismo del lenguaje. Partiendo de una creación literaria inmersa en lo fantástico, Cortazar escribe sus primeros cuentos desde la búsqueda del sentir humano, desde esa condición que hace que el hombre se debata entre lo racional e irracional. La búsqueda de Cortazar, lo obliga a escudriñar en ese reducto indestructible del sentido humano, en el que el retorno al mito es la respuesta, y en donde se hace necesario transgredir el lenguaje y romper con la tradición, para acercarse al centro mismo de la irracionalidad fundadora del hombre.

La búsqueda de Cortazar alcanza la cima de esa búsqueda en la novela Rayuela (1963), la cual supone para el autor un punto de inflexión en su trayectoria literaria1, y con la cual consolidaría una crítica al lenguaje desde la concepción misma de la novela, capaz de definirse a sí misma y acercarse permanente al mito.

Esta autoconciencia literaria, plantea una separación entre teoría y creatividad, exaltando nuevamente la batalla mítica de lo erótico y lo tanático, de lo racional contra lo irracional, de lo dionisiaco frente a lo apolíneo. Ante este juego, el artista es el personaje idóneo para mostrar la lucha interna del hombre por superar el caos e intentar entrar en el orden social.

La novela de artista nace como una respuesta a la necesidad estética de plasmar las pulsiones del ser humano, que sufre sin tregua los embates de la racionalidad y que no puede encontrar lugar en el mundo en donde no prime un orden esquemático absoluto. Cortazar, no ajeno a estas problemáticas, incursiona en la problemática del artista en su cuento El perseguidor (1959), donde muestra el tormento de un hombre que está por encima de cualquier crítica, y que apenas puede ser juzgado por su comportamiento frente a la grandeza de su obra.

"El Perseguidor es narrado desde un sutil pretérito perfecto que se disuelve en el presente del lector, evocando de este modo subliminalmente la gradual disolución de Johnny, el jazzman genial cuya lúcida búsqueda del absoluto, llega a nosotros mediante la reducción realista, que de ella lleva al cabo el crítico y biógrafo de Johnny, el narrador bruno"2. racionalidad, que sólo pueden entenderse al dejar que el caos venza, que la pasión crezca y logre sobrepasar a la razón.

El mismo Johnny, como un sabio observador, lo menciona en el cuento, "lo que pasa es que se creen sabios, se creen sabios porque han juntado un montón de libros y se los han comido"3. El retorno mítico se hace evidente en la búsqueda de una salida para la tensión primigenia que genera la lucha de lo racional y lo irracional en la mente humana.

El arte ha sido el elemento liberador que el hombre ha encontrado como respuesta, y es el cuerpo el reducto de la experiencia caótica que permite crear una contraposición a la mente. El retorno a lo corporal es un regreso mítico, capaz de acercar al hombre a lo más profundo de su naturaleza, a esos instintos primigenios en donde animal y hombre son uno solo.

En El perseguidor, Johnny Carter está atormentado por la búsqueda de sí mismo, y en esa búsqueda su forma de percibir el mundo no encaja con la realidad, lo que irremediablemente lo arrastra a la autodestrucción, como un precio a pagar por ser artista.

La razón ha muerto como paradigma, no existe ya en el mundo nada de qué asirse para no sucumbir ante la irracionalidad. Ninguna expresión artística es ajena a este vacío que deja el fracaso del proyecto de la modernidad. Cortazar siente también la necesidad de mostrar que es necesario retornar al cuerpo, que es fundamental retratar al artista, que lo dionisiaco y lo apolíneo no son viejas alusiones mitológicas, sino que el mito está más vivo que nunca.

Es claro que "esos dos instintos tan diferentes marchan uno al lado del otro, casi siempre en abierta discordancia entre sí y excitándose mutuamente a dar a luz frutos nuevos y cada vez más vigorosos, para perpetuar en ellos la lucha de aquella antítesis, sobre la cual sólo en apariencia tiende un puente la común palabra 'arte'"4; y es justo en lo artístico que la racionalidad se disuelve y renace la experiencia corporal. Johnny tiene que quitarse los zapatos para tocar, para sentir que su cuerpo es parte del mundo, y aterrizar los sentidos.

Se opera una liberación del lenguaje, que logra superar lo racional, y se emprende un descenso al infierno del que ya no habrá salida. Johnny Carter no es el artista que su biógrafo retrata; su música, su arte, están por encima del lenguaje, y en ese punto es que subyace la crítica Coratazariana. La dinámica de este juego que reta lo racional, cuestionando permanentemente el papel del lenguaje, pasa del jazzman Johnny, al intelectual Horacio, y consolida la propuesta narrativa de Cortazar en la construcción de una novela como Rayuela, capaz de cuestionarse a sí misma, pero a la vez ser paradigma de una nueva y necesaria manera de explorara los alcances del lenguaje.

Horacio Oliveira se mueve en la misma dinámica de Johnny Carter, en cuanto ambos han sucumbido a lo irracional. Si bien los caminos por los que ambos personajes descubren la necesidad de un retorno a lo corporal difieren, ambos habitan espacios míticos, en donde intentan una liberación.

Cortazar usa la figura del artista, pues éste es un depositario de lo sagrado, sobre quien se puede hacer una reflexión del pasado y reivindicar el papel del mito. Las pasiones humanas no cambian, y el ser humano sigue siendo el individuo atormentado por el destino, títere de sus propios designios, esclavo de su excesiva racionalidad.

Los personajes de rayuela son los representantes arquetípicos de la crisis de la modernidad. La ciencia como la representación más pura del predominio de la razón ya no puede ser repuesta, como bien lo expresa Oliveira: "después de haberlo esperado todo de la inteligencia y el espíritu, se encuentra como traicionado, oscuramente consciente de que sus armas se han vuelto contra él, que la cultura, la civiltà, lo han traído a este callejón sin salida donde la barbarie de la ciencia no es más que una reacción muy comprensible"5. Rayuela se constituye como un abandono necesario de la intelectualidad, una crítica descarnada a la imposibilidad de lo académico y lo científico por salvar al hombre de su inexorable destino.

En Rayuela, Cortazar dibuja con cuidadoso estilo y narrativa impecable, el absurdo de la vida cotidiana, la tensión entre la muerte y lo erótico, la incapacidad del lenguaje, y el vacío en la búsqueda racional del orden del mundo.

Para lograr este retrato, el autor contrapone a los personajes, permitiendo matizar lo racional y lo irracional, junto a lo erótico y lo tanático. La muerte y el deseo recorren la novela, que se centra en la búsqueda de ese instinto básico, de esa fuerza interior, de una pulsión creadora, en la búsqueda de la Maga.

Desde el comienzo de la novela se advierte sobre la necesidad de encontrar ese deseo interior que va a estar representado en el personaje femenino de Lucía. La novela comienza con la pregunta, "¿Encontraría a la Maga?"6.

La búsqueda incesante de la Maga, como esa necesidad insuperable de encontrar sentido a la vida, van a obligar a Oliveira a reencontrarse consigo mismo, a retornar a su corporalidad abandonando su intelectualidad, y sólo de esa forma será posible la expiación de los pecados. La muerte de Rocamadour es entonces la muerte de la racionalidad, pero es a la vez la muerte de la niñez, que paradójicamente es la que nos enfrenta a asumir el sistema racional sobre el que opera el mundo.

Bajo este esquema, la intelectualidad y su importancia académica es cuestionada permanentemente en la novela, "La Razón te saca un boletín especial, te arma el primer silogismo de una cadena que no te lleva a ninguna parte como no sea a un diploma"7. La muerte de lo racional parece dejar sin fundamento a Oliveira, quien trata de huir de la evidencia de tan abrumador suceso, como en un intento por escapar de la verdad y de la insalvable necesidad asumir que el hombre está solo frente a su propia esencia destructiva, y que no existe ninguna lógica racional que lo evite.

En Rayuela aparecen varios indicios de que hay un orden que no está funcionando correctamente, Oliveira es el antihéroe de una serie de sucesos que se le vienen encima, y ante los cuales parece incapaz de luchar.

El encuentro con Berthe Trépat, deja toda lógica sin fundamento, al igual que ocurre con el episodio del terrón de azúcar en el restaurante. Todo carece de sentido, todo parece un juego del que no se da por enterado Oliveira, y en el cual su racionalidad e intelectualidad no le sirven de nada. Ya él mismo lo había dicho, "Y ahí está el gran problema, saber si lo que llamás la especie ha caminado hacia adelante o si, como le parecía a Klages, creo, en un momento dado agarró por una vía falsa"8 La evidencia de que hay un orden que no puede ser entendido, de que hay fuerzas más allá de lo inteligible, deja a Oliveira sin argumentos, y lo acerca irremediablemente a la Maga que opera como un reflejo de todo lo que no puede expresar Horacio, pero que está en el fondo de su humanidad.

Sin embargo, para el protagonista es inconcebible que cualquier esquema esté por encima de su intelectualidad, y prefiere huir, antes que enfrentar que la búsqueda de sentido en su vida esté fundamentada en algo que no pueda intelectualizar. La muerte de Rocamadour juega un papel de peripecia, cambiando el orden completo de la novela, y obligando a Horacio a buscarse a sí mismo fuera del orden mismo de la razón, que tiene su meca justo en el París que abandonará Oliveira.

La expiación de la culpa de Oliveira por el abandono de su propio sentir humano, de su corporalidad, vendrá a expiarse en su descenso al infierno, en la aceptación de los olores y sabores de lo propiamente irracional.

El encuentro erótico de Horacio con Emmanuèle servirá de cura al pecado original del abandono de la Maga tras la muerte de Rocamadour. En este episodio hay un retorno total al mito, no sólo hay un pecado primigenio, sino además hay una cura mítica, un hundimiento en la suciedad que representa la clochard Emmanuèle, análogo a los baños en excremento de Heráclito.

Cortazar ha pasado de la exploración de lo fantástico, que es "en sí misma una crítica de la Razón"9, y ha emprendido la creación de un lenguaje literario que critique la intelectualidad y haga evidente la incapacidad del lenguaje para expresar la complejidad de la realidad.

Rayuela es una búsqueda incesante de sentido, que va de la intelectualidad a lo completamente corporal, a lo irracional, a todo lo que en últimas representa la Maga. Oliveira es desterrado de París, exiliado del conocimiento, de lo racional, y se ve obligado a tocar fondo en el fango mismo de la vida, en Buenos Aires, abandonando completamente el sentido intelectual y emprendiendo la búsqueda de la Maga en sí mismo.

Es en el regreso de Oliveira a Buenos Aires, que la crítica del lenguaje emprendida en los capítulos prescindibles de la novela cobra sentido. El lenguaje es el vehículo de la razón, y como tal, debe ser destruido en la expiación de Horacio.

Esta destrucción del lenguaje por el lenguaje mismo, es el fundamento de la propuesta que hace Cortazar en las reflexiones de Oliveira, o el club de la serpiente, sobre Morelli; o a través de los aportes textuales del hipotético autor, consignadas en los capítulos de "otros lados".

"No se puede denunciar nada si no se hace dentro del sistema al que pertenece lo denunciado"10. El lenguaje necesita deconstruirse a partir de sí mismo, pero este tipo de meta reflexión sobre la racionalidad plantea otra paradoja, pues quizás el fracaso de Oliveira, en

principio, está en tratar de desprenderse de la intelectualidad desde la intelectualidad.

Se exige el retorno al cuerpo como única solución al problema, el retorno al sentido humano contrapuesto al poder de la razón y "más allá de la tortura ética de saberse ligado a una raza o por lo menos a un pueblo y una lengua"11. Se supera el lenguaje, y se entra en lo simbólico, en una estética de los sentidos, que no puede ser entendida sino a través del cuerpo.

La liberación de Oliveira se dará mediante un descenso al infierno, similar al de Johnny Carter, en donde la autodestrucción no será física, como en el cuento del jazzman, sino mental. El sacrificio de la intelectualidad para expiar el pecado del abandono de lo corporal, arrastrará a Oliveira a la locura, quien al igual que ocurre con el profesor Kien en la magistral obra de Canetti, elegirá la autodestrucción, tras ser burlado por un mundo que no puede comprender, y con el que no vale la pena compartir el conocimiento.

Hay una disolución del yo en la búsqueda de Oliveira, quien huye de sí mismo, pero que irremediablemente debe volver a encontrarse. El lenguaje debe trasgredirse para poder representarse a sí mismo, y la novela fracasa como representación de la subjetividad cuando lo racional sale de escena.

El juego entre orden y caos, entre cordura y locura, también aparece en forma de amor y muerte. El descenso al infierno de Oliveira se da tras un beso, tras la disolución de Talita deviniendo la Maga, convertida en todo lo que ha abandonado Horacio.

El mismo Cortazar al referirse al personaje de Oliveira en la novela hace mención a la contraposición de fuerzas orden-caos, realidad-ficción, Eros-Tánatos, Dionisio-Apolo: "El problema central para el personaje de Rayuela, con el que yo me identifico en este caso, es que él tiene una visión que podríamos llamar maravillosa de la realidad. Maravillosa en el sentido de que él cree que la realidad cotidiana enmascara una segunda realidad que no es ni misteriosa, ni trascendente, ni teológica, sino que es profundamente humana, pero que por una serie de equivocaciones ha quedado como enmascarada detrás de una realidad prefabricada con muchos años de cultura, una cultura en la que hay maravillas pero también profundas aberraciones, profundas tergiversaciones. Para el personaje de Rayuela habría que proceder por bruscas interrupciones en una realidad más auténtica"12

La realidad autentica de Oliveira está en su propia corporalidad, en su propio erotismo, en su propia humanidad desplazada por la intelectualidad, pero recobrada a través de la locura. Cortazar nos deja con el juego entre la realidad y la fantasía, entre el sueño y la locura, en un salto interminable entre capítulos, donde es imposible saber si Oliveira está loco, o simplemente completó su búsqueda, expió sus pecados, y se asimiló a la contemporaneidad.

Horacio aparece en su papel de hombre común, viviendo cómodamente con Gekrepten, pero también parece está soñando esa vida mientras reposa en el sanatorio mental en que trabajaba. Oliveira puede ser el artista incomprendido y condenado por su forma de encontrar sentido a la vida, o puede ser el artista que renuncia a la búsqueda y se abandona a los parámetros de la sociedad.

Rayuela representa una búsqueda de sentido del hombre contemporáneo, justo en ese momento de quiebre entre la modernidad y la crisis de la razón. Con elementos que redefinen por completo la novela, que juegan con el lenguaje, que lo trascienden, o que lo crean nuevamente, Cortazar se acerca a la problemática del hombre moderno, víctima de su propia capacidad para razonar. Mediante la narración se desnuda el alma humana, se muestra la esencia del hombre, más allá de su pensamiento, más allá del lenguaje. Se asiste al retorno mítico del hombre a lo irracional, a lo corporal, a toda esencia que prevalece en el tiempo, y que la razón es incapaz de destruir.

La búsqueda de esa Maga que todos llevamos dentro, no es otra cosa que la reflexión sobre nuestro papel en el mundo, así como su relación con el sentido mismo del ser humano. Es probable que Cortazar estuviera proponiendo al lector la necesidad de transgredir los órdenes establecidos, de olvidarse de la linealidad, de dejar fluir el erotismo, la corporalidad; una propuesta que requiere la reinvención del lenguaje, pero que logra acercarnos a la esencia misma de la realidad, desde donde es posible darle un sentido a la vida que supere las imposiciones racionales a las que nos vemos avocados, y de las que no pareciera haber otra salida excepto la locura.

Bibliografía

Notas:

1 BOLDY, Steven. "Julio Cortázar: Rayuela" en Latin American Fiction. Routledge, London. 1990. Págs 118-140.
2 VARGAS LLOSA, Mario. La Trompeta de Deyá. En Cortazar, Cuentos Completos. Alfaguara. México. 1998. Pág. 19.
3 En El perseguidor. Cuentos completos 1. Alfaguara. México. 1998.
4 NIETZSCHE, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. Introducción y traducción Andrés Sánchez Pascual. Alianza. Madrid. 1973.
5 CORTÁZAR, Julio. Rayuela. Alfaguara. México. 1998. Capítulo 99.
6 IDEM. Capítulo 1
7 IDEM. Capítulo 125
8 IDEM. Capítulo 28
9 BOLDY, Steven. "Julio Cortázar: Rayuela" en Latin American Fiction. Routledge, London. 1990. Págs 118-140.
10 CORTÁZAR, Julio. Rayuela. Alfaguara. México. 1998. Capítulo 99
11 IDEM. Capítulo 48
12 Entrevista a Julio Cortazar. En Entender, no inteligir. Sobre Rayuela, de Julio Cortázar. Trabajo realizado por Olga Osorio.

Enviado por: Ing.+Lic. Yunior Andrés Castillo S.

"NO A LA CULTURA DEL SECRETO, SI A LA LIBERTAD DE INFORMACION"®

Santiago de los Caballeros, República Dominicana, 2016.

"DIOS, JUAN PABLO DUARTE, JUAN BOSCH Y ANDRÉS CASTILLO DE LEÓN – POR SIEMPRE"®

 

 

 

Autor:

Johnny Carter Y Horacio Oliveira.