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¿Por qué los ricos son más ricos en países pobres?



Introducción

Para empezar, cuando hablamos de la globalización, nos referimos a la difusión de empresas, productos, personas e ideas en todo el mundo. Este comprende un complejo proceso en el que se mezclan relaciones internacionales de múltiples tipos: comerciales, políticas, humanas, sociales, económicas, financieras, industriales, culturales y de cualquier otra categoría imaginable. Actualmente, la globalización libera a las naciones o sociedades de la geografía, facilitando así la eliminación de distancias y el trabajo en tiempo real.

Cuando se menciona la palabra globalización se vienen a la mente ideas de unión, de derribamiento o debilitamiento de fronteras, de cooperación, de libertad, de progreso. Existen acuerdos y el libre comercio entre muchos países donde estos tuvieron repercusiones de gran alcance en el comercio. Desafortunadamente no todo funciona de esta manera idílica, la integración internacional, la apertura comercial, el libre intercambio, la ultra conectividad y otros asuntos que vienen con la globalización no generan los mismos resultados para todos los habitantes del planeta. A continuación, una perspectiva somera de lo que representa este fenómeno a nivel mundial.

Algunos conceptos previos

La Globalización define un conjunto de transformaciones y escenarios en los que la internacionalización de la economía designa una convergencia de los mercados del mundo, construyendo interacción entre naciones, economías y pueblos, Pero, además, fragmentando los procesos productivos, los mercados de trabajo, las entidades políticas y las sociedades.

La globalización debe considerarse también como un proceso de dominación y apropiación del mundo, de estados y mercados, de sociedades y pueblos, recursos naturales, riquezas, entre otros… en términos político-militares, financiero-tecnológicos y socio-culturales combinados con la privatización, desnacionalización, desregulación, marginaciones, exclusiones, escenarios que facilitan explotación de trabajadores y artesanos, incluyendo mujeres y niños.

En este sentido, no es en absoluto portadora de mensajes de paz, de democracia ni de progreso. Lo que ha generado una cadena de manifestaciones en descontento a nivel mundial que exigen suplir el vacío sociopolítico existente entre la sociedad civil y los organismos de poder transnacional, procurando llevar a efecto una acción democrática de transformación social con visión en los intereses de la mayoría de la población.

La globalización carece de rostro humano, lo que limita el hecho de que se puedan percibir ventajas para las sociedades en el marco de esta competencia de mercados globales pues estos son dominados por aspectos económicos y por su expansión. Es necesario que las ventajas ofrecidas por los mercados globales y la competencia puedan ser percibidas al mismo tiempo que permitan que los recursos humanos, comunitarios y ambientales, aseguren que la globalización trabaja para los pueblos y no para las ganancias.

La internacionalización de la economía ha crecido apresuradamente, más que la regulación y control aplicada a esta por parte de los poderes públicos y más aún si consideramos que a nivel supranacional no existe un contrapeso publico encargado de regular este fenómeno para corregir los abusos que se puedan desprender del mismo por lo cual, generalmente, se trata de que lo que está aceptado u obligado a nivel nacional, lo está también a escala global.

En este sentido, la liberalización debe acarrear, paralelamente, una regulación laboral, fiscal, medioambiental y social, con reglas transparentes y no vinculadas a un Estado u organización transnacional concretos.

La globalización exige la existencia rápida de una economía de mercado que constituya un orden económico y social estable y común entre las distintas economías estableciendo aquellas normas de competencia que deben ser aceptadas por todos los participantes, así como también de un ordenamiento económico-social más homogéneo en sus principios entre las distintas instituciones empresariales para el logro del funcionamiento transparente de sus comportamientos.

El comercio internacional ha sido presentado como algo movido por una infinidad de iniciativas empresariales para lograr establecer relaciones económicas y sociales entre los países del mundo, pese a las trabas e impedimentos obstaculizadores que oponen los diferentes Estados. Sin embargo, una de sus causas principales reside en la articulación del establecimiento de los tipos de cambio fijos, que fue posible gracias al poderío y liderazgo indiscutible de los intereses políticos y económicos de los Estados Unidos de América, lo que pone de manifiesto la globalización es, en mucho, obra de los gobiernos, más que de los mercados por sí mismos.

La globalización ha obligado a las instituciones políticas a reformarse y adaptarse a los nuevos tiempos. Su futuro depende grandemente de esas instituciones, pues los peligros que acechan una efectiva globalización no provienen de la expansión de los mercados, sino de los desacuerdos que puedan darse entre los Estados de las naciones implicadas en el proceso.

Más que un contenido económico, la globalización tiene un contenido político y tendrá que ser una estrategia sostenida de común acuerdo y sometida a reglas y normas decididas entre todos o, por el contrario, se volverá un verdadero desastre.

La aportación de la teoría keynesiana consistió en ofrecer los argumentos capaces de negar la validez del supuesto doble cimiento del equilibrio en el presupuesto en la política monetaria que negaba todo papel a la política fiscal. Esta teoría se basaba en el cuadro en el que operaba la política monetaria, su posibilidad de actuación residía en variar la oferta de dinero fijada autónomamente por la autoridad monetaria de un país, pero esta variación no actúa de manera directa sobre la demanda de bienes.

La mayor oferta de dinero determina, con la demanda del mismo, el tipo de interés, el que a su vez influenciará la inversión que, con el consumo, compone la demanda efectiva total de la sociedad que también condiciona el volumen de producción y de ocupación. Por lo tanto, un aumento de la oferta de dinero no elevará siempre la demanda efectiva. Ello dependerá de cuál sea la demanda de dinero y de cuál sea, en segundo término, la reacción de los inversores ante las caídas en el tipo de interés.

Un aumento en la cantidad de dinero, decretado por una política monetaria expansiva, podía no producir variación alguna del tipo de interés, siempre que la voracidad de la demanda de dinero fuese tal que estuviese dispuesta a engullir todos los aumentos de medios líquidos creados por el sistema bancario. Con lo que quedaba afirmada la gran duda sobre la eficacia de la política monetaria.

Las supuestas bondades de la libertad del comercio

En los países del mundo se ha visto reflejado desde tiempos remotos que han mantenido relaciones comerciales para obtener los productos o mercancías de las que carecían y a su vez, cada país determinaba su política en función de sus propias necesidades, sin tener en cuenta el interés general; reinando este mercantilismo hasta el siglo XVIII.

De este modo, la Revolución Industrial también incidió en este estado de cosas, siendo necesario asegurar el aprovisionamiento de materias primas y encontrar nuevas salidas a una producción creciente, por lo que surge el comercio colonial debido a los intercambios de mercancía impulsada por el gran desarrollo de la producción y la riqueza.

El origen del comercio internacional comienza con un mercado basado en una política de competitividad que tiene una proyección del estado director, con el fin de que el comercio sea una herramienta útil para la dominación y actos agresivos entre los países y ésta es concretada con tanta indiferencia y neutralidad, desde los inicios hasta actualidad, en documentos y libros legales de la economía.

En sus inicios, el movimiento librecambista se consideró un movimiento de intelectuales el cual partía de dos corrientes esencialmente diferentes: el liberalismo económico cuyas implicaciones librecambistas fueron precisadas por Ricardo en 1815 y el utilitarismo que aspiraba a orientar la gestión de los asuntos públicos hacia la búsqueda permanente del interés general o "bien común", por lo que sólo apoyaba medidas de inspiración liberal en la medida en que estás pudieran procurar a la comunidad la mayor utilidad posible.

La función utilidad en el tema es indicado como aquella información relativa a la satisfacción que el consumidor obtiene de las diferentes cantidades de bienes y servicios consumidos por él donde el consumidor escoge entre todas las alternativas de consumo posibles, de manera que la satisfacción obtenida de los bienes elegidos (en el más amplio sentido) sea la mayor posible.

En este sentido, es necesario que el consumidor sea capaz de clasificar los bienes y servicios en orden de preferencia. Las elecciones del consumidor están completamente determinadas si tiene una clasificación (y solo una) de los productos, de acuerdo con sus preferencias. El consumidor posee una medida de la utilidad ordinal, o sea, no necesita ser capaz de asignar números que representen (en unidades arbitrarias) el grado o cantidad de utilidad que obtiene de los artículos. Su clasificación de los mismos se expresa matemáticamente por la mencionada "función de utilidad", que no es única y se supone continua, así como su primera y segunda derivadas parciales.

En el comercio mundial, no todos los países participantes salen adquiriendo a su favor un intercambio como lo era para el siglo XIX. Además, se observa la aparición de países nuevos industrializados. Todo país dispone de los factores clásicos de la producción: tierra, trabajo y capital, en las cantidades propias de su momento y de su economía. Cada tipo de producto requiere una proporción fija de esos factores.

Por su parte, se tiene el primer modelo o primera teoría que es la del librecambio total, donde cada país desea especializarse en la producción que precisa del factor que posee en abundancia y exportar esa producción. No obstante, este modelo no funciona para cuya fabricación exige el empleo en una gran proporción. Como resultado, la globalización abarca al libre comercio internacional, al movimiento de capitales a corto plazo, a la inversión extranjera directa, a los fenómenos migratorios, al desarrollo de las tecnologías de la comunicación y a su efecto cultural.

Ahora bien, el comercio internacional es positivo para el progreso económico de todos y para los objetivos sociales de eliminación de la pobreza y la marginación social. Sin embargo, la liberalización comercial, aunque beneficiosa para el conjunto del país afectado, provoca crisis en algunos sectores que requieren la intervención del estado.

Se puede señalar que, es conveniente evaluar la libertad de comercio mediante análisis que demuestren que es un proceso "naturalmente benéfico", de tal modo que, no existan obstáculos e interferencias por parte de los gobiernos nacionales y se logre un reparto justo, equitativo y saludable de la riqueza y de la paz entre todos los pueblos de nuestro planeta.

Las viejas teorías de David Ricardo

Gracias al economista clásico inglés D. Ricardo (1772-1823) se expuso que no sólo en el caso de que aparezca ventaja absoluta existirá especialización y comercio internacional entre dos países. Puede pasar que uno de ellos no posea ventaja absoluta en la producción de ningún bien, es decir, que necesite más de todos los factores para producir todos y cada uno de los bienes y servicios.

De esta manera, surge el término "ventaja absoluta" que en lo que se refiere es cuando cada país se especializa en aquellos productos que pueda producir ventajosamente con respecto a los demás países. Esta ventaja se conoce como ventaja absoluta, donde los países son capaces de producir el mismo número de bienes empleando la menor cantidad de trabajo posible. Mientras que la "ventaja relativa" ocurre donde no se aplica la ventaja absoluta. Esta ventaja comparativa establece que sean capaces de producir un bien a un precio menor.

No obstante, David Ricardo demostró mediante el siguiente cuadro que todos los países se pueden beneficiar especializándose cada uno en la producción de bienes aunque no tengan ventaja absoluta en ellos; es suficiente que tengan ventaja comparativa, es decir, que sean capaces de producirlo a un precio menor.

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Cuadro de Ventaja Absoluta

Es evidente de que en el cuadro anterior la industria española tiene una ventaja absoluta en la fabricación de zapatos con respecto a la francesa; y la industria francesa una ventaja absoluta en los abrigos, permitiendo las importaciones y exportaciones entre ambos países.

Cabe decir que la realidad actual está enfocada en que exista un comercio internacional que integre los sectores industriales de las economías modernas entre los países para que los países logren beneficiarse al importar y exportar a la vez los productos de muchas industrias, ya sea en forma de componentes, de artículos semiacabados o bien de producto final. Es por ello que la teoría de D. Ricardo ya no se percibe porque solo se refiere a economías aisladas e independientes, cada una de ellas especializada en distintos productos en función de sus "ventajas relativas o comparativas"

Las barreras interpuestas al libre comercio impuestas por los países están compuestas por medidas proteccionistas, las cuales son dificultades atribuidas por los países en contra de la libre circulación de las mercancías ya sean bienes y servicios, es decir, un régimen comercial internacional de perfecto librecambio. Tal adopción de estas medidas en algunos casos es para proteger a una industria que se considera estratégica para la seguridad nacional, otras veces es para tratar de fomentar la industrialización mediante un proceso de sustitución de importaciones por productos fabricados en el propio país.

En este sentido, es en defensa de las medidas proteccionistas el de hacer posible el desarrollo de las "industrias nacientes", esto es, industrias que no podrían competir con las de otros países donde se han desarrollado con anterioridad. Es por ello que existen siete motivos que justifican esta protección:

A nivel de política comercial, los comercios internacionales se manejan por medio de aranceles, contingentes o cuotas de a la importación como forma de impuestos de los gobiernos para demandar a los productos extranjeros con objeto de que eleven su precio de venta en el mercado interior y, así, proteger los productos nacionales para que no sufran la competencia de bienes más baratos procedentes del exterior.

De otro modo, algunos países de países occidentales (como por ejemplo Estados Unidos) mantienen la liberalización del comercio exterior cuando se trata de abrir nuevos mercados para sus exportaciones, pero establecen inmediatamente restricciones a la importación de productos procedentes de terceros países cuando ganan terreno a favor de los mercados propios.

En Europa, durante mucho tiempo los agricultores se han sostenido de su actividad agrícola, lo cual se traducía en subvenciones a la exportación e impuestos a la importación si el precio en la UE era superior al precio mundial donde el sostenimiento interno de los precios agrícolas mantenía la renta de los agricultores.

Sin embargo, la Unión Europea (UE) por medio de renegociados y reformaciones de las Políticas Agrícola Comunitaria cambió de estrategia y ahora los precios agrícolas no están sostenidos y los agricultores están obligados a efectuar drásticas reducciones de sus producciones con el objetivo de rebajar los precios europeos al nivel mundial para reencontrar su competitividad perdida y como consecuencia, Estados Unidos se beneficia del apoyo del gobierno Europeo a través de esta estrategia.

Es oportuno señalar que el modelo agrario de la agricultura americana y europea es motivo de comparación constante, al ser comparados mediante cifras, por casi 7 millones de agricultores y ganaderos europeos, sólo hay 2 millones norteamericanos, lo que muestra que el apoyo recibido por agricultor es mucho más elevado en USA que en la UE.

Por último, para que a los productores les resulte rentable su ámbito, necesitan organizarse y defender sus derechos. Como resultado, los gobiernos deben establecer aranceles como medida de protección para los productores nacionales y así no se les concedan subvenciones directas en la producción, debido a que los costes sociales de aquellas medidas proteccionistas son menos visibles que los costes generados por las subvenciones directas.

La paradoja competitiva del modelo ricardiano

Siendo fundamentales los principios y pensamientos de los grandes economistas como en el caso del economista clásico J. B. Say (1767-1832) en su famosa "ley de los mercados" establece que la oferta genera su propia demanda. La demanda efectiva sostiene, por su suficiencia, el pleno empleo y la plena capacidad de producción, independientemente de la oferta.

Sin embargo, un gran error de los clásicos fue el no tomar en cuenta el sentimiento nacional que, sin duda alguna, afecta el fenómeno de la globalización económica. En particular, D. Ricardo, afirmó en contra del mercantilismo, que el intercambio internacional es un trueque disfrazado, y que los metales preciosos se reparten por sí mismos entre los países que los necesitan, dirigiéndose siempre a las naciones que poseen un poder adquisitivo en mercancías más elevado, sin que sea posible modificar esta ley.

Por otra parte, Ricardo concluyó de la teoría de los "costes comparativos" que todo país se beneficia del libre cambio, aunque sea unilateral, y que como las ventajas del comercio internacional deben apreciarse sólo desde el punto de vista del consumidor, el país que gana más es el más pobre.

En un sistema de total libertad de comercio, cada país consagra su capital y su industria a la actividad que le parece más útil; los puntos de vista del interés individual se alinean perfectamente con el bien universal de toda la sociedad, que no es más que la suma de todos ellos. En definitiva, enlazando con la doctrina ortodoxa, se tiende a buscar siempre hacia el lugar donde el beneficio sea máximo.

En cuanto al "orden natural y esencial", el orden natural se dice que es el objeto de las instituciones que podían favorecer la prosperidad social y, por ende, habida cuenta de su punto de partida, el desarrollo de la producción agrícola. Los fisiócratas pidieron la libertad del comercio exterior (singularmente, la libre circulación de los cereales), la supresión de las aduanas interiores, de la policía de mercados y de otras secuelas del colbertismo, que tenían como objetivo limitar el alza de los precios de los cereales.

Siguiendo el modelo ricardiano, se establece que el comercio internacional no se basa exactamente en la competencia, sino en la cooperación. En efecto, los países renuncian a competir en la producción de unos mismos productos y organizan una especie de "división internacional del trabajo."

Al consumidor, le sale beneficioso las importaciones procedentes de los países pobres ya que obtienen productos más baratos. Por el contrario, impedir la entrada de esos productos afectaría negativamente a los consumidores, mientras que a los agricultores y a otros sectores los favorecería, ya que evitaría que se perdiesen puestos de trabajo dentro del país y que salieran divisas para pagar esas importaciones, alcanzándose un menor grado de dependencia económica del exterior y mejorando la balanza de pagos.

Indiscutiblemente, de modo general se está de acuerdo que parece mejor apoyar el comercio que restringirlo, pero el establecimiento del comercio internacional presenta problemas de justicia distributiva aun cuando se esconde bajo una aparente neutralidad.

La ganancia producida por el comercio entre países debe ser distribuida apropiadamente entre todos los afectados, ya sean los consumidores y obreros de los países desarrollados, los obreros de los países menos desarrollados o bien cualquier otro colectivo afectado. Este problema se considera complejo y difícil de resolver ya que existen muchas diferencias históricas, políticas, culturales y laborales entre cada país. Según Schumpeter, el capitalismo no trabaja solo para preservar la cohesión social. Entendió que también el capitalismo podía destruir la propia civilización liberal y aceptó que el capitalismo debía de ser domesticado.

De esta manera, la lógica de la economía global es profundamente contradictoria. Está sentada sobre las bases de la velocidad, el riesgo, la creatividad, pero también sobre la impunidad en el orden internacional, ya que no existen mecanismos de regulación y control de los intereses colectivos de la humanidad.

El hecho de que en los países pobres se transfiere la producción de los países de salarios altos a aquellos con salarios bajos, se especula en el mercado financiero sin considerar las peligrosas consecuencias -excepto para el propio capital- que se deriven, se trastocan patrones culturales y de consumo y se produce un daño irreversible a la base ecológica del planeta, sin preocupación por las generaciones futuras, ha causado que frente a los procesos de globalización se hayan desatado fuerzas que reivindican crecientemente el espacio local y las identidades más restringidas, así como que hayan surgido peligrosos nacionalismos xenófobos y grupos religiosos intolerantes que amenazan la paz mundial.

Un claro ejemplo como los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2011 en los Estados Unidos, de hecho, terminaron de hundir las escasas perspectivas de recuperación de la debilidad económica que se vislumbraban para los próximos trimestres.

Por aquellas fechas, también el Comité de Política Monetaria del Banco de Inglaterra acordaba bajar los tipos de interés para contrarrestar el progresivo debilitamiento de la economía mundial. De todos modos, de acuerdo a los cálculos de la máxima autoridad monetaria británica, las repercusiones de los ataques sobre la economía en el Reino Unido se estimaban más leves que sobre la estadounidense.

Los problemas económicos estadounidense, europeos y alemanes se hacen sentir en todo el mundo y se debe tener en cuenta que la mayoría de las recesiones del siglo XX fueron desatadas por las subidas de los tipos de interés de los bancos centrales al objeto de combatir la temida inflación. Debido a estas cosas, hay que realizar un serio esfuerzo para mantener el optimismo.

Verdaderamente, el libre mercado es una construcción del poder estatal. La idea de que el libre mercado y el mínimo de intervención gubernamental van juntos, que era parte del stock que manejaba la Nueva Derecha, es probablemente la verdad ya que la tendencia natural de la sociedad es a restringir los mercados, los libres mercados sólo pueden crearse por el poder de un estado centralizado.

En cuanto a la globalización, se refiere a la interconexión creciente de la vida económica y cultural entre las partes distintas y distantes del mundo. Hoy en día, el motor principal de este proceso es la rápida difusión de las nuevas tecnologías de la información, con la facilidad de eliminar las distancias y trabajar en tiempo real.

Por otro lado, los pensadores convencionales se imaginan que la globalización tiende a crear una "civilización universal" a través de la difusión de los valores y las prácticas de Occidente. De hecho, el desarrollo de la economía mundial se ha dirigido en otra dirección. En el mercado global, ningún poder occidental tiene una supremacía equivalente a la británica o a la de otros poderes europeos de décadas anteriores a la Primera Guerra mundial. Cabe señalar que, a la larga, la banalización de las nuevas tecnologías en el mundo erosione el poder y los valores occidentales

El gran desengaño librecambista

A través del tiempo, el comercio internacional ha demostrado que la libre circulación de mercancías no ha proporcionado beneficios relativos a los países menos desarrollados, sino que se ha marcado una diferencia entre los países ricos y los países pobres.

Sin embargo, se comprobó que, son más ricos los ricos de los países pobres ya que, con costes de producción bajos exportan a países del primer mundo, y son más pobres los pobres de los países ricos, porque sus producciones se ven sometidas a la competencia desleal de los otros países. De este modo se evidencia que, en vez de ir hacia la reducción de la pobreza, se muestra un claro retroceso.

Con la apertura de los mercados se han visto consecuencias contradictorias, pues, aunque abren las puertas para que los productos de los países pobres puedan venderse en los países ricos, la competencia es tan fuerte que muchos países pobres perdieron terreno en el comercio internacional. Esto de manera clara significa, que, con tantos mercados abiertos, los países más ricos se hicieron aún más ricos.

La globalización de la economía puede conducir a promover un fraude fiscal y social a nivel internacional, conocido como dumping que es un delito económico que consiste en la competencia desleal basada en la explotación y bajos salarios de los trabajadores, para conseguir bajar los costes laborales de producción y de este modo ofrecer precios más competitivos, aumentando sus beneficios.

Por ello solo se puede hablar de la libertad de comercio y competir sin restricciones cuando los grupos productores se basan en condiciones razonables de igualdad, es decir cuando se parte con las mismas reglas del juego.

El librecambismo se apoya en afirmaciones como, el libre comercio entre países de distintos niveles de vida resulta especialmente provechoso para todos ellos. Sin embargo, la realidad ha desmentido esta afirmación, pues sería absurdo dejar de manera libre el reajuste de los costes por parte del sector productor y comerciante.

El libre comercio estaba destinado a fracasar, pues, aunque promovieron que los mercados financieros brindan prosperidad y estabilidad en mayor medida al estar libres de interrupciones gubernamentales y no tener control ni restricciones; la crisis actual demostró que este pensamiento sobre el mercado es incorrecto. Pues, si los mercados se dejan solos estos podrían actuar como un péndulo, oscilando en dos sentidos buscando el equilibrio. Sin embargo, los mercados financieros son por naturaleza inestables y siempre lo serán. De este modo, en vez de actuar como un péndulo, los mercados financieros pueden actuar como una esfera gigante, oscilando de un país a otro y destruyendo lo que se cruza en su trayectoria.

Este comercio no beneficia por igual a todos los países, ya que existen los países desarrollados y los países subdesarrollados, esto debido a que los países del mundo no tienen igual nivel tecnológico ni productivo. Por ello, el comercio internacional beneficia más a los países desarrollados, aumentando las desigualdades.

En relación a lo anterior, con la presión por parte de los países no desarrollados vino la creación de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) que consistía en basar el intercambio internacional en la preferencia y no en la igualdad.

Sin embargo, buscando nuevas formas de apoyo a los países no desarrollados, surgió el Sistema de Preferencias Generalizadas, por parte de la UNCTAD. En donde los países desarrollados otorgaban preferencias arancelarias, por lista de producción a los países en vía de desarrollo.

Los motivos de la protesta contra la libertad de comercio son muy diversos y en algunos casos opuestos, pero todos tienen algo en común y es la globalización. Con la liberalización en las relaciones económicas internacionales se ha originado una economía global, que no es más que un entorno en donde existe una gran libertad de flujos comerciales y financieros.

Bien es cierto que el comercio internacional no es la causa originaria de muchos problemas, sin embargo, al eliminar los obstáculos que limitaban los flujos comerciales hizo que surgieran muchos otros que hoy en día afectan en las corrientes comerciales.

Desde el punto de vista de los países en desarrollo, exigen que no se les pongan normas que no puedan cumplir, pues entienden que los modelos impuestos tanto para la preservación del medio ambiente como de los derechos laborales son solo excusas para limitar el acceso de sus productos a los mercados de los países ricos.

Las instituciones financieras internacionales

A partir de la gran depresión y el hundimiento financiero del año 1929, Norteamérica apostaba por un mundo económico con los siguientes rasgos: mercados abiertos, monedas convertibles, estabilidad en los tipos de cambio, facilidad para los movimientos de capital, cooperación internacional y primacía de la iniciativa privada. Para el año 1944, Bretton Woods, firmó acuerdos que daban vida al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial.

Con respecto al FMI, éste debía ocuparse de la cooperación internacional, descansaría todo un sistema de cambios fijos. La obligación de sostener los cambios implicaba, para los diferentes bancos centrales, la urgencia de mantener un nivel suficiente de reservas. La asimetría en el ajuste exterior atacaba la estabilidad del billete verde. El procedimiento así concebido, sin embargo, presentaba algunas debilidades como la confianza internacional en el valor de la moneda, la dificultad del ajuste y el exceso de dólares minaban la confianza en una moneda y disparaba su conversión en oro. Así mismo, el Banco Mundial, se encargaría con el mandato expreso de proveer de recursos financieros, tanto para la reconstrucción como para el desarrollo económico. Estas dos instituciones, pues, se encargarían de la cooperación económica internacional en dos de los tres ejes fundamentales de las relaciones económicas internacionales: el monetario y el financiero.

El sistema de Bretton Woods reflejaba la idea de una armonía de interés entre todos los países y de la posibilidad de maximizar la renta mundial mediante la liberación de los flujos de comercio y pagos y la pronta convertibilidad de las monedas, con independencia de las políticas económicas seguidas por los distintos países. Como consecuencia de este sistema, se han presentado sucesivamente diversas "turbulencias", tal es el caso del primer sobresalto que tuvo lugar en el año 1960, en forma de compras especulativas de oro a partir de marcos alemanes adquiridos con dólares.

Por lo tanto, desde 1976, se sustituye el sistema por un no-sistema. Los países miembros podrán: 1) mantener fijo el valor de su moneda, 2) establecer un régimen cooperativo para un conjunto de monedas, y 3) elegir cualquier otro régimen cambiario posible. Los países de la CEE crearon, a partir de 1979, una zona de estabilidad monetaria, el Sistema Monetario Europeo (SME), que implica la relación fija de las monedas entre sí y su flotación respecto al dólar; este sistema quedó transformado en 1993, al ampliarse las bandas de fluctuación de la "serpiente monetaria". La actuación del FMI, en fin, ha quedado limitada a la tarea de supervisión: revisa las economías de los diferentes países y sus tipos de cambio y además efectúa periódicamente una serie de recomendaciones que resultan más o menos atendidas por los respectivos gobiernos nacionales.

En el año 1947, dos años después de haber concluido la Segunda Guerra Mundial, los países aliados con Estados Unidos como cabecilla, establecieron sentar las bases de un sistema multilateral de comercio que fue la firma del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), cuya meta era liberalizar progresivamente el comercio mundial, suprimiendo las trabas establecidas por los estados nacionales y reemplazándolas por la cooperación entre ellos.

De esta manera, fue creada por ciertos motivos entre los cuales está el país beneficiario de una serie de reducciones arancelarias debe ofrecer concesiones similares, ya que, de lo contrario, los países llevarían a los gobiernos a ofrecer menos contrapartidas que las ventajas recibidas, quebrando el principio de igualdad de oportunidades y que sean los precios los que regulen el funcionamiento de los mercados. Esto no excluye la posibilidad de utilizar controles directos para resolver los desequilibrios temporales que se puedan presentar en la balanza de pagos. Las sucesivas "Rondas", en fin, constituyen el mecanismo en el cual se llevan a cabo las reducciones arancelarias y los compromisos de liberación de los mercados.

El GATT fue un acuerdo de carácter provisional, puesto que la intención inicial era la de crear una organización internacional de comercio, pero al no ser ello posible subsistió bajo esta forma durante muchos años, contribuyendo directamente a la apertura y expansión del comercio entre los países que lo suscribieron.

En síntesis, las instituciones financieras internacionales gustan de pavonear su contribución a la prosperidad global, que es condición necesaria para garantizar la estabilidad del sistema financiero. Sin embargo, la frecuencia, profundidad y larga duración de la sucesiva crisis financiera, económica y cambiaria acaecidas en las últimas décadas en el sudeste asiático en Rusia o en la América Latina, han puesto de manifiesto las difusiones de la globalización que son consecuencia de la debilidad de dichas instituciones para asegurar el cumplimiento de sendos objetivos fundamentales:

Las funciones para la que fueron creadas las instituciones financieras multilaterales, en la actualidad, han perdido una buena parte de su sentido original, lo que pone bajo sospecha su obsolescencia para hacer frente a los retos de la sociedad mundial actual. En el caso del FMI, por ejemplo, ha desaparecido el objetivo básico de garantizar el ajuste de la balanza de pagos en el sistema vigente de patrón-oro y de cambios fijos ajustables y siguen sosteniendo prioritariamente los proyectos privados, aplicándoles siempre los estrictos criterios de rentabilidad del mercado.

En relación al BM, la finalidad de facilitar financiación a los países pobres que no tengan acceso a los mercados internacionales, bajo la premisa de la falta de financiación privada en un marco de control del capital, carece de sentido porque parte de una hipótesis comprobadamente falsa. La institución, pues, como banco, toma prestado el dinero y lo adjudica en forma de créditos, con lo que provoca todavía mayor endeudamiento en el prestatario, estando más interesado en el rescate de los créditos concedidos que en la mejora de los sistemas financieros de dichos países, razón por la que sólo se consigue la perpetuación de la problemática original.

La Organización Mundial del Comercio tiene tres metas principales:

En este sentido, dentro de la OMC, la conferencia Ministerial constituye el órgano más importante de la estructura rectora. Es en la conferencia Ministerial donde se adoptan las decisiones de mayor calado político y donde se puede decidir sobre cualquiera de los asuntos que afecten los acuerdos comerciales multilaterales de la OMC (como es el caso, por ejemplo, del acuerdo de agricultura).

Internacionalización y tradición liberal

Para Kant, la función propia del entendimiento es la facultad de juzgar, esto es, unir en la síntesis judicativa los conceptos puros a los datos de la experiencia, mientras que la función propia de la razón es concluir, o sea, llegar a los últimos resultados. Las síntesis finales a las que se aspira constituyen las ideas de la razón.

Según Kant, la consecución de una cierta "sociedad cívica universal" que administrara la ley de la libertad entre los hombres, es decir, un orden que maximizara la libertad de cada uno de manera que fuera compatible con la de todos los demás, representaría el "mayor problema de especie".

El ideal de la Ilustración de crear una civilización universal actualmente en ningún lado es más fuerte que en los Estados Unidos, donde se identifica con la aceptación universal de los valores y las instituciones de Occidente. La idea de que Estados Unidos es un modelo universal ha sido un rasgo característico de la civilización estadounidense. Lo cual no es aceptado, prácticamente, por ningún otro país. El costo del éxito de la economía norteamericana incluye dolorosos niveles de división social que casi ninguna cultura europea o asiática estaría dispuesta a tolerar.

Las empresas multinacionales y el comercio internacional

En la actualidad, las grandes empresas multinacionales intervienen en el aporte de soluciones sobre la distribución de la renta y riquezas del mundo, a través de su influencia y poder que entorpece con el comercio internacional mediante dos tipos de actuaciones.

La multinacionalización se puede dar por un crecimiento interno de la empresa, que le dé la oportunidad de abrir nuevas sucursales en el extranjero, o por un crecimiento exterior por la compra, fusión o absorción de una empresa extranjera. La ventaja de las empresas multinacionales reside en el crecimiento de su cadena de productos, lo que les permite generar ingresos para expandirse por el mundo.