El hombre como: ¿animal racional?



Introducción.

Si a una persona cualquiera le preguntaran por una definición del hombre, no sería extraño escuchar "un animal que piensa", "un animal que posee un lenguaje" o simplemente, "un animal racional". Ésta definición del hombre dada por Aristóteles hace ya más de dos mil años, sigue sin lugar a duda predominando en la concepción del hombre. Si bien, en nuestro camino nos hemos encontrado con once concepciones antropológicas (más las otras "concepciones alternativas" y otras que quizás puedan aparecer respecto al hombre de hoy) en la cotidianidad, la que parece representar mejor al hombre en todo su acontecer histórico, la que más ha perdurado, ha sido sin lugar a duda la del "animal racional".

Ésta concepción está íntimamente ligada con una de las transformaciones más brutales, decisivas e importantes que ha vivido la especie humana: El paso del Mito al Logo. El hombre, previo a este cambio, tenía una relación con el universo entero de una manera sagrada, de ahí su determinación como Homo Sacer.

Éste hombre no tenía una concepción del tiempo lineal, sino al contrario, circular (por lo que rechazaba e incluso se podría decir, temía a la historia); su vida giraba entorno a arquetipos y ritos varios; y lo principal para nosotros, este hombre sagrado explicaba el mundo a través del mito, además de darle con él, un sentido. Y no fueron unos pocos años que este tipo de hombre predomino en el mundo: fueron miles y miles de años, una cantidad mucho mayor de lo que llevamos desde la época del animal racional hasta la actualidad.

No sabemos si ocurrió algo que provoco este cambio o si fue parte de un desarrollo de la capacidad racional del hombre, pero en cierto momento el mito como dador de explicación y sentido al mundo ya no fue suficiente. Fue ahí donde el hombre fue evidenciando que todos los entes se relacionaban de cierto modo, que todos eran causa de alguno y efecto de otro, que a través de la comprensión de estas relaciones era posible comprender el maravilloso engranaje del universo entero.

Esta capacidad de poder aprehender en la totalidad, el hombre que posee, es más bien el hombre que es capaz de captar el ser del mundo, de mostrarlo o evidenciarlo. No debemos olvidar que el griego era utilizado como palabra, perteneciente al verbo ?como decir, y si vamos al fondo de lo que implica el decir, a la proposición misma: su esencia esta en la unión entre sujeto y predicado, o dicho de otra forma por Heidegger: "éste (refiriéndose al verbo légein) quiere decir: reunir, ligar una cosa con otra."[1]

Sin duda esto nos da una pincelada de lo profundo y tremendo que es el tema y las implicancias de esto en la concepción del "animal racional". Y no es casual nuestro uso de la palabra en griego en vez de la traducción latina, ratio: consideramos que en esta trascripción se pierde mucho del sentido original de la palabra e incluso que esto haya sido un comienzo para la transformación que viviría posteriormente.

Es aquí donde queremos centrar nuestro trabajo: ¿Qué le ha pasado a la razón? ¿Continuamos entendiendo el animal racional como lo hacían los griegos? ¿Cuándo indicamos, por ejemplo, lo razonable de cierta decisión, estamos refiriéndonos a su relación con el universo? ¿Nos hace sentido respecto a la búsqueda de la razón lo que postulaba Aristóteles en su metafísica: "… es obvio que perseguían el saber por afán de conocimiento y no por utilidad alguna"[2]? ¿Hay influencia en la determinación actual de la razón con el principio de razón suficiente leibniciano?

Es probable que estas preguntas sean demasiado grandes para poder responderlas en su totalidad en un simple trabajo, mas haremos el esfuerzo por dilucidar una problemática de la que tal vez no somos tan concientes y en mostrar también la importancia que tiene esto en la forma como vivimos en el mundo en la actualidad.

Lógos, razón y razón suficiente.

"?????????????No a mí, sino al lógos habéis oído entonces sabio es decir, en consonancia: Uno es todo"

Heráclito, Fragmentos, fr. 50.[3]

Razón, palabra, verbo, discurso, pensamiento, sentido, etc. Todos estos significados están asociados a nuestro famoso. Si bien las discusiones sobre la correcta traducción de la palabra son vastas y pueden ser objeto de estudio por años, nos centraremos en la relevancia que adquiere para nosotros en el contexto de la concepción del hombre como "Animale rationale" en su traducción al latín. ¿Es homologable a la palabra Ratio en el contexto de esta concepción antropológica?

Nos dirigiremos primero al concepto de mayor antigüedad, el griego, o más específicamente, al verbo ??del cuál proviene el sustantivo. Importante es distinguir que esta palabra no representaba el acto de pensar (no es extraño que en la actualidad se utilice el verbo "razonar" con el mismo sentido) para el hombre griego, tanto para el ciudadano común como para el filósofo: la palabra es la que le corresponde a esta acción.

Su significado, como adelantábamos anteriormente, se relaciona esencialmente con el lenguaje: ?significa decir, hablar, enunciar. Pero comprendemos que esta palabra, por la importancia que tiene (basta considerar lo relevante que es en el filósofo de Éfeso), tiene más de un sentido y que su sentido preferente (decir) tiene muchas implicancias. Heidegger se introduce en esta problemática en su artículo "Lógos"[4] y nos centraremos en él para dilucidar esto, a pesar de que es una temática que tiene muchos investigadores e investigaciones sobre ella (por un tema de extensión nos quedaremos sólo con el filósofo alemán). Heidegger nos habla primeramente del sentido común de la palabra pero agrega que "de un modo aún más originario… significa lo que quiere decir nuestro homónimo legen; poner abajo y poner delante"[5].

Posteriormente nos dice que el legen es llevar a algo a que esté extendido y también implica un recoger (entendido como un albergar), en tanto que incluye en su esencia a la palabra alemana lesen, la que Heidegger identifica con esta palabra. Y a este legen "le importa únicamente dejar en cobijo lo-desde-sí-puesto-junto-delante como lo que está-delante, un cobijo bajo el cual permanece puesto"[6] y este cobijo resulta ser el desocultamiento.

Por esto, el significado originario de legen acontece ya en el decir y hablar con los que habíamos definido ??Incluso Heidegger cita a Aristóteles para mostrarnos que esta interpretación de la palabra estaría implícita en la filosofía de éste: "¿Aprenderá al fin el pensar a presentir algo de lo que significa que todavía Aristóteles pueda delimitar el, ?como1?" [7]

Esta acotación resulta de suma importancia para nuestro estudio, ya que del Estagirita se toma la concepción y advertimos que su delimitación de estuvo relacionada con su definición del hombre y con el sentido que le dio Heráclito al (lo que hemos podido descifrar hasta el momento) a pesar de que si existe un giro tremendo de Heráclito a Aristóteles.

Y esto es sumamente relevante porque evidencia la distancia que hay entre este sentido de la palabra y el que le damos actualmente a la palabra razón. Si bien Heidegger continúa trabajando sobre el, desde el fragmento de Heráclito (posteriormente en el texto se introduce en la esencia del oír presente en el fragmento: nos dice que "hemos oído cuando pertenecemos a lo que nos han dicho"[8]) pero no seguiremos con él por considerar lo ya expuesto como suficiente para vislumbrar lo profundo del significado de en la filosofía griega. Ahora nos iremos al otro lado de la traducción: la ratio.

Según la definición de diversos diccionarios del idioma[9]la palabra ratio significa primordialmente cálculo o cuenta. Y si bien esta era utilizada comúnmente en términos matemáticos o mercantiles, tiene un sentido más bien de dar cuentas que significa "enderezar algo de acuerdo con algo, representarse algo como algo"[10].

Posiblemente esta palabra no tenga su origen etimológico en el griego, cosa que podemos concluir tanto por el significado disímil entre ambas palabras como por la diferencia morfológica que existe entre ellas. Es probable que la adaptación de la palabra griega a la ratio del latín, especialmente en la definición aristotélica del hombre que es la concepción que nos convoca, haya tenido que ver con la comprensión que se le dio a la palabra desde la cultura romana.

Por nuestras naturales limitaciones en este trabajo, no realizaremos una investigación histórica de la traducción (pero esto no implica de ningún modo que este no sea un tema digno de ser estudiado con el mayor rigor). Y teniendo en cuenta esto, nos jugamos con una posible lectura a sabiendas de que podemos estar equivocados: Consideramos que en relación con el resto de la obra aristotélica (especialmente con el Organon) es que se piensa el, como "el animal que posee capacidad lógica (percatarse de las relaciones causales entre los entes y determinar su validez)".

Seguramente la frase de Aristóteles tuvo mucho que ver con esta capacidad que se da en la disciplina lógica, pero creemos que no sólo se refería a ésta: No podemos olvidar que el está íntimamente ligado con el lenguaje y que más aún, como vimos anteriormente, tiene implicancias mucho más profundas y ligadas con el ser. Pensamos que Aristóteles de algún modo tuvo presentes estas cosas que, en la interpretación que considero a la palabra ratio como la indicada para traducir, fueron relegadas.

Así nos quedamos con la concepción del hombre como "animale rationale": El hombre que calcula, que razona: aquel que se percata de algo y da cuenta. ¿Y que implicancias tiene esto? Resulta ser esencial para evidenciar como esta razón se entiende en el sentido moderno y que produce este cambio en nuestros tiempos.

Heidegger nos habla de una razón como "die Zwiesel"[11] pues su sentido, entendido desde la modernidad, se bifurca en dos: por un lado, se trata del percatarse de algo, de la percatación misma (de la razón que hay en las cosas mismas, de manera "ontológica") y por el otro, "es en cuanto rendición de cuentas: fundamento y razón"[12] donde la razón rinde cuentas de la verdad de un juicio (donde el animal racional es el que da cuenta de esta razón, el que vuelve a dar la razón). Nos damos cuenta de este modo que nos encontramos ya con "el principio de razón suficiente" de Leibniz, que sin duda determina la concepción actual que tenemos de este hombre como animal racional.

El principio de razón (principium rationis) o proposición del fundamento[13]tiene como enunciado principal: Nihil est sine ratione. Pero este principio no es pasivo, se tiene que volver a dar (por esto es realmente principium reddendae rationis), pues la veracidad de los juicios depende de esta ratio de la que damos cuenta: "El juicio es una verdad sólo cuando se indica el fundamento de la conexión, cuando se suministra la ratio, cuando se dan cuentas"[14].

Atendiendo a la bifurcación que habíamos evidenciado en la concepción moderna de ratio notamos que el "Rationem reddere" (Volver a dar la razón) se identifica más con la segunda definición de la palabra latina: ratio como fundamento, como un (necesario) dar cuenta. ¿Y como eso se evidencia en el animale rationale?

Esencialmente, porque el fundamento tiene que ser retrotraído necesariamente al hombre. El fundamento no tiene sentido si no da cuenta y "la cuenta lo es tan sólo cuando se da cuenta de ella"[15]. Incluso el "apellido" del principio de razón es sufficiens: una rendición de cuentas suficiente (o completamente satisfactoria) para el sujeto cognoscente. De esto nos resulta de todo sentido un animale rationale que podríamos afirmar, más que poseer la razón, la da (o más correctamente, la vuelve a dar).

Cuando le encontramos fundamento (ratio) a las cosas, podemos llamarlas verdaderas e incluso, en nuestro diario vivir, nos sentimos más seguros. Como se afirma en el artículo "En torno a la interpretación heideggeriana del principio de razón suficiente"[16] el hombre es el animal racional pues es el viviente que calcula (o razona, para nosotros) asegurando. También vemos con esto los diferentes estadios por los que pasa el principio de razón suficiente (que son evidenciados y explicados en la Crítica de la razón lúdica[17]de un estadio ontológico a un estadio epistemológico y finalmente, a un estadio existencial. Después de todo el recorrido que hemos hecho de la concepción antropológica, ¿Cómo se entiende actualmente el "animal racional" y que implicancias tiene en nuestro diario vivir?

¿Podemos rescatar la concepción de "animal racional"?

Al estudiar el principio de razón suficiente (y especialmente desde la interpretación heideggeriana), muchas cosas nos "hacen sentido" y tendemos a mirar hacia la época en la que nos encontramos: la humanidad entera se esmera en hacer calculable todo, en "tenerlo todo bajo control".

Todas nuestras representaciones están bajo la óptica del "nihil est sine ratione", nuestros juicios están siempre en una búsqueda constante del fundamento que valide a la cosa. La ciencia actual, brutalmente lejana a la ?griega, se dispone a sí misma a la técnica, como una herramienta para "dar cuenta" de todo ente posible y así, controlarlo y asegurarlo.

Y así llegamos a la mismísima razón: entendida como fundamento (su segunda bifurcación); calcula y da cuenta, y al hacer esto, lo hace controlable y asegurable para el hombre. El "animal racional" se transforma en el ser que utiliza la "razón calculante", el ser viviente calculador. ¿En que medida esta razón se corresponde con el, del que habla Heráclito o el que se encuentra en la definición del hombre aristotélica?

Si bien ambos pensadores griegos entendían de manera diferente a la misma palabra, afirmamos que el aristotélico de ningún modo se podría identificar con la ratio que calcula y da cuentas al hombre. Nos dirigimos a Heidegger y su interpelación a la definición aristotélica del hombre: "¿Agota la esencia del hombre la definición citada, según la cual el hombre es el animale rationale? ... ¿no sigue siendo la esencia del hombre, no sigue siendo su pertenencia al ser, no sigue siendo el esenciar del ser, todavía, y de manera cada vez más desconcertante, lo digno de ser pensado? Si así fuera ¿nos será lícito renunciar a lo digno de ser pensado, y ello en favor del delirio del pensar exclusivamente calculador y de sus gigantescos logros?"[18]

Heidegger nos propone un pensar meditativo (en contraposición al calculante) que responda a lo "digno de ser pensado". El filósofo alemán no reniega al principio de razón, pero esboza el desafío de no considerarlo desde el "Rationem reddere" sino desde el atender a lo que dice (o a lo que nos interpela) por sí; y citando a Goethe: "Tú atente al porque y no preguntes ¿por qué?"[19] Nos propone prestar oído a la silenciosa exhortación que proviene del principio de razón.

¿No nos remite acaso este "prestar oído" al de Heráclito? Con esto queremos volver a la temática que nos convoca y a la tesis que queremos postular: Si bien concordamos con Heidegger en considerar que el animale rationale, entendido como el ser viviente calculador, no agota la esencia humana; apelamos a que la noción de griega no equivale a esta "razón calculante" y que, según el mismo Heidegger, esta palabra esta íntimamente ligada con el ser, incluso, se afirma que es en este es donde habita el ser por medio del desocultamiento.

Sin duda el oír atentamente a el, es una pensar meditativo que se remite al ser y que claramente es algo "digno de ser pensado". Tomando en cuenta las diferencias ya explicitadas, consideramos que es necesario examinar de un modo aparte la concepción antropológica evidenciada por Aristóteles pero en su lengua originaria, como Incluso, nos arriesgaremos más allá y propondremos que dentro del estudio de las concepciones antropológicas se considere a la planteada por el Estagirita ya no más del modo de "el hombre cómo animal racional" sino del modo de "El hombre cómo:

La interpretación que tenemos desde nuestra época está muy influenciada por el principio de razón suficiente y la concepción actual de razón como instrumento; producidos en parte por la traducción de por ratio, que no le hace justicia al modo en como era entendida la palabra en su contexto y tradición ("Una traducción llega a hacerse tradición allí donde el hablar de las palabras (Worte) fundamentales tra-duce, hace pasar de un idioma históricamente acontecido a otro"[20]).

Y además pensamos que esta concepción antropológica es transversal a las posteriores nueve concepciones antropológicas (siendo incluso posibilidad para las posteriores). Y si bien, podemos considerar que la que mejor representa al hombre en su quehacer histórico hasta ahora, el animal racional como "ser viviente calculador" sería la más oportuna; también podemos apelar a que la esencia misma del hombre se encuentra en este y por lo tanto considerar que la concepción de "El hombre cómo, en vez de ser descartada, debe ser tomada en cuenta como una interpretación valida del "ser" del hombre.

Bibliografía

 

 

Autor:

Javiera Canales Rodas

Cristóbal Holzapfel

Enviado por:

Ing. Lic. Yunior Andrés Castillo S.

"NO A LA CULTURA DEL SECRETO, SI A LA LIBERTAD DE INFORMACION"?

Santiago de los Caballeros,

República Dominicana,

2015.

"DIOS, JUAN PABLO DUARTE Y JUAN BOSCH – POR SIEMPRE"?

[1] Heidegger, Mart?n. La proposici?n del fundamento (Der Satz vom Grund). p.178, Traducci?n de F. Duque y J. P?rez de Tudela, Editorial del Serbal, Barcelona, 1991. El par?ntesis es nuestro.

[2] Arist?teles, Metaf?sica. p. 982b 20, Traducci?n de Tom?s Calvo Mart?nez, Editorial Gredos, Madrid, 1994.

[3] Her?clito, Fragmentos. Recopilaci?n por H. Diels y W. Kranz, Ed. Weidmannsche Verlagsbuchhandlung, Berl?n-Charlottenburg, 1954. La traducci?n es nuestra.

[4] Heidegger, Mart?n. Conferencias y Art?culos. Traducci?n de E. Barjau, Editorial del Serbal, Barcelona, 2001. El art?culo se encuentra en la p?gina 153.

[5] Op. Cit. P?g. 154.

[6] Op. Cit. P?g. 156.

[7] Op. Cit. P?g. 157. (cfr. Ser y Tiempo ? 7B). La palabra ?como desocultamiento.

[8] Op. Cit. P?g. 159.

[9] Desde: Diccionario etimol?gico latino-espa?ol, Santiago Segura, Editorial Generales Araya, Madrid, 1985. ; Glosario del texto gu?a de lat?n, Felipe Alliende, Editorial Universitaria, Santiago, 1966. ; Dictionnaire ?tymologique de la Langue Latine, A. Ernout y A. Meillet, Editorial Klincksleck, Paris, 1959.

[10] Heidegger, Mart?n. La proposici?n del fundamento (Der Satz vom Grund). p.164, Traducci?n de F. Duque y J. P?rez de Tudela, Editorial del Serbal, Barcelona, 1991

[11] Horcajo, horcadura o bifurcaci?n.

[12] Heidegger, Mart?n. La proposici?n del fundamento (Der Satz vom Grund). p.166, Traducci?n de F. Duque y J. P?rez de Tudela, Editorial del Serbal, Barcelona, 1991

[13] Seg?n la traducci?n realizada por F. Duque y J. P?rez de Tudela a Der Satz vom Grund , lo que puede cuestionarse en t?rminos de traducci?n (Ve?se Holzapfel, Crist?bal. Cr?tica de la raz?n l?dica p.26, Editorial Trotta, Madrid, 2003).

[14] Heidegger, Mart?n. La proposici?n del fundamento (Der Satz vom Grund). p.186, Traducci?n de F. Duque y J. P?rez de Tudela, Editorial del Serbal, Barcelona, 1991.

[15] Op. Cit. P?g. 186.

[16] Acevedo, Jorge. En torno a la interpretaci?n heideggeriana del principio de raz?n suficiente p. 27. ?Di?logos? Revista del Dpto. de Filosof?a de la Universidad de Puerto Rico, an~o XXXVIII, no. 81 (enero 2003).

[17] Holzapfel, Crist?bal. Cr?tica de la raz?n l?dica p.25 y ss., Editorial Trotta, Madrid, 2003.

[18] Heidegger, Mart?n. La proposici?n del fundamento (Der Satz vom Grund). p.200, Traducci?n de F. Duque y J. P?rez de Tudela, Editorial del Serbal, Barcelona, 1991.

[19] Op. Cit. P?g. 199.

[20] Op. Cit. P?g. 163.