La filosofía y su importancia en la educación (página 3)




Son muchas las preguntas que surgen a la hora de hablar de "enseñar" filosofía: "¿Enseñar filosofía aún cuando el mundo parece que no quiere más que soluciones inmediatas y prefabricadas, cuando las preguntas que se aventuran hacia lo insoluble resultan tan incómodas? Planteemos de otro modo la cuestión: ¿acaso no es humanizar de forma plena la principal tarea de la educación?, ¿hay otra dimensión más propiamente humana, más necesariamente humana que la inquietud que desde hace siglos lleva a filosofar?, ¿puede la educación prescindir de ella y seguir siendo humanizadora en el sentido libre y antidogmático que necesita la sociedad democrática en la que queremos vivir?"27. A pesar de todos estos interrogantes, la materia tiene demasiada importancia en el proceso de formación del estudiante, debido a que lo enseña a pensar crítica y reflexivamente.

La falta de una sólida estructura filosófica es la responsable de que "la formación filosófica de nuestra juventud se haya convertido en reproche unánime y ya indiscutible. La casi totalidad de nuestros bachilleres se contentan con una muy superficial ilustración filosófica, pues ella les basta para superar con éxito un examen. Para casi todos, la filosofía es, dentro del bachillerato, la asignatura más tediosa, más difícil y hasta la más inútil para su vida. Después, cuando el joven se le planteen serios problemas que comprometen su ideología y su credo religioso, lo vemos inseguro, persuadido de que no puede discutir en filosofía y de que lo aprendido en el bachillerato ya no vale. Sin fundamentos y desorientado, opta por un escepticismo ruinoso, sin saber qué defiende ni por qué sostiene determinada doctrina".28 Entonces, es tanta la necesidad de encontrar salidas mágicas a su existencia, que cualquier escape le parece bueno. No le importa que tan delirante, tonta o poco sustentada sea la alternativa; con tal de llenar el vacío existencial, todo vale. Por esto no surge en el joven un escepticismo sano y creativo del que investiga y no traga entero. No surge en él la duda motivadora que lo empuje a profundizar. No existe para él una fluctuación momentánea que lo lleve a mirar el otro lado de las cosas.

Esta preocupante realidad insta a los intelectuales a advertir que "si nuestros jóvenes no quedan sólidamente formados en filosofía, apenas estarán capacitados para superar cualquier examen oficial, el que muchas veces se limita a pedir nociones escuetas y cuestiones insustanciales e inconexas que mal pueden significar la contextura ideológica del alumno. En cambio, quien estuviere sólidamente fundado en filosofía estará capacitado no sólo para dar cuenta de lo que allí se pregunte, sino también para mostrar un pensamiento consistente y personal; es decir, una filosofía asimilada"29. Se recalca la importancia de enseñar a pensar, a juzgar o valorar, a discutir y a desentrañar el contenido de las ideas, equipando la mente del estudiante con una actitud crítica y abierta a la problemática actual. La filosofía le debe permitir al discente "pensar, discurrir, juzgar y sintetizar".30

A pesar de que muchos sostienen que de lo único que podemos estar seguros es de la incertidumbre, porque lo único que podemos afirmar es que nada podemos afirmar, es en la incertidumbre en donde debemos buscar el valor de la filosofía. "El hombre que no posee un gusto por la filosofía va por la vida maniatado por los prejuicios que provienen del sentido común, de las creencias habituales de su generación o de su país, y de las convicciones que se han arraigado en su mente sin la ayuda o la conformidad de una razón deliberada. Para este tipo de hombre el mundo tiende a ser definido, finito, obvio; las cosas corrientes no le suscitan interrogantes, su mentalidad rechaza desdeñosamente las posibilidades que no le son familiares. Por el contrario, tan pronto como empezamos a filosofar, descubrimos que aun las cosas cotidianas suscitan filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la respuesta verdadera a las dudas que suscita, puede sugerir muchas posibilidades que amplíen nuestros pensamientos y los liberen de la tiranía de la costumbre".31 Sólo quienes no desean saber el porqué de las cosas desdeñan la filosofía. "Un espíritu simplón puede pasarse la vida extrañándose de las cosas más banales y corrientes sin llegar nunca a filosofar. Es verdad, el pensamiento filosófico está más lejos de la conciencia rústica que se queda boquiabierta ante los tranvías y las luces de neón de la ciudad, que del hombre urbano cuya mente no es extraña al lenguaje de la ciencia y, quizá sin saberlo, interprete la realidad racionalmente gracias a las categorías de este lenguaje".32

Aunque la filosofía es universal, no todas sus respuestas y planteamientos ofrecen soluciones a las problemáticas nacionales, regionales o locales. Cada comunidad tiene sus interrogantes que la filosofía, si quiere ser práctica y menos especulativa, debe responder localmente, con el aporte universal que estructura y fundamente el filosofar. No reflexionar sobre este punto de vista nos lleva a emitir juicios erróneos sobre la practicidad de la filosofía. La filosofía, como hija y como conciencia crítica de una cultura, debe estar situada y contextualizada, para que pueda buscar respuestas a la problemática actual. La cultura, entendida como el conjunto de "todos los productos de la vida humana creadora (sociedad, lenguaje, costumbres, educación, vida, moral, política, económica, técnica, arte, ciencia, mito, religión, filosofía, etc.)",33 sirve de suelo nútrico para la reflexión filosófica. "La actividad filosófica se presenta siempre como una manifestación inevitable de toda cultura que ha alcanzado cierto desenvolvimiento. Esta persistencia del fenómeno filosófico se comprende si recordamos que es una necesidad para el hombre que ha arribado a determinado grado de evolución, la explicación de la realidad como un todo, en el que puede localizar la posición de sí mismo".34

En el sentido en que Kant plantea el filosofar "se torna, ya desde la escuela, en discusión libre sobre todas las cosas, afectando el modo mental de la persona de situarse frente al mundo, frente a los demás y frente a sí mismo".35 Ante el sistema educativo imperante, que educa para la minoría de edad, para la renuncia al uso autónomo del propio entendimiento, para el placer de la obediencia, para la sumisión total a unos tutores que ahorran la dificultad de decidir por pensamiento propio, el pensador alemán sostiene que se requiere un pensar por sí mismo, autónomo, un argumentar crítico y analítico, sin dejarnos enajenar por los demás; un pensar en el lugar del otro, un debatir dialógico y tolerante; y un pensar consecuente. "Hay filosofía cuando los humanos asumen que deben pensar por sí mismos, sin dogmas preestablecidos, soportando la crítica y el debate con nuestros semejantes"36. En opinión del brillante psicólogo y epistemólogo Jean Piaget, el estudiante aprenderá a hacer funcionar su razón por sí mismo y construirá libremente sus propios razonamientos, lo cual se logra mediante su participación activa en el proceso de aprendizaje, que no sólo comprende el qué sino el cómo, el contenido sino el cómo lo aprende. El estudiante asume el compromiso de conquistar por sí mismo un cierto saber a través de investigaciones libres y de razonamientos propios.

El filósofo Leopoldo Zea invita a los hombres que aprendan a juzgar por sí mismos para que aspiren a la independencia del pensamiento. Quien piensa con independencia piensa también, al mismo tiempo, del modo mejor y más útil para todos. Kant decía que todo hombre debería saber quién es, qué debe pensar y qué debe hacer. Aprender a pensar filosóficamente es prepararse para ver detrás de las apariencias, para llegar al fondo de todo, a su ser, a lo que hace que sea lo que es. La filosofía debe ser un saber riguroso en procura de respuestas. "Antes de proponer teorías que resuelvan nuestras perplejidades, debe quedarse perpleja; antes de ofrecer respuestas verdaderas, debe dejar claro por qué no le convencen las respuestas falsas. Una cosa es saber después de haber pensado y discutido, otra muy distinta es adoptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar. Antes de llegar a saber, filosofar es defenderse de quienes creen saber y no hacen sino repetir errores ajenos".37 De nada sirve saber mucha filosofía como puro conocimiento, si la teoría no se aplica a la práctica de la vida, si ella no se convierte en un arte vivir, tal como lo aclara una "Guía del Maestro".

Frecuentemente se pregunta a los adultos ¿a qué vinieron a este mundo? y a los niños ¿qué quieren ser cuando grandes? Los "grandes" enmudecen ante la dimensión de este interrogante tan profundo y desconcertante, o responden "cualquier cosa" para "salir del paso": realizarse, tener éxito, triunfar, trabajar, progresar, tener una familia, hacer el bien al prójimo, desarrollar nuestras potencialidades, cumplir la misión para la cual estamos destinados, buscar la excelencia, la perfección y la verdad, etc. Los niños responden que quieren ser profesionales, millonarios, poderosos, grandes deportistas, actores de cine, etc. Algunos, jocosamente, dicen que cuando grandes querrán ser pequeños. Son muy pocos los adultos y los niños que contestan a estas dos preguntas como debe ser: "¡Venimos al fundo a ser felices! ¡Cuando seamos grandes queremos ser felices! He ahí las respuestas, porque el fin supremo del a vida humana es la búsqueda de la felicidad. "¡Qué desgraciados somos los que tenemos una idea de felicidad y no podemos conseguirla, y tenemos una idea de la verdad y no podemos conocerla", sentenció el filósofo Blas Pascal.

Como la verdadera naturaleza humana radica en la posibilidad de generar pensamiento, el hombre debe filosofar en procura de desentrañar y comprender la realidad y buscar la felicidad, sin importar los esfuerzos que deba realizar y los prejuicios que debe enfrentar en la cotidianidad de lo establecido, lo convencional, lo rutinario y lo mediocre, como el riesgo de ser tildado de loco. (Es importante aclararles a los detractores de la filosofía que la locura es un estado en el que una persona pierde la prueba de realidad, se aleja de los patrones del aquí y del ahora, no puede distinguir lo interno de lo externo y, en forma irreversible, se aleja del principio consensual de realidad).

Pero no puede desistir de su esfuerzo de filosofar, porque "tan acusado de locura es el espíritu pequeño como el extremadamente grande; sólo es buena la mediocridad; la mayoría ha establecido esto, y muerde a quien intenta escapar de ellos por algún extremo", señala Blas Pascal en sus "Pensamientos".

Ente los múltiples detractores del filosofar hay muchos que nunca han filosofado. ¿Con qué fundamento o autoridad se oponen al filosofar, si no han filosofado? Hay que sumergirse en las profundidades del a filosofía y bucear en sus cristalinas y turbias aguas para saber a qué "sabe" el filosofar. No se puede desconocer el valiosísimo aporte de la filosofía en la conformación de gran parte del fundamento de la tradición occidental. La democracia, a pesar de sus múltiples inconvenientes, las instituciones políticas, los sistemas de pensamiento, los derechos humanos, la filosofía del derecho, algunas ideologías y doctrinas políticas se idearon, germinaron, evolucionaron y desarrollaron en el apasionante y extraordinario universo de la filosofía.

Algunos aportes de la filosofía y del filosofar

Es procedente recordarles a los "enemigos" de la filosofía que los teóricos de la democracia, del origen y de la evolución del Estado (tanto antiguo como moderno) fueron eminentes filósofos como Sócrates, Platón, Aristóteles, Nicolás Maquiavelo, John Locke, Thomas Hobbes, Juan Jacobo Rosseau, Voltaire, Inmanuel Kant, Motesquieu, Augusto Comte, Hegel y otros.

La problemática de saber cómo se ven y se realizan las relaciones del individuo y de la sociedad frente al Estado (para citar un solo ejemplo), son producto de las elucubraciones filosóficas. Tal como nos recuerda el filósofo y psicólogo Heinz Dirks las respuestas dadas en este sentido por Aristóteles y Platón (a pesar de sus críticos y detractores) tienen plena vigencia hasta nuestros días, y de ahí han surgido las conclusiones más importantes sobre la constitución política del Estado y la valoración del hombre. En opinión de Aristóteles el hombre es lo principal y la sociedad es la unión de los hombres con sus disposiciones naturales, tensiones y conducta. De Aristóteles parte una línea que, pasando por Locke, Hume y Calvino, llega hasta las formas democráticas modernas cuyo ejemplo es la vida comunitaria de Norteamérica. Esta concepción aristotélica considera la necesidad del Estado y de su organización; pero su organización es tal, que el Estado debe estar en función del hombre y regir la vida de la comunidad de modo que el individuo disfrute de las máximas posibilidades para la realización de su existencia. Desde Platón, que planteó un modelo de vida estatal dentro del cual cada individuo debía ser educado y criado para ocupar su cargo u obligación correspondiente, parte una orientación que, pasando por Maquiavelo, Hegel, Marx y Lenín, llega hasta los sistemas totalitarios, en los cuales el hombre posee significado no en sí mismo, sino como portador de una tarea que ha de cumplir dentro del sistema. Así, el hombre existe para el Estado, y su valor no significa nada sino es en relación con su servicio.

Las ideas de la Ilustración, movimiento intelectual que realzó el papel de la razón como instrumento básico para la crítica, el conocimiento científico y el cambio socio-económico y político, y que sirvieron de base ideológica a la independencia de los Estados Unidos y a la Revolución Francesa, que acabó con el oprobio de las monarquías absolutas y el supuesto poder "divino" de los reyes, y generó la declaración de los Derechos del Hombre, fueron producto de la reflexión filosófica. "El pensamiento de la Ilustración fue, además, una de las causas de la Revolución Industrial. La fundación de Estados Unidos de América debió mucho a la resonancia filosófica de sus creadores, un grupo de filósofos prácticos como no se ha vuelto a ver desde entonces... Dos pilares de la Constitución estadounidense, Benjamín Frankiin y Thomas Jefferson, eran filósofos experimentales", aclara el filósofo estadounidense Lou Marrinoff. La declaración de independencia de los Estados Unidos fue redactada por Tomás Jefferson con gran influencia en las ideas del filósofo inglés John Locke. Para confirmar parte de este aserto, veamos lo que sostiene Albert Soboul, en su libro Compendio de la Historia de la Revolución Francesa: "Los orígenes intelectuales de la Revolución hay que buscarlos en la filosofía que la burguesía había elaborado desde el siglo XVII. Herederos del pensamiento de Descartes, que enseñó la posibilidad de dominar la naturaleza por la ciencia, los filósofos del siglo XVIII expusieron con brillantez los principios de un orden nuevo. Opuesto al ideal autoritario y ascético de la Iglesia y del Estado del siglo XVII, el movimiento filosófico ejerció sobre la inteligencia francesa una acción profunda, despertando, primero, y desarrollando después su espíritu crítico, proporcionándole ideas nuevas. La Ilustración sustituyó en todos los dominios con el principio de la razón, al de autoridad y tradición, bien se tratase de ciencia, de creencia, de moral o de organización política y social". Heinz Dirks agrega que la técnica se desarrolló a partir de la comprensión racional de la naturaleza, de la investigación de sus fundamentos y relaciones y de la posibilidad de transformarlas creando otras nuevas.

Como enciclopedista, el filósofo Juan Jacobo Rousseau fue considerado como precursor de la Revolución Francesa, y que la Declaración de los Derechos del Hombre hallara su fuente de inspiración en su Contrato Social, debido al valor que concede a la libertad, que le sitúa con pleno derecho entre los autores que en el siglo XVIII combatieron la tiranía de la monarquía absoluta. Según el filósofo e historiador Rafael Méndez, tal como sostiene en su libro Clásicos del Pensamiento Universal Resumidos, el pensamiento roussoniano, de gran vigor y penetración, determinó en buena manera los acontecimientos espirituales y políticos del llamado Siglo de las Luces.

La filosofía idealista influyó profundamente en el Romanticismo, movimiento estético, intelectual y cultural que modificó y conmovió la cultura europea del siglo XIX. "No se podría entender, de ningún modo, el pensamiento profundo que subyace en la sensibilidad romántica, sin la omnipresencia del idealismo trascendental, corriente filosófica originada en Inmanuel Kant, y sus derivaciones sobre el aspecto ilusorio de la realidad".38 La obra del filósofo Juan Jacobo Rousseau (1712-1778), además de servir de inspiración a los líderes de la Revolución Francesa, ejerció una influencia masiva en el Romanticismo. Los autores románticos encuentran su primera fuente de inspiración en la obra de Rousseau y de Goethe. La Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta nos dice que "fue precisamente Rousseau quien estableció el culto al individuo y celebró la libertad del espíritu humano al afirmar "Siento antes de pensar"… En él se destaca la importancia del sentimiento y la imaginación en la creación poética y se rechazan las formas y los temas literarios convencionales. De este modo, en el desarrollo de la literatura romántica de todos los países predomina la imaginación sobre la razón, la emoción sobre la lógica y la intuición sobre la ciencia, lo que propicia el desarrollo de un vasto corpus literario… Gran parte del teatro, la novela y la poesía romántica se entregan a la celebración del "hombre corriente" de Rousseau". Las obras de Rousseau operaron un cambio importante en la literatura europea de su tiempo, inaugurando una nueva manera de sentir, tan distante, que hicieron de éste un precursor del Romanticismo. Rafael Méndez agrega que la obra del pensador ginebrino y su testimonio vital, en donde la artificialidad y el prosaísmo social fueron duramente criticados y en donde se ofreció al hombre, en compensación, la alternativa de la naturaleza altiva y pura fueron, sin duda, uno de los puntos de partida más claros del movimiento romántico.

Los primeros fundamentos teóricos del Romanticismo se elaboraron en Alemania, gracias a los filósofos idealistas Johan Gottlib Fichte (1762-1814), Friedrich Wilhelm Joseph Schelling (1775-1854) y Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831), encargados de articular una profunda crítica al espíritu racionalista del siglo XVIII. La Gran Enciclopedia Ilustrada Círculo señala que "es precisamente en las doctrinas idealistas donde se hallan las características comunes a toda la literatura romántica europea. La crítica de la Ilustración realizada por estos pensadores proyectó hacia el futuro el deseo de perfección y armonía que hasta entonces se orientaba hacia los cánones de la tradición clásica, rescatando el valor del sentimiento como fuerza espiritual". Así mismo, el pensamiento del filósofo y escritor alemán Johann Gottfried von Herder (1744-1803) también influyó en los comienzos de este movimiento, ya que rechazó los excesos de la fría razón e intentó demostrar que la naturaleza y la historia humana obedecen las mismas leyes y que, con el tiempo, las fuerzas humanas antagónicas se reconciliarán.

La concepción del "Yo" elaborada por la filosofía idealista germánica constituye uno de los elementos dorsales del Romanticismo alemán y, de manera difusa, de todo el Romanticismo europeo. La teoría fichteana del "Yo absoluto" influyó profundamente sobre la concepción romántica del "Yo" y del universo. Los románticos identificaron el "Yo puro" con el "Yo del individuo", con el genio individual, y transfirieron a éste la dinámica de aquél. El espíritu humano, para los románticos, constituye una entidad absoluta de actividad que tiende al infinito, que aspira a romper los límites que la constriñen, en una búsqueda incesante del absoluto, aunque éste permanezca como meta inalcanzable.

Schelling es considerado como el filósofo del Romanticismo, cuyos conceptos fueron vivir y sentir. La filosofía natural, según Schelling, tiene por objeto descubrir el núcleo íntimo, principio y fuente de donde emanan los fenómenos, que son la totalidad. Esta totalidad es la que ilumina Schelling mediante el concepto de vida, que es vida creadora y no una simple suma de fenómenos. Schelling sostuvo que lo inconsciente y lo consciente coinciden en una misma realidad. Por eso sostenía expresivamente a los románticos que en el arte y en las creaciones artísticas tenían su encuentro, "en polaridad e identidad, naturaleza y espíritu, consciente e inconsciente, ley y libertad, cuerpo y alma, individualidad y universalidad, sensibilidad e identidad, finito e infinito…", dice Johannes Hirschberger en su Historia de la filosofía.

El filósofo alemán Friedrich von Schlegel (1772-1829) también fue otro teórico del Romanticismo. Éste confirió a la poesía romántica la misión de resolver lo finito en lo infinito. El Diccionario filosófico, de Leonor y Hugo Martínez Echeverri afirma que "el instrumento de esta poesía es el sentimiento, que relaciona estrechamente con la ironía, entendida ésta como la actitud que no distingue la realidad de la apariencia, lo serio de lo jocoso, con el fin de elevarse sobre lo común y ponerse en contacto inmediato con el principio infinito de lo real, logrando así la plena armonía del espíritu".

El Romanticismo influyó en movimientos libertarios y abolicionistas. "Gran parte de los movimientos libertarios y abolicionistas de finales del siglo XVIII y principios del XIX tienen su origen en conceptos de la filosofía romántica como pueden ser el deseo de liberarse de las convenciones y la tiranía, y el gran valor de los derechos y la dignidad del ser humano", sostiene la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta.

El precitado filósofo Lou Marinoff, en el referido libro, sobre la dinámica del Romanticismo precisa que "la filosofía romántica se desarrolló como reacción contra el materialismo, la mecanización de la sociedad y la visión de las personas como piezas de un mecanismo". Así mismo agrega que "los románticos se centraron en la unicidad de cada individuo, en la importancia de la espiritualidad y en el poder del arte. Valoraron la naturaleza más que la razón y los sentimientos más que el intelecto. Aunque en realidad vivió en el siglo XVIII, Rousseau es el romántico prototípico. Su idea del noble salvaje (abandonados en un estado natural daríamos lo mejor de nosotros mismos, pero la civilización nos corrompe) facilitó mucha información de lo que vendría después".

¿Cuáles fueron los aportes del Romanticismo latinoamericano? Muchos. Veamos algunos. El Romanticismo latinoamericano contribuyó a consolidad las naciones, reestructurar los estados, liberar definitivamente los individuos y las cosas, el pensamiento y las cosas, los ritos y los dichos. Stella Aranguren, Olga María Duarte y Diego Muñoz, en el libro Habilidades del lenguaje, señalan que "una vez instalado el Romanticismo en territorio hispanoamericano sirve de estímulo para el reencuentro de la inteligencia nacionalista con temas nuevos como: el hogar, la familia, la raza, los emblemas, los héroes, la libertad, las creencias religiosas, Dios y el hombre; todo cuanto tenga vínculos afectivos y estéticos con la personalidad humana" Fue un movimiento estético paralelo a las revoluciones de independencia. Algunos románticos participaron activamente en asuntos políticos. Los románticos aspiraron a un mundo mejor, encontraron un nuevo modo de expresión que reflejó el momento en que vivieron y cantaron a la tierra, al paisaje natural y a su guerra emancipadora. De acuerdo con la Biblioteca de Consulta Microsoft Encarta, "el Romanticismo estimuló además la identidad o conciencia colectiva de cada comunidad hispanoamericana y dio origen al concepto de literatura nacional que, unida a teorías de raíz positivista, orientaron los estudios literarios hasta entrado el siglo XX. En una palabra, el Romanticismo es el fenómeno capital de la literatura continental en el siglo XIX .

La creación de una conciencia americana fue obra de mentes egregias, de pensadores, es decir, de ¡filósofos! Las ideas de esa conciencia coincidieron, en sus inicios, con el auge del Romanticismo. Simón Bolívar, que liberó a gran parte de América de la servidumbre del virreinato, precisamente se nutrió de las ideas del brillante filósofo suizo Juan Jacobo Rousseau. Francisco de Paula Santander, otro gran hombre que contribuyó a la consolidación de nuestra nación, también recibió una enorme influencia de las ideas de su maestro: el filósofo inglés Jeremías Bentham (1748-1832).

Con respecto a la influencia del Romanticismo en Colombia, el precitado texto Habilidades del Lenguaje precisa que este movimiento no fue sólo modalidad literaria, sino una posición ante la vida, una manera especial de comportamiento tanto en las relaciones sociales como en las administrativas y políticas. El espíritu romántico calentó nuestra incipiente vida republicana, llenó las antologías de cantos nobles por su fuerza emotiva y raigambre nacional.

La filosofía de Hegel contribuyó a la unificación de Alemania y a su consolidación como Estado. El Socialismo, sistema para resolver los males del Capitalismo, fue teorizado por pensadores como Robet Owen, Charles Fourier, Pierre Joseph Proudhon, Claudé Henri de Saint-Simón, Federico Engels y Carl Marx. El pensamiento de Marx, conocido como Marxismo, logró despertar conciencia de clase en los trabajadores y organizar partidos políticos que influyeron en los cambios de política de los gobiernos y en el reconocimiento de derechos a los trabajadores. El Pragmatismo, que reduce los conocimientos a instrumentos de acción y busca el criterio de verdad de las teorías en su éxito práctico, y que se convirtió en una forma de vida de los norteamericanos, sin la cual no serían potencia mundial, fue creado por los filósofos estadounidenses Charles Peirce, William James y John Dewey. La ética o la reflexión sobre la moralidad, que nos orienta en la búsqueda de la felicidad (esencia y finalidad de toda vida humana), fue creada, pensada, repensada, planteada y replanteada por filósofos.

El aristotelismo, el racionalismo, el idealismo y el materialismo, es decir, la filosofía que algunos existencialistas cristianos llaman "nocionalismo", ha permitido y promovido el nacimiento de la ciencia moderna, del progreso material, cuyo valor existencial no puede subestimarse. Hasta como gimnasia intelectual tiene su utilidad. Forma la razón de los jóvenes, habituándolos a cierto rigor del pensamiento que no podría considerarse jamás como un mal y cuya utilidad práctica es incontestable. El existencialismo resalta el papel crucial de la existencia, de la libertad y de la elección individual, poniendo su énfasis en la existencia individual concreta y, en consecuencia, la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de la elección. Los filósofos de la existencia nos ponen en comunicación con hombres que viven, luchan, aman, sufren. Como está profunda y radicalmente comprometido con la existencia del hombre concreto, no se contenta con ser sólo discusión entre filósofos, sino que tiende a la conversión, a la acción. Se trata de descubrir el sentido de la existencia, su origen, su justificación, su finalidad. El estoicismo sirvió como sustento moral y estilo de vida que adoptaron los esclavos y los súbditos del Imperio Romano ante las duras condiciones impuestas por éste. Así, otras corrientes de pensamiento, escuelas, sistemas, doctrinas o planteamientos han sido y serán de gran utilidad para la ciencia, la política, la vida y la existencia.

Quienes son del parecer de que la filosofía no sirve para la vida práctica, es procedente que tengan en cuenta el planteamiento socrático que afirma que los dioses no conceden nunca a los mortales ningún verdadero bien sin esfuerzo y sin pugna seria por conseguirlo. Por eso sostiene que se debe educar filosóficamente para gobernar y para ser gobernado. Quien no tenga el valor y la tenacidad para superar los obstáculos, las renuncias, los sacrificios y dominarse a sí mismo, no podrá gobernar y tendrá que permanecer dentro de las masas gobernadas.

A pesar de que "filosofía" y "práctica" son dos términos que algunos no suelen relacionar, lo cierto es que la filosofía siempre ha proporcionado herramientas que las personas puedan usar en la vida cotidiana… Es tan "práctica" la filosofía, que muchas personas acuden a los denominados "consejeros filosóficos", cuando en la psicología, el sicoanálisis o la siquiatría (algunas veces por prejuicios, desconfianza o hipocondría) no encuentran "solución" a sus problemas de "salud mental". Todos llevamos un equipaje psicológico, pero librarse del exceso quizá exija asesoramiento filosófico. En opinión del filósofo estoico Epicuro, contra las enfermedades de la mente, la filosofía dispone de remedios, y "por esta razón se la considera, con toda justeza, la medicina de la mente".

Según el aludido filósofo Lou Marinoff (consejero filosófico) existe otra opción para las personas que se muestran insatisfechas o contrarias a las terapias psiquiátricas y psicológicas: el asesoramiento filosófico. "Puesto que las instituciones religiosas oficiales pierden autoridad ante un número creciente de personas, y que la psicología y la psiquiatría traspasan los límites de su utilidad en la vida de la gente (y comienzan a hacer más mal que bien), muchas personas están cayendo en la cuenta de que la pericia filosófica abarca la lógica, la ética, los valores, los significados, la racionalidad, la toma de decisiones en situaciones conflictivas o arriesgadas; en suma, toda la inmensa complejidad que caracteriza la vida humana" (Más Platón y menos Prozac). Marinoff aclara que este asesoramiento no ofrece enfoques pseudocientíficos orientados a las patologías ni propone superficiales principios propios de la Nueva Era, sino una sabiduría puesta a prueba por el tiempo y adaptada específicamente para ayudarnos a vivir con plenitud e integridad en un mundo que cada vez resulta más desafiante. "Entre los beneficios de la práctica filosófica se cuentan el modo de hallar la esencia de uno mismo y la valentía de vivir conforme a ella… El asesoramiento filosófico consiste en ayudarle a dar forma a sus pensamientos sobre todos los retos importantes de la vida y organizar los principios en los que cree, de modo que pueda obrar de acuerdo con ellos… Lo que obtendría después de abordar desde una óptica filosófica el asunto que le atañera sería una forma duradera, profundamente arraigada e imparcial, de hacer frente a cualquier obstáculo que surja en su camino, ahora y en el futuro. Encontraría esta verdadera tranquilidad de espíritu mediante la contemplación, no con medicamentos. Platón sí, Prozac no. Ello exige pensar con claridad y agudeza, lo cual no está fuera de su alcance. …la psicología y la psiquiatría no tienen nada que decir acerca de la injusticia. Si lo que usted quiere es resolver un problema filosófico, solicite ayuda filosófica", plantea Marinoff.

Estos "consejeros", con fundamento en planteamientos filosóficos, tanto orientales como occidentales, logran asesorar con éxito a sus pacientes, porque hay aspectos de la psiquis humana que no encuentran "sosiego" en dichas ciencias. Los asesores apartan la filosofía de los contextos puramente teóricos o hipotéticos y la aplican a los problemas cotidianos de la vida personal, social y profesional. El asesoramiento filosófico, tal como lo concibe Marinoff, permite "aplicar la filosofía al hacer frente a dilemas morales; a conflictos éticos en el ámbito profesional; a dificultades para reconciliar su experiencia con sus creencias; a conflictos entre la razón y la emoción; a crisis de sentido, propósito o valores; a la búsqueda de la identidad personal; a las estrategias que es preciso seguir como padres; a la ansiedad ante un cambio en su trayectoria profesional; a la incapacidad para alcanzar sus objetivos; a los cambios de la mediana edad; a los problemas en sus relaciones personales; a la muerte de un ser querido o su propia mortalidad… Es una guía práctica para los dilemas más frecuentes de la vida… Trata sobre las grandes cuestiones con las que todo el mundo se encuentra en la vida y facilita las respuestas que dieron algunas de las mentes más privilegiadas de todos los tiempos, así como estrategias que le conducirán a la respuesta más valiosa para usted: la suya propia. …si usted es curioso, especulativo, reflexivo, analítico y elocuente, puede beneficiarse en gran medida del asesoramiento filosófico… A diferencia de los médicos y abogados, a quien solemos recurrir porque poseen conocimientos especializados de los que carecemos, los consejeros filosóficos no confiamos forzosamente en la pericia sino en la habilidad general para dirigir una investigación. No le proporcionamos respuestas, sino que le ayudamos a formularse las preguntas más pertinentes. No actuamos necesariamente como autoridades que revelan información que usted desconocía, sino que facilitamos la guía que muchas personas necesitan tras haber olvidado o descuidado el significado de examinarse a sí mismas". La filosofía nos brinda las herramientas para explorar nuestra vida. Cuando uno empieza a descubrirse filosóficamente, la vida puede cambiar.

Gran número de los auténticos problemas que inquietan la existencia humana (en múltiples sentidos) escapan al dominio de estas ciencias, y en búsqueda de respuestas debemos acudir a la filosofía. ¿Será que estas ramas del conocimiento científico podrán decirnos quiénes somos, cuál es el sentido de la vida y cómo conocernos genuinamente a nosotros mismos? ¿Será que tienen la solución "concreta" o la respuesta adecuada para una persona que no le encuentra sentido a su vida o que esté sumido en una profunda angustia existencial, producto de no abordar con sentido crítico el aparente pesimismo implícito en el Existencialismo? El psicólogo y filósofo Víctor Frankl aclara que muchas personas con problemas, no están enfermas de la psique sino de su dimensión espiritual, es decir, no le encuentran sentido a la vida. Abraham Maslow, psicólogo de la llamada "tercera fuerza", precisa que la búsqueda de sentido de la vida, de la verdad, de la relación profunda, de la libertad interior, de la realización de un ideal a favor de los demás, son motivaciones de crecimiento y de autorrealización.

No se puede desconocer que la psicología otrora era parte de la filosofía, y que "científicos" como Sigmund Freud (sicoanalista), Carl Jung (sicoanalista), Wilhelm Wundt, Burrhus Frederic Skinner, William James, John Dewey y Jean Piaget (sicólogos) y Karl Jásper (siquiatra), entre otros, elaboraron algunos planteamientos filosóficos, es decir, filosofaron. "Incluso después de que la psicología cobrara un peso importante, la filosofía y la psicología siguieron siendo disciplinas gemelas hasta entrado el siglo XX", aclara Marinoff. El psicoanálisis, considerado como una terapéutica y como una interpretación de la realidad humana en su conjunto, en opinión del filósofo Jaime Rubio Angulo, no es una disciplina filosófica, sino una disciplina al servicio de la filosofía. No olvidemos que el filósofo Tomás Hobbes fue el primer científico político y el primer psicólogo empírico. Hay quienes afirman que el filósofo Federico Nietzsche fue el más profundo de los sicólogos. "Efectivamente, sus críticas contra el cristianismo en su esencia misma… son trabajos de psicología más que de apologética o crítica, y los argumentos que utiliza son de la misma especie con que ataca la civilización contemporánea, a la que acusa de nihilista y decadente", aclara Fernando Savater en su libro Nietzsche en la historia de la ética. Por su parte, el filósofo Herbert Frey, en su libro Nietzsche, el filósofo de nuestro tiempo y del mañana: reflexiones sobre Nietzsche como filósofo, afirma que "Nietzsche visualizó filosóficamente y con maestría psicológica el nihilismo europeo en su origen histórico y la modernidad manifiesta en todas sus formas: en la ciencia y el arte, en la economía y la política." Así mismo, señala que "la psicología de Nietzsche apareció como clave de su obra con una significación creciente". El mismo Nietzsche planteó que "concebir la psicología como yo lo hago, bajo las especies de una morfología y de una genética de la voluntad de poder, es una idea que no se le ha ocurrido a nadie, si bien es cierto que a partir de todo lo que se ha escrito, se puede adivinar también lo que ha pasado en silencio". François de la Rochefoucauld (1613-1680), escritor y filósofo moralista francés, en sus obras analiza las motivaciones y la psicología del ser humano.

A pesar de ser dos saberes interdependientes, la aparente "ruptura" entre filosofía y psicología se presentó cuando surgió la psicología conductista (en pleno auge del positivismo), desconociéndose que la filosofía es incompleta sin la cosmovisión sicológica. Un psicólogo conductista (precisamente) como Rubén Ardila, quien reconoce que hubo un período de desconfianza mutua entre psicología y filosofía, que se está comenzando a superar, nos dice en su Síntesis experimental del comportamiento que "gran parte de la psicología contemporánea se caracteriza por un profundo interés por los fundamentos filosóficos… los psicólogos han empezado a reconocer la importancia que tiene la filosofía para comprendes las bases conceptuales de su disciplina… En este interés filosófico los psicólogos han seguido muy de cerca los físicos, que comenzaron hace varias décadas a interesarse por los problemas filosóficos".

Son muchos los que no comparten los fundamentos del conductismo (que no tiene en cuenta la conciencia ni la vida mental, y plantea que toda conducta es una respuesta a algún estímulo o agente del ambiente, que el ser humano puede ser condicionado, y que la conducta humana puede explicarse siempre con la fórmula estímulo-respuesta), como en el caso de Lui Marinof que indica que "…la psicología conductista nunca nos proporcionará unos principios éticos, los cuales constituyen una de las piezas clave de la vida humana, y un tema al que se consagra toda una rama de la filosofía... los conductistas convierten a las personas en unos seres demasiado superficiales y omiten nuestros ricos universos mentales"; en tanto que el brillante psiquiatra y filósofo Luis Carlos Restrepo precisa que el conductismo considera al ser humano como simple producto del ambiente, resultado de la interacción de variables que pueden ser medidas, corregidas y manipuladas. En su libro La Trampa de la Razón, Restrepo nos advierte que un hombre reducido a sus hábitos, obligado a la adaptación y la eficacia, es el siervo que necesitan los señores de la industria y de la guerra para jugar en el ajedrez del mundo sus ambiciones geopolíticas. Según el psicólogo Charles Morris, una de las premisas del conductismo es "si no puedes ver algo ni medirlo, más vale que nos olvidemos de ello" ya que la psicología sólo se debe limitar al estudio del comportamiento observable y medible.

El conductismo reduce los actos a mera causa-efecto, en una concepción determinista del ser humano, queriendo desconocer que somos mucho más que nuestros condicionantes y que la vida va más allá de una serie de respuestas establecidas. "La psicología, a su vez, fracasa cuando está desprovista de un punto de vista filosófico, y ambas disciplinas no han hecho sino empobrecerse como resultado de su bifurcación. Algunas áreas de la filosofía, como la lógica, están situadas claramente al margen de la psicología, lo cual no implica que, por regla general, la filosofía se fundamente en la observación, en los datos, en la percepción, en las impresiones; y todo ello se adentra en el territorio de la psicología. Cuando contemplamos el mundo, no siempre vemos con claridad lo que tenemos delante; los rasgos peculiares fisiológicos y las interpretaciones subjetivas casi siempre intervienen. Esta interpolación (la diferencia entre objeto y experiencia) es pura psicología, y ningún punto de vista filosófico se sostiene sin ella", agrega Marinoff.

Es cierto que algunas personas sacan un relativo provecho de la psicología, pero la comprensión de las cosas no termina ahí, porque la psicología fracasa cuando está desprovista de un punto de vista filosófico. "El equilibrio entre los enfoques psicológico y filosófico es lo que en definitiva será más ventajoso para la mayoría de la gente", precisa Marinoff. Muchos buenos psicólogos son muy filosóficos. Y los mejores filósofos también son psicológicos. Aunque la psicología quizá logre entresacar algunos hilos de conocimiento, ésta jamás revelará el complejo tapiz de la naturaleza humana en toda su extensión. "La psicología no puede llevarle tan lejos, por más promesas que lea en la cubierta del último éxito de ventas. Para integrar todas las revelaciones concebibles (las psicológicas son sólo un tipo de ellas) en una visión del mundo (una filosofía personal) que resulte coherente y práctica, lo que necesita es filosofía… La atención psiquiátrica o el asesoramiento psicológico de buena calidad pueden constituir un apoyo valioso y eficaz para solucionar muchas clases de trastornos personales… Por desgracia, con demasiada frecuencia la psicología y la psiquiatría han aspirado a catalogar las enfermedades de todo el mundo, tratando de diagnosticar a cualquiera que entrara en sus consultas en busca del síndrome o trastorno que sería la causa de su problema… Las personas que luchan por hallar una manera de comprender y manejarse en un mundo que cada día es más complejo no tienen por qué verse etiquetadas con un trastorno, cuando lo que en realidad están haciendo es avanzar por caminos consagrados a la búsqueda de una vida más satisfactoria. …el asesoramiento filosófico es el que ofrece una mayor variedad de enfoques prácticos y duraderos de los problemas más comunes que llevan a las personas a pedir ayuda, y obviamente llena los espacios en blanco que dejan otras clases de asesoramiento", advierte Marinoff."

La psiquiatría tampoco consigue manejar de forma conveniente los problemas cotidianos de los que la mayor parte de la gente siente necesidad de hablar. A causa del énfasis posfreudiano que se pone en las enfermedades de origen biológico con síntomas mentales o emocionales (y en la receta de medicamentos para controlarlos), la psiquiatría únicamente afecta a una parte muy pequeña de la población. Quienes padecen disfunciones debido a enfermedades físicas que escapan por completo a su control (como los maníacos depresivos) se ven aliviados con la medicación. Para hacer frente a un problema de esta clase, debe dirigirse a la consulta del psiquiatra. Ahora bien, si su problema está relacionado con la identidad, los valores o la ética, lo peor que puede hacer es permitir que alguien le endilgue una enfermedad mental y le extienda una receta. Ninguna pastilla hará que se encuentre a sí mismo, que alcance sus metas o que obre como es debido. Si la raíz de su problema es filosófica, no hallará nada en los estantes de la farmacia que le proporcione un alivio duradero… Así como la medicación es posible que resulte útil en casos puramente psicológicos o físicos, la filosofía puede proporcionar una ayuda complementaria en cualquier caso que sea tratado con medios físicos o psicológicos. Incluso en los casos psiquiátricos en el sentido más estricto de la palabra, como la necesidad de litio para un maníaco depresivo, la filosofía puede ser de ayuda una vez que el enfermo se muestre médicamente estable… Una de las razones por la que tantos pacientes tropiezan con dificultades para ser fieles a la medicación (incluso cuando dicha medicación les da buen resultado) es que, de un modo u otro, no se sienten ellos mismos cuando la toman. Esto nos lleva al núcleo de la más filosófica de todas las preguntas: "¿Quién soy yo?" Tal vez necesite redescubrir su propio ser bajo el influjo de la medicación. Y esto, a su vez, conduce al tipo de preguntas "¿Qué me hace ser yo?" y "¿Qué soy además de mi cuerpo físico?" que constituyen el pan de cada día de los filósofos… ¿Cómo sabrá lo que debe hacer si no se conoce a sí mismo?... Por supuesto, conocerse a sí mismo tiene una vertiente psicológica, así como otra física, pero, a la larga, descubrir la esencia más íntima de su ser es una tarea filosófica. La idea de que todos los problemas personales son enfermedades mentales constituye prácticamente una enfermedad mental en sí misma. Su principal causante es la irreflexión y la mejor cura la lucidez. Y ahí es donde la filosofía entra en juego… Como consejero filosófico soy un abogado en defensa de los intereses de mis clientes. Mi trabajo consiste en ayudar a las personas a comprender con qué clase de problema se enfrentan y, mediante el diálogo, desenmarañar y clasificar sus componentes e implicaciones. Les ayudo a encontrar las mejores soluciones: un enfoque filosófico compatible con su propio sistema de creencias y, al mismo tiempo, en consonancia con principios de sabiduría consagrados que contribuyen a llevar una vida más virtuosa y efectiva… Es el diálogo, el intercambio de ideas en sí mismo, lo que resulta terapéutico", indica Marinoff.

Por más que tratemos de confiar "ciegamente" en el conocimiento y la investigación rigurosamente científica, acudiendo a las "comprobadas" y reputadas ciencias como la psicología, el sicoanálisis o la psiquiatría, hay "problemas" del dominio exclusivo de la filosofía que estas ciencias no podrán solucionar o darles una respuesta, especialmente los dilemas éticos, morales o políticos que también perturban la psiquis humana… "Aunque "filosofía" y "práctica" son dos palabras que la mayor parte de la gente no suele relacionar, lo cierto es que la filosofía siempre ha proporcionado herramientas que las personas puedan usar en la vida cotidiana. Tanto Sócrates, que se pasaba el día debatiendo cuestiones de gran importancia en el Ágora, como Laozi, que recopiló sus consejos sobre cómo seguir el camino del éxito evitando todo perjuicio, querían que sus ideas fuesen de utilidad. La filosofía, al principio, era una forma de vida, no una disciplina académica; es decir, no solo objeto de estudio sino también de aplicación. No fue hasta el siglo pasado, aproximadamente, cuando la filosofía se vio consignada a un ala esotérica de la torre de marfil, llena de avances teóricos pero desprovista de toda aplicación práctica", acota Marinof.

Muchos de los llamados libros de "autoayuda" o "autosuperación", en diversas ocasiones, se apoyan en la filosofía; sus autores acuden a ésta para extraer algunos principios, puntos de vista, doctrinas o ideas para sustentar sus "orientaciones". Es verdad que este tipo de "literatura" es objeto de controversia, debate y cuestionamiento; pero si se leen con auténtico sentido o espíritu crítico, sacaremos algún provecho "práctico" de sus "orientaciones", evitando ser alienados, domesticados, cosificados, masificados…

Para los "escépticos" de la eficacia e importancia "práctica" de la filosofía, les queda claro que La filosofía, pese a su reputación de ser oscura y dificultosa, ofrece resultados prácticos a casi todo el mundo. Epicuro, que consideraba a la filosofía como la "medicina para la mente", sentenció que "vacuo será el razonamiento del filósofo que no alivie ningún sufrimiento humano". ¿Será que aprender a vivir auténticamente (que es uno de los tantos valiosos aportes de la filosofía) no es un quehacer práctico? "La filosofía está recobrando su legitimidad perdida como un modo útil de examinar el mundo que nos rodea, mientras el universo nos proporciona nuevos misterios antes de que ni la teología ni la ciencia hayan podido reconciliar los enigmas existentes", puntualiza Marinoff.

Influencia de la filosofía y de los sistemas filosóficos

La influencia de la filosofía y de los sistemas filosóficos ha sido, es y será demasiado valiosa. Desde el mismo instante en que surgió el pensamiento racional, el amor por la sabiduría, la filosofía, los paradigmas que ésta viene estableciendo, de acuerdo con su auténtica naturaleza, han venido sufriendo cambios radicales que de, una u otra manera, afectan e inciden en la historia y en algunas ciencias como la física, la astrofísica, las matemáticas, la química, la antropología, la epistemología, la pedagogía, la lógica, la política, el derecho, la economía, la medicina, la psicología, el psicoanálisis, la sociología, la tecnología y otros aspectos de la existencia: ética, moral, valores, educación, investigación, ontología, metafísica, gnoseología…

El saber reflexivo, riguroso y sistematizado (la filosofía) es el más práctico de todos los saberes, debido a que todo hombre, aun el de la vida cotidiana y el científico que no hace profesión de filosofía, construye su imagen total de la vida y del mundo y de ella vive; sin la reflexión filosófica, ni se encuentra el hombre a sí mismo en el mundo, ni puede encauzar su obrar, ni poner en paz su vida afectiva. La filosofía occidental ha sido la que ha plasmado nuestra civilización.

La filosofía griega (que comenzó con los Presocráticos, quienes se preguntaron por el origen y la naturaleza de las cosas) inició una marcha que nos ha llevado a las profundidades de la naturaleza con los últimos descubrimientos de la física atómica; nos ha acercado a los astros con la maravillosa tecnología de la astrofísica, ha unido a todos los hombres con los hilos invisibles pero efectivos de las comunicaciones modernas y nos ha permitido penetrar y descubrir los arcanos misterios del hombre a través de la medicina, sociología y psicología actuales. Los primeros filósofos tuvieron una inquietud común: buscar el fundamento de todo, es decir, el principio de donde todo procede, de lo que todo está hecho.

Los filósofos clásicos, Sócrates, Platón y Aristóteles, retomando, confrontando y perfeccionando los planteamientos de sus predecesores, y creando sus planteamientos propios, establecieron un extraordinario y genial sistema de pensamiento que ha influido demasiado en la cultura occidental y que tiene una formidable vigencia en la actualidad.

Los filósofos presocráticos constituyen el fundamento histórico y sistemático del platonismo. Platón y Aristóteles crearon sistemas tan profundamente pensados que servirán de fundamento a toda la filosofía occidental posterior. Sus sistemas, de máxima altura en la historia del filosofar, han permanecido como modelos de la más profunda y verdadera reflexión filosófica.

Aristóteles, considerado por el consenso histórico como el más grande filósofo de todos los tiempos, sistematizó todo el pensamiento griego e implementó el llamado realismo aristotélico que sirvió de paradigma ontológico y metafísico hasta el Renacimiento, sin que su vigencia como filósofo hubiera llegado sólo hasta esa época.

El francés Renato Descartes (1596-1650), con su espíritu moderno, partiendo de un pensamiento auténticamente original, instauró un nuevo sistema (idealismo) que se convirtió en el paradigma de la modernidad que impulsó la ciencia y el progreso, y que aún conserva cierta vigencia, dada la genialidad de este formidable pensador, que incursionó también en el campo de las matemáticas y otras ciencias. El idealismo cartesiano, que contribuyó al surgimiento del racionalismo y el empirismo, se consolidó con pensadores como Benito Spinoza (1632-1677), Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716), Jonh Locke (1632-1704), George Berkeley (1685-1753) y David Hume (1711-1776), y fue llevado hacia sus más altas cumbres de perfección por Inmanuel Kant (1724-1804) y Georg Wilhelm Hegel (1770-1831). Con Hegel, el idealismo alcanza su más alto grado de desarrollo y perfección. El idealismo ha sido el sistema que más profundamente ha incidido en la cultura occidental moderna, debido a que dio origen a la ciencia y al progreso, y, de una u otra manera, todavía sentimos su evidente influencia en nuestra manera de hacer, de ser y de pensar.

Con el surgimiento de filósofos como el alemán Kart Marx (1818-1888) y el francés Augusto Comte (1798-1857), en el siglo XIX, se supera, en cierta medida, el idealismo y se inauguran otros paradigmas: el marxismo, producto de la genialidad de Marx, y el positivismo, planteado por Comte. El marxismo (reacción y superación del idealismo) se constituyó en el paradigma de lucha del socialismo en contra del capitalismo, además de ser el modelo del materialismo ateísta. El positivismo, como reacción a la metafísica (y contra la filosofía misma), se convirtió en el paradigma que despertó una exagerada pasión por los hechos y la ciencia (hasta degenerar en un cientificismo o cientismo, que consiste en otorgar demasiada importancia a las ciencias, aun por encima de las demás actividades humanas, porque supuestamente la ciencia es capaz de resolver todas las inquietudes que el hombre pueda plantearse). Estos dos últimos paradigmas tuvieron gran vigencia durante la segunda parte del siglo XIX y comienzos del XX.

En la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, como reacción a la subjetividad, producto del idealismo, nacieron otros sistemas que dieron origen a nuevos paradigmas, como el vitalismo, el personalismo y el historicismo con una corta y relativa influencia, excepto el utilitarismo y el pragmatismo que son paradigmas y formas de vida y de producción en Inglaterra y los Estados Unidos con una evidente y contundente vigencia. Pero a mediados del siglo XX entró en escena el existencialismo (reacción contra el idealismo, el racionalismo, el positivismo y el materialismo), un revolucionario sistema que centró su quehacer y su pensamiento en la existencia del hombre concreto con toda su problemática existencial. Este paradigma ejerció gran influencia en su tiempo y continúa, aunque no tan arrolladoramente, hasta nuestros días. A pesar de que cada paradigma filosófico ha sido superado por otro, cada uno sigue ejerciendo alguna vigencia en la actualidad; ninguno de ellos ha sido superado, desechado u olvidado definitivamente.

¿Quedan dudas sobre la utilidad de la filosofía? Como queda demostrado con los anteriores ejemplos o evidentes muestras, la filosofía fue, es y será demasiado útil en la cultura, la política, la sociedad, la economía, la ideología, la ciencia, la educación, en fin, en la vida misma…

¿Por qué se debe aprender a filosofar?

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