La filosofía y su importancia en la educación (página 6)




El educando no puede ignorar que filosofar es un requisito para ser libres, comprendiendo que ser libre no es hacer aquello que uno quiere o desea sino aquello que uno debe. La libertad conduce los deseos por los caminos de la racionalidad y de la responsabilidad. La libertad va indisolublemente unida a la conciencia del deber y al sentido moral. Aquello que califica a una persona como tal es su capacidad de pensar, su facultad de decidir asumiendo responsabilidad y su búsqueda del bien para sí mismo y para la comunidad. La filosofía es una escuela activa de pensamiento riguroso, de libertad responsable y de virtud gozosa. Es aquí donde la filosofía tiene un papel central en la formación del ser humano; ya que sólo tendremos hombres en el pleno sentido de la palabra cuando aprendamos a servirnos de nuestro saber para la construcción de un mundo más humano. El estudiante debe comprender que la filosofía es una "dimensión existencial del hombre que se autocomprende como proyecto indeterminado y problemático (libertad y sentido de la vida) abocado a tomar decisiones y opciones fundamentales. Dimensión teórica de búsqueda de los fundamentos últimos y raizales del ser y el conocer. Dimensión práctica como orientadora (ética) y autoconciencia crítica del movimiento social, histórico a nivel del concepto y los principios constitutivos de la praxis sociopolítica".161

El alumno se debe preguntar por el sentido del filosofar. Pero para establecer cuál es el sentido del filosofar, no puede pasar desapercibida la tarea de la filosofía. Es deber de la filosofía elevar el nivel de profundidad de la reflexión; y así mismo, poner en cuestión las evidencias del sentido común, de lo establecido social y políticamente y lo que se cree como legitimado. Todo esto, para buscar estudiantes autónomos y libres, que indaguen por el bienestar del hombre en sus diferentes niveles de convivencia. El estudiante debe saber que "si en la filosofía pocos son los genios y los creadores, la necesidad del filosofar como actitud auténtica ante la vida debe ser posibilidad universal. Pues en definitiva lo significativo y duradero para nuestra vida personal no son los autores, las obras y los sistemas, sino el grado de iluminación que a través de ellos logremos en el camino interminable e inabarcable de las ideas, los valores y la verdad".162

Una de las tareas de la filosofía es formar hombres críticos. Pero ser crítico, tal como sostiene el filósofo y sociólogo alemán Max Horkheimer, no significa que el alumno tenga una postura criticona, superficial, sino por el contrario, es un esfuerzo intelectual que el alumno debe lograr para no aceptar sin reflexión y por simple hábito las ideas, los modos de actuar y las relaciones sociales dominantes".163 La crítica no puede quedarse en el "no tragar entero"; debe ser un esfuerzo por armonizar, entre sí y con las ideas y metas de la época, por la construcción de un mundo mejor, por investigar los fundamentos de las cosas, en otras palabras: "por tratar de conocerlas de manera real"164, ya que no se quiere un estudiante pasivo, sino un estudiante con un compromiso y unos cuestionamientos que involucren al otro y los otros para que los individuos regulen su diferencia de sus particularidades construyendo espacios de participación, consenso y diálogo.

El alumno debe ser consciente que la filosofía es un pensar subversivo en el buen sentido de la palabra, porque es el intento del hombre por introducir la razón en el mundo; esto lleva a que tal posición sea cuestionada y puesta en tela de juicio por posiciones dominantes y dogmáticas, ya que el hombre que piensa ejercer una postura incómoda, obstinada e inquieta es una persona que no se domestica y sus preguntas desbordan el horizonte de la cotidianidad. Debe saber que "aprender y educarse en filosofía no significa recibir simplemente determinados contenidos teóricos, sino asumir problemas y prepararse para responderlos de un modo original y creador".165 El profesor Juan José Adrados nos advierte que "en filosofía, más seguramente que en otra disciplina, sólo es fértil el pensamiento educado, apto para plantear cuestiones y formular respuestas con sentido, es decir, encuadradas en un contexto ideológico preciso".166

El estudiante necesita saber qué hace un filósofo para empezar a motivarse en la inmersión en tan asombroso universo. Aunque la filosofía no es una profesión rentable, de las que necesita el consumismo, tiene muchos campos de acción como "en la investigación, para desarrollar el pensamiento filosófico. En la docencia, impartiendo conocimientos y participando activamente en investigaciones interdisciplinarias. En el periodismo, elaborando artículos que requieran conceptualización y análisis. En la industria editorial, colaborando en la redacción y corrección de libros".167

También debe tener objetivos claros en el aprendizaje de la filosofía para que aprenda a expresar el pensamiento en forma libre y espontánea como resultado de una reflexión autónoma y argumentada; que sea capaz de manifestar libertad de espíritu y desarrollar habilidad reflexiva para tomar posición frente a las diversas formas de propaganda, de exclusión o intolerancia, como condición para asumir y compartir la responsabilidad de responder a los grandes interrogantes contemporáneos en el campo de la ética y de la política.

El profesor Deháquiz sostiene que el objetivo fundamental del estudio-aprendizaje de la filosofía es claro: potenciar al máximo el pensamiento crítico-reflexivo del alumno, ejercitándolo en la construcción de relaciones intelectuales al más alto nivel; pensamiento elaborado como discurrir con razones filosóficas, como filosofar. Pero no se puede filosofar plenamente sin la aprehensión de la filosofía, sin conocer el contenido objetivo del pensamiento humano concreto y su evolución histórica. Se da una relación dialéctica creativa, pedagógica y metodológica entre el filosofar y filosofía: éste es el objeto del filosofar, el cual es, a su vez, iluminado en su creatividad discursiva por la filosofía. El filosofar es el centro del acto educativo filosofante. La reflexión filosófica posibilitará "que el estudiante pase de ser pasivo y acrítico, a ser una persona pensante, reflexiva, crítica; de un hombre conformista y fatalista, individualista y egoísta, a una persona solidaria que participa activamente en las comunidades".168 El quehacer filosófico llevará al educando a razonar por él mismo, "abandonar la conciencia ingenua que lo hace aceptar las cosas porque sí, porque así deben ser, y que sea capaz de desarrollar su conciencia crítica que lo lleve a relacionar, a pensar y a comprender la realidad"169

El auténtico compromiso del estudiante, inexorablemente, lo llevará a despertar su espíritu crítico y reflexivo para que acometa por su cuenta y riesgo el fascinante arte de filosofar, que le implica, entre otras habilidades, ir a los textos filosóficos, navegar en sus profundas y caudalosas aguas para encontrarse "frente a frente" con los auténticos filósofos, quienes lo maravillarán y hechizarán con sus obras geniales, pletóricas de la más selecta prosa dialéctica con los libros de Platón y con los estremecedores, impactantes, excelsos y poéticos aforismos de Nietzsche. Leyendo, investigando y reflexionando en la profundidad de los diálogos platónicos, por ejemplo, el estudiante aprenderá a dialogar de manera argumentada, aceptando la diferencia y adquiriendo habilidades dialécticas para el debate, el disenso, el acuerdo, el desacuerdo, la controversia… Los "incómodos" aforismos nietzsechenos, además de impactarlo y afectarlo en su más honda psicología, le servirán de espolique para que se cuestione y replantee su existencia y la forma como hasta ahora estaba percibiendo, interpretando y sistematizando su realidad y la realidad de la cultura occidental.

Hoy cuando se habla de derechos humanos y conservación del medio ambiente, el estudiante debe reflexionar profundamente sobre la tecnociencia, repensar el problema de la vida en relación con la ética. Debe ser consciente de que la bioética, como nueva opción para filosofar, es una reflexión que trata de integrar los saberes filosóficos con los científicos, físicos, técnicos y matemáticos, en búsqueda de una toma de conciencia del ser en el mundo; tratando de asumir los niveles más altos de autoconciencia donde nace el sujeto moral y afirma su autonomía como persona en el análisis y discusiones asumidas con libertad; intentando tomar conciencia de nuestra cuota de responsabilidad que tenemos sobre nosotros mismos, sobre el respeto de los derechos humanos y la conservación de nuestro hábitat.

¿CUÁL ES EL PAPEL DEL MAESTRO EN SU QUEHACER FILOSÓFICO?

Al docente de filosofía, entre otros quehaceres, le corresponde rescatar el valor de la filosofía y "enseñar" al estudiante a filosofar, a pensar. Su papel en el momento actual, debido a los profundos cambios que se registran en la sociedad y en la educación, es de un gran compromiso por cuanto debe tener su mente muy abierta, adaptarse a los cambios y desempeñar su labor con mucha responsabilidad. Es por eso que tiene que convertirse en un minucioso investigador en el campo de la didáctica filosófica, con el propósito de considerar las nuevas propuestas e implementarlas a su dinámica docente.

El papel del maestro en este sentido implica demasiado compromiso porque sus esfuerzos deben orientarse en lograr que el estudiante aprenda a filosofar. Para que esto ocurra deberá convertirse en un auténtico facilitador del proceso académico en procura de que el alumno se "enamore" de la filosofía, conviva con ella y la vivencie de tal manera que se maraville con el quehacer filosófico como instancia que le permitirá profundizar y comprender la realidad. El profesor ha de comprometerse con su quehacer docente, y en su empeño "constituirse en ejercicio vivo del acto de filosofar a través del cual el estudiante asume su capacidad de pensar y la pone en acción".170

El maestro debe tener presente que "enseñar filosofía no consiste en informar o ilustrar al discípulo acerca de pormenores que fatigan su memoria, sino suscitar en su ánimo el nacimiento de los problemas y despertar la necesidad de encontrarles perentoria respuesta".171 Una enseñanza de la filosofía no es enseñanza sobre la filosofía: es una enseñanza misma de naturaleza filosófica. El quehacer del docente de filosofía "no es simplemente enseñar la filosofía, sino fundamentalmente la de enseñar a filosofar".172 El filósofo alemán Leonard Nelson nos dice que si acaso existe algo en la filosofía que pueda considerarse enseñanza, sólo puede ser el enseñar a pensar por uno mismo.

La enseñanza de la filosofía debe ser una experiencia grata y enriquecedora. Según Diana Uribe Forero, "enseñar filosofía a los adolescentes es un privilegio, porque para ellos tiene todo un significado, debido a que están formándose valorativamente. Enseñar filosofía es toda una aventura; las clases son toda una aventura. La filosofía es algo muy personal... Cuando uno tiene eso en la cabeza tiene un mundo abierto, y en la medida en que entre a estudiar otros universos los enriquece".

El profesor, como orientador "de un proceso de formación, enseñanza y aprendizaje de los educandos"173, debe comprometerse con su realidad docente, para lo cual deberá estar muy bien preparado y poseer las características de un verdadero maestro. Además, debe ser una persona crítica, "con una formación académica y humana completa, y por lo tanto, pensante. Si alguien va a enseñar a pensar, tiene que pensar".174 El educador debe saber que "la filosofía no es la revelación hecha por quien lo sabe todo al ignorante, sino el diálogo entre iguales que se hacen cómplices en su mutuo sometimiento a la fuerza de la razón y no a la razón de la fuerza".175

Según la visión de la Universidad Santo Tomás, el profesor de filosofía debe ser un profesional "con una sólida estructura de pensamiento filosófico para que su desempeño docente, investigativo y de servicio a la comunidad contribuya a la promoción y fortalecimiento de la vida cultural colombiana y latinoamericana, así como la recreación y enriquecimiento del patrimonio filosófico universal". Complementando tan interesante visión, los textos de esa institución nos dicen que "el filósofo (docente de filosofía) es un investigador con extraordinaria capacidad de análisis, síntesis y valoración crítica. El análisis, en el sentido cartesiano, consiste en dividir cada una de las dificultades que se examinaren en tantas partes como fuese posible y en cuantas requiérese para su mejor solución. La síntesis, en la misma concepción, es la conducción ordenada de los pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos y difíciles. El análisis, la síntesis y la crítica también se pueden entender de acuerdo con la visión tomista como elementos de la aprehensión y expresión de la verdad: mediante el análisis se da el sentido de lo real; por la síntesis se ofrece el sentido de lo permanente en el devenir; y, mediante la crítica se avala el sentido de fidelidad a la realidad. La crítica en el sentido kantiano se entiende como el juicioso examen de las capacidades, posibilidades, límites y fines de la sensibilidad, el entendimiento y la razón para conocer los objetos que nos son dados en la experiencia sensible. La crítica kantiana también se puede asumir como la racionalidad del pensar por sí mismo, del pensar en el lugar del otro, y del ser consecuentes con lo que pensamos". El quehacer del docente en la enseñanza de la filosofía exige que tenga una "conciencia viva, despierta y a veces dolorosa del enigma, familiaridad con los problemas, seguridad ante las soluciones, actitud para despertar iguales sentimientos en el discípulo".176

El docente de filosofía debe tener bien claro qué enseña y a quiénes enseña; cómo enseñar y para qué enseñar. Asimismo, debe ser un permanente e incansable investigador, que indague "por el papel de la investigación en la docencia y de la docencia en la investigación"177; consciente que la investigación en su quehacer docente "debe asumirse como procedimiento necesario para el desarrollo del conocimiento y de la praxis, constituirse como recurso metodológico de todo proceso de enseñanza".178 Siguiendo la recomendación de Piaget, el verdadero educador buscará herramientas para dar soluciones a la problemática educativa, en procura de una autonomía intelectual y moral del discente. La concepción piagetana indica que el docente promoverá el aprendizaje en función del desarrollo intelectual, mediante los procesos de planteamiento de problemas e impulso a solucionarlos, la búsqueda de alternativas de solución, la opción por una de las alternativas y la satisfacción personal como resultado de haber hallado la solución.

El docente desde el punto de vista psicológico se debe fundamentar en el conocimiento y comprensión que tenga de las teorías del desarrollo del adolescente; y establecer una relación de tipo afectivo con el saber, es decir, con lo que enseña. "La labor filosófica es una renovada marcha hacia el fundamento, lo que quiere y puede trasmitir es aquella convicción inicial de que siempre hay algo más allá de lo que está ante nuestros ojos. Sólo quien se plantee el problema de la falsa evidencia podrá conducir a otros".179

Debe tener habilidad para comunicarse y relacionarse con el discente. "Si el docente se preocupa por las relaciones que debe establecer con sus estudiantes, busca la o las formas de conocer su vida, su medio ambiente, sus intereses, sus problemas estudiantiles, familiares y personales, su desarrollo fisiológico, sensorial y psicológico".180 Es necesario que conozca profundamente al alumno para que lo pueda entender y orientar adecuadamente, porque "es evidente que el educador debe ser un consejero, un guía, un conductor, pero su tarea quedará paralizada a mitad de camino si no le enseñara al niño a conducirse por su propia cuenta, si no le diera hábitos de estudio y de trabajo, si no despierta en él el cariño por las cosas del espíritu, si no lo adiestra en el uso de su discernimiento, si no formara su criterio y su conciencia".181

El profesor tiene que entender que "el acto de enseñar no tiene sentido sino en la medida en que se desencadene en otros el acto de aprender"182; por tanto, la tarea principal del profesor de filosofía debe concentrarse en la planeación de las circunstancias externas que coadyuvan a activar las capacidades internas del individuo para lograr que éstos realicen su propio aprendizaje y desarrollen sus potencialidades. El psicólogo y pedagogo Virgilio Crespo C. plantea que la identidad del maestro se perfila cuando sabe por qué y para qué hace lo que hace, y cuida el estudio del estudiante concreto dentro de los procesos pedagógicos, en un conjunto de relaciones sociales y dentro de su cultura para entenderlo. Atendiendo a los planteamientos piagetanos, la labor del maestro debe orientarse a proporcionar al discente experiencias y situaciones problemas que susciten, faciliten y orienten el proceso de construcción del conocimiento por parte de éste, rescatando la reflexión como actividad propia de él a partir de la confrontación y la pregunta. La concepción piagetana, según la psicóloga Rebeca Pucce Navarro, en un artículo publicado en la revista Educación y Cultura, concibe el proceso de construcción de los conocimientos como un proceso en el cual el sujeto asimila lo real, transformándolo, y da paso a la acomodación, es decir, se puede entender la construcción y desarrollo de la inteligencia y del conocimiento no como el simple efecto acumulativo de experiencias, sino como el proceso complejo y activo de la organización, de diferenciación y de la transformación de experiencias.

El docente de filosofía debe realizar su quehacer dentro de un ambiente educativo dinamizador y liberador, ignorando el enfoque domesticador. Se educa para cambiar la sociedad existente y no para perpetuarla. Hay que promover la construcción de jóvenes en función de una iniciativa libre, personal y comunitaria, en procura del advenimiento de una sociedad nueva en la que se descubran nuevos valores y una nueva ciencia. Se necesitan hombres libres.

El maestro de filosofía debe desechar la educación domesticadora, porque ésta solamente busca integrar al hombre a la sociedad, en donde no hay lugar para la duda, la incertidumbre, el disenso, la sospecha, la reflexión y la crítica. El estudiante no se educa para que obedezca ciegamente a la ley y a la libertad, se educa en y para la libertad. El alumno no debe temer a la libertad ni a la verdad; no debe temer a lo nuevo, al cambio.

La filosofía se debe "enseñar" en un espacio dinamizador que permita al estudiante construirse como hombre libre, como proyecto de hombre y sociedad libre. En el ambiente dinamizador y libertad, la verdad se inventa y se construye dentro de sus procesos lógicos. La verdad es proyecto, no posesión. El hombre se transforma y transforma el mundo. La educación dinamizadora debe propender por la autodeterminación personal y social, favorecer el desarrollo de una conciencia crítica y una actitud comprometida en la transformación de la realidad que le impide al hombre realizar sus potencialidades y vivir libre y auténticamente. El docente y el estudiante deben ser conscientes que aprender es buscar significados, criticar, inventar e indagar en la realidad del contexto.

Además de su idoneidad en la enseñanza de la filosofía, el maestro ha de comprender a los alumnos, sus capacidades, las etapas del desarrollo que recorren y las diferentes maneras como el ambiente va dando forma a sus personalidades e intereses, para, de esta forma, enseñar eficazmente en el aula; comprender cómo aprender y cómo conocen las personas y la forma como se modifica un aprendizaje que ya ha tenido lugar; y conocer la situación de aprendizaje para controlarla eficazmente.

Para la enseñanza eficiente de la filosofía, el maestro debe comprender primero a sus alumnos; a medida que ellos avanzan en su desarrollo, cambian los procesos en virtud de los cuales aprenden. A medida que aumenta la edad, sus capacidades para comprender pensamientos más complejos y abstractos, para asimilar otras diferentes clases de información aumenta a cada paso; y conforme cada alumno va cambiando, los métodos de enseñanza que modifican con mayor eficacia la conducta, tendrán que cambiar también.

Debe ser un excelente motivador porque "cuando el maestro habla de la motivación de sus alumnos está refiriéndose a todo el complejo conjunto de actitudes positivas y negativas del alumno hacia el conocimiento, hacia la clase y hacia el mismo maestro"183 El profesor debe hacer todo lo posible para crear la motivación, el ambiente y las condiciones para el aprendizaje; porque enseñar filosofía consiste en motivar para el asombro, para la pregunta, para la duda y para la búsqueda de sentido y compromiso a la propia vida.

El profesor no puede olvidar que la mejor herramienta de la enseñanza-aprendizaje es la motivación, porque ésta lanza al compromiso con el estudio y al deleite en la realización de las actividades escolares. Un estudiante alegre y entusiasta facilita el desarrollo de los procesos curriculares. El aprendizaje es un acto de libertad, y como tal es un hecho de razón: el estudiante debe estar convencido racionalmente de su actividad académica, y actuar en consecuencia. El signo claro de estar ludizado, motivado y significativo en la escuela es la generación de proyectos de estudio creativos e investigativos por parte del educando o de grupos de estudiantes. "Los futuros educadores deben conocer sistemáticamente las distintas formas de pensar que han influido en la solución de problemas universales, y en las controversias educativas de todas las épocas".184

El maestro debe enseñar al alumno a pensar; pero no lo que tiene que pensar, sino cómo pensar. No hay que preparar al estudiante para que responda a todo sin conocer la verdad de nada. Con gran sabiduría, el padre Alfonso Borrero Cabal nos dice que "ser maestro es enseñar a pensar como el discípulo ha de pensar; no a la manera que el maestro piensa, ni pensar lo que piensa el maestro. La desigualdad entre el maestro y el estudiante se restablece en igualdad".185 El maestro debe orientar al estudiante para que adquiera una conciencia crítica y piense para ser libre. "Recordad que es un esclavo aquel que no piensa libremente, y que vuestra misión... es la de preparar a los verdaderos ciudadanos de la democracia"186 Al maestro le "conviene precisar de inmediato que conducir a otro en el desarrollo de la capacidad reflexiva no significa adocenarlo de conceptos abstractos, alejados de su propia realidad, sino más bien ser mediador en el proceso de su personal autodescubrimiento como agente de sí mismo y de su mundo en condiciones determinadas".187 El profesor debe inculcar en el estudiante el "hábito de la filosofía", que, según John Henry Newman, consiste en entrenarlo en el pensamiento crítico y riguroso. Es una disposición para reunir datos, obligarlos a que tengan sentido, seguir preguntando cómo se conectan a otras partes de nuestra visión del mundo. Así el alumno debe pensar con precisión, con rigurosidad, con disciplina.

El docente de filosofía debe tener absolutamente claro y ser consciente que "la filosofía no puede ser sólo un catálogo de opiniones prestigiosas. Más bien lo contrario, si atendemos por esta vez a la opinión prestigiosa de Ortega y Gasset: La filosofía es idealmente lo contrario de la noticia, de la erudición. Desde luego la filosofía es un estudio, no un puñado de ocurrencias de tertulia, y oír tanto requiere aprendizaje y preparación. Pero pensar filosóficamente no es repetir pensamientos ajenos, por mucho que nuestras propias reflexiones estén apoyadas en ellos y sean conscientes de esta deuda necesaria".188 El educador no puede ignorar que "se debe evitar que la enseñanza de la filosofía sea una transmisión de contenidos abstractos y desarticulados que no incite a los estudiantes a la reflexión y que no estimule en ellos el espíritu de discernimiento sobre su propia realidad"189 La educación filosófica debe tener en cuenta el ideal griego, donde ésta estaba más enfocada a la formación general del hombre y del ciudadano (paideia) que a la transmisión y al contenido de los conocimientos en el sentido estricto de la palabra. En este contexto, la dialéctica y la mayéutica, practicada por Sócrates en sus famosos diálogos, eran consideradas técnicas capaces de hacer progresar el razonamiento y el conocimiento. Igualmente, Platón y Aristóteles consideraban que la pedagogía debía ponerse al servicio de fines éticos y políticos.

El ideal kantiano de la filosofía, y en general de la educación, es que el estudiante aprenda a buscar la verdad a través de la crítica (estudio, investigación) y a pensar por sí mismo, con la ayuda de la razón, de la cual surgen los argumentos en contra o a favor de una tesis que sustentamos. Entonces en necesario utilizar el principio de honestidad, que consiste en no presentar aquellos argumentos en los que no se cree en el fondo, y de los cuales uno mismo sospecha.

La tradición racionalista enseña que en el debate con los demás, si vamos a argumentar contra el planteamiento del otro, debe hacerse en el sentido de la razón, esto es, dándole a los argumentos contrarios toda la fuerza posible, hasta el punto de que si nuestro debatiente se equivoca en su forma de argumentar o ejemplificar, debemos ayudarlo a argumentar o a ejemplificar mejor. Kant nos recomienda que si las consecuencias necesarias de la tesis de que hemos partido resultan contradictorias o incluso absurdas, debemos abandonar dicha tesis.

Kant, que concede una importancia grande a la filosofía, sostiene que ésta tiene que ser la encarnación de la razón, y su lenguaje debe ser meramente expositivo y que no intimide, imponga o seduzca. El lenguaje del filósofo debe ser constatativo y no imperativo, sugestivo o performativo. La filosofía no debe inducir a nada, sólo demostrar. El maestro Estanislao Zuleta, siguiendo los ideales platónicos y kantianos, nos dice que el filósofo no debe tener ningún interés ni puede impulsar posición alguna, ni combatir, ni ordenar, ni prohibir; sólo debe demostrar.

El ideal de racionalidad kantiano se enfoca a la exigencia de que el estudiante aprenda a pensar por sí mismo, porque el pensamiento no es delegable, porque entonces en lugar de ser pensamiento sería mera obediencia. El maestro Zuleta nos dice que una cosa es seguir lo que otro diga y otra bien diferente es pensar por sí mismo. Quien repite mecánicamente los planteamientos de un líder, ya sea político, religioso, etc., no piensa por sí mismo.

Siguiendo el ideal kantiano, el maestro Zuleta invita a los educadores a incitar a la producción de pensamiento, porque la dificultad de enseñar radica precisamente en no dejar pensar a los estudiantes por sí mismos. Martín Heidegger sostiene que para enseñar la verdad hay que dejar pensar al otro.

La Guía del Profesor, de Editorial Voluntad, recomienda que "el profesor debe conducir su enseñanza hacia una opción responsable, o sea, consciente, fundamentada y madura, que parta no de afirmaciones dogmáticas, sino de una visión clara de la verdad, conseguida de modo reflexivo, y de una inclinación al bien, obtenida en virtud de un esfuerzo del pensamiento, por el cual el hombre busca comprenderse a sí mismo, comprender a los demás y determinar su situación en el mundo. Así la filosofía, de asignatura carente de sentido para el alumno, se convierte en orientadora de la propia vida, en cuanto proporciona criterios racionales propios para ver, juzgar y obrar".

El docente de filosofía sabe que el saber no se transmite, sino que se conquista en el marco de un combate compartido contra todos los obstáculos que le impiden pensar al estudiante.

La relación del filósofo y el estudiante debe ser una experiencia intelectual, personal y vital. Los aportes y contribuciones del docente son posibles, no sólo a través de la lectura de los textos de filosofía, sino también de la comunicación personal directa, incluso en el marco de una compleja relación personal. El que lee filosóficamente a un filósofo, o lo escucha, repiensa su filosofía, se la apropia, la hace suya. El profesor debe ser capaz de relaciones personales. La filosofía, en consecuencia, debe ser conversación, diálogo vivo y directo con los estudiantes.

El brillante sicoanalista alemán Erich From, en su libro Tener y ser, con respecto a la problemática de la lectura, nos dice que "a los alumnos les enseñan a leer un libro para que puedan repetir los principales pensamientos del autor. Así es como los estudiantes conocen a Platón, Aristóteles, Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant, Heidegger o Sartre. La diferencia entre los diversos niveles de educación, desde la preparatoria hasta la universidad, consiste principalmente en la cantidad de propiedad cultural que se adquiere, que corresponde aproximadamente a la cantidad de propiedad material que los alumnos esperan recibir en su vida posterior. Los llamados estudiantes excelentes pueden repetir con mayor exactitud lo que ha dicho cada uno de los filósofos. Son como un catálogo de museo bien documentado; pero no aprenden lo que se encuentra más allá de este tipo de propiedad cultural. No aprenden a cuestionar a los filósofos, a hablarles; no aprenden a advertir las contradicciones de los filósofos, si eluden ciertos problemas o si evaden determinados temas; no aprenden a distinguir lo que era nuevo y lo que los autores no pudieron dejar de pensar porque era considerado de "sentido común" en su época; no aprenden a oír para distinguir cuando los autores sólo hablan con su cerebro, y cuando hablan con su cerebro y su corazón; no aprenden a descubrir si los autores son auténticos o falsos; y muchas cosas más".

Enseñar a filosofar implica acudir al lenguaje expositivo, opuesto a la seducción, a la persuasión, a la retórica, a la apelación de la autoridad, a la intimidación o a la imposición, en procura de que la filosofía sea la encarnación de la razón, tal como lo plantea el racionalismo. La filosofía debe inducir a demostrar. Así el estudiante aprende a pensar por sí mismo, renunciando a la mentalidad pasiva que acepta verdades ajenas sin someterlas a una reelaboración. Según Heidegger, la única posibilidad para enseñar de verdad es dejar pensar al otro.

La educación filosófica es una educación racionalista. Los criterios mínimos del racionalismo nos los ofrece Kant: pensar por sí mismo, pensar en el lugar del otro y ser consecuente. Pensar por sí mismo es renunciar a la mentalidad pasiva, que recibe y acepta las verdades construidas por otros sin someterlas a su propia elaboración. Pensar en el lugar del otro significa ser capaz de ponerse en el punto de vista del otro, manteniendo el propio punto de vista, pero con la capacidad de entrar en diálogo con los otros puntos de vista, con la perspectiva de llevar cada uno hasta sus últimas consecuencias, en procura de ver sus coherencias y sus incoherencias. Ser consecuente o no ser terco, es llevar las verdades conquistadas hasta sus consecuencias finales, y si estamos equivocados lo aceptemos.

Según Savater, hay cuatro cosas que un profesor de filosofía no debería ocultarle a sus alumnos:

1. No existe la filosofía sino las filosofías y sobre todo el filosofar.

2. La filosofía no resulta interesante porque ha sido estudiada por talentos tan extraordinarios como Aristóteles o Kant, "sino que dichos talentos nos interesan porque se ocuparon de esas cuestiones de vasto alcance que tanto cuentan para nuestra propia vida humana, racional y civilizada".190

3. Los mejores filósofos dijeron notables absurdos y cometieron graves errores. Pero se debe tener en cuenta que quienes se lanzan por su cuenta y riesgo al margen de los caminos intelectualmente trillados, tienen más riesgo de equivocarse. "Por lo tanto la tarea del profesor de filosofía no puede ser solamente ayudar a comprender las teorías de los grandes filósofos, ni siquiera debidamente contextualizados en su época, sino sobre todo mostrar cómo la intelección de tales ideas y razonamientos pueden ayudarnos hoy a mejorar la comprensión de la realidad en que vivimos".191

4. En determinadas cuestiones demasiado generales aprender a preguntar bien es también aprender a desconfiar de las respuestas demasiado tajantes. "Filosofamos desde lo que sabemos hacia lo que no sabemos, hacia lo que parece que no podremos del todo nunca saber; en muchas ocasiones filosofamos contra lo que sabemos o, mejor dicho, pensando y cuestionando lo que creíamos ya saber".192

Eudoro Rodríguez Albarracín, brillante profesor de filosofía de la Universidad Santo Tomás, invita a los discentes a superar el esquema tradicional de la enseñanza de la filosofía: "aprendizaje de los principios sistemas, problemas y pensadores sin ninguna o poca referencia a nuestra situación. El fin de este aprendizaje son los autores e ideas, sin mediatizarlos, de acuerdo con nuestra circunstancia... La simple repetición o especialización sin referirla a las circunstancias propias es sospechosa del proceso ideologizador cuando por silencio u omisión el filósofo profesional deja su papel crítico y de funcionario de la humanidad, en este caso de una humanidad alienada". Por eso es que callan quienes discrepan.

El quehacer filosófico, además de centrar sus esfuerzos en "hacer" que el estudiante "piense por sí mismo", se orientará a que aprenda a "decidir por sí mismo", porque tal como señala el psicólogo Heinz Dirks el hombre es capaz de decidir por sí mismo en cada caso distinto, y constituye tarea esencial de la enseñanza el capacitarle para estas decisiones; a la vez que aclara que la educación debe proporcionarle una conciencia de su responsabilidad que dé sentido positivo a su vida, puesto que última instancia sus decisiones vendrán determinadas por la dirección que adopte este sentido. Filosofar es experimentar el maravilloso goce de pensar por sí mismo. Pero este goce no se logra desde la pasividad, se logra combatiendo, tratando de pensar por uno mismo, sin delegar nuestro pensamiento. Ese pensar por sí mismo lo lleva a decidir por sí mismo. Es compromiso del docente procurar que los estudiantes luchen por un tipo de sociedad en la que valga la pena vivir y valga la pena estudiar.

Finalmente, es procedente aclarar que, por más que un profesor de filosofía realice óptimamente su labor docente, si el estudiante no está motivado o se muestra refractario al filosofar (porque le parece que es mejor vivir una vida sin sentido, sin preguntas, sin respuestas, sin problemas, sin reflexionar, sin pensar), pocos logros académicos y personales alcanzará el estudiante. Éste, como centro y actor principal de su aprendizaje, necesita comprometerse con su quehacer filosófico, ejercitando sus facultades y estructuras cognitivas y cognoscitivas y, esencialmente, su voluntad para que asuma el filosofar como una de las tareas más importantes de su existencia, si es que en realidad quiere aprender a pensar y, en últimas, a vivir, a existir, porque como afirmaba Descartes en el pensar se patentiza la existencia.

El docente de filosofía, humana y profesionalmente comprometido con su praxis educativa, el auténtico "maestro" de filosofar, el que "enseña" no sólo filosofía, sino a ¡FILOSOFAR!, podrá tener la satisfacción grandiosa si logró que el estudiante, al terminar su "bachillerato", quedara inquieto por el apasionante saber filosófico. Así éste tendrá el interés y la motivación suficientes para ingresar (sin importar hasta dónde lo lleve su ímpetu) en el universo estupendo de la filosofía, con el ánimo de extasiarse, disfrutar, asombrarse y revelar su curioso espíritu pensante que "vive" (posiblemente oculto) dentro de sus facultades mentales: su razón, su intelecto y su entendimiento.

Se dice, desde los antiguos griegos, que dentro de todos los seres humanos existe un filósofo en potencia, un pensador innato. Si el proceso educativo ha logrado "despertar" ese virtual filósofo a través de una educación concebida desde su misma etimología griega como "e-ducere" (sacar fuera), entonces el joven está listo y preparado para la estupenda tarea de ¡filosofar! En este sentido, si educar es "sacar fuera" algo que hay dentro del estudiante, entonces es necesario "sacar desde dentro" ese saber filosófico implícito que "duerme" en lo profundo de su espíritu. Si educar es un acto de interioridad, el discente se inclina a leer dentro de sí. Sin duda alguna, para pensar, razonar o filosofar, hay que adentrarse en lo más recóndito del espíritu, para que desde allí emerja el pensar racional, que con la ayuda sinérgica entre sentidos, reflexión, intelecto, entendimiento y razón se "preparará" y "procesará" la "materia prima" del ¡filosofar!

Así como, en el terreno de la física (antaño un saber ligado a la filosofía), hay energía potencial y energía cinética, dentro de cada persona existe un filósofo potencial, que con el impulso de la educación se convierte en un filósofo "cinético", es decir, un filósofo en movimiento, un ser humano pensante y actuante, un pensador con espíritu, sentido, actitud o mentalidad crítica, que le permitirá vivir debatiendo, cuestionando, refutando, disintiendo, controvirtiendo, dudando racionalmente, preguntando, buscando la verdad, examinando posiciones diversas, pensando y repensando, reconociendo el derecho a la diferencia, practicando una comunicación biunívoca, respetando y asumiendo una actitud profundamente comprometida con su proyecto de vida auténtico, tanto individual como colectivo.

Esta "realidad" no quiere decir que el joven necesariamente se convierta en un "filósofo profesional" y se dedique de lleno a la filosofía y al filosofar, desechando otras opciones, otras alternativas. No, lo que aquí se "sugiere" es que piense filosóficamente, sin importar que estudie otra carrera (la de sus afectos, para la que tiene vocación y talento, la de sus posibilidades y proyectos), que en apariencia nada tengan que ver con la filosofía. No se puede ignorar que nada de lo humano es ajeno al pensar, máxime cuando dentro de las misiones prioritarias de los estudios superiores se encuentran el "enseñar" y el aprender a pensar y a investigar. Nuestro país necesita personas reflexivas, pensantes, y no simples seres del "rebaño", meros "borregos".

¿CUÁL SERÍA LA METODOLOGÍA PARA "ENSEÑAR" AL ESTUDIANTE A FILOSOFAR?

El profesor Jorge Deháquiz, en su libro ¿Enseñar filosofía o aprender a filosofar?, plantea una novedosa propuesta que, a mi juicio, es importante tener en cuenta a la hora de desarrollar el quehacer docente. Según ese educador, su Propuesta Crítico-pedagógica, desde un enfoque Pedagógico Hermenéutico-constructivista-liberador, permite que "el estudiante haga uso público de su razón, de su racionalidad como discurrir filosófico y científico, sopesando cada información, cada argumentación, autoevaluando sus propuestas ideológicas y confrontando con la crítica de otros sus construcciones teóricas sobre el mundo".

Esta propuesta involucra los componentes o fundamentos psicológico y epistemológico, y un instrumento didáctico-metodológico. El psicológico permite al estudiante, gracias a la realidad tecnológica actual, interpretar, reinventar y rehacer lo conocido, buscando madurar su juicio para ejercer su criterio propio en todos los aspectos. El epistemológico facilita la integración dinámica alumno-sociedad, la introducción en el patrimonio de la cultura y la reconstrucción sistemática del saber históricamente constituido y establecido.

En esta propuesta, el filosofar hay que entenderlo desde dos ópticas complementarias: desde la intencionalidad de un proceso pedagógico renovado y desde la actividad de estudio-aprendizaje y de construcción del pensamiento crítico-filosófico. La labor pedagógica deberá tener como propósito central orientar al estudiante para que sea una persona participante, crítica, responsable, cuestionadora de la realidad que lo circunda e investigadora del saber filosófico.

Fomentar y construir la racionalidad filosófica con el alumno significa para el acto educativo un cambio de paradigma. El viejo paradigma de la enseñanza tradicional de la filosofía, basado en el enciclopedismo escolástico, no permite el desarrollo de construcciones intelectuales de alto nivel discursivo por carecer de una metodología adecuada y de un horizonte de intelección claros, y porque más parece destinado a mostrar panorámicamente al estudiante un mundo confuso de pensamiento humano, con sus filósofos distantes y sus ideas abstraídas y descontextualizadas histórico-culturalmente, con sus secuelas esotéricas y sus problemáticas áridas, sin profundizar con un mínimo de crítica sus postulados, sin filosofar, dejando, en últimas, al joven con una leve amalgama de datos difícilmente codificables y tan sólo ubicables, con ligereza, dentro de la denominada "cultura general de la vida". Al no tener una orientación definida, menos ecléctica, memorista y repetitiva, la filosofía termina por caer en el olvido de su mismo ejercicio y en la anulación de sus propias posibilidades. El alumno y sus potencialidades crítico-reflexivas quedan al margen de la aventura del filosofar y del conocimiento de la filosofía.

En un sistema educativo abierto, creativo, investigativo, progresista y democrático, es donde puede germinar el filosofar como actividad constructora de pensamiento crítico-reflexivo y como proceso de estudio-aprendizaje vivenciado por el alumno, trabajo pedagógico no exento de dificultades provenientes del medio socio-cultural y aún de los mismos estudiantes. "La función del pensamiento filosófico en el campo educativo consiste no tanto en resolver dificultades como en analizarlas y en aclararlas, proponer los métodos con que han de resolverse, plantear hipótesis que tengan apoyo en la experiencia, y buscar la unidad de los principios y normas de carácter pedagógico".193

El aprendizaje de la filosofía debe despertar en el alumno, tal como lo concibe Kant, la conciencia de pensar por sí mismo, ser capaz de ponerse en el punto de vista del otro, y llevar las verdades, ya conquistadas, hasta sus últimas consecuencias, es decir, "que si los resultados de nuestra investigación nos conducen a la conclusión de que estamos equivocados, lo aceptemos".194

Acorde con las circunstancias actuales –señala de Dehaquiz-, en el proceso enseñanza-aprendizaje tiene demasiada importancia el enfoque pedagógico hermenéutico-constructivista-liberador, que posibilita el logro del ideal educativo democratizador, para lo cual es necesario adelantar una propuesta comunicativa de la racionalidad filosófica coherente y seria, a partir del esclarecimiento de sus elementos teóricos fundamentales y de su instrumento didáctico-metodológico.

El estudio holístico –prosigue-, sinérgico, dialéctico, sistemático, hermenéutico, exegético, semiológico, dinámico y cibernético, planteado por el paradigma constructivista-hermenéutico-liberador, exige a la educación reflexionar, analizar, criticar, cuestionar, desinstalar y analizar continuamente sus procesos de estudio-aprendizaje, es decir, realizar una evaluación diagnóstica permanente y constante de los mismos. En la evaluación deben estar presentes elementos como la madurez conceptual, integración de conocimientos, análisis, síntesis, valoración crítica, aplicación de conocimientos. La visión tomista sostiene que la evaluación "demuestra sus competencias para globalizar, articular y sistematizar los distintos temas y problemas filosóficos... enriquecidos por sus conocimientos, saberes, experiencias y prácticas adquiridas en el mundo de la vida".

El profesor Deháquiz nos dice que desde "el momento en que el adolescente de hoy entra en contacto directo y consciente con la filosofía posee una estructura cognoscitiva avanzada, desde la que representa, interpreta, explica y comunica el mundo y sus fenómenos, composición mental dominada por el pensamiento formal, estructura transformadora, ampliada y enriquecida por la construcción de nuevas relaciones conceptuales, de nuevos conocimientos de complejidad. El aparato cognoscitivo del adolescente está posibilitado para la construcción de sistemas y teorías altamente elaboradas que transforman su mundo de un modo u otro". El planteamiento pedagógico de Piaget, interpretado por Deháquiz, nos muestra que el joven hace uso constante de su libre actividad de reflexión espontánea, de ese poder imprevisto que le ha sido conferido, uso y abuso que lo conducen al egocentrismo intelectual, el cual "se manifiesta a través de la creencia en la reflexión todopoderosa, como si el mundo tuviera que someterse a los sistemas y no los sistemas a la realidad. Es la edad metafísica por excelencia: el yo es lo bastante fuerte como para reconstruir el universo y lo bastante grande como para incorporarlo".195

Si concebimos el estudio-aprendizaje-comunicación de la filosofía como concienciación, se construye el filosofar "no sólo en medio de maduración del propio pensamiento, sino también en un elemento altamente personalizador que ilumina la definición de opciones, decisiones y compromisos que se imponen en el estudiante como práctica de la libertad", precisa el profesor Deháquiz, y agrega que "la filosofía cumple un papel importantísimo en la dinámica de integración crítico-analítica del alumno con el mundo. Para que su estudio-apredizaje cumpla realmente con este cometido, se requieren unos presupuestos y unos estatutos epistemológicos que le den al acto comunicativo generado en el aula de clase el carácter auténtico discurrir con razones filosóficas".

Como la dinámica educativa es "un evento dialógico –seña Dehaquiz-, dado que el trabajo adelantado en el aula de clase, que es una práctica intersubjetiva, es mediado por el lenguaje y la comunicación", el instrumento didáctico-metodológico para la comunicación de la racionalidad filosófica involucra las siguientes tareas:

La primera tarea de la didáctica en este contexto se orienta al establecimiento de un discurso claro y coherente que permita una adecuada participación de los estudiantes en el proceso de construcción de sistemas simbólicos y en la transformación de relaciones conceptuales que favorezcan la elaboración de estructuras cognoscitivas, el desarrollo de la inteligencia y la producción de un pensamiento serio y maduro, que para el caso presente, debe ser confeccionado con razones filosóficas.

El diseño del discurso en clase se inicia con el afloramiento y puesta en común de las expectativas de los estudiantes, materializadas verbalmente en forma de preguntas. Cada problema filosófico planteado por el currículo debe suscitar una serie de interrogantes-fuente, desde los cuales se intenten las respuestas y se establece el discurso. Preguntar, y hacerlo desde la vivencia cotidiana del estudiante, es el primer acto cognoscitivo-filosófico. Este preguntar ya muestra una intencionalidad cosmovisiva, una forma de relación alumno-otros-mundos, y deja entrever un sentido de futuridad. De algún modo el preguntar adquiere una dimensión antropológica: es la revelación del hombre-joven-generacionalmente que emerge al mundo, no desde las respuestas históricamente dadas, sino desde el preguntar más primordial, elemental, esencial y profundo: ¿quién soy yo?, ¿en dónde vivo?, ¿qué hago y cuál es mi papel en este mundo?, ¿qué es la vida?, ¿qué tengo que ver con los otros?, etc. Richard Bach advierte que "los interrogantes más sencillos son los más profundos. ¿Dónde has nacido? ¿Dónde está tu hogar? ¿A dónde vas?".

La segunda tarea de la didáctica es el aprendizaje de la lectura. Preguntar y leer son parte de un mismo proceso gnoseológico: el hombre pregunta para leer y "el hombre lee para preguntar" (Franz Kafka). Cuando se lee, se hace para aprender algo, el problema está es en delimitar ¿qué es lo que se desea aprender?, ¿cuáles son las preguntas que se desean responder con la lectura?, ¿qué significados se desean encontrar? Al leer el sujeto lector se involucra con la realidad, se introduce en los signos de las cosas para vislumbrar el mundo, aprehendiéndolo, comprendiéndolo y expresándolo.

La tercera tarea de la didáctica es el diálogo, el corazón de la didáctica, su tarea central. "La educación se constituye en el diálogo, por tanto el lenguaje se convierte en mediación del acto pedagógico, donde el maestro es ante todo el centro del encuentro y de confrontación que orienta al alumno a la comprensión-apropiación de la realidad".196 El diálogo se materializa en la palabra, palabra que dice y significa algo y a alguien. Recuperar la palabra, la oralidad, el escuchar-decir en el aula de clase, es recuperar el eje mismo del desarrollo del pensamiento.

La cuarta tarea de la didáctica es el aprendizaje-ejercicio de la escritura. "Lo dicho se convierte en texto que puede ser trasformado, la palabra hablada no, porque queda ahí, huele y no se puede borrar, mientras que en la escritura se puede producir otro discurso".196 La escritura se sitúa como elemento dialéctico del proceso de estudio-aprendizaje: se nutre de la lectura y de la oralidad, y a la vez nutre a la lectura y a la oralidad, "es un momento donde vuelve a comenzar el recorrido que pretende permanecer"197

La quinta tarea de la didáctica es el establecimiento del método. La construcción-producción de un discurso crítico-filosófico claro, ordenado, articulado, dinámico y contextualizado exige ser metódico. La didáctica conjuga inteligentemente los diversos caminos que orientan el proceso educativo de estudio-aprendizaje, con el fin de alcanzar los fines y los objetivos propuestos en el currículo. El método didáctico-pedagógico, como camino correctamente trazado y oportunamente seguido, organiza racional y hábilmente los recursos y procedimientos psico-pedagógicos y gnoseo-epistemologicos en la construcción-producción del conocimiento. El método es una exigencia de la pedagogía, de la antropología, de la psicología, de la epistemología y de la didáctica, al conjugar los diversos aspectos de quienes construyen e interpretan el saber. En filosofía la construcción-producción-comunicación del conocimiento es variada, utilizándose múltiples métodos, los cuales intentan combinar y articular los distintos procedimientos, las formas y las técnicas en el desarrollo lúdico de la clase.

Según la propuesta crítico-pedagógica, el profesor Deháquiz plantea que en el plano teórico-conceptual del estudio, la evaluación es la práctica personal consciente, intencional, activa, responsable y madura del estudiante quien confecciona su propia racionalidad como filosofar, ejercicio sustentado por el rigor conceptual, metodológico, epistemológico, lógico y filosófico de su construcción-producción, pero especialmente de su comunicación. La evaluación es el proceso cuidadosamente observado, seguido y analizado del decir filosofante del alumno en cuanto discurso filosófico elaborado. "No puede llamarse filósofo nadie que no sepa filosofar" (Kant). Kant sostuvo que "no se puede enseñar filosofía sino sólo filosofar: porque no se trata de transmitir un saber ya concluido por otros que cualquiera puede aprender como quien aprende las capitales de Europa, sino de un método, es decir, un camino para el pensamiento, una forma de mirar y de argumentar".198

A pesar de que existen muchos métodos prácticos en la enseñanza de la filosofía, es muy importante tener en cuenta el hermenéutico, si se quiere desarrollar en el estudiante el sentido crítico. "El método hermenéutico cobra una importancia decisiva en el nuevo modelo educativo, por cuanto busca la verdad a través del descubrimiento del sentido que las cosas y los acontecimientos tienen para nuestra propia vida. La práctica de la pregunta y de la sospecha, que permite descubrir el significado oculto de los símbolos convencionales, confiere a la realidad sentidos insospechados que nos permiten tomar posiciones lúcidas de aceptación o de rechazo".199 Este método "contribuye eficazmente a la formación de una conciencia crítica, es decir, de una conciencia que, con vigor y responsabilidad, pueda plantearse verdaderos problemas, buscar toda la información necesaria, analizar con espíritu científico esta información, formular posibles alternativas de solución y participar, efectivamente, en la toma de decisiones".200

Expertos en el complejo arte de la enseñanza de la filosofía sostienen que "el estudio de la filosofía se puede realizar con tres claves diferentes de interpretación. La filosofía puede entenderse como ciencia racional, capaz de resolver problemas, puede estudiarse simplemente como una secuencia de proposiciones y como historia de los grandes pensadores, o bien ser considerada como una materia que ofrece la base para razonar y llegar a la sabiduría".201

Por ello son conscientes que "con frecuencia, los estudiantes abordan el estudio de la filosofía con una actitud equivocada. Son muchos los que la comparan con otras asignaturas compuestas puramente por conceptos. Algunos tratan de aprender de memoria las ideas de Hegel, Kant, Aristóteles y Platón, para luego repetirlas como mejor puedan delante del profesor".202 Señalan que "parte de la culpa corresponde al sistema mismo de enseñanza, ya que algunos profesores no consiguen motivar verdaderamente a los estudiantes ni infundir en ellos el deseo de aprender la materia. Si escuchamos el parecer de los estudiantes de la enseñanza secundaria, comprobaremos que muchos no se consideran capaces para ciertas asignaturas, algo que no resulta aceptable desde el punto de vista de la dinámica cerebral"203, y agregan que "es innegable la existencia de una especie de predisposición genética, pero la mayor influencia en el desarrollo mental de la persona deriva del ambiente. Si pudiéramos hacer "tabla rasa" de las experiencias vividas desde niños y aprovechar plenamente nuestras capacidades mentales, seríamos capaces de aprender igualmente bien filosofía, matemáticas, lengua, griego, inglés o derecho. Sin embargo, las experiencias escolares, las primeras notas, las ayudas recibidas de los padres en casa y otros muchos aspectos condicionan a los estudiantes y hacen que se interesen más por algunas asignaturas que por otras. Algunos chicos que se consideran negados para las matemáticas, si tienen oportunidad de jugar con un ordenador comprenden inmediatamente sus mecanismos y aprender a utilizar hasta los más complicados lenguajes de programación. En efecto, la afirmación de "no tener dotes para determinada asignatura es, decididamente, poco realista".204

Vistas así las cosas, piensan que "es de fundamental importancia la actitud que se tenga hacia la filosofía. Si se parte del supuesto de que la filosofía ha nacido sobre todo para responder a los grandes porqués de la vida y del universo, es posible verla bajo una luz diferente. Además, si sus discusiones y argumentos se estudian con el interés que merecen, la necesidad de memorizar conceptos disminuye notablemente".205 Como ejemplo citan que "una vez comprendido el pensamiento de Kant, es posible responder a cualquier pregunta sobre el tema, tratando de razonar sobre las mismas líneas. En el fondo, la historia de la filosofía ha sido escrita por personajes como Aristóteles, pero también hace filosofía un niño que plantea preguntas aparentemente simples, pero muy profundas (como las que versan sobre el porqué de la vida y la existencia). Esta asignatura debería considerarse desde la perspectiva de buscar respuestas, y no sólo como medio para aprender las respuestas proporcionadas por otros. La filosofía es precisamente el planteamiento de los interrogantes de la existencia. Es natural que sea muy importante la historia del pensamiento para conocer los planteamientos de los grandes filósofos del pasado, pero es útil sobre todo comprender las enseñanzas más allá de los conceptos aislados, y entender que cualquiera puede hacer filosofía, que la historia de esta rama del pensamiento no ha terminado, que los grandes problemas de la humanidad no están resueltos y que queda todavía mucho espacio para nuevas interpretaciones".206 Señalan que "desde este punto de vista, la filosofía se vuelve más interesante y apasionante. Puede servir para utilizar las actividades cerebrales de manera nueva y puede determinar la reconstrucción de los conocimientos propios mediante oportunas reflexiones. A veces basta con responder a un solo porqué de forma mucho más profunda que de costumbre".207 El proceso del "filosofar no es memorizar unas definiciones, sino saber plantearle problemas a la propia realidad en función de la propia autorrealización y autoliberación".208 El discurso del filósofo no se construye en la confrontación sin mediaciones entre un objeto y un sujeto, sino en referencia crítica a la mediación de un tercer elemento: la exégesis de los autores, el estudio de las situaciones humanas que la lectura ofrece, la crítica del prejuicio, la revaloración de la tradición, el análisis de las representaciones concretas de la vida cotidiana, las interpretaciones consagradas en el sentido común, etc.