El romanticismo



El romanticismo (provienes del adjetivo ingles romantic) es una revolución artística y movimiento cultural, político, social e ideológico, artístico muy ideológico y de exaltada fantasía, revalorizo las leyendas clásicas. Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un conjunto de reglas estereotipadas. Entre 1770 y 1800 "Europa se acostó absolutista y neoclásica y se levantó demócrata y romántica". Gracias a la revolución industrial inglesa (1760-1840), que desarrolla una clase burguesa y sienta las bases del liberalismo; gracias a la revolución francesa (1789), que proclama los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Se desarrolló en la primera mitad del siglo XIX, extendiéndose desde Inglaterra a Alemania hasta llegar a otros países. Su vertiente literaria se fragmentaría posteriormente en diversas corrientes, como el Parnasianismo, el Simbolismo, el Decadentismo o el Prerrafaelismo, reunidas en la denominación general de Posromanticismo, una derivación del cual fue el llamado Modernismo hispanoamericano.

El término romántico se empleó por primera vez en Inglaterra en el siglo XVII con el significado original de `semejante al romance´, con el fin de denigrar los elementos fantásticos de la novela de caballerías muy en boga en la época.

Los temas mitológicos y las escenas amorosas y hoy viven muchos de sus principios: libertad, individualismo, democracia, nacionalismo. Se destaca por su riqueza cromática. Hizo fundamentales aportaciones en los campos de la literatura, el arte y la música. El término romántico se empleó por primera vez en Inglaterra en el siglo XVII. Se desarrollo fundamentalmente en la primera mitad del s.XIX, extendiéndose desde Alemania a Inglaterra, Francia, Italia, España, Rusia, Polonia, Estado Unidos y las recién nacidas republicas hispanoamericanas. Posteriormente, se fragmento en diversas corrientes como el parnanismo, el simbolismo, decadentismo o prerrafaelismo, subsumidas en la denominación general de posromanticismo, una derivación del cual fue llamado Modernismo hispanoamericano, con el fin de denigrar los elementos fantásticos de la novela de caballerías muy en boga en la época. Fue originado en Alemania y en el Reino Unido (Gran Bretaña e Irlanda del norte) a finales del siglo XVIII como una reacción revolucionaria contra el racionalismo de la Ilustración y el Clasicismo, confiriendo prioridad a los sentimientos.

El romanticismo llega a España con retraso respecto al resto de los países europeos, y no es particularmente fecundo puesto que está condicionado por la política marcada por Fernando VII. El erudito José Joaquín de Mora, exiliado en Francia, envió a los Bochl de Faber, entonces en Cádiz los primeros romances protorománticos , y más tarde durante su exilio en Londres, junto Alcalá Galiano y Blanco White, fue uno de los impulsares del romanticismo español .Tras la muerte de Fernando VII se señala como triunfo del romanticismo en España 1834.Se estrenan entonces La conjuración de Venecia ,de Martínez de la Rosa, Macías de Larra y se publican poesías de Salas y Quiroga. Algunos señalan el fin del auge de romanticismo en España en 1844 cuando se estrena el Don Juan Tenorio de Zorrilla.

En España hay, un poco de todo esto, mezclado con otras cosas tradicionales y modernas, como en otros países.

La literatura latinoamericana nace propiamente con el Romanticismo junto con objetivos misioneros, tales como definir las identidades nacionales diferenciándolas de España, reconocer las características geográficas e históricas, revalorar el pasado prehispánico y combatir la esclavitud, revelar los usos, costumbres y tipos populares, plasmar los hechos heroicos de la insurgencia y las luchas posteriores en defensa de las soberanías, para crear conciencia nacional y tradición cultural. De ahí el énfasis en la búsqueda de originalidad y autonomía literarias. Esto se manifestó espontáneamente en la aparición de géneros y temas autóctonos con base en la asimilación ecléctica (mestizaje, transculturación, heterogeneidad o hibridez) de los presupuestos románticos europeos. Son ejemplares en este sentido Tradiciones Peruanas (1872 a 1918) de Ricardo Palma y lo que podría llamarse Novela Ensayo, tales como Facundo (1845) de D. F. Sarmiento; Una excursión a los indios ranqueles (1870) de Lucio V. Mansilla; o Los capítulos que se le olvidaron a Cervantes (1895) de Juan Montalvo. Obras, entre otras, que incorporan la tradición oral o en las que se mezclan relatos, poemas, historia, polémicas políticas, autobiografías, temas sociológicos e incluso documentos y notas a pie de página. Otros autores y textos imprescindibles del Romanticismo latinoamericano son los extensos poemas narrativos y líricos Martín Fierro (1872 y 1879) de José Hernández y Tabaré (1888) de Juan Zorrilla de San Martín; y las novelas Sab (1814) de Gertrudis Gómez de Avellaneda; María (1867) de Jorge Isaacs; Cecilia Valdés (1882) de Cirilo Villaverde; Enriquillo (1882) de Manuel de Jesús Galván, y Los bandidos de Río Frío (1889-1891) de Manuel Payno.

Asimismo, en el Romanticismo latinoamericano fueron particularmente destacables el Ensayo, el Periodismo, la Crónica y la Novela costumbristas, el Folletín, el Teatro criollista, los Epistolarios de hombre públicos y también la Oratoria. En cuanto temas y tendencias propios aparecen el indianismo como idealización del pasado indígena; el negrismo o la mulatez con propósitos sociales antiesclavistas; y en Argentina la poesía gauchesca de carácter popular y social. Identificado con las causas independentistas, con la desestructuración de la sociedad colonial y con la estructuración de las nacionales, el Romanticismo latinoamericano enalteció la libertad y la dignidad humanas y favoreció los temas históricos, sociales y populares más que los fanáticos o sentimentales. Los escritores románticos tuvieron una gran conciencia de la realidad circundante y, en su momento, de la función social de la Literatura, por lo que en el Subcontinente las notas subjetivas e imaginativas y el autonomismo estético se equilibraron, en lo general, con los propósitos objetivos y éticos.

Al estudiar el español, Allison Peers niega, en primer lugar, que sea un movimiento importado y que como tal tenga su momento de apogeo coincidiendo con el regreso a España de los emigrados políticos, a partir de 1834. Para apoyar su tesis trae a colación el hecho de ser España un país romántico por excelencia, no sólo en su historia, sino también en su arte y literatura. Al margen de otras consideraciones, hay aquí una ambigüedad expresiva, por cuanto Peers no define el término con características en un tiempo concreto, sino de un modo mucho más general y amplio, y, por tanta, más discutible o inválido. A partir de mediados del s. XVIII, dice Peers, se produce una romantización de la literatura española (lo que se define como Prerromanticismo, pero aunque para él no pasan de ser síntomas y antecedentes, nunca movimiento autónomo). Esta romantización se da como fusión de dos etapas paralelas: renacimiento y rebelión romántica. La segunda etapa fue considerada, según Peers, como totalmente negativa, cuando la verdad es que pedía libertad para aquellos autores que deseaban lograr un desenvolvimiento literario libre de toda traba. Al principio se manifestó en forma de descontento con usos y costumbres que iban ya perdiendo popularidad o como tendencia a darse a insólitos modos de pensar o expresarlos en lenguaje inusitado. Pero poco a poco fue acrecentándose, hasta convertirse en una rebelión suelta, y aun vehemente, contra las limitaciones que los clasicistas trataban de imponer a la literatura. El otro movimiento [el renacimiento] deseaba una libertad semejante, pero más bien para que acarreara un renacimiento, tanto de fondo como de forma, de la literatura de la Edad Media y del Siglo de Oro. Tanto un movimiento como otro no sólo tenían una inspiración afín, sino que en cierta medida cada uno de ellos implicaba al otro.

Características   

   A partir de 1834 se produce el plenamente de lo que puede considerarse como revolución romántica en España (siempre con los reparos ya expuestos sobre la validez del término). El 8 feb. 1833 un crítico escribía: ""Se ha formado una juventud que arde en deseos de ser útil a su patria. Por todas partes pululan ingenios que anhelan lanzarse a la carrera, anunciando talentos no vulgares. Acaso en ningún tiempo ha ofrecido España tal multitud de jóvenes atletas que se presentan en la liza... Dentro de algunos años es de esperar que si encuentran libre campo para ejercer sus talentos, brillará la aurora de una nueva época gloriosa para nuestra literatura"". La idea de libertad invade el país tras la muerte del rey, y Larra escribe: ""Libertad en Literatura, como en las artes, como en la industria, como en el comercio, como en la conciencia. He aquí la divisa de la época. He aquí la medida con que mediremos"".      Desde 1834 hasta 1837 se estrenan las principales obras teatrales del Macías de Larra y La conjuración cíe Venecia de Martínez de la Rosa (1787-1862) y Elena de Bretón de los Herreros en 1834; Don Álvaro o la fuerza del sino del duque de Rivas en 1835; El trovador de García Gutiérrez (1813-84) y Abén Humeya de Martínez de la Rosa en 1836; y, en 1837, Los amantes de Teruel de Hartzenbusch. La Corte del Buen Retiro de Escosura (1807-78) y El paje y El rey monje de García Gutiérrez. Ninguna de ellas, sin embargo, constituyó un gran éxito, y su importancia debe juzgarse como reflejo del conjunto. El Don Álvaro, que tradicionalmente se consideraba como la Hernani española, apenas llegó a las 17 representaciones el año de su estreno. Entre todas, sólo El trovador alcanzó un poco de éxito, con 25 representaciones. El fracaso no fue únicamente a nivel de público; tampoco la prensa fue demasiado favorable, como ha demostrado Peers. Y si lo dicho alude únicamente a Madrid, en provincias tuvo el teatro un éxito aún menor.

En relación con la novela apenas hay nada nuevo que aportar a la tradición puesta en vigor en los años inmediatamente anteriores. En lírica y narrativa, lo importante se inicia entonces, con la lectura del poema de Zorrilla ante la tumba de Larra, y alcanza su momento cumbre alrededor de 1839-40.

Relación con Europa. Una de las afirmaciones más extendidas es la de que el llegó de la mano de los emigrados políticos que en exilio tomaron contacto con Europa. El aserto no es del todo válido. Ya existía, en mayor o menor grado, con anterioridad a su llegada. La polémica Fernán Caballero con Mora, entre otras cosas, lo demuestra. A la muerte del Rey coinciden Larra, español dentro de España, y Martínez de la Rosa, emigrado, estrenando, con una misma estética, en el mismo año de 1834.

Decadencia. Propiamente, comienza en 1838. Las tertulias habían empezado a desaparecer ya en 1835, y revistas como El Sigla, El Artista, etc., que habían apoyado el movimiento romántico, se anulan progresivamente por falta de público. El drama se empobrece y pierde calidad, mientras la poesía sigue una línea ascendente. Hacia 1840 hay ya una clara conciencia de fracaso del y las sátiras se multiplican.

Eclecticismo. Con el fracaso del se inicia el auge del eclecticismo y pronto del realismo COSTUMBRISMO I; REALISMO IV). Ya en 1832 y en pleno triunfo de los dramas románticos, se habían estrenado obras eclécticas. Ahora los principales representantes serán el duque de Rivas y Zorrilla, con sus Romances y Leyendas respectivamente; Fernán Caballero, Trueba y Alarcón en la novela, Campoamor en la lírica, Mesonero, Estébanez (1798-1867) y Antonio Flores (1821-66) en la prosa costumbrista. Desde un punto de vista teórico, el eclecticismo apenas existe. Se trata de imponer un justo medio entre los extremos clásico y romántico, y el establecimiento de una única norma con arreglo a la cual juzgar todo tipo de literatura. Esa norma sería la del mérito. Como última característica se añadía un nacionalismo, de perfiles algo anacrónicos, tendente al rechazo de la importación de formas propias del arte extranjero. Interesa saber ahora qué entendían los autores más o menos teorizantes por el movimiento que Peers llama ecléctico. Dejando a un lado lo anecdótico perceptible en Mesonero, Hartzenbusch o Alcalá Galiano, dos nombres son citados por el estudioso inglés: Gil y Zárate (1796-1861) y Donoso Cortés. El primero pide un teatro en el que se mezclen Siglo de Oro, neoclasicismo y la brillante poesía de las primeras [las obras], la regularidad, el buen gusto de la segunda, el movimiento y pasión de los últimos. Con todos ellos produciremos una composición perfecta. Donoso Cortés entiende que el Clasicismo consiste en la perfección de la forma y la riqueza de imágenes, mientras que el lo hace en la profundidad de pensamiento y elevación de sentimientos. Según esto la perfección consiste en ser clásico y romántico a un mismo tiempo... Porque ¿en qué consistirá la perfección si no consiste en expresar un bello pensamiento en una bella forma?. En la práctica fue mucho más importante, sin embargo, y hacia 1845, tanto románticos como clasicistas, se habían pasado a las filas del eclecticismo. En realidad, salvo Espronceda y Larra (muertos ya) y Gil y Carrasco (v.), también desaparecido, ninguno de los románticos lo fue por mucho tiempo.

Clasificaciones de los escritores románticos

Navas divide a los escritores en tres grandes grupos cronológicos: Los nacidos entre 1785 y 1799, inicialmente neoclásicos y convertidos al con posterioridad (Martínez de la Rosa, duque de Rivas, Gil y Zárate, etc.). En segundo lugar, los nacidos entre 1800 y 1815; reciben una educación clásica; son los que formarán el progresista y radical, aunque después, a excepción de los muertos prematuramente, pasen a posiciones moderadas (Larra, Espronceda, Gil y Carrasco, Mesonero, Escosura, Ventura de la Vega, Hartzenbusch, Donoso Cortés, etc.). Por último, los nacidos entre 1816 y 1826; éstos se educan en medio del fervor romántico, pero simultáneamente crecen en su derrumbamiento (Zorrilla, Amador de los Ríos, García y Tassara, Milá y Fontanals, Campoamor, etc.). Esta clasificación cronológica, como todas las clasificaciones generacionales, es discutible, pues las características de una generación no suelen ser homogéneas, y suelen variar de unas personas a otras o de unos grupos a otros del mismo periodo cronológico.

Otra clasificación posible es la regional. Lo que se ha dicho hasta aquí estaba fundamentalmente centrado en Madrid. Sin embargo, Cataluña, por su estructura social, resultaba más cercana a Europa, y por consiguiente dispuesta de otro modo para el movimiento romántico. Además, Cataluña vivía en esos momentos la Renaixenga, movimiento de energía cultural y ligado al Romanticismo. La Sociedad Filosófica (1814-21) y periódicos burgueses como el Europeo o El Vapor, con posterioridad, introducen el R. de los otros países europeos. López Soler y Aribau exponen la ideología romántica francesa y alemana. El milanés Luigi Monteggia se refugió en España tras la revolución piamontesa de 1821, a fin de difundir las ideas propias de la rev. milanesa «I1 Conciliatore». En el valenciano, como en el catalán, hay también mayor equilibrio que en el de Madrid, con tendencias formales y sociales más moderadas.

Otras clasificaciones pueden hacerse alrededor de ciertos temas. Así, p. ej., lo que se ha definido como hipertrofia del yo frente a la realidad, que daba lugar a la mitificación del héroe romántico, que llega a ser un ángel caído. Como ha escrito Navas, en muchos, el personaje romántico suele ser de una sola pieza, sin inflexiones psicológicas, sin contradicciones, aunque haya que hacer las oportunas salvedades, como la de José de Espronceda, cuyos Félix de Montemar (El estudiante de Salamanca), Adán (El diablo mundo), aparte de los diversos personajes protagonistas de sus poesías líricas (El pirata, El verdugo, El mendigo, etc.) distan mucho de ser simples. Pero, por lo general, el aserto vale para el Macías de Larra, para el Rugiero de Martínez de la Rosa, el D. Álvaro del duque de Rivas, el Manrique de García Gutiérrez, o el mediocre D. Juan Tenorio de Zorrillo. Se trata de tipos, no de caracteres. La mujer pertenece, en general, a dos grandes modos de comportamiento: es un ángel de amor (Inés, Leonor, en Don Juan Tenorio y Sancho Saldaña, respectivamente, o la Leonor del duque de Rivas, etc.), o bien es un demonio encarnado, como la Zoraida de Los amantes de Teruel.      En algunos autores la preocupación o la vuelta al pasado es con desinterés por el presente, en otros es un intento de mejor comprensión o de reforma del mismo. El Macías de Larra, p. ej., utiliza como artificio el tema del doncel de D. Enrique el Doliente para presentar su crítica concreta a su propio tiempo. Más importante es el hecho, en diversos autores, de significar un tránsito al eclecticismo, característica ésta diferenciadora con el resto de los R. europeos.

Su característica fundamental es la ruptura con la tradición clasicista basada en un conjunto de reglas estereotipadas. El romanticismo fue una reacción contra el espíritu racional e hipercrítico de la ilustración y el neoclasicismo y favorecía ante todo:

Rebelión del individuo contra cualquier norma que la impida expresar sus propios sentimientos.

Absoluta libertad en política, moral y arte.

Mantienen una actitud idealista que no corresponde a la realidad que los rodea y los lleva a la rebeldía contra la patria, la sociedad e incluso contra Dios.

Como consecuencia del enfrentamiento entre su espíritu idealista y la cruda realidad, se produce la desesperación y el desengaño.

Reacción contra el Neoclasicismo contra el orden, la razón, el buen gusto, las reglas; el predomino de la sensibilidad sobre la razón de los conceptos individuales sobre los generales.

Énfasis en el individuo: románticos liberales y románticos conservadores.

El romanticismo se manifiesta ilustrando:

La supremacía de sentimiento frente a la razón.

La fuerte tendencia nacionalista de cada país.

La del liberalismo frente al despotismo ilustrado.

La de la originalidad a la tradición grecolatina.

La de la creatividad a la limitación neoclásica.

Dos tendencias románticas:

Tendencia liberal y revolucionaria: José Espronceda y Mariano José de Lara.

Tendencia tradicional, aristocrática, nacionalista y católica; es ya mas estilo que ideología: José Zorrilla.

El declive del romanticismo

Hacia mediados del siglo XIX, el romanticismo comenzó a dejar paso a nuevos movimientos literarios: los parnasianos y el simbolismo en la poesía y el realismo y el naturalismo en la prosa, pero siguió cultivándose en Europa y América con gran éxito de lectores. El romanticismo llega a España con retraso respecto al resto de los países europeos, y no es particularmente fecundo puesto que está condicionado por la política marcada por Fernando VII.

Uno de los escritores iniciales de la centuria es el mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi, conocido por "el Pensador Mexicano" (1776-1827). Autor de prosa vigorosa, su "Periquillo Sarniento" (1816) se considera la primera novela de Latinoamérica. Se trata de un relato realista, parecido a los de la picaresca española por las aventuras de su protagonista y su carácter moralizador. Su obra maestra se llama "Don Catrin de la Fachenda" (1832), novela bien construida, de intención didáctica, sobre la ruina moral y física de un joven de buena familia. Otras narraciones novelescas tienen menor valor, como "La Quijotita y su prima" (1818) y "Noches tristes" (1818).

En Cuba, la figura principal del período es Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873), que vive casi siempre en España. Sus Poesías, publicadas por vez primera en 1841, cultivan el tema amoroso y, a veces, los acentos místicos. Compone varias novelas, como "Sab" (1841), de ambiente cubano, y "Guatimocín" (1846), sobre la conquista de México; y obras dramáticas, como "Saúl" (1849), "Recaredo" (1850) y "Baltasar" (1858). También cubanos son Diego Gabriel de la Concepción Valdés, conocido por "Plácido" (1809-1844), fácil versificador, aunque parcamente imaginativo; José Jacinto Milanés (1814-1863), poeta y dramaturgo ("El conde Alarcos", 1838), y Cirilo Villaverde (1812-1894), cultivador de la novela "esclavista" en "Cecilia Valdés" (1839).

El Romanticismo en México esta representado por los poetas Ignacio Ramírez (1818-1879), ministro en varias ocasiones, de lira inconformista, que populariza el seudónimo de "El Nigromante"; Guillermo Prieto (1 818-1897), de inspiración popular en la "Musa callejera" (1883); el autor teatral Fernando Calderón (1809-1845), con dramas, comedias de costumbres y tragedias, y los novelistas Manuel Payno (1810-1894), seguidor de Fernández de Lizardi en "Los bandidos de Río Frío" (1888-1891), y Luis G. Inclán (1816-1875), que narra la vida de los campesinos en "Astucia, el jefe de los Hermanos de la Hoja" (1865).

En Italia el movimiento romántico fue un tema de debate, dando lugar a amplias polémicas. Se destacan tres generaciones:

La primera generación: se comprendería entre 1815 y 1840. Muestra una gran preocupación por la historia civil. Los autores se ocupan de los distintos géneros literarios (lírica intimista, histórica…). Destacan los nombres de Manzoni y Leopardi.

La segunda generación: aparece entre 1840 y 1860, siendo un periodo de menor importancia. Es una lírica dulzona, sentimental y sensible. Es un romanticismo más idealista. Utiliza rimas fáciles, más musicales, más sonoras y de alguna manera más superficiales. Estamos en una época de guerras y el público busca evasión.

La tercera generación: se produce después de 1860, y es una reacción contra el sentimentalismo anterior. Da origen a un movimiento de jóvenes anarquistas, denominado Scapigliatura.

El Romanticismo en México

En México, destacan los poetas Juan de Dios Peza

(1852-1910), cultivador de los temas infantiles y domésticos en "Cantos del hogar" (1884); y Manuel Acuña (1849-1873), de fogoso temperamento que termina en el suicidio, autor, por ejemplo, del famoso "Nocturno", amoroso y apasionado.

Los precursores del Romanticismo, que se extendió por Europa y América, son Rousseau

(1712 - 1778) y el dramaturgo alemán Goethe (1749 - 1832).

En el siglo XVII aparece ya en Inglaterra con el significado de "irreal". Samuel Pepys (1633 † 1703) lo emplea en el sentido de "emocionante" y "amoroso". James Boswell (1740 - 1795) lo utiliza para describir el aspecto de Córcega. Romantic aparece como adjetivo genérico para expresar lo "pasional" y "emotivo". En Alemania, sin embargo, fue empleado por Johann Gottfried Herder como sinónimo de "medieval". El término romanhaft (novelesco) fue reemplazado por romantisch, con connotaciones más emotivas y pasionales. En Francia, Jean-Jacques Rousseau lo utiliza en una descripción del Lago de Ginebra. En 1798, el Diccionario de la Academia Francesa recoge el sentido natural y el sentido literario de romantique. En España hay que esperar hasta 1805 para dar con la expresión romancista. Durante los años 1814 y 1818, tras sucesivas polémicas, se usan, aún con indecisión, los términos de romanesco, romancesco, románico y romántico.

Los precursores del Romanticismo, que se extendió por Europa y América, son Rousseau ( 1712 - 1778) y el dramaturgo alemán Goethe ( 1749 - 1832). Bajo el influjo de estas figuras los románticos se encaminan a crear obras menos perfectas y menos regulares, pero más profundas e íntimas. Buscan entre el misterio e imponen los derechos del sentimiento. Su lema es la libertad en todos los aspectos de la vida.

En el romanticismo de México se separa por poetas:

Ignacio Ramírez (1818-1879): fue ministro en varias ocasiones, de lira inconformista, que populariza el seudónimo de "El Nigromante".

Guillermo Prieto (1818-1897): de inspiración popular en la "Musa callejera" (1883)

Fernando Calderón (1809-1845): con dramas, comedias de costumbres y tragedias.

Manuel Payno (1810-1894): seguidor de Fernández de Lizardi en "Los bandidos de Río Frío" (1888-1891).

Luis G. Inclán (1816-1875): que narra la vida de los campesinos en "Astucia, el jefe de los Hermanos de la Hoja" (1865).

El Romanticismo entra en España por Andalucía y por Cataluña (El Europeo):

En Cataluña: El Europeo fue una revista publicada en Barcelona entre 1823 y 1824 por dos redactores italianos, un inglés y los jóvenes catalanes Bonaventura Carles Aribau y Ramón López Soler.

En Andalucía: El cónsul de Prusia en Cádiz, Juan Nicolás Böhl de Faber, padre de la novelista "Fernán Caballero" (seudónimo de Cecilia Böhl de Faber y Larrea), publicó entre 1818 y 1819 en el Diario Mercantil gaditano, una serie de artículos en los que defendía el teatro español del Siglo de Oro, tan atacado por los neoclasicistas.

Bibliografía

http://www.ciber-arte.com/movimientos/romanticismo.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Literatura_espa%C3%B1ola_del_Romanticismo

http://www.monografias.com/trabajos6/roma/roma.shtml

http://www.slideshare.net/ekathy80/representantes-romanticismo-presentation

http://roble.pntic.mec.es/msanto1/lengua/2romanti.htm

http://www.ciber-arte.com/movimientos/romanticismo.htm

 

 

Autor:

Rebeca Irasema Sánchez de León