Factores generadores de violencia en estudiantes (página 2)



En otro orden de ideas, las instituciones educativas públicas se enfrentan también con bastante frecuencia a otros problemas, tales como:

Es cierto que el orientar debe contribuir con su aporte profesional al abordaje de este tipo de problemas típicos que se están dando con muchas frecuencias en los planteles educacionales, mediante campañas y actividades de concientización y solidaridad que se implementan en las escuelas y liceos. Pero no se debe responsabilizar únicamente al orientador como figura profesional competente para el abordaje de este tipo de problemas sociales que se reflejan en las instituciones educativas. La lucha contra estos males es tarea de todos los adultos significantes que están involucrados con la escuela.

Cada uno debe aportar su granito de arena para la solución de los mismos, sin dejar de tomar en cuenta que son problemas originados por las desigualdades sociales, la descomposición social generada y la perdida de valores auténticamente humanos por la que atraviesa la sociedad venezolana actual. Es de suma importancia que el personal docente que desempeña funciones directivas, facilitadotas de aprendizaje y orientación, asuma su rol profesional en el seno de la complejidad organizacional de la institución donde presta servicios, tomando en consideración los factores organizacionales que le otorgan especificidad situacional a cada plantel, en aras de contribuir, en lo posible, al logro de las grandes metas educacionales que se han establecido para las escuelas públicas venezolanas.

Violencia Escolar como síntoma social

Aún cuando la elaboración de una definición de violencia ha sido muy discutida y no se ha logrado llegar a un acuerdo generalizado e internacional sobre la misma, es importante señalar que la violencia no puede equipararse con la palabra agresión y que no todos los actos de agresión son violentos. La violencia se refiere más a la severidad de una agresión y a una intencionalidad específica de destrucción.

Al respecto Planella, J. (2006) plantea que, es esencial reconocer que las nociones de daño son diferentes de acuerdo con la cultura y que los códigos morales y las normas sociales varían en cada comunidad, también es imperativo reconocer algunos de estos componentes que permiten su utilización y clasificación. Puede decirse que: La violencia es un comportamiento deliberado que resulta en daños físicos o psicológicos a otros seres humanos, o más comúnmente a animales y se le asocia, aunque no necesariamente, con la agresión, ya que también puede ser psicológica o emocional, a través de amenazas u ofensas.

Desde el punto de vista de la psicobiología: El concepto de violencia correspondería a una representación subjetiva y cultural de los fenómenos vinculados a la agresión. El problema individual y social principal es que debido a la gran plasticidad de los procesos cognoscitivos casi todo comportamiento, actitud o situación puede percibirse subjetivamente como "violencia", bastante a menudo errónea, muy teniendo en efecto negativo real sobre el psiquismo y la dinámica social. Entonces para definir qué se entiende por violencia, es muy importante diferenciar de otros conceptos, tales como:

El conflicto aparece al encontrarse intereses opuestos y suele tener una connotación negativa, debido a que se le suele confundir con violencia. Sin embargo, se resolución puede darse en forma no violenta. Se diferencia de la violencia en que esta no es innata, sino aprendida, mientras que el conflicto es consustancial a la vida humana, natural y, por otro tanto, inevitable.

Por otra parte, la agresividad es la tendencia o disposición cuyo fin consiste en lesionar a otro organismo o al propio con intención de producir daño, destruir o humillar. Finalmente, el acoso, intimidación o victimación corresponde a toda situación en la que alguien es agredido o se convierte en víctima, por estar expuesto en forma repetida y durante un tiempo a acciones negativas: verbales, físicas y psicológicas.

Planella, J., (op cit) define la violencia como la situación o situaciones en que dos o más individuos se enfrentan y una o más de las personas implicadas sale perjudicadas, siendo agredida física o psicológicamente. (p. 249). Por eso, es importante destacar que la violencia no implica sólo la agresividad física, incluye también las formas verbales y, junto a ellas, gran cantidad de conductas que, solapadas, pueden no ser identificadas como violentas, pero resultan igualmente contundentes o peores que un golpe. Si antes la violencia directa –principalmente la guerra– aparecía, y aún lo hace, como una violencia visible, otros tipos de violencia, como la estructural, han estado por mucho tiempo encubiertos.

Olweus dan citado por Tettner, A. (2005) define la violencia escolar explicando que una persona es victimizada cuando es expuesta repetidamente a acciones negativas, proveniente de otras personas (P 84). Esta definición realizada por el doctor Olweus, ha sido plenamente aceptada en la actualidad ya que incluye los dos elementos más significativos del hostigamiento: la repetición y el carácter negativo. Sus descubrimientos constituyen el punto de partida de un proceso globalizado de estudios del fenómeno que aquí nos ocupa. Sin embargo, se debe tomar en cuenta las características políticas, económicas y sociales de cada comunidad o sociedad al abordar este tipo de investigación.

Tettner A (2003) define la violencia escolar como "toda aquella acción de un estudiante que produzca dolor a otro estudiante. Esta actividad ha sido llamada también acoso, hostigamiento o victimizacion. Según Tettner el término que mejor la describe proviene del idioma ingles. Bullying - derivado del bul (toro) – porque le da una dimensión casi gráfica a la forma como algunos jóvenes andan por la vida agrediendo lo que se les ponga por delante.

Acoso físico

Caloroso, B. citada por Tettner A. (2005) explica que el acoso o bullying puede presentarse de maneras diferentes: físico, verbal y relacional. El acoso físico se da cuando se hace un daño a otra persona o a su propiedad, el acoso emocional, cuando se daña a su autoestima y el acoso social cuando se daña la aceptación social que necesita la persona.

El acoso físico es el mas fácil de detectar, porque las huellas son mas visibles. En esta categoría se incluye: pegar, dar cachetadas, coquitos, torcer un brazo, destruir la propiedad personal, artículos deportivos o ropa de la víctima.

En la actualidad en las instituciones educativas publicas del estado Monagas, se observan casos de acoso físico entre estudiantes.

Pero el más utilizado por todos es el verbal. Tal vez porque no deja huellas y es fácil parecer inocente. De hecho, se puede insultar en voz baja, incluso en presencia de los adultos, para que solo escuche la víctima, la que no se puede hacer con la agresión física, que es tanto mas evidente. En el liceo Bolivariano Simón Bolívar, de Boquerón es frecuente que los "toros" empujen a los mas débiles, que a veces son los mas inteligentes, aunque ingenuos, diciéndoles "mujercitas" o "gallinetas". Las observaciones realizadas por la autora durante la investigación confirman que el acoso verbal entre estudiantes también incluye calumniar, hablar mal de la gente, esparcir rumores o chismes que generan ostracismo y rechazo, hacer comentarios racistas o sexistas, criticar a la ente que es o luce diferente, asustarlos, humillarlos o herir sus sentimientos de cualquier forma. Y hoy en día los estudiantes haciendo uso de la tecnología llegan a acosar verbalmente a otros estudiantes a través del teléfono celular o también por e-mail.

En estos casos esta nueva modalidad de acoso es menos reportada a padres o profesores y/o profesores porque los jóvenes tienen miedo de que les sea prohibido el acceso a la red. Es importante destacar que lamentablemente, muchos docentes utilizan la técnica del acoso como recurso cuando la situación disciplinaria se les pone complicada. Entonces hacen críticas impropias, utilizando términos despectivos y humillantes delante de la clase. En este caso, cuando se enteran del hecho, es labor de los padres exigir responsabilidad al maestro y a la escuela por este tipo de mala praxis docente.

Otro tipo de acoso observado en el liceo Bolivariano Simón Bolívar, de Boquerón es el acoso racional, este es muy fácil de detectar, ya que es utilizado con frecuencia por los jóvenes estudiantes. Este basado en dos pilares: la exclusión y el rumor. Comprende muchos gestos codificados entre compañeros de estudio, como voltear los ojos, suspirar, fruncir las cejas y cualquier variedad de lenguaje corporal hostil.

Excluir de forma internacional a un miembro de los equipos de trabajo, de las investigaciones a ir de paseo en grupo, de las fiestas de cumpleaños y de los juegos durante el receso escolar, son algunos aspectos de este tipo de acoso observado en la población objeto de estudio.

La autora considera importante que todos los docentes tanto de instituciones educativas públicos y privados presten especial atención al problema de la violencia escolar y al acoso, porque la victimizacion y el bullying es un intento deliberado de dañar, producir miedo y crear terror. La violencia escolar en instituciones educativas es un problema que decidimos ignorar, a pesar de que la vida de los involucrados puede llegar a peligrar.

O tal vez nos dejamos segar porque preferimos las soluciones simples a los problemas, para la realidad en que miles de jóvenes van a clases todos los días con miedo. Sin embargo, la mayoría logra sobrevivir invirtiendo casi toda su energía en ello. Y con el resto de la fuerza y voluntad que les queda, apenas pueden aprender algo en clase. Esta es, en muchos casos la causa del bajo rendimiento académico.

Distintos tipos de violencia

Las violencias invisibles o encubiertas son cotidianas y, al estar ocultas, no se denuncian ni sancionan. Entre ellas existe el maltrato psicológico, la exclusión de una persona, de un grupo o el desarrollo de actitudes para menospreciarla, difamarla, humillarla, discriminarla o ignorarla. Hay sanciones legales para estas agresiones, pero estas son difíciles de demostrar. Según Planella, J (op cit). La violencia invisible puede ejercerse en dos escalas: microsocial y macrosocial.

La Escala microsocial: esta referida a interacciones sociales conflictivas. En ella la violencia es una forma de relación. En esta escala se distinguen tres tipos de agresiones:

a-) Agresión relacional: Es dañar a alguien usando como arma la relación que con ella se mantiene. Por ejemplo: cuando se vulneran sentimientos de amistad.

b-) Agresión indirecta: El agresor aparenta dañar sin intención, se escuda en otra persona.

c-) Agresión social: Es dañar la autoestima o el estatus social de alguien en un grupo.

La Escala macrosocial: alcanza estructuras sociales de mayor alcance, pues se ejerce desde una posición de poder. Tiene diferentes categorías; a saber:

a-) Violencia estructural: Se da cuando una estructura social no igualitaria provoca exclusión social de parte de la población.

b-) Violencia institucional: Se manifiesta cuando el sistema jurídico–político vulnera derechos de los habitantes.

c-) Violencia represiva: Cuando el Estado reprime toda oposición.

d-) Violencia simbólica: Es la violencia ejercida desde el poder dominante con el consentimiento de aquellos que son dominados.

A lo largo de la historia, diferentes sistemas de dominación, no sólo han ejercido su fuerza por decisión propia, sino también a partir de la aceptación del mismo grupo oprimido. Estas situaciones suelen entonces mantenerse a lo largo del tiempo, transmitiéndose de generación en generación. Un caso sencillo que podemos citar, es por ejemplo el de un docente que, amparado por la desigual relación que lo distingue del alumno, le impone a éste, medidas inobjetables. Una evaluación sin previo aviso, con el fin de prevenir situaciones conflictivas o de indisciplina en el aula.

Pero no sólo en la escuela existe la "violencia simbólica", está presente también en los hogares, en los lugares de trabajo y se manifiesta también en las políticas sociales que no dan respuesta a las necesidades básicas insatisfechas de miles de personas. Cuando se amenaza la subsistencia, se genera una violencia que se transmite a los jóvenes; la familia corre el riesgo de desintegrarse y los adultos no pueden proteger, cuidar y educar afectivamente a los integrantes menores en forma adecuada. Por otra parte, la violencia simbólica, aparece en los medios de comunicación cada vez que transmiten un estereotipo, por ejemplo de belleza, distorsionando la realidad, se expresan de modo incorrecto o propician la violencia a través de la ficción. En tal sentido, Tettner, A. (2005) señala que:

Si en algún sector se observa claramente la violencia es en la industria del entretenimiento. A diario se observa que la violencia penetra en todos los estratos de la industria de la diversión, no sólo en los videos, juegos y películas también en los deportes. (p. 69)

En concordancia con lo planteado por Tettner, se puede tomar como ejemplo a aquellos individuos que gritan en un partido deportivo al árbitro (como frecuentemente suele suceder en el futbol) o que no se perturban ante la pantalla de televisión al mirar como espectadores escenas de extrema violencia, esos mismos sujetos pueden ser quienes justifiquen el hecho de que un adulto le grite a un niño en el caso de que éste no se haya comportado de la manera esperada.

También se observan manifestaciones de esta violencia en programas infantiles de humor, novelas, películas, lo que genera una mayor concentración de programas violentos. Razón por la cual la violencia de estos programas ha dejado de ser un tema aislado para convertirse en el lenguaje con el cual se llega a captar la atención de los televidentes.

La violencia permanente en los medios de comunicación produce un efecto sensibilizador sistemático y al desactivarse estos reflejos es el televidente, éste se insensibiliza a la violencia y se hace más propenso a la misma. Estos efectos que ejerce la programación violenta en los jóvenes en edad escolar, puede ir en dos direcciones, o los insensibiliza o los incita a la violencia, de allí la importancia de que los padres o representantes controlen la programación que ven sus hijos.

Existen innumerables actos violentos que se desencadenan en el ámbito cotidiano, y algunos incluyen a la educación misma. Ésta consiste en un acto violento en el sentido de que fuerza de voluntad de los niños y jóvenes, a quienes es preciso enseñarles cuales son las normas y los valores que están socialmente aceptados. La escuela del pasado, específicamente, era violenta cuando sostenía que "la letra con sangre entra". También las familias, por su parte, ejercían violencia cuando se aceptaba que la autoridad paterna podía "educar" a través de una bofetada que estuviera "bien aplicada a tiempo".

En algunas ocasiones, se hace uso de la expresión "violencia gratuita" para hacer referencia a aquellos casos en los que no existen motivos que se correspondan con esa manera de actuar. Esto podría dar lugar a suponer que se justifican otros casos en que la violencia no es gratuita, y por lo tanto, podría estar persiguiendo algún objetivo lícito o algún Beneficio para quien la ejerciera o la sufriera. Una frase que puede reflejar este concepto es: "Quien te hace llorar es quien te ama".

La sociedad contemporánea se caracteriza porque en ella se han desarrollado formas legitimadas de agresividad que pueden reconocerse en espectáculos deportivos o, a través del cine y de la televisión. Estas formas actúan de manera catártica, debido a que permiten expresar emociones o comportamientos no permitidos en otros ámbitos.

La conducta antisocial

Los jóvenes de hoy se ven a menudo inmerso en un problema grave: la violencia. Es sabido que para este fenómeno, de amplio alcance en las sociedades industrializadas, sobre todo bajo el amparo del anonimato y la despersonalización de las grandes urbes, cabe encontrar una explicación que tiene en cuenta razones de tipo sociocultural (y, a la postre, razones políticas e ideológicas) de análisis psicológicos.

Sin ninguna duda, la amplitud y la extensión actual de la violencia guardan directa relación con la estructura social de las sociedades industrializadas. Las desigualdades en la distribución de la riqueza, el inmovilismo ideológico, el alto nivel de desempleo y, en fin, la crisis económica por factores potenciales generadores de conductas antisociales entre las clases menos favorecidas. No obstante, numerosos especialistas se han ocupado con profusión de los factores psicológicos que inciden en la violencia juvenil. La mayoría de ellos, hacen hincapié en dos conceptos centrales del desarrollo psicológico que si tiene marcada influencia en la aparición de conductas antisociales: las carencias afectivas y la interiorización del concepto de ley.

Por lo antes expuesto, la autora de esta investigación considera conveniente que, al hablar de violencia escolar debe hacerse mención a otro tipo de conductas perturbadoras, que es preciso identificar y que pueden ser englobadas dentro del término comportamiento antisocial. Entre ellas, se citan las señaladas por Planella, J (2006):

También es importante destacar que en las escuelas, liceos y universidades existe como problema el fraude en educación realizado por los estudiantes, que consiste en la copia en los exámenes, el apropiarse de trabajos ajenos o el uso de recomendaciones e influencias para intentar aprobar sus materias y pasar al siguiente nivel.

Causas del Comportamiento Antisocial

Las principales causas que estan en el trasfondo de comportamiento antisocial y otras situaciones de indisciplina van desde el desinterés de los alumnos, que no se encuentran motivados por el estudio, hasta el consumo de drogas (destacando el alcohol), los problemas familiares y presencia en el aula de alumnos repetidores o de grupos de alumnos intolerantes. Existen diversas situaciones en las que niños, niñas y adolescentes son participes de violencia y de agresión, tanto física como psíquica. Entre la amplitud de situaciones que se pueden calificar como aptos antisociales, la autora de esta investigación considera importante destacar las siguientes:

Factores generadores de la violencia

Los factores generadores de violencia que cobran mayor relevancia al momento de evidenciar la aparición de conductas violentas se pueden agrupar en: factores biológicos, cognitivos, sociales, personales, familiares y ambientales:

Los Factores biológicos. Revisten gran relevancia en la existencia de tendencias agresivas.

Los Factores Cognitivos. Pueden generar problemas de conducta, debido a experiencias tempranas vividas como; la privación social o aislamiento social. En este caso el docente debe tener en cuenta los distintos niveles de comprensión y razonamiento de los alumnos, para poder mantener el control del aula.

Los Factores sociales. Especialmente los relativos a los roles asociados a cada individuo dentro del grupo. Una de las primeras teorías que relaciono el comportamiento agresivo a factores sociales fue la del psicólogo francés Tarde, G. Citado por Tiniacos, C. (2004) Desde cuyas vertientes se entiende la conducta agresiva como resultado de una inadaptación debida a problemas en las codificación de la información, lo cual hace que tenga dificultades para pensar y actuar ante los problemas interpersonales y dificultad de elaboración de respuestas alternativas.

Los Factores de personalidad. Tienen influencia en el desarrollo de la agresividad, puesto que el joven agresor suele mostrar una tendencia significativa hacia el psicotismo. Le gusta el riesgo y el peligro y posee una alta extraversión que se traduce en el gusto por los contactos sociales, aunque en ellos habitualmente tiende a ser agresivo, se enfada fácilmente y sus sentimientos son variables. Todo esto hace que el niño o adolescente tienda a tener "trastornos de conductas" que le lleven a meterse en problemas con sus iguales e incluso con adultos.

Los factores Familiares. Estan relacionados con los patrones de crianza y los modelos de interacción familiar. El modelo de familia puede ser predictor de la delincuencia de niños y jóvenes, puesto que el clima socio-familiar interviene en la formación y desarrollo de las conductas agresivas. Los niños y jóvenes agresivos generalmente perciben en su ambiente familiar cierto grado de conflicto.

Los Factores Ambientales. Juegan un papel especialmente importante en la explicación del rol de la familia puesto que la agresividad como forma de resolver problemas suelen tener su origen al principio en la infancia, en el propio ambiente familiar. Así como también la exposición repetida a la violencia en los medios de comunicación y en juegos electrónicos.

Es probable que los factores que presentan una mayor incidencia en el desarrollo de conductas violentas en los niños y jóvenes sean los relativos a las prácticas de crianza infantil. Algunas veces se piensa que padres agresivos forman hijos agresivos, pero las influencias de los padres no son tan simples. Pocos padres educan concientemente a sus hijos para ser agresivos e incluso la mayoría cree que lo están haciendo "bien". Entre estas prácticas, destaca el empleo de castigos físicos o verbales. En tal sentido, Feshbach, citado por Cerezo, F. (2004) afirma que:

No hay ninguna otra variable tan fuerte relacionada con el desarrollo de la conducta agresiva como el uso de castigos. Su incidencia está estrechamente relacionada con el tipo de castigo; en primer lugar destaca el castigo físico, seguido del castigo verbal. (p. 31)

En concordancia con lo planteado por Feshbasch en la cita anterior, se deduce que el castigo en forma de Maltrato Verbal puede provocar una respuesta agresiva más fuerte que cuando se frustra a un sujeto interfiriendo en una tarea que está realizando. De manera que el castigo o maltrato, en cualquiera de sus diferentes formas, supone la forma más segura de conformar conductas agresivas en el futuro, incluso con mayor probabilidad que las experiencias frustrantes. Al respecto Banduras, citado por De La Torre, J. (05/01/2005) señala:

El aprendizaje por modelado y por observación como un factor que también precipita la violencia. Afirma que si un modelo es castigado por su conducta agresiva o violenta, el observador sentirá temor al agredir, aunque haya aprendido correctamente la conducta, pero si el modelo es reforzado por su conducta, el observador considerará apropiado este comportamiento. (p. 12)

De lo expuesto anteriormente se deduce que la misma sociedad propicia y crea las condiciones para la violencia, la cual va a encontrar en la escuela el lugar ideal para reflejar las contradicciones y realidades vivenciales en el medio que la circunda. En las actividades cotidianas de la escuela, la violencia estudiantil es un elemento permanente presente, en la medida en que está inscrito en los códigos de formación y de la relación social y es constantemente reforzado por los mismos.

En la actualidad en los liceos públicos del Municipio Maturín Estado Monagas, específicamente en la U. E. "Simón Bolívar", la violencia se ve reflejada desde dos vertientes: La primera desde los estudiantes, la segunda desde los docentes que las conforman. En el caso de los estudiantes los comportamientos violentos son productos de un aprendizaje a lo largo de toda la vida. En cuanto a los educadores se muestra los actos de violencia en las interrelaciones personales docente-docente, y docente-alumno, mediante el uso de descalificativos y de medidas hacia los mismos. Esta situación puede ser extrapolada como un factor común presente en todo el ámbito educativo, y que se hace más notoria en los planteles donde convergen los sectores más necesitados, se conjugan tres elementos más que generan un clima organizacional negativo:

Es posible que estos aspectos incidan en el desenvolvimiento de las actividades de la escuela pública venezolana, que cada día se muestra más violenta. Por tal motivo se hace necesario caracterizar los factores generadores de la violencia estudiantil, que no es más que el conjunto de acciones emprendidas por los estudiantes en contra del aparataje educativo y todo lo relacionado con él, presentando variaciones dependientes del nivel educativo y de los actores participantes.

Relaciones entre Violencia, Agresión y Frustración

Se considera conveniente analizar si existe alguna relación entre la violencia estudiantil, la agresión y la frustración. En tal sentido los expertos en la materia consideran que la violencia pertenece a conductas desajustadas, provocadas por otros desajustes. Al respecto Dupaquier, citado por Tiniacos, C. (op cit), expresa:

A partir de su investigación sobre la violencia estudiantil tanto entre alumnos, como hacia sus profesores, o hacia la propia institución, se presenta las siguientes formas de violencia:

En tal sentido, puede decirse que en las ciencias sociales existen dos teorías para el estudio de la violencia y de la conducta delictiva, las que se presentan en diversas combinaciones, la teoría de la ruptura o de la anomia y la teoría de las formas de socialización. Estas se constituyen como factores explicativos de las dimensiones estructurales y sociales.

Además, encontramos elementos innatos y elementos adquiridos que configuran formas habituales de conducta, tan arraigados que, en ocasiones, responden casi como un reflejo estereotipado. Desde el punto de vista del individuo, puede plantearse la agresividad como un rasgo de personalidad. Hay muchas clases de conducta agresiva, y en consecuencia, no puede haber una definición univoca que sea satisfactoria. Pero en la actualidad parece haber un acuerdo difusamente compartido sobre una clasificación genérica de las formas diferentes de agresión, según su fin último o motivación.

Por eso, en algunos casos se habla de agresividad reactiva, hostil y afectiva, caracterizada por el predominio de componentes afectivos y emotivos, y por otro lado, de una forma preactiva o instrumental, caracterizada por el predominio de comportamientos cognitivos e intencionales. Entonces, la conducta agresiva, según Cerezo, F. (op cit), viene a ser el resultado de una compleja secuencia asociativa que puede resumirse en el siguiente esquema:

Ideas + Sentimientos + Tendencias del comportamiento

El comportamiento agresivo aparece como resultado de una elaboración afectivo – cognitiva de la situación, donde están en juego procesos intencionales, de atribución de significados y de anticipación de consecuencias, capaz de activar conductas y sentimientos de ira. Además, se trata de un tipo de actuación que una vez activada, alimenta y sostiene la conducta, incluso más allá del control voluntario. Algunas de las conductas más frecuentes que pueden ser indicadores de tendencias agresivas son: derivar en peleas los juegos con los iguales, llorar o enfadarse mucho casi por nada, dificultades a la hora de las comidas, desgano por estar con sus compañeros de clase, hablar frecuentemente de peleas en las que se encuentra implicado como agresor, utilización de insultos y descalificaciones, accesos de ira incontrolados en los que llega a romper cosas, escasa tolerancia a la frustración, de manera que pretende conseguir siempre sus caprichos o de lo contrario irrumpir violentamente y por un tiempo mantenido.

El componente agresivo de la conducta humana es generalizable a toda la especie, cabría situarla en el plano de los instintos. Las teorías biológicas, tales como la teoría etológica de Lorenzo o la teoría psicoanalítica de Freud, se inclinan hacia concepciones ambientalistas, es así como surge la tesis de la agresividad como respuesta a la frustración de manera que es descontable la idea del hombre como ser agresivo por naturaleza y se acepta que llega a ser agresivo como consecuencia de experiencias frustrantes. Esta concepción viene a concluir que el niño es potencialmente agresivo desde el momento, que existe una agresividad innata y que la frustración, provocada por el entorno, es capaz de activarla.

La frustración es el estado de decepción creado emocionalmente cuando alguien espera realizar su deseo se ve impedido de hacerlo. Cuando una persona no logra realizar un deseo, puede elaborar su frustración de formas diversas. Unas veces caerá en estado de tristeza o depresión, cuya intensidad, dependerá de la intensidad de la frustración; otras reaccionarán agrediendo activamente a la persona a situación causantes de su frustración.

Una frustración crea un estado vivencial de fijación a la situación frustrante. La persona frustrada será sumamente sensible a todo planteamiento que le recuerde su frustración; sentirá angustia al ponerse en las mismas circunstancias, las cuales fracasó y pensará ver repetida por doquier la misma situación frustrante, lo cual la conducirá, en último término, a llevar una existencia introvertida y poco arriesgada, con objeto de no repetir la vivencia decepcionante. En otros términos, la violencia y los aspectos relacionados como la agresión y la frustración obedecen a un complejo conjunto de elementos psicológicos, sociales y culturales.

Aspectos relevantes del sujeto agresivo versus el sujeto victima

No todos los sujetos reaccionan de la misma manera ante situaciones adversas. Aun así, es importante destacar algunas dimensiones que se revelan claramente diferenciadoras para cada uno de los sujetos implicados en una dinámica de agresión y victimizacion. Las personas mas proclives a la violencia, además de ser irritables y "rumiar" mas sus pensamientos son también mas proclives a atribuir al exterior la responsabilidad de los eventos en los cuales se hallan implicados, mas preocupados por defender la propia reputación y el propio honor, relativamente indiferentes respecto a las necesidades y derechos de los mas desfavorecidos genéricamente hostiles a las instituciones y a sus representantes.

Mientras que las personas que han sufrido maltrato con cierta frecuencia pueden actuar en dos sentidos: o bien reaccionar con una alta tasa de violencia o por el contrario con una gran sumisión, son más depresivas y muestran elevados índices de ansiedad.

Llegan a dudar de su propia valía y estima con cierta frecuencia, son dadas a atribuirse a si mismas la causa ultima de su situación y, en ocasiones, a su mala suerte.

Los sujetos con mayor índice de agresividad en un colectivo son aquellos que muestran una menor consideración hacia los problemas de aquellos que les rodean. Además algunas dimensiones de su personalidad y de sociabilidad son especialmente especificas para cada "lado de la moneda", llegando, en ocasiones, a presentar diferencias significativas, lo que permite esbozar un pequeño perfil asociado a los sujetos agresivos frente a las víctimas que puede ayudar a entender como, donde y porque.

Al respecto Cerezo F. (op cit) expresa que: investigaciones con adolescentes han revelado algunos elementos del perfil de los agresores, en cuanto a la percepción del clima social, encuentra en su clima familiar un elevado grado de anatomía y una importante organización de roles, unido a un escaso control sobre sus miembros. Como resultado, viven las relaciones familiares en grado de conflicto elevado. Desde una perspectiva social, muestran escaso autocontrol en sus relaciones sociales. (p. 28)

Según el autor, estos jóvenes establecen una dinámica relacional agresiva y generalmente violenta con aquellos que consideran débiles y cobardes. Presentan aspectos relativos a su autovaloración relevantes: se consideran líderes y sinceros, muestran una alta autoestima y considerable asertividad, rayando, en ocasiones, con la provocación. Suelen presentar algunas dimensiones de personalidad especificas: elevado nivel de psicotismo, extroversión y sinceridad junto a un nivel medio de neuroticismo lo que puede traducirse en una marcada tendencia antisocial que vendría a manifestarse en despreocupación por los sentimientos de los demás y falta de capacidad de empatía; actitud marcadamente irresponsable y escaso interés por las normas, reglas y obligaciones sociales. Un nivel muy bajo de tolerancia a la frustración y bajo umbral para las descargas de agresividad, asociado a un escaso sentimiento de culpa y dificultad para aprender de la experiencia, especialmente del castigo.

Las víctimas, los que pueden ser el blanco de los ataques hostiles sin mediar provocación, por el contrario, muestran rasgos específicos significativamente diferentes, incluyendo un aspecto físico destacable; su complexión débil, acompañada, en ocasiones, de algún tipo de handicap. En cuanto a la percepción del clima social familiar, encuentran sus relaciones familiares algo mejores que los agresores, pero no llegan a ser "buenas". Se sienten sobre protegidos y con escasa independencia, existe una alta organización de funciones y la figura paterna ejerce un estricto control.

Desde el punto de vista de las relaciones sociales, destaca una escasa asertividad, que se traduce en dejarse llevar con facilidad por las opiniones y demandas de los demás. Viven sus relaciones personales con un alto grado de timidez que en ocasiones, les llevan al retraimiento y aislamiento social. Se auto evalúan poco sinceros es decir, muestran una considerable tendencia al disimulo, y tratan de aparentar ser "mejores" de cómo son. En ocasiones, tratan de reaccionar agresivamente e incluso llegan a provocar la ira de sus compañeros, como forma de autoafirmación, estrategia que generalmente les reporta resultados negativos.

Es de suma importancia que los docentes tomen conciencia, de estas situaciones y traten de frenar el avance de la influencia del alumno agresor en las actitudes del grupo y especialmente prestar la ayuda precisa al alumno víctima. Para poder aplicar estrategias de detección precoz de las situaciones de agresión y victimizacion entre escolares las cuales pueden situarse en tres colectivos claramente definidos y a la vez complementarios: los profesores, los alumnos y los padres.

Posibles Indicadores para Identificar al Alumno Bully

Características del Alumno Bully

Posibles Indicadores para Identificar al Alumno Víctima

Características de las Posibles Víctimas

La autora considera importante señalar que en las Instituciones Educativas hay víctimas provocativas fácilmente reconocibles, ya que normalmente son chicos con patrones agresivos de respuestas:

Violencia Estudiantil y la Pérdida de Valores

Frenar la creciente violencia en las instituciones educativas, obliga a poner en marcha programas, que eviten que esa tendencia vaya a más. Para lograr esto se necesita del apoyo de expertos en materias como Psicología. En la actualidad se manifiesta gran preocupación por las conductas agresivas de algunos adolescentes respecto de sus compañeros, profesores o hacia su mismo plantel. Estas actitudes a menudo son atribuidas a la falta de valores y a la carencia de disciplina. En muchos casos estas actitudes se originan porque los padres no comparten actividades con sus hijos por motivos laborales.

Los niños agresivos no solo se forman cuando se les educa con rudeza, sino también cuando se hace sin objetivos claros, pues "una excesiva laxitud" la entiende como que los padres aprueban la conducta agresiva. De acuerdo con lo planteado, queda claro que es de suma importancia la transmisión de valores de padres a hijos, ya que es el núcleo familiar donde se inicia el proceso de formación de valores y se atienden las necesidades básicas del ser humano.

Violencia en el medio escolar

La sociedad enfrenta conflictos de violencia que se ven trasladados a las aulas, y estas repiten como un espejo la problemática exterior. Dentro de las escuelas, no se podría hablar de enfrentamiento entre adultos y niños, sino de aislamiento y de ruptura de vínculos. Muchos educadores sostienen que "nadie escucha", que los jóvenes "no leen", "no aprenden" y, soberbios, desacreditan a los estudiantes que no responden a los modelos que ellos vivenciaron en su niñez. Esto hace que los alumnos no encuentren canales para expresarse, lo que genera incomunicación quizás, más que suponer que los educandos atacan las estructuras establecidas, se podría entender que lo que hacen es ignorarla.

Tal como lo registran los medios de comunicación del mundo, la violencia escolar se ha puesto de manifiesto en todas las latitudes. Sus manifestaciones físicas y simbólicas son múltiples, dejando de ser simples amenazas entre estudiantes para pasar a ser agresiones físicas entre púberes y niños, y de ellos para con los docentes, llegando incluso a registrarse actos de vandalismo.

Es claro que todo esto es más que el reflejo de las tensiones generadas por crisis sociales complejas, que involucran problemas económicos, alineación cultural y exclusión social. La violencia en las aulas reproduce, en gran parte, las desigualdades estructurales de la sociedad y, así, estudiantes de las minorías, inmigrantes o pertenecientes a grupos desposeídos se sienten excluidos de una escuela con modelos que no le pertenecen y que no hacen intentos por acercarse y adaptarse a los cambios del contexto. Por esta causa, dentro de la escuela, los niños y las niñas y los y las púberes resuelven sus problemas recurriendo a la agresión, ya sea verbal o física, por un lado, o bien a la inhibición y a la retirada, por otros.

En la actualidad en escuelas, liceos y universidades se presentan, en mayor o menor medida, diferentes formas de violencia, de igual manera que en otros ámbitos de las relaciones humanas. Siempre que hay que compartir espacios o tiempo con otros (como la propiedad del territorio, el uso o las normas de uso de ese territorio), se generan conflictos que pueden devenir en violencia, entendida como agresión hacia los demás. En este caso, la escuela resulta, paradójicamente, a la vez un reflejo de la sociedad, un ámbito donde se puede contener a los estudiantes en conflicto y encontrar estrategias que los ayuden a mejorar sus relaciones con los demás, al brindarles la posibilidad de recuperar la palabra para resolver los conflictos por el diálogo y la medición.

La violencia escolar debe estudiarse desde una perspectiva multicausal, pues implica analizar y relacionar variables vinculadas al individuo, a la sociedad y a la escuela misma. Y aunque muchos nieguen la existencia de la violencia en las aulas y sólo reconozcan, cuando mucho, actos que implican problemas disciplinarios que consideran normales dentro de una convivencia diaria. Y digan que no se trata de un fenómeno que ha aumentado en esta época, sino que, por el contrario, ha existido desde siempre.

Es cierto que no todos los casos revisten similares características y que algunos episodios, que se presentan como de violencia escolar, podrían encuadrarse en los desbordes más o menos normales de indisciplina estudiantil. Pero, al mismo tiempo, se puede advertir en muchas situaciones, de manera reiterada, la incorporación de un agregado de violencia que no puede ser tomado con naturalidad, y sin prestarle la debida atención.

De este modo, mientras que para algunos la escuela es un campo de batalla en el que profesores y alumnos pelean por conseguir convertirla en lo que creen que debe ser, otros sostienen una postura totalmente distinta. Ya que los actos violentos están sujetos a un gran sistema de relaciones interpersonales en el que las emociones, los sentimientos y los aspectos cognitivos están presentes y configuran parte del ámbito educativo. A todo esto se suma que estas relaciones están ligadas a las situaciones familiares de los alumnos y al ámbito social de la institución.

Patrones Culturales de la Violencia en los Sistemas Educativos Formales

Es importante analizar el impacto que tienen los patrones o normativas escolares en la manera como el niño o el adolescente adoptan la violencia como una forma de relacionarse con los demás, enfrentar situaciones y resolver problemas. Es necesario comprender como el incide el contexto escolar en la reproducción de la violencia e identificar cómo el contexto transmite valores y normas que privilegian el ejercicio de la violencia a otras alternativas más constructivas.

Sería triste constatar que la escuela pueda ser un espacio de socialización de valores, actitudes y comportamientos violentos. Por eso es necesario tomar conciencia de cómo, a veces, la escuela puede contribuir a esto, ya que es el punto de partida para estructurar un plan de acción que contrarreste esta socialización de patrones de comportamientos negativos y que evite esos "otros aprendizajes" no planificados ni buscados, que se transmiten al estudiante desde la misma escuela. Al respecto Santa Cruz y Portillo, citado por Fernández, A. (2004) manifiesta que:

Si a la cuota de agresividad expresada, en ocasiones, por los docentes se les añade la que los estudiantes presencian, en forma directa, dentro de la misma institución por parte de sus propios compañeros, se tiene un contexto situacional dentro del cual la agresión y la violencia son promocionadas como formas de relacionarse con los demás. (p. 3)

Con relación a lo señalado anteriormente, la escuela, más como contexto inmediato que como institución, más por las conductas agresivas que se generan en su interior que por los valores que trasmite, posibilitará a los estudiantes un medio en el cual expresiones de violencia o agresión sean usuales e incluso justificables.

Banduras, citado por Fernández, (ibid), explica porque la escuela puede promover la violencia como medio para obtener resultados y resolver problemas. Afirma que la escuela puede transmitir como instancia socializadora, patrones, normas, valores, actitudes y prácticas culturales a sus alumnos relacionadas con la violencia. En tal sentido es importante que se reflexione sobre esos patrones de violencia que, con frecuencia, se presencian en las instituciones y que contribuyen en esos "otros aprendizajes" que junto a los conocimientos planificados e intencionalmente buscados, se adquieren, muchas veces, de forma inconsciente y pueden consolidarse en el patrón de conducta violenta de los estudiantes.

Algunos de esos patrones y prácticas educativas que se hace necesario desvelar, identificar y tomar conciencia de ellos, a fin de trabajar por su erradicación en la educación media diversificada y profesional, se nombran a continuación:

A veces, se ejerce la violencia de la intolerancia y la falta de respeto hacia las opiniones de los estudiantes, al imponer ideologías y obligar a éstos a repetir el discurso institucional o del docente. Cuando se combinan todos estos elementos en los planteles educativos, se practica una violencia intelectual y emocional que despersonaliza y aliena al estudiante y que se refleja en actos de violencia escolar.

Muchos docentes perciben como amenaza al hecho de que un estudiante adolescente haga uso de su habilidad de pensamiento abstracto para plantear hipótesis diferentes a las suyas, para generalizar o predecir resultados y se les impide pensar o pinar. El hecho es que se violenta al alumno y se le predispone a actuar violentamente.

Estas prácticas recurrentes generan mucho descontento entre los alumnos y se perciben como abuso de poder; abuso ante el cual no pueden protestar y deben asumir con humildad y resignación, esperando la oportunidad de poder manifestar sus sentimientos sin salir más perjudicados.

Estos ambientes no estimulan al trabajo y no favorecen llegar a clases relajados y tranquilos. Muchas instituciones educativas no poseen los espacios necesarios para el esparcimiento y el deporte, como medios para canalizar su exceso de energía juvenil, sus frustraciones, temores e inquietudes.

La autora de este trabajo considera que si se desea que la escuela facilite aprendizajes de patrones conductuales no violentos, habrá que intervenir de forma directa, tomando en cuenta cada uno de los aspectos señalados anteriormente, a fin de revertir de forma positiva, con toda la fuerza socializadora que tiene la escuela, los aprendizajes no deseados, buscando la ayuda necesaria para controlar la violencia y la agresividad del joven y canalizarlos hacia metas constructivas para él y la sociedad.

Se debe reflexionar con detenimiento sobre lo expuesto anteriormente si se desea que la escuela facilite aprendizajes de patrones conductuales no violentos, para ello habrá que intervenir de forma directa en las instituciones educativas públicas, a fin de revertir de forma positiva, con la fuerza socializadora que tiene la escuela, dichos aprendizajes. Por tal motivo es importante hacerse las siguientes interrogantes: ¿Cómo hacerlo?, ¿Qué puede hacer la escuela para ayudar a controlar la violencia y la agresividad del joven y canalizarlas hacia metas constructivas para él y la sociedad?, ¿Cómo puede la escuela ayudar a controlar la violencia estudiantil?

En la actualidad es necesario poner en práctica algunas estrategias que ayuden a revertir esos aprendizajes negativos y así poder controlar este flagelo que afecta a las instituciones educativas públicas y la sociedad, tales como:

En función de estos planteamientos se considera que la escuela como lugar y agente de socialización debe tomar conciencia de que es lo que el alumno que asiste a sus aulas está aprendiendo contra lo que se pretende que aprenda; debe asumirse la responsabilidad por la cuota de la violencia que el joven está manifestando hoy, tanto en el interior de su institución como en la sociedad en general, y comprometerse en cambiar aquellas estructuras, organización o prácticas educativas, que pueden estar estimulando la violencia en el joven.

Es importante saber si otras instancias sociales están haciendo lo que les corresponde. No se puede seguir pensado que la causa de la violencia estudiantil está sólo en él o fuera de la escuela, la escuela puede y debe hacer mucho en este sentido. La construcción de una cultura de paz, como eje transversal, que promueva la reforma curricular, no puede quedarse en letra muerta, sino operacionalizarse en acciones concretas, que ayuden, a desvelar que es lo que está favoreciendo las actitudes y los valores violentos en los jóvenes en edad escolar, y además facilitar el desarrollo de un joven con valores y actitudes eminentemente prosociales, constructor de una sociedad nueva y diferente.

Los peligros de la violencia en televisión

Son muchas las consecuencias de que los niños y jóvenes se vean sometidos a imágenes violentas que no persiguen sino recrearse en su propia crueldad. A continuación se presentan algunos peligros de estas emisiones:

Luchar contra la televisión no es tarea fácil, pero lejos de plantear la guerra a la televisión, lo que los profesionales proponen es un uso adecuado de la misma. Para ello, es fundamental que los padres asuman su papel activo e inculquen a sus hijos el hábito de no centrar sus vidas alrededor de la pequeña pantalla. No obstante, se vive en la cultura de la televisión; por eso también es importante que los padres sepan qué es lo que ven sus hijos y los ayuden a interpretarlo.

El Rol del Gerente como Orientador y Pacificador

Uno de los elementos que el gerente escolar tiene a su alcance para lograr la afectividad del proceso enseñanza–aprendizaje es la orientación, tradicionalmente, ésta ha sido concebida como un proceso que incumbía exclusivamente a un especialista, quien se ocupaba de atender a los estudiantes con dificultades. Por lo tanto la función de Orientación se ejercía aislada del proceso enseñanza- aprendizaje.

En educación la función orientadora se concibe, de una manera más amplia como un proceso continuo, integrado a la actividad ordinaria de enseñanza- aprendizaje, por medio de la cual el docente atiende las necesidades de todos los alumnos, toma en cuenta las diferencias individuales y requiere de la labor cooperativa de todos los integrantes de la comunidad educativa. Esta concepción está plasmada en el Normativo de Educación Básica (1985), donde se establece que:

La orientación integral es el esfuerzo organizado de la escuela dirigida a personalizar y humanizar el proceso educativo para todos los estudiantes a quienes puede ayudárseles indirectamente a través de los adultos significantes (directores, docentes, padres y representantes), y directamente a través del asesoramiento individual y grupal. (p. 45)

En el desarrollo del proceso enseñanza- aprendizaje, el docente al estar en contacto directo con el educando, se encuentra en una posición privilegiada para asesorarlo y orientarlo, de manera que este utilice su aprendizaje como vía para su desarrollo integral. El docente, no debe ser solamente un transmisor de contenidos, sino que debe propiciar en los educandos el conocimiento de si mismo, de los demás y del ambiente que lo rodea, a fin de alcanzar los fines establecidos en la Ley Orgánica de Educación (1980) señala "Artículo 3. … el pleno desarrollo de la personalidad y el logro de un hombre sano, culto, crítico y apto para convivir en una sociedad democrática, justa y libre basada en la familia… y en la valorización del trabajo…"

Bajo esta concepción la Orientación es inherente al proceso enseñanza- aprendizaje y abarca, de una manera integral, todos los aspectos relacionados con el educando, es decir, no hay una orientación personal, otra educativa, social o vocacional. Sin embargo, dependiendo de las necesidades e intereses de los educandos, el énfasis puede recaer en uno u otro aspecto.

En tal sentido el gerente escolar para el cumplimiento de la función de Orientación debe identificar y utilizar al máximo los recursos de que dispone, tales como: el equipo docente, el orientador del plantel, los padres y representantes, los servicios estudiantiles, los medios de comunicación de masas y los docentes que tengan a su cargo la realización de la hora guía.

El enfoque histórico cultural de L. S. Vigotsky, enfatiza el carácter desarrollador de la enseñanza y la función orientadora del profesor en el diseño de situaciones sociales de aprendizaje que conducen al estudiante a su crecimiento como ser humano. Esta tendencia, entre otras, intenta la búsqueda de una explicación científica de la educación del hombre que permita comprender su formación y desarrollo como sujeto de la vida social.

El discurso del pensamiento pedagógico en el siglo XX se caracteriza por la lucha contra el dogmatismo en la enseñanza y el aprendizaje memorístico, y se dirige al rescate del alumno como sujeto de aprendizaje y al reconocimiento de sus potencialidades creativas desarrollables en un proceso de enseñanza–aprendizaje basado en la aceptación, el reconocimiento y el respeto mutuo en las relaciones profesor–alumno.

El aprendizaje ha de concebirse como el proceso de constitución, por parte del sujeto que aprende, de conocimientos, habilidades y motivos de actuación que se produce en condiciones de interacción social, en un medio socio histórico concreto sobre la base de la experiencia individual y grupal y que lo conduce a su desarrollo personal. Esta concepción del aprendizaje plantea ante todo el reconocimiento del carácter activo del estudiante en el proceso de construcción del conocimiento, su desarrollo en condiciones de interacción social, así como el hecho de que se aprende no solo conocimientos, habilidades, sino también valores y sentimientos que se expresan en la conducta del hombre como modo de actuación.

La enseñanza ha de ser concebida como el proceso de orientación del aprendizaje del estudiante por parte del profesor que propicia las condiciones y crea las situaciones de aprendizaje en las que el estudiante se apropia de los conocimientos y forma las habilidades y motivos que le permiten una actuación responsable y creadora. Esta concepción de enseñanza reconoce al profesor como un orientador del estudiante en el proceso de aprendizaje.

El profesor orientador del aprendizaje es un guía que conduce al estudiante por el camino del saber sin imposiciones, pero con la autoridad suficiente que emana de su experiencia y sobre todo de la confianza que en el han depositado sus alumnos, a partir del establecimiento de relaciones afectivas, basadas en la aceptación, el respeto mutuo y tal comprensión.

Elementos que deben conjugarse para prevenir la violencia y lograr una escuela segura

Como aporte de la autora de esta investigación, se presentan una serie de elementos que tanto directores como docentes deben poner en práctica para prevenir la violencia estudiantil para lograr escuelas y liceos más seguros que favorezcan la tolerancia y la convivencia en el contexto escolar:

Fundamentos Filosóficos

La filosofía es el estudio racional del pensamiento humano desde el punto de vista del conocimiento y de la acción, hechos relevantes para esta investigación. El hombre por esencia es un filósofo que busca tener una visión de si mismo de sus miedos, angustias, inquietudes. En este sentido, la filosofía se orienta bajo una concepción humanística de la persona para el logro pleno de su ser y con una valoración crítica.

El Pragmatismo:

Dentro de los estudiosos de la filosofía se tiene a Orellana, citado por Barreto (2002) quien señala:

La actividad humana debe ser considerada en tres dimensiones que están inseparablemente ligadas: lo biológico, lo psicológico y lo ético. Cuando el individuo actúa tiene una singular carga de sentimientos, su vida diaria está acompaña por sentimientos. De allí que la enseñanza de la psicología es fundamental para la filosofía. Ambas disciplinas tienen una influencia sobre la realidad. La filosofía será la referencia teórica para la resolución de los problemas sociales, educativos, económicos, políticos o morales que posee toda sociedad. (p. 48)

Lo planteado por el autor implica una filosofía de la acción, la cual propone que muchos problemas sociales se pueden solucionar mediante la utilización de los métodos científicos de investigación aplicados a la educación y a la ciencia, que deben buscar interpretar y explicar la realidad. Así, el pragmatismo como corriente filosófica aplicada al campo educativo concibe al docente como el orientador de actividades promotoras de la integración docente – alumno – comunidad, a través de proyectos elaborados en base a las necesidades de la institución, donde el docente es la guía y orientador de las actividades de los alumnos, e interpreta a éstos como un factor de cambio y transformación en la convivencia con su comunidad, la adaptación al entorno y aprovechamiento de recursos.

En la actualidad el hombre, se ha entregado de lleno al pragmatismo, sobre todo en lo que a moral y religión se refiere, pero también en la actual filosofía de la ciencia, de allí la importancia que tiene para el hombre servirse tanto de lo moral y religioso, como de lo científico, para dar a la vida un sentido de equilibrio y así lograr un desarrollo integral. Estos elementos son indispensables en cualquier proceso donde el individuo realice sus actividades porque sus necesidades son múltiples y necesita tener crecimiento espiritual, moral, personal, pero también necesita de la ciencia y de la tecnología para el manejo adecuado de todo lo que tiene a su alrededor, es por ello que no se puede radicalizar en una sola doctrina.

Humanismo:

Educar es de humanos, como proceso la educación se enmarca en la dinámica social, donde la manera de ver la vida entenderla y actuar en ella está acorde con la naturaleza humana por lo que la actividad más importante del quehacer humano es el de educar a sus miembros. La formación de un ser humano será deficiente sino incluye la adquisición funcional de las consideraciones básicas humanísticas como lo es primeramente, el que cada ser humano es una criatura única, que es tanto naturaleza como formación y que la humanidad es como un súper organismo del que es parte cada hombre, y la relación y cooperación humanas plenas, son requeridas para el mejor funcionamiento y el mayor bienestar en su vivir. De lo contrario, dejar que su formación se dé espontáneamente a merced de múltiples influencias contradictorias lo llevaran a desarrollar actitudes, conductas y valores ético–morales opuestos a lo que demanda la sociedad actual.

La principal función de la escuela es proporcionar las herramientas que le permitan a la persona ser el arquitecto de su vida, lo que implicaría la necesidad de redimensionar la enseñanza para que logre internalizar un conjunto de condiciones y poder desarrollar su potencial según su propio esfuerzo. Según lo planteado por Rogers J, citado por Amaiz, E. (2005):

La formación permanente permite al hombre ubicarse en el tiempo y en la sociedad que es el contexto de su realización personal. La interioridad que contempla la valoración de una actividad fundamentalmente humana: la reflexión, que es la búsqueda de la verdad personal. La autocrítica, que implica valorar un constante proceso de cuestionamiento sobre si mismo y la creatividad que implica la valoración de su potencial para su autorrealización. La capacidad de crear, inventar e imaginar. (p. 52)

En tal sentido, es la congruencia del docente lo que facilita este proceso. Esto significa que es el maestro quien debe humanizar sus acciones fundamentando el respeto, el afecto para los niños, niñas y adolescentes capases de ser altifises de sus conocimientos y de su propia vida. En el proceso de enseñanza y aprendizaje redimensionado, ampliado que se requiere para la escuela, inmersa en la sociedad del presente, aprovechar toda ocasión en las que se usen y muestren plenamente y con el mayor despliegue persisten los valores humanos en el individuo, asimilen de manera ejemplar la implicación de la unicidad del ser humano y su relación inobjetable e imprescindible con el resto de sus demás congéneres, tan fundamental, como lo son las necesidades fisiológicas, en su desarrollo como ser humano.

La familia y la escuela como entes forjadores y formadores de los caracteres psicológicos y sociales del hombre, están inmersos en una crisis evidentemente circunstancial y peligrosa, ante esta ambivalencia de valores que se ha hecho presente, donde los individuos constituyen la realidad de los valores que viven, estructurados de una moral que no es congruente con la ética que debe prevalecer en una sociedad con valores establecidos, orientador hacia el obrar bien y la buena vida.

Ante la disfunción sociocultural presente en el mundo actual, urge la labor que en forma puntual e integral debe ser accionada por la familia y la escuela. Los padres como educadores principales tienen el deber de concientizar y reflejar a través de sus actos la formación de un hogar sano y feliz, estimulando positivamente a sus hijos y a sí mismos, además la escuela a través de sus docentes debe utilizar herramientas que puedan ser direccionadas u orientadas destacando el gran valor de las habilidades y virtudes más simples en atención a la belleza y las capacidades afectivas (comparación y empatía) del ser humano, propiciando la formación y el desarrollo del niño, niña y adolescente. Es de suma importancia que el docente como líder de la organización que gestiona, esté en conocimiento de su misión humanística, la cual debe ser compartida con el resto de los que constituyen la organización, creer en el ser humano y en la reivindicación de los valores.

Reconstruccionismo

Esta teoría surge como efecto de una crisis dentro de un sistema político y un modelo económico determinado donde el fin de la educación se hace más operativo en el contexto de la sociedad, promotora de cambios sociales. El hombre es visto con una visión revolucionaria comparada con la idea de ciudadano del mundo, el hombre es reubicado en una dimensión universal comprometido con las transformaciones mundiales.

Al respecto Illich, I. citado por Ortiz, A. (2003) afirma: "El reconstruccionismo entiende que la educación tiene la responsabilidad de recoger la experiencia del educando obtenida a través de su relación con el ambiente, y convertirla en conocimiento. Bien sea que esa experiencia sea agradable o desagradable". (p. 80). Para el reconstruccionismo no basta con reflexionar sobre la sociedad, sino que hay que rehacer la sociedad a través de la educación. El reconstruccionismo es reconstruir la sociedad para satisfacer la crisis cultural de nuestra época. La verdad como criterio de la racionalidad y objetividad en el proceso de conocimiento como transformación, determinado por la práctica social.

Desde esta perspectiva, el educador y el educando están llamados a trabajar sobre problemas concretos en lo político, social y económico, busca una reformulación de los valores en función de vivir más cónsono con los ideales teóricos de la humanidad. Para el reconstructivismo, lo fundamental es trabajar sobre los problemas concretos y universales.

Teoría Social

La dimensión que enmarca al hombre como ser biopsicosocial, además de individual, comunitario e histórico son una realidad. La teoría social o histórica cultural de Vigotski citado por Oliveros, M. (2007) "ofrece una profunda explicación acerca de las grandes posibilidades de la educabilidad del hombre, constituyéndose así una teoría del desarrollo psíquico íntimamente relacionado con el proceso educativo y que se puede calificar como de optimista y responsable" (p. 48). Lo expuesto anteriormente, concientiza al docente sobre las grandes potencialidades que posee en incidir en la formación del futuro hombre, en base a las exigencias de la sociedad que constituye su entorno y en la que tiene que contribuir a desarrollar.

Igualmente es responsable dicha teoría porque concientizar también al individuo en que su formación no es solo producto de la naturaleza ni de los genes, sino que hay prevalescencia de la acción educativa en el medio: familiar, escolar y en definitiva de este contexto social al cual pertenece y le repercute de diversas maneras.