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El norte en la Revolución Mexicana (página 2)



La independencia permitió crear los puertos de Tampico y Matamoros, luego del fin del monopolio de Veracruz. Delimitada la franja fronteriza con Estados Unidos, el estado sufrió del abigeato y el filibusterismo por parte de estadounidenses. Los abigeos estadounidenses fueron ayudados por miembros de la nueva élite estadounidense[48]Este abigeato, que permitió la aparición de grandes fortunas en el sur de Texas, no se extinguió sino hasta la década que va de 1870 a 1880[49]Cabe hacer notar que la desamortización de bienes de la Iglesia no planteó mayor problema: "La Iglesia, escribe Herrera Pérez, no poseía propiedades rurales ni acaparaba solares urbanos, ya que las misiones de indios habían sido secularizadas desde las primeras décadas de la vida independiente" (Herrera Pérez, 139)[50]. A finales del siglo XIX, Tamaulipas fue una entidad pionera en México en la educación preescolar, encabezada por las hermanas Estefanía y Teodosia Castañeda [51]Gracias a los esfuerzos pedagógicos en otros niveles se integró la Dirección General de Instrucción Pública y Tamaulipas fue, en el porfiriato, uno de los pocos estados de la República con reducido índice de analfabetismo[52]Ya en el mismo siglo XIX, desde muy temprano (1861) hubo oposición fuerte al fanatismo religioso, al grado que, en un escándalo nacional, un prelado local, Eduardo Sánchez Camacho, desmintió las apariciones de la Virgen de Guadalupe, viéndose finalmente obligado a renunciar[53]

Posteriormente, a finales del siglo XIX, compañías estadounidenses adquirieron importantes propiedades en el campo tamaulipeco, sobre todo en tierras de riego. En el centro y sur surgieron terratenientes nacionales y la producción de fibra de ixtle. Sin embargo, lo más importante fue el despegue de la actividad petrolera alrededor de 1880. A principios del siglo XX se aceleró el interés extranjero por la riqueza del subsuelo en la Huasteca. El petróleo se exportaba por el puerto de Tampico. También hubo actividad minera en la sierra de San Carlos y en la Sierra Madre (hacienda de Santa Engracia).

Conclusiones

Durante mucho tiempo, la interpretación de la Revolución Mexicana se centró en factores anticapitalistas como los de las comunidades agrarias e indias de Morelos, que habían tratado de resistir a la penetración de las haciendas azucareras, y que durante el proceso revolucionario hicieron reclamos incluso con títulos coloniales en mano. Desde ese punto de vista, no es sencillo entender qué quiere decir Gilly cuando observa que México ya estaba penetrado por el capital durante el porfiriato. ¿Ya era un país capitalista? Es dudoso, como hemos visto, en la medida en que la más típica hacienda porfiriana ni siquiera utilizaba moneda y no había entonces un mercado libre para la mano de obra. Suponiendo que México fuera ya un país capitalista con Porfirio Díaz, a principios del siglo XX, ¿qué significaban rebeliones como la de "la Comuna de Morelos", como la llamara Gilly?¿Rebeliones anticapitalistas para ir más adelante, o para resistir al avance del capitalismo desde atrás, desde relaciones arcaicas, cosa que se ha tratado poco a propósito, por ejemplo, de la guerra cristera, que también forma parte de la fase armada? Gilly ha escrito sobre las revueltas agrarias mexicanas del siglo XIX: "todas ellas hundían sus raíces en un pasado inmemorial, cuando el tributo regulaba las relaciones y los equilibrios entre el poder, el trabajo, la sociedad y la naturaleza. Por eso bien pudo decir Francois Chevalier en su famoso ensayo de 1960, germen del libro de John Womack, que la revolución zapatista, antes que un simple hecho regional, aparecía como la culminación y el desenlace de una historia de siglos de los pueblos campesinos mexicanos "[54].

Si la rebelión era anticapitalista, ¿por qué no encontró resistencias en el norte de México, sino que tuvo allí su mayor empuje?¿Partidarios de una modernidad capitalista, como los propietarios norteños, podían acaso luchar contra el capitalismo? En realidad, vista desde el norte, la Revolución se pareció mucho a un empuje capitalista contra resabios pre-capitalistas (los zapatistas incluidos), cualquiera sea el nombre que se les dé. Desde este punto de vista, por lo demás, la Revolución Mexicana conllevó movimientos de población que contribuyeron a unificar el mercado nacional.

¿Por qué una Revolución "interrumpida"? Ello hubiera supuesto que alguien pugnaba realmente por superar el capitalismo hacia adelante (hacia el socialismo, pongamos por caso), cuando no ocurría ni siquiera entre humanistas como Felipe Angeles (pese a que llegó a leer sobre y hablar de socialismo), el supuesto "ideólogo" de Villa que se expresaba de éste de la siguiente manera en Chihuahua poco antes de ser fusilado: "como he dicho antes, recoge Alejandro Rosas, la misión que traje fue de conciliación, fue de aconsejar a Villa porque Villa es bueno en el fondo: a Villa lo han hecho malo las circunstancias, los hombres, las injusticias, eso le ha perjudicado. Con él anduve cinco meses predicando en todos los lugares a donde llegábamos, los principios de fraternidad que deben unir a todos los hombres, hasta que me separé de él por no convenir con su conducta para con los prisioneros, a quienes fusilaba, idea que traté de quitarle, como se la quité en muchas ocasiones" [55]. Tampoco éste se planteó superar el capitalismo. Lo que la Revolución Mexicana no permitió a la larga superar, dejando entonces una cierta línea de continuidad con el pasado, es en realidad el subdesarrollo, porque pasar a un capitalismo más pleno no suponía aquí pasar a un capitalismo desarrollado (son dos cosas distintas, como quedó probado por ejemplo a partir de 1994 con el agravamiento de las calamidades sociales propias del subdesarrollo al mismo tiempo que la modernización con la integración a "Norteamérica"). El México porfiriano era subdesarrollado y sin demasiado capitalismo nacional; el México posrevolucionario siguió siendo subdesarrollado, pero con capitalismo nacional por un buen tiempo, aunque cierta tendencia en la historiografía atribuyera el subdesarrollo al capitalismo "en general", reivindicando frente a él…los arcaísmos del mismo subdesarrollo. "Diferentes sus visiones del mundo, zapatistas y yaquis, escribió Gilly, tenían algo en común frente a los rancheros individualistas del norte: la comunidad, el actor colectivo, las sociabilidades agrarias tradicionales, como las llama Francois-Xavier Guerra" [56]El clisé que opone individualismo y comunidad ha perdurado: ¿acaso no tenían los rancheros formas de agrupación comunitaria, acaso no eran un actor colectivo y con "sociabilidades tradicionales", como lo mostrara Katz sobre los "pueblos libres" en Chihuahua, por ejemplo? Así, no hubo aquí tampoco nada de "interrumpido". Simplemente, una vía agraria de transición –por propiedad privada- estuvo cerca de imponerse a otra –comunal, vuelta ejidal con Cárdenas: "la incógnita no despejada en esa fórmula –escribe Gilly- era si ese proyecto (de reparto agrario, nota nuestra) se iba a realizar a través de pequeños propietarios individuales o a través de actores colectivos, los pueblos"[57]. Lo único que a fin de cuentas estuvo "interrumpido" un tiempo fueron los resabios pre-capitalistas, aunque el subdesarrollo puede tender luego a recrearlos en más de un aspecto, llevando incluso a la idealización de los arcaísmos/atrasos y del pasado previo a la llegada del capital.

¿Por qué el norte, entonces?

-porque no hubo en el norte tradición de encomienda (salvo en Nuevo León) ni mayormente de hacienda colonial, ya que la región fue sobre todo de misiones y presidios, y no habían civilizaciones prehispánicas sedentarias pre-establecidas (salvo las semi-agricultoras en Sonora) que permitieran el reclutamiento de una mano de obra abundante. Salvo un tiempo en Parral, Chihuahua, el norte no destacó en la minería sino hasta muy tardíamente en el periodo independiente (Cananea en Sonora, Coahuila).

-porque los indígenas del norte no fueron sometidos: las hostilidades con los yaquis, por ejemplo, duraron hasta los años "40 del siglo XX. Sorprendentemente, el latifundio no llegó sino hasta finales del siglo XIX, muy tardíamente, con especial violencia en Chihuahua (no sin cierto aspecto rentista entre los latifundistas chihuahuenses, a favor de estadounidenses) e incluso con modernidad, en especial en Coahuila con el algodón. No hubo tradición de gran propiedad agraria, a diferencia de otras partes del país y en particular del altiplano central y buena parte del sureste.

-porque no hubo una gran Iglesia terrateniente y tampoco un gran culto mariano (por ejemplo, en Sonora el padre Kino promovió el culto a San Francisco Javier), dadas las características de las misiones. Hubo convivencia con los indígenas locales y tlaxcaltecas, salvo excepciones (los yaquis, los tarahumaras) e inexistencia del fervor guadalupano, salvo en lugares recónditos de Nuevo León y Tamaulipas.

-porque el porfiriato aceleró el capitalismo en el norte (no en todo el país por igual, como lo reconoce Gilly) y la entrada de inversión foránea. La relación con Estados Unidos fue ambivalente, puesto que se aceptaba esta inversión que incluso (aquí sí) trajo salarios (en moneda), como ocurrió en la minería, pero se rechazó la injerencia política del exterior. Durante el proceso revolucionario y pese a la incursión en Columbus, incluso Francisco Villa no rompió con Estados Unidos, fuente de aprovisionamiento de armas. Carranza o Calles tendrán una política al mismo tiempo mucho más prudente y más firme. Según Pedro Salmerón, los sonorenses que gobernaron México en los años "20 habrían considerado que "(…)el Estado debía garantizar un marco mínimo de justicia social, que posibilitara la expansión del mercado interno a través del mejoramiento de los niveles de vida de la población, lo que al mismo tiempo permitiría un nuevo pacto social sin el cual no se concebía esa solidez interna frente a los peligros del exterior, que habían estado muy presentes durante el proceso revolucionario y nos recordaban nuestra trágica historia anterior"[58]. Después de todo, el norte sufrió muy en carne propia la amputación de la mitad del territorio mexicano a mediados del siglo XIX, los problemas de la expansión estadounidense (con las guerras apaches y comanches) y las ambiciones fronterizas del vecino (como el abigeato en tierras tamaulipecas después del trazado de la frontera).

Javier Garcíadiego ha hecho notar cómo empezó a perderse el papel preponderante de esta región de México luego de la Constitución de 1917 (aunque en realidad seguiría hasta 1934), previa convocatoria al Congreso Constituyente: "(…) dado que el número de diputados para cada entidad dependía del tamaño de su población, puede decirse, señala Garcíadiego, que mientras la Revolución fue hecha por campesinos procedentes de Chihuahua, Sonora, Durango, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Morelos, el nuevo Estado fue diseñado, sobre todo, por gente procedente de las entidades más pobladas, al margen de la intensidad de su participación en la lucha. Entre las que enviaron más representantes se destacan el estado de México (12), Guanajuato (19), Jalisco (21), Michoacán (16), Puebla (18) y Veracruz (18), además del propio Distrito Federal (14)"[59]. Después de 1934, México ya no volvió nunca más a tener un presidente nacido en el norte.

Bibliografía

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- Rosas, Alejandro, "Felipe Angeles, humanismo revolucionario", Relatos e Historias en México, Año II, número 15, noviembre 2009

-Salmerón Sanginés (2001), Pedro, Aaron Sáenz Garza, Militar, diplomático, político, empresario. México: Porrúa.

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Autor

Dr. Marcos Cueva Perus¨

México, agosto de 2017

Instituto de Investigaciones Sociales

Universidad Nacional Autónoma de México